¡Abajo el ataque imperialista contra Irán!
¡Guerra de clase contra el imperialismo y el capitalismo!
El ataque conjunto lanzado el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán, que ya ha matado a cientos de personas en Irán y a decenas en el Líbano, es estrictamente una guerra de agresión imperialista; su objetivo no es ayudar al pueblo iraní a liberarse de la dictadura de los mulás, ni contrarrestar las amenazas inminentes que plantea el régimen islámico, como declaró Trump, haciéndose eco de las mentiras sobre las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, utilizadas en su día para justificar la guerra contra Irak. Todos los expertos militares coinciden en que Irán carece de los medios para amenazar a Estados Unidos y, según los negociadores, Teherán incluso había aceptado la exigencia estadounidense de abandonar el enriquecimiento de uranio. En cuanto al destino de la población iraní, para evaluar la poca preocupación de los imperialistas, basta con recordar el caso venezolano, donde Estados Unidos marginó a la "oposición democrática", prefiriendo llegar a un acuerdo con el régimen chavista, ya que este había demostrado su capacidad para mantener el orden social a pesar de las terribles condiciones de vida y de trabajo del proletariado. De igual manera, en Irán, esperaron, antes de lanzar la guerra, a que el régimen aplastara brutalmente las protestas de enero: frente a las masas rebeldes, los mulás oscurantistas y los capitalistas yanquis se aliaron porque pertenecían a la misma clase social de vampiros.
Para el proletariado, por lo tanto, es completamente inútil imaginar, como la oposición burguesa y pequeñoburguesa iraní, que los imperialistas estadounidenses e israelíes fueron a la guerra para establecer un régimen democrático. Además, desde su conferencia de prensa del 2 de marzo, Trump ya no menciona el cambio de régimen en Teherán como uno de los objetivos de la guerra.
El ataque israelo-americano busca, en realidad, reducir la
influencia de Irán, que, debido a su riqueza petrolera, su población y su
ubicación geográfica, está naturalmente destinado a desempeñar un papel
destacado en el Golfo Pérsico y Oriente Medio. Sin embargo, desde el
derrocamiento de la monarquía durante la revolución de 1979 y el establecimiento
del régimen islámico, Irán, otrora un importante bastión del imperialismo
estadounidense (que había instalado al Sha en el poder), ha estado desafiando
su dominio regional. Así es como Irán, junto con sus aliados (Hamás palestino,
Hezbolá libanés, milicias iraquíes, el gobierno sirio y los hutíes de Yemen),
formó un "eje de resistencia" destinado a oponerse al poder militar
de Israel, el gendarme estadounidense de Oriente Medio. Pero desde hace algunos
años, Israel, con el firme apoyo estadounidense, ha trabajado con éxito para
romper sistemáticamente este eje, mientras que Estados Unidos se ha esforzado
por estrangular económicamente la economía iraní mediante la imposición de
sanciones cada vez más severas.
Los ataques actuales, que buscan doblegar a Irán, forman parte de este esfuerzo
para establecer una preeminencia estadounidense indiscutible en Oriente Medio,
una región cuya importancia estratégica es más grande que nunca en un período
de crecientes tensiones interimperialistas: el 20 % del gas licuado y el 25 %
del petróleo del mundo provienen del Golfo Pérsico, destinados principalmente a
países asiáticos, y en especial a China, el rival de Estados Unidos…
Por su parte, los gobiernos occidentales se están alineando con Estados Unidos;
el comunicado conjunto firmado por Alemania, Gran Bretaña y Francia el día del
estallido de la guerra ¡condenó únicamente los ataques iraníes! Luego, el 1 de
marzo, los mismos países afirmaron estar dispuestos a “llevar a cabo
acciones defensivas” (¡sic!) “para destruir desde la raíz” las
capacidades militares de Irán. El gobierno británico declaró que pondría sus
bases militares en la región a disposición de las fuerzas armadas
estadounidenses, mientras que el gobierno francés afirmó su determinación de
apoyar a sus aliados en el Golfo. Los imperialismos europeos, indignados por
las ambiciones estadounidenses de apoderarse de Groenlandia invocando el
respeto al “derecho internacional”, olvidan convenientemente que no son el
objetivo de Washington: no quieren quedar fuera del botín ni ser excluidos a la
hora de reestructurar el orden imperialista en Oriente Medio tras una derrota
iraní.
La guerra actual es otra sangrienta manifestación de la creciente tendencia de diversos imperialismos, grandes y pequeños, a recurrir a la violencia abierta y a la confrontación militar para defender sus intereses. Ya sea en Ucrania, Oriente Medio, Latinoamérica o cualquier otro lugar, esta tendencia está impulsando una carrera de rearme y el desarrollo del militarismo en todas partes; y es la causa del colapso del sistema internacional de la ONU establecido tras la Segunda Guerra Mundial, encargado de mitigar, aunque de forma imperfecta, los conflictos entre Estados. Acosado por dificultades económicas cada vez más acuciantes, el mundo capitalista se encamina inexorablemente hacia un nuevo conflicto mundial. Ningún llamamiento a la paz entre las naciones, ninguna denuncia de los “belicistas”, ningún apoyo al Estado atacado contra los Estados agresores puede impedirlo: ¡el capitalismo en su conjunto es el belicista, todos los Estados burgueses son criminales!
La única fuerza que puede oponerse es el proletariado,
víctima designada de las guerras, pero que, al mismo tiempo, es la fuerza cuya
explotación sostiene al capitalismo y que, por lo tanto, tiene la posibilidad
de paralizarlo combatiendo dicha explotación. Al reanudar la lucha
independiente por sus propios intereses de clase, al rechazar sacrificios en
nombre de la patria o de la economía nacional, al superar todas las divisiones
de raza, nacionalidad, género, etc., al volver a descubrir sus armas de clase y
su organización de clase, el proletariado de todos los países tiene la
posibilidad de resistir a los capitalistas y a sus Estados aparentemente
todopoderosos.
A partir de entonces, atrayendo tras de sí a la vasta masa de oprimidos, podrá
emprender la lucha revolucionaria para derrocar al capitalismo y establecer su
propio poder internacional y totalitario, la única manera de poner fin, junto
con este modo de producción, a la explotación, las injusticias y las guerras
que lo caracterizan.
Es por esta perspectiva que debemos luchar sin temor a ir a contracorriente
hoy, porque ello es la clave del futuro.
¡Proletarios de todos los países, uníos en la guerra de clase contra el capitalismo!
3:3/26
Partido comunista internacional
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Lea la prensa del PCI: Proletarian / Communist Program / Le Proletaire / Programme Communiste / El Programa Comunista / El Proletario / Il Comunista /
CONTRA SUS GUERRAS, CONTRA SU PAZ!!
Desde los inicios de la dominación, la guerra ha desempeñado un papel determinante, ya sea en la extracción de recursos de todo tipo y de explotación humana y animal, ya sea como motor de la innovación tecnológica, desde la domesticación del caballo hasta Internet y la inteligencia artificial (IA). El caso de la IA está especialmente claro, sus defensores la presentan como la solución de los problemas del mundo (el clima, el hambre… la paz mundial) pero de momento su uso más relevante ha sido el militar, como en el genocidio de Gaza.
La guerra también ha sido la impulsora económica del capitalismo, y ahora mismo, en torno a la guerra de Ucrania, es la excusa para el rearme (reindustrialización armamentista) con un reimpulso tecnológico y económico del complejo militar/industrial para los intereses geopolíticos. Actualmente, el rearme está en curso. Se han aprobado unos planes de financiación de 800.000.000.000 de euros para la industria militar europea, mientras que el estado español, según la OTAN, ya ha aumentado, de momento, en el 2% del PIB la partida destinada al gasto militar. Esto se traduce en más de 30.000.000.000€ en total.
Cabe destacar que los efectos del aumento del gasto militar también alcanzan al clima. Un reciente estudio del “Conflict and Environment Observatory” apunta a que un aumento del 2% del PIB de los países miembros de la OTAN equivaldría a un nivel de emisiones similar al de un país tan productivo y poblado como Pakistán (hasta 194 megatoneladas de CO2 añadidas). Si el plan aprobado por la comisión europea es aplicado, se estima que el gasto militar de los estados europeos alcanzaría entre
el 3,5% y el 4% del PIB. Además, cabe recordar que el objetivo marcado por Mark Rutte, secretario general de la OTAN, y Donald Trump, presidente de EEUU, es alcanzar el 5%.
En este simulacro de peligro guerrero, ya que guerras las hay por todo el globo, la mayoría más antiguas que la de Ucrania: La invasión a Palestina sin ir más lejos, pero también los conflictos militarizados de África, no sólo el del Congo, también Sudán, África Central, Cabo Delgado en Mozambique y un larguísimo etc. el Cáucaso… el narcotráfico en México, y más zonas del mundo, prácticamente el 100% están ligados directa o indirectamente con el control, extracción y transporte de los recursos naturales y la energía, ligados a la devastación de la Tierra… una guerra global colonial en la que cada centro de poder (básicamente poder corporativo) mueve sus fuerzas para conseguir el predominio.
En estos momentos parece que el peso de la pugna se ha desplazado desde los recursos energéticos (aunque siguen siendo importantes) hacia los necesarios para la digitalización (litio, tierras raras…) en torno a los cuales veremos girar las próximas guerras y disputas capitalistas.
No debe limitarse la mirada sobre la guerra convencional, al margen de estos conflictos más evidentes, la violencia se extiende de forma menos visible en forma de control, fronteras, tecnocontrol y represión,
especialmente brutales en los países periféricos del sistema tecnoindustrial.
Desde Barcelona, Cataluña y el Estado Español nuestros gobernantes (políticos y corporativos) nos obligan a financiar un abultado presupuesto militar. Además, desde los centros de poder político y
social utilizan herramientas de control ideológico para fabricar el necesario consentimiento que permita la aplicación de políticas de guerra. Es a través del miedo a la alteridad y no del orgullo patriótico
que este mensaje toma su forma más convincente. La batalla es también discursiva.
Podemos observar cómo la máquina de guerra, conformada por instituciones públicas, entidades financieras y la industria militar, va aglutinando más financiación, toma fuerza y nos empuja hacia el precipicio bélico. En nuestro entorno se mueven con plena tranquilidad las corporaciones que alimentan la violencia extractivista y la guerra global.
Cerca de nosotros existen numerosas empresas y organismos que promueven y se lucran con la extracción y la guerra (INDRA, Airbus, MWC, ENDESA, ICL, BBVA, Santander, CaixaBank o Sabadell) deben ser nuestro objetivo y cuanto más “locales” mejor. El frente de la lucha pasa por la puerta de nuestra casa.
Como anarquistas no podemos limitarnos a la solidaridad declarativa contra la guerra colonial extractivista y debemos desarrollar, en la medida de lo posible, tácticas y acciones contra los principales actores de ésta. Por todo ello, necesitamos ser conscientes del peligro que supone delegar nuestras vidas en el interés del capital. Debemos apelar a la desobediencia, a la insumisión, al sabotaje y a toda forma de acción directa que tenga como objetivo desarmar al capital a nivel internacional
NO BUSCAMOS LA PAZ, SU PAZ, QUEREMOS GANAR LA GUERRA, LA GUERRA CONTRA EL CAPITAL Y EL ESTADO!!
CONTRA SUS GUERRAS, CONTRA SU PAZ, GUERRA SOCIAL!!
Italia: Bajo el lema «Bloqueemos todo», cientos de miles de manifestantes salieron a las calles de más de 80 ciudades italianas para protestar contra el exterminio de los palestinos en Gaza y la economía de guerra.
El lunes 22 de septiembre, la USB convocó una huelga general, a la que se sumaron los sindicatos de base Adl Cobas, Cobas, Cub y Sgb. Esta iniciativa contó con la participación de trabajadores de los puertos, el transporte, la sanidad, la logística, una amplia gama de empresas públicas y privadas, incluso autónomos y, por supuesto, un gran número de jóvenes estudiantes, universitarios y profesores —ya protagonistas de las manifestaciones a favor de Palestina de los últimos meses—, hasta el punto de que varios medios de comunicación informaron de un total de cientos de miles de participantes que salieron a las calles en más de 80 ciudades italianas.
«Bloqueamos todo» era el lema de los portuarios de Génova que se negaron (de hecho, desde 2019) a cargar armas y municiones procedentes de Estados Unidos, el norte de Europa y la propia Italia en barcos con destino a Israel, pero también a Turquía y los Emiratos Árabes Unidos. El ejemplo de Génova fue seguido por los portuarios de Rávena, Livorno, Salerno, La Spezia y Trieste. El pasado mes de junio, por ejemplo, en Rávena, dos contenedores llenos de municiones transportados en camión desde Austria fueron cargados en un barco con destino a Israel sin ninguna autorización oficial, poniendo en peligro la vida de los portuarios, que no habían sido informados del peligroso cargamento. Lo mismo estuvo a punto de ocurrir en Marsella, pero los portuarios franceses hicieron sentir su presencia bloqueando un envío de municiones en el barco «Contship Era», con destino a Israel y que debía hacer escala en Génova y Salerno antes de llegar al puerto de Haifa.
Estas iniciativas, de clara naturaleza proletaria, demuestran que el proletariado se opone a la guerra y, más aún, al exterminio de la población civil de Gaza. Su objetivo es presionar al gobierno central para que intervenga contra la guerra y el exterminio de poblaciones indefensas. Pero el gobierno de Meloni, al igual que los gobiernos anteriores, sigue su propio camino, que es salvar y defender a las empresas, mantener buenas relaciones con cualquier otro gobierno —no importa si tiene las manos manchadas de sangre inocente— con el fin de defender y aumentar sus intereses económicos y políticos. Inevitablemente, en ausencia de sindicatos de clase que lideren las luchas proletarias con objetivos, medios y métodos mucho más incisivos en detrimento de la industria bélica y de la cobertura política y administrativa que esta siempre consigue obtener en todas las fases necesarias para finalizar sus beneficios, estas iniciativas están destinadas a tener solo un impacto muy superficial, aunque dan testimonio de un impulso espontáneo del proletariado para movilizarse contra una guerra que está mostrando todos sus horrores contra toda una población indefensa; un impulso que, en realidad, es sistemáticamente canalizado hacia el terreno de la democracia más respetuosa por todas las organizaciones sindicales actuales y, por supuesto, por todos los partidos llamados «de izquierda» que siguen burlándose de las masas electorales repitiendo el manido e ilusorio estribillo de «dos pueblos, dos Estados», algo que, en los ochenta años transcurridos desde la fundación del Estado de Israel, ninguna potencia mundial ha querido o permitido realmente, a pesar de las declaraciones oficiales.
Las manifestaciones pro palestinas, sobre todo estudiantiles, que se han celebrado en los últimos dos años han expresado un profundo malestar por un conflicto que ha visto a las organizaciones guerrilleras palestinas enfrentarse una vez más al ejército israelí, que siempre ha tenido la actitud intrínseca de tratar a toda la población palestina como «terroristas» o «partidarios del terrorismo antisemita». Esta actitud no ha cambiado tras el ataque lanzado por los militantes de Hamás el 7 de octubre de 2023 contra los kibutz en la frontera con Gaza, que causó más de 1200 muertos y el secuestro de más de 200 rehenes llevados a Gaza como «moneda de cambio» por los palestinos detenidos desde hace años en las cárceles israelíes. De hecho, ese ataque de Hamás, que tomó por sorpresa a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), que no esperaban un ataque tan organizado y a gran escala, pareció inmediatamente una oportunidad que Israel aprovechó, ya que el 8 de octubre ya era capaz de desplazar sus fuerzas armadas hacia Gaza con la intención no solo de golpear duramente a los militantes de Hamás y traer de vuelta a los rehenes, sino también de someter a toda la población de Gaza a una represión sin precedentes. Pronto quedó claro, y el Gobierno de Netanyahu lo reveló gradualmente, que el objetivo de la invasión israelí de la Franja de Gaza no era solo traer de vuelta a los rehenes y diezmar a los militantes de Hamás, sino también diezmar a la población de la Franja para anexionar ésta a Israel, acabando con cualquier ambición lejana de un Estado palestino independiente.
El hecho es que el horror de la guerra librada contra una población indefensa —arrasando todo lo que se asemejaba a un refugio, bombardeando sistemáticamente a las masas desplazadas que vagaban de norte a sur y de sur a norte, masacrando sin piedad a mujeres y niños, destruyendo hospitales, escuelas, casas, devastando campos y matando de hambre cínicamente a toda una población —ha entrado en todos los hogares a través de la televisión, de una manera que ni siquiera ocurrió con la guerra en Ucrania. Y mientras los periódicos de todo el mundo publicaban en primera plana las fotos de la destrucción y los horrores en Gaza y las transmisiones televisivas en directo, crecía la ira tanto por la inercia de los gobiernos ante este exterminio como por la impotencia de las protestas, que a menudo parecían procesiones, incluso cuando eran obstaculizadas por la policía. Algunos gobiernos, como los de Francia, España, Reino Unido, Australia y otros, retomaron la retórica grandilocuente del «reconocimiento del Estado de Palestina», sin, por supuesto, haber hecho ni hacer nada concreto que pudiera servir para que naciera. Por ejemplo, bloquear las iniciativas sistemáticamente contrarias al establecimiento del Estado palestino por parte de Israel, con el que, por el contrario, los negocios siempre han ido viento en popa.
La huelga y las diversas manifestaciones comenzaron en el puerto de Livorno y continuaron con el bloqueo de las universidades de Roma, Turín, Bolonia y Brescia; a las 9 de la mañana del lunes 22, comenzó un imponente bloqueo en el puerto de Salerno, seguido de manifestaciones en Bolonia, el bloqueo del puerto de Génova, una manifestación compuesta por miles de participantes, muchos de ellos muy jóvenes, en Florencia, que se dirigió a la sede local de Leonardo, y luego la gran manifestación en Milán con más de 10.000 participantes, bajo una lluvia torrencial, mientras que en Bolonia la manifestación iba creciendo hasta alcanzar más de 50.000 participantes. En Pisa, miles de personas llegaron a la autopista Florencia-Pisa-Livorno y la bloquearon; en Marghera, los portuarios bloquearon el puerto; en Roma, 20.000 participantes llegaron a la estación Termini y la bloquearon, mientras que, en Turín, pasadas las 13:00, la manifestación invadió las vías de la estación de Porta Nuova. En Milán, la manifestación, tras recorrer buena parte de las calles del centro, llegó, alrededor de las 13:00, a la plaza de la Estación Central; el objetivo era entrar en la estación, ocupar las vías y bloquear los trenes que salían y llegaban; pero la policía, desplegada en defensa de la sagrada propiedad privada de los ferrocarriles, cerró las puertas de hierro de los accesos a la estación e impidió por la fuerza que los manifestantes continuaran con su intención, bloqueándolos y maltratándolos incluso en las escaleras del metro que conducen a la estación; también por la fuerza, un numeroso grupo de manifestantes intentó romper el cordón policial, mientras que varios miles de manifestantes permanecían en la plaza frente a la estación; se produjeron violentos enfrentamientos y, al final, la crónica habla de 60 policías entre contusionados y heridos y una decena de manifestantes detenidos. Más de 40.000 personas se manifestaron en Nápoles para bloquear la estación de tren y entrar también en el puerto y, posteriormente, en Bagnoli, mientras el presidente Mattarella inauguraba el año escolar. Por la tarde, las manifestaciones continuaron un poco por todas partes: enfrentamientos en Bolonia con manifestantes que bloqueaban la autopista; en Milán, donde los manifestantes seguían asediando la Estación Central, mientras que en Roma no menos de 100.000 personas se manifestaban pasando por Scalo San Lorenzo para llegar a la tangente este; en Bolonia, enfrentamientos en vía Stalingrado, cerca de la feria Cersaie, que debía comenzar hoy, y de nuevo en Milán, en vía Vittor Pisani, frente a la estación central, donde la policía intentaba tomar por la espalda lo que quedaba de la manifestación. Pasadas las 16:00, en Marghera la policía seguía interviniendo para impedir que la manifestación entrara en el puerto, mientras que en Catania los manifestantes, a pesar de las cargas policiales, lograron bloquear el puerto, y en Palermo unas 30.000 personas se manifestaban con bloqueos de carreteras impidiendo el acceso al puerto; en Turín se bloqueó el acceso a la autopista Turín-Savona, mientras que en Bolonia decenas de miles de manifestantes que se dirigían hacia Bolognina fueron bloqueados por la policía, que detuvo a ocho personas; tres manifestantes acabaron en el hospital tras las cargas y dos mil se dirigieron a la comisaría para reclamar la liberación de los detenidos. Mientras tanto, en Roma, una enorme manifestación entró en la Universidad La Sapienza y ocupó la Facultad de Letras exigiendo la suspensión de todo acuerdo con Israel. A las 19:00 horas, las manifestaciones continuaban en muchas ciudades: en Brescia, Turín, Génova, Bérgamo y de nuevo en Milán, mientras que en Bolonia al menos 4.000 personas se concentraban en la zona de la comisaría para pedir la liberación de los detenidos (de los cuales al menos cuatro serán juzgados en juicio sumario). Pasadas las 20:00 horas, en Brescia, en la plaza de la República, se renovaron los enfrentamientos con la policía, que impedía a la manifestación, formada principalmente por jóvenes, llegar a la estación de tren, intento que finalmente se abandonó para dar por concluida la jornada de manifestaciones, pero quedando citados para el próximo sábado 27 de septiembre.
Hemos querido recoger algunas noticias extraídas de los medios de comunicación y, en particular, de Radio Onda d'Urto de Brescia, para documentar una participación en las manifestaciones de protesta y en la huelga que no se había producido desde hacía años.
El descontento general provocado por años de trabajo precario, fatigoso y mal remunerado, por la incertidumbre sobre el futuro, por un empobrecimiento cada vez más generalizado frente al aumento constante de los beneficios capitalistas, hoy más que ayer gracias al negocio de las armas, frente a un recorte constante de los amortiguadores sociales y un aumento, debidamente disimulado, de los impuestos sobre los salarios y el coste de la vida, tenía que encontrar una vía de escape, una forma de hacerse notar y de lanzar al poder establecido que, al tomar la escena, es la ira por una situación general intolerable. El hecho de que las manifestaciones de jóvenes, estudiantes y familias hayan reforzado la presencia en las calles de los trabajadores en huelga es un signo de una intolerancia generalizada que podría dar lugar a una nueva temporada de protestas como ya ocurrió en los años setenta del siglo pasado. Hoy en día, son los sindicatos de base el tipo de organizaciones sindicales a las que recurren las capas proletarias más combativas para tener más fuerza en sus acciones de huelga, mientras que los sindicatos tradicionales siguen logrando, gracias a su obstinado colaboracionismo con la clase dominante burguesa, llevar a cabo su sucio trabajo de división y parálisis de las luchas obreras.
Las masas proletarias y populares esperaban que el Gobierno de Roma tomara alguna iniciativa seria y concreta para demostrar que no era cómplice del exterminio de los palestinos de Gaza; no faltó, por supuesto, la voz del papa León XIV con sus letanías sobre una paz que, tanto en Ucrania como en Gaza, en lugar de acercarse, se aleja cada vez más. Pero las últimas decisiones en la sede europea de correr al rearme con el pretexto de una posible «invasión» por parte de Rusia y de ceder a la petición de la poderosa América de aumentar al 5 % de su PIB la contribución en armas que cada miembro de la OTAN está ahora obligado a respetar, difundiendo un clima de guerra inminente, han arrancado a una parte del proletariado de una especie de somnolencia drogada y de la sensación muy real de la impotencia de los debates parlamentarios y de las disputas verbales y televisivas entre gobernantes y oposición, empujándola a salir a la calle para manifestar su intolerancia, su insatisfacción y su humanidad que, gobernantes y opositores parlamentarios, cínicos charlatanes como son, demuestran utilizar en beneficio exclusivo de sus privilegios de clase política: con la excusa de estar en un país civilizado y democrático, cualquier iniciativa, cualquier actividad, cualquier propósito se canaliza en los meandros de la política parlamentaria como si ésta pudiera resolver los problemas sociales que, en cambio, dependen directamente de la economía capitalista, de su funcionamiento y de los intereses que toda la clase política pretende preservar a pesar de que masas cada vez más amplias caen en la pobreza y la indigencia. El parlamento ya no es sólo una noria de palabras, como decían Lenin y Trotsky, sino que se ha convertido en un instrumento de defensa exclusiva de los privilegios de la clase política parlamentaria, presentado engañosamente como el único lugar en el que es posible, gracias a las diferentes mayorías electorales, mantener o cambiar las «decisiones políticas» que en él se toman. La realidad es que todas las decisiones importantes para la vida social se toman fuera de las salas parlamentarias, en las salas secretas donde los representantes de los poderes económicos, sociales, políticos, culturales y religiosos conspiran, llegan a acuerdos, establecen pactos y alianzas, intercambian favores, endurecen algunas posiciones y suavizan otras. Y es cierto que, entre todas las decisiones que se toman, una de ellas se refiere al control social, al control de las masas proletarias. Tuvimos una muestra de esta realidad durante el periodo de la Covid-19, y ahora tenemos otra con la amenaza inminente de una guerra que también podría afectar a Italia. El proletariado es la única clase social que tiene un poder potencialmente enorme en sus manos: detener la producción, el transporte, las comunicaciones, el comercio y los servicios públicos, incluida la educación y la sanidad, y no durante una hora o unas pocas horas, de forma «articulada», al final de cada turno, ahora en una fábrica, ahora en otra, sino de manera más general, hasta el final, sin previo aviso, organizándose para resistir en el tiempo y para obtener la solidaridad de los proletarios de los diferentes sectores económicos, su acción de clase puede influir efectivamente en la situación y en la política del gobierno. El capital vive y prospera gracias a la explotación diaria de las masas proletarias, a su explotación intensiva y, sobre todo, a la competencia entre los trabajadores; el capital vive y prospera gracias a la colaboración de clase, para la cual se recluta a sindicatos y partidos «obreros» a cambio de prebendas y privilegios económicos y sociales. Y éste es el mayor obstáculo que encuentran los proletarios en su camino hacia la emancipación de ser considerados y tratados como una mercancía que, cuando está gastada o no sirve para el negocio, simplemente se tira a la basura y se convierte en basura inútil difícilmente reciclable.
Hacer huelga contra el rearme y contra la guerra es un acto político de gran relevancia, y es cierto que los promotores de esta huelga pretendían diferenciarse de las habituales e impotentes manifestaciones -procesión, elevando la huelga a símbolo de una oposición generalizada no solo frente a condiciones de vida y de trabajo intolerables, sino también de solidaridad con un pueblo condenado al exterminio por parte de un Estado, como el de Israel, que normalmente goza de la confianza y el apoyo de todas las democracias occidentales, empezando por Estados Unidos y terminando, por supuesto, también por Italia.
Pero una huelga política de tal envergadura, si no se basa en una recuperación efectiva de la lucha de clases del proletariado, es decir, en una lucha no episódica, que ponga en el centro las reivindicaciones de defensa exclusiva de los intereses de clase proletarios —por lo tanto, fuera de los juegos parlamentarios, tanto a nivel nacional como regional o municipal, y contra cualquier colaboración interclasista—, está condenada, en el mejor de los casos, a seguir siendo una acción simbólica que, en realidad, no cambia absolutamente nada. La fuerza de la clase dominante burguesa no solo se debe al hecho de ser propietaria de todos los medios de producción y, sobre todo, de toda la riqueza nacional producida, excluyendo a los proletarios de cualquier recurso que no sea el de sus brazos, sino también por la imposibilidad de la clase proletaria de reconocerse como clase independiente, totalmente antagónica a cualquier otra clase social y, en particular, a la clase burguesa capitalista, a través de la política de colaboración interclasista. Esta política degrada los intereses específicos del proletariado ahogándolos en los intereses burgueses y capitalistas, que inevitablemente adquieren la característica de interés «superior», nacional, cuando en realidad son exclusivamente intereses de la economía capitalista, es decir, burguesa. Para que su lucha tenga un sentido positivo con respecto a sus intereses de clase, los proletarios deben liberarse de los lazos y ataduras que los vinculan a la economía empresarial, a la economía nacional, a una patria que protege todo menos la vida de los proletarios y que siempre está dispuesta a imponerles sacrificios para aumentar la competitividad de los productos nacionales y vencer a la competencia extranjera, hasta el punto de imponerles el sacrificio de la vida, que, desde las muertes, las discapacidades y las enfermedades contraídas en el trabajo, llega a la muerte y a las masacres en las guerras burguesas e imperialistas.
El proletariado no llegará de repente, de forma inesperada, a romper con la colaboración de clase y luchar solo por sí mismo. Llegará a ello empezando a romper y desgarrar ahora en un lugar y ahora en otro ese maldito vínculo; llegará a ello con algunos avances para luego detenerse y retroceder y, posteriormente, reanudar la lucha con medios y métodos clasistas, acumulando experiencia y organizando finalmente sus fuerzas en el terreno exclusivamente de clase. Todavía se necesitará tiempo, intentos, derrotas, decepciones, pero para que los intereses de clase proletarios se impongan en el propio proletariado es necesario que la crisis económica y social a la que se encamina inevitablemente el capitalismo sacuda los cimientos del edificio económico y social sobre el que se construye el poder político de la burguesía. Entonces, incluso las iniciativas humanitarias, como la de la Flotilla Global Sumud, o de Emergency o de Médicos sin Fronteras, cobrarán un sentido completamente diferente, porque en lugar de invocar la piedad de las clases burguesas que dirigen Estados asesinos, belicistas y opresores —consolidando así, aunque sin quererlo, el poder burgués asesino, belicista y opresor—, se pondrán al servicio de la lucha de clases proletaria y de su revolución, cuyo objetivo principal es la destrucción del Estado burgués como tal —ya sea democrático o autoritario, dictatorial o fascista que sea— para sustituirlo por un organismo estatal exclusivamente proletario cuyo objetivo principal es tanto transformar la economía mercantil y capitalista en economía social, como expandir la revolución antiburguesa y anticapitalista a todos los países del mundo.
Hoy en día, estos objetivos parecen ilusorios, utópicos, irrealizables, por lo que quienes quieren hacer algo ya hoy para ayudar a los hambrientos, los desamparados, los oprimidos, los supervivientes de guerras y devastaciones, parecen no tener otra alternativa que la fuerza de voluntad individual para echar una mano, para llevar ayuda a las poblaciones desafortunadas... y así se tranquiliza la conciencia individual con la esperanza de que esa «desgracia» no le ocurra a quien en ese momento no la sufre. El ser humano es un animal social, por lo que la tendencia a socorrer a quienes están en dificultades forma parte de esta sociabilidad humanitaria. Pero también es el único animal que, desde que existen las sociedades divididas en clases, mata a sus semejantes no por necesidad de supervivencia, sino por puro interés material, por supremacía, por poder, por defender la propiedad privada y sus propios negocios. Sólo una sociedad sin clases, es decir, el comunismo marxista, será aquella en la que el ser humano volverá a ser únicamente un animal social, como en el comunismo primitivo, dotado además de una experiencia y una capacidad laboral y productiva madurada en las sociedades divididas en clases, pero que estas mismas sociedades, y sobre todo la sociedad capitalista, han obstaculizado y desviado sistemáticamente hacia fines privados e individuales.
El camino que deberá recorrer el proletariado está plagado de dificultades, trampas, obstáculos, ilusiones, derrotas, decepciones, pero también de experiencias estimulantes y reconfortantes; por otra parte, está marcado por la propia historia de la humanidad: el animal social vencerá al animal sanguinario e individualista. La lucha será muy dura, la más dura que la sociedad humana haya conocido hasta ahora, pero será la lucha que cerrará la larga era de la prehistoria humana y abrirá la verdadera historia de la humanidad.
23 de septiembre de 2025
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
¡Contra la guerra imperialista Israel-Irán, guerra de clase anticapitalista!
LA RESPONSABILIDAD DE LOS IMPERIALISMOS OCCIDENTALES EN LA GUERRA
Hace una semana que Israel atacó Irán con una campaña masiva de bombardeos sobre objetivos militares y civiles, precedida por una serie de asesinatos de responsables militares y otros iraníes. Pero ya son varios meses en los que las fuerzas armadas israelíes han cometido no sólo amenazas, sino también «asesinatos selectivos» y bombardeos limitados contra objetivos iraníes. En respuesta, Irán lanzó misiles contra Israel y envió drones.
Aunque algunos comentaristas burgueses discuten seriamente si este ataque fue decidido por Estados Unidos, es indiscutible que no habría tenido lugar si este último, informado de antemano, se hubiera opuesto. Por otra parte, las declaraciones de Trump invitando a Irán a una «capitulación sin condiciones» no dejan ninguna duda sobre el apoyo estadounidense a la guerra desencadenada por Israel, la única incógnita es la entrada directa de Estados Unidos en la guerra. Los imperialismos europeos reaccionaron inmediatamente afirmando que «Israel tiene derecho a defenderse» (¡por lo tanto, también a atacar!). El presidente francés, abandonando entre otras cosas su vacía idea del «reconocimiento» de un Estado palestino inexistente, añadió que Francia estaba dispuesta a defender militarmente a Israel: existe, por tanto, una alianza militar de facto con el Estado judío.
Israel no podría llevar a cabo su guerra en Gaza, atacar el Líbano, bombardear Siria y ahora atacar Irán sin el apoyo, principalmente pero no solo militar, que le garantizan desde hace muchos años los Estados Unidos y los imperialismos occidentales. Sin duda, Israel defiende sus intereses a veces sin tener demasiado en cuenta la voluntad de sus padrinos imperialistas: es lo que ocurre de vez en cuando con los secuaces. Pero lo cierto es que si cuenta con el apoyo incondicional de los imperialismos occidentales es porque estos tienen un interés fundamental: disponer de un punto de apoyo sólido en una región inestable y de importancia estratégica.
LA IMPOTENCIA DE LOS LLAMAMIENTOS A LA PAZ
Como en toda guerra, se alzan llamamientos a la paz, a las negociaciones, al respeto del derecho internacional, solo que estos llamamientos, siempre vanos e hipócritas, esta vez no provienen de las grandes democracias occidentales, comprometidas como están en el apoyo incondicional al ataque israelí. Algunos imaginan que es posible ejercer presión, tal vez a través de manifestaciones, sobre los líderes de los grandes Estados para que pongan fin a las guerras, y a esta en particular, y hagan respetar el derecho internacional, el derecho humanitario y otras tonterías burguesas siempre pisoteadas.
En realidad, es toda la situación internacional de agravamiento de tensiones de todo tipo la que empuja a los enfrentamientos bélicos —hasta el estallido mañana de una tercera guerra mundial—, y no la voluntad de unos «fomentadores de la guerra». Las guerras en Oriente Medio, como la guerra en Ucrania, nacen del terreno fértil del capitalismo en crisis y, más allá de las circunstancias particulares que las han generado, demuestran la amenaza que pesa y pesará sobre los proletarios y las masas oprimidas del mundo: convertirse en carne de cañón en los frentes, carne de explotación en los campos de trabajo capitalistas o carne de bombas en el caso de los bombardeos.
LA ÚNICA SOLUCIÓN: GUERRA DE CLASES CONTRA EL CAPITALISMO
Los proletarios, sin embargo, no están condenados a la impotencia: tienen en sus manos un potencial formidable, porque es en su trabajo, en su explotación, en lo que se basa el funcionamiento del sanguinario sistema capitalista. Con su lucha contra esta explotación pueden detener la máquina de guerra antes incluso de poder derribarla junto con todo el capitalismo y sus Estados. Pero para ello deberán romper con las fuerzas que los paralizan encadenándolos a la colaboración de clase en nombre de la unidad nacional o de la defensa de la economía o de la empresa, deberán reencontrar el camino de la lucha de clase independiente.
Con la guerra de clases contra el capitalismo, unidos a los proletarios y explotados de todo el mundo, podrán entonces poner fin a las guerras burguesas, permitiendo vislumbrar la única ayuda definitiva para sus innumerables víctimas, ¡la que traerá la revolución comunista internacional!
19 de junio de 2025
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
Los líderes burgueses se preparan para la guerra,
¡Preparémonos para la guerra de clases!
Los anuncios de la inminente introducción por parte de los Estados Unidos de elevados aranceles aduaneros sobre las mercancías europeas, después de los ya vigentes sobre las canadienses, mexicanas y chinas, acompañados de las declaraciones antieuropeas de Trump y sus colaboradores más cercanos (como la petición de anexionar Groenlandia, territorio bajo dominio danés) provocaron consternación entre los líderes europeos ante la amenaza de una guerra comercial. Pero la decisión de Trump de obligar a Zelensky a detener los combates, incluso suspendiendo de un día para otro los envíos de armas y la información de la «inteligencia» estadounidense a Ucrania, y de negociar un acuerdo de paz directamente con Rusia, sin involucrar a los europeos, supuso, para ellos, un verdadero shock: hasta entonces, la posición de los líderes europeos, reiterada por todos los medios de comunicación, era la de apoyar a Ucrania, junto con Estados Unidos, «hasta la victoria» de sus ejércitos; cualquier idea de alto el fuego antes de alcanzar este objetivo era denunciada casi como una traición a favor de los rusos.
Los líderes de la burguesía europea se reunieron rápidamente para asegurar a Zelensky su apoyo inquebrantable, pidiendo a su vez un alto el fuego (!), antes de que el presidente ucraniano, en acto de reparación y disculpándose con los estadounidenses, afirmara estar dispuesto a trabajar «bajo la firme dirección del presidente Trump» y firmar un acuerdo unilateral que concedería a Estados Unidos una parte significativa de los minerales del país.
En el momento de la independencia (1991), alrededor del 30 % de la industria bélica de la antigua URSS estaba localizada en Ucrania; en este sector operaban unas 700 empresas ucranianas, que daban empleo a más de un millón de personas. Pero las graves dificultades económicas imposibilitaron las grandes inversiones que habrían sido necesarias para reorganizar esta industria, privada repentinamente del mercado soviético, y para modernizarla. Tras caer en una profunda crisis durante años, la industria militar ucraniana ha experimentado un renacimiento gracias a las cuantiosas inversiones estatales a partir de 2014 (fecha de la anexión de Crimea por parte de Rusia y de los primeros enfrentamientos en el Donbass): en vísperas de la guerra con Rusia, en 2021, el presupuesto militar de Ucrania había aumentado un 1300 % con respecto a 2014. Hoy en día, hay unas 500 empresas industriales en el sector de armamento en el país (sin contar más de mil «start-ups») que emplean a casi 300 000 personas. Antes de que la guerra limitara sus ventas de armas al extranjero, Ucrania era el undécimo mayor comerciante de armas del mundo, justo después de España. Todo esto demuestra la realidad y el poder del complejo militar-industrial ucraniano, que no puede dejar de influir en la política de guerra de este Estado (1). Sin embargo, para librar la guerra, Ucrania depende en gran medida de los suministros militares occidentales, procedentes principalmente de Estados Unidos, que disponen así de un medio decisivo para ejercer presión sobre ella: a pesar de sus declaraciones, los Estados europeos no son capaces de sustituir el apoyo estadounidense. Ante la imposibilidad de continuar la guerra hasta el último ucraniano, los líderes europeos han reaccionado anunciando una aceleración sin precedentes de los gastos militares, que ya estaban aumentando considerablemente, y multiplicando las declaraciones bélicas.
En Alemania, el 5 de marzo, los socialdemócratas del SPD y los conservadores de la CDU-CSU acordaron someter a votación en el Parlamento, sin esperar a la toma de posesión del nuevo gobierno salido de las elecciones, una ley destinada a eliminar la disposición constitucional que limita el déficit presupuestario; esto permitirá aumentar el gasto militar hasta casi 100 000 millones de euros al año, el doble de la cantidad actual (además de aumentar la inversión en infraestructuras del país), mientras se avanza en el restablecimiento del servicio militar obligatorio. En Gran Bretaña, el primer ministro había anunciado el 25 de febrero que el gasto militar, ya el segundo más alto de Europa, aumentaría del 2,3 al 2,5 % del presupuesto en 2027, el «mayor aumento del presupuesto militar británico desde el final de la Guerra Fría», y que debería alcanzar el 3 % en 2030. En Francia, el 20 de febrero Macron había estimado que el gasto militar podría aumentar hasta el 5 % del presupuesto (frente al 2,1 % actual) y en su declaración televisiva del 5 de marzo reiteró, sin dar cifras, que había que emprender más gastos militares «lo antes posible». En Italia, el presupuesto previsto para gastos militares aprobado el pasado mes de octubre para 2025 indicaba un total de 32 000 millones de euros (+12,4 % con respecto a 2024 y más del 60 % con respecto al decenio 2016-2025). Esto significa que en 2025 Italia gastará 7 000 millones más que en 2024 y, según el plan ReArm Europe de 800 000 millones en el cuatrienio 2025-2028, gastará 17 000 millones más en 2026, 27 000 millones más en 2027 y 37 000 millones más en 2028, es decir, 88 000 millones de euros más en total respecto al 1,5 % del PIB actual (2).
En el caso de España, que es el país de la OTAN con el presupuesto militar más bajo (no llega al 1,6 % oficial en las cuentas del Ministerio de Defensa, si bien supera ampliamente esta cifra teniendo en cuenta los “gastos ocultos” que se disimulan en las cuentas de otros ministerios pero que responden realmente a Defensa) el presidente Pedro Sánchez se ha comprometido a aumentarlo, para 2029, a 32.000 millones de euros, lo cual implicará colocarse en el entorno del 2% que exigen sus socios europeos (3).
El 6 de marzo, los líderes de la UE aprobaron el plan de la Comisión Europea de 800 000 millones de euros para «rearmar Europa», etc. Para completar el cuadro, añadamos que los británicos y los franceses han declarado estar dispuestos a enviar soldados para garantizar un alto el fuego en Ucrania y que los franceses han propuesto extender su «paraguas nuclear» a otros Estados europeos (4). El aumento de los gastos militares y el «apoyo a Ucrania» se justificaron ayer con el argumento de que era necesario asegurar la victoria de Kiev y castigar a Rusia por sus violaciones del derecho internacional y sus crímenes de guerra: todos han visto que en el caso de Israel las violaciones del derecho internacional y los crímenes de guerra no han supuesto ningún «castigo» por parte de los países europeos, que en realidad han sido cómplices, porque los estados burgueses respetan la ley solo si sirve a sus intereses. El fuerte aumento adicional de los gastos militares anunciado con gran alboroto y el clima belicista difundido por los medios de comunicación se justifican hoy en día por la inminente amenaza que Rusia representaría para Europa en el probable caso de un cese de los combates en Ucrania y en la perspectiva de una retirada de los Estados Unidos (5).
Lo absurdo de los argumentos utilizados por esta propaganda burguesa no puede ocultar el hecho de que el capitalismo se está moviendo inexorablemente, a escala internacional, hacia enfrentamientos militares de «gran intensidad», algo de lo que todos los Estados burgueses son conscientes. La perspectiva de un tercer conflicto mundial, resultado inevitable en algún momento de las crisis capitalistas, se está volviendo cada vez más concreta, aunque todavía no es inminente. Si los Estados Unidos de Trump quieren detener la guerra en Ucrania, no es por amor al «paz», sino porque, tras ver el fracaso de la guerra actual, buscan redirigir sus fuerzas hacia Asia, donde le espera un enfrentamiento decisivo con China. Los Estados europeos, que ya no tienen la certeza de mantener la alianza con los Estados Unidos, se están preparando a gran velocidad para poder desencadenar una guerra «por su cuenta». Y esta preparación no consiste sólo en el aumento de los gastos militares; consiste también y sobre todo en la regimentación de la población en general y de los proletarios en particular en torno a la unión nacional, es decir, en la defensa de los intereses del capitalismo nacional: los proletarios y los explotados están llamados a aceptar sacrificios, a renunciar a defender sus intereses de clase en nombre de la defensa de la patria antes de ser llamados, si es necesario, a derramar su sangre. Los proletarios pagarán los gastos militares adicionales en forma de reducción de los gastos sociales, que no son un regalo del Estado burgués, sino que forman parte del salario «diferido», ese salario no pagado directamente que ahora se utilizará para pagar los gastos militares: ¡la economía de guerra es ante todo guerra contra los proletarios!
Si no quieren ser super explotados hoy y servir de carne de cañón mañana, los proletarios deben negarse a someterse a las exigencias burguesas. Es posible oponerse a los sacrificios en beneficio exclusivo del capitalismo, tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, a condición de luchar por la defensa intransigente de los intereses proletarios. La negativa a la mortal unión nacional, la oposición a la paralizante colaboración entre las clases en nombre de la defensa de la patria, el retorno a la verdadera lucha de clase, basada en medios, métodos y organización clasistas, permiten unir a los proletarios de todas las nacionalidades contra el capitalismo y los Estados burgueses, con la perspectiva de derrocar este sistema de miseria, explotación y guerras y abrir el camino a la sociedad sin clases y sin Estados, el comunismo.
La burguesía se prepara para la guerra para defender el capitalismo, ¡preparémonos para la guerra de clases para poner fin al orden burgués!
Partido Comunista Internacional (El Proletario)- https://www.pcint.org/
9/3/2025
(1)Datos del SIPRI, 22/2/25 (https://www.sipri.org/commentary/topical-backgrounder/2025/transformation-ukraines-arms-industry-amid-war-russia ). A modo de comparación, en Francia operan directa o indirectamente en el sector de armamento entre 2.000 y 4.000 empresas, que emplean en total a 210.000 personas.
(2)https://www.milex.org/2024/10/30/esplosione-per-le-spese-militari-italiane-nel-2025-a-32-miliardi-di-cui-13-per-nuove-armi/ ; https://tg24.sky. it/mondo/2025/03/05/rearm-europe-spese-italia
(4) Pero Zelensky afirmó el 29 de enero que sería necesario desplegar «un mínimo» de 200 000 soldados europeos para garantizar la paz, algo imposible para los ejércitos europeos...
(5) Por ejemplo, el 19 de febrero, el primer ministro danés justificó el anuncio de un gasto militar masivo que debería superar el 3 % del presupuesto a finales de año con el temor de un rápido alto el fuego en Ucrania «porque podría dar al presidente Putin y a Rusia una mejor oportunidad [...] de movilizarse de nuevo y atacar a Ucrania o a otro país de Europa».
¿Cuántos cadáveres más necesitas para entender qué está pasando?
“Estamos defendiendo la supervivencia de nuestra propia nación”, gritan estas personas, mientras corren hacia su propia destrucción en el campo de guerra. “Estamos luchando por el derecho a la autodeterminación nacional”, cantan a coro, mientras pasan por alto que en todas partes del mundo es la burguesía la que dicta las condiciones de nuestras vidas. No hay autodeterminación en ninguna parte.
La burguesía en Ucrania determina (es decir, impone y dicta) las condiciones del proletariado local, la burguesía en Rusia hace lo mismo con el proletariado local. Las distintas facciones burguesas del mundo se están uniendo en alianzas transnacionales para competir con sus rivales. ¿Cómo puede alguien creer en la ilusión de que librando una guerra por una de estas facciones la clase obrera puede obtener la posibilidad de autodeterminarse? Entonces, si el proletariado de Ucrania, Gaza o Israel sacrifica suficientes vidas en el frente, ¿la burguesía le dará como regalo la entrega voluntaria de su propio poder y ya no explotará a las masas proletarias?
La guerra entre estados nunca nos dará la oportunidad de determinar las condiciones libres de nuestra vida. Incluso si el estado “más pequeño y más débil” o “invadido” gana la guerra con la ayuda de los aliados, la dictadura de la burguesía se mantendrá. Ser explotado por la burguesía local y oprimido por el estado local no es una victoria. No es algo por lo que debamos sacrificar nuestras vidas. Sin embargo, algunos están dispuestos a sacrificar cientos de miles de vidas por la ilusión de que la victoria de un estado es importante para la futura liberación de todos los estados. Es uno de los muchos oxímorones de esta gente. En nombre de la lucha contra los estados, nos instan a defender un estado en particular y su ideología nacionalista/democrática. En nombre de la lucha contra la guerra, nos dicen que debemos participar en la guerra. ¿Cuántas personas más tienen que morir en el frente para que estos amantes del oxímoron se den cuenta de que la guerra entre estados no puede traer la paz, que la tiranía de los estados no se puede combatir con la colaboración de los estados, que la explotación capitalista no se puede combatir con alianzas de la clase trabajadora con los capitalistas?
Los belicistas de ambos lados de la línea de combate utilizan la presión económica, violenta e ideológica para movilizar a la gente para la guerra. Si proclamamos la lucha contra todas las facciones de la burguesía, incluida la lucha contra la burguesía de los estados “invadidos”, nos acusan de ayudar a los estados imperialistas más agresivos y dictatoriales, como si no fuera quizás obvio que también estemos librando la lucha contra ellos al mismo tiempo. Creen que la colusión con tal o cual burguesía y estado local es una cuestión de supervivencia. No tienen en cuenta que la misma burguesía que defienden hace todo lo posible para evitar ser reclutada para el frente, mientras que las autoridades estatales visten a la fuerza a los proletarios con uniformes y los conducen a la muerte en la lucha del frente. Ven que la burguesía “amistosa” utiliza el estado para cerrar las fronteras a los hombres que quieren viajar a salvo. No comprenden que la burguesía no se preocupa de salvar la vida de toda la población bombardeada, sino de obligar a la parte proletaria de la población a derramar sangre para salvar su propio poder, su propiedad y su esfera de influencia económica. Cuando se trata de salvar vidas en una zona de guerra, los proletarios tienen que buscar sin duda otras opciones que alistarse en el ejército.
Los belicistas, sean capitalistas, nacionalistas o la izquierda del capital, están aterrorizados por la idea de que el estado enemigo gane la guerra, pero no están aterrorizados por los cadáveres de proletarios que la guerra siempre “produce” en ambos lados. No importa bajo qué bandera se sostengan, no importa qué etiqueta ideológica se pongan, debemos repudiar a todos los belicistas. Cuando se nos plantea la pregunta de qué lado tomamos en la guerra, respondemos claramente que tomamos el lado del proletariado en Ucrania, Rusia, Gaza, Israel y en todo el mundo. No elegimos el lado de este o aquel estado en la guerra, sino el lado que se organiza contra los estados. No nos quedamos al margen mientras la guerra masacra a nuestros hermanos y hermanas de clase. Estamos del lado de aquellos que se rebelan contra la guerra y resistimos todos los esfuerzos para arrastrarnos a la guerra. La única manera de detener las guerras es socavar la capacidad de todos los estados para continuar librando guerras.
Traducción al español: https://infoposta.com.ar/
[Asamblea] “Imagina esto: los gobernantes inician una guerra – ¡y nadie va a la guerra!”
- En el largo y caluroso verano, los soldados ucranianos y rusos batieron récords de deserciones
- “¡Juez Lynch, tiene la palabra!” El asesinato de Farion en medio de los procesos de descomposición en los ejércitos en guerra
- Internacionalismo: ¿guía para la acción o excusa para la inacción? Por el inicio de la Semana de Acción de Praga, del 20 al 26 de mayo
Traducción del inglés: A Las Barricadas
Lea los textos traducidos del ruso por Materiales
Fuente en inglés: https://libcom.org/article/long-hot-summer-ukrainian-and-russian-soldiers-broke-records-growth-desertions
Desde la mañana del 6 de agosto, cuando las tropas ucranianas rompieron la frontera y ocuparon algunos asentamientos fronterizos en la región rusa de Kursk, no han cesado los debates sobre el significado y las consecuencias de esta incursión desde el punto de vista político-militar. El final de las batallas por este territorio aún está lejos. Por el momento, lo único que está claro es que un ataque de este tipo con el telón de fondo del colapso de la defensa ucraniana en la región de Donetsk fue una completa sorpresa para muchos.
También se puede leer aquí: https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2024/11/13/asamblea-imagina-esto-los-gobernantes-inician-una-guerra-y-nadie-va-a-la-guerra/#more-3881
https://actionweek.noblogs.org
(ES) Declaración sobre cuestiones de seguridad y la posible escalada de conflictos durante la Semana de Acción
El equipo organizador de la Semana de Acción se enfrenta desde hace tiempo a provocaciones y sabotajes destinados a complicar la organización de las actividades contra la guerra organizadas en Praga del 20 al 26 de mayo de 2024 por personas procedentes de las siguientes regiones: Hungría, Polonia, Ucrania, Rusia, España, Francia, Rumanía, Bulgaria, Alemania, Austria, Grecia, Italia, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Serbia, Suiza…
A medida que se acerca la fecha límite de la Semana de Acción, vemos cómo los ataques de nuestros adversarios se intensifican y alimentan la escalada de un clima ya de por sí conflictivo. Y como no queremos subestimar posibles provocaciones o ataques durante la Semana de Acción, estamos tomando medidas de seguridad concretas.
Queremos advertir a cualquiera que perturbe de algún modo nuestras acciones: defenderemos nuestro espacio político con todos los medios a nuestro alcance. Responderemos a las agresiones con autodefensa activa. El significado de todo esto está claro porque, como demuestra nuestro llamamiento, no somos pacifistas, sino revolucionarios. Cualquiera que ignore esta advertencia será responsable de cualquier escalada y de las consecuencias que de ella se deriven.
[AW2024] Entrevista con el comité organizador de la Semana de Acción
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Para la semana del 20 al 26 de mayo, un comité organizador (CO) invita a opositores radicales a la guerra de toda Europa a una semana de acción y a una conferencia “contra las guerras capitalistas y la paz capitalista” en Praga. En una entrevista concedida a Transmitter, los organizadores explican el objetivo de este encuentro y su visión de la guerra en Ucrania y de cómo la afrontan diversos movimientos de izquierda.
P: Del 20 al 26 de mayo tienen prevista una Semana de Acción contra la guerra. ¿Qué ocurrirá en estos días en Praga?
R: Cada día de esta Semana de Acción tendrá lugar un acto diferente. Habrá presentaciones, debates, recaudación de fondos, protestas y diversos tipos de acción directa. Vemos la Semana de Acción no como el día D, sino sólo como un momento en el proceso de construcción de la comunidad revolucionaria derrotista. Un proceso que incluye intercambios de textos y críticas, debates, organización de acciones concretas, continuidad de la comunidad, etc. Lo que esperamos es poder construir relaciones más fuertes en el campo del derrotismo revolucionario y, si es posible, alcanzar un cierto nivel de centralización programática manteniendo la descentralización de las acciones.
P: El lema de su Semana de Acción es “¡Juntos contra las guerras capitalistas y la paz capitalista!”. ¿Qué quiere decir con este lema? ¿Por qué combinan la oposición a las guerras capitalistas con la de la paz capitalista?
R: La guerra y la paz no son opuestas; son partes del mismo ciclo de destrucción y reconstrucción. Lo que la burguesía quiere decir cuando habla de paz es, de hecho, el estado de guerra de clases contra el proletariado o, en otras palabras, el statu quo de la explotación capitalista. Por la lógica de la expansión del mercado que es una propiedad inherente al ciclo capitalista de producción e intercambio de mercancías, cada facción capitalista se ve obligada a competir con las demás. Cuando la expansión del mercado ya no es posible por medios no militares, entonces los medios militares ocupan su lugar. De hecho, el período de la “paz” capitalista puede caracterizarse como un período de preparación para la guerra: producción de armas, propaganda nacionalista, formación de alianzas burguesas. Cuando las fuerzas socialdemócratas llaman a la “paz”, piden al proletariado que agradezca que la carnicería de la guerra haya terminado y que acepte la continuación de la dominación burguesa y la explotación capitalista. Lo que nosotros pedimos no es una paz, sino la guerra de clases contra nuestros explotadores. Queremos transformar la guerra capitalista en una guerra civil por la revolución comunista mundial.
P: Al final de la Semana de Acción, ¿quieren celebrar una conferencia internacional contra la guerra? ¿Cuál es el objetivo de esta conferencia?
R: … conferencia internacionalista, en la que intentaremos pasar de las cuestiones teóricas a la coordinación de actividades concretas contra la guerra.
P: Han publicado una lista de grupos y organizaciones a los que invitan, bastantes de ellos son anarquistas. ¿Esta conferencia está organizada por y para el medio anarquista?
R: No aceptamos la separación del movimiento revolucionario en las “familias” ideológicas del “anarquismo” y el “marxismo”. De hecho, consideramos que este conflicto histórico es una expresión del intento de la tendencia socialdemócrata de cooptar el movimiento revolucionario. Para nosotros, la única línea de trinchera existe entre la revolución y la contrarrevolución y atraviesa ambas “familias”. Los grupos y organizaciones fueron invitados a participar principalmente en función de sus posiciones y prácticas revolucionarias derrotistas.
Dicho esto, es cierto que no invitamos a ninguna de las más “famosas” grandes organizaciones llamadas “comunistas de izquierda” que existen desde hace décadas y que a menudo se identifican como el “medio revolucionario”. Para nosotros no se trata de sectarismo sino de fijar criterios para permitir una discusión constructiva y avanzar en la tarea de promover el derrotismo revolucionario y fomentar su desarrollo como parte integrante del movimiento proletario. Insistimos en que necesitamos una verdadera discusión y no limitarnos a escuchar las aportaciones de unos y otros sin poder llegar a ningún punto en común.
Desgraciadamente, basándonos en lo que sabemos y ya hemos experimentado al enfrentarnos a la actividad antibelicista de ciertos grupos y organizaciones llamados “comunistas de izquierda”, tenemos la impresión de que su objetivo no es construir una verdadera comunidad de lucha sino construir un pseudo “partido”, más aún, un partido de masas, calcado del histórico partido bolchevique que enmarcó los procesos revolucionarios proletarios y vació de subversividad nuestro movimiento de clase.
Por supuesto, no esperamos que todos los grupos invitados a la Semana de Acción estén programáticamente al mismo nivel, somos conscientes de que la crítica del capitalismo de algunas de las organizaciones no está desarrollada y profundizada de la misma manera. Pero nuestra esperanza es poder permitirles a través de los debates y la práctica común alcanzar un nivel más elevado, más dialéctico y por tanto más radical de captación de la realidad del mundo basado en la explotación y por tanto abrir la posibilidad de una lucha común.
P: Justo después del ataque de la Federación Rusa contra Ucrania en 2021, bastantes anarquistas e izquierdistas de Europa central y oriental comenzaron a apoyar la resistencia ucraniana contra la ocupación rusa, algunos incluso se unieron a las fuerzas armadas ucranianas. Estos anarquistas e izquierdistas explicaron a un público de la izquierda occidental (que tiene poco conocimiento de la situación en estos países) que ser de izquierdas y progresista en Europa Central y Oriental significa apoyar la defensa militar de Ucrania. ¿Cuál es su postura ante estas posiciones?
R: No nos llamamos a nosotros mismos “progresistas” o “de izquierdas”, ya que estas etiquetas no significan otra cosa que el progreso del Capital y la “izquierda” del Capital. Sin embargo, rechazamos completamente esta posición y consideramos a estos llamados “anarquistas”, que apoyan a un bando en la guerra interburguesa o incluso participan directamente en su ejército, como nuestros enemigos y como parte del Estado. También rechazamos completamente la idea, de que esta es de alguna manera la posición natural de los anarquistas de Europa Central y del Este, porque están más cerca de la guerra. Como prueba de lo contrario, podemos mencionar al grupo “Asamblea” de Kharkov, que se encuentra directamente en la línea de trincheras y está siendo bombardeado constantemente, que comparte con nosotros las posiciones revolucionarias derrotistas contra ambos bandos de la guerra.
P: En Alemania, Polonia, por lo que sabemos también en la República Checa, existe una notable oposición contra el apoyo militar a Ucrania y la redistribución de fondos públicos a los militares. Esta oposición es cultural y políticamente mayoritariamente de derechas, sus miembros simpatizan a menudo con Rusia y Putin. Desde su punto de vista, ¿cómo debería tratar con estos movimientos una izquierda que se opone a “las guerras capitalistas y a la paz capitalista”?
R: En Europa del Este, la derecha “populista” es la nueva “izquierda” – después de que los partidos socialdemócratas / “socialistas” clásicos se convirtieran en los partidarios de las “medidas de austeridad” –, los partidos nacionalistas (incluidos los “partidos comunistas” post-estalinistas) intervinieron para convertirse en una expresión más eficaz de la socialdemocracia histórica. Estos movimientos canalizan la ira real del proletariado contra la disminución de las condiciones de vida hacia el apoyo electoral, las manifestaciones domesticadas inútiles, la violencia a pequeña escala contra los inmigrantes, etc. Al menos en la República Checa, no conocemos ninguna expresión de perspectiva proletaria autónoma en estos movimientos. Si vemos alguna expresión de este tipo, podemos intentar intervenir, empujar las contradicciones, etc., independientemente de la corriente política que intente cooptarlos. Por ejemplo, el movimiento de los Gilets Jaunes en Francia estuvo al principio también enmarcado de alguna manera por la derecha.
P: En algunos círculos de la izquierda radical existe la posición de que, ante el riesgo de que se desencadene una nueva guerra mundial, es necesario un nuevo “Zimmerwald”, en referencia a la reunión de facciones disidentes de los partidos socialdemócratas europeos en 1915. ¿Será su reunión una especie de nuevo “Zimmerwald”?
R: No. Consideramos que se trata sólo de un primer paso en el desarrollo de la actividad militante común entre los grupos participantes, el objetivo no es crear formal y artificialmente “una nueva internacional”, aunque al organizarnos internacionalmente contribuimos de alguna manera a impulsar, animar y estructurar una auténtica comunidad de lucha proletaria revolucionaria derrotista internacional. De este modo, es obvio que las posiciones de los grupos participantes ante la guerra deben ser claramente revolucionarias derrotistas. ¡No discutimos con belicistas!
Ahora sobre la referencia que hizo con Zimmerwald, nos gustaría exponer algunas cosas que seguramente serán criticadas por los grupos autoproclamados “comunistas de izquierda”. Nos gustaría subrayar que la conferencia de Zimmerwald y el Manifiesto que resultó de sus debates no es en modo alguno una expresión del movimiento revolucionario. Aunque generalmente se la considere como la expresión misma de la ruptura con la II Internacional y su posición contrarrevolucionaria y favorable a la guerra, tenemos que insistir en el hecho de que desde el punto de vista revolucionario no fue más que un intento de recomponer la II Internacional, de salvarla para continuar con su política socialdemócrata y, por tanto, contrarrevolucionaria. El inconsistente y pacifista Manifiesto de la conferencia de Zimmerwald no está llamando a la revolución, a convertir la guerra burguesa en guerra de clases. Llama a la paz y a la vuelta a la normalidad. Normalidad de explotación y miseria…
Sin embargo, algunos militantes comunistas que participaron en la reunión no estuvieron de acuerdo y se negaron a firmar el Manifiesto. Intentaron formular otra perspectiva que la paz burguesa: volver las armas contra los oficiales, organizar la deserción, luchar contra nuestra propia burguesía, confraternizar con los proletarios de los ejércitos adversarios… transformar la guerra civil en una guerra revolucionaria internacional. Y esto en oposición al programa contrarrevolucionario de la Internacional y de sus diferentes partidos miembros.
Por lo tanto, para nosotros es un error referirnos a la conferencia de Zimmerwald como tal. No queremos participar en una “nueva Zimmerwald”. Al contrario, ¡estamos por supuesto muy entusiasmados por participar en un verdadero intento de organizar fuerzas revolucionarias derrotistas contra la guerra y contra el capital!
P: La situación en la que vivimos es aterradora. Existe un riesgo creciente de un conflicto militar mundial y, sin embargo, no hay ninguna fuerza visible que se oponga a la militarización y a la guerra a nivel mundial. En estas condiciones, ¿cuál podría ser, con suerte, el resultado de sus actividades en Praga?
R: Como se ha respondido anteriormente, se trata de un primer paso en la coordinación práctica de la actividad militante entre los grupos opuestos a todos los bandos de la guerra y opuestos tanto a la guerra como a la paz. No podemos especular sobre cuál será el resultado.
La historia nos ha demostrado hasta la saciedad que el proletariado nunca se levantó en nombre de “grandes causas” sino que, por el contrario, muchas razones o pretextos “insignificantes” pueden encender lo que existe bajo el yugo del Capital General e incendiar el mundo entero y sus relaciones sociales. Basta con echar un vistazo a la Primera Guerra Mundial y a cómo los revolucionarios de la época se mostraban tan pesimistas ante las matanzas que duraban años y los proletarios que se mataban entre sí bajo las sangrientas banderas de “sus” respectivas naciones y burguesías. Y de repente, en 1917, rompiendo los velos de la ignorancia y la sumisión, enfrentándose al sol negro del capital, nuestra clase se levantó y empezó a intentar barrer y destruir lo que nos destruye…
No olvidemos nunca que los revolucionarios no desencadenan revoluciones por su propia voluntad, sino que cuando se desarrollan dinámicas revolucionarias, ¡es deber de los revolucionarios participar en ellas, tomar parte, impulsar el movimiento, aclarar los objetivos y las metas, despejar la confusión en las filas del proletariado combativo, dar y proporcionar la dirección hacia la abolición de la pesadilla capitalista!
- Esta entrevista se publicó originalmente en la revista Transmitter


