El objetivo del proletariado palestino no es una imposible «patria palestina», sino la lucha de clase que una a los proletarios por encima de las divisiones nacionales
Que el pueblo palestino está destinado a no poder establecerse en su tierra natal, de forma pacífica y reconocida por todos los demás Estados, es algo evidente desde hace décadas. Desde 1948, desde la constitución del Estado de Israel, pero no del Estado de Palestina, este destino era uno de los más probables. La gran mayoría de los palestinos se han convertido en proletarios a su pesar, expropiados progresivamente de sus casas, de sus campos, de su «patria». Desde el punto de vista de la ideología burguesa, se trata de un drama que solo podría resolverse reconociendo a los palestinos un pedazo de tierra donde vivir y constituir su propio Estado independiente. Pero ochenta años después del final de la Segunda Guerra Mundial imperialista, en la que las grandes potencias democráticas nunca consideraron al pueblo palestino digno de tener su propio Estado, su «patria», su clase dominante burguesa como casi todos los demás países; en la que lo engañaron durante décadas con las declaraciones de la ONU sobre el estribillo «dos pueblos, dos Estados», desangrando sus energías en enfrentamientos bélicos en los que los combatientes palestinos eran a su vez engañados también por los países árabes «amigos», que pronto demostraron ser tan enemigos como los sionistas, si no peores; y tras ochenta años de ilusiones y combates, los palestinos se encuentran despojados de todo y de sus propias vidas. Con la complicidad mundial de todos los Estados, empezando por el más democrático y más asesino de pueblos, Estados Unidos, el Estado sionista y burgués-democrático de Israel está llevando a cabo su gran sueño: arrasar a los palestinos, apoderarse de su tierra, esclavizar a quienes han escapado de los bombardeos y garantizar los privilegios sociales, económicos y políticos a la población israelí según los criterios clásicos de discriminación racial y religiosa.
El hecho de que el pueblo palestino sea un pueblo sin patria, y que la mayoría esté constituida por proletarios, podría ser, sin embargo, desde el punto de vista proletario e histórico, un hecho positivo. El proletariado es, por antonomasia, la clase sin patria, incluso cuando la burguesía le propina el estribillo de una patria común: no posee medios de producción, no posee capital y, sobre todo, no es propietario del producto de su trabajo, porque la riqueza que produce pertenece exclusivamente a la clase burguesa dominante, a los capitalistas que defienden esta realidad con el Estado y con sus fuerzas armadas. Los proletarios palestinos, es decir, la mayoría de la población palestina, aunque logran cultivar algo en un pedazo de tierra miserable, dependen totalmente del trabajo para los patrones israelíes o de las «ayudas» internacionales que las diversas potencias imperialistas conceden para salvar la cara humanitaria con la que tratan de encubrir las masacres sistemáticas en Gaza y Cisjordania. Los palestinos no pueden esperar nada mejor de organizaciones políticas y militares como la ANP o Hamás, como antes de los grupos que formaban la OLP, porque estas organizaciones se vendieron desde el principio a burguesías más fuertes que tienen intereses completamente opuestos a los del proletariado palestino, que es utilizado, ahora por una, ahora por otra de las burguesías, con el único fin de obtener para sí mismas algunos privilegios y un mínimo de poder sobre él para someterlo para siempre a la explotación capitalista, extinguiendo su instinto de clase de rebelarse contra toda opresión, contra todo abuso.
El hecho de que recientemente, en la ya de por sí desastrosa situación de Gaza, haya habido manifestaciones contra Hamás para que libere a los rehenes israelíes que aún tiene en su poder, con la esperanza de que esto ponga fin a los bombardeos y la destrucción por parte de Tel Aviv, denota sin duda una fractura en la relativa confianza que Hamás se había ganado en los quince años anteriores, una fractura determinada más por la desesperación que por una oposición consciente y política. Pero en plena guerra, en la que la población de Gaza no puede refugiarse en ningún sitio y se ve obligada por Israel a desplazarse continuamente de norte a sur y viceversa, porque de todos modos es golpeada, bombardeada, asesinada y hambrienta, se acerca el fin de Gaza y de Cisjordania palestinas.
La salida inmediata y en un futuro próximo de este auténtico exterminio programado, por desgracia para los palestinos, no les favorece. O son masacrados o se dejan deportar a algún país que acuerde con Estados Unidos e Israel hacerse cargo de ellos, como se hace con cualquier residuo industrial. Para Israel y su mayor protector, los Estados Unidos de América —no importa si en la Casa Blanca se sientan «demócratas» o «republicanos»—, la Palestina histórica, aunque reducida y fragmentada, dibujada en los viejos mapas geográficos para beneficio de los amantes de la historia antigua, tarde o temprano tendrá que cambiar de nombre; los sionistas ya lo acuñaron hace más de un siglo: Gran Israel. Recordemos, de paso, que la historia siempre la han escrito los vencedores de las guerras, que se han encargado de cambiar los nombres de los países, las montañas, los ríos, los mares y, por supuesto, las ciudades, decretando también formalmente la modificación o la cancelación de un pasado. Los pueblos indígenas sometidos al dominio de los vencedores sufrieron también la lacerada de su identidad, sus tradiciones y su pasado antiguo; a veces se mantuvieron las antiguas denominaciones, a veces se mezclaron con las nuevas lenguas, pero en la mayoría de los casos desaparecieron bajo la apisonadora de las nuevas formas de producción y las nuevas clases dominantes.
El reciente episodio relacionado con el nuevo nombre que Trump quiere dar al Golfo de México es revelador. El Golfo de México, cuyo nombre deriva de la decisión de los navegantes y colonizadores europeos que descubrieron «el nuevo mundo» (llamado América en honor al navegante y explorador Americo Vespucci), debería pasar a llamarse, por voluntad de Trump, Golfo de América, en honor a la «nueva edad de oro para los Estados Unidos» de Trump, tal y como Trump lo rebautizó oficialmente el pasado 25 de enero. Una oficialidad válida por el momento solo para EE. UU.; habrá que ver cuánto tiempo pasa hasta que los dos organismos internacionales competentes en materia de nombres de masas de agua del planeta (la Organización Hidrográfica Internacional, OHI, y el Grupo de Expertos en Nombres Geográficos de las Naciones Unidas, GENUNG) aprueben este cambio de nombre, haciéndolo oficial para el derecho internacional y uniformizando los documentos náuticos y las denominaciones geográficas válidas en todo el mundo. Pero, más allá de las cuestiones legales y oficiales, queda el acto imperialista por parte de EE. UU. con el que Trump pretende cambiar la historia y la identidad, en este caso de un golfo que desde 1540 se ha llamado Golfo de México, anteriormente conocido como «Golfo de Nueva España» en honor al descubrimiento del «nuevo mundo» por parte de la corona española. Naturalmente, el Gobierno mexicano no está de acuerdo con el cambio de nombre del golfo, y no solo porque lleva casi cinco siglos con ese nombre, sino también porque la mayor parte de las aguas del golfo, es decir, 829 000 km², corresponden a la zona económica exclusiva de México, y los 662 000 km² restantes corresponden a la zona económica exclusiva de los Estados Unidos (1).
Entre Estados Unidos y México no hay guerra, salvo a nivel comercial, como la hay entre Israel y Hamás y todo el pueblo palestino. Pero hay otra cuestión que enfrenta a Estados Unidos con México: la inmigración clandestina, no solo de mexicanos, sino de personas que huyen de todos los países de América Latina por razones económicas, políticas y sociales, y que, atravesando México, intentan entrar en Estados Unidos. Por lo tanto, Trump puede seguir llamando al Golfo de México con el nuevo nombre de Golfo de América, sabiendo que esto solo es válido para la Casa Blanca y sabiendo que lo que más le importa es someter a México a los intereses de la economía de los Estados Unidos, para lo cual, al no haber sido suficientes los acuerdos existentes hasta ahora entre los dos países, ha desatado contra él la presión de los aranceles. En realidad, que el Golfo siga siendo reconocido como Golfo de México o sea sustituido por la denominación Golfo de América, poco cambiará en lo fundamental entre Estados Unidos y México: las grandes empresas estadounidenses, especialmente las del sector automovilístico y tecnológico, seguirán explotando la mano de obra mexicana en las empresas ubicadas en México, donde los costes laborales son muy inferiores a los de EE. UU., aprovechando al mismo tiempo la distancia mucho menor para el transporte de mercancías entre México y EE. UU. que la que existe con el sudeste asiático o con China.
En el caso de Israel y los palestinos, la situación es completamente diferente. Aquí no hay masas proletarias y desheredadas que se desplazan de «su» país para construir un nuevo futuro en otro país económicamente más fuerte y socialmente «menos» represivo que el país del que huyen. Los palestinos pretendían, y pretenden, seguir viviendo y desarrollándose en su tierra y, en los años veinte y treinta del siglo pasado, se rebelaron contra una importante inmigración judía impulsada y apoyada por Inglaterra, que tenía el mandato imperialista de controlar, tras ganar la Primera Guerra Mundial y el colapso del Imperio Otomano, una parte de los países de Oriente Medio, entre ellos Palestina. Pero desde el principio, el imperialismo británico obstaculizó el movimiento de autodeterminación palestino y utilizó contra él la inmigración judía, que, en cualquier caso, tenía orígenes históricos en esa tierra. La situación de los palestinos cambió muy poco con la Segunda Guerra Mundial imperialista y con su fin; es más, con la constitución del Estado de Israel, empeoró cada vez más. Los acontecimientos históricos han demostrado que la burguesía palestina no ha sido capaz de transformar su lucha por la autodeterminación en una verdadera revolución nacional, para la cual, sin embargo, ha arrastrado consigo a las masas campesinas pobres y al proletariado palestino, pero el hecho de haber confiado el éxito de su lucha nacional al apoyo de las burguesías de otros países árabes y a los potentados imperialistas ha decretado su completo fracaso.
En el mapa del territorio que antes se llamaba Palestina, las fronteras entre el Estado de Israel y los territorios habitados por los palestinos han cambiado continuamente a causa de las múltiples guerras que Israel ha librado contra los Estados árabes y contra los palestinos, lo que ha hecho imposible definir un territorio unitario en el que una revolución nacional palestina pudiera erigir su propio Estado. No solo en las últimas décadas Israel ha instado y protegido a sus colonos para que se apoderaran gradualmente y por la fuerza de parcelas de tierra, sobre todo en Cisjordania, con el fin de impedir sistemáticamente la conformación unitaria de un territorio exclusivamente palestino, transformando Cisjordania, llamada West Bank o Territorios Ocupados, en una especie de gruyere lleno de colonias israelíes, sino que en los últimos días ha llegado la noticia de la reactivación, por parte del Gobierno de Netanyahu, del antiguo proyecto israelí E1, es decir, el corredor colonizado que conectará la Jerusalén ocupada con Ma'ale Adumin (desde hace 50 años la mayor colonia israelí fortificada en Cisjordania) y desde allí al valle del Jordán. El proyecto, compartido por todos los gobiernos israelíes de los últimos cuarenta años, prevé la construcción de 3.412 viviendas para los colonos; dicho corredor se construirá íntegramente en territorio palestino, del que serán expulsadas por la fuerza las diversas pequeñas comunidades palestinas que lo habitan y cultivan. Así, Jerusalén quedará completamente aislada del resto de Cisjordania, que, con este corredor, quedará dividida en dos: al norte quedarán Jenin y Nablus, y al sur, Belén y Hebrón. Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas israelí y representante de la ultraderecha nacionalista, alardeando del apoyo de Netanyahu y Trump, ha declarado que este proyecto «entierra la idea de un Estado palestino».
La Unión Europea, que tendría interés en pacificar toda la zona para desarrollar al máximo su comercio y sus negocios con todos los países de la región, sigue ondeando la bandera de «dos pueblos, dos Estados», cuando sabe perfectamente que ni la UE ni Estados Unidos impondrán a Israel la constitución del Estado de Palestina, ya que tal imposición, dada la total desavenencia israelí, solo podría llevarse a cabo mediante un acto de fuerza militar; la UE y los Estados Unidos están a mil millas de hacer la guerra a Israel, ya que, por el contrario, lo están apoyando financiera, diplomática, política y comercialmente, como lo demuestra plenamente el fructífero comercio de armas y de las tecnologías militares más avanzadas. Su verdadero objetivo en estas décadas de masacres de palestinos es uno solo: borrar el futuro independiente del pueblo palestino, convertirlo en esclavo de los intereses capitalistas e imperialistas que se entrelazan en Oriente Medio, eliminar cualquier posibilidad de que la radicalización de los grupos palestinos, generada por las continuas masacres y el actual exterminio, encuentre una salida organizada para contrarrestar, incluso con la lucha armada, la tremenda opresión a la que están sometidos los palestinos generada por las continuas masacres y el actual exterminio puedan encontrar una salida organizada para contrarrestar, incluso con la lucha armada, la tremenda opresión a la que están sometidos los palestinos. Pero la operación militar especial que Israel lleva 23 meses llevando a cabo contra la población de Gaza no se limita a los bombardeos, a los desplazamientos continuos de palestinos de una zona a otra de la Franja y viceversa; a esto se ha añadido una limpieza étnica mediante el hambre sistemático de las masas palestinas ya moribundas, el hacinamiento de cientos de personas en los escasos centros de la GHF, donde se distribuye muy poca comida y donde los palestinos son blanco de los disparos de los soldados y mercenarios, el bloqueo de los camiones que transportan agua, alimentos, ropa, medicamentos, etc. y la destrucción de todas las casas, de todos los refugios: la desnutrición se ha convertido en el arma adicional para acabar no solo con la vida inmediata de los palestinos, sino también con la posibilidad de vida de las generaciones futuras, ya que la desnutrición, llevada más allá de los niveles de los campos de concentración nazis, tiene consecuencias no solo para las madres de hoy, sino también para sus hijos y los hijos de sus hijos. El ataque a la capital, Gaza City, donde se concentran más de un millón de palestinos, parece ser la última etapa de la ocupación israelí de la Franja; con la caída de Gaza City, reducida también a un montón de escombros, los palestinos pierden también la última esperanza de poder imaginar un final menos horrible que el que están viviendo hasta ahora.
De todo esto no solo es responsable la clase dominante burguesa israelí, sino también la clase burguesa dominante, sobre todo de los países de Europa y América, mientras que Rusia, China, India y su asociación denominada BRICS demuestran no estar interesadas en un exterminio del que es testigo el mundo entero. Cuando el canciller alemán Merz declaró hace tiempo que agradecía a los israelíes por hacer el trabajo sucio que los europeos no podían permitirse hacer, no hizo más que expresar el pensamiento de todas las burguesías del mundo, es decir, aprovechar a los carniceros israelíes que no solo hacen todo lo posible por aniquilar el «terrorismo palestino», hoy identificado con Hamás, sino que lo hacen con métodos particularmente crueles y brutales —algunos líderes europeos declararon ante las cámaras que masacrar a decenas de miles de civiles, en su mayoría mujeres y niños, era «demasiado», «inaceptable», salvo seguir armando hasta los dientes al ejército de Tel Aviv y continuar colaborando a través de sus universidades y organismos científicos con las universidades y los institutos de investigación israelíes—. «era demasiado», «era inaceptable», salvo seguir armando hasta los dientes al ejército de Tel Aviv y seguir colaborando a través de sus universidades y organismos científicos con las universidades y organismos científicos israelíes, para erradicar de Palestina a toda la población palestina culpable de generar continuamente masas de «terroristas».
¿Qué mejor que combatir el «terrorismo palestino», que renace de sus cenizas cada década bajo otras siglas, con un terrorismo poderosamente superior, con un terrorismo llevado a cabo por el Estado israelí, a su vez sostenido y apoyado en todos los planos por el imperialismo terrorista más poderoso del mundo, el estadounidense?
Hasta ahora, la clase burguesa, no sólo israelí o estadounidense, sino de todos los países, ha demostrado y sigue demostrando con hechos que defiende sus privilegios, su poder, su sistema de explotación del trabajo asalariado, con todos los medios, y cada vez más con medios militares y terroristas. La clase burguesa sabe por experiencia que el peligro más grave que puede correr no es el de una guerra entre Estados imperialistas, ni siquiera el de una guerra atómica, porque incluso de una guerra atómica sacaría beneficios y ganancias, sin importarle cuántos cientos de miles o millones de seres humanos serían masacrados. La superdemocrática América no lo pensó dos veces antes de enviar, el 6 y el 9 de agosto de 1945, sus bombarderos con bombas atómicas sobre los cielos de Hiroshima y Nagasaki, como la superdemocrática Inglaterra no lo pensó dos veces antes de enviar su mortífera escuadrilla de bombarderos a Dresde entre el 13 y el 15 de febrero de 1945 para arrasarla con bombas explosivas e incendiarias (de fósforo). El odio que la clase burguesa es capaz de acumular hacia las clases burguesas enemigas no tiene límites, pero, una vez terminada la guerra, las respectivas burguesías «hacen las paces» y vuelven a hacer negocios juntas, a la espera de las siguientes crisis que las llevarán de nuevo a la guerra.
El odio que cada clase burguesa siente, en cambio, hacia el proletariado, hacia las masas de cuya explotación extorsiona plusvalía y, por lo tanto, beneficios, es un odio histórico, un odio profundo, un odio natural, de clase, que se basa en dos factores sociales decisivos, el primero de carácter inmediato y el segundo de carácter histórico: el primer factor es el hecho de que, para obtener más beneficios del capital invertido, los capitalistas deben explotar al máximo la fuerza de trabajo asalariada, llevando esta explotación a condiciones de fatiga y peligro para la propia vida de los proletarios, a límites que se superan continuamente, lo que explica por qué cuanto más riqueza se acumula en manos de los capitalistas, más aumenta el empobrecimiento y el empeoramiento de las condiciones de vida del proletariado; el segundo factor se refiere a la lucha de clases que el proletariado, en determinadas situaciones históricas, ha desarrollado hasta la revolución antiburguesa y, por lo tanto, anticapitalista, demostrando que no solo el poder político puede utilizarse en favor de las necesidades vitales y la emancipación de la mayoría de la población en todos los países del mundo, sino que ese poder político —que los comunistas llamamos dictadura del proletariado — es el único capaz de transformar la economía capitalista, en la que se basa la sociedad burguesa, en economía socialista, haciendo que toda la sociedad dé el salto cualitativo histórico de la división en clases antagónicas a una sociedad sin clases, una sociedad de especies, en la que el fin de la producción no es el beneficio capitalista, sino la satisfacción de las necesidades de la vida social de todos los seres humanos. Pues bien, las revoluciones de 1848 en Europa, la Comuna de París de 1871 (la primera experiencia concreta de dictadura del proletariado), el Octubre ruso de 1917 y la posterior formación de la Internacional Comunista, a la que todos los proletarios del mundo miraban como faro de la revolución proletaria mundial, son la demostración de que la lucha de clases del proletariado está proyectada históricamente para revolucionar todo el mundo capitalista y burgués. ¿Qué perdería la clase burguesa con la victoria de la revolución proletaria? El poder político, sin duda, y con él el Estado que centraliza su fuerza militar para defender sus intereses de clase; pero no solo eso, perdería su existencia como clase dominante, como clase que se apropia de toda la riqueza social producida por el trabajo del proletariado: en dos palabras, desaparecería de la faz de la tierra. El espectro del comunismo que rondaba por la Europa de 1848, como recordaba el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, no ha desaparecido. La contrarrevolución burguesa, que se reforzó con la llegada del estalinismo en los años veinte del siglo pasado, ha logrado hasta ahora una continuidad del poder político burgués y antiproletario durante cien años. Esto da a la burguesía de todo el mundo la impresión de ser Invencibles, capaces de ejercer su poder con toda la ferocidad de la que son capaces, masacrando a millones de poblaciones indefensas y destruyendo el medio ambiente con su desastroso sistema económico con el único fin de acumular beneficios y capital. Pero, desde el punto de vista histórico, es una impresión que han tenido todas las clases dominantes en las diferentes épocas, desde la esclavista hasta la feudal, y que la clase burguesa capitalista no ha hecho más que heredar. Lo que les sorprenderá y volverá a sembrar el terror en sus círculos de poder, más o menos públicos, más o menos ocultos, será una vez más el renacimiento del movimiento proletario revolucionario, un movimiento que no nace por casualidad ni por la voluntad de algún «líder» visionario, sino del sustrato económico del propio modo de producción capitalista, en el que se genera el antagonismo entre los intereses generales de la burguesía y los intereses generales del proletariado, y no en «un solo país», sino en todos los países del mundo, aunque con diferente fuerza y en diferentes momentos. El hecho histórico es que la propia burguesía utiliza sistemáticamente su antagonismo de clase contra el proletariado en todos los países del mundo, lo que no le impide buscar métodos de gestión del poder que le permitan atraer a su campo de intereses también a parte o gran parte de las masas proletarias cuando estas, después de haber sufrido la derrota más dura y duradera en el terreno de la lucha revolucionaria, han permanecido durante mucho tiempo sin dirección política de clase, sin organizaciones de defensa económica de clase. La derrota del proletariado que el estalinismo, y sus ramificaciones posteriores adaptadas a las tradiciones históricas y sociales de los distintos países, infligieron a nivel mundial, regalaron a la conservación burguesa y capitalista décadas de vida, a pesar de que el desarrollo capitalista se enfrentaba, como había previsto el marxismo desde sus primeros pasos, a crisis económicas, financieras, sociales y bélicas cada vez más graves y profundas.
La ferocidad con la que la burguesía israelí —hoy en día llevada a cabo por sus fracciones de extrema derecha en lugar de por las de «izquierda», que la llevaron a cabo en épocas anteriores— se lanza contra la población palestina con el pretexto del «terrorismo» de Hamás, no es más que un ejemplo más de cómo la clase dominante burguesa, ante crisis económicas y sociales cada vez más agudas, y ante el temor del renacimiento del movimiento proletario de clase, reacciona preventivamente en un intento de sofocar cualquier pequeño germen de reacción clasista contenido en las condiciones de vida cada vez peores de las masas proletarias y proletarizadas palestinas. No sea que su reacción a la opresión mortal a la que están sometidas desde hace más de cien años por parte del terrorismo de Estado de Israel, y a la que responden episódicamente con las armas clásicas de los oprimidos: el terrorismo individual, contagie a las masas proletarias de otros países árabes, o incluso al proletariado israelí, hasta ahora unido en la defensa de los intereses específicos de su burguesía, que lo ha atraído a su campo de defensa a golpe de privilegios económicos y sociales que perduran en el tiempo gracias al apoyo de los Estados Unidos, interesados en que el Estado de Israel no sólo se fortalezca, sino que represente una amenaza seria y superarmada para todos los países de Oriente Medio y el norte de África en caso de que alguno de sus gobiernos pretenda aliarse con las potencias imperialistas adversarias de Washington. El 20 de agosto, Trump hizo una declaración sobre Netanyahu en la que expresó el verdadero sentimiento del imperialismo estadounidense: Netanyahu es un buen hombre, un héroe de guerra, ¡es como yo! Naturalmente, el exterminio de la población civil de Gaza con el fin de apoderarse de la tierra en la que vive desde hace siglos para explotarla de la manera más adecuada para los negocios israelíes y estadounidenses, se convierte en el medio necesario para cerrar una etapa importante de la solución imperialista de la «cuestión palestina». A continuación, Cisjordania...
Mientras Trump se hace el «grande» con respecto a la guerra en Ucrania, en connivencia con su digno compañero Putin, en el plan general de hacer que sus aliados europeos desempeñen el papel de belicistas con la ilusión de doblegar a Rusia a sus condiciones «de paz» mientras él aspira al Nobel de la Paz, se toma la libertad de regocijarse con las iniciativas militares exterminadoras de Israel que, además, está utilizando la represión militar de Gaza y, próximamente, de Cisjordania, como campo de entrenamiento en vivo de qué medios, qué estrategias y qué tiempos utilizar para ocupar todo un territorio y destruir toda resistencia. Los gobiernos imperialistas, las grandes empresas de armamento y de las tecnologías más sofisticadas dan las gracias, mientras hacen negocios a costa de millones de seres humanos.
Todo esto no desaparecerá con un golpe de mano, no desaparecerá gracias a peticiones y manifestaciones humanitarias, no desaparecerá gracias a las «distanciamientos» de este o aquel gobierno mientras todo sigue exactamente igual. Será la lucha de clases, la lucha que el proletariado deberá finalmente abrazar como su única y decisiva lucha contra toda opresión, toda represión, toda guerra burguesa: la lucha que no tiene como objetivo un acuerdo entre potencias imperialistas, ni una tregua más o menos larga a la espera de que se reanuden la destrucción y la represión, sino la unidad de clase entre los proletarios para que su lucha estimule la solidaridad de clase de los proletarios de otros países, especialmente de los países imperialistas. Grande es la responsabilidad de los proletarios de los países imperialistas y, en este caso, de los proletarios israelíes: un pueblo que oprime a otro pueblo nunca será un pueblo libre, afirmaba Marx. Pero la libertad de la que habla el marxismo no tiene nada que ver con la libertad burguesa, porque esta última se reduce a la libertad de explotar a las masas proletarias del mundo y a los pueblos más débiles del mundo, la libertad de destruir y matar a millones de seres humanos con el único fin de mantener en pie el sistema económico y político del capitalismo.
Los proletarios volverán a recuperar su «espacio vital», que no es otra cosa que el terreno de la lucha de clases, el único en el que todos los proletarios del mundo pueden reconocerse como fuerza social y revolucionaria, una fuerza, esta sí, invencible, porque la historia está de su parte, aunque hoy no se vea, concretamente, una recuperación, ni siquiera mínima, de la lucha de clases. Ante la guerra imperialista mundial que están preparando las burguesías de los grandes países del mundo, el proletariado, si no quiere doblegarse y convertirse en carne de cañón, deberá reaccionar preparando su guerra de clases. Los comunistas revolucionarios, por pocos que sean y por estar presentes solo en algunos países, trabajan hoy por ese mañana.
21 de agosto de 2025
Partido Comunista Internacional
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¿Cuál es el futuro de los palestinos de Gaza?
Los palestinos se enfrentan a su exterminio sistemático, deseado y organizado por Israel con la aprobación y el apoyo de todos los imperialistas, empezando por los muy democráticos Estados Unidos de América y los Estados europeos.
Después de décadas de intentos infructuosos de constituirse en nación y en Estado independiente, a la altura de los demás y sobre todo de Israel, no parece haber salida; pero existe una: la vía histórica de la reanudación de la lucha de clases del proletariado no sólo en los países de Oriente Medio, sino sobre todo en los países capitalistas avanzados, con la perspectiva de la revolución proletaria y comunista internacional, en Europa, en América, en Rusia, en Extremo Oriente, en China y en Japón; una lucha de clases que no puede dejar de afectar, desde el exterior, incluso a países donde la colaboración de clases entre proletariado y burguesía se ha cimentado tanto durante décadas que parece inexpugnable, como es el caso de Israel.
Para muchos, esta perspectiva puede parecer fuera de la realidad, imaginaria e irrealizable, del mismo modo que un "despertar" de las clases trabajadoras en los países de Oriente Medio.
La clase burguesa dominante ha soportado durante más de doscientos años una serie interminable de crisis económicas, comerciales y financieras, de luchas sociales y de asaltos proletarios al poder, incluso una revolución como la bolchevique de 1917 con su influencia temporal en Europa y en el mundo, después de haber soportado dos guerras mundiales, una más devastadora que la otra, y sus consecuencias negativas, después de haber seguido desarrollando la economía industrial y capitalista sometiendo a sus leyes todas las partes del mundo, incluso las más alejadas geográficamente de los grandes centros financieros e imperialistas, y después de haber atado a todos los proletarios a los intereses nacionales de su propia burguesía, reprimiendo las revueltas y rebeliones cada vez que estallaban, y de seguir iniciando guerras en todas las partes del mundo hasta el punto de hacer temblar la pacífica Europa; después de todos estos hechos, lo que parece imposible no es la revuelta, la rebelión de capas populares o naciones enteras contra la opresión a la que son sometidas constantemente por los grandes Estados imperialistas, los grandes monopolios y trust mundiales y los grandes bancos, sino que las revueltas y rebeliones se conviertan en luchas de clases organizadas como ocurrió en el siglo XIX y en las tres primeras décadas del siglo XX.
Hasta ahora hemos sido testigos de cómo Estados democráticos, en función de los intereses inmediatos y futuros de su propia burguesía, se aliaban o chocaban con otros Estados democráticos o con Estados autoritarios, totalitarios, pero todos igualmente burgueses y antiproletarios; desde hace décadas asistimos a una militarización cada vez mayor de las fronteras y de toda sociedad nacional, sin importar si esta militarización es obra de la burguesía nacional o de otras burguesías que se han impuesto ganando guerras. Cada vez es más evidente, sobre todo desde el final de la segunda guerra imperialista mundial, que la lucha de competencia entre los diversos capitalismos nacionales ha puesto en primer plano lo que el Manifiesto del Partido Comunista, El Capital, El Imperialismo…, en una palabra, el marxismo, predijo hace ciento ochenta, ciento sesenta y ciento diez años: los Estados burgueses, sean democráticos, monárquico-constitucionales o totalitarios, son, en todos los países, instrumentos de la dominación capitalista sobre la sociedad; chupan el sudor y la sangre del trabajo asalariado de las masas proletarias, el sudor y la sangre de las masas campesinas pobres, con el único fin de reforzar el poder del capitalismo sobre todos los territorios del planeta, sobre todos los mares y en todos los cielos. Según la burguesía, las leyes del capital, y por tanto de la gran burguesía capitalista, deben ser obedecidas no sólo por las grandes y pequeñas empresas, los grandes y pequeños negocios, cada pequeña y gran hacienda, por tanto cada país, y cada individuo desde que nace y mientras respire, sino todas las generaciones que vendrán después. Si se imagina el futuro a partir de lo que ocurre en el presente, el futuro no es de la tan cacareada prosperidad, de la tan invocada paz, de la reivindicada libertad, igualdad, fraternidad: el futuro previsto en cada país por la burguesía dominante lo cuentan las bocas de los cañones, las bombas que caen sobre sus cabezas, los misiles disparados desde tierra, mar y cielo. Y cuando no son los cañones los que disparan, las bombas y los misiles los que causan estragos y arrasan ciudades enteras, son el hambre, la desnutrición, la sed, la carestía y la criminalidad que siempre se aprovecha del caos provocado por las crisis sociales y la guerra. Burguesía y criminalidad, aunque luchan entre sí, se apoyan mutuamente, ambas son hijas del modo de producción capitalista, para ambas su dios todopoderoso es el dinero al que sacrifican todo, incluidos los pueblos.
Contra este mundo, contra este futuro, no es la "buena voluntad" de los hombres, no es la "democracia" con sus "valores de libertad e igualdad", tan falsos como cualquier otro, la solución. La clase burguesa no está formada por hombres que se preocupan por la sociedad de los hombres, sino que está formada por hombres que son instrumentos del capital, son la mano del dios-capital, cuyos intereses van en contra de la sociedad humana: cuando los intereses de la vida social de la especie humana se ponen en el lugar de los intereses del capital, del dinero, de la mercancía, es decir, de una economía destinada a doblegar el trabajo humano exclusivamente a la valorización del capital, entonces no se destierra ninguna violencia: la violencia del capital, de su economía mercantil, se transfiere directamente a la violencia de la clase que detenta el poder político, económico, militar, doblegando a toda la sociedad a los intereses del capitalismo a cuyo "servicio" esta clase no sólo se apropia y centraliza toda la riqueza producida por el trabajo humano, sino que ejerce todo tipo de violencia para defender este poder y extenderlo a territorios más amplios.
La guerra -que la burguesía israelí libra desde hace décadas contra todos los pueblos que viven en los territorios limítrofes de lo que para los israelitas ha sido siempre la "Tierra Prometida" (...prometida por el Dios de Israel), empezando por la población palestina, que desde hace algunos milenios está presente en toda la zona por ser también una población semita, como lo es la hebrea-, tiene sus raíces no en el supuesto antisemitismo de los palestinos, sino en el interés y necesidad de ambos pueblos de dominar al otro para controlar el territorio compartido, especialmente en las zonas fértiles a lo largo del Jordán, y que tenía en los contrastes religiosos plurimilenarios una justificación ideológica para ambos bandos. Con el desarrollo del capitalismo, y por tanto de las clases burguesas para cada población de la zona, los contrastes adquirieron inevitablemente las características de una guerra permanente en la que, tras la caída del imperio otomano que había dominado aquellos territorios durante cuatro siglos y su colonización por las potencias imperialistas vencedoras de la Primera Guerra Mundial -Inglaterra y Francia-, toda la zona de Oriente Próximo y Oriente Medio quedó completamente desmembrada de las antiguas instituciones imperiales. Inglaterra y Francia establecieron allí, con fines de dominación imperialista, nuevas entidades nacionales: Irak, Palestina/Israel, Jordania, Líbano, Siria, Kuwait, Arabia Saudí, sin tener en cuenta las tradiciones asentadas de las diferentes etnias y poblaciones, sino únicamente sus propios intereses imperialistas.
Naturalmente, los intereses de las potencias imperialistas incluían no sólo la partición del antiguo Oriente Próximo y Oriente Medio otomano en zonas de influencia (así Siria y Líbano fueron asignados a Francia, Jordania, Palestina/Israel, Irak, Kuwait y Arabia Saudí, a Inglaterra) para controlar directamente las vías de comunicación, el monopolio del comercio y la explotación de los yacimientos petrolíferos, sino también la incitación de las diversas minorías (en primer lugar los kurdos, y después también los judíos) contra las poblaciones árabes. Al final de la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Sèvres (1920) definió las nuevas fronteras, cambiando radicalmente toda la zona de Oriente Próximo. Con la Segunda Guerra Mundial, la derrota de las potencias del Eje y de las entidades estatales árabes que las apoyaban, y el exterminio de los judíos, las democracias imperialistas victoriosas por segunda vez sobre los totalitarismos imperialistas, no hicieron sino agravar los conflictos entre las poblaciones de la zona de Oriente Medio, particularmente en lo que se refiere a la creación de Israel, que de ser un "hogar judío" se convirtió en 1948 en un Estado de pleno derecho en un territorio que las potencias imperialistas mundiales unidas en la ONU desde 1945 habían querido dividir en dos Estados diferentes, uno palestino y otro judío, lo que nunca ocurrió. Que Inglaterra, Estados Unidos y la propia Francia estaban esencialmente del lado de la población judía y no de la población árabe era evidente, más allá de las repetidas declaraciones sobre los conflictos árabe-israelíes y sobre "dos pueblos, dos Estados", desde la violenta constitución del Estado de Israel que provocó la primera gran catástrofe (en árabe, al-Nakba) para los palestinos, que se vieron obligados a huir a Líbano y Jordania; ni Inglaterra ni Francia intervinieron para impedir el éxodo forzoso de 700.000 palestinos de su tierra ocupada militarmente por los israelíes. Un Estado judío convenía a todas las potencias imperialistas porque podía desempeñar el papel de su gendarme en una zona turbulenta y difícil de gestionar después de haberla desmembrado por completo. Y acallaba la mala conciencia de las democracias imperialistas que, a pesar de conocer el final al que iban a ir a parar millones de judíos en los campos de concentración nazis, no hicieron absolutamente nada para impedir ese exterminio anunciado.
Así, tras la guerra, favorecieron la emigración de cientos de miles de judíos de Polonia, Alemania, Rusia y el propio Oriente Próximo a Israel, su nueva patria. De este modo, el imperialismo -bajo la apariencia, formalmente democrática o no- esperaba mitigar, si no pacificar, un Oriente Próximo que más bien parecía una zona en la que los contrastes étnicos, religiosos, políticos y económicos de los pueblos que siempre lo habían habitado se cruzarían, agravándose, con los intereses contrapuestos de las diversas potencias imperialistas. Mientras tanto, a lo largo de las décadas transcurridas desde 1948, Israel se ha convertido en un país avanzado en términos capitalistas, con importantes objetivos expansionistas, objetivos que no pueden realizarse a menos que primero consiga someter a toda la población palestina de una manera que no perjudique en absoluto el interés de Tel Aviv en apropiarse de todo el territorio de Palestina, incluso a costa de exterminar a la población palestina como está ocurriendo en Gaza desde hace más de 600 días.
Las rebeliones, levantamientos, guerras, en las que los palestinos han sido protagonistas durante más de sesenta años, a pesar de haber sido derrotadas constantemente y de haber tenido que luchar no sólo contra el ejército de Israel, sino también contra los gobiernos y ejércitos de los países árabes que se declaraban partidarios y amigos de la "causa palestina"; mientras confían en la influencia y dirección de grupos políticos y milicias que desde la OLP en adelante, hasta la actual ANP y Hamás, han demostrado, por el contrario, que prevalecen sus propios intereses partidistas, sus propios privilegios, explotando a las masas proletarias y campesinas palestinas, poniéndose de vez en cuando al servicio de una u otra potencia regional, de una u otra potencia imperialista mientras sufren las consecuencias más terribles en términos de opresión, humillación, tortura y muerte, las masas palestinas siguen resistiendo y sobreviviendo en parcelas de tierra que se convierten cada vez más en cementerios al aire libre.
Que todas las potencias imperialistas están interesadas en mantener buenas relaciones económicas, comerciales, financieras y políticas con Israel es obvio; han seguido comerciando con armas de todo tipo, incluso después del 8 de octubre de 2023, y de esto los grandes campeones son Estados Unidos, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, incluso España, que, a la sombra del reciente reconocimiento de Pedro Sánchez del "Estado palestino", ha aumentado la importación de armas de Israel después del 7 de octubre de 2023, incluidos los nuevos misiles Spike y morteros Cardom "probados en combate" en Gaza (1). No han hecho nada para garantizar que las palabras conciliadoras de "dos pueblos, dos Estados" (que saben perfectamente que nunca se producirán) vayan seguidas de hechos, y nada para detener la violencia sistemática del ejército y los colonos israelíes contra la población civil palestina.
Su gran poder, político, económico, militar, ¿qué ha hecho? ¿Para proteger a la población civil palestina? ¿Para amedrentar al Estado de Israel amenazándole con fuertes represalias si no pone fin a su violencia sistemática contra la indefensa población palestina? Desde luego que no, dado que después de 600 días de bombardeos que están arrasando la Franja de Gaza, con sus más de cien mil muertos entre los muertos confirmados y los que están bajo los escombros, con sus cientos de miles de heridos, moribundos, hambrientos y enfermos sin tratamiento, muchos gobernantes trajeados se permiten el lujo de decir -delante de las cámaras- que Israel "está exagerando", que ha "cruzado el límite" (el límite de qué: ¿cuántas muertes de civiles son "aceptables" para ellos en casi dos años de bombardeos, golpeando escuelas, hospitales, casas de civiles, campos de refugiados,?), que es hora de "negociar" -¿con quién, con Hamás? que favorece la guerra emprendida por Israel y que, en cambio, tiene interés en que la población de Gaza siga sufriendo todas las efervescencias de las que es capaz el ejército israelí, para tener un motivo más para reorganizarse y recuperar influencia sobre al menos una parte de los palestinos y seguir desempeñando su papel de longa manus de ciertas potencias regionales, y no sólo Irán, que tienen interés en mantener ocupado a Israel en el área territorial de lo que fue Palestina?
Y desde luego no es la llamada "ayuda humanitaria", en forma de camiones llenos de alimentos, medicinas, ropa y equipos que llegan a la frontera de Gaza y que el ejército israelí bloquea bajo el sol desde el 2 de marzo, impidiendo cualquier socorro a la población bombardeada sistemáticamente y reducida a la inanición. Tras expulsar de Israel a la organización humanitaria de la ONU URNWA, acusada de terrorismo por el gobierno terrorista de Israel, y organizar con Estados Unidos una nueva organización humanitaria autodenominada Alianza de Abogados por Palestina (ASAP), a la cabeza de la llamada Fundación Humanitaria de Gaza (GHF), financiada por el Mossad y el Ministerio de Defensa israelí y compuesta en realidad por mercenarios estadounidenses y antiguos agentes de la CIA, Israel sigue adelante con su plan de acorralar a la mayoría de los palestinos de la Franja en el sur de la misma. Aquí ha establecido, cerca de la frontera con Egipto, bajo supervisión estadounidense, cuatro puntos de recogida para la distribución de alimentos (frente a los 400 puntos de recogida de la URNWA en toda la Franja), construyendo largos y estrechos pasillos de alambre de espino y sometiendo a todos los que hacen cola a una identificación mediante los sistemas biométricos de tecnología más avanzada; tras días y semanas de inanición, la aglomeración de palestinos para conseguir aunque sea una mínima dosis de comida es evidente. Como estaba previsto, para dispersar la aglomeración y obligar a los palestinos a apretujarse en los pasillos especialmente preparados y contra el asalto a la poca comida puesta a su disposición, contratistas estadounidenses y milicias criminales organizadas por algunos clanes palestinos de acuerdo con el gobierno de Netanyhau (2) dispararon contra la multitud, sumando muertos y heridos sobre muertos y heridos. De este modo, los palestinos son tratados peor que los prisioneros de cualquier campo de concentración: detrás de la "ayuda humanitaria" -útil para atemperar la mala conciencia de los países imperialistas- brillan los cañones de las ametralladoras y los cañones de los tanques, transformando así los puntos de recogida para la distribución de alimentos en trampas mortales. " "
Y mientras esta larga y pesada carnicería tiene lugar en la Franja de Gaza, el príncipe Faisal bin Farhan, ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí, tenía previsto reunirse con Abu Mazen el domingo 1 de junio en Ramala, Cisjordania, para hablar de lo que algún día debería convertirse en el codiciado "Estado palestino". Durante más de cincuenta años, ningún alto funcionario saudí ha puesto un pie en Palestina; durante más de cincuenta años, Riad ha guardado silencio sobre toda la tragedia del pueblo palestino. Al frente de una delegación árabe compuesta por ministros de Asuntos Exteriores de Egipto, Jordania y otros países de la Liga Árabe, el príncipe Faisal bin Farhan pretendía lanzar una iniciativa con la que Arabia Saudí quiere desempeñar un papel clave en la reconstrucción de las relaciones interestatales entre los países árabes de la región e Israel, jugando, como corresponde a los mercaderes más experimentados, sobre varias mesas: la normalización de las relaciones con Israel según los famosos Acuerdos de Abraham, interrumpidos debido al atentado de Hamás del 7 de octubre de 2023 y a la respuesta extremadamente violenta de Israel en la Franja de Gaza, pero que habían suavizado las relaciones entre Israel y Bahréin, los Emiratos y Marruecos, y que podrían reanudarse de nuevo entre Tel Aviv y Riad; la reanudación de las relaciones con la ANP después de haberlas abandonado, volviendo a poner la "causa palestina" en primer plano, coincidiendo con la Francia de Macron con la que Riad ha organizado una conferencia en la ONU para los días 17 a 20 de junio precisamente para relanzar el reconocimiento del Estado palestino. Asistimos así a un teatro más en el que la "causa palestina" es utilizada, ahora por una potencia y ahora por la otra, como palanca para imponer sus propios intereses de partición en una zona sometida sistemáticamente a contrastes básicamente irresolubles y en la que las potencias regionales Arabia Saudí, Irán, Turquía y por supuesto Israel llevan al menos sesenta años tratando de imponerse a los demás contendientes. Pero detrás de ellos, o junto a ellos, están las potencias imperialistas históricas y un imperialismo más joven, como China por ejemplo, igualmente interesado no en la "causa palestina", sino en el petróleo y las rutas comerciales que pasan por el Mar Rojo, el Canal de Suez y el Golfo Pérsico. Esta visita a Ramala fue impedida por Israel y obviamente... aplazada. Prueba de que el gran plan de Israel es reducir la presencia de palestinos en la Franja y en Cisjordania al mínimo histórico posible son los continuos asentamientos de colonos en Cisjordania y, mañana, una vez terminado el exterminio en Gaza, también en la Franja. No fue casualidad que la visita del saudí Faisal bin Farhan a Ramala se materializara veinticuatro horas después de que el gobierno de Netanyahu hubiera aprobado 22 asentamientos más en la Cisjordania ocupada, la mayor operación de asentamiento en los territorios ocupados ilusoriamente destinados a un Estado palestino...
La guerra en el Oriente Medio asolado por el terremoto ha sido, es y será la situación normal porque hay demasiados contrastes que se han acumulado y concentrado a lo largo de cien años y más y que siguen generando nuevos contrastes; contra esta situación de guerra permanente sólo la explosión de la lucha de clases proletaria podrá aportar una respuesta histórica a la continua carnicería con la que las burguesías regionales e imperialistas intentan de vez en cuando imponer sus intereses partidistas específicos. Una lucha de clases proletaria que puede estallar en Egipto como en Siria, en Irán como en Turquía, en la propia Arabia Saudí como en Líbano o en Irak o en la propia Palestina, pero que podría tener la característica de extender el fuego rápidamente por toda la región.
Desgraciadamente, y no a día de hoy, se sigue negando por completo una salida a la opresión, las masacres y el actual exterminio de los palestinos. Bajo la bandera del "derecho de Israel a defenderse", la sanguinaria burguesía judía, en nombre del "pueblo elegido de Dios", de un Dios que exige obediencia total y al que se debe incluso el mayor sacrificio, el de la vida humana; un "derecho de Israel a defenderse" que justifica toda acción, incluso la más violenta e inhumana, pensada, planeada y llevada a cabo contra cualquier otro pueblo pagano o considerado enemigo. Esta antiquísima convicción religiosa, con la que el "pueblo elegido de Dios" ha construido a lo largo del tiempo, de generación en generación, un vínculo de solidaridad muy estrecho entre todos sus miembros, pues estas comunidades judías, expulsadas de los distintos países desde el Imperio Romano, les ha ayudado a perdurar en el tiempo dedicándose al comercio y al préstamo de dinero, convirtiéndose con el tiempo en usureros y banqueros, ya que, para sobrevivir, no podían, por ley, poseer propiedades y tierras; pero, al mismo tiempo, no fue suficiente para protegerlos de las masacres y progroms que los azotaron a partir de la Edad Media en Alemania, Inglaterra, Francia y, sobre todo, Rusia. Un "pueblo elegido por Dios", pero perseguido por muchos otros pueblos, cristianos sobre todo, que, en la infinita hipocresía del catolicismo, el protestantismo y los cristianos ortodoxos, dirigieron el descontento de las clases bajas hacia las comunidades judías que, por sus características, eran fácilmente identificables y encerradas en guetos.
Sin embargo, haber sido perseguidos durante siglos no impidió que la mayoría de las comunidades judías se enriquecieran a través del comercio y la usura, en un mundo en el que las relaciones, violentas y menos violentas, entre los diferentes pueblos se hicieron cada vez más intensas, poniendo de relieve la necesidad del intercambio de productos y, La práctica mercantil y usurera, reforzada y perfeccionada a lo largo de los siglos por los judíos, los colocó en una posición de mayor privilegio social, hasta el punto de convertirse en los principales exponentes del capitalismo.
La ausencia de la lucha de clases en Israel, en Europa, en América, en los países árabes de Oriente Medio, no permite al proletariado palestino, y mucho menos a la población palestina en general, contar con la única solidaridad concreta que le ayudaría a reaccionar ante el exterminio, sacudiéndose las sanguijuelas nacional-burguesas de Hamás, la ANP y todos los diversos clanes y formaciones político-militares que en las últimas décadas han representado no una "solución nacional y democrática" al conflicto israelo-palestino sino la explotación de la combatividad y la resistencia indomable de los proletarios palestinos para afirmar sus propios intereses de clase burgueses, sus propios privilegios, ahora con enfrentamientos armados contra Israel y contra tal o cual Estado árabe que resultó ser tan represivo con ellos como Israel, ahora con los compromisos más cobardes y cínicos con las potencias dominantes representadas por Israel o los países árabes, Estados Unidos o los Estados europeos.
La ofensiva más reciente de Israel contra la población de Gaza, tras la falsa tregua acordada con Washington, ha recibido el nombre de Carros de Gedeón. Todos los títulos que Israel ha dado a sus guerras han tenido siempre un fuerte valor simbólico. En este caso, la referencia es a la Biblia, en particular al Libro de los Jueces y a las hazañas del juez Gedeón (siglos XI-X a.C.), "elegido por Dios" para devolver la fe en el Dios de Israel a los israelitas, que se habían apartado de los mandamientos divinos y estaban oprimidos por pueblos paganos como los madianitas y los amalecitas. Sus hazañas se resumen en la operación de exterminio que Gedeón organizó con un ataque nocturno por sorpresa contra el campamento de los madianitas; la sorpresa facilitó la victoria de Gedeón y sus 300 guerreros; mató personalmente a los príncipes capturados y ordenó el exterminio de la población de dos aldeas, Succoth y Penuel, culpables de no haber apoyado a sus soldados. Habiendo restablecido así la ley del Dios de Israel y el control sobre el territorio habitado por los israelitas, el juez Gedeón garantizó, según la Biblia, la paz durante cuarenta años. Fue elevado, en el Nuevo Testamento, a ejemplo de fe para todos los cristianos, una fe que imponía, de hecho, el exterminio de todos aquellos que no se sometieran a la ley del Dios de Israel... y a la ley del Dios de los cristianos...
¿Y qué es esto sino un exterminio organizado hasta el más mínimo detalle, lo que viene ocurriendo en Gaza desde el 8 de octubre de 2023, al día siguiente del ataque de Hamás a los kibutzim israelíes fronterizos con Gaza? Un exterminio consumado con el beneplácito de todos los Estados llamados civilizados, y del que algún día darán cuenta ante el avance del movimiento revolucionario proletario, que, impulsado por las contradicciones cada vez más agudas y poderosas del capitalismo mundial, resurgirá inevitablemente de sus cenizas.
5 de junio de 2025
Partido Comunista Internacional
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Notas:
Véase htpps://www.avvenire.it/mondo/pagine/caos-aiuti-striscia, 31 de mayo de 2025, sobre Yasser Abu Shabab, miembro de una poderosa familia de Jan Yunis, en el sur de la Franja, que, de acuerdo con las fuerzas israelíes, organizó los asaltos a cientos de camiones del Programa Mundial de Alimentos de la ONU.
¡Proletarios en Rusia y en Ucrania!
En el frente de producción y en el frente militar…
¡Camaradas!
Proletarians in Russia and in the Ukraine!
On production front and military front…
Comrades!
Prolétaires en Russie et en Ukraine !
Sur le front de la production et sur le front militaire…
Camarades !
(de) Proletarier*innen in Russland und in der Ukraine! An der Produktionsfront und an den militärischen Front… Genoss*innen
(ru) Пролетарии в России и Украине!
На фронте производства и военном фронте…
Товарищи!
(cs) Proletáři v Rusku a na Ukrajině!
Na výrobní a válečné frontě…
Soudruzi!
Пролетарии в России и Украине! На фронте производства и военном фронте… Товарищи!
¡Solidaridad con la lucha de los proletarios de
Guadalupe!
El viernes 19 de noviembre se decretó el
toque de queda en Guadalupe de 6 p.m. a 5 a.m. - ¡mientras que el confinamiento
impuesto por las autoridades, con toque de queda acababa de ser levantado unos
días antes! El gobierno francés anunció que se iban a enviar 200 gendarmes y
policías como refuerzos desde la metrópoli para "restaurar el orden
republicano". Luego, el sábado, se decidió enviar además urgentemente
una cincuentena de militares del GIGN y el RAID (cuerpos especializados en
intervenciones violentas).
Desde el comienzo de la semana, la isla
ha visto una fuerte movilización contra las medidas represivas vinculadas a la
obligación de vacunación, que ya se han traducido en amenazas a centenares de
suspensión laboral; la convocatoria de huelga general a partir del lunes 15,
fecha en que se hicieron efectivas las suspensiones, fue seguida en varios
sectores, comenzando por el personal hospitalario (se instalaron piquetes en
varios hospitales), bomberos, pero también los empleados de las estaciones de servicio;
los sindicatos docentes presentaron una convocatoria de huelga desde el 16. Se
instalaron barricadas, algunas desde el sábado 13 al finalizar las
manifestaciones, provocando enfrentamientos con las fuerzas policiales que
tratan de eliminarlas; ¡en una de estas barricadas, los bomberos en huelga, con
sus mangueras contra incendios, hicieron retroceder a la policía!
Al margen de estas manifestaciones hubo
saqueos de comercios, supermercados, sucursales bancarias, cuarteles de
gendarmería presuntamente atacados "obligando a los militares a
responder" según el diario France Antilles (19/11) que denuncia
un "caos" provocado por "pandillas de jóvenes armados”,
mientras que el prefecto acusa a “grupos de matones cuyo objetivo es robar y
agredir a la policía”. A pesar del toque de queda, hubo enfrentamientos
durante la noche de sábado a domingo y, según informes, la policía fue blanco
de disparos. Decenas de personas han sido detenidas desde el inicio del
movimiento.
Más allá de la oposición a las amenazas
de suspensión del trabajo para los trabajadores no vacunados, más allá de la
desconfianza justificada de las autoridades que han permitido a los
propietarios de las plantaciones bananeras utilizar durante años un plaguicida
mortal para la población, la clordecona (1), la intensidad del movimiento se
explica por la situación social degradada y la miseria que padecen la población
y los proletarios de Guadalupe, lo que también se muestra en el hecho de que
las demandas salariales están cada vez más presentes en el movimiento.
Un estudio del INSEE publicado a fines
del año pasado (2) indicó que la tasa de pobreza era dos veces y media más alta
en Guadalupe que en la Francia continental (34% contra 14%), en particular
porque el costo de vida es más alto allí. Pero el desempleo también es mayor:
su tasa alcanzó el 21% (frente al 8% en la Francia metropolitana). En total, el
41% de la población se encontraba "en estado de privación"
(frente al 13%) y el 22% en "privación severa" (frente al 7%).
Estas estadísticas datan de antes de la
pandemia; con el confinamiento, esto ha empeorado significativamente la
situación, en particular para los trabajadores precarios y subempleados (12% de
la población activa en 2019). Si sumamos la deficiencia de servicios básicos en
la población como el abastecimiento de agua o los servicios de salud pública,
no es difícil comprender el agravamiento de las tensiones sociales que se
manifiestan en la actualidad.
Las organizaciones sindicales y
políticas a la cabeza del movimiento, reunidas en el colectivo LKP (Liyannaj
Kont Pwofitasyon, “Colectivo contra la explotación”), expusieron durante su
rueda de prensa del 12/11 un catálogo de demandas categóricas en 32 puntos,
yendo mucho más allá del único problema de la vacunación obligatoria, como el
fin de los despidos y la represión, la abolición de la reforma de las
prestaciones por desempleo o aumentos salariales; en un comunicado de prensa
del 19/11 estas se lamentan del "deterioro del clima social",
atribuyendo su "pudrición" al rechazo de las negociaciones por
parte del Estado. De hecho, su catálogo de demandas le dio el lugar central,
para obtenerlas, a la apertura de "negociaciones colectivas en todas
las ramas".
Pero los hechos muestran que no son las
negociaciones entre los interlocutores sociales, sino sólo la acción directa de
los proletarios contra los capitalistas y el Estado burgués, su acción de
clase, que no es una pudrición aunque implique el deterioro del
clima social, lo que puede arrebatar concesiones a los patrones y al estado.
¡Este es el camino que deben seguir los
proletarios, en Guadalupe como en cualquier otro lugar, y es por este camino
que los mismos burgueses los empujan inconscientemente con su intransigencia!
¡Solidaridad de clase con la lucha de los
proletarios de Guadalupe contra la represión, contra la explotación y todos los
ataques burgueses!
Partido Comunista Internacional (El Proletario) 21/11/2021
(1) Este insecticida ha sido prohibido en los Estados Unidos desde 1976 debido a su naturaleza cancerígena. Tras la presión del lobby de los grandes productores de banano, el gobierno de izquierda en Francia otorgó varias exenciones para permitir su uso en las Antillas. Finalmente se prohibirá en 1990, ¡pero se otorgará un período adicional de 2 años a los terratenientes para acabar las existencias! Los análisis han demostrado que hoy en día más del 90% de la población antillana ha sido infectada, lo que ha provocado, entre otras cosas, un fuerte aumento del cáncer de próstata. Se necesitarán varios siglos para que este veneno sea eliminado del medio ambiente.
(2) cf. Insee
Analyses Guadeloupe n ° 46, 16/12/2020
Contra las amenazas de guerra entre Venezuela y Colombia,
¡Solidaridad y lucha de clases internacional de los proletarios!
El domingo 21/3, en el suroeste de Venezuela, región de Apure, enfrentamientos militares cobraron la vida de 2 soldados venezolanos y dejaron varios heridos, provocando además la huida de cientos de indígenas, campesinos y proletarios que trabajan y viven en la zona hacia el país vecino, Colombia. Aparentemente los enfrentamientos estallaron entre el ejército venezolano y grupos disidentes de las Farc-Eln y por tanto del tratado firmado por estos últimos en Cuba en 2016 (1). Otras fuentes dicen que son grupos narcotraficantes vinculados a los cárteles mexicanos o una mezcla de ambos.
Se afirma que este ejército disidente sembró un número indeterminado de minas antitanques que ya han dejado fuera de combate un vehículo blindado venezolano de origen ruso. Sin embargo, es un poco extraño que un pequeño grupo de guerrilleros tengan tales dispositivos a su disposición ... Mientras tanto, el gobierno colombiano ha enviado 2000 soldados que se encuentran apostados en la zona (2). Un disidente chavista declara que «El capitán Diosdado [Cabello, segundo en la jerarquía del poder venezolano, NdR] de manera irresponsable, llama a zafarrancho de combate, el presidente azuza, la ologarquia colombiana moviliza sus tropas» (3)
Hoy un conflicto de alto nivel parece imposible, pero, dada la posición estadounidense frente a Venezuela, los incidentes actuales podrían ser el pretexto para el inicio de una escalada y un mayor grado de beligerancia hasta que el conflicto armado se vuelva inevitable. Si bien es poco probable en este momento, los tambores de guerra suenan en ambos lados de la frontera para reavivar el nacionalismo con el fin de lograr la unidad nacional. Ambos gobiernos, – ¡en apuros! – afrontan graves dificultades económicas y sociales; una movilización bélica, aunque se mantenga en el nivel de la propaganda, es un medio formidable para sofocar los movimientos de protesta de las masas y para unir a todas las clases detrás de la defensa del capitalismo nacional. La tensión social es especialmente evidente en Colombia, que durante el último año ha visto el renacimiento de un movimiento social que había estado amordazado durante décadas y enmascarado por el enfrentamiento entre la guerrilla y la contraguerrilla de las fuerzas militares estatales.
¿Cuáles son las fuerzas militares presentes?
Engels explicó ("El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado") que el Estado burgués se resume en último análisis en una «banda de hombres armados» : el ejército es el pilar último, después de la policía, para la defensa del capitalismo nacional, ya sea contra otros Estados o contra el «enemigo interno», el proletariado. Esto es cierto en todas partes, incluso en los Estados más poderosos, más avanzados y más «democráticos». Pero en los Estados con un capitalismo más débil y menos desarrollado, el ejército a menudo se ve obligado a desempeñar un papel aún más importante ; también participa en el campo económico para compensar la debilidad o ausencia de capitalistas en ciertos sectores: ver el caso de Egipto, Argelia o Birmania, por nombrar algunos ejemplos. Esto también se ve en la Venezuela chavista.
El ejército venezolano es inferior al colombiano en número de soldados y experiencia en el terreno: 50 años de experiencia para el ejército colombiano tanto internamente, contra las guerrillas del ELN como contra las FARCS colombianas, que externamente, participando en la Guerra de Corea y la del Golfo entre otros hechos de gloria ...
Por otro lado el ejército venezolano, cuyo gobierno es apoyado abiertamente por Irán, Rusia y China, está mucho mejor equipado pero sin ninguna experiencia notable salvo contra las guerrillas guevaristas de los años 60 y 70 al interior del país y un compromiso muy limitado. en Vietnam, que resultó en la muerte de un soldado. El colmo es que tiene más generales que la OTAN: ¡200! Pero la mayoría de ellos están en empresas públicas ... (4).
Más importante que la contabilidad de las fuerzas en el papel es el hecho de que se basan en parte en un sistema de reclutamiento, es decir, en el servicio militar obligatorio. Si bien la disciplina militar se esfuerza por convertirlos en dóciles verdugos, los reclutas no son ajenos a las tensiones sociales que existen en el país; de esta forma, pueden contaminar el ejército hasta el punto de dificultar su uso en determinadas circunstancias (Lenin explicó que para ganar una revolución, esta debe triunfar primero en el ejército). Los poderes burgueses buscan evitar este peligro aumentando el papel de los soldados profesionales. En Colombia, la obligación teórica del servicio militar de hecho ha dado paso al voluntariado, y los soldados son reclutados en su mayoría en la pequeña burguesía ylas clases medias; pero estos ahora están arruinados por la crisis...
Los proletarios deben denunciar la propaganda bélica y las maniobras militares en curso y en las que en realidad son las víctimas propiciatorias, oponiendo la solidaridad internacional a la defensa de la «patria» que no es otra cosa que la defensa del sistema capitalista del hambre, de la miseria y la explotación.
¡Ni un soldado para defender una frontera que no existe, ni una sola gota de sangre proletaria!
¡Contra las guerras nacional-imperialistas, por la guerra de clase revolucionaria internacional!
¡El principal enemigo del proletariado está en su propio país!
(1) «Durante y después de los acuerdos de paz de La Habana entre la guerrilla y el gobierno colombiano, varios grupos abandonaron las FARC para formar grupos disidentes que continúan armados y operando en varias partes del país». cfr. https://www. france24. com/es/ am%C3% A9rica-latina/ 20210326-desplazados- enfrentamientos- ejercito-venezuela-disidencias-farc
(2) Según la revista digital colombiana “Semana”, accesible solo a sus suscriptores, el presidente Duque presuntamente envió 2.000 soldados al Municipio de Arauquita, Departamento del Arauca, Colombia cerca de la frontera norte. (Cfr.: Https:// www. youtube. com/ watch?v=4_ zwjmChO1U&ab_ channel= SANTIAGOGUTIERREZVILLEGAS).
(3) «Hace días estaba en un nivel donde cualquier falso positivo precipitaría las acciones, y ahora los raros sucesos de la frontera les han dado excusa a los insensatos, a los guerreristas de lado y lado, para saciar sus torcidas expectativas». https:// www. aporrea. org/ actualidad/ a300998.html
(4) «El ejército colombiano, para dar una cifra, es el segundo de América del Sur, después de Brasil. El de Colombia tiene 445.000 hombres, más 185.000 en reserva, para un total de 630.000 hombres. Venezuela tiene 115.000 miembros, 438.000 reservas, para un total de 553 mil integrantes. Estas cifras (...) incluyen a las milicias y la Guardia Nacional. Por lo tanto, esta cifra está un poco inflada en el caso venezolano». (cfr https://noticias.caracoltv.com/politica/ejercito-venezolano-vs-ejercito-colombiano-cual-es-realmente-mas-poderoso)
Partido Comunista Internacional (El Proletario)
29 de marzo de 2021
www.pcint.org

