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BOLIVIA: EN LA ENCRUCIJADA DE LA INSURRECCIÓN Y LA CONTRARREVOLUCIÓN


GUERRA SOCIAL EN EL ALTIPLANO

Las protestas en Bolivia se han recrudecido en las últimas semanas. La normalidad y la paz social añorada eternamente por los capitalistas está rota. Decenas de bloqueos carreteros en rutas estratégicas que conectan La Paz con Cochabamba, Oruro y los pasos fronterizos hacia Chile y Perú, se multiplican sin cesar, pese a la atroz represión de policías, bandas militares y matones a sueldo, a los que el proletariado ha respondido con genuina violencia organizada de clase.

La sociedad de la mercancía, mediante sus chacales voceros y buitres periodistas, se apresura a despotricar su ideologías y odio racial contra los insurrectos. Primero acusando a los rebeldes, de ser todos en bloque partidarios de Evo Morales (manipulados por los resquicios de la ideología MASista) ocultando el hecho de que esta jornada de lucha callejera no es por un personaje obsoleto, sino la respuesta de la clase trabajadora a las condiciones miserables de subsistencia y a las políticas hambreadoras de los títeres de turno que buscan acelerar el saqueo de recursos (agua, litio, tierras, minerales) e imponer más medidas de austeridad.

Mientras tanto, organizaciones que giran en torno la Central Obrera Boliviana (COB), sectores mineros, campesinos y agrupaciones indígenas, endurecieron las protestas y comenzaron a enarbolar como demanda la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Los “dirigentes sociales” (mejor dicho burócratas apagafuegos) denunciaron una creciente “traición del Gobierno hacia las bases populares” y rechazaron las convocatorias oficiales al diálogo. Pero para nosotros, anarquistas-comunistas, toda esa queja es una patraña, no existe tal traición, pues es el natural accionar de la burguesía imponiendo su voluntad para asegurar la continuidad de la dominación del Capital.

Las organizaciones sindicales, lejos de ser un arma de lucha contra el capital, son una herramienta perfectamente integrada al sistema, que sirven de mediadoras y conciliadoras entre la clase dirigente y los explotados, para regular el precio de la fuerza laboral e impedir la clase trabajadora se constituya en fuerza revolucionaria. Otra de sus características nauseabundas, es que cumplen la función de encuadrar la fuerza masiva de la clase en intereses sectoriales, contribuyendo al divisionismo y la fragmentación de la lucha, fomentando la ilusión de que cada sector laboral, raza, etnia, posee intereses particulares desligados del resto.

Al Igual que recientemente ocurrió en Ecuador con la CONAIE (Confederación de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador), que solo sirvió para desgastar, enfrascar y liquidar las movilizaciones, las grandes organizaciones burocráticas “de vanguardia” encargadas de las negociaciones (¿acaso hay algo que negociar con nuestros enemigos de clase?) intentan llevar nuevamente a la clase trabajadora al desfiladero de las ilusiones democráticas burguesas, para que todo siga igual o peor que antes.

El gobierno del mequetrefe Rodrigo Paz se apresuró a negociar acuerdos para dividir el movimiento, con concesiones a algunos de los sectores movilizados. Negoció con las cooperativas, anulando una deuda de 95 millones de bolivianos con la Caja Nacional de Salud y manteniendo el subsidio al combustible. También negoció con el magisterio y con la COB de El Alto, y firmó un acuerdo con los dirigentes de los «ponchos rojos» de La Paz. Esos sectores se retiraron de a poco del conflicto. Fue evidente que algunas de las bases repudiaron a sus líderes por haber firmado.

Nos permitimos citar un fragmento de un texto que circula en la web, que ejemplifica y contribuye a lo mencionado (pese a que no compartimos su perspectiva de “democracia obrera”), demostrando como esas mafias de “profesionales de las luchas y las movilizaciones” son los verdaderos sepultureros de toda tentativa revolucionaria:

Mientras que el 30 de mayo, Asambleas Generales autoorganizadas como la de Patacamaya, con la participación de representantes de las 77 comunidades de la provincia de Aroma, decidieron, al igual que en todo el país, rechazar cualquier diálogo con el gobierno, exigir su renuncia y mantener bloqueos indefinidos, radicalizando la movilización —con 93 bloqueos hoy, frente a los 60 de hace dos días—, la dirigencia de la COB, la principal federación sindical, elude una vez más su responsabilidad y pospone —con el pretexto de la seguridad— la Asamblea General Nacional, donde se debía tomar una decisión hoy: negociar con el gobierno o continuar la lucha hasta su caída. Y en un intento por impedir esta Asamblea, la dirigencia de la COB no ha fijado fecha para la próxima.

La postura de la dirigencia de la COB es clara para todos.

Numerosos comités autoorganizados habían convocado a participar en esta Asamblea para decidir sobre la continuación de la lucha por el derrocamiento del gobierno, y era seguro que obtendrían la mayoría, arrastrando consigo a las bases de la COB. Esto habría transformado efectivamente esta asamblea abierta de la COB en una dirección nacional autoorganizada para la lucha por el derrocamiento del gobierno. La dirección de la COB ha demostrado hoy que no desea derrocar al gobierno y, por lo tanto, no quiere que el actual movimiento insurreccional pertenezca a quienes lo lideran.

Muchos lo consideran una traición.

Al mismo tiempo, esto no sorprende a muchos, dado que la COB ya había traicionado la primera fase del movimiento en diciembre/enero de 2026, y sobre todo, no desanima a nadie porque los comités autoorganizados habían advertido ampliamente sobre lo que probablemente sucedería.

Esto no destruirá el movimiento. Simplemente alentará a los comités autoorganizados a establecer por sí mismos la dirección democrática nacional [SIC!] de la que carece el movimiento y que podría haberse reunido hoy.[1]

Así se las gasta el izquierdismo, el sindicalismo y el ciudadanismo. Hoy te llevan a la huelga, pero antes o durante el proceso ya te han vendido a los voraces conglomerados empresariales y sus familias políticas.

Mientras se siga atrapado en la narrativa que esta lucha es por defender la democracia y la soberanía contra el avance de la ultra derecha y el fascismo, estaremos condenados a que la lucha transcurra sin trastocar las estructuras del sistema capitalista, transitando de simples recambios gubernamentales donde la burguesía nacionalista prepara el terreno para la llegada de burguesías estrafalarias con menos escrúpulos (los Mileis, los Noboas, los bukele, los Trump).

Bolivia posee una gran tradición de combatividad en el terreno de la lucha de clases (desde la insurrección obrera de 1952 a las guerras del agua del 2000 y del gas en 2003). Esta jornada de lucha, ha sido posible gracias a la existencia de una comunidad de lucha (perspectiva de colectividad, redes de apoyo, asambleas, grupos de logística); y queda claro que, aunque la masividad de un movimiento no lo vuelve invulnerable, sin una base social que se arroje a la lucha y se respalde entre sí, la paz social del capitalismo se impondrá de manera más violenta aunque el proletariado se encuentre en una situación de precariedad y miseria extrema (véase el caso de Argentina).

¿Y LUEGO DE LA INSURRECCIÓN?

Por otro lado, cabe aclarar que hoy, la situación de insurrección proletaria en Bolivia no surge en un contexto de revolución mundial, sino por el contrario, acontece en un vórtice de contrarrevolución donde la burguesía se muestra desesperada en su carrera de acumulación de capital —acelerando la guerra, el ecocidio y el control tecnológico—. El accionar de los bloques burgueses que representan los nuevos fascismos y las nuevas derechas, tiende a acelerar las contradicciones de clase pero eso no significa que en automático nuestra clase responda con elocuencia y contundencia a los ataques del capitalismo. Queda claro que no se puede dejar todo a la espontaneidad.

Si la batuta de la lucha es llevada por la reformista Central Obrera Boliviana (COB), tras la decadencia del MAS, es porque en efecto, las condiciones no han madurado lo suficiente para hacer contra peso y llevar adelante una insurrección generalizada que vaya más allá de los límites de la pusilánime democracia y el izquierdismo. No obstante, superar eso, no es algo que dependa específicamente de la mera voluntad de unos individuos o una organización, sino que solo puede ser producto de balances y rupturas dentro del desarrollo mismo de la lucha.

Dos décadas de revueltas en todo el mundo, confirman una vez más que luchar bajo las banderas de los sectores de le izquierda reformista y progresista es condenarnos al estancamiento y a duros golpes que hacen quebrar la moral colectiva del proletariado. No es de sorprender que en Bolivia, pese a que exista en estos momentos una comunidad de lucha proletaria con gran combatividad, existan limitaciones producto de la confusión y la desidia, que albergan el riesgo de llevar la rebelión a un punto muerto.

¿Eso quiere decir que se debe permanecer inmóvil y expectante “hasta que las condiciones estén dadas? Creemos que no. Pese a que sabemos que no estamos siquiera en una fase “pre-revolucionaria”, eso no es el final del camino, ni significa la conclusión de la lucha, ni mucho menos nuestra derrota definitiva.

Los hechos materiales evidencian la lucha proletaria, no como debería de ser, sino como es: contradictoria en medio del caos y la revuelta, con la inevitable injerencia en sus comienzos de sectores interclasistas y reformistas que buscarán sacar provecho de la partida. Nunca surgirá en condiciones idóneas y a nuestra conveniencia. Es por eso que de nada sirve aislarnos en nombre de una pureza revolucionaria. Como agitadores y revolucionarios, debemos alentar al desbordamiento de las mismas organizaciones que han demostrado ser obsoletas para extender la lucha, no para “mejorarlas o cambiarlas desde dentro”, sino para romperlas, superarlas y crear nuestros propios organismos autónomos que respondan a nuestros intereses históricos de clase… así hasta la revolución social.

Es absurdo pensar que después de décadas de descuartizamiento del proletariado y sus estructuras de combate y lucha radical (sea por la represión o la cooptación), este va a desarrollar de la noche a la mañana un aglutinamiento para lanzarse al asalto al cielo con un programa revolucionario en mano y la bandera con la inscripción de Omnia sunt communia. Así no funciona la lucha de clases. No es que primero el proletariado “adquiera conciencia, se haga revolucionario y luego se lance a la lucha”, sino que es en el proceso de la lucha (siempre convulso, complejo, lleno de contradicciones y errores) donde desarrolla su conciencia y revela la perspectiva revolucionaria, o por lo menos, ahí se hacen más evidentes los limites oprobiosos del reformismo, orillándole a replantear los métodos de lucha.

Los sectores que ya están inmersos en las bases de esas organizaciones, que se hayan percatado de que delegar la lucha solo llevará al impase, deberán atender esa problemática y reagruparse para superar esa contradicción.

El gobierno tiene clara su respuesta: estado de sitio, ley mordaza, represión brutal y gatillo fácil para sofocar la revuelta a la brevedad. Pese a los muertos, aún no lo ha logrado y su desesperación aumenta. Pero, ¿Qué hay del otro lado de la barricada? ¿Seguiremos albergando la estúpida esperanza de que otros gobiernos progresistas o el bloque chino-ruso-iraní intervendrán desde fuera para salvarnos? Todos los estados son enemigos del proletariado y tarde o temprano nos aplastarán o entregarán como botín a sus rivales. El proletariado no tiene amigos entre la burguesía; solo cuenta con sus propias fuerzas, memoria histórica y métodos de lucha.

El polvorín sigue pegado a la mecha, las movilizaciones continúan y las asambleas barriales siguen con fuerza, pero no debemos confiarnos. Sabemos que uno de los puntos débiles de toda revuelta es que si se estas se prolongan, suman el peso del desgaste y la desesperación sobre los sublevados. La escasez de productos de primera necesidad, medicamentos e insumos se agrava por los bloqueos y la falta de combustible, y esto es crucial para la continuidad de la resistencia proletaria.

Lo que acontece en Bolivia, debe aportar enormes lecciones a nuestro arsenal en esta guerra de clases. O avanzamos hacia la abolición del capital, del dinero, del mercado, del Estado y de las clases… o prolongaremos nuestra penuria bajo este sistema.

Viva la revuelta proletaria en Bolivia!

Arriba los que luchan!

Ni izquierda ni derecha!

Muerte al Estado y al capital!

Contra la contra – Junio 2026

Notas

[1]  Información citada por Luttesinvisibles.


Posted on https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2026/06/04/bolivia-en-la-encrucijada-de-la-insurreccion-y-la-contrarrevolucion/




Golpe civil-militar en Bolivia
¡Ni Morales ni Mesa-Camacho ni el ejército!
¡Por la independencia de clase!
¡Por la lucha proletaria revolucionaria!




Durante semanas, las fuerzas reaccionarias bolivianas denunciaban la reelección contestada del presidente Evo Morales. Esto dio lugar a manifestaciones, bloqueos de carreteras y violencias callejeras.
 
Según el diario francés Le Monde (4 de noviembre) "Dos Bolivia, irreconciliables, se enfrentan. Por un lado, una oposición polimorfa, dividida entre partidos políticos, organizaciones ciudadanas estructuradas y ciudadanos, entre los que se encuentran muchos jóvenes, estudiantes y liceístas. La mayoría de ellos vienen de las clases medias y altas, más bien mestizos y blancos, incluso si los grupos indígenas se encuentran allí. Por otro lado, los partidarios del presidente Evo Morales, que encarnan una Bolivia rural y de las periferias: campesinos, mineros, cocaleros, trabajadores y organizaciones sindicales"
 
En realidad, este no es un enfrentamiento entre proletarios y burgueses, sino entre dos facciones burguesas, una de las cuales, a la izquierda, se apoya en organizaciones que practican el colaboracionismo, incluso para llevar a cabo una política más independiente de ciertas instituciones imperialistas como el FMI y el Banco Mundial, tratando al mismo tiempo de encontrar un padrino alternativo con el imperialismo chino; mientras que el otro depende de ciertos sectores de la pequeña y media burguesía que busca el apoyo de Washington. Con la renuncia de Morales y su exilio en México, fue este último el que ganó en el choque.
 
 

UN GOLPE DE ESTADO REACCIONARIO
 
Es menos una "movilización ciudadana" que las maniobras de los sectores más reaccionarios de la burguesía y las presiones del imperialismo estadounidense lo que derrocó al presidente que dirigió el país durante catorce años.
El domingo 10 de noviembre por la mañana, la Organización de Estados Americanos (OEA) publicó un informe que daba la razón a la oposición, diciendo que las últimas elecciones del 20 de octubre no habrían sido ganadas, en primera vuelta, por Evo Morales. Este último anunció por primera vez la organización de nuevas elecciones y la renovación del Tribunal Electoral, acusado de parcialidad. Durante el día, la situación cambió: el ejército, que se encontraba alejado, solicitó la renuncia del presidente. A este se les unen varias unidades policiales que se habían amotinado contra el gobierno.
La "renuncia" de Morales fue seguida por las de su vicepresidente y los presidentes de ambas cámaras, así como por varios gobernadores y alcaldes de su partido, el Movimiento hacia el Socialismo (MAS). La vicepresidenta del Senado, miembro de la oposición, sucedió a Morales y anunció que se celebrarán elecciones presidenciales en enero de 2020.
Mesa, el oponente de Morales en las elecciones presidenciales, fue vicepresidente durante la "guerra del gas" de 2003, cuando estalló la rebelión del proletariado contra el aumento de los precios, con el trágico saldo de cien muertos. Durante su campaña, habló por un acercamiento con Estados Unidos y Brasil por Jair Bolsonaro (L'Humanité 24 de octubre). Camacho, el líder de la derecha y "comité cívico" de Santa Cruz, se pavoneaba en la sede del gobierno, con la Biblia en la mano. Este oponente es un evangelista, un fundamentalista cristiano, que se enorgullece de contar con el apoyo del imperialismo yanqui. Pidió el establecimiento de un "gobierno de transición" con participación militar.
Para colmo, Trump se felicita por el derrocamiento del presidente pseudo-socialista de Bolivia.
El carácter reaccionario de los nuevos amos del país no está en duda. El Washington Post cree que "la oposición de extrema derecha, ahora [...] controla claramente el país" (courrierinternational.fr, "Evo Morales se refugia en México mientras Bolivia se hunde en el caos", 12 de noviembre)
 
 

MOVILIZACIÓN PROLETARIA CONTRA EL GOLPE DE ESTADO
 
Los proletarios de La Paz y El Alto se levantaron contra el nuevo poder. Saben que es un enemigo resuelto de su clase, pero también un poder revanchista que desprecia y odia a las masas indígenas que pensaban que habían encontrado un representante en Morales. Todavía no conocemos de qué tratan las consignas de la movilización de los trabajadores.
Hay un sentimiento pro-moral entre los proletarios. Se debe a una mejora en la situación económica y social: "el programa económico que Morales ha implementado desde que asumió el cargo en 2006 es, según todos los indicadores, el más exitoso y estable de la región.
En los últimos trece años, el PIB ha aumentado de $ 9 mil millones a más de $ 40 mil millones, los salarios reales han aumentado, el PIB per cápita se ha triplicado, las reservas de divisas están en aumento, la inflación ya no está un problema, y ​​la pobreza extrema se ha reducido del 38% al 15%, una caída de 23 puntos. En comparación, durante el mismo período, la pobreza extrema en Uruguay y Perú disminuyó solo un 2,3% y un 12%, respectivamente. ("El milagro económico de Bolivia", Deutsche Welle citado por Courrier International, 9 de agosto).
El crecimiento capitalista ha ayudado a mejorar las condiciones de vida de las masas pobres a través de una política de gasto público y medidas redistributivas, como el decimocuarto mes o los beneficios sociales. A pesar de esto, la explotación sigue siendo feroz y el proletariado y los campesinos pobres aún viven en la miseria y la necesidad.
Lejos de la pamplinada "socialista" de Morales y el MAS, es un desarrollo capitalista lo que Bolivia ha experimentado. Este desarrollo se basó en las exportaciones de materias primas, particularmente el gas.
 
 

LA CALLE CIEGA DE LOS COLABORACIONISTAS
 
El colaboracionismo sindical, fiel a su larga tradición de seguir a las fuerzas burguesas dominantes, también se unió al derrocamiento de Morales. La Confederación de Trabajadores de Bolivia, uno de sus principales partidarios, dijo el domingo que "para evitar que el país no caiga en una guerra civil, si es necesario que el presidente renuncie, pues que renuncie".
Los partidos trotskistas tienen una influencia innegable en Bolivia. Esta fuerza, una vez más, se pone al servicio de consignas típicamente burguesas. El Partido Obrero Révolucionario (POR Masas) llama a una "asamblea popular" y a traer al poder un frente interclasista de "trabajadores, campesinos, clases medias pobres" (Cfr. Insurrección, 22 de octubre de 2019). Los trotskistas brasileños del Partido Operario Revolucionario (POR-Massas) denuncian el "gobierno antinacional" de Moreno y piden un "frente antiimperialista" (Cfr. www.pormassas.org 9 de octubre). La Liga Obrera Revolucionaria (LOR-CI) reclama una "Asamblea Constituyente libre y soberana" (Cfr. www.laizquierdadiario.com, 24 de octubre) muy clásica (y muy burguesa), y el Movimiento Socialista de los Trabajadores por un "programa de verdadera nacionalización de recursos bajo control de los trabajadores "(Cfr. Chasqui Socialista, septiembre de 2019).
Por su parte, los "marxistas-leninistas" del Partido Comunista Revolucionario también defienden las soluciones burguesas con una "alternativa patriótica, democrática y popular" (Cfr. tinta-roja.com, 10 de noviembre) y una "verdadera democracia popular" (Cfr. 22 de octubre).

 

Unica salida: volver a la lucha clasista

Como en Venezuela, los proletarios no deben ser engañados. Morales, Camacho, Mesa y compañía son todos enemigos. Ninguno es mejor que el otro. Todos deben ser combatidos. La "asamblea constituyente", el "gobierno de los trabajadores campesinos", el "poder del pueblo" ... son solo fábulas que buscan desviarlos de la lucha de clases. Sin mencionar los llamados patrióticos a la independencia nacional con la nacionalización de los recursos naturales o de las multinacionales.
Los proletarios y las masas desheredadas de Bolivia enfrentarán los mismos problemas independientemente de su presidente, porque todos estos políticos burgueses, de izquierda o de derecha, solo siguen los mandatos del capital. Para que su lucha de resistencia no pueda ser desviada y esterilizada con objetivos burgueses, tendrá que atacar al capitalismo mismo y a su Estado, es decir, esta resistencia se afirma abiertamente como lucha de clase. Los proletarios de este pobre país de once millones de habitantes tienen una rica tradición de luchas obreras detrás de ellos, pero también tienen una larga tradición de traición de parte de aquellos que afirman representarlos.
Deben confiar solo en sus propias fuerzas, no pueden confiar en ningún salvador; su perspectiva no puede ser la de una unión nacional o popular para defender una forma de Estado burgués y al capitalismo nacional: ¡su perspectiva solo puede ser la de la revolución proletaria internacional para derrocar a todos los Estados burgueses! Mientras tanto, la única forma segura de defenderse de sus enemigos es la lucha independiente por sus propios intereses de clase. Esta lucha de clases plantea el problema de la constitución de su órgano político, el partido de clase indispensable para dirigir la lucha de defensa inmediata contra el capitalismo, en la perspectiva de su derrocamiento cuando las condiciones objetivas lo hacen posible. Esta es una tarea histórica que los proletarios de Bolivia no pueden resolver solos, sino que requiere la colaboración de los proletarios de todo el mundo.
 
¡Por la lucha de clase revolucionaria!
¡Por la revolución comunista mundial!
 
Partido Comunista Internacional (El Proletario)
13 de noviembre de 2019
 

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