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Sudáfrica:

Masacre capitalista en una mina de oro abandonada.: 87 asesinados y 248 muertos de hambre.

 

El capitalismo sudafricano ha alcanzado otra etapa en su brutalidad: una mina de oro abandonada cerca de Stilfontein ha sido testigo de la barbarie capitalista. El gobierno del Congreso Nacional Africano (CNA), a través del cual el régimen capitalista ha pasado a manos de las élites políticas negras desde 1994, como órgano leal del capitalismo sudafricano, orquestó y dirigió la inanición y muerte de los desesperados seres humanos encontrados en la mina abandonada: 87 asesinados, 248 demacrados casi hasta la muerte.

 ¿Su crimen? La lucha por la supervivencia en una realidad social en la que la pobreza y el paro (en torno al 30%, alrededor del 60% para los jóvenes) son una realidad cotidiana. Esta masacre de Stilfontein demuestra verazmente la continuidad de la opresión y la barbarie desde el apartheid (política sudafricana de segregación racial aplicada hasta los años 90) hasta el capitalismo dirigido por la burguesía negra.

Esta masacre no es más que el último episodio de la historia de opresión y violencia sistemáticas contra los trabajadores y las masas empobrecidas de Sudáfrica. Durante la época del apartheid, la mano de obra de los trabajadores de color fue explotada sin piedad para alimentar la industria minera y llenar los bolsillos de beneficios de la burguesía blanca, que consolidó su dominación mediante políticas de segregación racial y violencia. El fin del apartheid no trajo prosperidad y liberación a las masas no blancas no privilegiadas, sino una nueva reconfiguración de las estructuras de explotación construidas sobre los mismos cimientos. Tras el fin del apartheid, bajo el CNA, la industria minera sufrió un duro golpe: se cerraron unas 6.000 minas, Sudáfrica cayó del primer puesto en producción de oro al undécimo, y la minería siguió decayendo...; las comunidades locales se vieron abocadas a la minería ilegal y peligrosa para su supervivencia.

Estos mineros ilegales, los llamados zama zamas, acertadamente bautizados como «tomadores de riesgos», son producto del declive del sector minero; arriesgan sus vidas, muchos de ellos emigrantes de países vecinos, con medios improvisados, en pozos abandonados para extraer el oro que, con otras materias primas en las que Sudáfrica es rica, impulsó en su día la maquinaria económica sudafricana. El impulso que impulsa a estos zama zamas es la pura desesperación por su supervivencia, no la codicia y la opulencia asociadas al oro: una desesperación nacida de la realidad de una sociedad capitalista en la que sus condiciones de vida, y las de sus familias, están desatendidas y abandonadas a la más absoluta ruina.

En 2023, el gobierno del CNA lanzó la operación Vala Umgodi («Cerrar el agujero»), una campaña militarizada para acabar con la minería ilegal. La mina de Stilfontein se convirtió en el escenario de esta campaña a partir de agosto de 2024. Las fuerzas de seguridad bloquearon la mina y, como parte de un elaborado plan, intentaron que se quedaran sin comida ni agua. Los mineros atrapados bajo tierra han luchado durante meses para vivir en condiciones inimaginablemente horribles ante la muerte.

La afirmación de la policía de que los mineros se negaron a salir a la superficie por miedo a ser detenidos está cruelmente tergiversada. Los testimonios de los supervivientes revelan un aspecto diferente de la historia: muchos estaban demasiado débiles para salir por medios improvisados, mientras que a otros se lo impidieron activamente miembros de los grupos delictivos organizados que controlaban la explotación de estas minas.

Cuando el gobierno se vio obligado a actuar por orden judicial -tras largas batallas judiciales, se le permitió entregar pequeñas cantidades de alimentos y agua en noviembre y diciembre-, su respuesta fue insensible y frívola. Las operaciones de rescate podrían haber comenzado meses antes; la operación final, iniciada el 13 de enero de 2025, duró sólo tres días. Para entonces, 87 personas ya habían perdido la vida: una masacre causada no por las balas, sino por el hambre organizada y la insensibilidad.

La narrativa del CNA retrata a los zama zamas como delincuentes que están robando a la economía nacional: se dice que sólo en 2024 la minería ilegal costó a la economía sudafricana 3.200 millones de dólares (3.000 millones de euros). Pero la realidad, como siempre, es mucho más compleja. En efecto, la minería ilegal está organizada, pero esta organización es un marco mucho más amplio en el que se explota a los propios mineros. Los sindicatos criminales operan con arreglo a funciones claramente definidas: explotan a los trabajadores e introducen el oro en los mercados mundiales a través de canales ilegales. Estos grupos no son bandas «aisladas», sino redes muy organizadas con raíces en las comunidades locales y, lo que es más importante, están vinculadas a la policía, las autoridades (locales).

Los mismos policías que bloquearon la mina de Stilfontein están acusados de conspiración criminal y de aceptar sobornos para permitir que los grupos delictivos operen sin trabas. Las autoridades locales también suelen hacer la vista gorda. Esta «organización» refleja el propio capitalismo: jerárquica, explotadora y cruel. Los mineros, en la base de esta pirámide, soportan todo el peso de su violencia.

El horror de Stilfontein se hace eco de la masacre de 2012 en Marikana (1), donde 36 mineros en huelga (¡no ilegales!) fueron abatidos a tiros por la policía. Los métodos asesinos pueden diferir, pero la dinámica básica sigue siendo la misma: el papel del Estado como órgano colectivo de los intereses capitalistas. En ambos casos, los trabajadores que luchaban por sobrevivir se encontraron con una represión brutal.

El Estado dirigido por el ANC ha añadido una nueva dimensión al suceso: la retórica xenófoba. Ha elegido a los inmigrantes de los países vecinos como chivos expiatorios y, al denigrarlos, pretende dividir a las masas trabajadoras y pobres y ocultar la explotación y la opresión comunes a las que todos se enfrentan. Esta estrategia divisoria sólo sirve a un propósito: reforzar el poder del Estado, del capital, y debilitar la posibilidad de una explosión social de las masas.

El CNA, antaño símbolo de la lucha contra el apartheid, se encuentra ahora en el gobierno de una sociedad profundamente desigual. Los dirigentes del CNA, muchos de los cuales se han enriquecido gracias a la industria minera, son parásitos sobre los hombros de la clase trabajadora. Personas como Cyril Ramaphosa, antaño dirigente sindical del Sindicato Nacional de Mineros (NUM) y del Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU) y ahora magnate de la minería, son el epítome de esto. Su riqueza se ha hecho con el sudor y la sangre de los trabajadores a los que criminalizan en esta era posterior al apartheid.

El Ministro de Recursos Minerales, Gwede Mantashe, también antiguo dirigente sindical y ex alto cargo del Partido Comunista Sudafricano (SACP), comentó insensiblemente la tragedia de Stilfontein cuando comparó a los mineros con personas que se arriesgan voluntariamente tumbándose en las vías. Tales declaraciones demuestran el verdadero papel del gobierno: no servir al pueblo, sino al capital.

Como ya se ha dicho, las masacres de Stilfontein o Marikana no son incidentes aislados, sino manifestaciones externas de la violencia sistémica inherente al capitalismo. El destino de los mineros apunta a las condiciones más amplias de la clase obrera sudafricana: desempleo galopante, pobreza generalizada, una economía informal explotadora y la realidad insuperable de la situación de desigualdad de las masas de color heredada del colonialismo blanco y del apartheid.

El CNA nunca ha proyectado una superación del régimen capitalista: ya en 1964, el propio Nelson Mandela demostró que se trataba de una reconfiguración de la superestructura: «En ningún momento de su historia el CNA ha propugnado un cambio revolucionario de la estructura económica del país, ni [...] ha condenado jamás la sociedad capitalista». Las masas trabajadoras y pobres nunca pudieron esperar que el CNA resolviera su situación social y de vida; el programa Black Economic Empowerment tenía efectivamente un único objetivo: el establecimiento de una élite burguesa negra.

En este ciclo de violencia, la clase obrera no puede confiar en el CNA, ni en el PCS, ni en los sindicatos colaboracionistas de clase NUM/COSATU; esta trinidad perpetúa su opresión. La única forma de avanzar es organizarse fuera del marco de la colaboración de clases, independientemente del Estado, de sus instituciones y de los falsos amigos de las masas trabajadoras y pobres que siguen ofreciéndoles la ilusión de prosperidad bajo el capital negro; por la propia razón de ser de los trabajadores migrantes a través de las fronteras, la solidaridad internacional es necesaria, pero la lucha en Sudáfrica refleja la explotación a la que se enfrentan los trabajadores en todo el mundo.

Estas y otras masacres son sombríos recordatorios de la inhumanidad del capitalismo. Pero también son llamadas a las armas. Los trabajadores de Sudáfrica -y de todo el mundo- deben unirse para erradicar las estructuras del régimen capitalista que perpetúan su sufrimiento; a ellos deben unirse las masas empobrecidas porque sólo el proletariado moderno, la clase de los trabajadores asalariados, está llamado y es capaz de la lucha revolucionaria para poner fin a los ciclos de explotación y construir una sociedad en la que la vida humana sea más valiosa que el beneficio.

 

¡Que el derramamiento de sangre en Stilfontein alimente la explosión de la lucha de clases!

Proletarios de todos los países, ¡uníos!

 

 

(1)   Véase El Proletario nº 1, diciembre de 2012 en https://pcint.org/05_Elprol/001/001_masacre-south-africa.htm

 

27 de enero de 2025 -  https://pcint.org/

 

Nápoles, desde Scampia se alza una llamada a la lucha clasista contra un sistema económico y social que únicamente trae consigo destrucción y muerte.



En la noche del 22 al 23 de julio, en Scampia, un barrio al norte de Nápoles, se derrumbó un balcón en el tercer piso de la llamada Vela celeste, arrastrando a otros dos balcones del segundo y el primer piso, afectando a algunas personas que entraban en su casa. El ruido llevó a los vecinos a acudir al lugar. Excavaron entre los escombros para recoger a la mayor cantidad de heridos posible, niños en su mayoría, y llevándolos al puesto de socorro más cercando, haciendo el trabajo de las ambulancias que tardaron en llegar 20 minutos. Los bomberos llegaron media hora después del derrumbe. El balance, por el momento, es de tres muertos y doce heridos.

La situación ruinosa de los edificios, sobre todo las Velas, invadidos por basura y ratones, ha sido denunciada en varias ocasiones, desde 2016, en la prensa, pero las infiltraciones de agua, tanto de los puntales del acueducto como de la lluvia, han comenzado a corroer el hierro y el cemento de los balcones y de las escaleras de manera irreversible desde hace años. Por lo tanto, este desastre era sólo cuestión de tiempo.

Del gobierno y de las instituciones locales sólo han llegado falsas solidaridad y condolencias. Banderas a media asta en los ayuntamientos de Nápoles para decretar el luto de las ciudades en el momento de los funerales de las víctimas. Cínicamente, cierta prensa alude a un presunto aumento de peso concentrándose en los balcones mientras tenía lugar una pelea entre dos familias rivales, contribuyendo a que el balcón cediese.

No hay ninguna relación entre los trabajos ya realizados en la Vela y el derrumbe. Lo ha precisado el concejal Gaetano Manfredi, en una conferencia que tuvo lugar en el Palacio San Giacomo para hacer balance de la situación. Los trabajos habían comenzado al empezar este año en el piso bajo con la eliminación de residuos y partes deterioradas -explicó- así que no hay ninguna relación con los trabajos que se están haciendo, pero obviamente hay una investigación en curso y las autoridades nombrarán a los peritos para averiguar la dinámica exacta del derrumbe”

La opinión de algunos vecinos es diferente, ya que consideran que las vibraciones provocadas por las obras en curso suponen una carga adicional para la estructura.

La rabia de los habitantes de la Vela no se hizo esperar. Habían denunciado durante años el estado de abandono en el cual se encuentran y saben perfectamente que las responsables son las instituciones que ya no son capaces de engañarlos. La mañana posterior los mismos habitantes ocuparon la universidad Federico II – Complejo Scampia. Exigen que se asegure el edificio y su inmediata reestructuración, esperada ya desde hace años.

Scampia es un barrio gueto habitado básicamente por proletarios y sub proletarios. Abandonados, como los edificios, se las apañan de cualquier manera para ganarse la vida. El arte de ganarse la vida es histórico en Nápoles. Un estrato minoritario se ve llevado a realizar actividades ilegales para poder sobrevivir, como sucede, por otro lado, en todas las metrópolis capitalistas. Si, por un lado, este barrio es criminalizado por la prensa del régimen y a través de las películas, por otro lado, es objeto de una cierta política cosmética que da esperanzas e ilusiona a los proletarios cubriendo y mistificando la responsabilidad de las instituciones locales y nacionales.

Ha habido solidaridad por parte de muchos ciudadanos, pero sobre todo por parte de los “desocupados 7 de noviembre” que, junto a los “desocupados de los astilleros de Scampia” han ido al lugar a repartir bienes de primera necesidad después de haberlos recogido entre los mismos desocupados.

No habrá, como siempre, responsables a los que condenar. La pugna se prolongará entre el poder judicial y los medios de comunicación de masas que intentarán confundir a los proletarios con montañas de palabrería. Los proletarios, por desgracia, seguirán siendo víctimas predestinadas y carne de matadero como los numerosos hermanos de clase que murieron en el trabajo.

El principal responsable es el capitalismo y su sistema de beneficio que no tiene en cuenta las exigencias reales de los seres humanos, mucho menos de los proletarios, explotados, miserables y destinados a la masacre desde su nacimiento. Pero los proletarios poseen una fuerza que desconocen y que todas las fuerzas de conservación social y del oportunismo mistifican desviándola sobre el terreno de la democracia y de la búsqueda de puntos en común con la clase de los explotadores: es la fuerza del número, pero sólo si se organiza sobre el único terreno en el cual esta fuerza se puede manifestar en toda su amplitud y potencia: el terreno de la lucha de clase sobre el cual no se admite “comunidad de intereses” o puntos de vista compartidos. El terreno de la lucha de clase ve al proletariado organizado más allá de las divisiones que hay entre ocupados y desocupados, entre categorías y sectores, entre autóctonos e inmigrantes, entre hombres y mujeres, entre jóvenes y viejos; organizado con el objetivo de defender exclusivamente sus propios intereses luchado contra la explotación cotidiana bajo cualquier forma, legal o ilegal, privada o pública, nacional o internacional. Pero no se puede luchar sobre este terreno si no se organiza de manera completamente al margen de las instituciones, de los partidos y de las fuerzas sociales involucradas en la defensa del actual sistema económico y social; si no se organiza en torno a reivindicaciones que unan a los proletarios de cualquier condición social y usando medios y métodos de la lucha clasista que tienen el objetivo de romper una falsa paz social -falsa porque para los proletarios y su vida no hay nunca paz- y de unir a todos los proletarios en una lucha que, por su propia naturaleza de contraponerse de manera antagonista a los intereses inmediatos y futuros de la clase burguesa dominante, no podrá detenerse en objetivos inmediatos, aunque comenzará a desarrollarse a partir de éstos, sino que se fijará la perspectiva de acabar con el capitalismo, con su sociedad de explotación y muerte defendida, por los puros intereses de casta y privilegio, por todos aquellos que forman las instituciones y que hablan de verdad y justicia, que son los primeros en falsear, desconocer y tergiversar.

 

La verdadera solidaridad con los proletarios de Scampia, y con los proletarios en todas las situaciones en las que el paro, la degradación, la miseria y la marginación constituyen el entorno social al que han sido arrojados por el sistema capitalista y la política antiproletaria, se expresa en la lucha de clases, en la lucha por esta lucha tanto en el plano inmediato como en el plano político más amplio.

- Contra la marginación, la degradación y la matanza continua de los proletarios en sus hogares en ruinas, así como en sus lugares de trabajo.

- Contra las falsas promesas de «justicia social» y la culpabilización de la degradación y la miseria sobre los hombros de los proletarios obligados a vivir en la degradación y la miseria.

-Contra las ilusiones de poder mejorar su vida de proletarios pidiendo a las mismas instituciones, corresponsables de la degradación, la miseria y la explotación bestial de las masas proletarias, que intervengan a favor de la vida cotidiana de los proletarios.

El camino a tomar es el de la organización de la lucha de clases, de una lucha que ya no crea en las promesas de las instituciones, que ya no crea que las cosas para los proletarios mejorarán gracias al «crecimiento económico» (que sólo significa superexplotación para los proletarios empleados o «empleables») y a la atención que los gobiernos locales y centrales prestarán a los millones de problemas y desgracias que llenan la vida cotidiana de millones de proletarios. El camino a seguir es exactamente el contrario al que indican los gobiernos burgueses, los partidos falsamente obreros y de «izquierdas» y los sindicatos colaboracionistas que no tienen otro objetivo que defender y reforzar sus privilegios, sus posiciones sociales a costa de la vida de las masas proletarias.

Los muertos de hoy en Scampia y la miseria que caracteriza la vida de los proletarios de Scampia pasarán de las primeras páginas de los telediarios a las últimas y luego al olvido, siguiendo el camino de los miles de muertos en el trabajo, de los muertos por derrumbes de edificios, puentes y casas mal construidas en relación con los terremotos, y que a la burguesía sólo le interesan cuando no puede prescindir de ellos y en todo caso con el objetivo de «pasar página», de olvidar esas «desgracias» que nunca son desgracias porque son causadas precisamente por la gestión económica y social de los beneficios capitalistas.

- ¡Solidaridad con los proletarios de Scampia!

- ¡Su lucha es nuestra lucha!

- ¡Por la reanudación de la lucha de clase de los proletarios por encima de las divisiones entre empleados y desempleados, nativos e inmigrantes, trabajadores contratados y trabajadores en negro!

- ¡Por la organización de clase y la defensa exclusiva de los intereses de clase del proletariado, fuera y contra toda colaboración interclasista!

- ¡No a la paz social, sí a la lucha de clases!

- ¡Por la reconstitución nacional e internacional del partido comunista revolucionario, único verdadero dirigente de la lucha de clases proletaria anticapitalista y antiburguesa! 



 25 julio 2024 

Partido Comunista Internacional (El proletario)   -    https://www.pcint.org/01_Positions/01_04_es/240725_napoles-scampia.htm

 

 


 

¡Para los proletarios, en la sociedad del capital, el trabajo es una condena a muerte!

¡Sólo sobre el terreno de la defensa exclusiva de los intereses obreros inmediatos, de clase, se pueden enfrentar a la masacre continua en los puestos de trabajo!

 


El parte de guerra sobre las desgracias y las muertes en el trabajo en Italia, que las instituciones burguesas elaboran cada mes, cuenta siempre la misma historia: ¡se muere trabajando! ¿Y quién muere? En un 99% los obreros.

En 2023, según el Inail (Instituto Nacional para la Prevención de los Accidentes en el Trabajo), los muertos en el trabajo fueron 1.041; según la investigación, más minuciosa, que hace el Observatorio de Bolonia del antiguo obrero Carlo Soricelli (https://cadutisullavoro.blogspot.com/) que cuenta también las muertes de obreros que trabajan en negro y de los inmigrantes a los que el gobierno llama “clandestinos” y que recoge noticias de los periódicos locales de toda Italia, los muertos serían 1.845: ¡más de cuatro al día!

Es la norma desde hace décadas: se oscila entre los 3 y 4 muertos en el trabajo. Y los sectores en los que más se muere son siempre los mismos: construcción y agricultura, donde más presente está el trabajo negro y donde más trabajadores inmigrantes hay.

¿Cuál ha sido y es la respuesta de los sindicatos, empezando por la CGIL? Hay que aumentar los controles de seguridad en el trabajo, disminuir la subcontratación. ¿Ha habido alguna vez una huelga general contra las muertes en el trabajo en la que hayan participado trabajadores de todos los sectores, y no sólo de los más afectados? Nunca. ¿Ha habido alguna vez promesas de gobiernos, patronales, partidos parlamentarios y sindicatos colaboracionistas de intervenir para que no se produzcan más muertes en el trabajo? Siempre. Ni que decir tiene que esas promesas nunca se han cumplido.

Ayer, 16 de febrero, a las 8. 45, en la obra de Florencia, en la zona de Rifredi/Novoli, donde se está construyendo un maxi supermercado Esselunga de varios pisos de altura, se produjo una tragedia: Mientras una bomba bombeaba hormigón de la hormigonera a los pisos más altos de la estructura mediante un largo brazo mecánico, una viga de hormigón de 20 metros de longitud del cuarto piso cedió y se derrumbó, tirando al suelo todo lo que había debajo, destruyendo los prefabricados que había debajo y cayendo sobre los obreros que trabajaban allí: hasta ahora, se han encontrado cuatro muertos, un desaparecido (para el que ya no hay esperanzas), dos heridos graves y uno leve.

La obra es propiedad de La Villata Spa (cuyo presidente es Angelino Alfano, ex ministro de Justicia en el cuarto gobierno de Berlusconi, ex ministro del Interior en los gobiernos Letta y Renzi, y ex ministro de Asuntos Exteriores en el gobierno Gentiloni), propiedad de la familia Caprotti, propietaria de Esselunga, que encargó la obra a Attività Edilizie Pavesi, la misma empresa constructora que en febrero de 2023, en San Benigno di Genova, fue responsable de un doble accidente, de nuevo en una obra de Esselunga, cuando se derrumbó la rampa de un aparcamiento, hiriendo a tres trabajadores, y unas semanas más tarde, durante una excavación, se dañó una tubería de gas y fue evidente la rápida intervención de los bomberos. Pasaron algunos meses y, en abril, de nuevo en San Benigno, un obrero fue atropellado por un gran portón y hospitalizado de urgencia por traumatismo craneoencefálico (la ASL había puesto la zona bajo secuestro, el juicio sigue en curso, ¡pero el supermercado se abrió de todos modos en mayo!)

Lo que se ha convertido en una constante, sobre todo en las grandes obras, es la adjudicación de trabajos de construcción a una serie interminable de contratas y subcontratas. Según las crónicas de la obra de Florencia, hay hasta 34 contratistas, y normalmente el mayor número de víctimas se encuentra entre los trabajadores de las empresas a partir del tercer nivel de subcontratación.

Este sistema se inventó -y, por supuesto, las leyes ad hoc lo sancionan- para contener los costes, empezando por la empresa comisionista -en este caso, Esselunga-, lo que significa que cada contratista y subcontratista (para ganar sus respectivas "licitaciones" frente a otras empresas) presenta una oferta a un precio más bajo: lo que, a su vez, significa menos seguridad en el trabajo, salarios más bajos, mano de obra ilegal, ahorro en los materiales utilizados para las piezas prefabricadas, equipos, etc., etc. ¿Cómo puede uno sorprenderse de que se produzcan "accidentes"? Las décadas de accidentes y muertes en el trabajo demuestran que, de hecho, siempre se espera que haya accidentes, del mismo modo que son siempre se espera que haya desgracias y muertes en el trabajo: como hay más proletarios en condiciones desesperadas y buscando trabajo que los que se necesitan actualmente... cuando muere un obrero siempre habrá otro que ocupe su lugar: los patronos nunca lo dicen, pero eso es exactamente lo que hacen.

¿Para qué sirven los trabajadores si no es para jugarse la vida por un mendrugo de pan, engordando las carteras de los patrones? La clase patronal siempre piensa en estos términos, aunque se llene la boca hablando de derechos y dignidad de los trabajadores.

La dignidad de los trabajadores nunca estará asegurada por la patronal, como nunca lo estará su vida. Para defender su vida y su supervivencia, los trabajadores deben ante todo luchar contra la competencia entre ellos, alimentada sistemáticamente por la burguesía. La vida de los trabajadores no se salva ni si se les paga más que a los demás ni si se les paga menos que a los demás; si se incendia un almacén, o si un tren acribilla a los trabajadores en las vías, o si estalla una planta química, o si un trabajador es atropellado de camino al trabajo o de camino a casa, no importa si es un encargado, un obrero o un inmigrante: la muerte en el trabajo no mira a nadie a la cara, como la muerte en la guerra.La explotación del trabajo asalariado está en la base de la inseguridad de la vida proletaria, en la base de la precariedad constante del trabajo y, por tanto, del salario: los capitalistas no sólo tienen en sus manos la posibilidad de dar o no trabajo a los obreros, tienen en sus manos sus vidas, trabajen o estén en paro, sean "italianos" o "inmigrantes".

La lucha de los trabajadores debe anteponer la defensa de sus vidas y no puede hacerlo siguiendo las palabras pronunciadas ante cada muerte en el trabajo por los sindicatos colaboracionistas, y mucho menos por los políticos vendidos para mantener un régimen político y económico que mata democráticamente a sus esclavos asalariados. La lucha obrera debe volver a centrarse no sólo en el aumento de los salarios y la reducción de la jornada laboral, sino también en la seguridad en el empleo. Y no será la huelga de dos horas al final de un turno la que asuste a la patronal; si entonces se limita a la empresa donde se produjeron las muertes o al sector al que pertenece esa empresa, sólo les hará reír. La solidaridad de la clase obrera sólo es tal si trasciende todos los límites y barreras que la burguesía ha levantado para controlar mejor a la mano de obra que explota. Mientras la patronal no tema la respuesta proletaria a sus confianzas, a su hacer y deshacer según sus negocios del momento, y mientras la patronal no pueda contar con el sabotaje de sindicalistas colaboracionistas y políticos vendidos a los capitalistas que pagan mejor, los proletarios seguirán sufriendo todas las peores consecuencias del régimen capitalista y burgués, en la paz como en la guerra.

El renacimiento del movimiento de clase del proletariado, el único que defenderá eficazmente los intereses proletarios en el presente y en el futuro, no pasa por leyes burguesas, por reformas de tal o cual ley, por lagunas de las que sólo se benefician los abogados, y no pasa por las llamadas batallas parlamentarias y electorales: pasa por la lucha de clases, la lucha en la que los proletarios luchan en defensa exclusiva de sus propios intereses de clase, contra cualquier reparto, cohesión, participación que vea en el mismo frente a proletarios y burgueses, sean grandes o pequeños. Los proletarios víctimas de accidentes y muertes en el trabajo no han sido desgraciados, ¡simplemente han sido sacrificados por la burguesía en el altar de sus beneficios!

 

            17 de febrero 2024

Partido comunista internazionale (El Proletario)

www.pcint.org

 



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