Guerra de clases 16/2024: Revuelta proletaria en Kenia – ¡Contra todas las falsificaciones burguesas!
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El texto que presentamos aquí sobre la muy reciente oleada de lucha de clases que barrió Kenia (y la sigue barriendo en el momento de escribir estas líneas) no pretende ser “completo”, ni un análisis “serio”, “objetivo” o pedante de la situación. No estamos aquí simplemente para diagnosticar los males del Capital, ¡estamos aquí para ser su sepulturero! No nos sirven los análisis “eruditos” y “brillantes” de la economía política burguesa, tan apreciados por todos los colores y matices del prisma de la izquierda y extrema izquierda del capital, análisis que aplastan con el peso de sus cifras, sus porcentajes, sus gráficos, sus curvas, su logorrea… cualquier expresión de la vida de nuestra clase y de su lucha, cualquier manifestación de lo vivo. En lo que nos concierne, enviamos simple y modestamente un saludo caluroso y vibrante a nuestros hermanos y hermanas de clase en lucha en Kenia, como en todas partes de este infierno capitalista que se impone a nuestra humanidad, y les llamamos a mantenerse firmes, después de haberse sublevado, a organizarse cada vez más poderosamente para las luchas venideras…
El 18 de junio de 2024 comenzaron las manifestaciones en Nairobi, con la ocupación de la plaza frente al Parlamento Nacional y, desde el principio, enfrentamientos con las fuerzas represivas del Estado. El detonante de las protestas fue la propuesta de Ley de Finanzas 2024 del Presidente de Kenia, Sr. Ruto. Su aprobación provocaría subidas de precios en una amplia gama de productos básicos, desde el pan, los huevos, las verduras y el aceite de cocina hasta la gasolina y los productos de higiene para mujeres y niños.
Además, debido a la naturaleza de la organización del capital en Kenia, si quieres conseguir un empleo en la “economía urbana del sector servicios”, no te queda más remedio que convertirte en lo que se conoce como “autoempresario” y tienes que comprar tu propio equipo, combustible y pagar impuestos al Estado, aunque luego trabajes para una gran empresa tecnológica, una compañía de medios sociales o una agencia gubernamental local.
Esto llevó a los proletarios cuya pertenencia de clase está enmascarada por la ideología burguesa, que les da la ilusión de ser “empresarios privados”, y que eran los más afectados por los cambios, a convertirse en los iniciadores de las protestas. Y al igual que en el caso del movimiento de los “chalecos amarillos” en Francia, los principales medios de comunicación, así como la izquierda del capital con su ideología obrerista, saltaron a la oportunidad de interpretar las protestas como un movimiento “pequeño burgués”, “contra la corrupción del gobierno”, “impuestos injustos”, “por más democracia”, etc. Como en el caso de los “chalecos amarillos”, queremos hacer hincapié en la naturaleza proletaria del movimiento, que se expresa y confirma en la expropiación generalizada de bienes, los ataques a la infraestructura y los símbolos del Estado y el rechazo de cualquier mediación burguesa, a pesar del ocasional “ciudadano enfurecido” quejándose en TikTok de que la nueva ley “perjudica a su negocio”.
Este arreglo, en el que la clase capitalista es capaz de aprovecharse de las circunstancias locales y descargar parte de los costes de los medios de producción sobre los hombros del proletariado, no es nada nuevo ni extraordinario. No cambia en nada el hecho de que la fuerza de trabajo del proletariado es explotada por la relación social incorpórea que es el Capital; no más que cuando los trabajadores que construían el ferrocarril a través del Medio Oeste americano se vieron obligados a comprar “sus propias” palas y “su propia” dinamita.
La actual explosión social se produce casi un año después de que un proyecto de ley similar, que aumentaría drásticamente el coste de la vida para los proletarios de Kenia, provocara varios días de disturbios que dañaron la autopista de Nairobi y varias estaciones de ferrocarril. Mientras tanto, Kenia también ha sido testigo de protestas contra los cortes de agua y electricidad, la ocupación de la Universidad de Meru por sus estudiantes y, recientemente, una huelga de dos meses de los trabajadores del sector sanitario.
A diferencia de las manifestaciones anteriores, en las que los multimillonarios Odinga, Kenyatta y algunos otros podían al menos fingir que representaban al movimiento e intentar explotar sus contradicciones e ilusiones internas para obtener algún apoyo electoral, esta vez, para disgusto de los medios de comunicación, no se encuentra ninguna figura que pueda reclamar el título de “líder”. Por supuesto, si el movimiento muestra un alto grado de “espontaneidad” en el sentido de que los proletarios en lucha, estén donde estén, comprenden quién es su enemigo de clase y no necesitan deliberar durante días para elegir sus objetivos, esto no implica la ausencia de organización. Los métodos adoptados por el movimiento implican la organización tanto en línea como a nivel de barrio e implican tanto a estructuras preexistentes activas en luchas anteriores como a estructuras de nueva creación que dan dirección al movimiento. Se recurre al crowdsourcing para sufragar los gastos médicos y jurídicos, y algunos médicos se han unido al movimiento y atienden a los heridos.
Desde Nairobi, las manifestaciones se extendieron rápidamente a Kisumu, Eldoret, Mombasa, Lamu y otras ciudades importantes, así como a muchos pueblos más pequeños. Las reivindicaciones “económicas” iniciales se fundieron orgánicamente con la rabia proletaria contra los carniceros uniformados, una rabia acumulada durante años de represión brutal de cualquier movimiento de protesta y reforzada por sus intentos de sofocar el levantamiento actual. Decenas de personas han sido asesinadas por la policía, cientos heridas y cientos más detenidas o “desaparecidas”. La táctica del terror masivo, desplegada por el Estado en Kenia tantas veces antes, ha fracasado esta vez.
Por ejemplo, cuando los policías intentaron derribar las barricadas levantadas por los manifestantes en la autopista Nairobi-Mombasa con salvas de gases lacrimógenos, balas de goma y munición real, los jóvenes proletarios de los barrios marginales situados a lo largo de la autopista se sublevaron y se unieron a los alborotadores. El alcance de las protestas se amplió también a los problemas de suministro de agua y electricidad, que ya habían desencadenado airadas manifestaciones en el pasado. El 25 de junio, tras una batalla con la policía, los manifestantes irrumpieron en el Parlamento nacional de Kenia, lo saquearon y lo incendiaron parcialmente. Esto llevó a Ruto a desplegar el ejército en las calles y a restringir el acceso a Internet, pero sin el efecto pacificador que él y el resto de la burguesía esperaban.
Las tácticas ofensivas del movimiento contra las fuerzas represivas no se limitaron a los enfrentamientos en las manifestaciones. Las fotos, carnés de identidad, números de teléfono y direcciones de los policías violentos han sido doxados – hechos públicos en Internet – y algunos de ellos han podido experimentar de primera mano la justicia proletaria. A medida que las fuerzas de represión cometen más y más carnicerías – incluido el reciente descubrimiento de docenas de mujeres asesinadas en una cantera a las afueras de Nairobi, justo al lado de la comisaría –, la línea de confrontación del movimiento continúa. Y esto en un momento en que las fuerzas especiales de la policía keniana están siendo desplegadas en Haití para aplastar allí la resistencia proletaria, con el pretexto de luchar contra las bandas. Están apareciendo signos de grietas incluso dentro de los cuerpos de policía y del ejército, y algunos policías y soldados han cambiado de bando y se han unido a las protestas, aunque esto es todavía muy (demasiado) raro.
Por supuesto, también continúan los intentos de apaciguar, aislar y canalizar el movimiento. La retirada del proyecto de ley por parte de Ruto, al menos temporalmente, no ha surtido efecto. El reciente despido del jefe de policía, Japhet Koome, tampoco ha surtido efecto. El último intento es la creación del “Foro Nacional Multisectorial para el Diálogo”, un intento desesperado de transformar la lucha de clases en “diálogo civil”.
Mientras que los rivales políticos tradicionales de Ruto, como Odinga, guardan silencio esta vez, varios “influenciadores”, así como los estalinistas del llamado “Partido Comunista de Kenia”, intentan intervenir. Las críticas a la orientación pro-FMI y pro-OTAN de Ruto son un tema importante entre los partidarios de sus rivales pro-China. Los sindicatos, fieles a su práctica histórica, anunciaron una huelga general pacífica, pero ni siquiera la llevaron a cabo.
Por supuesto, como con cualquier otro movimiento proletario real, los límites aparecen en su orientación general “anti-Ruto”, sin muchas críticas a la oposición, en sus ilusiones sobre la democracia y “el pueblo”, sin conciencia de clase expresada, en su falta de perspectiva más allá de las necesidades inmediatas y su ira hacia las fuerzas represivas. No vimos ningún material militante – folletos, carteles, pancartas, textos en línea, etc. – que expresara una crítica del capitalismo más allá de la rabia por la pobreza y la violencia policial o más allá de las quejas sobre el estilo de gestión capitalista, es decir, la “corrupción”. Hay que decir que no tenemos contactos activistas en Kenia y que no hablamos ninguna de las lenguas locales.
Dicho esto, nada ha terminado aún en Kenia a pesar del reciente declive de la lucha; y una expresión de la potencial superación de estos límites para la solidaridad proletaria internacionalista es su clara postura contra el envío de policías kenianos a Haití y otras operaciones de “mantenimiento de la paz”. Además, parece que la revuelta proletaria en Kenia sirve de inspiración y punto de referencia para las recientes manifestaciones violentas en Uganda y Nigeria.
Como comunistas, vemos en cada lucha proletaria autónoma un fragmento de la guerra social que el proletariado libra contra la burguesía, ¡una expresión de la lucha histórica del proletariado como clase por la revolución contra el capitalismo y por una comunidad mundial sin clases!
Como comunistas, queremos subrayar la naturaleza proletaria del movimiento en Kenia contra todos los falsificadores burgueses:
- ya sean los racistas que intentan atizar las divisiones raciales dentro de nuestra clase entre “africanos” y “europeos” o “asiáticos”.
- ya sean los que tratan de quienes tratan de limitar la sustancia del movimiento a sus premisas iniciales o superficiales – como movimiento anticorrupción, movimiento antiimpuestos, etc.
- ya sean los partidarios de la “liberación nacional” los que defienden el derecho de las naciones a reprimir a “sus” proletarios.
- ya sean los llamados “comunistas” los que dividen la sociedad capitalista mundial en países “centrales” y “periféricos” y afirman que la lucha del proletariado en estos últimos es menos importante.
Mostremos nuestra solidaridad práctica con el proletariado que lucha en Kenia añadiendo los intereses de la facción capitalista local a nuestra lista de objetivos, ya sea el Estado keniano o empresas como Safaricom, KTDA, East African Breweries.
Contra la guerra capitalista y la paz capitalista – ¡Contra los esfuerzos de militarización mundial, de los que forman parte las fuerzas expedicionarias keniatas!
Al cerrar este breve texto sobre las luchas de nuestra clase en Kenia, escuchamos como un eco amplificado el clamor de los “Días de Furia” que están incendiando Nigeria, alimentados por el rechazo a la miseria, la esclavitud y la deshumanización, y siguiendo siempre el mismo escenario: manifestaciones, represión, disturbios, ataques a comisarías, saqueo de edificios gubernamentales, pillaje, etc. Siempre con los mismos puntos fuertes, pero también con las mismas debilidades: determinación para saquear todo lo que nos hace la vida insoportable, por un lado, y crítica limitada de la “mala gobernanza”, por otro.
Rindamos también homenaje y saludemos la lucha que nuestros hermanos y hermanas de clase vienen librando desde hace varias semanas, en otras latitudes, en Bangladesh; luchas que no son sólo el enésimo intento del proletariado por derrocarlo todo, sino que son también, al parecer, un salto cualitativo en la determinación del proletariado, en su ya larguísima historia de enfrentamientos con los capitalistas, de “hacer que el negocio no sea rentable”.
Por último, saludemos a los proletarios en lucha de Pakistán, y en particular de la ciudad portuaria de Gwadar, enorme concentración de trabajadores, tan útil para el desarrollo del capitalismo chino. Desde hace años, estos proletarios llevan adelante un enfrentamiento sin cuartel con los explotadores, a pesar de todos los esfuerzos de los reformistas de todas las tendencias por confinarlos en el marco de una “lucha de liberación nacional del pueblo baluchi”, que el proletariado debe criticar absolutamente con su lucha decidida…
Class War 16/2024: Proletarian revolt in Kenya – Against all bourgeois falsifications!
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The text we present here on the very recent wave of class struggle that swept Kenya (and is still sweeping it at the time of writing) does not pretend to be “complete” or “objective” analysis of the situation. We are not here to make just a diagnose of the ills of Capital; we are here to participate in digging its grave! We have nothing to do with analyses of bourgeois political economy, so prized by all the colors and shades of the prism of capital’s left and far left, analyses which crush beneath the weight of their figures, their percentages, their graphs, their curves, their logorrhea… any expression of the life of our class and its struggle, any manifestation of the living. As far as we are concerned, we simply and modestly address a warm and vibrant greeting to our class brothers and sisters in struggle in Kenya, as everywhere else in this capitalist hell that imposes itself on our humanity, and we call on them to stand up, after having raised their heads, to get organized ever more powerfully for the struggles to come…
On 18th of June 2024 the protests started in Nairobi, that included the occupation of the square in front of the National Parliament and since the beginning included confrontations with the repressive forces of the State. The original trigger for the protests was the proposal of the so-called Finance Bill 2024 by the Kenya’s president Ruto. Its adoption would mean increase of prices on wide range of basic goods from bread, eggs, vegetables and cooking oil to petrol and hygienic necessities for women and children.
Moreover, due to the nature of the Capital organization in Kenya, if you want to get a job in the “urban service sector economy” you may have no choice but to become so-called “freelancer” and you will be required to buy your own equipment, your own gas and pay the taxes to the State, even though you then proceed to work for big tech, social media company or local State agency.
This prompted the proletarians whose class belonging is being masked by the bourgeois ideology as “private entrepreneurs”, that were the most affected by the changes, to become the initiators of the protests. And just like in the case of Gilets Jaunes movement in France, corporate media and the left of Capital with workerist ideology alike jumped on the opportunity to interpret the protests as “petty bourgeois” movement “against the government corruption”, “unfair taxation”, “for more democracy”, etc. Just like in case of Gilets Jaunes, we want to stress the proletarian nature of the movement which expresses itself and confirms itself in widespread expropriation of the commodities, attacks on the infrastructure and the symbols of the State and refusal of any sort of bourgeois mediation, despite the occasional “enraged citizen” whining on TikTok that the new law “hurts his business”.
This arrangement, where the class of capitalists are able to take advantage of the local circumstances and to off-load part of the costs of means of production on the shoulders of the proletariat, is nothing new and nothing extraordinary. It does not in any way change the fact that the labor force of the proletariat is being exploited by the disembodied social relation – i.e. Capital; it does not do it any more than when the workers building the railway across the American Midwest were forced to purchase “their own” shovels and dynamite.
The social explosion appears almost one year after similar bill, having effect of drastically increasing the cost of living for the proles in Kenya, led to several days of riots damaging the highway and several railway stations in Nairobi. In the meantime, Kenya also saw protests against water and electricity cuts, occupation of Meru university by its students and recently a two months long strike of healthcare workers.
Unlike the previous protests, where billionaires Odinga, Kenyatta and some others could at least play a charade that they represent the movement and try to exploit its internal contradictions and illusions to gain some electoral support, this time, to the dismay of the media no figure that could pretend to be a “leader” can be found. Of course, while the movement shows a large degree of “spontaneity” in the sense that proletarians in struggle anywhere do understand who their class enemy is and do not need to deliberate for days to choose their targets, this does not imply the lack of organization. Methods adopted by the movement include organizing itself both online and on neighborhood level and involve both preexisting structures active in the previous struggles and the newly created ones giving the movement a direction. The “crowd sourcing” is used for collections on medical and lawyer expenses and some of the doctors joined the movement and are treating the injured.
From Nairobi protests quickly spread to include Kisumu, Eldoret, Mombasa, Lamu and other big cities as well as many smaller towns and its initial “economic” demands organically merged with the proletarian rage against the uniformed butchers, accumulated over the years of brutal repression of any protest movement and boosted by their attempts to quell this uprising. Dozens have been murdered by the cops and hundreds injured as well as hundreds arrested or made “disappear”. The mass terror tactic, deployed by the State in Kenya so many times before, however backfired this time.
For example, when the cops tried to break the blockades set up by the protesters on the highway from Nairobi to Mombasa with volleys of tear gas and rubber and life bullets – the young proles from the slums along the highway rose up and joined the riots. The scope of protests also widened to include the problems with water and electricity supply – which already triggered angry protests in the past. On 25th of June, after a battle with the cops, the protesters stormed the National Parliament of Kenya, ransacked it and partly set it ablaze. This prompted Ruto to call the army into the streets, and to curtail the internet, but without the pacifying effect he and the rest of the bourgeoisie hoped for.
The offensive tactics of the movement against the repressive forces did not stay limited to the framework of the clashes on the demonstration. The photos, ID’s, phone numbers and home addresses of the violent cops have been “doxed” – made public online – and some of them got to experience the proletarian justice first hand. As more and more carnage from the hands of the repressive forces – including the recent discovery of dozens of murdered women in a quarry on the outskirts of Nairobi, right next to the police station – the confrontational line of the movement continues. And this is happening at the same time as the Kenyan police special forces are being deployed to Haiti to crush the proletarian resistance there, under the pretext of fighting the gangs. There are some signs of cracks appearing inside the police and army corps themselves and some cops and soldiers have switched sides and joined the protests, even though it is still very rare.
Of course, the attempts to pacify, isolate and channel the movement also continue. Ruto has scratched the bill, at least temporarily, which did not have any effect. Neither did a recent sacking of the chief of police Japhet Koome. The latest attempt so far is the creation of “National Multi-Sectoral Forum for dialogue”, a desperate attempt to turn the class struggle into “civil dialogue”.
While Ruto’s traditional political competition like Odinga is silent this time, various “influencers” as well as the Stalinists from the so-called “Communist party of Kenya” are trying to step in. The criticism of Ruto’s pro-IMF and pro-NATO orientation is a major theme of the partisans of their pro-Chinese competition. The trade unions, sticking to their historical practice announced a pacifying general strike, but did not even follow-up with its actual realization.
Of course, as with any other real proletarian movement the limits are showing in its general “anti-Ruto” orientation, without much criticism towards the opposition, in its illusions of democracy and “people”, without expressed class consciousness, in its lack of perspective beyond the immediate needs and anger towards the repressive forces. We have not seen any militant materials – leaflets, posters, signs, on-line texts, etc. – that would express any criticism of capitalism beyond the anger about the poverty and police violence or complains about the capitalist management style – i.e. “corruption”. It has to be said, that we neither have any militant contact in Kenya, nor we speak any of the local languages.
This being said, nothing is over yet in Kenya despite the recent decline; and one of the expressions of the potential overcoming of these limitations, towards the internationalist proletarian solidarity, is its clear stance against sending the Kenyan cops to Haiti as well as other “peace-keeping” operations. Moreover, it seems that the proletarian revolt in Kenya is serving as the inspiration and a point of reference for the recent violent protests in Uganda and Nigeria.
As communists we see in every autonomous proletarian struggle a snippet of the social war that the proletariat wages against the bourgeoisie, an expression of the historical struggle of the proletariat as a class for revolution against the capitalism and for the global classless community!
As communists, therefore we want to stress the proletarian nature of the movement in Kenya against all bourgeois falsifiers:
- be it racists who try to stoke out the racial divisions inside our class between “Africans” and “Europeans” or “Asians”.
- be it those that try to limit the substance of the movement to its initial or superficial premise – as anti-corruption movement, as anti-tax movement, etc.
- be it partisans of “national liberation” advocating for the right of the nations to repress “their own” proletarians.
- be it so-called “communists” who divide the global capitalist society into “central” and “peripheral” countries and claim that the struggle of the proletariat in the latter matters less.
Let’s show the practical solidarity to the struggling proletariat in Kenya by adding the interests of the local capitalist faction to our list of targets – be it Kenyan State or the corporations like Safaricom, KTDA, East African Breweries!
Against capitalist war and against capitalist peace – Against global militarization efforts, of which the Kenyan expeditionary forces are part!
We were just finishing this short text on the struggles of our class in Kenya when we heard like an amplified echo the clamors of the “Days of Rage” that are setting Nigeria ablaze, fueled by the refusal of misery, slavery and dehumanization, and always following the same scenario: demonstrations, repression, riots, attacks on police stations, ransacking of government buildings, looting, etc. With always the same strengths but also the same weaknesses: determination to destroy everything that makes our lives unlivable, on the one hand, and limited criticism of “bad governance”, on the other.
Let’s also pay tribute to, and salute, the struggle that our class brothers and sisters have been waging for several weeks now, in other latitudes, in Bangladesh; struggles that are not just the umpteenth attempt by the proletariat to overthrow everything, but also, it seems, a qualitative leap in the determination of the latter, in its already very long history of confrontations with the capitalists, to “make the business unprofitable”.
And finally, let’s salute the proletarians in struggle in Pakistan, and particularly in the port city of Gwadar, a gigantic concentration of workers, so useful to the development of Chinese capitalism. For years, these proletarians have been boosting unrestrained confrontation with the exploiters, despite all the efforts of reformists of all kinds to confine them to a “national liberation struggle of the Baloch people”, which the proletariat must criticize through its determined struggle…
El éxito electoral del Nuevo Frente Popular
no es una victoria del proletariado
Más que el éxito electoral del Nouveau Front Populaire (NFP), el inesperado fracaso del Rassemblement national (RN) de Marine Le Pen, al no obtener la mayoría que le habría permitido formar gobierno, supuso un alivio para muchos proletarios, en particular entre los trabajadores inmigrantes que constituyen una parte importante del proletariado industrial y no industrial: la lucha contra la inmigración, que es el tema principal de la propaganda del RN, y las medidas xenófobas que preveía anuncian un endurecimiento de la presión y la represión contra esta fracción del proletariado y, al mismo tiempo, un estímulo al acoso racista de todo tipo y la acentuación de las divisiones entre proletarios franceses y extranjeros.
Pero de hecho, ya antes de la posible llegada al poder del RN, los sucesivos gobiernos no han dejado de multiplicar y aprobar leyes anti-inmigración como parte de sus continuos ataques a las condiciones de vida y de trabajo del proletariado. Contra todas estas medidas y contra todos estos ataques la única vía eficaz es la lucha proletaria, no votar y otorgar confianza a los partidos de izquierda y las direcciones sindicales, que en innumerables ocasiones han dado al gobierno y a la oposición pruebas de devoción al orden burgués.
La alianza electoral de estos partidos y organizaciones anti proletarios ha desembocado, como era inevitable, en un "frente republicano" en nombre del cual se ha exigido el apoyo a los candidatos burgueses, incluidos responsables directos de los ataques anti obreros: así, por ejemplo, la supuesta 'extrema izquierda' del partido La France Insoumise votó por el ex primer ministro Borne, que dirigió el ataque contra las pensiones, o por Darmanin, responsable, entre otras cosas, de la última ley antiinmigración y de la represión colonial en Nueva Caledonia, y que ¡en febrero de 2021 encontró a Marine Le Pen 'un poco blanda' con el 'separatismo' y el 'islamismo' (palabra clave para designar a los proletarios árabes)!
Una vez más, el espantajo de la extrema derecha ha servido para movilizar a los electores a favor de la supuestamente amenazada "República", es decir, a favor de la forma "democrática" del dominio de la clase capitalista, que RN no pretende en absoluto cambiar; esta movilización electoral es la concreción en las urnas del sometimiento político más general del proletariado al dominio burgués, bajo la acción de los partidos y de las organizaciones sindicales que sabotean todas sus luchas. El auge electoral de la extrema derecha en Francia y en otros países europeos es signo de una tendencia de fondo, dentro de las condiciones actuales de crisis económica y de guerra crecientes, hacia un mayor autoritarismo en el dominio burgués, tendencia que se viene dando desde hace varios años bajo gobiernos "republicanos" de derechas o de izquierdas. La incapacidad de RN para llegar al poder puede explicarse por el hecho de que importantes fuerzas burguesas de la Francia actual no estén dispuestas a permitirlo (según el periódico patronal Les Echos, los "círculos económicos" (sic) se han "paralizado" ante la perspectiva de un gobierno del RN, y los contactos con Le Pen "han ido mal"), lo cual no contradice esta tendencia que seguirá creciendo de una forma u otra, sea cual sea el gobierno que surja de las laboriosas negociaciones internas del NFP y/o de las combinaciones parlamentarias.
Los ferroviarios de la CGT convocan manifestaciones el 18 de julio ante las prefecturas y la Asamblea Nacional para exigir la formación de un gobierno por parte del CCN... ¡A estos bonzos no se les ocurre llamar a los proletarios a luchar para defender sus intereses de clase! Sin embargo en la época del primer Frente Popular, en mayo-junio de 1936, fueron las huelgas obreras las que permitieron arrancar a los capitalistas las reivindicaciones fundamentales no previstas por los partidos de la coalición. La mayoría de ellas (la semana de 40 horas, las pensiones, etc.) fueron suprimidas en 1937 por el propio gobierno del Frente Popular, que también permitió que la inflación se comiera los aumentos salariales conseguidos, al tiempo que preparaba al país para la matanza imperialista.
La lección trágicamente pagada entonces por el proletariado es la siguiente: los proletarios solo pueden contar con sus propias fuerzas, con sus propias luchas y con su propia organización de clase independiente, y no con partidos y organizaciones reformistas que pretenden defenderlos sin tocar el capitalismo.
¡Esta lección grabada a fuego es tan válida hoy como lo fue ayer y lo será mañana!
Partido Comunista Internacional
11 de julio de 2024
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Gran manifestación nacional el sábado 5 de noviembre en Nápoles
Auspiciada por los "Disoccupati 7 novembre", los "Cantieri disoccupati 167 Scampia" y el "Collettivo di Fabbrica GKN" de Florencia, esta manifestación ha sido fruto de una amplia campaña de movilización nacional desde los meses anteriores, dando lugar a una plataforma denominada INSORGIAMO en la que confluyen diversas realidades. Una expresión de auténtico malestar social y un grito de guerra contra el Estado.
El coste de la vida, el aumento de las facturas de los servicios públicos, la devastación del medio ambiente, el desempleo, la crisis climática, la emergencia habitacional y la guerra son las quejas sobre las que han unido sus adhesiones los movimientos antagonistas napolitanos como los trabajadores de mantenimiento de carreteras Banchi Nuovi, SI Cobas, Movimenti per il diritto ad abitare, ex Opg occupato, Sindacato lavoratori in lotta, USB, Slai Cobas y muchos otros de la galaxia antagonista, así como decenas de otras siglas y miles de manifestantes de toda Italia, y en particular de Toscana, Piamonte, Sicilia, Lacio, Emilia Romagna y Las Marcas.
Partiendo de la Piazza Garibaldi con la pancarta de apertura No pagamos la guerra, el coste de la vida ni la desocupación, la procesión de unas 20.000 personas se dirigió hacia la Piazza Municipio, la sede del Ayuntamiento, sin ninguna tensión particular, con consignas dirigidas al Estado y sus instituciones. Pero en la Piazza Municipio, la tensión aumentó cuando, de forma simbólica, se lanzaron petardos y bengalas, lo que provocó la aprensión de la policía, que rápidamente se puso los cascos para intervenir.
También se llevaron a cabo acciones demostrativas frente a la oficina del Inps, quemando billetes y facturas de impuestos, mientras que en otros lugares se embadurnaron algunas ventanas con salsa de tomate. Pero, básicamente, la manifestación no tuvo implicaciones represivas.
El llamamiento a la lucha unida de los "Parados 7 de noviembre" en Nápoles tuvo un éxito incuestionable tanto en términos de adhesión como de número de participantes. Su adhesión activa a las luchas y disputas de otras ciudades es el punto clave de esta organización. Mientras escribimos, de hecho, hoy, 8 de noviembre, una nutrida delegación de ellos se ha desplazado a toda prisa a Bolonia, donde se está celebrando el juicio contra cuatro activistas de SiCobas y dos de la USB, detenidos en la madrugada del 22 de julio de este año y puestos bajo arresto domiciliario acusados de violencia privada, resistencia a funcionario público, sabotaje e interrupción de servicios públicos en las huelgas de logística entre 2014 y 2021 (ver nuestro documento de posición del 24 de julio de 2022).
En todas las asambleas y en los sitios sociales se insiste en el llamamiento a la reanudación de la lucha de clases, al tiempo que se señala el compromiso con la lucha laboral. Pero es precisamente ahora cuando surgen las dificultades. Para mantenerse en el terreno de la clase, los proletarios que se remiten a las siglas mencionadas tendrán que luchar prioritariamente contra dos enemigos: el corporativismo y el oportunismo político y sindical, que siempre han estado presentes en los movimientos de lucha, cuya labor, en todas estas décadas que nos separan del Octubre Rojo, ha sido decisiva en la derrota del movimiento proletario revolucionario a nivel internacional.
En uno de sus posts, tras el éxito de la manifestación del sábado, leemos: "Hace ciento cinco años, el 7 de noviembre de 1917, los obreros, campesinos y soldados rusos, bajo la dirección del partido de Lenin, derrocaron el poder de los capitalistas e instauraron la dictadura del proletariado, de la mayoría de los explotados contra la minoría de los patronos, para construir la sociedad socialista. El balance de esa historia es imposible de resumir aquí. Los límites, los errores, las condiciones históricas y la contrarrevolución”
"Pero esa insurrección abrió el camino al poder de los Soviets (consejos) de obreros, campesinos y soldados, los consejos de desempleados de San Petersburgo, y fue un acontecimiento de carácter histórico e internacional que, al romper el frente del imperialismo, abrió una nueva época: la de las revoluciones proletarias en los países imperialistas y capitalistas avanzados, la de las revoluciones populares democráticas en los países oprimidos, coloniales y semicoloniales, en todo el mundo”
Más adelante, continuando, leemos: "Pero la revolución sólo es posible con la conquista del poder político, y sólo es posible si a la cabeza de la revolución está nuestra clase, la clase obrera y proletaria, que forja alianzas con todas las masas trabajadoras oprimidas por el capital, que se alía con todos los movimientos sociales que denuncian todas las contradicciones del sistema, sólo si la clase obrera está dirigida por su organización independiente y revolucionaria. Una organización combativa capaz de unir y atraer a millones de explotados y oprimidos al lado de la revolución, de prepararlos para las batallas decisivas que lleven al derrocamiento de este sistema de la burguesía y el capitalismo".
Es cierto que la revolución sólo será posible con la conquista del poder político. Un largo y accidentado camino en el que los enemigos de clase acecharán en las propias organizaciones de trabajadores. La lucha contra el oportunismo, el reformismo político y sindical, el democratismo, el colaboracionismo, será la base necesaria de esta lucha. Una lucha en la que los únicos intereses de clase de los proletarios, empleados y desempleados, y su organización independiente, tendrán que estar en el centro de sus plataformas reivindicativas. Y, a medida que las contradicciones capitalistas se intensifican, convirtiendo cada vez más las guerras comerciales en guerras de guerra, comprometiendo cada vez más recursos, en todos los ámbitos, a la defensa de los beneficios capitalistas, las reivindicaciones económicas -sobre las que los proletarios tendrán que unirse más allá de las categorías profesionales, del género, de la edad y de la nacionalidad- tendrán que transformarse inevitablemente en reivindicaciones políticas. Sólo entonces se propondrá de nuevo la conquista del poder político, el derrocamiento del Estado burgués y la dictadura del proletariado, como en 1917. Pero esto sólo será posible si la clase proletaria es dirigida por su vanguardia política, la parte más decisiva y avanzada del proletariado, que a lo largo del tiempo ha sido capaz de mantener el rumbo correcto del marxismo y su programa histórico, haciendo balance de sus derrotas y crisis internas. Esta vanguardia política es el Partido Comunista Revolucionario, que, en virtud de la teoría marxista, representa en las luchas del presente los intereses futuros de la clase proletaria, en el arco histórico que enlaza dialécticamente el desarrollo de las fuerzas productivas desde la sociedad dividida en clases hasta la sociedad sin clases, hasta la sociedad de especie.
8 de noviembre de 2022
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
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Contra la guerra económica y social que la burguesía de todos los países libra contra el proletariado, tanto masculino como femenino, y contra la guerra "guerra" que el imperialismo no puede detener
La opresión contra las mujeres aumenta y se profundiza con el desarrollo del capitalismo. Es una opresión que se extiende a todos los aspectos de la vida. La vida entre las cuatro paredes del hogar es el mundo típico de la opresión de la mujer, incluso en los países capitalistas avanzados, donde las mujeres pueden estudiar, trabajar, "salir adelante", convertirse en empresarias. En los países capitalistas avanzados, las mujeres se han visto arrastradas al "mundo del trabajo" que, según la ideología burguesa, es la fuente de su "emancipación". ¿Emancipación de qué? de las cuatro paredes domésticas a las que durante siglos estuvo relegada, obligada a ocuparse de las necesidades cotidianas de la "familia", y por tanto de los maridos, padres, hijos y nietos. Con el paso de las décadas y, ciertamente, con la entrada de las mujeres en las luchas civiles urgidas por el "mundo del trabajo" en el que fueron colocadas por el propio capital que, de este modo, incrementó la competencia entre proletarios -porque el trabajo de las mujeres siempre ha estado peor pagado que el de los hombres-, las mujeres ganaron realmente una consideración a nivel social que antes era inimaginable, Tanto es así que la propia ideología burguesa se oponía a ello, pues seguía considerando a la mujer como un ser inferior, como un objeto de placer masculino, como un instrumento necesario para "parir hijos", posiblemente "varones" a través de los cuales se podía asegurar una herencia física y el nombre de una familia que sólo se identificaba a través de la línea masculina.
El "mundo de la mujer", que el desarrollo del capitalismo ha destruido destruyendo la familia por el mismo medio con el que pretendía emancipar a la mujer -es decir, a través del trabajo asalariado- ha conservado, sin embargo, una especie de idealización; ha sido superpuesto al mundo de la familia tanto por la religión como por la sociedad.
Pero el trabajo asalariado es la típica opresión económica y social del capitalismo; mientras que, por un lado, destruye la familia al apartar a las mujeres del trabajo doméstico y del cuidado de los niños y los ancianos para explotar su fuerza de trabajo en los procesos de producción y la explotación del capital, por otro lado, lleva a las mujeres a ampliar su visión del mundo fuera de la familia, fuera de las cuatro paredes del hogar. La lleva a contaminarse directamente de la lucha de los asalariados, a implicarse en esta lucha, a asimilar sus contradicciones, la fuerza y también la debilidad de una lucha que puede convertirse en el eje de una emancipación no sólo formal sino también sustancial. Una lucha que demuestra que es la fuerza, y no la ley, la que puede cambiar el tipo de relaciones sociales existentes.
¿Cómo ha cambiado la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado? La ha involucrado inevitablemente en la vida social y política, y esto ha sido y es un paso importante para que deje de considerarse, al margen de la esfera en la que se toman las decisiones que también afectan a la vida doméstica, a la vida familiar y al futuro de sus hijos. Pero el mundo "fuera" de la familia es un mundo que ya no depende de la familia, de su estructura interna, de su estabilidad y continuidad en el tiempo, de su voluntad de resistir más allá de sus contradicciones; es el mundo del capital, en el que toda relación social, toda relación familiar depende de las leyes del capitalismo, de su necesidad de transformar toda actividad humana, toda expresión de vida en una mercancía; todo producto, toda cosa y todo ser humano se ha convertido en un artículo de comercio, de compra y venta. ¿Dónde está la emancipación?
La "libertad" de venderse al mejor postor se aplica tanto a los hombres como a las mujeres: la mercantilización de cualquier acto humano comienza con la obligación en la que el proletario se ve obligado a vender su fuerza de trabajo a un amo. Está claro que el amo, el poseedor de todos los medios de producción y de toda la tierra, se convierte también en el amo de la producción de seres humanos, de la reproducción de la especie. La mujer, además de ser la procreadora de seres humanos gracias a la aportación puntual del varón, además de ser -para el capital, y por tanto para la burguesía- el instrumento para la continuidad de esa especie particular de seres humanos que llamamos amos y asalariados, sufre al mismo tiempo el mismo destino que cualquier otro medio de producción existente en la sociedad capitalista: el destino de la sobreproducción. En la medida en que los medios de producción económicos del capitalismo desarrollado entran en crisis porque su producción ya no encuentra salida en el mercado, los medios de producción de los seres humanos, las familias y las mujeres en particular, también entran en crisis porque su producto específico -los niños- ya no encuentra salida en el mercado de trabajo y, por tanto, en la sociedad. Y, como ocurre cada vez que la economía capitalista entra en crisis de sobreproducción, el sistema burgués destruye una parte -cada vez mayor, en proporción a su capacidad productiva- de la producción y de los medios de producción, por un lado, dejando que se deterioren y se pudran los medios de producción que ya no son rentables, y por otro, destruyendo una parte considerable de los productos que quedan sin vender para dar paso, más adelante, a nuevos ciclos de producción destinados a volver a los mercados con beneficios. Las guerras, como demuestran los más de ochenta años transcurridos desde la última guerra imperialista mundial, son uno de los medios más utilizados para eliminar las mercancías no vendidas y no rentables. Y entre estos bienes, el capitalismo también considera la fuerza de trabajo, los asalariados, sus familias, sus hijos. Hay demasiadas bocas que alimentar y demasiados brazos que pueden rebelarse contra un poder que, para salvar sus privilegios sociales y el sistema de producción y propensión que los defiende, está dispuesto a masacrar productos y seres humanos.
La guerra que ha estallado entre Rusia y Ucrania ha devuelto una dura verdad a las narices de los pueblos de Europa: el sistema capitalista no se puede reformar, no se puede cambiar, no se puede transformar de un sistema que sólo vive de la explotación del hombre sobre el hombre y que sólo se sostiene utilizando todo tipo de violencia, en un sistema armonioso y "humano".
Las imágenes de las gigantescas masas de civiles que huyen de las ciudades ucranianas bombardeadas en los últimos 11 días de la guerra, de las que se ha hecho eco la televisión de todo el mundo, muestran la emigración forzosa de mujeres de todas las edades, con sus hijos y familiares mayores, mientras que los hombres -sometidos a la ley marcial- se quedan y tienen que luchar por su patria; el proletariado, masculino y femenino, está llamado por enésima vez a dar su sangre y a sufrir todo tipo de violencia para defender a su burguesía, tanto en el lado ucraniano como en el ruso, sin importar quién fue el agresor o la agresora: la ley de la guerra burguesa no distingue en términos de derecho, sino sólo en términos de fuerza.
Esa misma patria que siempre los ha explotado y aplastado, y que los ha engañado haciéndoles creer que podrían acceder a la prosperidad futura a condición de someterse pacíficamente a las exigencias del capitalismo nacional, es la misma patria que hoy los obliga a luchar contra un enemigo que lleva otro uniforme, que habla otro idioma o incluso el mismo, que ha entrado en sus casas con tanques y que derriba casas, puestos de trabajo, almacenes y cultivos, matando de hambre a toda una población. Es la propia patria la que muestra el rostro de la víctima agredida, cuando es el lugar donde el capitalismo, en su declive nacional, ejerce con toda la violencia económica y social de la que es capaz su poder, que no quiere ser cuestionado aunque el "enemigo", más fuerte, derribe las fronteras y tire abajo las puertas de la casa.
Las mujeres que huyen de la guerra quieren salvarse no tanto a sí mismas como a sus hijos, y los millones de cochecitos en los que los llevan lejos de los bombardeos, a otros países donde no hay guerra por el momento, están ahí para mostrar no sólo su apego a la vida, sino la fuerza para reaccionar ante una violencia que era inimaginable sólo un par de semanas antes. Huyen, con el corazón sangrando, porque han tenido que dejarlo todo atrás, sus casas, sus familias, sus trabajos. En esta huida no sólo llevan consigo su desesperación y la esperanza de poder volver algún día a los lugares de los que han huido, sino también la esperanza -como todos los millones de migrantes que han intentado vivir en Europa- de vivir en paz, de tener un futuro.
Pero la burguesía no deja nada al azar. Utiliza las masas de mujeres que huyen de los bombardeos como vector de su ideología: abre las puertas de sus fronteras en Polonia, Moldavia, Eslovaquia, Rumanía, incluso Hungría y, por supuesto, Italia, Alemania, Francia y España, para acoger a una población trabajadora, casualmente de raza blanca, que en los países a los que ha emigrado nunca ha dado problemas, nunca se ha rebelado, al contrario, se ha integrado fácilmente asumiendo incluso los trabajos más serviles que las mujeres proletarias europeas no están dispuestas a realizar. Y así, la competencia entre mujeres proletarias encuentra otro canal por el que fluir. Además, la masa de refugiados se utiliza como ejemplo de mujeres capaces de soportar cualquier dificultad, cualquier situación peligrosa, cualquier riesgo para su propia vida y la de sus hijos, en nombre de la paz, la patria, la familia; las mujeres que huyen son contrarrestadas por las jóvenes que se quedan para luchar contra el invasor.
Democracia, ese es el mantra que se esgrime insistentemente desde todos los rincones de la propaganda burguesa. El invasor es siempre el dictador malvado, el totalitario, el bárbaro, el enemigo por excelencia. Pero la democracia actual, la democracia imperialista, no es más que un velo sobre el totalitarismo de base que caracteriza al capitalismo en todos los rincones del mundo, porque ningún ser humano puede escapar a sus leyes: si quiere vivir debe ser explotado en el trabajo asalariado, o explotar el trabajo de otros. O se convierte en proletario, o se convierte en amo. Y la lucha por sobrevivir se repite en cada momento como una lucha por explotar el trabajo de los demás -de ahí que sea una lucha entre explotadores, entre burgueses- o por defenderse de esa explotación -de ahí que sea una lucha contra la burguesía dominante-. Es la lucha entre proletarios y burgueses, una lucha que existe desde que la burguesía capitalista se impuso en las sociedades anteriores e impregnó el mundo entero con su progreso industrial, su desarrollo y su sistema financiero, doblegando a todas las poblaciones, no sólo a las más débiles y marginadas del gran comercio, a sus leyes.
A pesar del progreso industrial y de la participación de las mujeres en la producción, la política, la empresa y el gobierno, las mujeres son el punto débil y el fuerte de la lucha social.
Punto débil, porque sigue sufriendo una opresión de género que se remonta a la antigüedad, a la época de las primeras sociedades de clase y que se ha transmitido sin fisuras de una sociedad de clase a otra, hasta el capitalismo. Punto débil porque en la organización social burguesa sigue sufriendo, aunque trabaje como los hombres, la opresión doméstica, el cuidado del hogar y de los hijos. Punto débil porque su tendencia natural es salvar la vida de los hijos que da a luz y cría, lo que generalmente significa salvaguardar la procreación de la especie; una lucha que en una sociedad dividida en clases ya no es colectiva, sino individual. Este es un punto fuerte, porque es precisamente su tendencia natural a salvaguardar la procreación de la especie lo que puede dar a la mujer una tarea social de primera importancia en una sociedad en la que lo colectivo prima sobre lo individual, y que en la sociedad capitalista, por otra parte, se utiliza para aprisionarlas aún más a la familia única, a la vida individual y doméstica.
Es en la lucha política donde la mujer proletaria puede reconocer su tarea en la historia de las sociedades humanas; no en la lucha política dirigida, influenciada y organizada por la clase dominante burguesa, que tiene todo el interés en mantener a la mujer sometida a la clásica doble opresión, doméstica y salarial, sino en la lucha política proletaria, es decir, en la lucha que los explotados en el trabajo asalariado se ven impulsados a realizar contra los explotadores del trabajo asalariado. Las mujeres proletarias, objetiva e históricamente, tienen su lugar en la lucha de todo el proletariado, sin distinción de género, edad, nacionalidad o raza. Pero reconocer este lugar es lo más difícil que tiene que hacer, porque la presión económica y social del capitalismo, que hace muy difícil incluso para el proletariado masculino reconocer sus propios intereses de clase claramente diferenciados de los de la burguesía, hace aún más difícil romper los moldes sociales y políticos en los que las mujeres han sido encarceladas por la sociedad actual.
Sin embargo, el hecho es que las mismas contradicciones sociales del capitalismo, y sus propias crisis, llevan y llevarán a los hombres y mujeres proletarios a tomar la causa no de una patria, una democracia, una civilización que en realidad son símbolos de deshumanización total, tanto en la paz como en la guerra, sino la causa de la emancipación real, una emancipación de la mercantilización de la vida humana y de todas sus actividades, una emancipación que será exclusivamente proletaria porque su revolución es la única forma de salir del capitalismo y de una sociedad que ha reducido a los hombres y mujeres a mercancías que pueden ser vendidas, compradas, desechadas o destruidas según los intereses del beneficio capitalista.
La solidaridad que hoy reciben las mujeres ucranianas que huyen de la guerra burguesa en las fronteras de los países europeos que no están en guerra en este momento, es una solidaridad que en el plano inmediato es muy diferente a la que han recibido y siguen recibiendo los emigrantes africanos, de Oriente Medio y asiáticos de los mismos países europeos que hoy se toman el lujo de mostrar a sus proletarios que son "buenos", "humanos" con los proletarios que no traen malestar social pero que pueden ser explotados a su vez como fuerza de trabajo sometida. Es ciertamente una "solidaridad" temporal, porque la guerra que hace estallar a Ucrania es una guerra que tendrá consecuencias duraderas, que aumentará el desorden imperialista que estalló con el colapso de la URSS, que inevitablemente fortalecerá los nacionalismos de cada país más de lo que parece hoy, que desaparecerá a los primeros intentos proletarios de los países europeos de entrar en lucha con los medios y métodos de la lucha de clases. Entonces la burguesía tratará a los proletarios con la represión habitual, más aún si son de diferentes nacionalidades.
La verdadera solidaridad que contribuye a la defensa de las condiciones de vida de las mujeres proletarias ucranianas de hoy, así como las de Irak, Siria, Afganistán, Somalia, Libia, o cualquier otro país perturbado por las guerras de las burguesías imperialistas, es sólo la solidaridad proletaria que descansa su fuerza en la lucha de la clase proletaria por sus propios intereses de clase. La solidaridad burguesa y pequeñoburguesa no es más que una hoja de parra ante la verdadera violencia social que impregna toda la sociedad capitalista.
Contra la guerra burguesa e imperialista, ¡lucha de clases!
Por la unidad de los hombres y mujeres proletarios de todos los países en la lucha común por la emancipación del capitalismo.
¡Por la reanudación de la lucha de clases en Europa y en el mundo!
Partido Comunista Internacional (El Proletario)
7 de marzo de 2022
Difundimos un texto antiguo del 2018, en un nuevo aniversario de la UP. Nuestra memoria proletaria es un arma cargada de futuro:
MEMORIA AUTOCRÍTICA: LA DERROTA DEL PROLETARIADO EN CHILE
La última gran ofensiva del movimiento proletario chileno, y su
derrota, se enmarca en el contexto histórico del segundo asalto
proletario. Comprendemos este acontecimiento como una gran ola
revolucionaria,
El proceso revolucionario en Chile se vino fraguando bastante años antes del periodo allendista, su contenido se expresó en la acción autónoma de amplios sectores del proletariado obrero y campesino; principalmente a través de tomas de terreno, ocupación de fábricas, organización barrial y acciones de autodefensa armada, prácticas que en su conjunto apuntaban a recuperar las condiciones de existencia que les había arrebatado el modo de producción capitalista y que conllevaron variadas masacres orquestadas por el Estado, anteriores al Golpe de 1973; entre ellas la masacre de los obreros y estudiantes en Santiago y Valparaíso en 1957 en la llamada “Huelga de la Chaucha”, la matanza de pobladores de la población José María Caro en 1962, el asesinato de trabajadores de la mina El Salvador en 1966 y la masacre de pobladores ocurrida en Puerto Montt en el año 1968.
Con la asunción al
poder de la coalición izquierdista de la Unidad Popular, se comienza a
poner en práctica un programa político que anticipaba la derrota de lxs
proletarixs de este país, pues estxs abogaban por una política de
nacionalización
La izquierda buscaba encuadrar las prácticas de antagonismo proletario
en los mecanismos democráticos existentes, filtrando el poder
revolucionario de la clase que se constituía lentamente en práctica viva
contra el capitalismo. No obstante, el proletariado no se limitó a
seguir las políticas democráticas de la Unidad Popular, sino que agudizó
sus prácticas por fuera de los canales parlamentarios.
En el mundo rural lxs campesinxs realizaron
“espontáneas tomas armadas” por fuera de la autoridad estatal. De hecho,
el gobierno no dudó en denunciar “expropiaciones
En la huelga patronal en octubre de 1972 lxs obrerxs resisten la arremetida de la derecha tomando activamente las fábricas y coordinándose en Cordones industriales autónomos; las tareas que asumían estos era la producción y distribución de productos al mismo tiempo que organizaban la defensa armada contra los patrones (2). Sin embargo, las asociaciones que iban gestando lxs obrerxs seguían confiando en el “compañero presidente”, aunque su gobierno los atacara por ocupar activamente las fábricas que se organizaban sin asistencia sindical o estatal.
En los barrios la aplicación de las Junta de
Abastecimiento Popular (instituciones creadas por el gobierno), fueron
desbordadas por la auto-organizaci
Toda esta autonomía expresada en actos fue recuperada por las diversas organizaciones socialdemócrata
La guinda de la torta de este permanente ataque de la izquierda a las prácticas de autonomía proletaria es el instante en que el mártir Salvador y su camarilla de burócratas desarman las milicias obreras meses antes del golpe, firmando en octubre de 1972 la Ley de control de armas, dejándolas indefensas ante los militares que ya estaban instalados en su gabinete. Comenzaba así una larga noche para el proletariado chileno.
El 11 de septiembre de 1973, la ultra izquierda de la época, en este caso el MIR –no cayó en la canallada de sus pares políticos que huían del país– no abandonó a lxs proletarixs que resistieron en sus poblaciones y fábricas, pues “el MIR dio órdenes de replegarse en orden y combatiendo. Sus militantes combatieron junto a los obreros pero –conscientes que la derrota del reformismo era inevitable– se retiraban en orden cuando la resistencia era imposible”. En la práctica, el mirirsmo nunca pudo sacudirse de la carga de la UP, pues su transa con el reformismo los había derrotado de antemano. Ya “meses antes del golpe algunos de sus dirigentes obreros más importantes habían roto con su dirección porque la consideraban burocrática y oportunista. En realidad se trata de una dirección que quiere hacer la revolución “para” los obreros, pero que no ha comprendido en absoluto que “la liberación de la clase solo puede ser obra de ella misma.”
El fracaso del proletariado en
Chile estaba sentenciado de antemano cuando creyó ingenuamente en sus
representantes políticos. Su falta de esclarecimiento
NOTAS:
(1) Grandes empresas estadounidenses
(2) Hay actitudes que rompieron abiertamente con la cotidianidad
capitalista; los obreros de la planta textil SUMAR en el contexto del
paro nacional de la patronal de octubre de 1972, comenzaron a producir
ropa y víveres textiles para entregar a los pobladores aledaños a la
fábrica. Estas actitudes responden a una vida comunitaria real que
venían forjando los obreros y pobladores del sector, a través de
diversas actividades como bibliotecas populares y comedores comunes.
(3) Duque y Pastrana “La movilización reivindicativa urbana de los sectores populares en Chile”, 1972.
[Ecuador] breve balance y perspectiva de las jornadas de lucha proletaria en octubre del 2019, al calor de los últimos hechos y debates al respecto
«El proletariado es arrojado a la lucha de clases por su propia naturaleza de clase asalariada y explotada, sin necesidad que nadie le enseñe nada; lucha porque necesita sobrevivir. Cuando el proletariado se constituye en clase revolucionaria consciente, enfrentada al partido del capital, necesita asimilar las experiencias de la lucha de clases, apoyarse en las conquistas históricas, tanto teóricas como prácticas, y superar los inevitables errores, corregir críticamente los fallos cometidos, reforzar sus posiciones políticas por medio de la toma de conciencia de sus insuficiencias o lagunas y completar su programa; en fin, resolver los problemas no resueltos en su momento: aprender las lecciones que nos da la propia historia. Y ese aprendizaje sólo puede hacerse en la práctica de la lucha de clases de los distintos grupos de afinidad revolucionarios y de las diversas organizaciones del proletariado.» Agustín Guillamón. Proletariado y clases sociales, hoy (2013)
A pesar de las debilidades, contradicciones, lastres ideológicos y errores prácticos que estuvieron presentes en el movimiento social real que protagonizó las recientes jornadas de octubre de este año en Ecuador, a saber: falta de radicalidad y autonomía frente al Estado Capitalista, aceptar el diálogo y la negociación con el gobierno, pedir la intermediación de la ONU, división entre algunas dirigencias y algunas bases del movimiento indígena, pacifismo de algunos sectores de este movimiento, deponer las medidas de hecho, pensar en nuevas elecciones de gobierno, ausencia de algunos sectores de trabajadores, presencia de algunos políticos oportunistas que quisieron pescar a río revuelto, discursos y símbolos nacionalistas y populistas, falta de claridad, organización y ofensiva; a pesar de esto, en los hechos lo que ocurrió en Ecuador durante los 11 días de Paro Nacional fue una
verdadera revuelta proletaria con tintes insurreccionales que logró desafiar y hacer retroceder un paso al Estado burgués que controla este territorio. Se hizo lo que se pudo hacer, lo que las fuerzas realmente existentes permitieron hacer, ni más ni menos; concretamente, obligar a derogar parcialmente las últimas medidas de austeridad capitalista o el «paquetazo» impuesto por el gobierno de Moreno (el decreto ejecutivo 883), desde las calles ganadas mediante la lucha día tras día y noche tras noche. Pero, como dijo Marx, un paso adelante del movimiento real vale más que una docena de programas.
Esta victoria parcial del 13 de octubre (con cierto sabor a derrota por nuestros muertos y por la permanencia del actual gobierno de ladrones y asesinos y sus nefastas reformas laborales), fue el resultado de todas las acciones directas de masas realizadas desde el 3 de octubre: se tomaron instituciones gubernamentales, pozos petroleros, carreteras, hicieron marchas y cacerolazos, piquetes y barricadas, saquearon algunos comercios, quemaron regimientos policiales y tanques de guerra, capturaron y retuvieron policías y militares, le hicieron huir al presidente a Guayaquil, instauraron la Comuna de Quito como epicentro del Paro Nacional… Con tales acciones, en 11 días hicieron lo que no hicieron en 11 años. 11 días de ruptura parcial, temporal y precaria
pero real de la normalidad capitalista, sobre todo al interior de las protestas mismas: ruptura del trabajo asalariado y la circulación de mercancías (por algo fue un paro), de la propiedad privada y el dinero,
sustituyéndolas por la solidaridad y la gratuidad (en los centros de acopio y las ollas comunitarias); a lo cual le acompañó a toda hora la discusión y toma colectiva de decisiones en las asambleas, y la valiente autodefensa desde las barricadas contra la brutal represión de los perros guardianes uniformados de los ricos y poderosos. En pocas palabras, en esos 11 días de Paro Nacional lxs explotadxs y oprimidxs en lucha de este país crearon y vivieron embriones de comunismo y anarquía; embriones espontáneos, caóticos, contradictorios, localizados, de corta duración, pero reales. Todo esto no fue poca cosa, fue un acontecimiento histórico con eco mundial, considerando que las masas proletarias del campo y la ciudad de esta «mitad del mundo» estuvieron dormidas o
inactivas durante tantos años, y ya no lo están más. Estallaron cual volcán y siguen calientes. Y lxs anticapitalistas autónomxs que participamos como una parte más de ellas, también.
Los muertos y heridos en combate por parte del terrorismo de Estado tampoco son poca cosa. No fueron «muertes accidentales», fueron crímenes de Estado. ¡Ni perdón ni olvido! Por eso, negarlos o hacerlos de menos es una falta de respeto y hasta una muestra de cinismo para con ellos, sus seres queridos y sus compañeros. Una actitud pésima y rechazable, no sólo de algunos derechistas sino incluso de algunos izquierdistas locales. Muy por el contrario, lo mínimo que hay que hacer en estos momentos de «post-guerra» de clases (porque lo que hubo aquí fue una guerra de clases que aún no termina) es: solidarizarse con los
compañeros detenidos y con las familias de los compañeros caídos; denunciar y oponerse activamente al terrorismo de Estado/gobierno asesino, que en estos momentos está haciendo represión selectiva a modo
de venganza contra miembros de organizaciones sociales que participaron del paro, por lo cual toca cuidarnos; estar alertas e impedir nuevas medidas de austeridad maquilladas y «focalizadas» (nuevo decreto ejecutivo); estar atentxs también al inicio de las privatizaciones para oponerse a las mismas, y a las movilizaciones anunciadas para fines de este mes contra las reformas laborales flexiblizadoras/precarizadoras aún vigentes; y, mantener la movilización y organización social que se dio espontáneamente para poder «acumularla», radicalizarla y generalizarla a mediano y largo plazos con una perspectiva autónoma y revolucionaria. En ese sentido, esto acaba de empezar. La lucha sigue. Hasta el fin. Porque no se trata de sobrevivir menos mal, sino de vivir de verdad. Y no se trata de cambiar de amo, sino de dejar de tenerlo.
Es la insatisfacción de necesidades concretas del día a día, y no una u otra ideología, lo que lleva a la clase trabajadora a enfrentarse a la clase patronal y su Estado. En el seno de esta lucha, surgen y se desarrollan minorías conscientes, organizadas y activas que se esfuerzan por mantener viva la memoria, las lecciones y la llama rojinegra de la revolución proletaria. Pero una cosa es ser revolucionario y «ensuciarse las manos» en la lucha de clases real y contradictoria, estar ahí «donde las papas queman», viviendo la solidaridad y la combatividad de nuestra clase proletaria en carne propia, aportando y aprendiendo lo más que se pueda (tanto en las barricadas como en los centros de acopio y las asambleas), siempre con autonomía y criticidad, al mismo tiempo que con humildad y sin prejuicios ideológicos ni huevadas personales o grupusculares; y otra cosa es decir ser revolucionario desde la comodidad de la cama, la pantalla, el escritorio o la vereda, además
desde una ideología eurocentrista/racista, obrerista, pacifista y purista que dice ser «comunista» e «internacionalista». O desde una ideología «marxista-leninista-maoísta» a «la vanguardia». O desde una
ideología «anarquista» nihilista o valeverguista. Da igual. La revolución social no es un hecho ideológico sino un hecho real o material y, por lo tanto, impuro y contradictorio, que hay que saber asumirlo como tal mientras se está luchando codo a codo junto a las masas y otras minorías, porque así toca hacerlo contra el enemigo de
clase común cuando estalla la guerra social como aquí estalló.
Obviamente aquí y en todas partes falta mucho para la revolución comunista anárquica mundial propiamente dicha, aún no existen las condiciones y las fuerzas para ello, pero por algo se empieza después de tanto letargo histórico. La emergente y actual lucha proletaria en Ecuador (las masas indígenas son parte de las masas proletarias del campo, no «un sector no explotador», además que también salimos a luchar las masas proletarias de la ciudad) es parte de toda una oleada internacional de luchas proletarias (Haití, Hong Kong, Francia, Argelia,
Irak, etc.) que hoy por hoy está cerrando un ciclo histórico de contrarrevolución (con medidas de austeridad y represión estatal a la orden del día en todas partes) y abriendo un nuevo ciclo de ascenso e intensificación de la lucha de clases, en medio de la actual crisis capitalista mundial.
El papel de las minorías revolucionarias en todo esto, como siempre, es contribuir a desarrollar la autonomía y la ruptura proletaria en todo sentido, es decir contribuir a que lxs explotados y oprimidxs podamos liberarnos por completo y de raíz del Capital y del Estado con cabeza y mano propias; y, a que nos reapropiemos del programa invariante de la revolución social, forjado al calor de la lucha histórica del proletariado mundial, para hacerlo realidad de una vez por todas: abolición y superación de la propiedad privada, el trabajo asalariado (en todas sus formas), el valor, el dinero, las clases, el Estado, el mercado, las patrias, las razas, los géneros y toda otra forma de separación y opresión entre los seres humanos y sobre la naturaleza, para así poder vivir en comunidad y libertad reales.
Pero eso sólo es posible participando en las luchas sociales reales, metiendo y «ensuciándose las manos», cometiendo errores y aciertos, pasos en falso y pasos en firme, avances y retrocesos, victorias y derrotas; siendo parte activa e incidente de las masas en revuelta, de la clase explotada y oprimida en pie de lucha por sus necesidades materiales, para desde ahí (y no desde la ideología, la comodidad ni el cinismo) poder sacar y aplicar las lecciones empíricas y teóricas aprendidas, para desde ahí poder criticar y superar en la práctica
nuestras debilidades y contradicciones con la perspectiva clara y firme de hacer la revolución hasta el fin, es decir hasta derrocar todo este sistema de explotación, miseria y muerte. Por ello, desde la resistencia
y la dignidad que sólo la lucha otorga, decimos: por nuestros muertos y nuestras vidas, ¡ni un minuto de silencio, toda una vida de combate! ¡La solidaridad es nuestra mejor arma y les hará temblar de nuevo!
Un@s proletari@s cabread@s de la región ecuatoriana por la revolución comunista anárquica mundial
Kito, 17 de octubre del 2019
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