Los jóvenes protestan, con rabia e incluso con violencia, pero la intolerancia que genera una situación de marginación y crisis debe ser combatida por los proletarios, en el terreno de la lucha de clases anticapitalista
En Italia, Francia y España, el orden democrático y constitucional se ve perturbado por las manifestaciones de los últimos tiempos. Por motivos que van desde la crisis de la vivienda en España, pasando por la terrible situación educativa en Francia, hasta el aumento del coste de la vida en Italia, las plazas se han llenado rápidamente de cientos de miles de personas, de los orígenes más diversos, a menudo siguiendo el ímpetu inicial de los estudiantes. ¿Ha llegado tal vez la hora de correr hacia las barricadas de 1871 y librar una batalla frontal contra la burguesía? Algunos se han hecho ilusiones de que así es, sobre todo al observar las escenas de guerrilla urbana en Milán, Turín y Bolonia, donde a las cargas policiales se ha respondido con una lluvia de adoquines y con saqueos generalizados de tiendas.
Es necesario aportar algo de claridad sobre este movimiento «juvenil», reiterando algunos puntos fundamentales de carácter político general que el marxismo revolucionario, restablecido sobre sus bases correctas, plantea en la evaluación de la situación en la que nos encontramos.
Las protestas de los estudiantes (y de los jóvenes en general) de estos días no pueden modificar, a pesar de las esperanzas «revolucionarias» de las calles, la realidad fundamental: la falta de fondos para la educación, al igual que para la sanidad, la crisis económica, las condiciones generales de vida del proletariado y todos los demás problemas que se suman y que se derivan del modo de producción capitalista sobre el que se fundamenta toda la sociedad industrial moderna. Sin duda, las políticas socialdemócratas, reformistas o «humanitarias» —como las propuestas por los gobiernos de Escandinavia— pueden aliviar momentáneamente la crisis en un ámbito u otro, pero el conjunto de los problemas en los que se basan la preocupación y la movilización, a menudo espontánea, de los jóvenes es un producto inevitable de la economía capitalista, verdadera estructura de fondo sobre la que se asientan toda la cultura, la política e incluso la ciencia oficial. La destrucción del capitalismo y su sustitución por un nuevo sistema económico (el socialismo marxista) no es posible, en realidad, sin la insurrección armada y la constitución del Estado proletario —que equivale a la dictadura de clase del proletariado—, con todos los instrumentos necesarios de que dispone por su propia naturaleza, contra la burguesía, es decir, la clase actualmente dominante. Las manifestaciones estudiantiles y juveniles de estas últimas semanas, y no solo en Italia, están a mil millas de distancia y, en cierto sentido, son opuestas a la antesala de la lucha de clases del proletariado que marcará el gran objetivo histórico de la destrucción de la podrida sociedad burguesa y el inicio de la transformación social y económica de la sociedad humana hacia el socialismo y el comunismo pleno, la sociedad de especie, por su propia naturaleza antimercantilista y antiindividualista y, por tanto, anticapitalista. Dicho esto, los «jóvenes» podrían responder que, en varios episodios de estos últimos días, han demostrado su voluntad de responder con violencia a la represión policial, a menudo brutal y sistemática, de las manifestaciones de protesta.
En primer lugar, hay que señalar que la violencia en las calles ha sido, en realidad, contenida, a menudo fruto de sectores concretos de las manifestaciones, y que en ningún caso esta violencia ha adquirido un carácter clasista propiamente dicho (el asalto a las zapaterías no es un motín del pan, y mucho menos la toma del Palacio de Invierno en octubre de 1917). En segundo lugar, y de manera más general, es necesario reiterar, tal y como ya afirmamos en un período mucho más tenso para la lucha «estudiantil»: «los estudiantes universitarios y otros no constituyen una verdadera clase, ni tampoco todos los estratos que se agolpan tras ellos […]; mientras que sí es una verdadera clase la obrera, a la que hoy una banda de proxenetas despoja para prostituirla y ofrecerla en el mercado» (1). El derrocamiento del Estado burgués, la destrucción de sus instrumentos o su uso necesario para asegurar el triunfo de la revolución son tareas históricas encomendadas únicamente al proletariado, como ilustró elocuentemente Karl Marx en una frase: «La Historia es el juez, su ejecutor es el proletariado» (2). Por mucho valor que puedan mostrar los estudiantes en su lucha contra una represión odiosa y por muy fundadas en la realidad que puedan estar las reivindicaciones en torno a la terrible situación en la que se encuentra nuestro sistema educativo, esto no puede borrar las realidades históricas elementales de la sociedad en la que vivimos.
La composición heterogénea de quienes se reúnen hoy en las plazas (¡incluso participan y son detenidos puntualmente niños de 12 años!), junto con la ambigüedad de las huelgas convocadas por sindicatos de todo tipo, como en el caso de los camioneros del sur, no confieren ningún carácter propiamente de clase a la lucha que se está llevando a cabo estos días en las ciudades italianas. Las propias reivindicaciones mantienen un carácter general que no permite ningún avance efectivo para la clase proletaria en las condiciones actuales. El propio objetivo de las manifestaciones no está claro, en una reivindicación de enfrentamiento contra el Estado y las «élites» que no se identifican propiamente como una clase, sino en las imágenes del lujo de las tiendas del centro histórico de las principales ciudades italianas. Por mucha satisfacción que pueda dar (quizá de forma comprensible) romper el escaparate de una tienda en la que ningún proletario común podrá entrar jamás, esto no constituye en sí mismo un hecho socialmente clasista, y mucho menos «revolucionario», ni ofrece ninguna posibilidad de victoria del movimiento de la calle frente a un Estado que mantiene el orden de forma organizada y con instrumentos cada vez más represivos, ¡preparándose, más bien, para la inminente guerra general y para la represión del movimiento proletario cuyo despertar clasista teme!
Mutatis mutandis, la fórmula que se repite en Europa no dista mucho de las esperanzas que los jóvenes de muchos países del mundo depositan en las «revueltas» de la generación Z. Si, por un lado, es cierto que las condiciones de crisis que percibe la juventud —a la que por ello se querría considerar vanguardia radical de la lucha contra el sistema vigente— son fruto del capitalismo como modo de producción, en la aplicación más consecuente de todas sus políticas, incluida la guerra; por otro lado, es necesario recordar que los jóvenes proceden de todas las clases y que, a menudo, muestran en las calles una mayor combatividad más por una propensión natural y episódica que por una disposición efectiva a la lucha. En otro lugar hemos aclarado, desde el punto de vista marxista, la necesidad de volver a una lucha de clase basada en los supuestos históricos y políticos correctos, que ciertamente no son los de una ira genérica contra el «sistema» sin especificar (3).
La ocasión de estos «disturbios» en Italia ha servido al Gobierno, sobre todo, como pretexto para emplear los diversos instrumentos represivos de la burguesía, aunque sin llegar a disparar balas reales como en julio de 1960 en Reggio Emilia ni a la matanza de la escuela Díaz de Génova en julio de 2001. En primer lugar, demonizar las manifestaciones como si estuvieran organizadas por grupos «antagónicos» y alborotadores dispuestos a todo, proporcionando a los periodistas del régimen fotografías y vídeos de enfrentamientos contra las fuerzas del orden agredidas (como, por otra parte, ya se había puesto en práctica con el caso de Turín hace unos meses). A continuación, como ha ocurrido en Francia y en España, denunciar con celeridad unas inexistentes «injerencias rusas», tal y como se apresuró a hacer el ministro de Defensa Crosetto al hablar de «guerra híbrida». Los sindicatos colaboracionistas, por su parte, no tardaron en proclamar la huelga «general»… para noviembre, de modo que la calle tuviera tiempo de calmarse, la patronal pudiera anticipar posibles medidas para no verse perjudicada por la huelga y el Estado pudiera preparar preventivamente a sus fuerzas del orden ante la eventualidad de protestas violentas por parte de los manifestantes… Además, instrucciones del Gobierno para actuar con el máximo rigor, porras y gases lacrimógenos contra todos los manifestantes, pacíficos o no, porque, al fin y al cabo, nunca se sabe quién podría empezar de repente a atentar contra el «orden público». De hecho, el Código Rocco siempre puede resultar útil, independientemente del color del Gobierno, porque para nuestra república tan democrática, cuando hace falta, el fascismo también hizo cosas buenas. Y si en ocasiones hay que actualizarlo como corresponde, entonces conviene intervenir, como acaba de suceder, con un decreto de urgencia. Evidentemente, los siete decretos sobre seguridad promulgados hasta ahora por este Gobierno en cuatro años no bastaban y, tal vez, ni siquiera bastará este último…
Con este nuevo decreto se ha reafirmado la presunción de culpabilidad para los menores de 18 años (que, en cualquier caso, a partir de los 14 años, pueden ser imputados por los delitos previstos para los adultos) y se ha extendido a estos la medida ya aprobada anteriormente para los adultos de la «detención preventiva». Nordio ha hablado al mismo tiempo de «ampliar la capacidad de los centros penitenciarios juveniles» (4), anticipando ya los efectos de estas medidas. Se añade al Código Penal el nuevo delito de «participación violenta en manifestaciones públicas», que prevé una pena de hasta 5 años de prisión. Por último, la operación «calles seguras» y 500 paracaidistas de la Folgore desplegados en Milán para sofocar a los jóvenes y a los más jóvenes que siguen movilizados. En definitiva, con las medidas adoptadas, el Gobierno garantiza que, independientemente del resultado de estas protestas, ahora los instrumentos de represión del Estado italiano serán mucho más eficaces, incluso frente a grupos que hasta ahora seguían relativamente protegidos, como los menores de 18 años.
Por lo demás, no debe sorprendernos que se haya aprovechado así la ocasión: la burguesía se prepara por todos los medios para desatar de nuevo, tarde o temprano, la guerra entre los Estados y, mientras tanto, debe preparar también los instrumentos de represión contra el movimiento proletario que podría retomar su orientación de clase en el momento más crítico. Para el Gobierno se trata, además, de prepararse también para responder a formas de organización espontánea como la de los «autoconvocados», que se salen peligrosamente de los límites de la organización sindical o política institucional y, por lo tanto, son mucho más difíciles de prever y reprimir.
En conclusión, pues, debemos interpretar la respuesta intransigente del Gobierno y de la burguesía en su conjunto a las protestas de estos días, con la represión y el uso de medidas extraordinarias, no como una reacción extraña, imprevista y poco razonada de un Gobierno que se acerca al final de su mandato, sino como un campo de pruebas para la futura respuesta al movimiento proletario.
Los jóvenes, los estudiantes, pero sobre todo los proletarios, deben extraer la lección de los últimos acontecimientos, haciendo caso omiso de las llamadas al orden de los sindicatos colaboracionistas y de los partidos burgueses, y preparándose más bien para luchar mañana en otro terreno, no en el interclasista, equívoco, confuso y desorientador, sino en el de la lucha de clases, ante todo mediante la organización clasista independiente y con igual determinación sobre la base de reivindicaciones de clase. De una lucha así: «Los proletarios no tienen nada que perder salvo sus cadenas. Tienen, sin embargo, un mundo que ganar» (5).
25 de octubre de 2026
Partido Comunista Internacional (El Proletario)
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NOTAS:
(1) Nota elementare sugli studenti ed il marxismo autentico di sinistra, en Il Programma Comunista, n.º 8, 1-15 de mayo de 1968, p. 2.
(2) C. Marx, Con motivo del aniversario del People’s Paper (discurso), en The People’s Paper, 19 de abril de 1856.
(3) También resulta emblemático el título para orientar al lector: Las protestas de la Generación Z: no será la «juventud» la que derrote al capitalismo, sino el proletariado unido tras su partido de clase, disponible en www.pcint.org
(4) Il Fatto Quotidiano, 23 de octubre de 2026, p. 4.
(5) C. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista, cap. III.
https://tridnivalka2026.
España, Francia, Chile, Brasil, México, Alemania, Albania, Venezuela, India, Grecia, Bélgica, Honduras, Ecuador… 13 países en los cuales, entre septiembre y octubre de 2026, se han reactivado las protestas de diferentes sectores de la clase trabajadora contra la precarización de sus condiciones materiales de existencia (desalojo de vivienda, recortes presupuestarios, alto costo de la vida, bajos salarios, guerra, etc.) a causa de los ataques de la clase capitalista y sus Estados. Además, puede ser que, en lo que falta del año, se sumen más países a esta lista.
El punto es que no es «la juventud», «el pueblo» ni «la ciudadanía» reclamando sus «derechos» contra «la extrema derecha». Tampoco es una nueva revuelta mundial como la del 2025 y del 2019. Son luchas del proletariado de carácter reivindicativo, limitado y contradictorio (demandas sectoriales en la esfera de la reproducción y no de la producción, sindicalismo, interclasismo, democratismo, nacionalismo, etc.) que tienen lugar en el presente período contrarrevolucionario, pero que también muestran la crisis del capital/trabajo o de la relación de clase y los límites de la lucha como clase.
En el fondo, el capitalismo ya no está en condiciones de mantener a sus esclavos asalariados, ni siquiera con reformas estatales para ello. Sólo la abolición de la sociedad de clases, sólo la revolución social puede satisfacer inmediatamente las necesidades materiales para vivir. Pero, todavía sobrevivimos en tiempos de contrarrevolución.
En este contexto histórico, las protestas en curso serían un nuevo momento del actual ciclo de luchas con un devenir y un desenlace todavía inciertos. Aunque algunas de estas protestas deriven en disturbios con barricadas y asambleas, con banderas rojas y gritos de guerra social, todavía estamos lejos de un período de reanudación revolucionaria. Sin embargo, cuando choquen contra sus propios límites, las luchas reivindicativas tendrán que romperlos para poder avanzar y, entonces, se transformarán en luchas revolucionarias. Por eso, junto con el análisis concreto y crítico de las luchas concretas, los comunistas debemos agitar siempre por la autoorganización proletaria y la ruptura revolucionaria en su seno.
Proletarios Hartos de Serlo (PHS). Quito Octubre 2026
Êdicion: Los Amigos de la Guerra de Clases
PDF: https://tridnivalka2026.Tras la última artimaña de los Mulas de Washington, muchos compañeros (anarquistas, comunistas, internacionalistas…) se ven obligados a reconstruir sus redes y blogs. La criminalización del colectivo Autistici/Inventati no es una acción concreta de un supuesto “tecnofascismo”, como afirman algunos, sino, mucho más prosaicamente, ¡la obra del capitalismo y de su democracia!
Los archivos del blog de Třídní válka / Guerra de Clases
siguen disponibles en la siguiente dirección: https://web.archive.org/web/
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actividades militantes. Mientras esperamos a que haya algo mejor, os invitamos
a visitarnos en nuestro nuevo blog público: https://tridnivalka2026.
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TRIDNI VALKA # CLASS WAR # GUERRE DE CLASSE
https://tridnivalka2026.Francia. Bloqueos en los institutos:
al enfrentarse al Estado y a sus fuerzas represivas, los jóvenes proletarios marcan el camino a seguir en las luchas reivindicativas
El Estado es, en última instancia, una banda de «hombres armados» (1). Esta verdad, expresada por Friedrich Engels en su obra fundamental El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, la han vivido en carne propia miles de jóvenes proletarios de instituto que, desde el 21 de septiembre de 2026, han entablado un enfrentamiento —a menudo violento— con el Estado burgués; este último solo ha dado una respuesta a las reivindicaciones de los estudiantes: la porra.
De hecho, mientras que en toda Francia —y, en primer lugar, en Île-de-France— los estudiantes de bachillerato, a menudo procedentes de barrios populares, han iniciado el bloqueo de los centros educativos (hasta la fecha, casi 1 000 centros están bloqueados o son objeto de iniciativas por parte de los estudiantes (2)) para exigir más recursos para la educación, la sustitución de los profesores ausentes, la contratación de personal adicional, la reducción del número de alumnos por clase, la rehabilitación de los institutos en mal estado, la reducción de las cargas lectivas excesivas e incluso la abolición del Parcoursup —el mecanismo que selecciona y aplasta a los estudiantes—, el Estado ha preferido mostrar su verdadero rostro en lugar de mantener la máscara de corrección y respetabilidad. No cabe duda de que el hecho de que los principales impulsores del movimiento fueran jóvenes proletarios de origen magrebí o africano haya desempeñado un papel fundamental en la decisión del Estado de enviar a sus milicianos armados hasta los dientes a descargar la violencia sobre los jóvenes. Policía a caballo, furgones de los CRS, BRAV-M, disparos de LBD a quemarropa dirigidos a los ojos o a la mandíbula: se ha desplegado verdaderamente la artillería pesada para reprimir a una juventud en revuelta.
Los proletarios y los revolucionarios no pueden sino alegrarse de que, ante esta ola de violencia estatal, la juventud proletaria haya respondido en el mismo terreno. En clara oposición a los pacifistas de todo tipo —representantes sindicales y estudiantiles, políticos, grupos que se autodenominan revolucionarios (!)— que instan al movimiento a mantenerse dentro de los límites de la no violencia, del respeto por bienes y personas odiadas y de la negociación con las autoridades, la inmensa mayoría de los ocupantes ha aceptado el desafío, recibiendo a la policía con disparos de morteros artesanales y adoquines o levantando barricadas improvisadas. En el momento de redactar esta toma de posición, parece que 83 policías y gendarmes han resultado heridos. Aunque estas cifras están, obviamente, exageradas por los perros guardianes mediáticos y políticos del capital, palidecen ante las cifras de la represión estatal. Según la policía, se ha detenido a más de 5.000 personas y se contabilizan casi 170 heridos entre los estudiantes. (3) Ya nos llegan imágenes de jóvenes de entre 15 y 18 años que han perdido la vista de un ojo o tienen la mandíbula fracturada por los disparos de LBD. (4) No hay duda de que estas imágenes se multiplicarán, dado el placer que siente la policía al desquitarse con los jóvenes proletarios.
No nos hagamos ilusiones: aunque las reivindicaciones parezcan a primera vista interclasistas —puesto que se refieren a los estudiantes de bachillerato en su conjunto, ya sean hijos de proletarios, de la pequeña o de la gran burguesía—, es evidente que la escasez de personal, las instalaciones ruinosas y la espada de Damocles del Parcoursup (que separa a los estudiantes en «buenos», destinados a acceder a las clases preparatorias, a las Grandes Escuelas y a las universidades de élite, y a los «malos», relegados a aulas universitarias abarrotadas y carentes de recursos o incluso expulsados de un sistema educativo que les ha hecho comprender desde el principio que no había sitio para ellos) afecta exclusivamente a los alumnos de bachillerato procedentes de entornos populares o proletarios. La radicalidad de las formas de lucha —bloqueos, ocupaciones, barricadas y enfrentamientos con las fuerzas del orden— constituye, por lo demás, una confirmación más de ello.
¿Significa acaso que los estudiantes de bachillerato se habrían convertido en una nueva vanguardia, al igual que los «jóvenes», las «mujeres», las «minorías», los «homosexuales», los «transgénero», los «campesinos» y los «obreros» —todos ellos uniformemente revolucionarios, como no dejan de proclamar a voz en grito los grupúsculos de la izquierda radical burguesa (ya sean anarquistas, trotskistas o maoístas), de los que el grupo trotskista Révolution permanente ofrece un ejemplo caricaturesco? (5). En realidad, como ya hemos tenido ocasión de señalar en varias ocasiones, a ojos de los marxistas la «juventud» no existe (6). Los jóvenes, al igual que el resto de la sociedad, se dividen en clases sociales cuyos intereses distan mucho de ser idénticos. Aunque comparten algunos rasgos comunes, su experiencia escolar difiere radicalmente según procedan de entornos populares o burgueses. Mientras que para estos últimos las ilusiones republicanas, meritocráticas y culturalistas pueden corresponder a una cierta realidad, los primeros saben muy bien qué pensar de las promesas de libertad, igualdad, fraternidad y ascenso social a través del trabajo, la escuela y la cultura. Tratados como alumnos de segunda categoría desde su entrada en el sistema educativo, abandonados por las instituciones y empujados lo antes posible hacia la salida para que puedan «integrarse en un mercado laboral» necesitado de jóvenes proletarios a los que explotar a su antojo, a sus ojos la escuela republicana encarna lo que nunca ha dejado de ser: una colosal farsa. ¿Cómo sorprenderse, pues, de que los jóvenes implicados en estos movimientos hayan empezado a incendiar edificios escolares, autobuses o mobiliario urbano? Lejos de representar una violencia ciega, como ciertas «almas bellas» que se autodenominan revolucionarias quisieran hacer creer, estos actos de vandalismo manifiestan la comprensión instintiva de que las promesas vacías de la República no van dirigidas a ellos.
Si hay que criticar este movimiento —fraternalmente, pero con firmeza— es por el riesgo de que dicha lucha, surgida de forma espontánea y organizada independientemente de los sindicatos y los partidos de izquierda, acabe siendo instrumentalizada por estos falsos amigos de los jóvenes proletarios. Tanto en los institutos como en los lugares de trabajo, los sindicatos desempeñan el papel de agentes de influencia de la burguesía en el ámbito proletario.
Ya se trate de la Union syndicale lycéenne (USL) o del Mouvement national lycéen (MNL) —auténticas canteras de burócratas sindicales, antesala de la Union étudiante (7) y apéndices de La France Insoumise (LFI)—, o de los numerosos cargos electos de LFI (como el diputado Denis Boyard, él mismo un antiguo burócrata sindical estudiantil, o el alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko), todos estos supuestos aliados del movimiento estudiantil tienen el único objetivo de encauzarlo por la vía muerta de la no violencia y la negociación con el Gobierno.
No tardó mucho, pues, en que nuestros aprendices de burócratas entablaran una cortés conversación con el ministro de Educación Nacional entre el boato de los grandes palacios ministeriales, o en que el líder de LFI y eterno candidato a las presidenciales exhortara a los estudiantes de bachillerato a utilizar «solo métodos de lucha no violentos» (8). No hacía más que seguir los pasos de su compañero Bally Bagayoko, quien, ante las cámaras oportunamente colocadas, invitaba con tono pontificador a los estudiantes a mantener la calma y a rechazar la violencia (9). Ni se nos ocurra que la violencia de los estudiantes de bachillerato repercuta en el candidato Mélenchon, quien debe demostrar sentido de la responsabilidad y capacidad para mantener el orden republicano si quiere aspirar al máximo cargo del Estado. Lamentablemente, la acogida positiva que los representantes electos de LFI parecen obtener en los cortes de carretera o en las manifestaciones pone de manifiesto el peligro real de que el movimiento acabe siendo absorbido por la burguesía. Corresponde a los revolucionarios poner de relieve ese peligro, sin hacerse ilusiones sobre la capacidad de los jóvenes proletarios para asimilar esta orientación política en un período de reflujo de la lucha de clases.
Corresponde, además, a los revolucionarios recordar la necesidad de una solidaridad proletaria con este movimiento. No solo porque sus hijos están implicados, y no solo porque una amplia parte de la población —6 de cada 10 franceses, según encuestas de valor discutible pero que ofrecen una idea, aunque imperfecta, de la resonancia del movimiento en la sociedad (10)— considera legítimas las reivindicaciones de los estudiantes de secundaria; sino, sobre todo, porque solo el proletariado, luchando en el terreno de la producción, es capaz de amenazar de forma duradera el dominio del capital. Si los estudiantes de bachillerato en lucha son hijos de proletarios y, con toda probabilidad, futuros proletarios, aún pertenecen solo potencialmente a ese sujeto revolucionario identificado por Marx, cuya fuerza reside en la posición central que ocupa dentro de la estructura productiva (donde se extrae la plusvalía, savia vital del capitalismo sin la cual este no puede sino derrumbarse) y en el contacto cotidiano con sus compañeros de clase en el lugar de trabajo; ese contacto favorece una primera toma de conciencia de la pertenencia a la clase obrera, clase caracterizada por la doble naturaleza de ser, dialécticamente, a la vez explotada y revolucionaria. Los estudiantes de bachillerato no constituyen un nuevo sujeto revolucionario, ni un recurso ante la relativa pasividad de la clase obrera, no solo en Europa, sino también en el resto del mundo.
Como afirmaba Trotsky a propósito de la juventud estudiantil, en una época en la que esta era aún predominantemente pequeñoburguesa: «cuando la burguesía se niega consciente y obstinadamente a resolver los problemas derivados de la crisis de la sociedad burguesa, y el proletariado aún no está preparado para asumir esa tarea, son a menudo los estudiantes quienes ocupan el escenario. Durante la primera revolución rusa, observamos este fenómeno en varias ocasiones. Siempre ha tenido para nosotros un gran significado: esa actividad revolucionaria o semirrevolucionaria implica que la sociedad burguesa está atravesando una crisis profunda. La juventud pequeñoburguesa, al percibir la acumulación de una fuerza explosiva en el seno de las masas, intenta a su manera encontrar una salida a este callejón sin salida impulsando la situación política» (11).
Ciertamente, la lucha de los jóvenes —precisamente en virtud de su radicalidad y de su propensión a ser los primeros en entrar en acción (característica que hizo que figuras de las organizaciones juveniles socialistas como Karl Liebknecht o Amadeo Bordiga figuraran entre los mejores revolucionarios)— puede servir de chispa y preceder al despertar de ese gigante dormido que es el proletariado. Sin embargo, está abocada a quedar en vano si no logra extenderse a la única clase revolucionaria: el proletariado. Recordando oportunamente que solo el recurso a la violencia —frente a la represión de un Estado que nunca duda en emplear los métodos más brutales para preservar su orden podrido— permite vislumbrar el éxito en las luchas reivindicativas, los jóvenes proletarios han marcado el camino. Ahora le corresponde al proletariado aprender de esta lucha, gracias a la inestimable e indispensable ayuda de su partido de clase. «Esto no podrá suceder de la noche a la mañana; sin contar con la represión, habrá muchos obstáculos que superar, intentos de instrumentalización que evitar, falsos amigos «de izquierda» o «demócratas» de los que hay que alejarse; pero al romper, al menos temporalmente, la asfixiante paz social, la actual revuelta espontánea contribuye objetivamente a acercar esta perspectiva», escribíamos en 2023 con motivo de las revueltas que siguieron a la muerte de Nahel (12). Esta previsión sigue siendo tan válida hoy como lo era hace tres años.
4/10/2026 - Partido Comunista Internacional (El Proletario):
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NOTAS:
(1) El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado. En K. Marx y F. Engels, Obras escogidas (Tomo III, pp. 203–352). Editorial Progreso. (Obra original publicada en 1884),cap. IX, «Barbarie y civilización», en «Escritos, mayo de 1883 – diciembre de 1889», ediciones Lotta Comunista, Génova 2014, p. 153. En esta traducción, el pasaje afirma, tras señalar que el Estado se caracteriza, en primer lugar, por la subdivisión de sus ciudadanos en función del territorio, que «el segundo aspecto característico del Estado es la institución de una fuerza pública», separada de la población; además, «esta fuerza pública existe en todo Estado y no solo cuenta con hombres armados, sino también con medios materiales, prisiones e instituciones penitenciarias de todo tipo»; es un «poder que se refuerza a medida que se agudizan las contradicciones de clase en el seno del Estado y que crecen en poderío y población los Estados vecinos».
(2) «Institutos bloqueados: el ministro de Educación Nacional anuncia que mañana permanecerán cerrados “poco más de 400 centros”», BFM TV, 1/10/2026: https://www.bfmtv.com/societe/education/
(3) «Bloqueo de los institutos: fuerte movilización, actos violentos y destrozos, movimiento confirmado... Lo que hay que recordar de la jornada del viernes», Le Monde, 2/10/2026: https://www.lemonde.fr/societe/live/2026/10/02/
(4) «Un estudiante de instituto herido el miércoles 30 de septiembre en Tours: “Maël ha perdido la visión de un ojo”», La Nouvelle République, 2/10/2026: https://www.lanouvellerepublique.fr/tours/; «Bloqueo de los institutos: el adolescente alcanzado por un LBD en Val-d’Oise sufrió una doble fractura de mandíbula», 20 Minutes, 2/10/2026: https://www.20minutes.fr/faits_divers/
(5) Véase, por ejemplo, «Un aire de Gran Rechazo», Révolution permanente, 4/10/2026: https://www.revolutionpermanente.fr/Un-air-de-Grand-Refus
(6) Véase nuestro artículo «Manifestaciones de la generación Z: no será “la juventud” la que derrote al capitalismo, sino el proletariado unificado tras su partido de clase», Le Prolétaire n.º 559, noviembre-diciembre de 2025; il comunista, n.º 189, noviembre de 2025-enero de 2026.
(7) Principal sindicato estudiantil por número de afiliados y votos, que ha sustituido a la UNEF, ahora reducida a la mínima expresión; está estrechamente vinculado a La France Insoumise, partido que, por otra parte, ha expresado su apoyo al movimiento de los estudiantes de secundaria.
(8) «“No sirve de nada provocar incendios”: Jean-Luc Mélenchon invita a los jóvenes a utilizar “solo métodos de lucha no violentos”», BFM TV, 1/10/2026: https://www.bfmtv.com/ politique/la-france-insoumise/
(9) «Bloqueo de los institutos: Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis por LFI, defiende su presencia junto a los manifestantes», Le Monde, 1/10/2026: https://www.lemonde.fr/ politique/ article/2026/10/01/
(10) «El 62 % de los franceses considera justificado el movimiento estudiantil de los institutos, según una encuesta de Odoxa», L’Humanité, 3/10/2026.
(11) Trotski, L. (1977). Las tareas de los comunistas en España. Carta a Contra la Corriente. En P. Broué (Comp.), La revolución española (1930–1940) (Vol. 1, pp. xx–xx). Fontanella. (Obra original escrita en 1930) Las partes subrayadas las hemos resaltado nosotros. Sin embargo, hay que precisar lo siguiente: León Trotski, en esta carta, trata las manifestaciones estudiantiles contra la dictadura de 1923-1930 como si se tratara de una actividad «revolucionaria o semirrevolucionaria», considerando la España de aquella época, y sobre todo la de 1936-1939, al mismo nivel que la Rusia de 1905-1917, es decir, como si se tratara, en el caso de España, de una revolución burguesa aún por llevar a cabo. En realidad, no se puede considerar que la España de entonces estuviera aún a la espera de una revolución burguesa, ya que esta ya se había producido, completándose con todas sus contradicciones y sus límites en los años comprendidos entre 1874 y 1876. Lev Trotski, al considerar las manifestaciones de la pequeña burguesía estudiantil de aquellos años como una actividad «revolucionaria o semirrevolucionaria», en realidad les atribuía, generosamente, una característica que en realidad no tenían.
(12) «Rivolte nei quartieri proletari. Il capitalismo è responsabile dei crimini della polizia, delle oppressioni e della miseria. È lui che bisogna combattere, è lui che bisognerà abbattere!», Le Prolétaire n. 549, giugno-luglio-agosto 2023. Vedi anche il comunista, n. 178, giugno-agosto, «Francia. La lotta contro le violenze della polizia può essere condotta realmente solo su una base anticapitalista!»
Tres contribuciones internacionalistas contra la guerra
/ Español / Français /
- Ni guerra ni “paz”, revolución (Stuut)
- Disturbios en Ucrania: Más de 200 personas atacaron a los soldados y volcaron el vehículo de los reclutadores (AMI)
- Los “anarquistas” del ejército (Graswurzelrevolution)
Ni guerra ni “paz”, revolución
¡Ni carne de cañón Ni carne de obra! A la mierda la guerra Viva la revolución
Hoy ya no podemos ignorar que las guerras, las masacres y los genocidios se extienden y se intensifican por doquier: Congo, Sudán, Yemen, Myanmar, Palestina, Ucrania, Irán, Líbano… Los gobiernos siguen inventando excusas para bombardear: atacar para defender, matar para proteger, atacar para liberar…
En Europa, el discurso sobre la supuesta “paz eterna” tras la Guerra Fría tuvo su momento. Hoy, la propaganda militarista resurge: soldados que visitan escuelas para promover la profesión; propaganda de defensa por doquier, en las calles, en internet y en los cines; la carta de Théo Francken [Ministro belga de Defensa y Comercio Exterior] dirigida a todos los jóvenes de 17 años invitándolos a alistarse en el servicio militar voluntario; consejos sobre kits de supervivencia; y así sucesivamente… Por todas partes, imponen la idea de que hay que prepararse para la guerra, prepararse para luchar, prepararse para “perder a los hijos”. ¿Es inevitable la guerra? ¿No podemos imaginar otra perspectiva posible?
¡La guerra es la inevitabilidad del capitalismo, no la nuestra!
Porque cuando el sistema capitalista está en crisis, la guerra es una de las “soluciones”, proporcionando al sistema económico un mecanismo de destrucción, reconstrucción y control social.
El sistema capitalista necesita la guerra por muchas razones: para “asegurar” y apropiarse de territorios; para controlar los recursos naturales; para desviar la atención de la población de las crecientes tensiones políticas internas y la miseria; para crear “unidad” frente a un enemigo externo y fomentar el patriotismo; para disciplinar a la población, incluyendo la marginación y la represión de quienes se consideran una amenaza; para reprimir revoluciones y movimientos sociales, como, por ejemplo, en Siria o Sudán; para justificar el fortalecimiento de las estructuras estatales, la vigilancia y el aumento de los presupuestos militares, generando una «economía de guerra», muy útil cuando hay periodos sin conflicto en el propio territorio. La guerra es rentable. Si hay alguien que siempre sale victorioso en las guerras, ¡es la industria armamentística!
La guerra nunca nos beneficiará, y dado que el sistema no puede sobrevivir sin ella, es necesaria una solución: ¡destruir este sistema!
Es esencial luchar aquí, con nuestros propios medios y a nuestra escala: organizarnos sin autoridad, descentralizar la lucha, empoderarnos y fortalecer las luchas contra el Estado.
Sabotear la maquinaria de guerra. Oponernos a las guerras libradas por los Estados; apoyar a los desertores en todo el mundo; mostrar solidaridad con las luchas y revueltas; atacar la industria armamentística; negarnos a participar en el esfuerzo bélico; resistir la propaganda; difundir ideas antimilitaristas; defender una perspectiva internacionalista.
Frente a la ley del más fuerte, la combatimos con solidaridad y ayuda mutua. Ante la orden de defender este sistema contra un enemigo externo, la combatimos atacando a quienes nos oprimen. Frente a la maquinaria de la muerte, luchamos por una vida de libertad.
Ni guerra ni “paz”, revolución.
Asamblea Antimilitarista – Bruselas
Traducción al español: https://
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Disturbios en Ucrania: Más de 200 personas atacaron a los soldados y volcaron el vehículo de los reclutadores
Los recientes enfrentamientos entre civiles, personal militar y la policía en la ciudad de Leópolis, al oeste de Ucrania, han puesto de manifiesto las profundas tensiones sociales relacionadas con el proceso de movilización en Ucrania. La tarde del 8 de julio de 2026, un grupo de personas bloqueó un coche en el que viajaban oficiales del centro de reclutamiento y lo volcó, tal y como muestran, entre otras cosas, las imágenes publicadas en la red social X. El incidente dio lugar a enfrentamientos más extensos con la policía y los soldados, en los que participaron unos doscientos civiles. La tensa situación se prolongó durante aproximadamente cinco horas y se extendió hasta las primeras horas de la mañana del 9 de julio.Las imágenes difundidas por la televisión ucraniana mostraban a multitudes de personas que, en un barrio residencial a oscuras, se abrían paso entre los vehículos, coreaban “¡Qué vergüenza!” y arrancaban el uniforme a uno de los oficiales. Este incidente fue el último de una serie de ataques contra oficiales de los centros de reclutamiento, lo que pone de manifiesto la ira que lleva tiempo gestándose por la forma en que el ejército ucraniano repone sus filas.
El incidente tuvo lugar a última hora de la noche en el barrio de Sykhiv, en Leópolis, en el bulevar “Tservona Kalina”. Los agentes del Centro Territorial de Reclutamiento y Apoyo Social local detuvieron a un hombre buscado por eludir el servicio militar. Tras ser trasladado el detenido en uno de los vehículos, se congregó rápidamente en el lugar una multitud de unas 200 personas que bloqueó a la unidad que permaneció allí. La multitud rodeó el vehículo oficial, rompió sus ventanas y lo volcó por completo. La dirección de la comisaría del distrito de Sykhiv confirmó que dos miembros del Centro Territorial de Reclutamiento y Apoyo Social fueron trasladados al servicio de traumatología, aunque sus vidas no corrían peligro.
Vídeo del lugar del incidente: https://www.youtube.com/watch?
El incidente con la patrulla de movilización provocó una investigación inmediata por parte de la Fiscalía y del Estado Mayor de Ucrania; los responsables de Kiev advierten de que, en su opinión, los enfrentamientos internos son “un arma de la propaganda enemiga”. Esta postura de las autoridades no es en absoluto sorprendente. Cada vez que alguien se rebela contra el esfuerzo bélico de su “propio” Gobierno, los secuaces del Gobierno recurren al argumento de que tales acciones ayudan al enemigo.
Las estadísticas de la agencia Interfax-Ucrania muestran un aumento dramático de la tensión en Ucrania: mientras que en el primer año de la guerra (2022) solo se registraron 5 ataques contra personal del TRC, el año pasado fueron 341 y, desde principios de este año (2026), esta cifra ya ha superado los 100 casos. Cabe señalar que estas cifras solo representan los incidentes registrados oficialmente y es posible que la información sobre muchos de ellos no llegue ni a las estadísticas oficiales ni a la cobertura mediática, con el fin de restar importancia públicamente al problema de la tensión interna en Ucrania.
Traducción al español: https://
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Fuente en inglés: https://antimilitarismus.
Los “anarquistas” del ejército
(Perla de la burguesía) Matar o morir… por las guerras del capital.
¿Voluntarios a la guerra por la nación y la democracia? La división entre los anarquistas respecto a la guerra va en aumento.
El texto que circula por Internet desde noviembre demuestra claramente lo profunda que se ha vuelto la brecha entre las personas, las organizaciones y los medios de comunicación que se autodenominan “anarquistas”. “Sobre la represión de las voces de Europa del Este en los actos anarquistas de la UE”, reza el título de la denuncia redactada por los “Colectivos de Solidaridad” y firmada por numerosos grupos, colectivos y particulares. La lista de firmas de la versión en inglés es más extensa e incluye, entre otros, a la FAU de Fráncfort, la CNTF francesa y autores tan conocidos como Peter Gelderloos y Philipp Kellermann.
En el texto se denuncia que el movimiento anarquista acusa a quienes luchan voluntariamente en la guerra, con las armas en la mano, de “apoyar la guerra”. De ello se extraen las siguientes conclusiones: “En los últimos años han surgido en el ámbito anarquista numerosas organizaciones y grupos que excluyen activamente a los ‘Colectivos de Solidaridad’, a la Cruz Negra Anarquista-Bielorrusia y a muchas otras organizaciones anarquistas y antiautoritarias de los actos públicos, o bien bloquean su participación. Además, se han publicado numerosas ‘declaraciones’ diversas en las que se condenaba la labor de estos grupos y su apoyo a la resistencia ucraniana frente a la invasión rusa. A menudo, este comportamiento se basa en una tergiversación de las posturas sobre la guerra de los activistas de Europa del Este. Se acusa a los anarquistas de haberse convertido en militaristas, de apoyar la guerra o de no mostrarse lo suficientemente críticos con el Estado ucraniano.”
Lo que más llama la atención es precisamente el asombro ante el hecho de que alguien pueda oponerse al apoyo al nacionalismo ucraniano frente al nacionalismo ruso. Es evidente que en el anarquismo contemporáneo no ha habido ni hay consenso sobre qué son los Estados y las naciones. En el texto no solo se habla, utilizando un eufemismo, de la “resistencia ucraniana contra la invasión rusa” (¿qué otra cosa es la guerra? Un Estado ataca y otro se opone a ello con su fuerza militar), sino que también se silencia el hecho de que, nada menos que en agosto de 2025, los “Colectivos de Solidaridad” intentaron impedir la celebración de un acto del colectivo “Asamblea” de Járkov. En la declaración realizada al respecto, se caracterizó de forma convincente a los “Colectivos de Solidaridad” y a sus simpatizantes como lo que realmente son: “anarco-militaristas”.
¿Acaso los desertores y los opositores al servicio militar (de todas las partes beligerantes) y todos aquellos que no quieren morir ni matar por ninguna de las partes en esta guerra no son “voces de Europa del Este”? ¿O es que la carta de identidad solo se juega cuando se trata de posiciones que encajan en la propia visión del mundo? ¿O es que la memoria es tan corta que ya nadie recuerda lo poco respetuoso que fue el trato que recibieron los opositores sistemáticos a la guerra en Saint-Imier?
“No vemos en la labor de los ‘Colectivos de Solidaridad’ ni de la CNA-Bielorrusia ningún tipo de apoyo a la guerra ni al militarismo estatal en ninguna de sus formas”, continúa el texto. —Además, condenamos categóricamente cualquier intento de aislar a los colectivos anarquistas de Europa del Este en lo que respecta a la resistencia contra la expansión militar del régimen ruso”.
Esto, por un lado, no es cierto y, por otro, contradice lo que se afirma a continuación sin pausa alguna. Cualquiera que estuviera en las “Marchas de la oposición [rusa]” en Berlín en noviembre de 2024 y en diciembre de 2025 pudo ver el “bloque anarquista” que exigía el envío de armas a Ucrania. Es evidente que, para lograr la victoria militar sobre Rusia, se requiere una producción, un suministro y un uso de armas cada vez mayores. Y, sobre todo, se necesitan cada vez más personas dispuestas a sacrificarse inútilmente en la lucha entre los distintos Estados capitalistas. Ya sea con argumentos anarquistas, feministas, socialistas, religiosos, liberales, conservadores o fascistas. En definitiva, eso da igual; lo importante es que estén armados, entrenados y a disposición para el combate.
Quien aspire a una victoria militar sobre Putin no debe tener interés en que sus compañeros de las unidades de voluntarios de extrema derecha mueran en combate: eso reduce su propia potencia de fuego. Para quien, en el bando ruso, considere que lucha “contra el fascismo”, también resulta inconcebible pensar en neutralizar a las “empresas militares privadas” o al grupo “Rusich”. Cuando se trata de la soberanía nacional, los bandos políticos se unen al instante. La guerra es una cuestión nacional, y los ciudadanos del Estado no se atreven a anteponer sus intereses particulares o sus preferencias partidistas a ella. Y vosotros participáis en ello.
Quizá los “anarquistas” que van a la guerra como parte del ejército ucraniano se convenzan a sí mismos de que luchan y matan no por el Estado, sino por el pueblo. Pero eso no mejora las cosas. El “pueblo” es una comunidad forzada. El pueblo ucraniano existe porque existe el Estado ucraniano, y no al revés. Lo mismo ocurre con el pueblo ruso, el bielorruso y cualquier otro “pueblo”, independientemente de cómo se defina: por origen, lengua, cultura o ciudadanía.
Mientras exista el capitalismo como sistema mundial, seguirá habiendo países como Sudán y Siria, Ucrania y Armenia, Grecia y Bolivia. No se puede abordar el mundo en todas partes como se hace en los Estados ricos. La forma en que la Unión Europea y la OTAN, Rusia y China tratan a Estados como Ucrania es inequívoca: la población local, la tierra y todo lo que en ella crece o se puede extraer, deben estar al servicio de la multiplicación de la riqueza del capital. No está claro qué capital concreto —el ruso o el alemán, el estadounidense o el chino— mostrará luego interés por ello o considerará que en otro Estado soberano todo esto se puede obtener más barato. Lo que sí está claro es que, para los Estados con una economía fuerte, las zonas situadas más allá de sus propias fronteras resultan cada vez más interesantes para su propio crecimiento económico. Todo el mundo de los Estados soberanos debe poner a disposición de su capital mercados, lugares de producción y ámbitos de inversión. Este es el punto en el que coinciden los intereses de los Estados. El crecimiento capitalista es inconcebible sin violencia entre Estados. Si no logramos un consenso teórico sobre esta cuestión, la acción conjunta resulta imposible y carece de sentido. Quien se indigna porque Putin recurre a la violencia contra Ucrania, pero no se da cuenta de que el dictado de la austeridad también es una forma de violencia, no ha entendido nada del dominio capitalista. Quien considere que hay que frenar las aspiraciones imperiales de Rusia, pero al mismo tiempo acepte como norma la subordinación del mundo a los intereses de los Estados capitalistas gobernados democráticamente, no es en nada mejor que quien atribuya a los imperialismos de Rusia o China algo “antiimperialista”. Quienes están dispuestos a “comprender a Putin” y quienes abogan por el suministro de armas son las dos caras de una misma moneda. Trazar una línea divisoria con ellos no es dogmatismo. Es absolutamente evidente que aquí se persiguen objetivos totalmente diferentes.
Organizaciones como la CNA de Bielorrusia han adoptado una postura muy clara. La lucha armada por el “mal menor” se percibe como una fuente de experiencia, se ensalza por todos los medios y se convierte en el principal punto de diferenciación con respecto a quienes “no hacen nada en la práctica”. Mientras el Estado lleva a cabo redadas contra los jóvenes que quieren eludir el servicio militar, debemos centrar nuestra atención en las “hazañas” de un pequeño grupo de anarquistas, en lugar de apoyar a los desertores y a quienes eluden el servicio militar de todas las partes beligerantes. Ellos mismos saben perfectamente que, por sí solos, no son capaces de hacer frente al ejército invasor.
Al mismo tiempo, la CNA de Dresde no escatima en propaganda: “Puedes ser Sara Wagenknecht, que está en contra de la guerra y a favor del imperio ruso. Puedes ser un soldado ruso que, con las armas en la mano, lucha contra la guerra en Ucrania, comete genocidio y mata a cientos de personas inocentes, porque cree que la paz solo puede alcanzarse mediante la aniquilación total del pueblo ucraniano. Puedes ser un intelectual de izquierdas occidental que se opone a la guerra porque así lo dicen los libros, pero, en realidad, la revolución social y la guerra no son para él más que palabras vacías de todo significado” (Sin embargo, en los últimos años hemos aprendido que estas sencillas palabras pueden interpretarse de diferentes maneras, dependiendo de la parte del mundo o del bando político del que procedan las personas).
Pero, ¿por qué de repente el Estado-nación es mejor que un imperio? ¿De dónde sacas que Rusia aspira a la “destrucción total del pueblo ucraniano”? Luchar y matar por orden del Estado ucraniano, que debe reformarse para adaptarse al mercado mundial: ¿qué tiene eso que ver con una revolución social?
Sí, Alexander Kolchenko, que también firmó este llamamiento, estuvo en una cárcel rusa. Nadie puede criticarle por estar en contra del dominio de Putin. Pero ya es hora de que hablemos en serio de que, durante el juicio, entonó el himno nacional de Ucrania y gritó “¡Gloria a Ucrania!”. El “nacional-anarquismo” bajo la bandera ucraniana o cualquier otra bandera nacional es algo distinto a la solidaridad con las personas que sufren a causa de la política de Rusia. Si consideráis que el Estado-nación es una buena respuesta a la discriminación, deberíamos ponernos de acuerdo entre nosotros sobre qué significa concretamente “dominio”.
En la esfera pública tampoco faltan voces de Europa del Este que abogan por continuar la guerra a cualquier precio. Entre ellas, las de los “anarquistas”. Máxim Butkevich, que, como anarquista, se convirtió en oficial del ejército ucraniano, recorre Europa haciendo campaña a favor del envío de armas. La política de los “Verdes” Marina Weisband se considera “anarquista en lo más profundo de su corazón”, pero para ella eso significa, concretamente, insistir en la guerra hasta la victoria final.
Ya basta. Por favor, no nos habléis de “privilegios” y “westplaining” mientras en Ucrania se asesina a los desertores en la frontera.
Alexander Ametistov
Traducción al español: https://
Terremotos en Venezuela:
No es la fatalidad la que hay que incriminar, sino al capitalismo y el Estado burgués
En la tarde del miércoles 25 de junio, a las 18h04, dos terremotos, a menos de un minuto de intervalo, sacudieron la zona centro-norte de Venezuela. Su epicentro tuvo lugar en la localidad de Morón a 168 kilómetros, al oeste de Caracas que, junto con la Guaira, fueron los lugares que sufrieron más daños y destrucción en toda Venezuela. Al momento en que escribimos la cifra de los terremotos es de más de 1900 muertos, cifra que evidentemente a medida que pasa el tiempo incrementa su monto cuyo número real se calcula probablemente en decenas de miles de víctimas: según la ONU hay 50 mil desaparecidos. Por su parte la NASA, según sus observaciones satélites ha estimado que más 50 mil edificios habrían sido destruidos o severamente dañados.
En 2019, una geógrafa venezolana, Virginia Jiménez Díaz, advertía en una entrevista a “El Pais” de España (1) que esta ciudad, [La Guaira, ndr] estaba en la misma situación de riesgo que hace dos décadas (2): “Los desastres los construimos todos los días” (3) (...) “Esto ocurre porque la institución es débil, [léase: corrupción]. (...) “La construcción de la vulnerabilidad tiene mucho que ver con la ineficiencia del Estado” [léase: otra vez corrupción e incompetencia]. En el capitalismo, todas estas tragedias anuncian su aparición mucho antes de que ocurran.
Después
del terremoto de Caracas en 1967, las normas de construcción antisísmicas
fueron establecidas de manera muy estricta, sin embargo faltaba que fueran
respetadas, lo que aumenta los costos para la construcción de estas
estructuras cada vez más altas y complejas. También, después del “deslave”,
numerosas viviendas a destinación, esencialmente de la población
proletaria, fueron construidas. Eran de mala calidad y construidas en
terrenos frágiles, incluso sobre aquellos que fueron devastados por las
intensas lluvias de aquella época. Estos desmanes se traducen hoy en cientos
de miles de víctimas entre heridos, muertos, gente en la calle y sin donde
caerse muerta. ¡Fueron viviendas criminalmente mal hechas y mal concebidas.
hecho que solo se hizo posible disminuyendo los costos de producción tanto
de empresas privadas como de organismos públicos! ¡Fueron crímenes cometidos
bajo las leyes capitalistas, bajo la ortodoxia y criterio del dinero!
Luego de la catástrofe, los organismos del Estado consagrados a las tragedias de este tipo, eran desesperadamente insuficientes; en muchos lugares sus habitantes al pie de los edificios derrumbados esperaban cruelmente las herramientas y el personal para comenzar a excavar y tratar de salvar el mayor número de gente atrapada entre los escombros de donde a veces se oían voces de personas pidiendo ayuda. En muchos lugares los habitantes trataban de hacer lo imposible pero sin medios adecuados... realizando a mano pelada lo que en realidad necesitaba de medios técnicos y maquinarias adecuadas para estos casos. Otros se dedicaron a saquear farmacias y comercios diversos para paliar la situación que se volvía terriblemente caótica a medida que pasaba el tiempo y las autoridades, que no daban señal de existir, no se acercaban a las zonas siniestradas.
Incapaz de ayudar a las víctimas que expresaban claramente necesidades urgentes, el gobierno decidió “militarizar” la zona de la Guaira, y otros sitios. Policías y militares solo miraban atentos a aquellos que pudiesen utilizar los derrumbes para robar las posesiones de los difuntos, nada de agarrar un pico y una pala para ayudar a los sobrevivientes a buscar sus familiares desaparecidos, sepultados bajos las ruinas: demostración suplementaria de que el Estado burgués, incluso “bolivariano”, que mantiene a los proletarios en una situación de supervivencia precaria, y cuya política ha provocado la huida en masa de más de siete millones de venezolanos, entre proletarios y clases medias bajas, artesanos, pequeños empresarios, los llamados emprendedores, etc. incluso en el mismo momento en que se vende de manera descarada a los intereses estadounidenses (4) ¡se encuentra todavía más motivado por la defensa del orden capitalista que por la vida de la población!
En estas casi tres décadas de gobierno chavista, aparte de las apariencias y la propaganda que muchos reputados intelectuales de izquierda le otorgaron, de gobiernos como el de China, que creyó y prestó ingentes cantidades de dinero, este nunca organizó proyectos y movimientos reales de defensa contra las catástrofes llamadas naturales, sino que por el contrario permitió, por ejemplo, violentas expediciones hacia el norte del amazonas, utilizando medios técnicos de altísimo incremento para extraer todo tipo de minerales incluyendo el coltán, oro, tierras raras, hierro, bauxita; hiriendo en el corazón a una naturaleza virgen que pudiese ser explotada sin crear mayores desequilibrios entre el hombre y la naturaleza, entre la sociedad y el medio ambiente, como no ocurre hoy...
Después de inundaciones catastróficas en España, escribíamos: «La clase proletaria, padece el mundo burgués, tanto en las catástrofes como en la paz cotidiana, tanto en las riadas como en el trabajo, donde aporta miles y miles de muertos cada año para sacar la producción adelante. Pero por el mismo motivo, porque está en el centro del mundo capitalista, porque tiene la producción de toda la riqueza social en sus manos, porque constituye la mayor parte de la población en todos los países, puede deshacerse de la clase burguesa y aniquilar su mundo, abriendo la puerta a un futuro donde la verdadera abundancia, el verdadero equilibrio del ser humano en tanto ser natural con el medio, llegue por fin. Ése es, sin duda, el futuro, ésa es la verdadera fuerza (hoy sólo potencia, mañana real) de la clase proletaria. Pero para alcanzar ese futuro, para mostrar su verdadera fuerza, debe retornar al terreno de la lucha de clase, debe combatir contra las clases enemigas, tanto en lo que se refiere a la defensa de sus intereses inmediatos, los relacionados con la supervivencia más elemental, como en el enfrentamiento político general contra el dominio político y social de la burguesía» (5)
¡Mañana, los proletarios revolucionarios vengarán a todas sus víctimas derrocando el Estado burgués e instaurando su poder dictatorial para arrancar de raíz el capitalismo asesino!
(1) https://elpais.com/chile/2026-06-26/por-que-se-han-derrumbado-tantos-edificios-en-el-terremoto-de-venezuela-el-duro-aprendizaje-de-chile.html
(2) Hace dos décadas se produjo el deslave que fue un inmenso aluvión: mezcla de agua y barro desprendida de las cimas de las montañas aledañas a la ciudad portuaria, luego de dos semanas de lluvias ininterrumpidas, que sepultó miles de viviendas y sus habitantes. Tragedia inhabitual y desconocida ocurrida en la Guaira en 1999.
(3) Se refiere a la construcción desordenada de favelas y ranchos al estilo de Río de Janeiro, lo que implica todo tipo de improvisación, ignorancia y poco respeto por la ingeniería, etc.
(4) Trump declaró el 25/6 en su red social Truth Social que los EE.UU. iban a ayudarar a sus “nuevos grandes amigos”, al mismo tiempo que bloqueaba el nuevo intento de entrada a Venezuela Maria Corina Machado, ganadora del premio nobel de la paz y líder pro-estadounidense tradicional de la oposición venezolana, por lo visto ya no es tan “grande amiga” como el gobierno bolivariano de Dele Rodríguez: Esto da a los RE. UY. lo que quieren, al tiempo que mantiene el orden burgués...
(5) «El único responsable del catastrófico aluvión en el Levante es el capitalismo», procinto, 30/10/2024
3 de julio de 2026
Partido Comunista Internacional
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