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Bélgica

¡Lucha de clases anticapitalista contra el gobierno Arizona!


Con la formación del gobierno «Arizona», la burguesía belga ha resuelto, al menos por un tiempo, la interminable crisis gubernamental. Y la ha resuelto, como era de esperar, apoyándose en la derecha y la extrema derecha, sobre las espaldas de los proletarios, acentuando las políticas antiobreras del gobierno Vivaldi, que habían provocado una caída de los salarios reales. El objetivo declarado es reducir el déficit presupuestario (que debería alcanzar el 4,4% en 2024, con una deuda equivalente a más del 104% del PIB). El programa del nuevo gobierno presenta «opciones no siempre fáciles» pero, por supuesto, «inevitables para garantizar la prosperidad y el bienestar de todos nuestros ciudadanos», según el Primer Ministro. En realidad, es un programa diseñado para garantizar la prosperidad y el bienestar de los capitalistas. No es casualidad que haya sido bien acogido por las organizaciones patronales.

El programa de «reformas» del gobierno prevé un impuesto (no especificado) sobre las plusvalías, pero esto es sólo una fachada: la mayor parte del ahorro presupuestario provendrá de los recortes en la seguridad social, las pensiones y las prestaciones por desempleo. Además, el gobierno quiere hacer frente a los «costes salariales excesivamente elevados» (los empresarios siguen pensando que sus empleados están pagados de más), por lo que pretende mantener la congelación salarial decidida por el gobierno anterior, reducir el pago por trabajo nocturno, etc.; aumenta la edad de jubilación de los empleados, que sigue siendo demasiado baja. Eleva la edad de jubilación, permite imponer una prolongación de la jornada laboral hasta 240 horas extraordinarias al año pagadas a la tarifa normal, para volver a poner a trabajar a los enfermos de larga duración (la patronal sigue pensando que sus empleados no trabajan lo suficiente); pretende el fin progresivo del estatuto de los funcionarios, etc. Otra parte del programa es la adopción de «la política más estricta» en materia de inmigración, basada en el modelo de Geert Wilders en Holanda, anunciando toda una serie de medidas para restringir los derechos sociales de los inmigrantes y solicitantes de asilo, la Oficina de Extranjería se adscribirá a la policía federal, etc. Se trata de medidas xenófobas destinadas a dividir a los trabajadores convirtiendo a los extranjeros en chivos expiatorios de las dificultades económicas y sociales que atraviesa la población. Sin embargo, se prevén gastos adicionales: para la policía y el ejército...

Ataques similares se están produciendo en la mayoría de los países europeos porque vienen dictados por la necesidad del capitalismo de salvar sus tasas de beneficios en lo que promete ser un periodo difícil: se trata, por tanto, de una ofensiva de clase contra los proletarios cuya explotación produce esos beneficios; sólo se le puede oponer una lucha real en el terreno de clase. No es éste el camino seguido por el Frente Sindical Común, que llama a la movilización el 13 de febrero; la Centrale Générale des Syndicats Libéraux de Belgique, que se opone a cualquier huelga, considera simplemente este día como una «señal» al gobierno para que se tome en serio el «diálogo social». La CSC (Confederación Cristiana de Sindicatos) se contenta con llamar a la acción para «denunciar las medidas injustas del convenio» y «exigir más respeto». En cuanto a la Fédération Générale des Travailleurs de Belgique, habla de un «maratón de resistencia que durará toda la legislatura». Pero celebrar una jornada de manifestaciones y huelgas una vez al mes durante años y años sólo conducirá al agotamiento y a la desmovilización de los trabajadores, sin hacer retroceder al gobierno. La movilización del 13 de enero debía «influir» en las negociaciones para formar gobierno: ya vemos el resultado...

De hecho, las burocracias sindicales están demasiado indisolublemente ligadas a la «concertación» entre los «interlocutores sociales» como para ir más allá de las manifestaciones-procesiones; son demasiado respetuosas de la «legitimidad democrática» del gobierno como para oponerse radicalmente a él. Pero la democracia burguesa sólo sirve a los intereses de la clase dominante; proletarios y capitalistas no son socios sino adversarios de clase: no puede haber diálogo entre ellos sino una lucha encarnizada, como ha demostrado el propio gobierno. Para resistir y derrotar este ataque sin precedentes, los proletarios deben romper con las políticas promovidas por las burocracias sindicales y emprender una lucha abierta:

Contra las medidas gubernamentales, contra la explotación, la represión y la miseria: ¡lucha de clase anticapitalista!

12 febrero de 2025

Partido Comunista Internacional Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program

www.pcint.org








Turismo y Miseria Social

Compañeras!!!


La lucha del proletariado en Haití obligo a la Embajada de los Estados Unidos en la República Dominicana a emitir algunas alertas:  "La Embajada de Puerto Príncipe anunció la restricción de los viajes rutinarios para los empleados del gobierno de EE.UU. a un radio de 15 millas de la capital debido a preocupaciones de seguridad. Por ende, la Embajada de EE.UU. en Santo Domingo requerirá aprobación del Jefe de Misión para todos los viajes hacia Haití del personal del gobierno de los EE.UU. ubicado en la República Dominicana”, indica el comunicando.

“Considere postergarlo, viajar por aire u otra manera de mitigar los riesgos de viajar a Haití en este momento. Preste atención a los medios de comunicación locales y repase su plan de seguridad personal”, continua recomendando la nota.

Y termina diciendo:   Si encuentra una calle bloqueada, devuélvase y diríjase a un lugar seguro y tenga un plan de evacuación que no dependa de la asistencia gobierno de EE.UU”.  (https://www.elcaribe.com.do A pesar de los grandes esfuerzos por imponer el dialogo como herramienta de dominación, la burguesía no lo ha podido lograr, pues el proletariado se continua comportando como el ser histórico que realmente es:  revolucionario!!!

En abril de 2019, el Departamento de Estado de los Estados Unidos emitió un alerta a sus ciudadanos sobre los riesgos de viajar a República Dominicana:  actuar con mayor cautela” debido a los “los crímenes violentos, incluyendo robo a mano armada, homicidios y asalto sexual”.  (https://eldia.com.do)

A pesar de que el gobierno del PLD hace grandes esfuerzos para ocultar la verdad sobre la profundización y generalización de la crisis del valor, que se expresa vía elementos diferentes, como el desempleo o fuerza de trabajo, disminución del valor de las mercancías, determinado por el aumento de la productividad, ambos aspectos vinculados organicamente con la teoría de la caída tendencial de la tasa de ganancia, entonces la necesidad burguesa de crear un órgano artificial de respiración:  capital ficticio que produce ganancias ficticias y, un tercer elemento, la separación de las necesidades humanas de la lógica del valor, entre la Tierra y el Capital.  Verdades que se intentan ocultar para evitar que las minorías revolucionarias empujen a su clase a reagrupar su fuerza, resolviendo su debilidad organizativa y política constituyendo Núcleos de Trabajadores Autónomos (N.T.A.), como órganos de transición hacia la Comunidad Humana.

Solo en 2017, la tasa de ganancia en la esfera de producción de servicios turísticos, basada desde luego en el trabajo asalariado, genero mas de $ 7, 000 millones de dolares y mas de 1 millón 400, 000 seres humanos en condición de Miseria Social.  En ese mismo ano se verifica, siguiendo el informe de la FAO, que el hambre se ha extendido desde la región sur a la región este y que en Santo Domingo, "...miles de familias tampoco tienen acceso a una adecuada alimentación...".  

Como ustedes pueden constatar, la cacareada "invasión" haitiana no ha creado la crisis del valor, ni el agravamiento de sus aspectos, sino que las fuerzas productivas del capital se están movimiento a partir de sus necesidades, sin embargo se puede medir la invasión del capital internacional contra los intereses históricos de los trabajadores, obstaculizando la marcha del proceso hacia su constitución como fuerza revolucionaria para producir su auto-emancipación.  El proletariado en Haití, a pesar de la miseria social, esta peleando!!!

Erradicar la discrepancia que separa la necesidades humanas de la lógica del valor nunca ha sido una tarea a erradicar para la burguesía local, la mitigacion de las condiciones de la ley del hambre tiene tanto tiempo como el dominio de la burguesía mundial sobre el proletariado, nunca ha figurado como un aspecto de su política de dominación de clase, pues liquidar el hambre equivale a suprimir el Capital.

Mientras la burguesía mundial  acumula trillones de dolares y concentra trillones en países de alta tasa de acumulación de capital para la guerra, uno de las categorías de la crisis del valor (el Trabajo) agrava las condiciones de vida de "sus" trabajadores, cada vez hay menos trabajo y el mismo es mas precario, disminuyendo el valor de las mercancía trabajo, determinado por el aumento de la productividad; ambos aspectos vinculados a la teoría de la caída tendencial de la tasa de ganancia.

En ese cuadro, no debemos ignorar la creación de un órgano de respiración artificial, el capital ficticio y las ganancias ficticias, asegurando el antagonismo entre las necesidades humanas y la lógica del valor.

El turismo genera hambre y miseria social!!!

Abajo la invasión del capital imperialista concentrado en las islas del Caribe Latinoamericano!!!


Sobre la victoria democrática del fascista Bolsonaro en Brasil 

 


La ultraderecha nunca ha accedido al poder político para derrotar a la clase trabajadora e impedir que haga la revolución. Cada vez que la ultraderecha ha llegado al poder, es porque la clase trabajadora ya había sido derrotada. ¿Por quién? Por la democracia. Por el progresismo. Por la izquierda.

Si Bolsonaro ganó las elecciones, es porque antes de su llegada tres gobiernos sucesivos del Partido de los Trabajadores se encargaron de aplastar cualquier rastro de fuerza propia y combatividad que pudiera quedarle a la clase trabajadora de Brasil. Al igual que en 1970 Allende inició su mandato garantizándole a la burguesía chilena que sus intereses no serían amenazados, asimismo Lula da Silva empezó a gobernar en 2003 prometiéndole a los grandes empresarios y banqueros internacionales que ninguno de sus intereses en Brasil correría riesgo alguno.

En efecto, Lula gobernó para garantizar el pago de la deuda pública, asegurando al capital un piso mínimo de estabilidad fiscal que le permitiese invertir con seguridad. Ninguno de los gobiernos del PT alteró en nada las condiciones de la explotación social y la acumulación capitalista en Brasil. Muy por el contrario, tales gobiernos fueron el soporte de una “amplia negociación nacional” destinada a garantizar que la explotación capitalista pudiese proseguir sin contratiempos.

Para cumplir su cometido, a lo largo de sus tres períodos de gobierno el PT cooptó y puso bajo su control a la mayoría de las dirigencias sindicales y sociales, transformando a los líderes populares en ministros, asesores de mercado, administradores de fondos de pensión e inversionistas. Simultáneamente, con tal de preservar las bases de su poder, el PT se puso a sí mismo bajo control de las fuerzas más reaccionarias representadas por el capital agrario, el empresariado de la industria nacional e internacional, el sistema financiero y la teocracia evangélica.

Mientras gobernaba para los propietarios de Brasil, el PT se las arregló para anestesiar el descontento social con una calculada combinación de programas sociales y terror represivo. Cuando Lula aceptó dirigir la Misión de ocupación de Haití en 2004, no sólo le demostró a EEUU que era un aliado confiable para aplastar democráticamente la protesta social en el continente. Al llevar al ejército brasileño a los barrios pobres de Haití, le proporcionó a las tropas un laboratorio para intervenir en las favelas de Río de Janeiro, tal como ocurrió durante las masivas agitaciones populares en contra del Mundial de Fútbol del 2014.

Durante los gobiernos del PT la producción de alimentos en Brasil disminuyó en más de 35%, con el consiguiente aumento de los precios cobrados a la clase trabajadora, debido a las facilidades dadas a las multinacionales agrarias para introducir monocultivos. 200 mil campesinos fueron desplazados mientras que 4 millones perdieron sus tierras a manos de las grandes empresas agropecuarias. Fue bajo los gobiernos del PT, y no bajo gobiernos fascistas, que la deforestación de la Amazonía alcanzó el "punto de no retorno".

Fue el gobierno de Dilma Rousseff, y no uno fascista, el que recalificó los cortes de carreteras y las tomas de tierras como delitos terroristas. Fue bajo esos gobiernos progres, y no bajo el fascismo, que los comandos de la muerte sembraron el terror entre los más desposeídos de los desposeídos en las grandes urbes del Brasil. Fue bajo gobiernos socialdemócratas, y no de derecha, que las cárceles de Brasil batieron los récords mundiales de hacinamiento y degradación de las condiciones de "vida" de los reclusos. Fue bajo esos gobiernos de izquierda que la clase trabajadora y los oprimidos de Brasil conocieron el umbral más bajo de la humillación y la vergüenza. Al proletariado de Brasil lo derrotó la democracia, no la dictadura.

Lo cual, por cierto, no es ninguna novedad. Mussolini accedió al poder cuando el proletariado italiano ya había sido derrotado por los compromisos electorales de los "partidos obreros y populares". Hitler fue designado como canciller por el presidente Hindenburg, quien había recibido el apoyo de los socialistas que veían en él un baluarte de la democracia contra el nazismo. En 1973 Allende, en vez de poner en los ministerios clave a representantes de los trabajadores, puso a los militares, mientras los partidos de la UP votaban una Ley de Control de Armas para desarmar a la clase trabajadora y entregársela en bandeja a las tropas pinochetistas. Quince años después, fue la Junta Militar la que organizó la transición democrática, cumpliendo al pie de la letra la doctrina formulada por Jaime Guzmán, quien fue al mismo tiempo el más democrático de los fascistas y el más fascista de los demócratas.

Como todos los fascistas, Bolsonaro ha llegado simplemente a ordenar los negocios después que la democracia progre sacó del juego al proletariado de Brasil, reduciéndolo a nada.

Tengan esto en cuenta cuando se pongan de nuevo a lloriquear por "la llegada del fascismo". Estos lamentos llegan demasiado tarde. Tendrían que haberse lamentado así, tendrían que haber entrado en pánico y haberse indignado cuando la izquierda socialdemócrata desarmó al proletariado, lo maniató y le hizo adicto a las comodidades, a la anestesia y a las mentiras. El lloriqueo asustado que se deja oír por todas partes hoy, es patético. Sólo demuestra que quienes gimen habían estado durmiendo, viviendo en una fantasía, rehusándose a ver la sangre que brotaba frente a sus narices y la mierda en la que se hundían poco a poco, al son de elecciones y batucadas.

En realidad, la llegada del fascismo nunca es tan mala como parece a primera vista. Al menos, ofrece la oportunidad de desengañarse, madurar y hacerlo un poco mejor de aquí en adelante.

Un compañero de la región chilena
28 de octubre de 2018

***
«Yo me felicito de que tal cosa suceda, porque, hombre, la verdad es que da mucho coraje gastar seso y saliva durante años y más años hasta hacerse uno viejo, en explicar a los cabezas de piedra que gobierno es lo mismo que tiranía, que es una estupidez elegir al que ha de echarnos a garrotazos por la cabeza, y que la Autoridad no tiene otro deber que salvaguardar los intereses de los ricos. No quieren entender, pues que entiendan a garrotazos. ¡La letra, con sangre entra!
Ahora, creo que ya están muchos convencidos de que la Autoridad sólo sirve para oprimir al pobre en beneficio del rico, y si no lo han entendido, Dominguitos, por favor, deja por algún tiempo más que rebosen gargajos las escupideras y que la Corte Federal parezca un muladar, para que entre tú y los angelitos de estrella enseñen a los hambrientos que todo gobierno es malo.»
Ricardo Flores Magón
Regeneración, núm. 259, 1 de septiembre de 1917


http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2018/10/sobre-la-victoria-democratica-del.html



OTRAS REFLEXIONES:




La catástrofe capitalista sigue agudizándose en todas partes, alcanzando cotas cada vez más incompatibles con la vida en el planeta. Guerra generalizada a lo largo del mundo, hambruna masiva, intensificación de la explotación, cascada ininterrumpida de suicidios, cosificación de toda relación social, violencia entre y contra proletarios (violencia sexista, violencia racista, violencia contra niños y viejos...), cárceles atiborradas, destrucción de la Tierra, alimentación cada vez más tóxica, destrucción de la salud, etc. El antagonismo entre el capitalismo y la vida nunca fue tan devastador. Tampoco hubo nunca una desproporción tan grande entre la imperiosa necesidad de una revolución social y la poca tentativa de asumirla.
 

El único sujeto capaz de dar solución a los problemas de hoy mediante una transformación radical de la sociedad, el proletariado, se muestra incapaz de acabar con toda esa catástrofe. Pese a lo que padece y vive en sus carnes, pese a que una y otra vez se rebela contra las condiciones de vida que sufre, provocando estallidos sociales que hacen tambalear la paz social en tal o cual lugar, como los que recientemente vivimos en Irán o Nicaragua, existen toda una serie de factores que impiden a ese sujeto afirmarse como fuerza internacional para imponer su solución revolucionaria ante los grandes problemas que hoy padecemos.
 

Décadas de contrarrevolución y paz social han descuartizado al proletariado, potenciando los procesos y mecanismos de reproducción capitalista que velan la existencia misma de las clases sociales (sobre todo la del proletariado), desmembrando así la crítica unitaria desarrollada históricamente por esta clase social. La misma totalidad capitalista sobre la que se despliega la realidad que vivimos aparece fragmentada por una serie de ideologías que parcializan cada problema que este sistema genera, buscando una solución particular a cada uno de ellos. Como consecuencia, se alzan movimientos específicos que abordan esos problemas parciales y tratan de resolverlos. Pero no sólo no hay ninguna solución posible a cada problema tomado por separado, sino que además esa fragmentación altera al mismo tiempo el contenido real de esos problemas. Se constituye así la ideología de la opresión del hombre sobre la mujer, la opresión de la raza blanca sobre las demás razas, la destrucción de la naturaleza por el ser humano..., codificando la realidad bajo esos parámetros ideológicos. Al luchar a través de una categoría parcial, los distintos movimientos se sitúan en el plano de grupos específicos que compiten entre sí por un mayor reconocimiento de derechos por parte del Estado. La competencia entre mercancías se expresa políticamente como la competencia entre identidades separadas, todo en beneficio de las políticas “transversales” del valor y su gestión estatal. Se desplaza así la crítica unitaria del capitalismo, crítica que contiene en su seno la denuncia de cada aspecto, no como parcialidad, sino como expresión de una totalidad que determina cada parte y cuestiona el orden social que reproduce todos esos problemas.
 

El desarrollo de esta sociedad va íntimamente ligado al desarrollo del individuo aislado. La sociedad mercantil generalizada excluye y disuelve toda comunidad que no sea la comunidad del dinero y desarrolla todo lo que potencia el aislamiento social. Todo lo que une lo une en tanto que separado, esa es la esencia de este mundo, y su modo de vida, la democracia. El efecto que esta realidad provoca en la comunidad humana, destruyendo su ser social, atomizándola en individuos aislados con intereses contrapuestos, es cada vez más terrible. El ciudadano es hoy el ejemplo luminoso de cómo el desarrollo mercantil y el individuo aislado se desarrollan de forma paralela. Este desarrollo no sólo niega brutalmente la comunidad humana, sino que plantea grandes obstáculos a la lucha contra el capitalismo, pues la afirmación de ese individuo va en dirección opuesta al desarrollo y la organización de la única comunidad que se contrapone al capital, la comunidad de lucha, que parte de un ser colectivo, de una clase social revolucionaria, el proletariado.
 

En este contexto el proletariado tiene enormes dificultades para actuar y reconocerse como clase. Su mismo ser, así como su rico proceso histórico de lucha y su programa, aparece totalmente negado en la historia, ya sea por deformación u ocultación de esa realidad histórica. La misma dinámica del capital y sus fuerzas ideológicas proyectan una actividad social en la que nuestra clase es negada como sujeto, reducido a lo que es en el proceso de  producción y reproducción del capital, y a lo que se pretende que sea eternamente: simple objeto del capital; simple mercancía fuerza de trabajo, que puede usarse o desecharse según las necesidades de la producción; simple espectador del acaecer social.
 

Precisamente esta realidad conlleva que los mismos proletarios se crean cualquier cosa menos proletarios. A alguno le hacen creer que no es proletario porque es empleado, el otro cree que no lo es porque está desocupado, el de más allá se siente campesino en oposición al obrero, otro se cree comerciante porque es vendedor ambulante, muchos otros se sienten demasiado niños o demasiado viejos para ser proletarios, habrá también quien por ser mujer se sienta menos concernida por la cuestión de su clase o quien sienta la opresión racial como más determinante que la de clase, y en vez de sentirse proletario negro, proletario latino o proletario amarillo, se siente negro, latino o amarillo... y para quienes superen estas formas más elementales de negación inmediata de la realidad de proletario, habrá otras formas más político-ideológicas de esa misma negación como el sentirse “antiimperialista”, “antineoliberal”, “palestino”, “judío”, “cubano”, “latino”, “de izquierdas”, “francés”, “yanqui”, “aymara”, “kurdo”, “croata”, “zapatista”, “obrero de un país rico”, “feminista”, “antirracista”, etc.
 

Estas concepciones identitarias se presentan como fuerzas socialdemócratas que se contraponen al proceso de constitución del proletariado en clase para negar la catástrofe de este mundo. La perspectiva de clase se diluye así en una maraña de identidades y comunidades ficticias que viven subsumidas en la comunidad del dinero.
 

Al mismo tiempo, el politicismo sigue siendo una de las ideologías esenciales contra nuestra clase. Reduce la cuestión de la transformación social a ocupar el Estado, sea por vía electoral, sea por la violencia, para implantar una serie de medidas que “cuestionarían la sociedad capitalista” y plantearían una “alternativa real e inmediata”. Pero el Estado no es un órgano neutro que puede ser usado según la voluntad de tal o cual dirigente o partido, es la organización en fuerza de la sociedad actual, la del capital, y sea quien sea el que tome posesión de ese Estado está determinado a actuar en el marco capitalista. Lejos de dirigir el Estado, son dirigidos por él. De ahí que todas las medidas politicistas no sean más que formas diferentes de desarrollo del capital que no cuestionan ninguna de las bases de esta sociedad ni plantean ningún tipo de alternativa real. Véase Cuba, Venezuela o el actual proceso independentista en Cataluña.
 

El gestionismo se postula como alternativa al politicismo; sin embargo, no es más que su réplica en el terreno productivo. Si el politicismo reduce todo a la esfera política, el gestionismo hace lo mismo en la esfera productiva, tratando de cambiar el mundo sin destruir el poder, defendiendo que los productores tomen los medios de producción, tal como existen, para hacerlos funcionar sin patronos, sin burgueses. Pero esta “alternativa” mantiene intacta la base social del capitalismo, pues bajo ella se siguen desarrollando las unidades autónomas de producción mercantil, el intercambio, el dinero (o «bonos de tiempo», «bonos de trabajo»), es decir, el capital, la explotación y todas las categorías fundamentales de esta sociedad. Considerar que la explotación y la opresión capitalistas emanan del burgués individual es no comprender que el burgués es un funcionario del capital, que el capital, en cuanto «sujeto automático», es el que dirige la producción. Las experiencias de Argentina a principios del siglo XXI con las fábricas «recuperadas», u otras más actuales como Rojava y sus cooperativas, nos enseñan cómo el gestionismo es capaz de liquidar nuestras luchas y dar nuevos bríos a la economía capitalista. Tanto el gestionismo como el politicismo dejan intacta la relación social capitalista que hay que destruir.
 

Por supuesto, para el mantenimiento de esta sociedad es también esencial hacer creer que todos los que sufrimos las terribles condiciones de vida actuales tenemos un mal menor que defender. Siempre hay algo peor a lo que mirar y que justifique la sumisión a la sociedad actual, el apoyo más o menos crítico a representantes del capital, o la renuncia a la lucha por cualquier migaja. Al que vive en la asfixiante paz social capitalista se le enseña el terror de la guerra; al que se deja la vida en el trabajo para echarse algo a la boca se le muestra al desocupado sin recursos presto a reventar de hambre; al que quiere actuar fuera y en contra del juego político sindical se le exaltan “otras formas de hacer política”, la “infalibilidad” de la “democracia directa”; al que cuestiona a la izquierda le muestran lo mala que es la derecha; a otro le dicen que la democracia es mejor que la dictadura; al que lucha se le incita a abandonar la lucha tras recibir cualquier migaja... Se oculta así que todo forma parte de lo mismo, que son momentos de una misma existencia subsumida al trabajo asalariado, al dinero, al valor.
 

Allí donde los proletarios se rebelan, se alzan contra el infierno en el que viven, como las luchas desarrolladas recientemente en Nicaragua o en Irán, el capital mundial busca negar la perspectiva revolucionaria e imponer el horizonte capitalista en sus múltiples variantes. Tratan de encuadrar las luchas y transformarlas en luchas contra tal o cual gobierno, contra tal o cual dictador, contra tal o cual medida o gestión, tratan de transformar las revueltas de nuestra clase en guerra entre proyectos burgueses, de negar todo cuestionamiento a este sistema y fagocitar así todo lo que se le contrapone. El súmmum de esta repolarización es la guerra imperialista donde la lucha del proletariado es conducida a una lucha entre fracciones burguesas, tal y como lo sufrimos actualmente en Siria, así como en otros países en las últimas décadas.
 

Estos factores y límites de las luchas actuales, que implican que todas las luchas acaben canalizadas, liquidadas o revitalizando al capital, extienden la creencia de la imposibilidad de una revolución social. Esta creencia se convierte en una fuerza material para la conservación de este mundo, conduciendo a muchos de los que luchan a desentenderse de lo que exige un proceso revolucionario internacional para sumergirse en una dinámica posibilista y localista sin ninguna perspectiva, lo que quiebra la unidad de las luchas inmediatas de nuestra clase (lucha contra las medidas de austeridad, contra los desahucios, contra la represión, expropiaciones...) de la lucha histórica por la revolución.
Es cierto que las condiciones de vida del proletariado le llevan una y otra vez a superar estos obstáculos y a afirmarse como clase, contraponiéndose violentamente a la sociedad actual, pese a todas las debilidades que lastramos. Sin embargo, apenas se supera el marco local, sólo excepcionalmente se asume uno regional. El resto del proletariado mundial no se siente concernido por esas luchas, no asume la pelea que en tal o cual lugar desarrolla su clase como su propia pelea. Así se desarrollan infinidad de luchas en un completo aislamiento que finalmente son repolarizadas y/o aplastadas por el capital mundial (Siria, Brasil, Mapuches...). Esta cuestión nos recuerda constantemente que nuestra clase no puede generar una perspectiva revolucionaria más que asumiendo su lucha en un plano histórico-universal. El internacionalismo proletario no es una bonita consigna del pasado, sino el terreno mismo sobre el que se despliega la lucha revolucionaria.
Pese a todas estas dificultades, pese a todas estas fuerzas y elementos que actúan contra la constitución del proletariado en fuerza revolucionaria, no hay ninguna otra perspectiva, no hay otra salida a la catástrofe capitalista que no sea la revolución social. No tenemos dudas de que la catástrofe capitalista seguirá avanzando y haciendo cada vez más imposible la vida en el planeta. Tampoco tenemos dudas de que las luchas de nuestra clase seguirán reproduciéndose aquí y allá. Sin embargo, lo fundamental no es percibir esta evidencia, sino asumir y estructurar esas luchas como una misma lucha internacional por abatir el capitalismo, utilizar la experiencia histórica acumulada para superar nuestros propios límites y debilidades, así como denunciar todo lo que impide la acción internacional e internacionalista contra el capital y el Estado. Esa es la única vía real para defender las necesidades humanas frente a las del capital. Las reformas, las ilusiones y esperanzas que justifican el rechazo a la revolución, no son más que fuerzas de conservación del mundo actual. No tenemos otro camino para salir de esta fosa que romper y denunciar esos mecanismos de defensa del capitalismo que obstaculizan la organización de nuestra comunidad de lucha. Organizarnos juntos --fuera y contra de todas las estructuras del Estado-- en la lucha contra este sistema de muerte, en la defensa de las necesidades humanas frente a las del capital, en la afirmación de la humanidad frente a la cosificación capitalista. Todo lo demás es caminar hacia el abismo al que nos conduce esta sociedad.
 

La afirmación del ser humano frente a la deshumanización absoluta que contiene la condición proletaria, esa es la esencia de la constitución del proletariado en clase para negar las clases sociales, el Estado y el capital.
 

¡Organicemos internacionalmente la lucha de nuestra clase, contra la catástrofe mundial del capitalismo, contra toda la sociedad de clases! 

Proletarios Internacionalistas
www.proletariosinternacionalistas.org
info@proletariosinternacionlistas.org



[Panfleto] Algunas reflexiones en torno al 8M 2018


 

Este 8 de marzo parece ser distinto a los de algunos años atrás: se reivindican algunas recientes conquistas consideradas fundamentales y se prometen otras tantas, nuevas y briosas. Es cierto que hace menos de una década la sociedad se hallaba rememorando esta efeméride como una celebración de la femineidad tradicional, alentando al consumo y a la reafirmación del estereotipo de la mujer cosificada y sumisa mediante regalos frívolos y demás artilugios mercantilistas. En aquel entonces nos hallábamos muy lejos de un llamado al cese de actividades productivas, como impulsa la consigna de este año, pero ¿realmente queremos que este sistema siga, ya sea con o sin nosotras? Nos parece muy necesario, dada la importancia del movimiento social que se generó para cambiar las condiciones de vida de las mujeres, repensar y criticar el contenido de estas luchas. No por el gusto de la crítica en sí, sino para que el movimiento tome fuerza y se profundice, para no caer en las viejas canalizaciones de la ideología dominante, en las reformas que cambian algo para que todo siga igual. Nos queremos enfocar entonces en el contenido que está en el fondo de la movilización y el paro internacional de mujeres.


Cuando se llama a producir sin nosotras para visibilizar nuestro “valor”, se pasa por alto la obscena facticidad de las cosas: que se nos considera valiosas, básicamente, en términos productivos y reproductivos de este sistema de muerte. Esta consigna no solo deja de lado un cuestionamiento fundamental –¿por qué debiéramos siquiera tener asignado un valor? –, sino que alienta a la perpetuación de las actuales relaciones económicas y productivas de modo irreflexivo y conformista. La ausencia de una crítica al sistema que somete a la totalidad de la humanidad a sus perversas instituciones (en este caso, el trabajo asalariado) es alarmante, y debiera advertirnos sobre la peligrosa tibieza del contenido de consignas similares, tan fervorosamente enarboladas para esta fecha.

Era de esperar… “el feminismo” ha llegado a los medios: los programas con el más alto rating (y la mayor tradición misógina) invitan a sus paneles a las representantes del movimiento a debatir (y sobre todo a banalizar) la despenalización del aborto y otros temas que verdaderamente nos preocupan e importan. La democracia funciona. El enemigo quiere hacer las paces y, en señal condescendiente, nos abre la puerta al mundo del espectáculo.

Ante los continuos y crecientes daños a todos aquellos que se reconocen por fuera del género masculino heterosexual, se pide mayor intervención estatal: más legislaciones, más programas gubernamentales de contención, más seguridad, más trabajo, más punición, más control. Lo que no se ve es que donde «el Estado está ausente» es donde más está el Estado. ¿No es ya lo suficientemente clara la vinculación entre la violencia de género y el monstruoso aparato ideológico que la produce y reproduce cada día, bajo las más variadas formas? ¿Qué es lo que hace falta para hacer estallar finalmente estas insoportables tensiones que nos atraviesan?

Sabemos que las condiciones a las que nos enfrentamos no son nada sencillas y nos movilizan a preguntarnos muchas cosas. Que quede claro: queremos mejorar nuestras condiciones en lo inmediato. No queremos ser encarceladas por abortar, tratadas como cuerpos–objetos a los que violar y traficar, usadas para publicitar mercancías y otras tantas aberraciones. Pero, ¿para qué nos sirve pedirle al sistema que nos reduce a estos roles, nos encarcela y subyuga que cambie esta situación? ¿Por qué no pensar en la posibilidad de superar de raíz este estado de cosas? Esto también lo tenemos que pensar mientras nos encontramos en la calle, a esto nos referimos cuando proponemos profundizar la lucha. Fundamentalmente, para no desperdiciar tantos esfuerzos de compañeras del pasado que, como nosotras hoy, pararon y salieron a la calle masivamente, logrando parciales avances que por sus límites no cambiaron la situación de la mujer, porque es imposible que se transforme sin transformar todo, porque nuestra lucha se opone prácticamente a este sistema cosificador y valorizador de nuestras vidas.

Las diversas expresiones de bronca, el aliento a la venganza o al escrache público, en respuesta a hechos de violencia de género son necesarias, pero devienen en medidas ineficientes por ser aisladas. Debemos atacar las relaciones sociales de las que nace la violencia de género en primer lugar. Cuando una gran cantidad de energía se ve dedicada a resolver problemas de tipo legal o procedimental (qué hacer con el abusador, cómo castigar al violador, cómo deben redactarse protocolos institucionales contra la violencia machista) se está perdiendo de vista la causa fundamental de la problemática: la violencia general y sistemática en nuestra sociedad, por qué se genera y cómo destruirla. Identificarla es necesario para terminar de una vez por todas con las condiciones materiales que la posibilitan y que reducen nuestra vida a un producto aprovechable o prescindible según las circunstancias, que instrumentalizan nuestros cuerpos y los someten a las necesidades de este sistema que nos deshumaniza y atomiza hasta la muerte.

La lucha que ahonde en la raíz del problema no bregará por la igualdad de derechos en un sistema que nos oprime y aliena a todos los desposeídos por igual, sino por la verdadera emancipación de la mujer, entendida como parte fundamental de la lucha por la emancipación total de la especie humana. Para ello es necesario salir a la calle y formar lazos por fuera del Estado y la política, no permitiendo que estos intervengan y transformen el contenido de la lucha para su conveniencia y para la continuación de nuestra explotación. Pero también, dejando de externalizar los problemas, haciéndonos cargo de lo que nos toca: como parte de esta sociedad capitalista la reproducimos, aun sin querer. Hablando en los propios términos que el enemigo (los de la reforma), reduciendo nuestras perspectivas revolucionarias a una lucha por una ley o por un salario más justo, aferrándonos a lo inmediato y dejando para nunca lo que es urgente desde hace tanto tiempo: la destrucción de lo que nos destruye y la creación de un mundo nuevo.

Son estas condiciones de existencia siempre contradictorias las que nos impulsan a luchar y es en la lucha donde vamos encontrándonos e inventando algunas respuestas. Hoy nos movilizamos, no para exigir que se nos considere y se nos visibilice en tanto que víctimas, ciudadanas y productoras y reproductoras serviles de esta sociedad. Estamos en la calle porque creemos y luchamos por un cambio sin vuelta atrás.

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Venezuela

La Asamblea Nacional Constituyente, tierra en los ojos de las masas proletarias...




En medio de esta refriega civil en Venezuela, que parece aumentar cada día más, y que ya pasa de los ciento veinte días, aparece la receta de una Constituyente que le da el poder “plenipotenciario” al pueblo. Esta proposición lanzada por el gobierno chavista, no estalla cual rayo en cielo sereno, ella surge de los problemas económicos que ahora han sido trasladados inevitablemente al terreno político. Gracias al voto democrático, el pueblo, expresando su voluntad soberana, podría así modificar la Constitución actual. ¿Pero es que realmente esta constitución (¡que también es chavista!) es la causante de las dificultades socio-económicas del país y de las crecientes dificultades del proletariado y de las masas? ¿Acaso es esta constitución la que estaría impidiendo aportar soluciones a esos problemas? ¡Todo el mundo ve muy bien que no! Estos problemas son causados por el capitalismo y no pueden ser resueltos mediante una reforma del Estado burgués, o el paso a un Estado “popular” como se pretende la ANC, dentro de un cuadro parlamentario en que las necesidades vitales del proletariado serán metidas junto con muchas “necesidades” del nuevo empresariado venezolano, en una falsa unidad “popular” y “nacional”; estas no pueden ser afrontadas y resueltas sino mediante la lucha abierta e independiente de explotados contra explotadores, de clase contra clase!




Por lo tanto, la Constituyente es otra burbuja de ilusiones más...


La Constituyente, convocada por los dirigentes chavistas es una Constituyente “rosada”, como llamaban los marineros, soldados y obreros rusos a la Constituyente de Kerensky en 1917. En Rusia, la Asamblea Constituyente prometida desde marzo por su gobierno, termina por realizarse luego de la victoria de la insurrección de Octubre. Esta solo reflejaba el espíritu de las masas campesinas, a penas tocadas por el fragor revolucionario, y daba una mayoría al Partido Socialista Revolucionario (los llamados “eseristas”) de derecha y al partido socialdemócrata menchevique, hostiles todos a Octubre, es decir, a Lenin y sus bolcheviques. Antes de la inauguración de esta Asamblea Constituyente, ya el poder revolucionario se había afirmado con los Soviets de obreros y soldados ganados para la revolución. Como rechazaba la victoria de la revolución, esta Asamblea fue barrida por la revolución: el enfrentamiento social se torna tan agudo en los periodos revolucionarios que la sociedad se polariza alrededor de las dos clases fundamentales en lucha, haciendo saltar por los aires los cuadros formales de la democracia que pretende conciliar los intereses de los diversos grupos sociales. ¡Creer que la lucha de clases depende del mecanismo y sistema democráticos y constitucionales es caer en el cretinismo parlamentario, tal cual decía Marx, en un periodo en que todavía los comunistas podían participar en los parlamentos y elecciones burgueses!


Contra todas las tentativas de “reparaciones” o reformas del Estado existente, los bolcheviques habían lanzado la consigna de “todo el poder a los Soviets”. Los Soviets eran la forma de organización política que se habían dado espontáneamente los proletarios ya en la revolución de 1905; estos reaparecieron en 1917, fuera de las estructuras estáticas y tendían a organizar la vida y las luchas de los proletarios y masas pobres contra los patronos, los terratenientes, la jerarquía militar, etc. Evidentemente, debían formar la base de la dictadura del proletariado, luego de la destrucción del Estado. ¡Los “ecologistas” bolcheviques debían arrancar la mala hierba para que pudiera crecer la que era óptima a la cosecha revolucionaria!


Nada que ver, pues, con la Constituyente actual que se quiere establecer en Venezuela. En la Alemania de 1850 o en la Rusia zarista, es decir, en países en que la revolución burguesa no había tenido lugar todavía, las reivindicaciones y principios democráticos – entre ellos, la Constituyente – podían en teoría tener un carácter revolucionario o “progresista”. En el caso de Venezuela, un país burgués que ha conquistado su independencia política nacional, la Constituyente no puede tener de ninguna manera un rol o carácter revolucionario; tampoco modificará la situación económica gangrenada y recesiva actual. Esta maniobra, de un proceso electoral “express”, significa, primero, el impasse en que se encuentra el gobierno chavista con respecto a los inmensos problemas que tienen las clases trabajadoras y explotadas, incluyendo a los pequeños burgueses, y segundo, demuestra el hecho notorio de que ambas facciones, de derecha y de izquierda, están de acuerdo con salvar al capitalismo, ¡y la forma que ha adoptado el chavismo es la más adecuada actualmente! En efecto, proponer a los proletarios y a las masas una alternativa parlamentaria, al mismo tiempo que se denuncian las supuestas amenazas a la soberanía nacional, no hace sino reforzar las ilusiones electoralistas y la intoxicación nacionalista, y tiene por finalidad impedir una reacción de los proletarios en el terreno de clase, el único eficaz.
De su parte, la oposición de derecha propuso también, una alternativa democrática con su consulta electoral – alternativa que no puede tampoco tener ninguna eficacia. Ya lo hemos dicho anteriormente, la Mud no tiene mucho interés en tomar el poder, tal como se encuentra hoy el país poseedor de las más grandes reservas de petróleo del mundo. ¡Revolución y contrarrevolución de los ilusos!



Y su verdadero propósito es ocultar el antagonismo proletario creciente en Venezuela


Las fuerzas proletarias de vanguardia que existen actualmente en Venezuela, aunque sean escasas no deben rendirse a la falsa alternativa chavismo-anti-chavismo, porque esta ha sido diseñada precisamente para obstaculizar la presencia del antagonismo de clase verdadero, burguesía contra proletariado.


Para los comunistas revolucionarios aguantar a contracorriente, defendiendo contra viento y marea las verdaderas posiciones marxistas, es importante y necesario, ya que el piso en que se mueven las alternativas políticas actuales tiende a hundirse muy rápidamente, a la misma velocidad con que la crisis económica se agudiza, y en la misma medida en que las legislaciones sociales, que prometen asegurar la Constituyente chavista, se vuelvan ineficaces frente a la realidad capitalista.



¿Defender la actual Constituyente, la Constitución de 1999?


Algunos opositores de izquierda al chavismo madurista (1), o cripto-chavistas, lo son en nombre de la defensa de la Constitución vigente hasta hoy. Es el caso de Marea Socialista que denuncia justamente el carácter de maniobra política con eso de una nueva Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que de todas maneras no responde para nada a las necesidades elementales de las masas. Marea Socialista critica a Maduro y sus partidarios desde un punto de vista democrático, es decir, interclasista, y no desde el punto de vista de clase. Marea Socialista defiende la plena puesta en vigor de la Constitución actual como la única forma de defender la “democracia que agoniza” (2) y propone la organización de referendos consultivos: ¡exactamente lo que la oposición burguesa (Mud) hizo, organizando su propio referendo, que llamaron consulta! Marea Socialista propone a los decepcionados del chavismo “reconstruir un proyecto nacional”, “un movimiento de izquierda, democrático, plural”, etc., en pocas palabras, un nuevo movimiento reformista e interclasista, por lo tanto, anti-proletario.



¡No! ¡Los proletarios y las masas explotadas tienen necesidad de otras cosas!

Lo que los proletarios y las masas explotadas tienen necesidad no es de reconstruir un “proyecto nacional”, nuevo o viejo, sino de reconstituir sus organizaciones de clase para defenderse ante todo contra el capitalismo nacional; no de defender la “democracia que agoniza”, sino la de defender su independencia de clase, rompiendo con el reformismo y la colaboración democrática entre las clases, de dar vida a la lucha proletaria contra la burguesía nacional e internacional; de trabajar por la constitución del partido de clase internacionalista e internacional, para que dirija esta lucha hasta la toma revolucionaria del poder en todos los países. Dicha perspectiva no puede ser inmediata, sin embargo es la única verdaderamente realista. Contra la propaganda demagógica de toda especie, todo paso que se haga en esta dirección abre realmente la vía de la revolución futura y de la emancipación proletaria.

¡Retornar al terreno de la lucha de clase, a la verdadera lucha antiimperialista proletaria y comunista, desarrollada a partir de las luchas inmediatas!


¡En lugar de hacer llamados a la solidaridad de todos los “pueblos” del mundo por el “pueblo” venezolano, llamar a la lucha general proletaria en cada país contra el capitalismo nacional, que es la verdadera solidaridad antiimperialista hacia los otros proletarios del mundo de todas las razas y religiones, en lucha contra el enemigo que se encuentra en su propio barrio: la burguesía!


¡Abajo el Estado burgués y todas sus constituciones!





Partido Comunista Internacional, 15 de Agosto de 2017.

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(1) Otra vertiente salida de Marea Socialista-Aporrea bajo casi los mismos argumentos, es la encabezada por el politólogo Nicmer Evans quien, junto a la fiscal general, Ortega Díaz, ha conformado un grupo que también reivindica la Constitución de 1999.... Pero resulta que la Fiscalía General de la República es el brazo ejecutor de la justicia burguesa, y hoy se encuentra en el centro de toda la situación actual. Ahora que estalla el impasse entre la Fiscal General y el gobierno Maduro, sus entrañas se revelan en todo su esplendor, allí se descubre lo que siempre se presintió: la existencia de una verdadera Caja de Pandora del crimen y la impunidad, y que hace ver lo que debía suponerse: la justicia burguesa en Venezuela y muchos países, es el corazón de diversas industrias que deja enormes ganancias y pingües beneficios, además de influencia política: tráfico de drogas, secuestros, siembra o desaparición de pruebas, "pranes" como “directores” de las cárceles; es, prácticamente, dada la impunidad que ella ha generado, la responsable directa de tantas víctimas de la violencia social en las calles, de los miles de casos jamás resueltos de corrupción, dolo, desviación de recursos y divisas, etc. de crímenes nunca resueltos como el del Fiscal Anderson, etc., etc. Los dirigentes chavistas rechazan y denuncian a la Fiscal General con razón, pero parecen no darse cuenta que estuvieron con la Fiscal durante mucho tiempo, ¡y eran cómplices de cuanto ocurría en su interior!

(2) "Es hora de la fragua de un nuevo movimiento emancipador", Aporrea, 2 de agosto de 2017




CRONICA DE LO OCURRIDO EN HAMBURGO 
EN LOS DIAS PREVIOS A LA CUMBRE DEL G20
En Hamburgo las cosas están calientes. En unos días los mandamases de los países más ricos del mundo se reunirán para continuar repartiéndose la riqueza mundial dejando a la gran mayoría de la población fuera de su festín. Ante este panorama decenas de miles de personas de todo el mundo están llegando a la ciudad para mostrar su rechazo a la lógica capitalista, y al terror y la miseria que esta genera.
Para poder acoger a tal cantidad de solidarias anticapitalistas estaba previsto montar dos grandes campamentos, en diferentes puntos de la ciudad. Sin embargo a la policía esto no le ha parecido una buena idea y a finales de la semana pasada decidió irrumpir en los campamentos montados desalojando a la gente que allí se encontraba. Esto pese a tener ambos los pertinentes permisos legales. Tras unos cuantos encontronazos en los que la policía hirió a varias personas los campamentos se montaron, pero la policía continuó sin dejar acceder a ellos con tiendas de campaña u otros enseres para acampar. Ante esta situación, el impresionante desplegue policial que rodea los asentamientos y la imposibilidad de encontrar una solución consensuada legalmente (el Estado oficialmente continua diciendo que hay permiso legal para acampar en estas zonas, mientras manda a sus lacayos a impedir que este permiso se haga efectivo) la gente ha decidido acampar en múltiples puntos de la ciudad. Hubo una acampada simbólica en la plaza del ayuntamiento y algunos parques están tomados por carpas y tiendas de campana.
Por lo demás la gente está bastante calmada, salvo por algun encontronazo ocurrido el pasado miércoles cuando la policía increpó a diferentes grupos de personas que estaban reunidas en calles y plazas (había una convocatoria para ello)
Eso sí, el despliegue policial es desmesurado. Cientos de furgonetas desfilan continuamente a toda velocidad por el centro de la ciudad con las luces encendidas con el único objetivo de intimidar a una población abiertamento solidaria con todas las personas dispuestas a protestar contra esta reunión del G20. Se ve que tienen miedo de lo que la gente unida podemos llegar a crear. Aun así aquí nadie está dispuesta a amedrentarse y en los próximos días todo el mundo mostrará su descontento con este repugnante evento demostrando hasta donde estamos dispuestas a llegar para construir un mundo vivible, sostenible y solidario.
Intentaremos continuar informando.
Amor, rabia y solidaridad desde Hamburgo.



SEGUIMIENTO Y ACTUALIZACIONES DESDE LA WEB DE CRIMETHINC: https://crimethinc.com/2017/07/05/announcing-continuous-live-coverage-of-the-g20-in-hamburg-with-an-update-from-the-clashes-of-july-4


¡En Portugal los muertos y heridos por los gigantescos incendios en los bosques son debidos al negocio del fuego!
¡Como siempre, los negocios, los beneficios capitalistas son la causa de todos los dramas!


Sábado 17 de junio, por la tarde, comienza un gigantesco incendio en Pedrogao Grande, en el Sur de Coimbra, en la Región del Centro.
El 18 de junio pasado, el primer ministro portugués Antonio Costa, declaró que el enorme incendio a Pedrograo Grande, que ha causado al menos 62 muertos y 60 heridos, ha sido “la mayor tragedia de los últimos años en un suceso de este tipo”. Algunos días después, algunos medios de comunicación afirman que los muertos son ya 65 y los heridos 100. El primer ministro portugués ha declarado que los incendios podrían ser causados por fulminantes “secos”, es decir, por las descargas eléctricas atmosféricas que se verifican en ausencia de lluvias, y ha excluido que los incendios tuviesen un origen doloso (1).
Las declaraciones del primer ministro han sido acompañadas por las del presidente portugués
Marcelo Robelo de Sousa que ha dicho por su parte: “Se hizo lo máximo que se podía hacer para parar el incendio. No era posible hacer más, son situaciones imprevisibles. Cuando se presentan no se tiene capacidad de prevención para intervenir”.
¿Situaciones imprevisibles! ¿Sin capacidad de intervenir!

Cada verano en Portugal –pero también en España, en Grecia o en Italia, para nombrar los países europeos alineados sobre el mismo meridiano, regularmente golpeados por incendios estivales hectáreas de bosques y montes arden. Y sostener que los incendios hayan sido causados por fulminantes o por auto combustión es la burla más cruel que se pueda hacer. Que después no haya posibilidad de prevención... ¡bah!, es otra manera de declarar que siempre habrá muertos y heridos a causa de los incendios; la causa es sólo la fatalidad, tan amada por los gobernantes y por los politicastros de todo signo y, naturalmente, por todos los capitalistas que sacan beneficio tanto de los incendios como de los medios para sofocarlos.

El “bosque”, que en su momento se refería a algo antiguo y no contaminado, en el caso portugués significa una cosa completamente diferente, algo que tiene que ver directamente con el beneficio capitalista: se trata, de hecho, de silvicultura y de sistemas de producción agro-forestales en los cuales se producen árboles a gran escala, en particular los eucaliptos, plantas de tronco alto que son usadas para la producción de papel como materia prima para la celulosa (los bosques de eucalipto ocupan 812 mil Ha., el 26% de la superficie boscosa portuguesa, el 1,8% del territorio nacional) (2)

La característica de los bosques portugueses es que el 87% son privados. Estos árboles, de origen australiano, crecen muy bien y deprisa en la península Ibérica, pero tienen un “defecto”: arden rápidamente y lanzan chispas a centenares de metros de distancia. Los ecologistas ponen en evidencia otros aspectos que respectan a los eucaliptos y que normalmente no son considerados por los grandes periódicos porque una verdadera atención por el medio ambiente no es su prioridad. Las hojas del eucalipto representan un riesgo extra para el ambiente: contienen terpina (hidrocarburos no saturados presentes en los aceites esenciales de muchas plantas) y ácidos que bloquean el crecimiento de la hierba, de las semillas y de las raíces de otras plantas e inhiben el desarrollo de microorganismos del suelo. Las hojas se acumulan, así, sin ser consumidas, y crean el medio ideal para la propagación de los incendios. Los bosques de eucaliptos representan de hecho un monocultivo, útil ciertamente para los capitalistas de la industria de la celulosa, pero desertificadora, además de quitar el sitio a otras especies de plantas, representan un elemento de segura y rápida propagación de los incendios. Pero el eucalipto tiene una cualidad respecto a otras muchas plantas: su leña puede ser transformada en papel aún después de los incendios, con pérdidas mínimas en términos de cualidad pero con ahorros notables para los adquirientes (el precio cae más de dos tercios)
Por lo tanto, la causa de los incendios es en un 99% de los casos dolosa. Y a esta conclusión han debido llegar también los investigadores portugueses, desmintiendo por enésima vez a los gobernantes.

En 2016, en 9 días, del 1 al 9 de agosto, los incendios en Portugal destruyeron 26 mil Ha. Más que en todo 2014, cuando fueron destruidas 20 mil. Hubo 4 muertos, tres de los cuales en Funchal, capital de la isla de Madeira, uno de las “joyas turísticas” nacionales (la policía arrestó a tres hombres acusados de ser los incendiarios) En 2015, en julio, un incendio comenzó en Alcobertas, en el Norte de Lisboa, destruyendo muchas hectáreas de terreno; en agosto del mismo años, el bosque de Mangualde, a unos 80 km al sudeste de Porto, ardió (la policía arrestó a un hombre acusado de ser el incendiario). De 2014 hemos hablado más arriba. En 2013, en agosto, fueron 9 las víctimas y otras 50 mil Ha. De bosque (más que en 2007 y 2008) ardieron, sobre todo eucaliptos; las zonas golpadas fueron las de la Sierra de Caramulo y la del área natural “protegida” de la Sierra de Alvao, pero también en el Norte, a los pies de la Sierra de Estrela y en la isla de Madeira; también en este caso la policía detuvo a personas acusadas de haber comenzado el fuego (a una cincuentena) (3) Y estamos seguros de que veremos más noticias de incendios cada verano. En realidad no hay ninguna voluntad de prevención, porque los incendios hacen bien al negocio del fuego.

Bajo el capitalismo, la clase dominante burguesa desarrolla políticas de prevención solo y exclusivamente si tales medidas contribuyen a hacer girar mejor y más rápidamente la máquina productiva y la circulación de los capitales. A veces, pero sólo bajo la vigorosa presión de la lucha obrera, aplica medidas de prevención después de reiterados episodios de infortunios y muertos en el trabajo, en las calles, en las viviendas; pero no es la norma y son innumerables los ejemplos que demuestran cuanto decimos. Sin embargo, no obstante la secuencia ininterrumpida de episodios a través de los cuales el criminal sistema económico y política capitalista genera destrucción y muerte, este sistema resiste y se mantiene en pie con la afectación y en entono de una clase dominante que sabe perfectamente sacar ventajas de las desgracias de las clases subalternas, ante las cuales está dispuesta a derramar algunas lágrimas y perder algunos instantes antes de retomar su “trabajo”, el de explotar cada ocasión, cada posibilidad para hacer negocios, para lograr el beneficio capitalista.
Por otro lado, es tal la intoxicación general de democracia y de legalismo, con sus connotaciones de individualismo, de soledad y de miedo, difundida sin tregua por toda la compleja máquina propagandística de la clase burguesa, que las mentiras, aún las más evidentes y abiertas, continúan venciendo sobre la realidad.
Usando los mismos instrumentos legales y democráticos, y solo estos, que la clase burguesa dominante pone a disposición de cada ciudadano y de cada asociación de ciudadanos, no se resuelven nunca las raíces de los problemas generados por los intereses capitalistas; interés que, por su naturaleza, es privado y enfrentado con cualquier otro interés capitalista, pero que junto a todos los intereses capitalistas privados encuentra en el Estado burgués su más fuerte y duradera defensa, aún en el caso de que estos intereses vayan en contra del famoso “bien común”, el “bienestar general” y la “salud pública”.

¿Arden uno o dos bosques de eucalipto? Los capitalistas de la lucha anti incendio, del canadair, de los medios de socorro, de la reforestación, de la reconstrucción de los edificios destruidos, de las calles y de todo cuanto el fuego ha devastado, se frotan las manos, como lo hacen los capitalistas que, por ejemplo, quieren realizar la reconstrucción de los pueblos después de un terremoto. Cada desgracia es para el capitalismo fuente de beneficio y si la desgracia no viene por “causas naturales”, se provoca: basta con no adoptar las medidas de prevención adecuadas para estar seguros de que el desastre se repetirá.
Es el sistema capitalista y burgués en general el que debe ser destruido y sustituido por un sistema social completamente desligado de la explotación del hombre por el hombre, de la producción de mercancías y por el beneficio capitalista. Es una sola clase, el proletariado, la clase productora por excelencia, la que tiene la posibilidad de realizar esta revolución histórica; pero debe combatir contra el individualismo, contra el miedo de precipitarse en el aislamiento, contra la competencia contra el resto de proletarios para asegurarse un trozo de pan y debe resistir la atracción del fatalismo, debe rechazar la democracia como método en cuanto mentira y engaño para encontrar sus propias aspiraciones y sus propias energías en la lucha de clase anti burguesa, en la solidaridad de clase proletaria, en la organización independiente de clase en ruptura con todo lo que representa el interés capitalista sobre el terreno inmediato como sobre el más político general.

25 de junio 2017 Partido Comunista Internacional (El Proletario)

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