Contra el pasaporte Covid obligatorio para todos los trabajadores



Desde hace algún tiempo, las organizaciones de extrema derecha, entre las que se encuentra "Forza Nuova", una conocida formación fascista, se están movilizando, tratando de ponerse a la cabeza del heterogéneo movimiento unido por la oposición a las medidas restrictivas con las que el gobierno ha caracterizado, en un breve periodo de tiempo, su "lucha contra el Covid-19", que finalmente se ha centrado en la vasta campaña de vacunación formalmente "no obligatoria", pero de hecho impuesta a todos los niveles, como ha demostrado ampliamente la introducción del pasaporte Covid.

Estas medidas han previsto sanciones cada vez más duras contra quienes no se vacunen, empezando por los médicos y las enfermeras, siguiendo por el personal escolar y los estudiantes, y finalmente, con el último decreto, la suspensión de los salarios de todos los trabajadores que no tengan el pasaporte Covid, obligatorio desde el 15 de octubre para acceder al trabajo, actualmente hasta el 31 de diciembre de 2021, día en que expira el estado de emergencia decretado por el Gobierno. Es una multa vejatoria contra los trabajadores que no se vacunan, no porque tengan miedo a la inyección, no porque sean no-vax por principio, sino porque expresan con esta negativa una profunda desconfianza en la gestión de la pandemia y de la sanidad por parte del gobierno, en un sistema de imposición dictado por los intereses económicos de las grandes multinacionales químico-farmacéuticas y porque perciben en estas medidas un mayor control social por parte de la clase dominante. 

 

Los trabajadores en Italia, según las estadísticas que incluyen tanto a los asalariados como a los autónomos (es decir, los números de IVA) son unos 23 millones. De ellos, más de 5 millones y medio (datos de las estadísticas oficiales publicadas el 8 de octubre) no han sido vacunados. La presión del Gobierno para que el 80% de la población estuviera vacunada antes de septiembre (resultado que no se ha conseguido) y el 100% de la población vacunada (como se acordó en 2014 con las instituciones internacionales) antes de final de año, ante la amplia oposición de gran parte de la población a la vacunación, se ha dotado de un medio de chantaje adicional consistente en la suspensión de los salarios de todos los trabajadores que no quisieran vacunarse. Vincular esta medida a la congelación simultánea de los despidos de estos trabajadores es una pista falsa con la que se pretende engañar a los trabajadores por enésima vez: ¡es la zanahoria prometida tras el fuerte varapalo!

En varias ciudades, y especialmente en Roma y Milán, varios miles de personas salieron a la calle el sábado 9 de octubre para manifestarse contra el pasaporte Covid.

Lo que causó revuelo ese día fue el asalto a la sede nacional de la CGIL en Roma por un grupo de militantes de "Forza Nuova" apoyados por unos mil manifestantes. Enseguida quedó claro que este asalto había sido organizado, al igual que una iniciativa similar dirigida al Palazzo Chigi, el edificio del gobierno. Mientras que los pocos policías que había a la entrada de la sede de la CGIL fueron superados con facilidad y las oficinas internas de la CGIL quedaron destrozadas, el Palazzo Chigi estaba algo mejor vigilado y los manifestantes no pudieron entrar.

Por supuesto, todas las fuerzas democráticas en el gobierno gritaron "no a la violencia, venga de donde venga"; hubo quienes advirtieron contra el fascismo que asoma la cabeza, quienes equipararon la violencia fascista con la de los manifestantes del no-TVA y el no-VAX, y quienes intentaron establecer un paralelismo entre los manifestantes de la derecha en Roma que gritaron "no gren pass" y los manifestantes dirigidos por los sindicatos de base que gritaron "sindicatos servidores de la patronal". También hubo invectivas contra el gobierno y el Ministro del Interior en particular por no haber previsto los disturbios, dado que en la plaza de Roma había militantes de Forza Nuova y sus dirigentes que eran bien conocidos por la policía.

En respuesta a la violencia de las medidas gubernamentales resumidas en el "pasaporte Covid", la multitud pequeñoburguesa, llena de ira e impulsada por un malestar generalizado, interesada en involucrar al proletariado en sus protestas, se dirigió a golpear los símbolos que representaban esa violencia: el edificio del gobierno y el principal sindicato italiano, aprovechando la imposición del pasaporte Covid también para todos los trabajadores.

¿Por qué atacar la sede nacional de la CGIL en Roma? La CGIL, junto con los otros sindicatos CISL y UIL, se ha puesto inmediatamente del lado del gobierno en la campaña de vacunas y en el establecimiento del pasaporte Covid, comparte las mismas motivaciones de Confindustria y del Gobierno en la campaña de vacunas, porque comparte plenamente el objetivo de la recuperación económica y el reinicio de la máquina del beneficio capitalista, no ha organizado ninguna huelga contra la suspensión de los salarios de los no vacunados, exigiendo en cambio un pacto con el gobierno y tampones gratuitos para los trabajadores no vacunados. Los sindicatos han sido totalmente coherentes en su labor colaboracionista y antiobrera, que vienen realizando desde la Segunda Guerra Mundial, reduciéndose a matones con mono de trabajo al servicio de los capitalistas y del poder burgués. Los sindicatos de base tienen toda la razón al llamarlos siervos de la patronal; al mismo tiempo, la extrema derecha tiene fácil señalar al triple sindicato como corresponsable de la imposición del pasaporte Covid en general, pero, al apuntar su violencia en particular al sindicato más importante, la CGIL, pretende amenazar de antemano al proletariado si quiere reaccionar con independencia de los sindicatos colaboracionistas en sus acciones de lucha y huelga. En realidad, el ataque a la CGIL no está motivado por el hecho de que sea un sindicato "de clase", como lo fue la CGL de 1921-22, que organizó al proletariado italiano en el terreno de la lucha de clases, haciéndolo permeable a la influencia del partido comunista revolucionario en la lucha por la revolución, sino que es un sindicato colaboracionista que se baja demasiado los pantalones y no defiende la "libertad de elección" de los ciudadanos, ya sean obreros, patronos o terratenientes.

Evidentemente, las fuerzas parlamentarias de izquierda y centro han lanzado sus gritos contra el "fascismo", contra el "escuadrismo", alabando la democracia y la Constitución, convirtiéndose así, por enésima vez, en altavoz de los intereses de la conservación social. Pero las mismas fuerzas parlamentarias de la derecha, la Liga y los Fratelli d'Italia en particular, se sienten obligadas a "hacer de toda la hierba un fardo", es decir, a declarar estar en contra de "toda" la violencia "que provenga de "cuatro imbéciles" y de "unos cuantos delincuentes" (Salvini), o de "los delincuentes que utilizan cualquier pretexto para ejercer una violencia grave e inaceptable" (Meloni), o de los anarquistas insurrectos o del No-Tav. El estribillo habitual "contra toda violencia" -pero no la del Estado, que en cambio debe considerarse legítima e incuestionable- es cantado de vez en cuando por cada grupo de políticos cobijados bajo las grandes alas del Estado del que dependen sus privilegios de casta, salvo para agitar las tinieblas y obtener un excedente de beneficios y medios de presión para fines privados.


Los proletarios no deben dejarse engañar por el clamor de un "antifascismo" destinado a apretar aún más las cadenas del trabajo asalariado a las exigencias cada vez más apremiantes de la ganancia capitalista; no deben dejarse engañar por los cánticos de pacifismo y de colaboración interclasista cuando la clase dominante, a través del Estado y de todas las fuerzas políticas, económicas y sociales en su defensa, muestra constantemente su desprecio por la vida de los trabajadores asalariados: la demostración más llamativa son los accidentes y muertes en el trabajo por la sistemática y perenne falta de medidas de seguridad; sólo en los ocho primeros meses de 2021, según el Inail, se registraron 349 accidentes.449 (+8,5% respecto al mismo periodo de 2020) con nada menos que 772 casos mortales, es decir, ¡¡¡3 muertes al día!!!, y no de Covid-19, sino de explotación del trabajo asalariado.

Desde el principio de la pandemia quedó claro que la acción del gobierno burgués -en todos los países- trataba, por un lado, de amortiguar de alguna manera una situación que se agravaba de mes en mes y a la que se enfrentaba de forma caótica y contradictoria, y por otro, de adoptar rápidamente medidas para salvar la economía nacional y su capacidad de afrontar, si no vencer, la competencia de las economías de otros países. Para defender los intereses de la economía nacional, sumida en una crisis más profunda por la pandemia, el gobierno -que no es sorprendente que equipare la situación con una situación de "guerra"- tuvo que doblegar al proletariado a las necesidades inmediatas del capitalismo nacional. Los capitalistas sabían perfectamente que la crisis económica, que también se había agravado socialmente como consecuencia de la pandemia, podía empujar a las masas proletarias a la revuelta porque sus condiciones de vida y de trabajo, que ya se habían deteriorado considerablemente en la última década, se harían aún más duras. Los despidos, y por tanto el desempleo, aumentan, al igual que la inseguridad laboral, el trabajo mal pagado y el trabajo no declarado. Y a pesar de la paralización de muchas actividades como consecuencia de la "lucha contra la propagación de la infección por el coronavirus" y del cierre de un gran número de empresas, otras siguieron trabajando a pleno rendimiento, sometiendo a sus trabajadores a ritmos de trabajo y riesgos cada vez más severos.

La crisis económica -aparte de la tan cacareada "recuperación" de los últimos trimestres- también ha arruinado a una parte nada despreciable de la pequeña burguesía, en los sectores clásicos en los que desarrollan sus actividades (restauración, deporte, turismo, espectáculos, conciertos, pequeña distribución), sectores que inexorablemente han recibido un varapalo. Y, como suele ocurrir, son estos estratos sociales los que, a través de los partidos que manifiestan su descontento, son los primeros en expresar su enfado por su propia ruina social. Cólera que les une y les empuja a salir a la calle; cólera que se extiende también a algunas capas proletarias que, al no encontrar cauces de clase en los que canalizarla, se unen a la pequeña burguesía que, a menudo, es también su "patronal". Por otro lado, es la propia pequeña burguesía la que trata de involucrar al proletariado en su protesta porque necesita reforzarla y mostrar que es "el pueblo" el que se manifiesta y pide al gobierno y a los poderes económicos que le salven de la ruina.

Pero el proletariado, como asalariado, como trabajador no cualificado, cuya vida está a merced de un mercado en el que las desgracias van todas a parar a las clases trabajadoras y los beneficios y privilegios a las clases ricas y adineradas, no tiene ningún interés que compartir con los pequeños burgueses, y mucho menos con los grandes burgueses. Sus intereses inmediatos, y sobre todo históricos, como clase productora de la riqueza general de la que se apropia exclusivamente la clase burguesa dominante, responden a un antagonismo social que no han inventado, pero que es generado por el modo de producción capitalista y que es explotado política y socialmente por la clase dominante para aplastar al proletariado en una sumisión perpetua a las exigencias del beneficio capitalista. La clase burguesa dominante tiene tanto el poder económico como el político, representado por el Estado, y por tanto el poder social; poderes que utiliza para defender exclusivamente sus propios intereses de clase contra los intereses de la clase obrera. De esta manera la lucha antagónica es sistemáticamente librada por la clase burguesa contra la clase proletaria, y estas últimas medidas lo demuestran por enésima vez. Para que la lucha antagónica del proletariado tenga la fuerza de responder en el mismo terreno y con los mismos medios violentos que la clase dominante burguesa, debe contar con la organización de clase independiente del proletariado, que aún está por reconstruir, pero que surgirá inevitablemente de la resistencia que los proletarios logren oponer a la presión y represión burguesa progresiva. Una lucha en la que los proletarios tendrán que luchar contra la competencia alimentada a propósito entre ellos por los capitalistas y las fuerzas de colaboración interclasista, separando los objetivos y los medios de la lucha de clases de los de las capas sociales pequeñoburguesas que influyen en el proletariado por su contigüidad social: capas sociales que, sin embargo, se rebelan contra "el sistema", contra la "política gubernamental" sólo cuando corren el riesgo de caer en la proletarización y perder su posición social y sus privilegios. Los proletarios que se dejan arrastrar a la rebelión pequeñoburguesa pierden no sólo su orientación de clase -la única gracias a la cual es posible defender sus intereses inmediatos- sino también la fuerza que potencialmente poseen precisamente por ser asalariados, por ser productores de riqueza general y, por tanto, de beneficio capitalista.

La democracia, el reformismo, la colaboración de clases, son armas políticas que la burguesía utiliza para mitigar un antagonismo social que el propio modo de producción capitalista genera constantemente -y que la burguesía reitera en cada acto y en cada actividad en todas las situaciones especialmente las más graves-; un antagonismo que puede potencialmente poner en movimiento a las masas proletarias especialmente cuando las condiciones de existencia y de trabajo se vuelven insoportables.

Es a este movimiento social al que teme la burguesía, al despertar del proletariado como clase asalariada, a que actúe reconociendo que el antagonista social no es el inmigrante ilegal, el parado que por desesperación prende fuego a los cubos de basura, o los proletarios del país señalado como "enemigo", sino que es la misma clase burguesa en casa que está dispuesta a utilizar cualquier medio, legal o ilegal, constitucional o anticonstitucional, para defender sus privilegios.

El autoritarismo que la burguesía expresa con el pretexto de la "lucha contra el Covid-19" es parte integrante de su dominio; el parlamentarismo y la democracia con que se reviste no son más que un manto que cubre la realidad de su dictadura de clase. La burguesía de los países de la civilización occidental no tiene el valor, al menos hasta ahora, de mostrar su verdadero rostro totalitario; y no tiene ningún interés en mostrarlo mientras el régimen democrático consiga paralizar a las masas proletarias. Utiliza el rostro democrático para seguir engañando a las masas proletarias, para desviar su lucha del terreno de la confrontación de clases al terreno que le es más favorable, el terreno democrático y parlamentario. Pero la crisis económica y social, anticipada por la crisis económica de sobreproducción que caracteriza cíclicamente todo el período histórico del imperialismo en el que estamos inmersos desde hace cien años, se acerca de nuevo a pasos agigantados; Por eso la burguesía tiende a acelerar sus maniobras para encauzar aún más al proletariado, aplastándolo bajo el peso de sus reivindicaciones económicas, políticas y sociales, intoxicándolo aún más con el veneno de una democracia que ya no tiene ningún papel social, pero que sigue teniendo un papel político para desviar, aislar, fragmentar y desmoralizar a la masa proletaria.

Así, las reacciones a un gobierno, como el de Draghi, que responde a una política de "unidad nacional" bajo la que vuelve a encauzar a las masas proletarias, pero que pone como prioridad, en la situación de crisis, la defensa del gran capital, expresan aún más, y con violencia, la ira de las capas pequeñoburguesas que se sienten abandonadas a su suerte. Las organizaciones de extrema derecha actúan en base a esta ira; siempre lo han hecho y lo seguirán haciendo. En realidad, desempeñan un doble papel: Por un lado, atraen la ira de las capas pequeñoburguesas, las organizan, dirigen sus manifestaciones, les hacen creer que el "enemigo del momento" son las llamadas "potencias fuertes", idealizan un "patriotismo" que las potencias fuertes nacionales no defenderían internacionalmente, están dispuestos a destrozar símbolos y vestigios de quienes consideran responsables de su ruina social; Por otro lado, representan el pretexto ideológico y político para que las organizaciones "democráticas" cimenten a las masas proletarias en la colaboración de clases con el pretexto del llamado "antifascismo", "antitotalitarismo". Ambos trabajan para consolidar la conservación social, ambos aspiran a una sociedad en la que todas las clases sociales satisfagan "sus" aspiraciones, ambos defienden el capitalismo nacional frente a la competencia extranjera, ambos utilizan la democracia para imponerse en la arena política como los campeones de la eficiencia económica, la destreza política, la "cohesión nacional", la defensa de las raíces históricas y culturales del país. Ambos compartieron la política que marcó y sigue marcando la victoria política del fascismo, a pesar de su derrota militar en la Segunda Guerra Mundial: la política de colaboración de clases.

Golpear los símbolos del autoritarismo característico de Draghi se ha convertido, por tanto, en el objetivo inmediato de muchos opositores. El pasaporte Covid es sin duda uno de estos símbolos. Pero hay opositores y opositoras. Los opositores pequeñoburgueses se alegran cuando los inmigrantes ilegales son encarcelados, deportados, reunidos en campos de concentración fuera de su vista, devueltos a los países de los que se embarcaron, quizás a Libia bajo las manos de torturadores, o no son rescatados en el mar donde se ahogan por miles. Lo importante es que todo esto ocurre lejos de sus ojos y de sus casas, pero si se acercan demasiado, las armas y las pistolas están siempre a mano. Pero se contentan con explotarlos peor que al ganado en los campos y talleres, bajo el chantaje de su "ilegalidad", obligándolos a vivir en tugurios, chabolas y en medio de la basura. Para ser libres de llevar su mezquina vida y explotar a su antojo la mano de obra negra y el trabajo mal pagado, a estas sanguijuelas no les gustan las imposiciones que ponen en peligro sus sucios negocios. Eluden al recaudador de impuestos mediante hábiles contables, pero el pasaporte Covid es difícil de sortear, por lo que intentan reforzar su protesta implicando a los proletarios. Es también contra esta implicación que los proletarios tienen que luchar.


El ejemplo de los estibadores de Trieste es emblemático: la Coordinación de trabajadores portuarios de Trieste (CLPT por sus siglas en italiano) ha declarado que hará huelga hasta el final, a partir del 15 de octubre, si no se levanta la obligación del pasaporte Covid no sólo para los trabajadores del puerto de Trieste, sino para todos los trabajadores. Es este enfoque decididamente clasista el que les ha hecho declarar que ni siquiera aceptarán los topes gratuitos prometidos por las empresas sólo para ellos con tal de ir a trabajar: ¡No estamos en venta! es el grito que une a todos los estibadores de Trieste, tanto a los que se han vacunado como a los que no han querido vacunarse.

Esto es lo que deben hacer los proletarios en todas las empresas, en todos los sectores, siguiendo el ejemplo de los estibadores de Trieste.

Veremos qué ocurre en Trieste el 15 de octubre: los estibadores han declarado que no se moverán ni un milímetro del bloqueo del puerto. ¿Qué va a hacer la policía, intervenir con la fuerza para liberar el acceso al puerto? Al parecer, muchos de los camioneros que tienen que llegar al puerto tampoco tienen el pasaporte Covid, sobre todo los que vienen del extranjero y se han vacunado con el Sputnik ruso, que no es aceptado por Italia. Es cierto que la tensión se ha acumulado en este último periodo y que el Gobierno se encuentra en una encrucijada: ¿Golpear a los estibadores de Trieste para evitar el bloqueo del puerto, que es uno de los más importantes de Italia, o renunciar a encontrar el habitual resquicio de la situación excepcional?


13 de octubre de 2021

Partido Comunista Internacional

www.pcint.org


 

Asalto fascista a la sede de CGIL

 ¡Contra la suspensión salarial a los trabajadores que no se hayan vacunado!

¡Contra el despotismo social implantado por el gobierno!

¡Contra el colaboracionismo de los sindicatos tricolores que se arrodillan ante el gobierno y la patronal!

 

 

El Decreto Ley del 21 de septiembre, firmado por el presidente Mattarella y publicado en el Boletín Oficial, suspende el sueldo y los salarios de todos los trabajadores, tanto públicos como privados, que no hayan querido vacunarse y, por tanto, no puedan mostrar su pase verde. Según este decreto, los empresarios están obligados a comprobar que sus empleados están provistos de un pase verde y a remitir al prefecto los documentos relativos a la posible infracción, que multará al empleado ¡de 600 a 1.500 euros! Además de no recibir sus salarios, estos trabajadores están sujetos a fuertes multas. ¡Esta es la medida más feroz que Italia ha aplicado contra los trabajadores!  ¡Y es el único país del mundo en hacerlo!

 

Se establece así un verdadero estado policial dentro de las fábricas y oficinas en el que están llamados a participar todos los empresarios, grandes y pequeños. En esta situación, ¿qué hacen los bonzos del sindicato? Durante todo este periodo nunca se han opuesto a ninguna medida que atentara contra los derechos de los trabajadores, han anulado las asambleas de trabajadores y han seguido saboteando las luchas obreras cuando estallaban espontáneamente, prefiriendo "negociar" con la piel de los trabajadores en torno a cómodas mesas de negociación; han impulsado cualquier medida que defendiera las necesidades de la empresa y su competitividad; nunca han organizado verdaderas luchas contra los accidentes y las muertes en el trabajo, limitándose a quejarse de la falta de medidas de seguridad en los centros de trabajo y a mendigar la intervención de las "autoridades" para que se castigue a los responsables de estos fallos; han abandonado a su suerte a los despedidos y a los desempleados y han contribuido a la extensión de la precariedad, abriendo verdaderas autopistas para el trabajo ilegal y la contratación clandestina; por último, se han puesto de acuerdo con el gobierno y las patronales, pretendiendo defender...... "el trabajo", ¡el ataque a los salarios de los trabajadores que no quieren vacunarse!

El ataque concéntrico a las condiciones de vida y de trabajo del proletariado por parte de la patronal, del gobierno y de los sindicatos colaboracionistas exige una reacción enérgica de todo el proletariado porque este ataque no sólo se dirige a los "no vacunados" de hoy, sino que abre una temporada de represión preventiva con la que los poderes burgueses quieren doblegar aún más al proletariado a las exigencias del beneficio capitalista. 

 Los tiempos que se vislumbran en el horizonte están llenos de contrastes entre las distintas burguesías porque los mercados se están convirtiendo cada vez más en un escenario estrecho en el que hay demasiados competidores. Cada burguesía tiende a defender sus intereses nacionales frente a las burguesías de todos los demás países y, para defenderlos eficazmente en un mundo donde la competencia es cada vez más feroz, cada burguesía necesita extraer la mayor cantidad posible de plusvalía del trabajo asalariado. Toda burguesía sabe que esta presión excepcional sobre las condiciones de existencia de las masas proletarias las induce a reaccionar, a luchar, a rebelarse, incluso violentamente, porque están en juego sus vidas y las de sus familias. Por eso utiliza todos los medios que necesita para doblegar a las masas proletarias a sus intereses; medios supuestamente democráticos y pacíficos, pero que enmascaran la verdadera dictadura de clase de la burguesía.

La epidemia de Sars-CoV-2 que las burguesías del mundo -tan empeñadas en defender sus economías corporativas y nacionales- permitieron a sabiendas que se extendiera por todo el planeta, convirtiéndola en una pandemia que los grandes medios de la ciencia moderna podrían haber limitado y combatido eficazmente nada más surgir, fue la ocasión para que cada burguesía pusiera en marcha y planificara un control social mucho más estricto que el que se ha producido desde el final de la Segunda Guerra Mundial Imperialista. No es casualidad que las medidas adoptadas, desde los toques de queda hasta los cierres patronales, pasando por la intensa campaña mediática que difundía el miedo a un enemigo "invisible" como el nuevo coronavirus (que en realidad ya era conocido y sobre el que las grandes multinacionales químico-farmacéuticas ya habían realizado investigaciones y pruebas, preparándose para producir miles de millones de dosis en cuanto se lanzaran las campañas de vacunación en todas partes), fueran todas -con el pretexto de la emergencia sanitaria- en la dirección deseada: para doblegar a toda la población y, en particular, al proletariado, a los dictados de los gobiernos burgueses de hoy, preparándola para los dictados de mañana.

Además de los gigantescos beneficios que se han embolsado y se siguen embolsando las grandes multinacionales farmacéuticas, y por tanto además del interés estrictamente económico de los capitalistas en el campo de la salud, está el interés político de la clase dominante burguesa en preparar al proletariado para sacrificios mucho más pesados como los que se producirán ante la próxima crisis económica y financiera mundial y una futura crisis bélica. Los países capitalistas más ricos, mientras aplastan a la población de los países más débiles en una situación de mayor pobreza y sufrimiento, pueden permitirse, a estas alturas, gastar miles de millones para acallar las necesidades más acuciantes de una gran parte del proletariado, ya sea con empleo o sin él, y, al mismo tiempo, someterlo a una campaña de vacunación que no sólo sirve para inflar los bolsillos de las grandes farmacéuticas, sino que sirve como herramienta para doblegarlo a los dictados gubernamentales: hoy con el pretexto de luchar contra un enemigo "invisible", Covid-19, mañana para luchar contra un enemigo muy visible en una guerra librada para un nuevo reparto imperialista del mundo. La competencia en la que se empuja sistemáticamente a los proletarios autóctonos contra los proletarios inmigrantes, a los proletarios de más edad contra los proletarios más jóvenes, a los proletarios más formados y especializados contra los proletarios sin especialización particular, a los proletarios masculinos contra los proletarios femeninos, a los empleados contra los desempleados, a los proletarios del norte contra los proletarios del sur, es una competencia que se extiende también al plano sanitario entre los proletarios vacunados y los no vacunados!

La batalla que deben librar los proletarios es, por tanto, contra la competencia entre ellos, a cualquier nivel, porque esto sólo hace el juego a los capitalistas y a los políticos que defienden sus intereses y debilita aún más al proletariado frente a cualquier medida restrictiva que el poder político burgués tome y tomará con el pretexto de la crisis económica, emergencias sanitarias o medioambientales, o el terrorismo, como ha hecho en el pasado invocando los valores de la "civilización democrática", que la misma potencia burguesa pisotea cada vez que sus intereses son cuestionados por la competencia con otros países imperialistas.    

   

Con respecto a la campaña de vacunación, en la que Italia, desde 2014, se había convertido en el líder de los países occidentales con el objetivo de vacunar al 100% de la población en el caso esperado de una gran epidemia, el gobierno procedió paso a paso. Inicialmente, a la espera de disponer de las vacunas en las que las grandes empresas farmacéuticas ya venían trabajando desde el primer brote de coronavirus en 2003, el gobierno pasó a las restricciones, los confinamientos, las zonas rojas, los encierros y la simultánea "obligación" de que los proletarios trabajaran en lo que se definía como actividades esenciales para la economía nacional y para la vida de las personas (con todas las carencias clásicas de la sanidad pública: falta de hospitales, de equipos de protección personal, de respiradores pulmonares, de saneamiento de los ambientes de trabajo, etc.) estableciendo métodos estadísticos de contagios, hospitalizaciones y muertes que fueron manipulados a propósito para apoyar la campaña de miedo generalizado con la que contaba la burguesía para vincular la amplia campaña de vacunación en cuanto las vacunas estuvieran listas.

Todo el trabajo del gobierno se ha dirigido a la campaña de vacunación, eliminando la medicina de atención primaria y cualquier tratamiento médico útil para la intervención curativa inmediata ante la primera aparición de los síntomas de la epidemia. Han preferido atascar las salas de urgencias, los hospitales (que se han reducido considerablemente en los últimos años) y las residencias de ancianos con los pacientes de Covid-19, en lugar de reforzar la red de médicos locales y seguir investigando en terapias basadas en el plasma o en productos farmacéuticos que ya existen y han dado resultados eficaces; aplazaron otros tratamientos para todas las demás patologías graves, dando "prioridad" a los pacientes "covid", sabiendo perfectamente que el hacinamiento de los pacientes covid en hospitales y residencias facilitaría la propagación de la enfermedad y no su tratamiento. Y todas las voces, no sólo de virólogos, inmunólogos e investigadores científicos que plantearon dudas, fueron silenciadas, denunciadas como fake news, denigradas y expuestas al escarnio público. Es bien sabido que, durante todo un año, todos los medios de comunicación, y en particular la televisión, cada vez que daban el dato de los vacunados hablaban de "inmunizados", cuando los mismos virólogos -propagandistas ellos mismos de la campaña de vacunación- nunca han llegado a engañar que la vacunación actual garantiza la inmunización. Está claro que el objetivo de la propaganda burguesa, por un lado, era asustar a la mayoría de la población para que se apresurara a vacunarse (famosa es la frase de Draghi: ¿No te vacunas? ¡Muere!) y, por otro, hacer alarde de que la vacunación era equivalente a la inmunización. Cuando empezaron a anunciar la necesidad de la tercera dosis... y mientras muchos médicos declaraban que el virus no desaparecería rápidamente, sino que seguiría circulando durante años, la inmunización desapareció del lenguaje de la prensa. Mientras tanto, la campaña de vacunación no se llevó a cabo según el calendario que se había fijado el gobierno, debido a las reticencias de una parte considerable de la población, asustada por el posible contagio letal del virus, pero igualmente asustada por las consecuencias nocivas y mortales de las vacunas antivacunas (Pfizer y Astra-Zeneca encabezan la lista negra), el gobierno prolongó sistemáticamente el estado de emergencia aumentando las medidas restrictivas hasta el punto de exigir el pase verde -es decir, la vacunación- a todos los 23 millones de trabajadores italianos, chantajeando a todos los que no se han vacunado y no quieren vacunarse con la suspensión de sus salarios mientras no puedan mostrar su pase verde. Es contra este nuevo chantaje que los trabajadores deben luchar, porque a través de él se intensifica la competencia entre ellos. Por otro lado, la ciencia burguesa es incapaz de demostrar que con la vacunación se vence la enfermedad del coronavirus. Por el contrario, habla de la necesidad de una tercera dosis y de continuos refuerzos de vacunación durante años... 

 

La astucia del gobierno italiano se basa en el decreto del "estado de emergencia" debido a la pandemia declarada de Sars-Cov-2. En estos casos, el Estado tiene una opción: emitir una ley de vacunación obligatoria para toda la población, en cuyo caso asume toda la responsabilidad en los casos en que las consecuencias de la vacunación sean negativas o incluso mortales para los vacunados; o, como ha hecho, salir con una ráfaga de decretos ley que añaden, uno tras otro, toda una serie de medidas que van formalmente en la dirección de la lucha contra la propagación de la epidemia, dejando a cada ciudadano la "libre elección" de ser o no vacunado, pero, en la práctica, obligándole a vacunarse según las instrucciones dadas por el Estado ¡si no quiere quedarse preso en su propia casa o sin sueldo!

En la práctica, se trata de una exigencia de vacunación encubierta, que hace recaer toda la responsabilidad en el trabajador individual que, además de ver suspendido su salario, se ve sometido a una fuerte sanción si no se vacuna.

Hay miles de millones de virus, eso dice la ciencia burguesa, especialmente en el mundo de los animales salvajes. Hay algunos que son exclusivamente humanas, como la viruela y la poliomielitis, y hay otros que consiguen dar el salto de especie de animal salvaje a humano, pasando cada vez más por los animales de las granjas intensivas y los mercados en los que la higiene está casi totalmente ausente, que, por cierto, son una característica de la sociedad capitalista. Granjas en las que, como han demostrado muchos informes, los animales también son pastoreados y tratados como máquinas de hacer carne y dinero y en condiciones higiénicas inexistentes. Además, la contaminación del aire, del suelo y del agua, así como la deforestación incontrolada, crean un entorno extremadamente favorable a la propagación de los virus -facilitada por las muy frecuentes conexiones aéreas en todo el mundo-, que se vuelven tanto más mortíferos cuanto más consiguen encontrarse con masas de personas con sistemas inmunitarios deprimidos que ya luchan contra otras enfermedades respiratorias o cardíacas. No es casualidad, por otra parte, que la media de muertes por Covid-19 en los países industrializados sea de 80 años para los hombres y de 85 años para las mujeres, ¡y que más del 64% de los fallecidos tuvieran 3 o más enfermedades previas!   

 

Los proletarios, si quieren oponerse eficazmente no sólo a este ataque a sus condiciones inmediatas de existencia, sino también a la política represiva del poder burgués y a todo el arco de fuerzas políticas y sindicales que lo apoyan, deben ir más allá de la cuestión de la llamada "libertad de elección individual" que, en realidad, resulta ser una gigantesca broma.

Los proletarios deben luchar contra la criminal suspensión del salario si no se han vacunado, y los proletarios que se han vacunado también deben participar en esta lucha, superando la competencia adicional que la burguesía alimenta constantemente entre los proletarios.

El objetivo, para la burguesía, repetimos, además de ser cerrar los ciclos de vacunación previstos para toda la población más allá de las consecuencias nocivas de las vacunas anti-covid convirtiendo a todo un pueblo en conejillos de indias para la experimentación farmacéutica, es también -y esto es lo más importante para la burguesía- doblegar al proletariado (por las buenas para los que aceptan someterse a la vacunación, y por las malas  para todos los demás) a las imposiciones de los poderes burgueses, reprimiendo a todos los que no aceptan convertirse en marionetas en manos de la patronal y los poderes políticos.

A la burguesía le importa un bledo la prevención. ¡Se beneficia de los desastres, las catástrofes y aprovecha estas emergencias para aplastar aún más al proletariado en la esclavitud asalariada!

 

¡Por la solidaridad de clase entre proletarios, vacunados o no!

¡Contra el chantaje salarial a los que no muestren el pase verde

¡Contra la represión de los proletarios que se rebelan contra los ataques a sus condiciones de existencia y de trabajo!

¡Por la lucha de clases independiente de cualquier aparato burgués y colaboracionista!

 

 

Partido Comunista Internacional (El Proletario)

1 de octubre de 2020

www.pcint.org




 [recibimos y publicamos, en inglés, francés y checo]


(CS) Třídní válka 13/2021: „Rojavská revoluce“? „Protistátní“? „Antikapitalistická“? Nebo nová mystifikace?

https://www.autistici.org/tridnivalka/tridni-valka-13-2021-rojavska-revoluce-protistatni-antikapitalisticka-nebo-nova-mystifikace/

 

(EN) Class War 13/2021: “Rojava Revolution”? “Anti-State”? “Anti-Capitalist”? Or a new mystification?

https://www.autistici.org/tridnivalka/class-war-13-2021-rojava-revolution-anti-state-anti-capitalist-or-a-new-mystification/

 

(FR) Guerre de Classe 13/2021 : « Révolution au Rojava » ? « Antiétatique » ? « Anticapitaliste » ? Ou encore une nouvelle mystification ?

https://www.autistici.org/tridnivalka/guerre-de-classe-13-2021-revolution-au-rojava-antietatique-anticapitaliste-ou-encore-une-nouvelle-mystification/

 

(EN) The essential question we should ask ourselves about Rojava is the following one: Is what some call the “Rojava Revolution” really a social revolution or better said is it a part of the dynamics of destruction of the present social order (that is to say capitalist order)? Or, on the contrary, wouldn’t it be rather about a process of instrumentalization and containment by social-democrat institutions (and therefore bourgeois ones), under the pretext of “social liberation”, of an authentic movement of revolt against misery and State repression, in order to better justify their “struggles of national liberation?

The revolutionary movement naturally sought the answer to this question in discussions and confrontations of often conflicting, vague and complex views, testimonies and analyzes. As “Class War” we took part in this debate too, and we published a selection of contributions on our blog.

 

(FR) La question essentielle que nous devons nous poser à propos du Rojava est la suivante : ce que d’aucuns appellent la « Révolution du Rojava » est-elle vraiment une révolution sociale ou, mieux dit, s’inscrit-elle bien dans une dynamique de destruction de l’ordre social présent (c’est-à-dire l’ordre capitaliste) ? Ou, au contraire, ne s’agirait-il pas plutôt d’un processus d’instrumentalisation et d’encadrement par des institutions sociale-démocrates (et donc bourgeoises), sous couvert de « libération sociale », d’un authentique mouvement de révolte contre la misère et la répression étatique, afin de mieux justifier leurs « luttes de libération nationale » ?

Le mouvement révolutionnaire a naturellement cherché la réponse à cette question dans des discussions et des confrontations de points de vue, de témoignages et d’analyses souvent divergents, confus et complexes. Notre groupe « Guerre de Classe » a également pris part à ce débat, et nous avons publié une sélection de contributions sur notre blog.




 

 


Los estadounidenses se retiran de Afganistán

para intervenir en otras partes

El hundimiento de un régimen titere



Nada funcionó: ni los acuerdos “históricos” firmados en febrero de 2020 en Doha bajo la presidencia de Donald Trump entre los talibanes y los estadounidenses para la apertura de negociaciones de paz, ni las armas dejadas en gran cantidad al ejército afgano, ni las declaraciones. el gobierno y las instituciones afganas: en pocos días el régimen de Kabul se derrumbó; tan pronto como las tropas estadounidenses comenzaron su retirada, las tropas leales se negaron a luchar, las autoridades provinciales opusieron solo una mínima resistencia, incluso manifestaron lealtad al Talibán.


Símbolo de este hundimiento ha sido la apresurada huida del presidente Ashraf Ghani, sin siquiera tomarse el tiempo de advertir a sus ministros y apenas unas horas después de una entrevista con Joe Biden donde el mandatario estadounidense le aseguró su inquebrantable apoyo, luego de la entrada sin pelear de los talibanes a la capital... Y si los estadounidenses y sus aliados pudieron repatriar a miles de nacionales y protegidos, es gracias a la buena voluntad de estos talibanes que ellos mismos habían expulsado del poder ¡hace veinte años!


Este colapso es la demostración de que el régimen de Kabul era controlado únicamente por la fuerza de las tropas estadounidenses y por las transferencias financieras internacionales decididas bajo la égida de los Estados Unidos, sin gozar de ningún apoyo sólido entre la población. Si gracias a este maná una economía a la occidental había podido desarrollarse en Kabul y en las grandes ciudades, creando una capa pequeñoburguesa occidentalizada, era solo una isla mientras la gran mayoria de la población, en el campo donde 3 / 4 de los habitantes viven pero también en las ciudades, permanecen alejados, sufren de pobreza extrema: según estimaciones de las ONG, 9 millones de personas, o más de un tercio de la población, no pueden permitirse cubrir sus necesidades básicas básicas y sufren de hambre.



El régimen de Kabul: miseria de las masas

y enriquecimiento de las élites corruptas



Los medios occidentales ensalzan el progreso de la condición de la mujer, pero este progreso afecta solo a una pequeña parte privilegiada de la población urbana. La situación es muy diferente para los demás: Afganistán es uno de los países con mayor mortalidad materna (así como mortalidad infantil), un país donde solo el 36% de las niñas van a la escuela (el porcentaje de niños apenas llega al 50%) (1). Ahora se pretende descubrir la corrupción generalizada en el país, donde por ejemplo los generales creaban cuerpos de ejército fantasmas para recibir parte de los subsidios estadounidenses y donde el primer presidente, Hamid Karzai estaba en la mira del público, vinculado al tráfico de opio, de lo que el país es uno de los mayores productores.


Pero esta corrupción era solo el corolario inevitable de la ocupación estadounidense: ¡de alguna manera había que comprar a los partidarios de la presencia occidental! Es fácil entender por qué las masas afganas no se han levantado para defender un régimen construido para el enriquecimiento de una verdadera mafia de corruptos...


Historicament Afganistán siempre ha sido el juguete de los paises más potentes que lo han invadido varias veces, no por sus riquezas – muy limitadas – sino debido al riesgo de perturbaciones que este pais representa para la region. Fue en nombre del mantenimiento de la estabilidad regional (léase: la estabilidad de la presencia soviética) que los rusos la invadieron en 1979, como los ingleses en el siglo anterior para proteger su imperio indio; y fue en nombre de la estabilidad internacional que los estadounidenses hicieron lo mismo en el siglo siguiente. Estos diversos invasores, con el pretexto o apoyándose en rivalidades internas entre grupos étnicos y centros regionales de poder, más el débil desarrollo económico y social del país, nunca permitieron su unificación.



La retirada de Afganistán señala la transformación

de las relaciones interimperialistas en Asia y el mundo



No es desde ayer que el imperialismo estadounidense busca separarse de Afganistán, temiendo sufrir el destino de los rusos que fueron desangrados por una guerrilla interminable (¡apoyados y armados por los estadounidenses!). La administración Obama, que incluía a Joe Biden, ya quería salir del país, pero convencida por los militares de que la victoria estaba a su alcance, intensificó las operaciones bélicas, aumentando el número de soldados estadounidenses de 30.000 a más de cien mil, antes de reducirlos ante la falta de resultados de este “aumento”. Dependía de la administración Trump sacar esa conclusión abriendo negociaciones con los talibanes para una retirada final. El gobierno de Biden decidió honrar este acuerdo y abandonar rápidamente el país independientemente de las consecuencias inmediatas.


Los medias internacionales presentan la retirada estadounidense como una victoria de rusos y chinos, pero nada es menos seguro: si estos dos imperialismos buscan llenar el vacío dejado por los estadounidenses, es porque temen sobre todo la “desestabilización” provocada por esta retirada que el gobierno de Beijing ha considerado “irresponsable”; los chinos temen la influencia en su país de rebeldes uigures que luchan junto a los talibanes; en cuanto a los rusos, estos han organizado maniobras militares en las últimas semanas con Uzbekistán y Tayikistán cerca de la frontera afgana: para estos Estados fronterizos y para Turkmenistán, vasallos de Rusia, débiles e inestables, la victoria de los talibanes constituye una amenaza para su seguridad interior.


Sin embargo, esta retirada es parte de una transformación en curso de las relaciones interimperialistas que está preparando las alineaciones para un futuro conflicto mundial.


Los proletarios no deben equivocarse: la retirada de Afganistán no significa que el imperialismo estadounidense cese sus intervenciones, militares o no, en todo el mundo; al contrario, significa que, sabiendo que no puede intervenir en todas partes al mismo tiempo, quieren liberarse del grillo afgano para intervenir allí donde los enfrentamientos son más importantes. Mientras EE. UU. se retira sin gloria de Afganistán, la vicepresidenta de EE. UU. acababa de realizar una gira por Asia en la que llevó el apoyo de EE. UU. contra China a Vietnam, de donde habían sido expulsados, hace 46 años.


Esta coincidencia tiene un valor simbólico; el imperialismo estadounidense, incluso debilitado por el ascenso de sus rivales, sigue siendo el imperialismo dominante, capaz de regresar después de sus derrotas. Las escenas de caos en el aeropuerto de Kabul no son una debacle; el imperialismo estadounidense es y será siempre tan agresivo que no dudará en iniciar un nuevo conflicto mundial para defender sus intereses y su dominio. Si bien esta perspectiva no es inmediata, no obstante se acerca, al ritmo de las crisis económicas.


El imperialismo estadounidense se está retirando de Kabul, pero sigue siendo el enemigo número uno de las masas y del proletariado mundial, el pilar del capitalismo internacional.


Tendrá que ser derribado por la revolución comunista de los proletarios estadounidenses y del mundo entero para que la humanidad ponga fin a las guerras para siempre.


Partido Comunista Internacional, 30/8/2021 

http://www.pcint.org/




(1) https://www.oxfam.org/fr/decouvert/pays/afghanistan

 

Análisis de la actual crisis y revuelta en Cuba desde la perspectiva comunista radical 

 

Los hechos y sus falsas versiones de derecha y de izquierda

 

Mediante acciones directas y espontáneas de masas que van desde hacer marchas y asambleas autoconvocadas hasta volcar a mano propia autos de la policía y saquear tiendas, el proletariado de la región cubana se está levantando en las calles contra el hambre y contra la tiranía estatal, es decir contra las miserables condiciones materiales de existencia impuestas por el capitalismo y su crisis actual, al igual que lo ha hecho el proletariado de las regiones colombiana, birmana, iraní y sudafricana durante este año, y al igual que lo hizo el proletariado de las regiones ecuatoriana, chilena, haitiana, francesa e irakí, entre otras, hace dos años.

Con todas sus debilidades, limitaciones y contradicciones internas (patriotismo, interclasismo, falta de autonomía revolucionaria, aislamiento, etc.), la revuelta proletaria de estos días en la región cubana es un eslabón o un episodio más de la tendencia hacia la recomposición de la revuelta proletaria internacional que se abrió en el 2018-2019 y se vio "interrumpida" por la pandemia y la dictadura sanitaria contrainsurreccional o la contrarrevolución preventiva del 2020-2021 por parte de todos los Estados de este planeta.

SEGUIR LEYENDO EL TEXTO COMPLETO: http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2021/07/analisis-de-la-actual-revuelta-en-cuba.html

 

 

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OTROS TEXTOS :

¿Arde Cuba? https://www.autistici.org/tridnivalka/arde-cuba/

¡Arde Colombia! (es) (fr) (en) (de) (pt) https://www.autistici.org/tridnivalka/arde-colombia-es-fr-en/

Disturbios en Cuba: http://valladolorinternacionalista.blogspot.com/2021/07/disturbios-en-cuba.html

 

 

Disturbios en Cuba:

Ni con la “oposición democrática” ni con el régimen castrista.

El proletariado cubano sólo tiene una salida: la lucha de clase.


Desde hace varios días, las principales ciudades de Cuba, especialmente La Habana, viven enfrentamientos continuos entre manifestantes y policía. De acuerdo a la información que proporciona la prensa internacional, que siempre debe ser tomada con cuidado dada la especial tendenciosidad que anima siempre sus noticias sobre Cuba, a las manifestaciones que desde el fin de semana pasado tienen lugar en la isla, el gobierno de Díaz-Canel ha respondido mediante la militarización de las ciudades, ya que la policía no se bastaba para contener a la marea de amotinados. La misma prensa señala que el gobierno cubano se ha visto obligado a reconocer que en los disturbios ha muerto al menos una persona, cuando protestaba delante de una comisaría en la periferia de La Habana. Mientras la represión, a la que el propio presidente Díaz-Canel ha arengado en sus redes sociales, intenta calmar la tensión a base de porras y disparos, el gobierno ha comenzado una serie de repartos de comida en los barrios más desfavorecidos de La Habana y Santiago a la vez que ha hecho cesar los apagones eléctricos que estaban en el origen de las protestas.


Más allá de estos hechos, la realidad para la mayor parte de la población cubana es que sus condiciones de existencia han caído drásticamente en los últimos años. Los efectos del embargo que Estados Unidos mantiene contra cualquier actividad comercial con Cuba se agravaron con la llegada de Donald Trump a la presidencia porque revirtió todas las medidas de apertura que su antecesor, Obama, había puesto en marcha. Con la victoria electoral de Biden el pasado mes de noviembre, las cosas no han cambiado y las consecuencias de la política de restricciones se hacen notar en forma de carencia de prácticamente todo tipo de bienes de primera necesidad.

Pero el embargo norteamericano sólo es una de las causas de la situación por la que atraviesa la mal parada economía cubana. Como es sabido, Cuba depende casi por completo del turismo para subsistir. La crisis de la Covid 19 ha liquidado bruscamente los viajes turísticos a la isla y esto ha implicado la pérdida de una fuente de ingresos de primera necesidad dado que con las divisas provenientes de estos viajes se financiaba la compra de buena parte de los bienes de equipo, especialmente agrícolas, que necesita el país.

Finalmente, el tradicional apoyo venezolano, que vendía a bajo precio petróleo y otras materias primas de primer orden, también se ha visto restringido drásticamente, agudizando la carencia de fuentes de energía que está detrás tanto de la subida del precio de la luz como de los apagones que las grandes ciudades han vivido en los últimos meses.


A la crisis económica el gobierno cubano respondió, en enero de 2021, con una serie de medidas financieras que únicamente lograron agravar la situación de la clase proletaria: el tradicional sistema de dos monedas (peso cubano, de uso normal en la isla y peso convertible, utilizado para el comercio internacional) ha desaparecido, quedando en pie únicamente el peso cubano fijado a una tasa de convertibilidad de 24 pesos por dólar. Con ello se genera una devaluación de la moneda para el sector económico estatal, que es el único en condiciones de importar los bienes necesarios para la vida diaria en Cuba, y por lo tanto una drástica subida de precios de estos bienes. Así, el gobierno “socialista” de Díaz-Canel procedió a eliminar las subvenciones a casi todos los productos básicos. Como compensación, el gobierno incrementó salarios y pensiones hasta en un 450%... una medida del todo inútil cuando existe un problema fundamental de carestía de bienes y servicios y que por lo tanto no mejora el poder adquisitivo de los proletarios cubanos.


Esta situación catastrófica algunos comentaristas internacionales la comparan con lo que supuso en términos económicos el famoso “periodo especial”, es decir la larga década que transcurrió después de que la implosión del bloque del Este dejase a Cuba sin su principal fuente de abastecimiento y su principal comprador en el mercado internacional. Entonces los disturbios del conocido como “maleconazo” en 1.994 y la “crisis de los balseros” en los años posteriores fueron la respuesta que los proletarios cubanos dieron a la crisis económica y social que vivía el país. Una respuesta desesperada, que llevó a la muerte a decenas de cubanos que se ahogaban en el mar Caribe, y que fue rápidamente sofocada dentro del país por una combinación muy conocida de fuerza represiva y persuasión a cargo de los principales líderes del gobierno.

Hoy la realidad es completamente diferente a la de entonces. En primer lugar porque los años transcurridos tanto desde la revolución castrista de 1959 como de la caída del bloque de países del Este en 1991 han contribuido a diluir la ilusión, que tanto pesó, en el supuesto “socialismo cubano”: las medidas económicas, políticas y sociales con las que se salió de la crisis del “periodo especial” han debilitado enormemente la creencia en que gobierno y proletariado cubano marchan juntos hacia el socialismo o, si quiera, hacia la derrota del imperialismo norteamericano.

En segundo lugar porque precisamente esas medidas, que se aceleraron a partir de la llegada al poder de Raúl Castro y que iban destinadas a favorecer una “apertura” de la economía cubana tanto a los mercados internacionales (principalmente al turismo) como a pequeño comercio local, mediante la liberalización de ciertas actividades de compra venta ha provocado un incremento de la polarización social. Por un lado, la casta conformada por la cúpula militar y los líderes del Partido “comunista” que controlan las empresas nacionales no han dejado de reafirmar un poder inamovible que a medida que pierde su ascendente entre las masas debe reaccionar con mayor violencia contra estas. En segundo lugar, una pequeña pero consistente capa de clase media, de pequeña burguesía, enriquecida con la apertura comercial y que ha sido capaz de utilizar la liberalización del comercio para mejorar su posición económica mediante los establecimientos que compran y venden sólo en dólares, etc. Finalmente, una masa proletaria en el campo y la ciudad, tradicionalmente empleada por una u otra rama del sector público, que padece los vaivenes económicos sin ninguna perspectiva de mejora, sin posibilidad de organizarse sindical o políticamente y por supuesto sin poder acceder a las “ventajas” de los espacios de libre comercio que se abrieron durante los últimos seis años.

Las revueltas de los últimos días han puesto en juego tanto a esta clase proletaria como a la pequeña burguesía. Esta última se ha visto afectada también con dureza por las medidas financieras del pasado enero, lo cual ha contribuido a acrecentar un enfrentamiento contra el gobierno que maduraba lentamente a través de grupos artísticos, de opinión, etc. como el llamado “movimiento San Isidro”. Es esta clase media la que lanza las consignas de “democracia” y “libertad” o la de “patria y vida” (por contraposición al célebre “patria o muerte”), que se escucharon en las protestas. Todo su interés está puesto en capitanear el descontento social, en lograr ponerse al frente de los proletarios que salen espontáneamente a la calle para imponer sus propias exigencias, que obviamente difieren tanto en lo político como en lo económico de las de la clase obrera. Esta pequeña burguesía, que aspira únicamente a ver reconocido su estatus económico mediante una entrada moderada en las estructuras estatales, que a su vez le permita reforzar ese estatus, es también la coartada de todas las potencias imperialistas europeas y americanas que tienen interés en forzar un cambio de gobierno en Cuba.


Por su parte, la clase proletaria se presenta a la lucha con las manos desnudas. Y esto no sólo porque de nuevo ha puesto su cuerpo desarmado frente a policías y militares, sino porque sobre ella todavía pesa con demasiada fuerza el falso mito del “socialismo nacional” cubano. La presión de más de sesenta años de gobierno de los Castro, líderes antaño de la revolución, y de alineamiento con este gobierno y contra la presión del imperialismo norteamericano, todavía es capaz de evitar que los proletarios cubanos reconozcan en ese régimen capitalista disfrazado de “socialismo” y en ese falso partido “comunista” en el cual se organiza su enemigo de clase, el verdadero enemigo a abatir.

Es por ello que, más allá de los disturbios espontáneos, las dificultades que afronta el proletariado cubano para romper con la política de colaboración entre clases que supone la defensa del “Estado socialista” son inmensas: ni sobre el terreno de la lucha económica inmediata, en el cual el Estado controla todas las organizaciones sindicales existentes, ni sobre el terreno de la lucha política, consigue ir más allá.


Pero cada una de estas explosiones sociales, de las que auguramos habrá muchas más, cada una de estas revueltas, contribuyen a mostrar la cruda realidad: en Cuba existe el capitalismo, existe por lo tanto la clase proletaria y existen sus enemigos de clase, la clase burguesa dominante cubana, por reducida que sea, y los estratos de la pequeña burguesía urbana y rural que han desarrollado la función de pegamento social durante el dominio político castrista y falsamente socialista y que, una vez se acabaron las ayudas provenientes de Rusia y de los países del Este europeo a ligados a esta y aquellas del chavismo, se refiere siempre a un protector de más altura, el imperialismo de los Estados Unidos, que no es otra cosa que uno de los grandes enemigos de los proletarios de todos los países. A medida que esta realidad se hace más visible, el mito del “socialismo cubano” se va erosionando y la presión, ideológica y material, que ejercía sobre los proletarios se va debilitando.

La importancia de este hecho no tiene un alcance únicamente nacional cubano: el mito de la Cuba “socialista” se extiende mucho más allá de sus fronteras. En primer lugar a América Latina, donde el propio Estado cubano de una manera u otra ha hecho valer este mito para defender sus intereses nacionales y donde ha encontrado siempre un gran arraigo entre la clase proletaria y las masas populares. En segundo lugar al resto del mundo, empezando por España, donde la adhesión, aunque sea en términos “humanitarios” y contra el bloqueo norte americano, sigue siendo una referencia de primer orden para las fuerzas locales del oportunismo político y sindical.

El valor de los motines de los últimos días está, por lo tanto, en son expresión de una fuerza social que tiende inevitablemente a mostrar que la lucha de clase del proletariado, en cualquier país y en cualquier circunstancia, continúa siendo la gran cuestión en el mundo burgués. Que incluso allí donde la burguesía ha tenido que disfrazar su dominio bajo el disfraz del falso socialismo, este tiende a caer a medida que las exigencias de la propia sociedad burguesa, que llevan a crisis periódicas y a fases de miseria cada vez más frecuentes para el proletariado, vuelve a poner la lucha de clase en primer lugar.


¡Contra el falso “socialismo” nacional!

¡Contra las exigencias democráticas de la pequeña burguesía!

¡Por el retorno de la lucha de clase del proletariado!

¡Por la reconstitución del Partido comunista, internacional e internacionalista!


Partido comunista internacional (el proletario)


15/07/2021


 


 

Un camionero que salía con su camión del almacén de Lidl en Biandrate, se lanza contra el piquete de trabajadores de logística durante la huelga nacional del sector, atropella a tres trabajadores, mata a uno - Adil Belakhdim, y hiere a los otros dos.


Biandrate, provincia de Novara, centro logístico de la cadena de supermercados Lidl. Es uno de los muchos almacenes frente a los cuales los trabajadores de la logística, que llevan mucho tiempo luchando contra las condiciones de trabajo inhumanas y los despidos, muestran su combatividad no sólo contra un jefe especialmente cínico, que utiliza guardaespaldas armados para atacar a los trabajadores en huelga, sino también contra la colaboración cómplice de las grandes confederaciones sindicales que han demostrado por enésima vez que están del lado de la patronal y de sus beneficios contra los proletarios que luchan y que, para luchar, se organizan al margen de los aparatos de la CGIL, la CISL, la UIL.

 

Adil Belkhdim, 37 años, padre de dos hijos, ciudadano italiano de origen marroquí, un auténtico luchador y organizador de Si.Cobas en Novara (uno de los pocos sindicatos de base que luchan en defensa de las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores de la logística, trabajadores que se encuentran entre los más explotados y oprimidos porque la mayoría son inmigrantes y siempre han sido "olvidados" por los sindicatos confederales), fue atropellado y muerto por un camión que arrolló el piquete que decenas de trabajadores hacían frente a las puertas del centro logístico de Lidl en Biandrate.

No fue un gesto "loco" de un camionero "loco": así lo sostiene el Si.Cobas nacional en su comunicado del 18 de junio; ¡"la patronal quería los muertos y lo consiguió"! Como, por otra parte, ocurrió hace cinco años en Piacenza, frente a las puertas de Gls, cuando un camión atropelló, matándolo, a Abd Elsalam Ahmed Eldanf, de 53 años, durante una disputa entre el sindicato de UBS y la empresa.

Sólo unos días antes, el 11 de junio, una guarnición de unos cuarenta trabajadores de Fedex en Piacenza (casi todos pertenecientes a Si.Cobas), frente al holding Zampieri en Tavazzano (en la provincia de Lodi) -que alqUILa sus almacenes a Fedex-Tnt- fue atacada con palos, fragmentos de paletas, piedras y botellas por unos cincuenta guardaespaldas contratados por la patronal y apoyados por algunos esquiroles. Durante los enfrentamientos, un trabajador, Abdelhamid, acabó en el hospital con la cabeza destrozada, pero afortunadamente no corrió peligro de muerte. La policía presente en la agresión no movió un dedo para impedirla, pero una vez que intervino detuvo a unos porteadores de Piacenza a los que se les impusieron 15 cargos. Por supuesto, esta agresión ha sido transformada por la Jefatura de Policía en "una simple reyerta desencadenada por el descontento de los trabajadores por las continuas huelgas", pero los vídeos en poder del Si.Cobas muestran claramente que la acción armada fue preparada por los concesionarios del Zampieri Holding que utilizan los guardaespaldas privados de Skp Global Intelligence, una conocida agencia de seguridad milanesa, ya conocida por sus numerosas intervenciones contra los trabajadores de los almacenes en huelga, como la del 26 de mayo en el almacén Zampieri de San Giuliano Milanese.

De hecho, hace mucho tiempo que la patronal de las grandes empresas de logística y transporte (de FedEx-Tnt a Correos de Italia, de Gls a Dhl, de Amazon a Brt, de Sda a Ups y otras) se ha enzarzado en un enfrentamiento sistemático contra sus propios trabajadores que se atreven a rebelarse contra unas condiciones laborales intolerables. La violencia empleada por la patronal contra los trabajadores cuenta con el apoyo abierto de las fuerzas policiales, a las que se recurre regularmente para aplastar las protestas y las huelgas. El objetivo de la patronal -que encuentra al Estado en su defensa- no es sólo aplastar las huelgas, sino también recuperar las concesiones que ha tenido que hacer ante las anteriores luchas obreras. El ejemplo de FedEx-Tnt es emblemático: su nuevo plan industrial prevé 6.300 despidos en Europa y, en Italia, ha comenzado con el despido de 300 trabajadores del hub de Piacenza. Otros trabajadores de otros hubs han tenido que elegir entre contratar directamente en Fedex o trabajar en la subcontratación: podría parecer una "elección" fácil, de hecho la contratación directa en Fedex se realizaría en las condiciones del contrato nacional firmado por las principales confederaciones sindicales, que es "mucho menos remunerador que el contrato de la empresa arrebatado por las huelgas y los piquetes" (ver "il fatto quotidiano", 19.6.2021). Y, al final de este proceso de reestructuración, continúa el diario citado, "la multinacional tendrá más empleados directos, pero se habrá deshecho de las subcontratas de las que aún era responsable solidaria: podrá no sólo mantener algunas empresas satélites, sino empezar a utilizar temporales y demás, deshacerse de los trabajadores más sindicalizados, cancelar los logros contractuales de la década anterior. El acuerdo que le permite hacerlo fue firmado por Filt CGIL, que obviamente lo defiende". Así se entiende que los intereses de la patronal coincidan con los de la CGIL: la patronal gana en todos los ámbitos, doblegando a los trabajadores a sus necesidades, y la CGIL marginaría a los sindicatos de base que en la última década han ganado afiliados y credibilidad.

Están en juego los enormes beneficios que estas empresas se han embolsado en los últimos años, y especialmente durante el último año y medio de la pandemia de Covid-19 en el que el tráfico de mercancías y entregas (el llamado B2C, business to consumer) ha aumentado enormemente. Por mencionar solo las entregas a domicilio, por ejemplo Amazon ha pasado, en el mercado "diferido" (entregas en 3-5 días) del 17% en 2016 al 59% en 2019, mientras que Gls se ha hecho con el 40% del mercado de entregas "express".

Mientras los amos de las multinacionales de la logística y el transporte de mercancías explotan y chantajean cada vez más a los trabajadores del sector, ¿qué hace la Confederación de Sindicatos Italianos (CGIL-CISL-UIL)? Durante más de una década, estos trabajadores han estado abandonados en manos de la patronal y de sus verdugos; pero se han organizado en los sindicatos de base, han luchado y siguen luchando a brazo partido, sabiendo muy bien que contra ellos actúan no sólo la patronal con sus chantajes y sus abusos, sino también policías, traficantes, esquiroles, infiltrados. ¿Los derechos sindicales tan cacareados en esta magnífica democracia italiana? Para estos trabajadores no existen, sobre todo cuando se rebelan y luchan contra unas condiciones de trabajo y de vida inhumanas. Pero, ante los episodios de agresiones armadas claramente escuadristas contra trabajadores pacíficos en lucha, la CGIL-CISL-UIL cantan el estribillo de siempre: "Paren este clima del salvaje oeste", clama Maurizio Landini, secretario de la CGIL; un clima que la misma CGIL y sus dignos compañeros CISL y UIL han contribuido a crear, reforzando con su baboso colaboracionismo la prepotencia de la patronal. Landini, tras el asesinato de Adil Belakhdim, declara solemnemente: "La muerte de un sindicalista, atropellado durante una guarnición sindical, es un hecho muy grave e inaceptable, sobre el que es necesario arrojar rápidamente toda la luz" (il manifesto, 19.6.2021); y si hubiera muerto no un "sindicalista" sino un simple trabajador, ¿habría sido más aceptable? El hecho es que el triple sindicato CGIL-CISL-UIL no ha movido un dedo para evitar situaciones de este tipo, ni, mucho menos, se ha movido en la solidaridad inmediata con la huelga en todo el país. La huelga que el triple sindicato ha proclamado por la muerte de Adil tiene todo el sabor de un parche puesto para no hacer el ridículo, sobre todo porque el mismo primer ministro Draghi -conocido hombre de las finanzas internacionales- utilizó las mismas palabras de Landini: "es necesario esclarecer el incidente inmediatamente". ¿Cuál de los dos ha copiado?

¿Qué han hecho los trabajadores de la logística en diez años de lucha? Las condiciones salariales y laborales, si es que han mejorado, no se deben al buen corazón de las multinacionales de la logística y el transporte de mercancías, ni a las actividades del triple sindicato -¡que firma convenios a cambio de nada!- sino por las combativas acciones de huelga y piquetes que los trabajadores han levantado y que el triple sindicato, junto con la patronal, pretenden aplastar.

El futuro próximo, y no sólo el lejano, de los asalariados está en manos de sus acciones directas de lucha, utilizando los medios de la lucha de clases con los que responder de forma organizada y continua en solidaridad con todos los que, por regla general, se ven afectados localmente. El sindicalismo de base, como Si.Cobas, es sin duda una primera respuesta al cobarde colaboracionismo de los sindicatos tricolores, y los trabajadores de la logística y del transporte de mercancías están demostrando, con su propia lucha y sus muertes, que la vía para defender sus derechos no es la vía del "enfrentamiento civil" con las "contrapartes", sino la vía de la fuerza, de la huelga hasta las últimas consecuencias, sin avisar, de la negociación con la huelga en pie y haciendo partícipes no sólo a los trabajadores del mismo sector económico, sino extendiendo las acciones de huelga también a los demás sectores, ¡porque los capitalistas explotan bestialmente y golpean por igual en todos los sectores!

Solidaridad sin peros con la lucha de los almacenistas, logísticos y transportistas, inmigrantes y autóctonos, regularizando a todos los trabajadores llamados "ilegales" que son los más explotados de todos, como se ha demostrado ampliamente en las campañas. Si en el campo están los capataces, en los hubs están los matones: básicamente tienen el mismo cometido, doblegar a la voluntad de los jefes la mano de obra asalariada, con "malos modos" si es que con los "buenos modos" (es decir, con el chantaje) no consiguenn su propósito.

En un futuro próximo, el uso de guardaespaldas, vigilantes, matones, no sólo en la logística sino en todos los sectores, estará cada vez más extendido. Los proletarios no deben encontrarse desprevenidos, deben organizarse en los sindicatos, por supuesto, defendiendo sus intereses y sus vidas, ¡pero también deben mirar más allá, hacia la perspectiva de la reanudación de la lucha de clases que tiene lugar contra todas las formas y prácticas colaboracionistas!


Partido Comunista Internacional

20 de junio de 2021

 


 

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