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Como unos proletarios más que se sumaron al Paro desde el primer día, pero que todavía no tienen la fuerza para organizar acciones revolucionarias de masas, y con base en nuestra propia experiencia en las revueltas pasadas en este país, hacemos públicas las siguientes preguntas para contribuir críticamente a la reflexión y la acción colectiva:

  • ¿Hemos aprendido las lecciones de las Revueltas de Octubre del 2019 y de Junio del 2022 ó vamos a seguir repitiendo los mismos errores en esta nueva revuelta? Más específicamente: en este Paro Nacional, ¿ya vamos a romper y superar el círculo vicioso protesta–represión–negociación? Es más, ¿realmente es una revuelta ó una serie prolongada de protestas legítimas pero débiles contra un gobierno nefasto pero fuerte que sí aprendió las lecciones de las revueltas pasadas?
  • ¿Cómo superar los límites de la revuelta (demandas tibias, diálogo y negociación con el Estado, etc.) y cómo incrementar sus potencias (solidaridad, autonomía y combatividad de clase en forma masiva, etc.) para que no sea derrotada por el Estado y, sobre todo, para que no se autoboicotee?
  • ¿Cuándo vamos a comprender que los burgueses del transporte y del movimiento indígena no tienen los mismos intereses materiales que los proletarios del transporte y del movimiento indígena, y que esto aplica para todos los sectores sociales? ¿Cuándo vamos a romper y superar el interclasismo, el populismo, el ciudadanismo, el democratismo y el nacionalismo?
  • ¿Cuándo vamos a comprender que el proletariado no es débil porque está dividido sino que está dividido porque es débil, y que superar esta debilidad y división no depende de “la unidad de las izquierdas” sino que sólo será posible cuando el proletariado luche por la revolución social, es decir, por abolir las clases sociales y unificar la humanidad?
  • ¿Cuándo vamos a comprender que luchar contra el alto costo de la vida y contra el gobierno de turno es necesario, pero no es suficiente? ¿Qué vamos a hacer después del “fuera Noboa, fuera” y del “abajo el paquetazo”? Más claro: ¿cuándo vamos a comprender que no se trata de luchar contra el “neoliberalismo” y el “fascismo”, sino contra el capitalismo?
  • ¿Cuándo vamos a comprender que no hay que dialogar con los asesinos del “pueblo” ni defender una constitución votando “no” en una consulta popular, porque los diálogos, las leyes y las elecciones sólo benefician y fortalecen al Estado capitalista? ¿Cuándo vamos a comprender, en cambio, que hay que luchar afuera y en contra del Estado, porque el Estado no es “neutral” ni nos tiene “abandonados”, sino que es el Estado de los capitalistas para administrar su violencia económica y física sobre los trabajadores, hasta matarnos de hambre o a balazos? ¿Cuándo vamos a comprender que en realidad la democracia es la dictadura de la burguesía sobre el proletariado? ¿Cuándo vamos a comprender que el Estado democrático-burgués es terrorista por naturaleza y que las protestas pacíficas no lo afectan en lo más mínimo? ¿Cuándo vamos a comprender, entonces, que sólo la acción directa y contundente de masas es el método proletario para combatirlo y golpearlo de verdad?
  • ¿Cuándo vamos a comprender que no se trata de luchar por nuestros “derechos”, sino por satisfacer nuestras necesidades vitales directamente o sin que intermedie el dinero, y que el mercado (ninguna empresa, incluso si es “autogestionada”) y el Estado (ningún gobierno, incluso si es “popular”) nunca lo van a hacer realmente, sino sólo nosotros mismos, quienes con nuestro trabajo hemos producido todo pero no lo poseemos, tomando los medios de producción y de distribución (por ejemplo, expropiando y comunizando las empresas del Grupo Noboa… y de toda la clase capitalista de este país)?
  • ¿Cuándo vamos a comprender que el poder real no radica en las estructuras del Estado, sino en las relaciones de producción y de propiedad? ¿Cuándo van a participar en la revuelta los trabajadores de los sectores estratégicos de la economía de este país? ¿Lo harán? Y si participan, ¿lo harán mediante huelgas autoorganizadas y radicales?
  • ¿Cuándo vamos a comprender que hay que ir más allá de la espontaneidad de la revuelta y que la autoorganización del proletariado (afuera, en contra y más allá de sindicatos, partidos, parlamentos, ONGs, etc.) es el primer acto de la revolución (por ejemplo, las Asambleas Territoriales en Chile y los Consejos de Trabajadores en Irán durante la Revuelta Mundial del 2019)? ¿Cómo construir, fortalecer y radicalizar la autoorganización proletaria de aquí en adelante (grupos autónomos, asambleas autoconvocadas, ollas comunitarias, autodefensa, medios independientes, etc.) para la revolución?
  • ¿Cómo hacer para que las palabras “guerra de clases”, “insurrección”, “revolución”, “comunismo” y “anarquía” dejen de ser malas palabras para la mayoría de la población y más bien se conviertan en necesidades materiales e inmediatas?
  • ¿Hasta cuándo vamos a vivir con miedo a morirnos de hambre, a balazos o de depresión? ¿Hasta cuándo vamos a trabajar para pagar y pagar para vivir? ¿Hasta cuándo vamos a soportar esta vida de mierda bajo el capitalismo en crisis? En fin, ¿hasta cuándo vamos luchar sólo por migajas y no por todo el pan y la panadería para todos?

Admitimos que no tenemos las respuestas a ciencia cierta para todas estas preguntas. Lo que sí sabemos es que sólo la lucha de clases concreta las responderá. Y también, que ya es hora de aprender de los errores y poner en práctica las lecciones aprendidas de las revueltas pasadas y presentes. Sí: ¡Lucha de Clases… hasta Abolir la Sociedad de Clases!

Derrocar al gobierno de Noboa y su paquetazo es necesario, pero no es suficiente.

Tomar Otavalo, Latacunga, Quito, Cuenca, Guayaquil, etc. es necesario, pero no es suficiente.

hay que expropiar y comunizar las empresas del Grupo Noboa y de toda la clase capitalista de este país para satisfacer las necesidades colectivas directamente o sin que intermedie el dinero.
Ahí es donde hay que golpearle a la burguesía porque ahí es donde le afecta.
Así mismo hay que destruir su aparato estatal por completo y sustituirlo por el
poder comunal de las asambleas territoriales.

Sólo los proletarios autoorganizados dentro y fuera de los centros de trabajo, en todos los espacios sociales, antes, durante y después de la revuelta, y con un programa revolucionario, podemos hacerlo.
Construyamos y fortalezcamos la autoorganización revolucionaria del proletariado.

Aprendamos y pongamos en práctica las lecciones de las revueltas (2019, 2022, 2025) para transformarlas en revolución.
Si no es hoy, será mañana (¿2028?… ¿2036?… ¿2049?).
Para la próxima, vayamos preparados y vayamos por todo.

Proletarios Hartos de Serlo
Quito, octubre de 2025

Versión PDF (volante)
Agradecemos su lectura, difusión, discusión y traducción


 

[proletarios_internacionalistas] 

Precisiones sobre el derrotismo revolucionario

 

El texto que publicamos a continuación es parte del próximo número de nuestra revista
Revolución, dedicado a la guerra imperialista y al derrotismo revolucionario. Hemos decidido adelantar su difusión, tanto por el retraso que tenemos con la revista, como por la importancia de este
documento en las discusiones que se están dando en sectores de nuestra comunidad de lucha que asumen las tareas internacionalistas del derrotismo revolucionario.


Link del pdf:
https://proleint.org/wp-content/uploads/Precisiones-sobre-el-derrotismo-revolucionario.pdf

Link para leer en la web:
https://proleint.org/wp-content/uploads/Precisiones-sobre-el-derrotismo-revolucionario.pdf

  

 

Recordamos el NUEVO SITIO WEB de Proletarios Internacionalistas:

https://proleint.org/

Nuevo mail central: info@proleint.org
 

Salud.
Proletarios Internacionalistas


Precisiones Sobre El Derrot... by Valladolor

 

DENEGADO EL DERECHO AL ABORTO

EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA



La abolición del derecho federal al aborto en los Estados Unidos de América por parte del Tribunal Supremo ha causado un gran revuelo en el mundo occidental. Desde los partidos más marcadamente socialdemócratas y parlamentarios hasta los partidos (autoproclamados) "marxistas" de la oposición, se han lanzado gritos contra esta afrenta a los derechos humanos, afrenta que parece aún más grave por el hecho de que sea un país "avanzado" el que ha aplicado dicha política. Nosotros, en cambio, lo vemos como una confirmación de nuestras tesis sobre la democracia y la supuesta "civilización" de la sociedad burguesa actual. Sin embargo, si queremos abordar la cuestión de forma más orgánica, parece oportuno hacer un breve recorrido por la historia del derecho al aborto en Estados Unidos, con algunas notas sobre la situación en Italia.

En Estados Unidos, el derecho al aborto se institucionalizó a nivel federal con la sentencia Roe v. Wade en 1973. Antes de esta sentencia, el aborto estaba regulado por las leyes de cada estado de forma independiente, lo que lo convertía en ilegal en todos los casos para un gran número de estados (al menos 30), dada la elección de las administraciones locales de tendencia conservadora y cristiana. El caso de Jane Roe, seudónimo de Norma McCorvey, fue especialmente importante en el desarrollo del derecho en Estados Unidos. La mujer, que nació y vivió en el llamado Sur profundo y se casó a los 16 años, decidió demandar al estado de Texas por su legislación antiabortista mientras esperaba su tercer hijo. El abogado defensor del Estado era Wade, que da nombre a la demanda. El Tribunal Supremo de EE.UU., que conoció el caso después de tres años de litigio, sostuvo que la Constitución de EE.UU. (en particular la 14ª Enmienda) debía garantizar la limitación de la injerencia del Estado en el individuo incluso en el ámbito del aborto. Esta sentencia tuvo una importancia trascendental, ya que obligó a un gran número de estados a cambiar su legislación sobre el aborto y preparó directamente el camino para la ley federal sobre el aborto. En esta historia, podemos ver ciertamente cómo, aunque evidentemente había presiones sociales, el fallo fue un paso esencialmente legal por parte de un pequeño círculo de burócratas: podemos por tanto entender esta liberalización como un proceso (como ocurre tan a menudo en el sistema capitalista moderno) de limitación de las fricciones de clase mediante concesiones para aliviar las penurias de la vida proletaria.

Para completar el escenario, hay que señalar que en Italia, con la ley 194 de 1978, se habló de controlar el aborto y no de liberalizarlo. Las grandes luchas (instrumentalizadas por las distintas corrientes políticas burguesas) para conseguir este resultado, en medio del caos, de referendos opuestos, de votaciones en el parlamento y de mítines contrarios, han conducido a un resultado decididamente subóptimo, como era de esperar de la legislación burguesa. Además, el porcentaje de objetores de conciencia en Italia es muy alto, lo que socava la posibilidad de que las jóvenes proletarias tengan un acceso seguro y discreto al aborto. La presión de las familias reaccionarias, el escaso acceso al servicio y las condiciones de dificultad generalizadas provocan grandes problemas y evidentes deficiencias en la legislación italiana al respecto. Por lo tanto, la cuestión no está cerrada ni siquiera en Italia, y estamos seguros, como venimos diciendo desde hace más de cuarenta años, de que "sólo un poder dictatorial de la clase obrera podrá imponer a los intereses que hoy dominan que no dominen" (1).

En Estados Unidos, por tanto, la última sentencia del Tribunal Supremo anuló el caso Roe contra Wade, provocando un retroceso legislativo de casi 50 años. Y mientras el trumpismo se regocija de su gran logro, comienza la polémica de los demócratas sobre el tema, en un interminable debate digno de las peores universidades teológicas de la Edad Media. ¿Quién paga estas maniobras políticas sin escrúpulos? ¡Qué preguntas! Los 40 millones de mujeres en edad fértil que ahora viven en estados antiabortistas (que representan el 58% de las de Estados Unidos, como señala el Centro de Derechos Reproductivos), que son en su inmensa mayoría proletarias. Una vez más, una cuestión que concierne en primer lugar a las condiciones de las mujeres proletarias se convierte en un pretexto para dar más fuerza a las instituciones democrático-burguesas, alimentando una polémica entre fuerzas que nunca podrá resolver realmente los problemas y contradicciones de este sistema. Por el contrario, esta sentencia es una prueba más de la quiebra del sistema democrático, de que es un mero instrumento de la clase burguesa para llevar a cabo sus reivindicaciones desafiando una abstracta "voluntad popular". El proletariado nunca podrá obtener condiciones de vida verdaderamente humanas y un sistema que vele por sus intereses, si no es forjando su propia revolución de clase internacional: sólo la dictadura del proletariado podrá resolver las contradicciones del Estado capitalista, eliminando las contradicciones de la democracia junto con la propia democracia.

¿Dónde nos situamos entonces los marxistas revolucionarios? Como siempre, en la de la continuidad e invariabilidad del marxismo. Siempre hemos exigido "un aborto asistido completamente libre y gratuito, extendido a las menores" (2), pero no en nombre de un miserable humanitarismo socialdemócrata. Consideramos que ésta es una reivindicación complementaria a todas las demás reivindicaciones para la mejora de la vida de las mujeres proletarias, por lo que "es necesario luchar en defensa de todas las condiciones de vida y de trabajo que aquejan a las mujeres proletarias en primer lugar" (ibid.). Es muy importante que estas reivindicaciones se entiendan en un sentido esencialmente clasista, y no como luchas extemporáneas y desorganizadas: sin esta consideración, caemos en la manía reformista de la burguesía, y no seguimos la estela de la decisión revolucionaria del proletariado.

La actuación del Tribunal Supremo es indudablemente reaccionaria y antiproletaria, porque afecta no sólo a las mujeres en general, sino a las mujeres proletarias en particular, ya que las mujeres burguesas, como siempre han hecho, si no pueden abortar en el estado donde viven, pueden permitirse hacerlo en otros estados de la Unión o incluso en el extranjero. A las mujeres proletarias les queda el aborto clandestino, que se paga muy caro, a menudo con la vida.

El terreno contrarrevolucionario, afirmaba Marx, es dialéctica e históricamente también el terreno revolucionario. Así, el terreno de la reacción más odiosa, como la que se produce contra la dignidad y el cuerpo de las mujeres, se convertirá dialécticamente en el terreno de la reanudación de la lucha de clases en EEUU, como en cualquier otro país. Sin un encuadre clasista del problema, reaccionar a esta sentencia reaccionaria con los habituales métodos impotentes del debate parlamentario, creyendo en las promesas de los demócratas y del presidente Biden de acudir en ayuda de las mujeres, es volver a caer en las ilusiones de la democracia burguesa, legitimándola por enésima vez.

No es el voto lo que cambiará la sociedad, sólo la dura lucha de clases. Refiriéndonos al caso italiano y viendo cómo el problema ya ha sido abordado por el partido (en relación con el referéndum para derogar la ley 194 en Italia, mencionado anteriormente), podemos leer en el artículo de 1981 citado anteriormente: "Esta ley, por lo tanto, no debe ser defendida (e ir a votar, aunque el no la defienda). Hay que ponerlo en cuestión, sí, pero mediante la lucha de las mujeres, que debe ser preparada por la agitación, la propaganda, la organización, en primer lugar en las fábricas, en los centros de trabajo, abarcando no sólo una, sino todas las reivindicaciones que defienden concretamente las condiciones de la mujer proletaria, porque sólo con su contribución fundamental se puede implementar la defensa de la mujer en general.”

Por lo tanto, no nos sumamos al grito de indignación de los demócratas americanos, europeos, asiáticos o africanos, porque nuestro grito es uno solo desde hace casi dos siglos: ¡proletarios de todos los países, uníos! En nombre de este lema, preparamos la redención mundial de la clase obrera.


¡PROLETARIOS!

¡ORGANIZARSE PARA CONQUISTAR UN VERDADERO DERECHO AL ABORTO!

¡LOS ASALARIADOS, MUJERES Y HOMBRES, DEBEN UNIRSE POR LA REANUDACIÓN DE LA LUCHA DE CLASES!

¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIAL INTERNACIONAL!


Partido Comunista Internacional (El Proletario)

4 de julio de 2022

www.pcint.org




  1. Cf. “Aborto: solo con la lotta proletaria, con la sua organizzazione si può agire per gli interessi proletari” ["Aborto: sólo con la lucha proletaria, con su organización, se puede actuar en favor de los intereses proletarios"]El Programa Comunista, nº 6/1981 (véase www.pcint.org., Archivos, Il Programma Comunista 1952-1983).

  2. Ibid.


 

 

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EL CONTAGIO DE LA REVUELTA SE EXTIENDE…
¡LUCHAS POR DOQUIER!


Desde que publicamos nuestro anterior texto a finales de marzo,1 el desarrollo de los acontecimientos no ha hecho sino confirmar lo que allí denunciábamos: la guerra contra el coronavirus es una guerra contra el proletariado mundial. La declaración de pandemia fue el chivo expiatorio, una excelente oportunidad y cobertura para ir imponiendo toda una serie de brutales medidas que exige despóticamente la dictadura de la ganancia. Se trata de enchufar al proletariado toda clase de medidas de austeridad, imponer a una parte jornadas de trabajo aún más intensas y extensas a cambio de salarios cada vez más precarios, facilitar los despidos de otra parte, exterminar a las enormes franjas sobrantes de la población, asegurar su implantación por medio del control y el terror, y frenar la oleada de revueltas de 2019 reiniciando un nuevo ciclo de acumulación.

El aislamiento que intenta imponer el capital representa la negación del proletariado como clase revolucionaria, la alienación de su comunidad de lucha, para destruir no sólo su proceso actual de asociacionismo, sino su potencia futura (que ya se evidencia en las luchas actuales). Ese es el verdadero objeto del estado de alarma:2 concretar las necesidades intrínsecas a la relación social capitalista.

Pese a que, en un primer momento, toda esta guerra consiguió paralizar al proletariado, lo cierto es que nuestra clase pronto comprendió en sus carnes de qué trataba la cosa: las condiciones materiales aún peores que sufría por todas partes no eran con motivo de la “pandemia”,3 sino con motivo de las necesidades de valorización del capital.

Los primeros signos de que el proletariado comprendía esta realidad quedaron patentes en las expresiones de lucha que saludábamos en nuestro texto anterior. Los motines y revueltas en las cárceles de numerosos países, las protestas en Hubei, los saqueos y conflictos en Italia o Panamá, la extensión de actos de desobediencia a las medidas del Estado de alarma y confinamiento… Eran las escaramuzas que anunciaban que el proletariado se disponía a retomar la oleada de luchas contra el capitalismo iniciadas en 2019.

Decíamos también que las toneladas de capital ficticio que mantenían, con una importancia cada vez más decisiva, los flujos de capital desde hace décadas, y que ahora se inyectaban masivamente en el intercambio mercantil efectivo, con una creación masiva de signos de valor si ningún respaldo ni límite, crearían una desvalorización sin precedentes, una destrucción de capital de consecuencias imprevisibles que llevarían al proletariado al límite. Líbano, el primer país que vio extenderse en su territorio una revuelta contra el estado de alarma, fue al mismo tiempo el primero que vio cómo su moneda tocaba fondo. El Estado libanés, que se había declarado en quiebra y declarado el impago de la deuda, veía cómo el aumento impresionante de los precios de las mercancías expresaba una drástica reducción del valor que dice representar la moneda (hasta dos tercios). Los proletarios que todavía disponían de algunos miserables billetes con los que podían cubrir parte de sus necesidades básicas (pues la gran mayoría ni eso) veían cómo éstos se evaporaban.

Confinados en sus casas, con la prohibición de todo tipo de reunión y con los milicos recorriendo las calles, la situación se tornó dramática. La perspectiva era agachar la cabeza y aceptar confinados el funeral que le preparaban o apostar por la vida. Una vez más, el proletariado apostó por la vida saliendo masivamente a las calles. Desde entonces, la llama de la revuelta vuelve a iluminar la oscuridad de este mundo, extendiéndose por diversas regiones, rompiendo el confinamiento, las prohibiciones de reuniones y movilizaciones, la represión y todo el paquete de medidas del estado de emergencia. En Irak, Irán, Panamá, Francia, Colombia, Venezuela, EE.UU, etc., se retoma la oleada de luchas iniciadas en 2019 poniendo en cuestión los planes de reestructuración de la burguesía y planteando con fuerza otra “nueva normalidad” a la que la burguesía mundial quiere imponer.
De Líbano a EE.UU…
La “noche de los molotovs” fue el primer revés serio que el capitalismo mundial recibió en su “guerra al coronavirus”. A mediados de abril, las principales ciudades de Líbano experimentaron protestas y enfrentamientos que fueron respondidas con la brutalidad habitual por parte de los milicos. El 26 de abril se baleaba una manifestación, asesinando al joven Fawaz Fouad e hiriendo a treinta manifestantes. Esa misma noche se desató una respuesta imponente del proletariado, en lo que se denominó la noche de los molotovs. Los milicos se vieron desbordados por la ruptura generalizada del estado de emergencia y por la lluvia de cócteles molotovs que reemplazaban a las piedras. Desde entonces, bancos, milicos, comisarías y otras expresiones del capital sufren con cotidianidad el calor de los molotovs mientras desde las ventanas los gritos y las caceroladas apoyan cada incendio y manifestación de nuestra clase.
Pese a que el gobierno trató de desviar la atención anunciando un plan en cinco fases para salir del confinamiento, proclamando el éxito sanitario,4 los proletarios no han dejado de intensificar la revuelta, denunciando que la miserable vida bajo el capital es la verdadera pandemia. El Estado no puede ofrecer otra cosa que balazos, muertos, amputaciones, torturas y miseria, que son respondidos con la extensión de las capuchas y los molotovs, organizando al mismo tiempo expropiaciones y redes de apoyo para el reparto de alimentos y productos básicos.
Pero si en Líbano tuvo lugar la primera revuelta contra el estado de alarma mundial, esta no era más que la cristalización en ese territorio de la lucha internacional del proletariado contra las condiciones de vida que impone el capital.5 Si bien nuestra lucha siempre ha partido de esa realidad, de que independientemente dónde se desarrolle, la misma forma parte de una misma lucha mundial, por las mismas necesidades y contra un mismo enemigo, es cierto que la burguesía despliega todo tipo de recursos e ideologías para aislar, sectorizar, particularizar, nacionalizar, y presentar como diferentes las diversas expresiones de la misma lucha, como si fueran expresiones independientes, como si fuesen ajenas unas de otras y de naturaleza u orígenes diferentes. Pero el desarrollo de la catástrofe capitalista no ha dejado de homogenizar de forma cada vez más brutal las miserables condiciones de existencia del proletariado dificultando las maniobras de la burguesía.
Con la imposición del estado de alarma mundial, el capital daba otro salto cualitativo en esa homogenización. En todas partes las mismas medidas, los mismos sacrificios, el mismo ataque terrorista. La pandemia era la cobertura adecuada para tratar de ocultar la generalización de ese ataque capitalista contra el proletariado,6 la homogenización brutal de nuestras condiciones de vida a nivel internacional.
Ha sido la lucha del proletariado la que ha desenmascarado a la burguesía mundial y ha reconocido a la pandemia como la tapadera para hacerle la guerra, para imponer las necesidades económicas que demanda el capital por encima de las necesidades humanas más básicas. Los proletarios en lucha expresan sin tapujos que las muertes que el capital adjudica al COVID–19 son una anécdota al lado de la masacre diaria en la vida capitalista, y que las condiciones implantadas con el estado de alarma no han hecho más que agudizar. Si, como decimos, en Líbano se cristalizó la primera revuelta desde la imposición del estado de alarma, sintetizando y amplificando las protestas, oposiciones y tentativas que se dieron anteriormente de diversas formas por todo el mundo (en las cárceles, con huelgas —también internacionales como la de Glovo o Amazon—, con saqueos, manifestaciones…), su cristalización en otros muchos lugares expresa el desarrollo de la lucha internacional de nuestra clase.
Sin duda, Irak es otro de los lugares donde la lucha ha asumido niveles formidables. Recordemos que esa región ha sido uno de los bastiones de la lucha en los meses pasados. Tras un primer impasse provocado por el estado de alarma y ciertas concesiones del Estado (puesta en libertad de
presos, investigación de abusos policiales…), las protestas se reanudaron a principios de abril. En esas fechas, varias localidades de la región comenzaron a desafiar el estado de alarma. Bagdag, Diwaniya, Bassora, Nassiruya y Kout fueron algunas de las ciudades donde se desarrollaron duros enfrentamientos con la policía. Pronto las protestas se tornaron revueltas en todo el territorio, colocándose en el punto donde se habían abandonado antes de la imposición del estado de emergencia. La plaza Tahrir de Bagdad volvió a ser uno de los centros de organización de la lucha en la región. Los intentos de asalto a la “zona Verde” (lugar estratégico de la burguesía), las barricadas en los accesos a la zona puente (al–Jumhuriyah), las piedras y los molotovs sobrevolando las cabezas de los milicos y explosionando en bancos, residencias de burgueses, etc., volvieron a preocupar a la burguesía.
Como le preocupa que en Francia se hayan extendido también las protestas, en especial en los suburbios. En Oise, Amiens, Yvelines, Elbeuf, Compiègne…, los proletarios se enfrentan a la policía con barricadas, molotovs y bengalas. En Mulhouse se tomó la calle después de que los antimotines hirieran a un joven de dieciséis años. Como en Ile–de–France, donde se desató la rabia porque un coche policial atropelló y mató a un joven de dieciocho. En otros lugares como Seine–St. Denis organizaron emboscadas a los policías y atacaron símbolos del capital. Para tratar de calmar los ánimos, el Estado francés decidió retirar temporalmente a la policía de los suburbios más calientes.
Pero no solo los suburbios viven jornadas de lucha. Las huelgas se suceden en diversos sectores y empresas (Amazon, Nancy, Deliveroo, basureros, trabajadores sanitarios…), algunas expropiaciones se reproducen en Marsella y Lille, y las prisiones y los centros de detención de migrantes sufren protestas y motines, como Uzerche, en Rennes o Correze, donde los prisioneros destruyeron y quemaron distintas partes de la cárcel y se subieron al tejado.
Hasta en Mayotte (departamento francés en el océano Índico), donde los proletarios se niegan al aislamiento y el encierro y rompen el toque queda, los policías enviados a hacer cumplir el confinamiento son recibidos constantemente con barricadas y piedras. En Bélgica, el Estado se ensaña en los suburbios para frenar la rabia del proletariado, especialmente tras los disturbios por la muerte de un joven en un control policial.
Con la llegada de la revuelta a EE.UU, la lucha internacional ha adquirido nuevos bríos. El asesinato de George Floyd el 26 de mayo por la policía de Minneapolis fue la gota que colmó el vaso. Como un volcán en erupción, los proletarios desataron la furia contenida y saciaron las necesidades que les reprime el capital. Al grito de “¡No puedo respirar!”, nuestra clase se hacía eco de las palabras de Floyd, a la vez que expresaba la imposibilidad de vivir bajo las condiciones sociales que impone el capital. Lo que comenzó en Minneapolis pronto se extendió a todo el territorio de EE.UU y más allá de sus fronteras. Ataques a la policía, incendio y asalto de varias comisarías, saqueos, destrucción de bancos y otras entidades del capital… Conocidos símbolos y estatuas de personajes de la clase dominante fueron golpeados, como estatuas de Churchill, de Cristobal Colón, etc., destruidas o decapitadas en numerosas ciudades, no sólo en EE.UU sino en regiones como Reino Unido o Bélgica. En esta última las protestas y manifestaciones se extendieron a ciudades como Bruselas y Lieja, dejando destruidos y decapitados monumentos históricos en honor al rey Leopoldo II.
La revuelta en EE.UU adquirió rápidamente tal magnitud que hay que retroceder varias décadas para recordar en ese territorio una afirmación semejante del proletariado contra el capital. El Estado tuvo que declarar toques de queda en numerosas ciudades y se movilizó a los soldados de la Guardia Nacional para intervenir. La cantidad de heridos y muertos por la represión sigue avanzando, como en Atlanta, donde la policía acribilló por la espalda a Rayshard Brooks, pero los proletarios lejos de retroceder responden con decisión a cada golpe del Estado.
… pasando por todas partes
Hoy podemos decir, pese a que todavía en numerosas regiones nuestra clase sigue aturdida y sometida a toda la paranoia del miedo difundida por los diversos aparatos del Estado, que las luchas que los proletarios estamos desarrollando de un lugar a otro retoman la confrontación internacional iniciada antes de la imposición del estado de alarma mundial. El proletariado defiende sus necesidades contra las del capital contraponiéndose a sus medidas: enfrentando al estado de alarma, a sus medidas excepcionales, al confinamiento, a los “ajustes”, a lo que la burguesía llama en algunas regiones la “nueva normalidad”,7 etc.
Si bien hemos querido subrayar algunos de los lugares donde la revuelta del proletariado está siendo especialmente importante, ni mucho menos queremos restar importancia a cómo el proletariado está expresando la lucha en otros lugares, tratando de generalizar la revuelta.
Por ejemplo, en Venezuela o Colombia el proletariado expresa su rechazo a sacrificarse a las necesidades del capital mediante la extensión de las protestas, los cortes de calles y los saqueos a mercados o camiones de alimentos, los ataques a las oficinas bancarias… En Panamá, las barricadas y los incendios se enfrentan al ejército en las calles. En Chile, los proletarios retoman poco a poco la lucha que había refluido mediante disturbios como el de Antofagasta o Valparaiso. En Italia, las expropiaciones se han reproducido hasta el punto de que la policía patrulla los supermercados. Grupos de proletarios organizados expropian y reivindican las expropiaciones porque “el dinero para comprar se ha ido”. Las huelgas también se suceden, como la reciente en Whirpool, Nápoles. Así como las manifestaciones en solidaridad con los presos y en contra de las políticas carcelarias. En Alemania, las protestas y manifestaciones contra las medidas implantadas se han venido sucediendo desde finales de marzo, como en Irán y gran parte de Oriente Medio. En Uruguay ha habido manifestaciones durante y contra el confinamiento, como la gran manifestación frente al Palacio Legislativo, y toda clase de resistencia desde diversos barrios acompañada de consignas “¡No nos quieren sanos, nos quieren esclavos!”. O en México, donde se suceden los disturbios, tras la muerte (otra más) de Giovanni López, un joven que un mes antes había sido detenido por no llevar barbijo y asesinado a golpes por la policía en la localidad de Ixtlahuacán de los Membrillos. Las protestas comenzaron el 4 de junio en Jalisco y se extendieron a la capital y otras partes de la región incendiando patrullas, comisarías, el Palacio de Gobierno de Guadalajara y otras expresiones del capital al grito de “¡No murió, lo mataron!”.
Así podríamos seguir, subrayando cómo el proletariado busca afirmar las mismas necesidades, los mismos intereses, frente a un mismo enemigo, frente a una misma condición. La lucha internacional del proletariado está asumiendo diversos niveles de cristalización y fuerza, diversas formas y lugares donde materializarse. En esta situación, y con la perspectiva de consolidación e intensificación de la guerra de clases, uno de los aspectos fundamentales para el avance del proyecto comunista de abolición del capitalismo, del Estado, de las clases sociales, el trabajo y el dinero, es derribar las fuerzas que frenan desde el interior el desarrollo de la perspectiva revolucionaria.
Nos estamos refiriendo a las fuerzas que, ataviadas con falsos ropajes de lucha, nos distraen de nuestros objetivos conduciéndonos por caminos que perpetúan este mundo de muerte, canalizando nuestra potencia. Esas fuerzas se consolidan y desarrollan en base a nuestras propias debilidades, a los propios límites que las luchas contienen. Criticar, denunciar y superar esos límites es una condición imprescindible para la afirmación revolucionaria. No es este el lugar donde profundizar y desarrollar en todos estos límites, que por otro lado hemos ido abordando diversos compañeros y minorías revolucionarias en los últimos años, expresándolos en numerosos materiales, pero sí creemos necesario referirnos brevemente a algunos de los que ostentan protagonismo en la actualidad.
Algunos límites de las luchas actuales
Si bien queremos por un lado difundir la lucha que los voceros del capital tratan de ocultar por todos los medios,8 también queremos subrayar algunas de las debilidades que esta contiene. El objeto no es otro que fortalecer la dirección revolucionaria que contiene nuestra lucha, defender la autonomía de clase respecto a todos los intentos de encuadramiento, división y frentismo. Solo llevando hasta las últimas consecuencias las luchas en proceso, tumbando todos los elementos de contención, no solo los más evidentes, tales como la acción represiva del Estado, sino las más sibilinas y peligrosas, como las ideologías que posibilitan el encuadramiento y la neutralización burguesa, podremos avanzar hacia la destrucción del capitalismo.
La presencia de ideologías parcializadoras que enfocan los problemas sociales como aspectos parciales que pueden solucionarse al margen de la totalidad que los genera y necesita, que crean movimientos específicos para abordarlos, sigue siendo uno de los lastres del proletariado. Haciendo bascular la lucha hacia aspectos parciales, todas esas ideologías son un sostén del capitalismo al alejar la lucha de la raíz del problema. El antirracismo, el feminismo o el ecologismo son algunas de las ideologías parcializadoras más importantes. Todas ellas trasladan la lucha hacia cuestiones interclasistas. Sin embargo, para muchos proletarios representan una lucha y un sentimiento compartido, sea contra el racismo, contra el sexismo o contra la destrucción del planeta. Porque parten de una problemática existente, pero de manera aislada, sin comprender que es el capital quien organiza y gestiona dichas cuestiones. Si bien el machismo, el racismo o la destrucción de un bosque no son el objetivo de ningún burgués, son elementos inherentes a la tasa de ganancia y por tanto necesarios para el capital, y para esos burgueses en su conjunto.9
La falta de demarcación de clase ha sido y es un problema para superar el estado actual de cosas y también para dejar atrás estos movimientos parcializadores y reformistas que solo ven en el Capital, a lo sumo, un problema como los otros. Por tanto, no es necesario agregar la crítica anticapitalista a estas parcializaciones, no se trata de unir lo separado, sino de advertir la dimensión total de la sociedad capitalista en la que vivimos.
Cuando criticamos tal o cual ideología habrá muchos compañeros que se sientan atacados, que no comprendan que lo que estamos atacando es toda una concepción alienante de la lucha. En su propia lucha, el proletariado expresa sus propias debilidades a través de estas cuestiones ideológicas, interclasistas e inmediatistas. Pero de esa misma lucha saca lecciones y directivas, de la cual nuestra crítica no es más que una expresión. Es el proceso por el cual el proletariado se delimita de su enemigo histórico y de las ideologías que la propia vida capitalista afirma, es su proceso de constitución en clase.
Claro que la fuerza de estas ideologías no se constata a nivel individual, sino en el movimiento mismo. Los propios proletarios que luchan contra el capital salen impulsados por sus propias condiciones materiales y en la mayoría de las veces presos de diversas ideologías. Lo decisivo en la lucha es si esas ideologías acaban dominando y canalizando el movimiento o son tumbadas en su propio desarrollo.
En EE.UU hemos sufrido esa ideología parcializadora en forma de antirracismo, tratando de llevar la lucha hacia una cuestión de razas. Pero todo cuestionamiento del racismo que no ataque la base del capital no conduce más que a su reforzamiento, porque no se puede combatir el racismo —ni comprender cómo opera— si no se parte de la crítica profunda al capital. El proletariado en EE.UU ha hecho tambalear esa ideología cuando proletarios de todas las razas han salido a la calle a cuestionar el capital, a imponer sus necesidades, a decirle al capital que no se puede respirar bajo su bota. Sin embargo, la fuerza de esta ideología sigue presente.
Tentativas de repolarización burguesa
La burguesía siempre busca encuadrar la lucha del proletariado en dos bandos que no aspiren más que a metas burguesas y reformistas. No solo le sirve a tal o cual fracción para torcer la lucha del proletariado en favor de sus intereses particulares, sino al capital en general para neutralizar la lucha revolucionaria. El gancho por excelencia siempre ha sido la falsa disyuntiva fascismo–antifascimo. La región española en los años treinta del siglo pasado, nos dio la lección más clara de esta polarización cuando el proletariado revolucionario, que puso en cuestión todas las formas que adoptó el Estado, fue finalmente encorsetado en esa tramposa dicotomía, y acribillado entre (y por) los dos bandos. La llamada segunda guerra mundial fue el corolario de ese encuadramiento aportando dinamismo al capital con el sacrificio de las vidas de millones de proletarios. Hoy, en EE.UU, el Estado vuelve a tratar de canalizar la lucha bajo esos rótulos, al definir a “Antifa” como una organización terrorista. Trata de encuadrar a los manifestantes en esta vieja polarización con ropajes modernos, a la vez que criminalizarlos. Aunque el nombre “Antifa” no refiera a ninguna organización formal determinada y el antifascismo como movimiento es en la actualidad una expresión parcial y minoritaria de los proletarios en lucha, no podemos dejar de apuntar esta tentativa de encuadramiento del Estado burgués.
Pero la polarización que con mayor influencia se está constituyendo en el horizonte, y a la que nos empuja la burguesía de todos los países, es la puja entre las fracciones del capital exacerbándose, con la guerra comercial de fondo, principalmente entre el Estado de EE.UU y el de China. Se intenta encuadrar al proletariado en alguno de los campos burgueses: el Estado chino y ruso se definen contra el poder de los financieros occidentales; los Estados occidentales denuncian a China como la que elaboró el coronavirus, etc.
Se trata de hacernos creer desde un lado que la producción material capitalista se realiza para nuestras necesidades y que hay que defenderla del parasitismo de las finanzas que la oprime, de los bancos, de la élite, del 1 %; desde el otro, se nos intenta vender que la producción material de nuestras necesidades necesita del dinero de las finanzas, que el dinero es una herramienta que puede utilizarse para las necesidades humanas. Pero los dos lados son meras alternancias burguesas. Ambas fracciones (que por otro lado están interconectadas) no son más que dos expresiones del capital, dos formas bajo las que el capital transita en su existencia.
Nosotros tenemos claro que el capital no es solo el banco o el dinero, Rockefeller o Bill Gates, de la misma forma que no es solo la fábrica, la empresa o la mercancía, el gran patrón o el pequeño. Creer que alguna de sus expresiones, por más centrales que sean en coyunturas determinadas o por más poder y presión que puedan ejercer a las otras, son la personificación exclusiva del capital, nos saca del terreno revolucionario al considerar que el capitalismo se suprimiría eliminando simplemente a los patrones, o a las “grandes familias” o inclusive a toda la actual élite financiera mundial. Por supuesto que hay que enfrentarse a todos ellos, pero su poder social viene del capital, que es una relación social, más aún, un sujeto que domina y subsume toda la actividad humana y se materializa y personifica de múltiples formas y niveles. Por eso, el comunismo es un movimiento de transformación social, de supresión y superación de las condiciones existentes.
Perspectiva y necesidad de estructuración internacional
En la situación actual que sufrimos y que el capital nos ha preparado, y la que se viene, uno de los grandes límites que tenemos es la debilidad para estructurarnos y centralizar internacionalmente el combate, organizando y extendiendo el asociacionismo proletario, y sobre todo organizando el poder de la revolución que tiene que oponerse y quebrar el poder del capital. Ese aspecto central de la lucha proletaria, supone ya, ahora más que nunca, nuestra máxima necesidad y su afirmación contiene la cristalización de nuestra potencia revolucionaria.
El capital se está organizando, estructurando, no solo para conseguir el máximo beneficio extrayéndonos hasta la última gota de aliento de nuestras vidas, sino también preparando los mecanismos, legales, policiales, sociales, etc., para reprimir nuestra furia y nuestras luchas. La dictadura democrática del capital se presenta hoy con una transparencia extraordinaria que evidencia, una vez más, la crítica que los revolucionarios siempre hemos realizado y profundizado.10
La única alternativa al presente y al futuro que nos ofrece la burguesía es la respuesta internacional y revolucionaria que el proletariado intenta materializar, pero la misma necesita afirmarse como fuerza organizada unitaria que se contraponga al poder burgués.
Pese a las diferencias existentes en nuestra comunidad de lucha, pese a la heterogeneidad existente en diversos aspectos de la lucha, la base de nuestro accionar es la lucha contra las condiciones que impone el capital, contra el estado de alarma, contra las necesidades de su economía, de sus bancos, de sus empresas… Es en ese terreno donde las diversas heterogeneidades pueden y necesitan tratarse, discutirse, confrontarse. Y es ahí, en el enfrentamiento al orden existente, donde el proletariado traza su unidad, donde la comunidad de lucha tiene el ecosistema desde el que se desarrolla y potencia. Hay muchas formas de expresar las posiciones de clase, y también formas diferentes de percibir los momentos históricos y nuestro papel en ellos, pero como siempre, lo fundamental y de lo que partimos para la organización es lo que hacemos, es la práctica que llevamos adelante. Partimos de la lucha contra las condiciones a las que nos someten, contra las medidas del Estado represor y chupóptero, partimos de la negación, del enfrentamiento directo al capital.
Hoy, podemos ver un nítido ejemplo de todo esto en la lucha que el proletariado está cristalizando contra el estado de alarma mundial y las diferencias en torno a la importancia que se le da al virus entre las distintas expresiones que luchan. Vemos expresiones en lucha de nuestra clase que ponen de relieve los datos que nos da el Estado y denuncian que es un aspecto central de la catástrofe capitalista y del empeoramiento de nuestras condiciones materiales —dando también mucha relevancia al origen del virus—, pero que no los lleva a negar al verdadero objeto que determina el estado de alarma.11 Vemos a otras expresiones que denuncian que todo eso es una exageración del Estado12 para imponer una nueva vuelta de tuerca del capital, que el eje debe estar puesto en las medidas que se amparan tras la declaración de la pandemia y no en la pandemia en sí. Pero más allá de las diferencias, lo importante es que las posiciones se plantean desde la lucha, desde las necesidades, desde la contraposición al capital, desde el enfrentamiento al estado de alarma, al confinamiento y a todas las medidas desplegadas por el capital. Porque es necesario asumir que el estado de alarma (confinamiento y demás medidas) es un estado de guerra contra el proletariado. Independientemente de esas diferencias, esas expresiones comprenden, en forma más o menos clara, que todo lo que han montado los Estados es para las necesidades de valorización y hay que contraponerse a ello.
Por eso, nos encontramos juntos luchando en la calle, conspirando, rompiendo el confinamiento, desobedeciendo, discutiendo, poniendo en cuestión las necesidades de la economía y tratando de imponer las humanas. Es en ese terreno donde siempre el proletariado se organizó y desarrolló su lucha, pero también las necesarias polémicas y discusiones. Tal y como hoy tratamos de hacer pese a las numerosas dificultades existentes. Es en ese terreno donde el proletariado vuelve a sentar las bases para afirmarse como clase revolucionaria a nivel internacional. Seamos consecuentes con ello e impulsemos a todos los niveles la estructuración internacional del proletariado para abolir este viejo mundo.
¡LUCHAS POR DOQUIER… QUE ESA SEA LA NUEVA NORMALIDAD!
CONTRA EL ESTADO DE ALARMA, CONTRA EL CONFINAMIENTO, CONTRA LA NUEVA NORMALIDAD, CONTRA EL CAPITAL Y EL ESTADO.
¡IMPONGAMOS NUESTRAS NECESIDADES HUMANAS!
Proletarios Internacionalistas. 28 de junio de 2020.
1 Ver “Contra la pandemia del capital, ¡revolución social!” en nuestro sitio.
2 Bajo el rótulo de estado de alarma, de emergencia, etc. nos referimos, claro está, a todas las medidas desplegadas por el Estado: confinamiento, despidos, ajustes, desahucios, terror médico y científico, mascarillas, vacunas, multas, detenciones, disparos, desapariciones, encarcelamientos, inyecciones de capital…
3 Queremos precisar que el término “pandemia” es ya toda una trampa. Es parte del lenguaje científico y tiene su fundamento en tomar un aspecto biológico, como la existencia de un virus, como el factor esencial de una enfermedad. La ciencia, desde su lógica de la separación, ve el virus como una amenaza sobre el ser humano, los animales y su entorno. Su comprensión del mundo, que parte de la racionalidad capitalista, no puede percibir el ecosistema como un todo orgánico, sino como seres aislados que actúan por su cuenta. Pero un virus estudiado en un laboratorio no tiene nada que ver con ese mismo virus en tal o cual ciudad. Un virus desarrollándose y conviviendo como parte equilibrada de una sociedad no tiene nada que ver con lo que haría ese virus en otro lugar, en otra sociedad… Bajo la lupa científica se difuminan elementos mucho más decisivos que el virus, como la forma en la que viven y se relacionan los seres humanos. Teniendo eso en cuenta, en nuestros materiales utilizamos indistintamente el término pandemia con o sin entrecomillado, con o sin matiz. No se trata de entrar en el terreno científico para discutir el uso correcto de esa terminología, cuestionar los criterios científicos que se usan para definir algo como pandemia, sino comprender que el término mismo es una interpretación burguesa de la realidad. En la historia, se ha utilizado esa terminología para dar responsabilidad exclusiva a un virus de tal o cual mal que aquejó a la humanidad ocultando los verdaderos factores decisivos.
4 El Estado libanés ha oficializado apenas una treintena de muertes asociadas a la COVID–19, dato que además deja en claro lo insostenible que es justificar en algunos lugares todas las medidas terroristas de alarma bajo la excusa de la pandemia.
5 Recordemos que Líbano ya había sido uno de los lugares donde la revuelta proletaria de otoño 2019 actuó con más fuerza. La revuelta se contrapuso tanto a Hezbolá, que salió a reprimir, como a la canalización bélica y religiosa que el proletariado de la zona sufre desde hace décadas.
6 Hay Estados como Filipinas que apenas guardan las apariencias. En ese Estado se acaba de aprobar una ley antiterrorista donde toda persona con una simple sospecha por parte de una autoridad policial o militar de estar involucrada en actividades terroristas puede permanecer detenida durante dos meses sin una orden de arresto, y puede ser vigilada otros dos meses a nivel digital y telefónico, lo que significa que cualquier dispositivo conectado a internet, un teléfono, una computadora… son inspeccionados. La formulación legal es de tal magnitud que todo lo que hagan los sospechosos puede considerarse un “acto terrorista” y estará sujeto a las formas y los medios extrajudiciales del Estado.
7 Como si alguna vez hubiéramos abandonado la normalidad capitalista por la irrupción del estado de alarma, cuando en realidad no hemos vivido más que una nueva vuelta de tuerca de la dictadura de la economía contra nuestras vidas. Por su parte, la “nueva normalidad” representa el desarrollo consecuente del estado de alarma que lejos de mejorar las condiciones materiales de vida son el resultado directo de todo lo que está implicando la guerra al coronavirus. Es decir, aún peores condiciones materiales de supervivencia para los proletarios de todo el mundo. Todo se presenta como el lógico desarrollo capitalista de la “vieja normalidad” que la ideología del mal menor añora, presentando como realidades a elegir lo que no son más que momentos de una misma existencia miserable.
8 El ocultamiento de nuestra lucha por parte de los medios no solo consiste en tratar de no mencionar tal o cual revuelta, también consiste, particularmente cuando esa revuelta o protesta no puede ser ignorada por su repercusión, en distorsionarla, fragmentarla, tapar su raíz común.
9 La esclavitud y el tráfico de esclavos tiene por objeto la ganancia, pero el racismo es un elemento inherente para materializarlos. La destrucción del planeta tampoco es un objetivo en sí, pero la maximización de la ganancia solo puede realizarse por ese medio. El sexismo tampoco es una meta per se, sino la forma como el capital consigue reproducirse de manera eficaz. Que todas esas realidades se desarrollen como aspectos de la vida del capital conlleva evidentemente que las mismas se materialicen, expandan y expresen en todas las relaciones humanas de muy diversas maneras. Lo crucial es que la crítica no se quede solo en algunas de esas materializaciones, sino que llegue a la fuente, a la raíz, que sea radical.
10 La democracia no es una forma política, es la forma de vida propia del mundo mercantil generalizado y su esencia es la dictadura del capital, independientemente de que a nivel político se cristalice como gobierno militar, república, monarquía, etc. Recomendamos la lectura del libro de Miriam Qarmat “Contra la democracia”.
11 Es decir, que son parte de la verdadera comunidad de lucha que pelea contra el capital, contra el Estado, contra sus medidas. Queremos aclarar este punto pues nos contraponemos y denunciamos a todos aquellos seudorrevolucionarios que no solo reproducen en su ser el pánico que siembra el Estado, sino que colaboran con él o realizan un apoyo crítico, extendiendo el terror del Estado y favoreciendo la represión. Reivindicándose del comunismo o de la anarquía, esos seudorrevolucionarios siguen al pie de la letra los dictados de Estado, defienden el confinamiento y las otras medidas de control, mirando como sospechosos a los proletarios que se niegan a someterse, a los que se reúnen para luchar, a los que desobedecen al Estado.
12 Lo cual evidencia nuestra imposibilidad de corroborar o refutar estas cuestiones, y muestra cómo nuestras vidas se nos escapan de las manos.


¡ VIVA LA REVUELTA !




Tras otra noche de revuelta en las calles de Estados Unidos por el asesinato de
George Floyd, el presidente Trump desde un bunker en la Casa Blanca anuncia que
designará a “Antifa” como organización terrorista. Este señalamiento busca a en-
cuadrar a un movimiento (sin mayúsculas) espontáneo y multiforme en una Orga-
nización, asignándole no solo una ideología sino también un funcionamiento je-
rárquico y acorde a las lógicas estatales.
Una vez más, el terrorismo es utilizado como coartada para la criminalización de
amplios sectores en lucha, que a su vez exceden completamente al “antifascismo”.
Pero además de denunciar y luchar contra la avanzada represiva que esto significa,
es necesario rechazar la polarización que se busca instalar en el seno de la lucha.
La falsa elección entre la economía y la vida impuesta a partir del Covid-19 hizo
resurgir la clásica polarización burguesa entre liberalismo económico e interven-
cionismo estatal. Esta última, a su vez, se ha codificado de diferentes formas según
la región. Generalmente como progresismo y derecha, e incluso llegando a hablar
de fascismo, como en Brasil y Estados Unidos. No vemos ninguna casualidad en
que se apele al antifascismo como canalización de una revuelta que no pueden
controlar.
Si bien el antifascismo callejero (el Antifa), de tipo pandillero que enfrenta a las
bandas neonazis, común en Estados Unidos y Europa no es el antifascismo estatis-
ta y militar (de “los buenos”) de los 30 del siglo pasado, sí es su heredero. Los vic-
toriosos defensores del antifascismo oficial asesinaron trabajadores y violaron ma-
sivamente mujeres durante la Segunda Guerra Mundial. Y directamente formaron
parte de los gobiernos vencedores que, en nombre de la lucha contra el fascismo,
sometieron a tantos y tantos países a un régimen capitalista democrático donde ya
no se debería protestar porque supuestamente somos libres y estaríamos peor si
hubieran ganado los otros.
Fascismo y democracia han sido siempre sistemas políticos complementarios al
servicio de los intereses de los ricos. Cuando la democracia no puede contener las
luchas de los explotados y oprimidos, o simplemente para mantenernos a raya, el
Capital recurre a formas más brutales. Hoy, esos métodos que se suponen son pri-
vativos de los fascistas forman parte de cualquier gobierno que se declara libre y
antifascista, que por su parte son abiertamente totalitarios: asesinatos como el de
George Floyd o los millones de muertos a manos de la policía de todos los países,
el trabajo esclavo como complemento necesario del mercado laboral, y el discipli-
namiento en escuelas, cárceles y manicomios. Así y todo, ningún presidente se dice
fascista ¡sino todo lo contrario!
Ahora que la democracia ha devenido en control totalitario de la vida social, el fas-
cismo como sistema de dominación ha perdido su sentido. Claro que sigue habien-
do nazis y fascistas pero no son los que mueven los hilos, son un problema de la
calle y deben ser combatidos en ella día a día. Pero el antifascismo como opción
política es una farsa. Hoy como ayer solo sirve para hermanar a oprimidos y opre-
sores, explotadores y explotados, gobernantes y gobernados. En nombre del anti-
fascismo se nos llama a unirnos a los genocidas de hoy: los gobernantes progresis-
tas o de izquierda de cualquier país, que también tienen las manos manchadas con
sangre. O con los herederos del estalinismo y el maoísmo genocida.
El problema no es la derecha o la izquierda. Es el capitalismo, es la democracia. No
hace falta unirse al frente antifascista para combatir a los fascistas. Lo que nos une
es la acción común en todas partes contra lo que nos explota y nos oprime, contra
la raíz del problema: la propiedad privada, el dinero y el Estado.
En las calles de Estados Unidos se mezclan proletarios negros, junto con blancos y
latinos. Han desafiado la opresiva cotidianidad en menos de una semana. Querer
arrogar esto a un solo movimiento como hace Trump y su séquito, o querer como
su oposición sacar una tajada por estas declaraciones, expresa lo común que tienen
de mentalidad política estas dos fracciones que están enfrentadas, pero solo en có-
mo gestionar este mundo mercantil.
¡Que ni Trump ni los verdugos de ninguna parte del mundo nos marquen los obje-
tivos y desarrollos de nuestras luchas!

¡Terrorista es el Estado!
1 de junio de 2020




CONTRA LAS PANDEMIAS DEL CAPITAL


Proletarios Internacionalistas



El capitalismo está instalando el terror y la represión en todo el mundo en una operación sin parangón en la historia de la humanidad. Confiamiento de regiones ciudades y países enteros, confiamiento masivo de seres humanos que son obligados a permanecer encarcelados en sus propias viviendas, suspensión de los miserables derechos ciudadanos, vigilancia, seguimiento y procesamiento de los movimientos de la población a través de todo tipo de tecnologías (smartphones, big data, inteligencia artifiial…), despidos masivos, aplicación de Estados de emergencia, de alarma, de sitio, etc.
Por todo el globo vemos extenderse una militarización de las calles para controlar y reprimir todo movimiento no autorizado ...

 








Proletarixs Internacionalistas desde Oriente Medio: De Bagdad a Beirut, la lucha continua...]


Texto en castellano: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2020/01/desde-bagdad-hasta-beirut-debemos.html


[english]

The Iraqi government is made up of all bourgeois factions in Iraq, and it is accepted by regional forces and the world bourgeoisie, but the proletariat tried to bring it down…
The “Green Zone” in Baghdad is the centre of the world capitalism; the proletariat tried to occupy it and lost a lot of lives for it…
The port of Basra is a global corridor for oil exports and international trade and proletariat blocked it, and tried to control it.
The Iraqi police, security forces, special forces and military forces are forces of global capitalism (with the participation of Shia, Sunni, Christian, Kurdish, and Turkmen bourgeoisie, with a large numbers of regional and international forces, including troops of America and Europe, Turkey, Iran, etc.), but the proletariat attacked them, their centres and detachments in the streets, and as many as 650 proletarians have been killed by them and more than 20 thousand wounded (this is not
to mention the number of abducted and imprisoned…).
The proletariat in all rebellious areas of Iraq burned down the headquarters of the political parties (religious and national without exception), they burned down the houses of members of parliament and State officials and they also attacked security and police stations, media, judicial institutions and the Ministry of Justice, newspapers and television stations… By doing this, the proletariat attacked the whole State.

According to the prime minister Adel Abd al-Mahdi, this movement destroyed the national economy (capitalism) in all its aspects.
The proletariat in its struggle attacked without exception everything, any symbol, any person, any base attached to the history of the authority and repression including military, diplomatic institutions,
trade centres and secret services, internal as well as external. All the attacks on the repressive forces of Pasdaran in the city of Karbala are not really anti-Iranian as the media said, but it is a part of the class action against the repressive forces and centres in all their forms just like the attack on the Green Zone and the other places.

Isn’t it clear from proletarian united action and its slogans: “Down with all the thieves”, “From Baghdad to Beirut, we shall continue. No Sunni no Shia…”, “No country, no work, we all stay in the street!”, “No country, no work until the downfall of the system” – that the proletariat targets
counterrevolution in its totality, just like it did in Basra in September 2018!?

The bourgeoisie has always tried to distort the class path of our revolutionary movement. They have resorted to various methods to empty the revolutionary content of our struggle; they create stories of
conspiracy and call it names. All of this in order to cover up its bloody crackdown and the destruction of our revolutionary movement in bourgeois conflicts. The proletariat has risen up on a social level
against all the exploiters and it intends to terminate the whole of their power.
The proletariat understands very much that external and internal capitalists (Shiites, Sunnis, Kurds, Christians, Jews…), the wealthiest from all over the world are part of the State and they are all united in exploiting the humanity, therefore, proletarian struggle is without a doubt a united struggle against all of them…

The militant proletariat does not allow anyone to represent it; it has no demands and it does not negotiate. It is not attached to any political programme… Isn’t this rebellion a deep class struggle against the capitalist system in its entirety? The only programme of the proletariat is its determination to continue and direct the unified struggle against the dictatorship of Capital and State.
“We are against all of you, and we take everything.” That’s the autonomy of the class and the strength of the struggle of our movement… And therefore, it is not easy for the State to extinguish or to root out this movement.

The proletariat is not in a waiting situation or in a depressed mood… Since the beginning of the movement and until now, even with massive repression and murdering of the State, this movement continues and it is expanding the scope of its struggles and tactics day after day. For example, in Baghdad, the movement formed combat units and spread all around the city to interrupt the traffic, and take control of the bridges and important points. It set up its collective coordinating
activities to extend and expand its struggle to plan the next day and the next target, it published leaflets about its struggle, and it treated injured comrades… all of this is the coordination, organization and expansion of their struggle capacity.

The proletarian struggles in the past always took energy from each other. That is how the struggle continues and exercises its class interests and internationalism as well. By breaking the geographical
borders, ideological, economical and democratic frameworks and the national State… this movement targets the Capital and global capitalism. And today the exactly same struggle exists in reality.
The proletariat nowadays (from Haiti, France, Hong Kong, Egypt, Latin America, Lebanon to Iraq and Iran) is in the same struggle, we are fighting the same enemy, we have the same interests and the same hope: the overthrow of capitalism and the realization of community of human life without wage labour, exploitation, profit, Capital, work, pollution, injustice, wars and destruction.
This proletarian struggle is not an “anarchist” struggle, it is neither a “socialist” struggle, nor a struggle for the sake of democratic power, or the national State – it’s a revolutionary, class and international struggle against the capitalist dictatorship over life (over the Earth)…
It is a struggle to liberate life from all forms of human slavery…

If today young militants have come out on the street and they take a lead in the struggle and heavily participate in it, it is something natural!
Because this generation, while running daily from the catastrophe of capital, is dreaming of life. They are those who have no stability in life… what they have today may not last until tomorrow. What they feel was close to them today; tomorrow seems to be very far. The greed of capitalism, its wars, and its successive disasters left them in a constant struggle. This situation intensifies more and more at the
global level and becomes a hell that pushes the proletariat into the struggle… Their struggle is a struggle of life against this capitalist hell. The proletarians in the struggle understand capitalism and its catastrophe and they feel alive and they are happy in their struggle for life.

The proletarian struggle is the struggle of the exploited class against the world capitalism. It is a struggle for life, against the exploitative and deadly relations of the global Capital.
The proletariat continues to struggle: from France to Lebanon, from Iraq to Chile, from Hong Kong to Iran… and calls upon all other neighbouring areas where it is possible to unite and to co-ordinate class action in this struggle against capitalism.
From our region the participation of the proletariat in Turkey, Israel and Iran… blocks the possibilities of the capitalist war and pushes our international class war towards a better perspective.
Down with exploitation and oppression… Down with war… Down with capitalism…
For the continuation of the class war all over the World
From the comrades of international struggle

Internationalist Proletarians
Middle East
November 2019

International and Class Communication: internationalist@riseup.net
 






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