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Guerra de clases 17/2026: Indonesia, Nepal, Madagascar, Filipinas, Ecuador, Perú, Marruecos… hasta el infinito

 

¡Transformemos la guerra y la paz capitalistas en una revolución social mundial!

«¡El año 2026 ha empezado con fuerza!», escribimos a principios de este año, coincidiendo con la intervención militar estadounidense en Venezuela. Aprovechando este enésimo episodio de belicismo, recordamos que, durante años, nosotros y otras minorías comunistas hemos afirmado que el mundo se encamina inexorablemente hacia una guerra mundial generalizada, que todos los burgueses que nos explotan ven como la solución a la crisis (económica, social, política…) inherente al modo de producción y acumulación capitalista. Y la guerra en Ucrania no nos desmentirá. Tampoco las matanzas en la Franja de Gaza. Ni siquiera los recientes acontecimientos en Venezuela… ¡Y hoy, apenas dos meses después, podemos añadir a Irán a esta sombría lista!

En general, lo que observamos es una militarización mundial de la sociedad, tanto física como mental, un rearme generalizado, el desarrollo de propaganda belicista y la designación de un "enemigo" (siempre el bando burgués del otro lado) y, por lo tanto, también una represión contra el proletariado y sus intentos de defender sus propios intereses como clase explotada (¡y por lo tanto revolucionaria!), tanto sus intereses inmediatos como históricos.

Y una vez más, presenciamos las mismas campañas burdas para movilizar al proletariado bajo banderas que no son la suya: se nos pide que elijamos entre la peste y el cólera, que elijamos un bando burgués sobre otro, un “mal menor” sobre uno “peor”… ¡O el bando del “imperialismo” o el del “antiimperialismo”, sabiendo que este último también es imperialismo, el del bando “opuesto”! Hubo un tiempo en que se nos pedía que defendiéramos al “pueblo” vietnamita, palestino o chileno contra el “imperialismo yanqui”. Y hace apenas dos meses, todas las facciones de la izquierda internacional nos ordenaban defender (más o menos) “la patria y el socialismo” al estilo bolivariano… ¡hoy se supone que debemos “jugar otra ronda” defendiendo la causa contra la “agresión estadounidense-israelí” en Irán, considerado el centro regional del “eje de la resistencia”!

Ante esta situación antagónica, solo podemos afirmar una vez más que el proletariado no tiene, nunca ha tenido, ni tendrá jamás una patria que defender, que el socialismo o el comunismo o la anarquía, en resumen, una sociedad sin clases, sin Estado, sin dinero, sin propiedad, sin explotación… no se construirá defendiendo a una facción burguesa supuestamente progresista (o “antiimperialista”) contra otra facción burguesa supuestamente conservadora o reaccionaria (o imperialista). ¡Ni Trump ni Maduro! ¡Ni Putin ni Zelensky! ¡Ni Netanyahu ni Khamenei! ¡Ni Estados Unidos ni Venezuela! ¡Ni Rusia ni Ucrania! ¡Ni Israel ni Irán ni Palestina! ¡Ni Tsahal ni Artesh! ¡Ni la izquierda ni la derecha!

Y aunque esto “escandalice” a algunos, no tememos decirlo alto y claro: ¡Ni el ISIS ni Rojava! No es que equiparemos a estas dos entidades, pero ambas son productos y agentes del capital. Una, a través de su “dictadura teocrática”, se constituyó y autoproclamó como el “Estado Islámico”; y la otra, a través de su dictadura igualmente democrática, que en ningún sentido afecta a la propiedad privada ni al valor, y que, más allá de un modelo predominantemente y ostentosamente basado en asambleas, desarrolla, no obstante, todos los aspectos del Estado (¡el “protoestado” de Rojava, como algunos afirman!). Y esta última está obviamente dispuesta a entablar todo tipo de compromisos y alianzas con todas las facciones burguesas posibles, ¡con la posible excepción del ISIS!

Ni el proletariado venezolano, que lleva décadas luchando (recordemos el Caracazo de 1989 y sus 3.000 muertos), ni el proletariado iraní, que ha protagonizado al menos cinco grandes levantamientos en los últimos ocho años, con quizás 30.000 víctimas en el más reciente en enero de 2026, necesitan la intervención estadounidense para deshacerse de su propia burguesía, de sus propios explotadores: la «boliburguesía» en Venezuela, el «régimen del mulá» en Irán. Y nuestra clase luchadora no necesita ningún tipo de pseudo «solidaridad internacional» que consiste precisamente en defender a una facción local de la burguesía mundial contra otra. Nuestra única respuesta es la lucha de clases, la solidaridad internacionalista con todos los sectores del proletariado que luchan contra su propia burguesía: solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Venezuela contra la burguesía bolivariana, solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Irán contra la burguesía de los mulás, solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Palestina contra la burguesía de la Autoridad Palestina y Hamás, solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Rojava contra la burguesía nacionalsocial-liberacionista…

Ante la implacable marcha hacia la guerra mundial generalizada que nuestros enemigos, todos nuestros enemigos, nos preparan, el proletariado solo tiene una respuesta que proclamar con vehemencia en el escenario de la prehistoria humana: ¡Derrotismo revolucionario contra todos los campos burgueses! ¡Transformemos la guerra y la paz capitalistas en una revolución social mundial!

 

 


 VER COMPLETO:

GUERRA DE CLASES 17/2026: https://www.autistici.org/tridnivalka/class-war-17-2026-indonesia-nepal-madagascar-philippines-ecuador-peru-morocco-ad-infinitum/ 

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  • Algunas reflexiones sobre el papel de las revueltas en nuestros tiempos.
  • Preguntas para la Huelga Nacional de 2025 en Ecuador
  • ¡La Generación Z irrumpe en Marineford!
  • ¡Indonesia, para el Programa Máximo!
  • Ni Tsahal ni Artesh
  • ¡Apoyamos a nuestras tropas... cuando disparan contra sus oficiales!
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    ¡Contra la guerra imperialista Israel-Irán, guerra de clase anticapitalista!

    LA RESPONSABILIDAD DE LOS IMPERIALISMOS OCCIDENTALES EN LA GUERRA


    Hace una semana que Israel atacó Irán con una campaña masiva de bombardeos sobre objetivos militares y civiles, precedida por una serie de asesinatos de responsables militares y otros iraníes. Pero ya son varios meses en los que las fuerzas armadas israelíes han cometido no sólo amenazas, sino también «asesinatos selectivos» y bombardeos limitados contra objetivos iraníes. En respuesta, Irán lanzó misiles contra Israel y envió drones.

    Aunque algunos comentaristas burgueses discuten seriamente si este ataque fue decidido por Estados Unidos, es indiscutible que no habría tenido lugar si este último, informado de antemano, se hubiera opuesto. Por otra parte, las declaraciones de Trump invitando a Irán a una «capitulación sin condiciones» no dejan ninguna duda sobre el apoyo estadounidense a la guerra desencadenada por Israel, la única incógnita es la entrada directa de Estados Unidos en la guerra. Los imperialismos europeos reaccionaron inmediatamente afirmando que «Israel tiene derecho a defenderse» (¡por lo tanto, también a atacar!). El presidente francés, abandonando entre otras cosas su vacía idea del «reconocimiento» de un Estado palestino inexistente, añadió que Francia estaba dispuesta a defender militarmente a Israel: existe, por tanto, una alianza militar de facto con el Estado judío.

    Israel no podría llevar a cabo su guerra en Gaza, atacar el Líbano, bombardear Siria y ahora atacar Irán sin el apoyo, principalmente pero no solo militar, que le garantizan desde hace muchos años los Estados Unidos y los imperialismos occidentales. Sin duda, Israel defiende sus intereses a veces sin tener demasiado en cuenta la voluntad de sus padrinos imperialistas: es lo que ocurre de vez en cuando con los secuaces. Pero lo cierto es que si cuenta con el apoyo incondicional de los imperialismos occidentales es porque estos tienen un interés fundamental: disponer de un punto de apoyo sólido en una región inestable y de importancia estratégica.


    LA IMPOTENCIA DE LOS LLAMAMIENTOS A LA PAZ


    Como en toda guerra, se alzan llamamientos a la paz, a las negociaciones, al respeto del derecho internacional, solo que estos llamamientos, siempre vanos e hipócritas, esta vez no provienen de las grandes democracias occidentales, comprometidas como están en el apoyo incondicional al ataque israelí. Algunos imaginan que es posible ejercer presión, tal vez a través de manifestaciones, sobre los líderes de los grandes Estados para que pongan fin a las guerras, y a esta en particular, y hagan respetar el derecho internacional, el derecho humanitario y otras tonterías burguesas siempre pisoteadas.

    En realidad, es toda la situación internacional de agravamiento de tensiones de todo tipo la que empuja a los enfrentamientos bélicos —hasta el estallido mañana de una tercera guerra mundial—, y no la voluntad de unos «fomentadores de la guerra». Las guerras en Oriente Medio, como la guerra en Ucrania, nacen del terreno fértil del capitalismo en crisis y, más allá de las circunstancias particulares que las han generado, demuestran la amenaza que pesa y pesará sobre los proletarios y las masas oprimidas del mundo: convertirse en carne de cañón en los frentes, carne de explotación en los campos de trabajo capitalistas o carne de bombas en el caso de los bombardeos.


    LA ÚNICA SOLUCIÓN: GUERRA DE CLASES CONTRA EL CAPITALISMO


    Los proletarios, sin embargo, no están condenados a la impotencia: tienen en sus manos un potencial formidable, porque es en su trabajo, en su explotación, en lo que se basa el funcionamiento del sanguinario sistema capitalista. Con su lucha contra esta explotación pueden detener la máquina de guerra antes incluso de poder derribarla junto con todo el capitalismo y sus Estados. Pero para ello deberán romper con las fuerzas que los paralizan encadenándolos a la colaboración de clase en nombre de la unidad nacional o de la defensa de la economía o de la empresa, deberán reencontrar el camino de la lucha de clase independiente.

    Con la guerra de clases contra el capitalismo, unidos a los proletarios y explotados de todo el mundo, podrán entonces poner fin a las guerras burguesas, permitiendo vislumbrar la única ayuda definitiva para sus innumerables víctimas, ¡la que traerá la revolución comunista internacional!



    19 de junio de 2025


    Partido Comunista Internacional

    Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program

    www.pcint.org


     

    Los líderes burgueses se preparan para la guerra,

    ¡Preparémonos para la guerra de clases!



    Los anuncios de la inminente introducción por parte de los Estados Unidos de elevados aranceles aduaneros sobre las mercancías europeas, después de los ya vigentes sobre las canadienses, mexicanas y chinas, acompañados de las declaraciones antieuropeas de Trump y sus colaboradores más cercanos (como la petición de anexionar Groenlandia, territorio bajo dominio danés) provocaron consternación entre los líderes europeos ante la amenaza de una guerra comercial. Pero la decisión de Trump de obligar a Zelensky a detener los combates, incluso suspendiendo de un día para otro los envíos de armas y la información de la «inteligencia» estadounidense a Ucrania, y de negociar un acuerdo de paz directamente con Rusia, sin involucrar a los europeos, supuso, para ellos, un verdadero shock: hasta entonces, la posición de los líderes europeos, reiterada por todos los medios de comunicación, era la de apoyar a Ucrania, junto con Estados Unidos, «hasta la victoria» de sus ejércitos; cualquier idea de alto el fuego antes de alcanzar este objetivo era denunciada casi como una traición a favor de los rusos.

    Los líderes de la burguesía europea se reunieron rápidamente para asegurar a Zelensky su apoyo inquebrantable, pidiendo a su vez un alto el fuego (!), antes de que el presidente ucraniano, en acto de reparación y disculpándose con los estadounidenses, afirmara estar dispuesto a trabajar «bajo la firme dirección del presidente Trump» y firmar un acuerdo unilateral que concedería a Estados Unidos una parte significativa de los minerales del país.

    En el momento de la independencia (1991), alrededor del 30 % de la industria bélica de la antigua URSS estaba localizada en Ucrania; en este sector operaban unas 700 empresas ucranianas, que daban empleo a más de un millón de personas. Pero las graves dificultades económicas imposibilitaron las grandes inversiones que habrían sido necesarias para reorganizar esta industria, privada repentinamente del mercado soviético, y para modernizarla. Tras caer en una profunda crisis durante años, la industria militar ucraniana ha experimentado un renacimiento gracias a las cuantiosas inversiones estatales a partir de 2014 (fecha de la anexión de Crimea por parte de Rusia y de los primeros enfrentamientos en el Donbass): en vísperas de la guerra con Rusia, en 2021, el presupuesto militar de Ucrania había aumentado un 1300 % con respecto a 2014. Hoy en día, hay unas 500 empresas industriales en el sector de armamento en el país (sin contar más de mil «start-ups») que emplean a casi 300 000 personas. Antes de que la guerra limitara sus ventas de armas al extranjero, Ucrania era el undécimo mayor comerciante de armas del mundo, justo después de España. Todo esto demuestra la realidad y el poder del complejo militar-industrial ucraniano, que no puede dejar de influir en la política de guerra de este Estado (1). Sin embargo, para librar la guerra, Ucrania depende en gran medida de los suministros militares occidentales, procedentes principalmente de Estados Unidos, que disponen así de un medio decisivo para ejercer presión sobre ella: a pesar de sus declaraciones, los Estados europeos no son capaces de sustituir el apoyo estadounidense. Ante la imposibilidad de continuar la guerra hasta el último ucraniano, los líderes europeos han reaccionado anunciando una aceleración sin precedentes de los gastos militares, que ya estaban aumentando considerablemente, y multiplicando las declaraciones bélicas.

    En Alemania, el 5 de marzo, los socialdemócratas del SPD y los conservadores de la CDU-CSU acordaron someter a votación en el Parlamento, sin esperar a la toma de posesión del nuevo gobierno salido de las elecciones, una ley destinada a eliminar la disposición constitucional que limita el déficit presupuestario; esto permitirá aumentar el gasto militar hasta casi 100 000 millones de euros al año, el doble de la cantidad actual (además de aumentar la inversión en infraestructuras del país), mientras se avanza en el restablecimiento del servicio militar obligatorio. En Gran Bretaña, el primer ministro había anunciado el 25 de febrero que el gasto militar, ya el segundo más alto de Europa, aumentaría del 2,3 al 2,5 % del presupuesto en 2027, el «mayor aumento del presupuesto militar británico desde el final de la Guerra Fría», y que debería alcanzar el 3 % en 2030. En Francia, el 20 de febrero Macron había estimado que el gasto militar podría aumentar hasta el 5 % del presupuesto (frente al 2,1 % actual) y en su declaración televisiva del 5 de marzo reiteró, sin dar cifras, que había que emprender más gastos militares «lo antes posible». En Italia, el presupuesto previsto para gastos militares aprobado el pasado mes de octubre para 2025 indicaba un total de 32 000 millones de euros (+12,4 % con respecto a 2024 y más del 60 % con respecto al decenio 2016-2025). Esto significa que en 2025 Italia gastará 7 000 millones más que en 2024 y, según el plan ReArm Europe de 800 000 millones en el cuatrienio 2025-2028, gastará 17 000 millones más en 2026, 27 000 millones más en 2027 y 37 000 millones más en 2028, es decir, 88 000 millones de euros más en total respecto al 1,5 % del PIB actual (2).

     

    En el caso de España, que es el país de la OTAN con el presupuesto militar más bajo (no llega al 1,6 % oficial en las cuentas del Ministerio de Defensa, si bien supera ampliamente esta cifra teniendo en cuenta los “gastos ocultos” que se disimulan en las cuentas de otros ministerios pero que responden realmente a Defensa) el presidente Pedro Sánchez se ha comprometido a aumentarlo, para 2029, a 32.000 millones de euros, lo cual implicará colocarse en el entorno del 2% que exigen sus socios europeos (3).

    El 6 de marzo, los líderes de la UE aprobaron el plan de la Comisión Europea de 800 000 millones de euros para «rearmar Europa», etc. Para completar el cuadro, añadamos que los británicos y los franceses han declarado estar dispuestos a enviar soldados para garantizar un alto el fuego en Ucrania y que los franceses han propuesto extender su «paraguas nuclear» a otros Estados europeos (4). El aumento de los gastos militares y el «apoyo a Ucrania» se justificaron ayer con el argumento de que era necesario asegurar la victoria de Kiev y castigar a Rusia por sus violaciones del derecho internacional y sus crímenes de guerra: todos han visto que en el caso de Israel las violaciones del derecho internacional y los crímenes de guerra no han supuesto ningún «castigo» por parte de los países europeos, que en realidad han sido cómplices, porque los estados burgueses respetan la ley solo si sirve a sus intereses. El fuerte aumento adicional de los gastos militares anunciado con gran alboroto y el clima belicista difundido por los medios de comunicación se justifican hoy en día por la inminente amenaza que Rusia representaría para Europa en el probable caso de un cese de los combates en Ucrania y en la perspectiva de una retirada de los Estados Unidos (5).

    Lo absurdo de los argumentos utilizados por esta propaganda burguesa no puede ocultar el hecho de que el capitalismo se está moviendo inexorablemente, a escala internacional, hacia enfrentamientos militares de «gran intensidad», algo de lo que todos los Estados burgueses son conscientes. La perspectiva de un tercer conflicto mundial, resultado inevitable en algún momento de las crisis capitalistas, se está volviendo cada vez más concreta, aunque todavía no es inminente. Si los Estados Unidos de Trump quieren detener la guerra en Ucrania, no es por amor al «paz», sino porque, tras ver el fracaso de la guerra actual, buscan redirigir sus fuerzas hacia Asia, donde le espera un enfrentamiento decisivo con China. Los Estados europeos, que ya no tienen la certeza de mantener la alianza con los Estados Unidos, se están preparando a gran velocidad para poder desencadenar una guerra «por su cuenta». Y esta preparación no consiste sólo en el aumento de los gastos militares; consiste también y sobre todo en la regimentación de la población en general y de los proletarios en particular en torno a la unión nacional, es decir, en la defensa de los intereses del capitalismo nacional: los proletarios y los explotados están llamados a aceptar sacrificios, a renunciar a defender sus intereses de clase en nombre de la defensa de la patria antes de ser llamados, si es necesario, a derramar su sangre. Los proletarios pagarán los gastos militares adicionales en forma de reducción de los gastos sociales, que no son un regalo del Estado burgués, sino que forman parte del salario «diferido», ese salario no pagado directamente que ahora se utilizará para pagar los gastos militares: ¡la economía de guerra es ante todo guerra contra los proletarios!

    Si no quieren ser super explotados hoy y servir de carne de cañón mañana, los proletarios deben negarse a someterse a las exigencias burguesas. Es posible oponerse a los sacrificios en beneficio exclusivo del capitalismo, tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, a condición de luchar por la defensa intransigente de los intereses proletarios. La negativa a la mortal unión nacional, la oposición a la paralizante colaboración entre las clases en nombre de la defensa de la patria, el retorno a la verdadera lucha de clase, basada en medios, métodos y organización clasistas, permiten unir a los proletarios de todas las nacionalidades contra el capitalismo y los Estados burgueses, con la perspectiva de derrocar este sistema de miseria, explotación y guerras y abrir el camino a la sociedad sin clases y sin Estados, el comunismo.

    La burguesía se prepara para la guerra para defender el capitalismo, ¡preparémonos para la guerra de clases para poner fin al orden burgués!


    Partido Comunista Internacional (El Proletario)- https://www.pcint.org/

    9/3/2025



    (1)Datos del SIPRI, 22/2/25 (https://www.sipri.org/commentary/topical-backgrounder/2025/transformation-ukraines-arms-industry-amid-war-russia ). A modo de comparación, en Francia operan directa o indirectamente en el sector de armamento entre 2.000 y 4.000 empresas, que emplean en total a 210.000 personas.

    (2)https://www.milex.org/2024/10/30/esplosione-per-le-spese-militari-italiane-nel-2025-a-32-miliardi-di-cui-13-per-nuove-armi/https://tg24.sky. it/mondo/2025/03/05/rearm-europe-spese-italia

    (3)https://es.euronews.com/my-europe/2025/03/07/que-efectos-tendra-en-espana-el-aumento-del-gasto-militar-como-pide-bruselas

    (4) Pero Zelensky afirmó el 29 de enero que sería necesario desplegar «un mínimo» de 200 000 soldados europeos para garantizar la paz, algo imposible para los ejércitos europeos...

    (5) Por ejemplo, el 19 de febrero, el primer ministro danés justificó el anuncio de un gasto militar masivo que debería superar el 3 % del presupuesto a finales de año con el temor de un rápido alto el fuego en Ucrania «porque podría dar al presidente Putin y a Rusia una mejor oportunidad [...] de movilizarse de nuevo y atacar a Ucrania o a otro país de Europa».

     

    / GUERRA DE CLASES / Presentamos aquí una breve contribución de un grupo de camaradas de Irán sobre los recientes acontecimientos en Siria. Estos camaradas, que se autodenominan “Trabajadores Anticapitalistas”, publican el blog “Contra el Capital [علیه سرمایه], y recientemente les abrimos nuestras columnas cuando publicamos nuestro boletín sobre las importantes luchas de clases en Irán en 2022 (ver nuestro boletín nº15).

    Uno de los puntos abordados en el texto que apreciamos especialmente (aparte, por supuesto, de los recordatorios de la primacía de la lucha de clases y de la abolición de la esclavitud asalariada, del capital y del Estado, del rechazo del circo electoral, de la crítica a los partidos políticos y a los sindicatos…) es el que niega los particularismos que segmentan y dividen a la población proletaria – ¡nuestra clase! – en diferentes comunidades e identidades, y reafirma así el internacionalismo:

    Uno de los principales ejes del engaño, el lavado de cerebro y la desorientación que practican los medios de comunicación burgueses de derecha e izquierda en todo el mundo es la narrativa de que Siria es un país formado por árabes, kurdos, turcos, turcomanos, yazidíes, musulmanes, cristianos, alauitas, judíos y suníes. Es la droga o veneno más mortífero inyectado históricamente en la conciencia humana por las clases dominantes, sus gobiernos y, en innumerables ocasiones, por el sistema capitalista con sus abrumadoras fuerzas de coerción. Esta narrativa pretende destruir la existencia social unificada de los trabajadores y la base de su lucha por la liberación, poniéndolos unos contra otros e impidiendo su lucha radical y común contra las verdaderas raíces de la explotación, la opresión y la miseria.”

    Esta crítica de los camaradas iraníes coincide plenamente con lo que dijimos hace unos años cuando revisamos los mitos e imposturas desarrollados por los adoradores de la llamada “Revolución en Rojava” (ver nuestro boletín nº13):

    Lo que nos importa a nosotros, proletarios revolucionarios, militantes comunistas o anarquistas (más allá de las etiquetas), no es lo que nos “diferencia”, no es nuestra “singularidad”, el hecho de que seamos “checos” o “franceses” o “británicos” o “americanos” mientras que otros son “kurdos” o “asirios” o “caldeos” o “suníes” o “chiíes”, etc. Lo que nos importa, por el contrario, es lo que nos unifica como comunidad humana y militante contra la dictadura global y universal del Capital, que se materializa para todos nosotros en la explotación, la alienación, la mercantilización de nuestros cuerpos y nuestras vidas, la miseria, la guerra, la muerte… Lo importante para nosotros es mostrar y afirmar en voz alta nuestro desprecio por cualquier comunidad nacional, comunidad de ciudadanos, comunidad popular, por cualquier comunidad democrática en el sentido más profundo de lo que es la democracia, es decir, no una simple forma (democracia parlamentaria, “obrera”, directa, cantonal, municipal, etc.) sino la esencia del capitalismo y, por tanto, la negación del antagonismo de clase y la dilución del proletariado (clase revolucionaria) en esa entidad burguesa que es el Pueblo, la Nación y, en última instancia, el Estado. Lo que importa por encima de todo es el hecho de que somos, o nos convertimos, en hermanos de la miseria y la explotación, en hermanos de la revolución, y que lo reconocemos conscientemente.

    La humanidad ha sido separada de sí misma, de la naturaleza, de su actividad y producción, para ser transformada en esclavos, siervos y proletarios modernos. Los hombres se separan de su verdadera comunidad humana y se vinculan en una falsa comunidad de “algo”: multiétnica, multicultural, multinacional… El internacionalismo no es la adición de varios o incluso diferentes nacionalismos, ni siquiera de todos los nacionalismos, sino, por el contrario, su negación completa y consumada…”

    Entonces, qué, ¿¡“el orden reina en Damasco”!? parafraseando a Rosa Luxemburgo… En cierto modo, ¡tenderíamos a responder “sí”! La caída de Bashar y de su régimen baasista, que había reinado durante seis décadas con asesinatos en masa, torturas, violaciones, detenciones y siglos de encarcelamiento impuestos a todos aquellos que se atrevían a levantar un poco la cabeza… la desaparición de esta muy odiada camarilla de gestores capitalistas en favor de otra facción más “limpia” (sic), menos desacreditada (sic), impulsada o al menos tolerada por una amplia sección transversal del partido del orden capitalista mundial (EE, UE, Turquía, Israel, petro-monarquías…), todo esto parece realmente, si no una operación policial para reprimir la acción directa de nuestra clase, al menos una operación para mantener el orden o restablecer el orden en el “caos sirio”… aunque el orden capitalista también se acomoda muy bien con una cierta cantidad de desorden y desestabilización…

    Pero también tenderíamos a responder “no”, en el sentido de que, en el más alto nivel de abstracción, la revolución se alimenta de la podredumbre de la contrarrevolución y se enriquece así del enfrentamiento entre dos clases, dos proyectos, dos mundos… Estos últimos acontecimientos podrían tender a reactivar las dinámicas sociales adormecidas desde hace algunos años, las brasas de la revuelta de 2011 siguen calientes y sólo esperan volver a encender un material tan inflamable como siempre: Las contradicciones sociales que enfrentan a clases con intereses antagónicos… No hace falta más que ver los vídeos que nos han llegado de Siria para ver los rostros radiantes de todos esos seres humanos, esos proletarios, cantando, bailando, celebrando, en las plazas públicas de las ciudades, barrios y pueblos liberados del yugo de los torturadores baasistas, mientras que la nueva policía (la del HTS) aún no se ha impuesto realmente, o al menos aún no ha sofocado esos gritos de alegría y de lucha…

    También queremos señalar aquí que las luchas de nuestra clase no están ciertamente ausentes de estos acontecimientos (aunque nos llegue muy poca, demasiada poca información al respecto): algunos han hablado de “manifestaciones de solidaridad” en el sur de Siria en el momento de la caída de la ciudad de Alepo, de “levantamientos populares” que habrían tenido lugar paralelamente al avance del HTS sobre Damasco, principalmente en torno a la ciudad rebelde de Suwayda…

    Y no olvidemos que, tras años de silencio, nuestra clase levantó la cabeza en varias ocasiones en 2019, 2022 y 2024 en la gobernación de Idlib, gobernada y gestionada con mano de hierro precisamente por la camarilla del HTS ahora en el poder en Damasco, y que nuestra clase organizó allí manifestaciones contra la carestía de la vida, contra la escasez, contra la represión… enfrentándose a los esbirros de las milicias islamistas.

    También hay que recordar que desde 2023 han estallado en Suwayda numerosas manifestaciones, a veces violentas – el llamado “levantamiento de la dignidad” –, aquí contra el régimen de Bashar, acompañadas de huelgas, ocupación de edificios públicos, bloqueos de carreteras, etc., y que nada de esto puede atribuirse a ninguna especificidad local concreta: aquí pertenencia a la “comunidad drusa”, allí a la “comunidad suní”, etc. ¡hasta la saciedad!

    Y ahora les toca a nuestros camaradas “Trabajadores Anticapitalistas”…

    GUERRA DE CLASES.

     

     

    Siria, la guerra, la repartición… y el destino de las masas trabajadoras

    El régimen de Assad ha caído y la pregunta fundamental es: ¿qué significa esto en la práctica? ¿Qué ha ocurrido? La respuesta de los principales medios de comunicación del mundo es que los “sirios” de todas partes, dentro y fuera del país, lo están celebrando. Consideran que la caída de un gobierno que había sido tan brutal durante tanto tiempo es su victoria, depositan sus esperanzas en un futuro mejor y ¡esperan milagros de los nuevos dirigentes! La oposición burguesa de derecha e izquierda, y quizás incluso algunos trabajadores de Irán, también lo celebran y dicen que estos acontecimientos son buenas noticias. “La República Islámica ha perdido su profundidad estratégica”, su influencia en Oriente Medio se ha debilitado, todo lo que ha conseguido en la región en los últimos 45 años se ha evaporado; Assad ha huido, Nasrallah ha muerto, Soleimani ha sido asesinado, Hezbolá se está derrumbando… la lista continúa. Pero la cuestión central es: ¿cuál es el significado real de estos acontecimientos? ¿Qué se ha derrumbado? ¿Qué lo sustituye? ¿Qué lugar ocupan en esta historia la gran masa de trabajadores sirios, los pobres, los sin techo y los refugiados? ¿Quiénes son los vencedores? ¿Cuál es la maquinaria de guerra que ha hecho posible estas asombrosas victorias? ¿Qué planean hacer y cuál es su programa presente y futuro para los millones de trabajadores sirios?

    Una cosa está clara: la burguesía siria, que hasta ayer estaba en la oposición, ahora está a punto de ser coronada y de adquirir enormes cuotas de beneficios, propiedad, poder y gobierno. Sus homólogos iraníes, afines o no, que se unieron a la oposición con el único propósito de alcanzar sueños similares, ven el debilitamiento de la República Islámica, el colapso de sus bastiones en Oriente Medio y el temblor del suelo bajo sus pies como signos de su propia victoria y emergencia al estilo de Tahrir al-Sham. Su caso está claro, y el debate no es sobre ellos, sino sobre las masas trabajadoras sirias, iraníes, libanesas, iraquíes y palestinas, una fuerza abrumadora de cientos de millones de personas que deben examinar de forma consciente y atenta el desarrollo de los acontecimientos. De lo contrario, las celebraciones correrán la misma suerte que sus camaradas en Libia, Egipto, Irán (tras el advenimiento del régimen islámico asesino) y otros lugares.

    La afirmación más simple y directa sobre lo que ha sucedido hasta ahora es la siguiente: en Siria, un brutal régimen capitalista ha caído y otro – igualmente brutal, genocida y quizás aún más despiadado – se prepara para tomar el poder. Al mismo tiempo, la República Islámica capitalista y antihumana se ha debilitado considerablemente, mientras que los Estados genocidas de Israel, Turquía y Estados Unidos han izado sus banderas de victoria. Netanyahu, refiriéndose a los cementerios y ruinas causados por el holocausto de Gaza, sus atrocidades en Líbano y los golpes mortales que ha infligido al régimen islámico, alardea con orgullo de su “recompensa legal” y “honor soberano”, blandiendo las medallas de apoyo que le han concedido las potencias capitalistas dominantes del mundo. Se ve a sí mismo como el “Comandante Qadisiyya” de este siglo, de la región y del mundo. Erdogan ve el establecimiento de sus apoderados y mercenarios en partes de Siria como el primer paso hacia el renacimiento del capitalismo otomano. Sobre la base de estos logros, advierte a los Estados rivales que le feliciten de antemano por sus futuras conquistas.

    Todo lo que ha sucedido hasta ahora puede resumirse así. ¿De qué hay que alegrarse? Una respuesta consciente a esta pregunta es crucial para los trabajadores y abrirá una ventana a una comprensión más profunda de quienes se regocijan.

    Algunos podrían decir que un brutal régimen dictatorial ha caído en Siria y que otro régimen – quizás mejor – está a punto de ocupar su lugar. Y que, por el momento, ¡no habría nada más que celebrar y dar la bienvenida! ¡Eso está muy bien! Pero las fuerzas conocidas como “Tahrir al-Sham” y el “Ejército Nacional Sirio” son, en primer lugar – en el mejor de los casos – bárbaros representantes de las partes más atrasadas y aterradoras de la burguesía del país. En segundo lugar, en su propia existencia social, ni siquiera poseen tales posiciones o capacidades. Desempeñan el papel de marionetas y carroñeros. Sus victorias relámpago ni siquiera se deben a ninguna ilusión popular entre la gente desesperada.

    Todas estas victorias son el resultado directo del completo colapso del régimen de Assad, el fin de la dominación de la República Islámica, la pérdida de influencia de Hezbolá en la región y el impacto sustancial de este colapso en el papel de Rusia, por un lado, y el completo apoyo de Israel, Turquía y Estados Unidos a estas fuerzas, por otro. El debate sobre la supuesta transformación de Tahrir al-Sham a partir de sus raíces en Al Qaeda o Jabhat al-Nusra no es más que un análisis barato y engañoso destinado a rehabilitar a estas fuerzas bárbaras. Estas dos mafias deben todo lo que tienen a los gobiernos de Turquía y Estados Unidos. Israel, Turquía y Estados Unidos controlan todos los acontecimientos y están preparados para la más amplia dominación, la codicia y la persecución de sus ambiciones a largo plazo.

    Montañas de pruebas demuestran que fuerzas bien conocidas, nacidas del vientre del ISIS y alimentadas por Turquía, EEUU y sus aliados, lanzaron su reciente levantamiento con señales del régimen genocida israelí y la coordinación de Erdogan. Esto se hizo con la aprobación de Estados Unidos, el posterior alineamiento con Rusia y, en última instancia, la inevitable retirada de la República Islámica. Al mismo tiempo, Netanyahu, embriagado por el genocidio y la conquista, reveló su firme intención de determinar el destino del tambaleante régimen de Assad, incluso mientras discutía un acuerdo de alto el fuego en Líbano. Dijo que aceptaría el alto el fuego porque había llegado el momento de una nueva confrontación con el régimen islámico. El campo de batalla de esta confrontación es sin duda Siria, y el objetivo era acabar con el régimen de Assad, que ya estaba roto por todos lados.

    En este contexto, Netanyahu también llevó a cabo las negociaciones necesarias con el gobierno de Erdogan. Al mismo tiempo, trató de convencer a Rusia de que el cambiante equilibrio de poder en la región no dejaba lugar a su intervención para asegurar la victoria de Assad. Sugirió que Rusia debía seguir defendiendo sus intereses cooperando con Israel. Del mismo modo, trató de convencer al régimen islámico de que no podría conseguir nada. Todo indica que el ascenso de los yihadistas y de los nuevos “herederos al trono” ha surgido de este mismo proceso. Los planes, los acuerdos, los avances y las retiradas forzadas se han materializado.

    Sin embargo, el curso de los acontecimientos no se limita a la caída de Assad o al ascenso de otro régimen brutal. La repartición de Siria y su división entre regímenes, mafias y diversas bandas en expansión es un grave peligro que amenaza a millones de trabajadores sirios oprimidos, ya agotados por los crímenes del sistema capitalista de esclavitud asalariada. Los informes indican que más de 80 grupos armados activos, depredadores y mercenarios, financiados y controlados por diversos Estados, redes y mafias, están listos para desatar la violencia contra la población de este país.

    Israel, que durante décadas ha actuado como el mimado y guardián de los arsenales militares, intelectuales, técnicos y de inteligencia del capital mundial, ha extendido ahora su agresión para apoderarse de nuevas partes de Siria. Israel ya ha desmantelado las fronteras entre ambos países en los Altos del Golán, ha expulsado a las fuerzas de la ONU, ha ocupado la provincia siria de Quneitra y está en proceso de apoderarse de otros territorios. Como parte de estos acuerdos, Rusia entregó a Israel sus dos pequeños campamentos militares que habían quedado inservibles. Netanyahu describe estas victorias como otro eslabón importante en su cadena de agresiones similares al Holocausto, que ha durado ya 14 meses.

    Turquía está estableciendo su Estado sustituto en Siria para extender su influencia hasta las últimas fronteras posibles de Oriente Próximo. El primer paso en estas conquistas es lanzar los ataques más salvajes y operaciones genocidas contra las vastas masas trabajadoras kurdas. Mientras tanto, Estados Unidos, que considera la dominación regional de Israel como su propia victoria, ve la caída de Assad y la partición de Siria como un éxito decisivo en su rivalidad con el gobierno de Putin.

    Estos son los acontecimientos tal como se han desarrollado y como siguen desarrollándose. Como hemos dicho, la cuestión más fundamental sigue siendo el destino de los millones de trabajadores sirios, libaneses, kurdos y de otros países a la sombra de estos acontecimientos. Una cuestión complementaria es el papel que las masas trabajadoras de Irán, Irak, Egipto, Jordania y otras partes del mundo pueden desempeñar en estos acontecimientos.

    A este respecto, es importante subrayar varios puntos clave.

    1/ Uno de los principales ejes del engaño, el lavado de cerebro y la desorientación que practican los medios de comunicación burgueses de derecha e izquierda en todo el mundo es la narrativa de que Siria es un país formado por árabes, kurdos, turcos, turcomanos, yazidíes, musulmanes, cristianos, alauitas, judíos y suníes. Es la droga o veneno más mortífero inyectado históricamente en la conciencia humana por las clases dominantes, sus gobiernos y, en innumerables ocasiones, por el sistema capitalista con sus abrumadoras fuerzas de coerción. Esta narrativa pretende destruir la existencia social unificada de los trabajadores y la base de su lucha por la liberación, poniéndolos unos contra otros e impidiendo su lucha radical y común contra las verdaderas raíces de la explotación, la opresión y la miseria.

    Los habitantes de ningún país, en ninguna parte del mundo, pueden dividirse en un puñado de seguidores de tal o cual religión o credo, secta o ideología, raza o grupo étnico. Todos vivimos en un sistema capitalista inhumano y criminal, que ha dividido por la fuerza a la humanidad en dos clases sociales fundamentalmente opuestas. Los trabajadores constituyen el 80% de la población mundial, mientras que el resto son propietarios del capital. Esta misma división se aplica a Siria y es la única categorización clara, innegable y correcta.

    Lo que une al 80% de los trabajadores sirios es su existencia social común. Este 80%, a pesar de las variaciones en el empleo, los salarios, los medios de subsistencia y el bienestar, están separados del producto de su trabajo y privados de cualquier derecho a determinar el destino de la producción, el trabajo o sus vidas. Esta es la única identidad verdadera que define a la clase obrera y a la humanidad, una identidad que es la fuente y la fuerza motriz del movimiento moderno de liberación humana. El capitalismo, con todo su poder de manipulación, propaganda y lavado de cerebro, intenta utilizar identidades como árabe, kurda, yazidí, turcomana, suní o alauita como veneno mortal para paralizar y debilitar este movimiento.

    El 80% de la población trabajadora de Siria debe romper las cadenas de la etnia, la lengua, la raza, la religión, las creencias y el sectarismo en las profundidades de la historia. Deben unirse como una sola clase social para luchar contra el capital, el sistema capitalista asesino, la explotación, la opresión, el apartheid de género, la supresión de las libertades y todas las formas de desposesión derivadas de la esclavitud asalariada. Es con esta unidad que deben salir al campo de batalla como arma poderosa contra este sistema.

    2/ Cada etapa de esta lucha depende de la formación de consejos obreros poderosamente organizados y extendidos, una fuerza que se opone al poder, al capital y a toda forma de gobernanza y modelo de gobierno capitalista. Sin un esfuerzo estratégico plenamente consciente en esta dirección, nada podrá lograrse y ninguna expectativa se cumplirá. Mañana será demasiado tarde. Hoy, debemos unir nuestras fuerzas de la forma más rápida, consciente y radical posible, y con la mayor experiencia posible. Hay que crear consejos y construir un movimiento anticapitalista fuerte.

    3/ ¡Un siniestro escenario de engaño, orquestado por los nuevos poseedores de la corona y sus apoyos estatales y aliados en todo el mundo, implicará probablemente el “circo electoral”! Nos llamarán a las urnas, ¿para qué? Para elegir a los nuevos empresarios feroces, ávidos de lucro, poder y posesión, y considerarlos “nuestro gobierno”, permitiéndoles así cimentar el sistema capitalista de esclavitud asalariada – que es la raíz de toda explotación, pobreza, falta de vivienda, falta de atención sanitaria, falta de medicinas, falta de educación, hambre, pobreza, humillación y miseria. Utilizarán nuestros votos para perpetuar nuestra condición de esclavos asalariados, para intensificar nuestra explotación en nombre del capital y de los capitalistas, para despojarnos de toda libertad humana real bajo el disfraz de la “elección”, y bombardearnos hasta el último aliento de nuestra libertad humana en nombre de una libertad falsificada y de la farsa que es la democracia.

    Nuestra respuesta a sus exigencias debe ser el rechazo categórico de cualquier escenario de “elecciones”. Nuestra respuesta debe ser organizarnos en nuestros consejos y construir un poderoso movimiento de consejos contra la esclavitud asalariada. Haremos de los consejos la plataforma para la participación más libre, consciente, creativa, efectiva e igualitaria de todas las personas. Dentro de estos consejos, exigiremos controlar el destino de nuestro trabajo, nuestra producción y nuestras vidas. Juntos tomaremos decisiones colectivas sobre qué producir, qué no producir, cuánto tiempo trabajar y cómo definir el trabajo para satisfacer las necesidades cotidianas y, en última instancia, eliminar la escasez. Planificaremos y ejecutaremos todo colectivamente.

    Nos oponemos a la creación de cualquier forma de estado o modelo de gobierno que sitúe la autoridad por encima de los seres humanos.

    4/ En este proceso de organización de un movimiento anticapitalista basado en consejos, la base de nuestros esfuerzos debe ser tomar el control de nuestro trabajo, nuestra producción y nuestras vidas. Debemos luchar por recuperar la mayor parte posible de los resultados de nuestro trabajo de las garras ensangrentadas de los capitalistas y orientar el ciclo del trabajo y la producción hacia la satisfacción de las necesidades reales y, en última instancia, la liberación de la humanidad de la desposesión. En este sentido, y como primer eslabón de la cadena de luchas que se desarrollan a nivel de todo el país, exigimos que la alimentación, el vestido, las medicinas, la sanidad, el agua, la electricidad, el gas, el transporte y la atención a los discapacitados dejen de ser reducidos a meras mercancías dentro del sistema capitalista de intercambio monetario y mercantil.

    5/ No cabe duda de que en cuanto propongamos uno de los puntos anteriores, los todopoderosos ejércitos de la oposición de derecha e izquierda – los autoproclamados liberadores de la humanidad – pulularán como una nube de langostas, rodeándonos por todos lados. Cada uno gritará, más elocuentemente, más sabiamente, más académicamente, más sociológicamente, más históricamente y más filosóficamente que el otro: “¿Qué tontería es ésta? Ha llegado el momento de enarbolar la orgullosa bandera de la democracia, de exigir el derecho a formar sindicatos, a crear partidos, a alistarse en la infantería de los ejércitos de partidos y sindicatos, a exigir libertad de organización, libertad de manifestación, la promulgación de leyes notables contra el apartheid de género y un largo etcétera.

    Nuestra respuesta a esta gentuza es meridianamente clara. Detonaremos toda la historia del siglo XX como una bomba en sus conciencias y gritaremos: “Vergüenza debería daros repetir esas palabras de nuevo!!!!. ¿No hicimos todo eso durante 150 años? ¿No habéis visto la tierra estéril que han producido vuestras recetas? Mirad directamente a los ojos de los 4.000 millones de trabajadores del mundo, hambrientos, privados de medicinas, sanidad, educación, humillados, aplastados, subyugados, oprimidos. ¡Fuera de nuestro camino! No necesitamos que nos aprueben el llamado “derecho de sindicación”. Nos organizamos con la fuerza de nuestra lucha. No enterraremos nuestras organizaciones en el cementerio del orden capitalista y no las convertiremos en armas del poder capitalista. Construiremos verdaderos consejos anticapitalistas. Desde las alturas de estos consejos anticapitalistas, antiestatales y antiautoritarios, declaramos que tomaremos el control del trabajo, de la producción y de las vidas que sólo nos pertenecen a nosotros.

    6/ La misma multitud de la que hablamos arriba gritará a pleno pulmón: “Estamos en Siria, su economía está en quiebra, su industria es “dependiente” y “subdesarrollada”, su crecimiento es bajo, su productividad es deficiente, su competitividad está paralizada y su producto interior bruto per cápita es minúsculo. En una sociedad así, ¿estás hablando de eliminar necesidades básicas y servicios sociales como la educación y la sanidad del sistema capitalista de intercambio monetario y de mercado? ¡Eso es socialismo! ¡Eso es utopismo! ¡Te estás aferrando a los ideales de Platón y planeando una utopía platónica!

    Una vez más, nuestra respuesta es clara: ¡Fuera de nuestro camino! No pretendemos otra cosa que disfrutar de los frutos de nuestro trabajo y nuestra producción. No pretendemos resolver todos los problemas de la humanidad moderna hoy, aquí en el infierno de devastación y derramamiento de sangre que es Siria. La esencia de nuestra reivindicación es simple y pura: no queremos un Estado que nos gobierne. No permitiremos que el producto de nuestro trabajo se convierta en una montaña de capital para los trusts, las corporaciones, los gigantes financieros e industriales, para el pulpo estatal o para la máquina de opresión física e ideológica que nos gobierna. Sabemos muy bien cómo utilizar los frutos de nuestro trabajo para satisfacer nuestras necesidades de subsistencia, bienestar y libertad humana. Sabemos distribuir eficazmente cada parte del mismo. Somos capaces de hacer todo esto.

    No vemos nuestra victoria como algo predeterminado o inevitable. Para lograr la victoria, lucharemos – y volveremos a luchar – de forma más consciente, más reflexiva y más alerta.

    Trabajadores anticapitalistas, militantes del Movimiento por la Abolición del Trabajo Asalariado

     

    Traducción al español: Materiales X la emancipación

    Fuente en inglés: https://againstwagelabor.com/2024/12/16/syria-war-partition-and-the-fate-of-the-working-masses/

    Original en persa: https://alayhesarmaye.com/2024/12/09/_/5212/

     TŘÍDNÍ VÁLKA # CLASS WAR # GUERRE DE CLASSE



     

    [Italia] Saboteemos la guerra

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    Presentación de Guerra de Clases:

    Publicamos ahora (en varios idiomas, como muy a menudo) un llamamiento a la movilización internacional e internacionalista contra la guerra en Ucrania, hecho por compañeros anarquistas en Italia. Apoyamos ampliamente este texto muy interesante, que intenta dar una dirección a muchas iniciativas locales que se niegan, en una guerra que opone naciones capitalistas entre sí, a elegir un bando burgués contra otro, un “mal menor” contra lo que se nos presenta como “lo peor” o incluso “el mal absoluto”.

    Sin embargo, hay algunos puntos de desacuerdo que nos gustaría criticar muy brevemente aquí. Efectivamente, hay “elementos de lenguaje” que se parecen un poco a los utilizados por la propaganda de guerra del Kremlin, y a veces también argumentos que nosotros no utilizaríamos, como las medidas represivas contra la comunidad rusoparlante en Ucrania, el hecho de que los nazis y los fascistas están muy presentes y son muy poderosos en Ucrania, etc. Por supuesto, todo esto es objetivamente cierto, pero como lo verdadero es un momento de lo falso, también puede tender (sin que quienes afirman “ciertas verdades” sean siquiera conscientes de ello) hacia una potenciación objetiva de la totalidad de la falsedad. En resumen, en lugar de utilizar los argumentos de nuestros enemigos de clase, aunque estos elementos cubran momentos reales, habría sido mejor desarrollar, clarificar y reforzar nuestras propias consignas, nuestra propia comprensión de este torbellino bélico que amenaza con arrastrar a la humanidad hacia la nada y su perdición. Queremos señalar que todos estos “elementos de lenguaje” podrían, desgraciadamente, distorsionar los elementos de fuerza que produce este llamamiento a la movilización y la voluntad (y la necesidad) de organizarse contra ambos bandos.

    Otro inconveniente que nos gustaría destacar aquí es el hecho de que el texto se limita a hablar únicamente de “detener la guerra”, “imponer el cese de las hostilidades desde abajo”, “detener la carnicería actual” o de “poner fin a la masacre”, afirmaciones que fácilmente podrían conducir a una posición pacifista y a un deseo de volver al statu quo ante… a una situación prebélica, en definitiva a una situación en tiempos de “paz” frente a tiempos de “guerra”…mientras que en tiempos de “paz”, y por tanto de paz social, el capital está en guerra permanente contra nuestra clase, contra la humanidad, y nosotros estamos concomitantemente en guerra de clases contra nuestros explotadores. La única excepción a estas afirmaciones, que podrían inspirar a más de un pacifista, es la consigna final que llama a “transformar la guerra de los patrones en guerra contra los patrones”, que es efectivamente por lo que estamos luchando: ¡transformar la guerra militar, la guerra contra nuestra clase, en una guerra social, una guerra de clases dirigida por nuestras iniciativas y nuestras ofensivas, una lucha y una guerra por el comunismo!

    En este sentido, nos gustaría también subrayar uno de los puntos más fuertes entre otros: “Cualquier Estado que libra [la guerra], también la vuelve contra su propia población, y en particular contra su propio proletariado; […] la guerra siempre refuerza el poder de las clases dominantes sobre los dominados, intensificando su esclavitud y explotación.” Y por eso, debemos insistir en que el proletariado no tiene otra opción que librar su guerra social contra su propia burguesía…

    Podríamos desarrollar aquí otros desacuerdos, como la visión que tienen los camaradas de la “lucha partisana” durante la Segunda Guerra Mundial, que para nosotros es mucho más compleja que su planteamiento simplificado tal y como ellos lo exponen. ¡NO! no compartimos su visión de que “los partisanos eran desertores que luchaban contra el ejército oficial de “su” Estado” o que “la participación en la lucha armada partisana era libre y voluntaria”. En pocas palabras, la “lucha partisana” estaba dividida entre las fuerzas políticas tradicionales (y por tanto burguesas) que defendían la república o la monarquía y, por otro lado, estaba todo el poder dominante del estalinismo (y del trotskismo, que apoyaba “críticamente” a la URSS, es decir, un bando burgués contra otro) para enmarcar cualquier iniciativa autónoma de las redes proletarias, que muy rápidamente serían vaciadas de su sustancia subversiva en favor de la falsa polarización burguesa del fascismo contra el antifascismo…

    Aprovechamos esta ocasión para saludarlos a “los partisanos [que] eran [realmente] desertores [y] que luchaban contra el ejército oficial de “su” Estado”, es decir a los proletarios reclutados a la fuerza bajo el uniforme iraquí o iraní que, durante la terrible guerra que duró ocho largos años, de 1980 a 1988, organizaron centenares de motines, deserciones colectivas, acciones de confraternización, y que se reunieron en la región de los pantanos para luchar contra ambos bandos, contra ambas naciones capitalistas, para plantear nuestra única respuesta de clase a la guerra: ¡¡¡el internacionalismo y la lucha por el comunismo!!!

    Guerra de Clases


    Saboteemos la guerra

    Llamamiento a una movilización internacional e internacionalista contra la guerra en Ucrania

    Fuente en italiano: https://ilrovescio.info/2023/09/12/sabotiamo-la-guerra-appello-per-una-mobilitazione-contro-la-guerra-in-ucraina/

    La guerra en curso en Ucrania no es un conflicto entre muchos, y menos aún una simple “guerra por los recursos”, sino un capítulo central de un enfrentamiento más amplio entre bloques de países capitalistas por el reparto del mundo, en el que están en juego la supremacía económica, militar y tecnológica y la redefinición de los equilibrios internacionales. De hecho, mientras se combate en Ucrania desde hace más de un año y medio, el choque militar con el principal adversario del capitalismo occidental, China, se perfila en el trasfondo. Decir que estamos en el plano inclinado que puede conducir a la Tercera Guerra Mundial no nos parece ni una exageración ni un alarmismo innecesario.

    Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, se está librando una guerra simétrica en Europa, con grave riesgo de escalada nuclear. Es también la primera guerra directa entre Rusia y la OTAN de la historia, en la que participan las principales potencias nucleares del planeta (Federación Rusa, Estados Unidos, Reino Unido, Francia).

    La guerra siempre ha sido un instrumento de reestructuración económica para el capitalismo en crisis. Acompañada aún hoy de esas políticas de intervencionismo estatal tan queridas por la izquierda que ya han sido pródromos de conflictos mundiales, la guerra es la forma más radical de opresión ejercida por los Estados y los capitalistas contra los explotados. Por estas razones consideramos que el conflicto actual es un ataque contra todos los proletarios.

    Iniciada en 2014 con el ataque contra las poblaciones rusoparlantes de Ucrania, esta guerra se inscribe en el marco estratégico de la expansión de la OTAN hacia Europa del Este. Esta expansión ha entrado en el “patio trasero” (y, en términos económicos, en el espacio comercial) de una potencia militarista y autoritaria que, como demuestra, entre otros ejemplos, la feroz represión de la revuelta de Kazajstán en enero de 2022, no está dispuesta a tolerar ningún desorden dentro de su esfera de influencia.

    Los resultados más dramáticos los pagan directamente la población ucraniana y los jóvenes rusos alistados en la guerra, pero otras poblaciones los sufren indirectamente. Las de África sufren el encarecimiento de los cereales y la escalada de los conflictos regionales, mientras que los explotados de Occidente son testigos de la creciente militarización y el empeoramiento de las condiciones de vida y de trabajo.

    Desde 2014, se han aplicado en Ucrania una serie de feroces reformas antirrusas y antipopulares, que se intensificaron tras la invasión rusa del 24 de febrero de 2022: la abolición del ruso como segunda lengua en zonas del sureste de Ucrania; la prohibición de participar en las elecciones a las listas consideradas prorrusas; la represión religiosa de los fieles ortodoxos rusos; las leyes de “descomunistización”, con penas de hasta 10 años de cárcel por el delito de “propaganda comunista”; la celebración, con ceremonias oficiales y dedicación de monumentos, del criminal de guerra Stepan Bandera; la integración de los nazis de Pravy Sector y Svoboda en las fuerzas armadas, empezando por la Guardia Nacional y la creación de los tristemente célebres batallones Udar y Azov; el acoso, los ataques, las violaciones, los asesinatos y los bombardeos contra la población del Donbass (unos 14.000 muertos entre 2014 y 2022, incluidos cientos de niños); la horrible masacre de Odessa del 2 de mayo de 2014, cuando manifestantes desarmados que exigían la independencia de Ucrania, y que se habían refugiado en la Casa de los Sindicatos local, fueron masacrados y quemados vivos por una masa de nazis armados escoltados por la policía. Estas auténticas provocaciones –que, no nos olvidemos, al dirigirse contra un sector de la población de Ucrania atacaban al Gobierno y al Estado rusos tanto en términos de prestigio internacional como de consenso interno– están en el origen de la guerra.

    Desde 2014, Ucrania se ha convertido en una especie de feudo de Estados Unidos. Estos, junto a sus aliados, han conseguido lo que ni siquiera pudieron lograr en países directa y militarmente invadidos como Irak, convirtiendo al ucraniano en una especie de Estado hecho a medida de las multinacionales y el gran capital occidental. Por poner algún ejemplo, ya en 2020 Zelensky abolió la moratoria sobre la venta de “tierras negras” ucranianas [chernozem, uno de los suelos más fértiles. Ucrania alberga una cuarta parte mundial – ndt] (entregando millones de hectáreas a los cultivos transgénicos de Bayer-Monsanto), mientras que con el inicio de la invasión rusa se rompieron los convenios colectivos de las empresas con menos de 200 empleados (es decir, la inmensa mayoría de las empresas ucranianas) y se impuso la prohibición de huelgas y manifestaciones.

    Consideramos un hecho grave e inquietante que algunos compañeros, en Ucrania y en otros lugares, puedan apoyar económicamente, con propaganda e incluso militarmente al gobierno de Kiev y a la “resistencia ucraniana” sin decir ni una palabra al respecto. Históricamente, desde la Primera Guerra Mundial, este tipo de ceguera ha sido hija del intervencionismo, esa misma plaga moral que, tras la Primera Guerra Mundial, abrió la puerta de par en par al advenimiento del fascismo.

    El paralelismo mediático entre la “resistencia ucraniana” y la lucha partisana contra el nazi-fascismo (y con las guerrillas de liberación en general) es histórica, política y éticamente inaceptable. Dejando a un lado las profundas diferencias en el contexto histórico (y el pequeño detalle de la presencia de grupos nazis dentro del ejército ucraniano…), lo inaceptable del paralelismo tiene que ver precisamente con la relación entre medios y fines, es decir, con el por qué y el cómo se lucha. En la mayoría de los casos, los partisanos eran desertores que luchaban contra el ejército oficial de “su” Estado, mientras que el ejército ucraniano es un ejército regular controlado por el gobierno de turno. La participación en la lucha armada partisana era libre y voluntaria, mientras que en Ucrania rige la ley marcial y quienes se niegan a luchar acaban en la cárcel. La autonomía político-militar de las formaciones partisanas también estaba vinculada a los medios de combate empleados: fusiles, ametralladoras, granadas de mano y bombas incendiarias podían utilizarse sin un aparato coercitivo centralizado, mientras que los drones conectados por satélite, los lanzacohetes, los tanques y los misiles de largo alcance reflejan y remiten a una jerarquía de mando precisa, que es la de la OTAN.

    La participación de algunos anarquistas y militantes de izquierdas en la guerra en curso implica, por tanto, formar parte de esta misma jerarquía: obediencia a las órdenes, determinación de los objetivos por parte de la inteligencia occidental, subordinación a un gobierno altamente opresor y a los intereses del capital internacional. Tal adhesión a la alineación de la OTAN implica la renuncia a toda perspectiva revolucionaria e internacionalista. Por último, pero no por ello menos importante, en el plano ético esta adhesión implica abandonar toda crítica de la política autoritaria, represiva y antiproletaria del gobierno de Kiev.

    Decir esto no significa en absoluto morder el anzuelo de la propaganda rusa sobre una “operación militar especial” destinada a la “desnazificación” de Ucrania. No sentimos ninguna simpatía por el odioso estado policial impuesto por el gobierno ruso a su pueblo; no ignoramos la persecución de la oposición y de los anarquistas en Rusia, y apoyamos las múltiples formas de insubordinación manifestadas en la Federación Rusa y en Bielorrusia contra la guerra. Del mismo modo que denunciamos el embrollo mistificador del mito de la “resistencia ucraniana”, rechazamos igualmente la sugestión en boga en ciertos círculos (neo-estalinistas, soberanistas de derecha e izquierda y demás) sobre una función emancipadora mundial desempeñada por el bloque ruso-chino. No sólo deploramos que los explotados vayan a morir por los intereses de sus amos y dirigentes (aunque sean enemigos de nuestros enemigos más inmediatos); sino que somos muy conscientes de que la guerra es «ante todo un hecho de política interior, y el más atroz de todos» (Simone Weil); que cualquier Estado que la libra, también la vuelve contra su propia población, y en particular contra su propio proletariado; que la guerra siempre refuerza el poder de las clases dominantes sobre los dominados, intensificando su esclavitud y explotación.

    El actual es también un capítulo de un enfrentamiento más general por la supremacía tecnológica (que, por cierto, enfrenta al principal aliado político de Rusia, China, con Estados Unidos). Hoy, como nunca antes en la historia, nuevos dispositivos mortíferos pueden destruir la vida en el planeta. Muchas de las tecnologías utilizadas en esta guerra –como los drones, los sistemas de inteligencia y control, el desarrollo de la inteligencia artificial y los algoritmos predictivos– se están probando en el campo de batalla para luego ser desplegadas por las policías y los tecnócratas de todo el mundo.

    Esta afirmación puede aplicarse a todas (las tecnologías): «Si tenéis ideas, o proyectos piloto sencillos que probar antes de su producción en masa, podéis enviárnoslos y os explicaremos cómo proceder. Y al final tendrán el sello, “probado sobre el terreno”. Las start-ups vuelven con productos competitivos en el mercado porque han sido probados sobre el terreno». Quien habla así no es un fabricante o inspector “cualquiera” de vehículos, programas informáticos o termostatos digitales, sino el General Volodymyr Havrylov, Viceministro de Defensa ucranianoEl público al que se dirige es la National Defence Industrial Association Future Force Capabilities, durante la conferencia nacional que se celebrará en Austin (Texas) el 21 de septiembre de 2022.

    Históricamente, el desarrollo de las tecnociencias conduce a la guerra, y viceversa, la guerra implica necesariamente el desarrollo de las tecnociencias. Hoy día, todas las tecnologías son inherentemente duales. La separación entre investigación militar y civil ha desaparecido (suponiendo que alguna vez existiera). Por lo tanto, no es de extrañar que lo que se prueba en los campos de batalla luego se utilice contra los proletarios en otras zonas del mundo, incluidos los países en “paz”. El uso y la experimentación de las nuevas tecnologías intensifican el control de las poblaciones, haciendo cada día más difíciles las posibilidades de liberación del Estado y del capital.

    Hoy más que nunca, un Estado competitivo en la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías adquiere mayor importancia política. La industria tecnológica, desde el Occidente democrático hasta el «socialismo de mercado» chino, contribuye a determinar las decisiones de los gobiernos. El conflicto de Ucrania, dada su envergadura y los actores implicados, acelera la llamada digitalización, un objetivo en las agendas de muchos Estados.

    Como ocurre en conflictos de tales proporciones, a cada frente exterior le corresponde un frente interior. La represión no sólo aumenta en Rusia y Ucrania, sino también en todos los países implicados en el esfuerzo bélico.

    Las operaciones policiales y las formas especiales de detención siempre han estado estrechamente vinculadas a la intensificación de los conflictos militares, con el objetivo de silenciar y eliminar cualquier posibilidad de disidencia y conflicto real. Algo de esto sabemos en Italia, con el 41 bis al que ha sido sometido Alfredo Cospito, el cierre de periódicos y páginas web del ámbito anarquista, el goteo de operaciones represivas que han llevado a la detención de decenas de anarquistas y antagonistas. Esta especie de contra-insurrección preventiva está estrechamente relacionada con la crisis internacional del capitalismo y la tendencia a la guerra mundial.

    Uno de los aspectos fundamentales de la guerra en curso en Ucrania es el de la comunicación. La realidad sobre el terreno y su narrativa han resultado ser a menudo completamente divergentes; por poner sólo algunos ejemplos, la atribución al ejército ruso del bombardeo de la central nuclear de Enerhodar-Zaporizhizhia y la destrucción del gasoducto Nord Stream parecen ser los casos más flagrantes de ‘fake news’. Y no sólo eso. Lo que estamos presenciando es algo más que información sesgada: es auténtica propaganda de guerra. Una propaganda que está en continuidad con los niveles de condicionamiento puestos en marcha durante la Covid para imponer la narrativa dominante, y que además presenta trágicas referencias a episodios de la Segunda Guerra Mundial: el envilecimiento de los rusos (con, por ejemplo, las risibles “noticias” sobre un supuesto equipamiento obsoleto y de mala calidad) y su demonización, la exaltación de “nuestros héroes” (incluso los abiertamente nazis), las fantasmales “armas secretas” que cambiarán el curso de los acontecimientos…

    Este tipo de información nos deja claro que estamos en guerra, aunque, por ahora, no se esté librando en casa. La guerra de la información es ante todo una guerra contra nuestros cerebros, destinada a alistarnos y hacer causa común convenciéndonos de que esta masacre no sólo es inevitable, sino también justa y conveniente. Por eso debe quedar claro que los responsables de esta información son parte integrante de la maquinaria de guerra, y deben ser tratados como tales.

    Por todas estas razones, y otras más, urge relanzar la iniciativa internacionalista para detener la carnicería actual y evitar nuevas escaladas peligrosas.

    El enemigo no son los reclutas enviados a la fuerza al frente, no son los trabajadores del país adversario, son todos los patrones, sus gobiernos, sus Estados y sus ejércitos. Mientras nuestras hermanas y hermanos son sometidos a las atrocidades más brutales, hay una burguesía que se enriquece con la producción de armas y especula con las consecuencias de la guerra (partición y reconstrucción de Ucrania, acogida selectiva, inflación, etc.).

    Volvamos a poner en el centro la crítica al Estado y rechacemos alistarnos en ningún frente, con la convicción de que la única fuerza que puede detener la guerra es la movilización de los explotados en todo el mundo.

    Internacionalismo para nosotros significa derrotismo, es decir, la crítica a todos los gobiernos empezando por “el nuestro”, el ataque a todos los patronos y burguesías nacionales empezando por los que nos explotan cada día. Por lo tanto, desde este lado del frente, queremos oponernos y sabotear tanto como sea posible la OTAN (es decir, la principal alianza militar del mundo, y el brazo armado del capitalismo occidental), al igual que nuestros hermanos y hermanas en Rusia luchan contra la maquinaria militar de su lado (como nos dicen, por ejemplo, los informes de sabotaje contra las infraestructuras que transportan tropas y vehículos, o los ataques contra los centros de reclutamiento); y al igual que otros hermanos y hermanas en Ucrania se oponen al esfuerzo bélico de su gobierno. A pesar de la censura, sabemos que también en Ucrania hay quienes hacen propaganda y agitación contra la guerra; y hay quienes se oponen a ella en la práctica, por ejemplo ayudando a fugitivos y desertores a abandonar el país, o dándoles refugio. Esto también es derrotismo consecuente.

    Nuestro horizonte, como anarquistas, es derrotista también porque la historia nos enseña que siempre y sólo de las ruinas del propio Estado se abren perspectivas de revolución para los oprimidos. Entendemos el derrotismo como un acto de solidaridad con aquellos que pagan el precio de la guerra en su propia piel, y como un acto de venganza de clase por el sufrimiento de nuestras hermanas y hermanos en todas las zonas de conflicto militar. Nos solidarizamos con todas las víctimas de la guerra cada rincón del planeta, con los que huyen de ella y encuentran el obstáculo de las fronteras, con los que encuentran la muerte por tierra y por mar y que, en caso de sobrevivir, a menudo son sometidos a una explotación brutal.

    Las tensiones que se han producido o se están produciendo en Kosovo, Kaliningrado y Taiwán, los levantamientos en Níger, Gabón y otros países centroafricanos, se inscriben en una tendencia a la mundialización del conflictos y nos dan la medida de lo que está en juego: si no somos capaces de romper todos los frentes, atacando cada uno a su propio Estado y a sus clases dominantes, la aniquilación de la humanidad, o su esclavización cada vez más despiadada en una situación de guerra infinita, están simplemente a la vuelta de la esquina. Por el contrario, podrían abrirse posibilidades revolucionarias.

    Aunque por el momento no ha habido movimientos consistentes de oposición a la guerra, también hay que señalar que, a pesar de la propaganda machacona, una parte importante de la población, incluso dentro de Occidente, está en contra de apoyar el esfuerzo bélico. Esto es algo que debe tenerse en cuenta en la perspectiva de la construcción de una movilización de masas.

    Por lo tanto, llamamos a la construcción de una movilización radical, internacional y generalizada que, saboteando la guerra, tenga la ambición de imponer el cese de las hostilidades desde abajo. No tenemos nada que pedir a los gobiernos, ni depositamos ninguna confianza en ellos; somos conscientes de que la acción directa de los explotados de todo el mundo es la única fuerza real que puede poner fin a la masacre. Por eso consideramos necesario oponerse a la máquina de guerra tanto en Rusia, como en Ucrania, como dentro de los países capitalistas occidentales responsables de este conflicto y de todas las principales guerras de los últimos treinta años.

    • ¡Apoyemos la deserción en todos los frentes, ofreciendo refugio y solidaridad a todos los que eluden el servicio militar obligatorio y se niegan a participar en la masacre!
    • ¡Saboteemos la máquina militar, impidamos la producción bélica y bloqueemos los flujos de la logística militar!
    • Desenmascaremos el consenso y la máquina de propaganda. ¡En esta guerra híbrida, ¡los medios de comunicación son parte integrante de la maquinaria de guerra!
    • ¡Opongámonos a la ocupación militar de los territorios, contestando y oponiéndonos a las bases militares, a los ejercicios de guerra y a la militarización de la vida pública!
    • ¡Apoyemos la necesidad de una verdadera huelga general que, más allá de las formas rituales y testimoniales, pare concretamente la industria y la logística de los países implicados!
    • ¡Desenmascaremos la complicidad de la universidad y la investigación con el aparato industrial-militar y los intereses económicos capitalistas que están detrás de toda guerra!

    PRESIONEMOS PARA ACABAR CON LA GUERRA DE LOS PATRONES EN GUERRA CONTRA LOS PATRONES

    Roma, 2 septiembre 2023

    Anarquistas provenientes de Roma, Génova, Carrara, Cosenza, Módena, Milán, Lecco, Turín, y de las regiones de Umbria, Trentino, y centro de Italia

    per contatti: appelloantimilitarista(@)anche.no

    Traducción al español: https://lucharcontrael41bis.noblogs.org/2023/09/16/saboteemos-la-guerra-llamamiento-a-una-movilizacion-internacional-e-internacionalista-contra-la-guerra-en-ucrania/

    Por una movilización internacionalista y antiautoritaria contra la guerra. Tercer encuentro en Carrara el 1 de octubre

    Fuente en italiano: https://ilrovescio.info/2023/09/18/per-una-mobilitazione-internazionalista-e-antiautoritaria-contro-la-guerra-terzo-incontro-a-carrara-il-1o-ottobre/

    En el curso de los debates del 22 de julio y el 2 de septiembre en Roma se ha escrito un documento “Saboteemos la guerra. Llamamiento a una movilización internacional e internacionalista contra la guerra en Ucrania”, publicado en lengua italiana entre el 12 y el 13 de septiembre.

    Pretendemos abrir espacio a un debate sobre el actual estado de guerra permanente y lanzar una movilización internacionalista y revolucionaria contra la guerra en curso. Por estos motivos –como se sostiene en el llamamiento– consideramos de vital importancia estimular el desarrollo de todas aquellas formas de lucha que sepan apoyar la deserción en todos los frentes, sabotear la maquinaria de guerra (desde el punto de vista de la producción como de la propaganda de los mass-media), oponerse a la ocupación militar de territorios, construir y apoyar una huelga general prolongada y de clase para detener la industria y la logística de los países implicados, desenmascarar la complicidad de la universidad y de la investigación así como los intereses capitalistas en juego.

    Lanzamos un tercer encuentro para continuar el debate, definir la divulgación del documento (así como la contextual traducción a otros idiomas) y analizar las posibilidades de movilización en los próximos meses.

    Las operaciones policiales siempre han estado estrechamente vinculadas a la intensificación de los conflictos militares. Este tercer encuentro será en Carrara, donde recientemente se ha desplegado la operación Scripta Scelera contra el quincenal anarquista internacionalista “Bezmotivny”. A cada frente externo le corresponde uno interno. Con esta investigación el Estado quiere silenciar una voz intransigente de propaganda y agitación internacionalista. Una vez más, el Estado pretende golpear la unión teorico-práctica del anarquismo, además de la solidaridad revolucionaria con los explotados de todo el mundo.

    Después del intenso movimiento de solidaridad internacional con Alfredo Cospito seguimos apoyando a los compañeros y compañeras golpeados por la represión y el análisis del conflicto revolucionario y de clase, conscientes de que hoy como ayer es necesario acabar con la guerra de los patrones en guerra contra los patrones.

    Lo discutiremos el 1 de octubre en el Circolo Culturale Anarchico “Gogliardo Fiaschi”, en via Ulivi 8, Carrara, a partir de las 11:00.

    Per contatti: appelloantimilitarista@anche.no

    Traducción al español: https://lucharcontrael41bis.noblogs.org/2023/09/18/por-una-movilizacion-internacionalista-y-antiautoritaria-contra-la-guerra-tercer-encuentro-en-carrara-el-1-de-octubre/

     [recibimos y publicamos]


    CONTRA LAS MENTIRAS ESTATALES DE LA ECONOMÍA DE GUERRA DEL CAPITAL EN LA DELICUESCENCIA, ¡VIVA LA GUERRA REVOLUCIONARIA DEL PROLETARIADO CONTRA EL COMERCIO DE LA SERVIDUMBRE!

     

    Activistas de base de todos los progresismos serviles de valor de cambio...


    La vía de la emancipación de toda explotación y alienación solo es una: ¡la Guerra Mundial de Clase contra todos los estados del planeta-mercancía en crisis terminal!


    Grupo Guerra de Clase


    http://guerredeclasse.fr/2022/10/01/contra-las-mentiras-estatales-de-la-economia-de-guerra-del-capital-en-delicuescencia-viva-la-guerra-revolucionaria-del-proletariado-contra-el-comercio-de-la-servidumbre/

     

     

     

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    El 28 de marzo de 2020, Pedro Sánchez, el lamentable contable en arrendamiento precario de la Moncloa, abogaba por la instauración de una “economía de guerra” a escala Europea para hacer frente a la “situación más grave que han vivido nuestras sociedades desde la Segunda Guerra Mundial”, justificando la instauración del estado de alarma y el confinamiento generalizado de la población española, como de la casi totalidad de los países con las economías más desarrolladas.

    El 27 de marzo de 2022, o sea un mes después del inicio de la intervención militar rusa en Ucrania, programada por las manipulaciones del Pentágono, Christine Lagarde, miserable lacayo inculto de Washington, delincuente en sastre Chanel amnistiada tan pronto como condenada, ascendida a presidenta del Banco Central Europeo, advertía: “La guerra debería tener un impacto considerable sobre la economía mundial, y especialmente en la economía europea debido a la proximidad de Europa con Rusia y de la dependencia del gas y del petróleo ruso. Es probable que esto ralentice el crecimiento de la zona euro e impulse la inflación a corto plazo mediante el aumento de los precios de la energía y los bienes, que afecte la confianza y perturbe el comercio internacional…”

    El 27 de mayo de 2022, al salir del foro anual de Davos, Scholz, el impotente cómitre alemán de la Unión Americana en Bruselas, ha detallado un paquete de sanciones “que serán más duras y profundas que todas las que se hayan podido imponer a un país del tamaño de Rusia… Sin embargo, esta reestructuración tendrá efectos considerables en las economías europeas… Especialmente porque la fase específica de la mundialización que hemos vivido en Norteamérica y Europa durante los últimos 30 años – con un crecimiento fiable, un alto valor añadido y una baja inflación – está llegando a su inevitable final… Sí, estamos viviendo un momento clave. La historia está en un punto de inflexión”.

    El 13 de junio de 2022, durante la inauguración de la feria de armas terrestres Eurosatory en Villepinte, Macron, el cómico pacifista atlantista traficante de armas, finalmente admitió que habíamos “entrado en una economía de guerra en la que creo que nos vamos a organizar de forma duradera.


    ¿Cuál es entonces esta guerra que los Estados han declarado a un enemigo invisible, tan imperiosamente necesaria que justificaría destruir muy visiblemente tiendas enteras de la sobre-producción mundial generalizada?

    ¿Cuál es entonces esta llamada “otra” guerra que, apenas comenzada, está condenada inmediatamente a durar, a pesar del”impacto considerable” que tendrá “en la economía mundial, y especialmente en la economía europea?

    ¿Qué son, pues, estas “sanciones” que pretenden “sobre todo” a reestructurar muy profundamente las economías europeas?

    ¿Cuál es, pues, esta indispensable “reestructuración” que impone entrar “duraderamente” en economía de guerra” ?

    Para entender todas las locuras estático-terroristas que expresan la verdad del tiempo presente, ya sean sanitarias o militares, inmigracionistas, climáticas o LGBTistas, religiosas o chusmosas, es necesario volver siempre a la centralidad de lo que hace la totalidad del porvenir del mundo universalmente unificado en los progresos de la alienación mercantil. Es la implacable ley de la baja de la tasa de ganancia – la incurable enfermedad auto-inmune mortal del Capital – y la consecuente demencial saturación de los mercados, lo que provocó la necesidad de parar la economía mundial mediante un confinamiento que ciertamente constituyó un acto de guerra del Capital, pero contra sí mismo, y ello con la esperanza de poder posteriormente re-iniciar, como lo hizo después de sus dos Matanzas mundiales del siglo XX… 

    Es evidente que el espectáculo de la mercancía, al no poder auto-designarse como intrínsecamente patógeno por naturaleza, está obligado a justificar su colosal sangría económica mediante la existencia fantástica de un agente infeccioso exterior fulminante. La guerra en Ucrania vino después a constar el fracaso de la primera fase “viral” de la guerra de la patraña, su incapacidad de permitir un verdadero reinicio de la valorización capitalista, y el paso necesario a una segunda fase de destrucción mediante el bombardeo económico masivo de Europa bajo el pretexto de las sanciones contra Rusia, esta última heredando aquí el papel del espantapájaros anteriormente asignado al Coronavirus…

    La economía de guerra es el momento crísico de la necesaria reconversión estatalmente administrada de las fuerzas de producción del Capital en fuerzas de destrucción: el momento en que el Capital debe amputarse para intentar salvarse… Sin embargo, esta aniquilación, indispensable a nivel del mercado mundial, no se hace indistintamente, sino en el marco geo-político de las relaciones de fuerza competitivas existentes entre los diferentes bloques capitalistas tecnológicamente más avanzados en cuanto a la extorsión maquínica de la plus-valía producida por los únicos proletarios explotados.

    La especificidad de la guerra actual es que sus protagonistas reales, los Estados Unidos y Europa, permanecen ocultos tras el velo de una alianza geo-comercial forzada que oculta muy mal que el vasallo europeo bruselizado está constreñido por su soberano yanqui tanto a auto-devastarse como a rechazar a su aliado capitalista natural ruso, con el fin de impedir que una Europa mercantil unificada e independiente venga a poner definitivamente en tela de juicio al Tío Sam y la hegemonía ficticia del dólar mágico sobre el planeta-mercancía en descomposición.

    Lo real nunca miente y, para entender cuáles son las conflictualidades realmente en acción, hay que saber escucharlo… Los Estados Unidos quieren a toda costa separar la Europa de las altas tecnologías de las vastas reservas energéticas de Rusia, rechazando esta última en los espacios asiáticos de un capitalismo todavía muy masivamente retrasado

    El Capital ha entrado en crisis mortal, pero quiere creerse eterno y busca frenéticamente reconfigurarse. La segunda fase mitológica de la guerra del Coronavi-Rusia, al cortar Europa de una parte esencial de su abastecimiento de hidrocarburos, acelerará el delirio ecológico-transicional energético obligatorio, última esperanza capitalista decreciente de una progresión recuperada, tan poco “limpia” como totalmente quimérica…

    Por lo tanto los tiempos venideros serán decisivos y la sagrada unión de los chantajes políticos y sindicales que se dedican a ocultar tanto las perfidias de la impostura estatal como el volcán ardiente del abstencionismo creciente de las rabias proletarias, acabará obviamente por desintegrarse en el regreso incendiario y comunero del proletariado refractario de Europa…

    Para la clase capitalista europea, el dilema es de aquí en adelante el siguiente: consumir su sumisión a América hasta las heces completando su autodestrucción y asumir la guerra social que generará indefectiblemente; o rescindir su alianza atlántica y sustituirla por una unión continental con Rusia, es decir, soportar el conflicto abierto con Estados Unidos… Y esta misma guerra social que este último generará también indefectiblemente…

    Por su parte, los hombres de Verdadero Goze estarán sin dilema. Saben que no hay más que un camino hacia la emancipación de toda explotación y de toda alienación: ¡la Guerra de Clase Mundial contra todos los Estados del planeta-mercancía!

    Para poner definitivamente fin al ciclo infernal de las guerras del Haber… ¡Que viva la guerra del Ser hacia la COMUNA UNIVERSAL POR UN MUNDO SIN DINERO, SIN SALARIADO, NI ESTADO!

     

     

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