Matanza policial en Brasil
El 30 de octubre, la Policía Civil de Río de Janeiro perpetró una masacre en dos favelas (barrios marginales donde 1,5 millones de personas viven hacinadas) de la metrópoli: 130 personas fueron asesinadas; decenas de cadáveres fueron encontrados en una zona boscosa, con las manos atadas y muertos por una bala en la espalda o el cuello, así como el de un joven de 19 años, decapitado tras ser degollado...
Se trató de una mega operación policial, la “Operação Contenção” (“Operación Contención”), ordenada por el gobernador del estado, Cláudio Castro, partidario del expresidente ultra derechista Bolsonaro, para arrestar a los líderes del “Comando Vermelho” (Comando Rojo), una poderosa organización criminal que opera en estas favelas, donde viven casi 200.000 personas.
Para reprimir a este grupo se movilizaron 2.500 policías, junto con una treintena de vehículos blindados, camiones de demolición, dos helicópteros y drones. Los residentes señalaron que hubo disparos indiscriminados hechos contra viviendas, heridos sin atención médica y cadáveres esparcidos por las calles, sin mencionar los allanamientos realizados sin orden judicial, etc.
Al
día siguiente, el gobernador declaró que la operación fue un gran éxito,
sufriendo solo la baja de cuatro policías muertos. Castro continuó
criticando la falta de apoyo del gobierno federal, que se negó a
proporcionar vehículos blindados o autorizar la intervención militar: “Esta
operación tiene poco que ver con la seguridad pública. Es una operación de
defensa. Es una guerra que el Estado [de Río de Janeiro] no debería
librar solo. Para una guerra como esta, que no tiene nada que ver con la
seguridad urbana, deberíamos tener mucho más apoyo. Ahora mismo, tal vez
incluso de las fuerzas armadas”. (1)
Aunque calificó la operación de “desastrosa”, Lula respondió reiterando su determinación de combatir con firmeza la delincuencia y afirmó que era necesario el compromiso de los gobiernos federal y estatal para “combatir la facción [criminal] y la brutalidad que existe en São Paulo, Río de Janeiro y en todo el país” (2), haciéndose eco de la retórica de la extrema derecha. De hecho, su gobierno supervisó una operación militar en junio de 2007 en la favela de Amelao que se saldó con 19 muertos (algunos de ellos ejecutados). La brutalidad a la que se refería, por lo tanto, no era la de la policía, que tampoco está muy lejos: según el informe anual oficial sobre seguridad pública en Brasil, 6.393 personas (83% negras y 72% menores de treinta años) fueron asesinadas por la policía en 2024 (3), quienes gozan de inmunidad de facto: una investigación sociológica en Río de Janeiro estableció que más del 99% de los asesinatos policiales nunca daban lugar a una investigación oficial (4).
Detrás de la “guerra contra las drogas”, lo que en realidad se está llevando a cabo son operaciones destinadas a aterrorizar al proletariado y a las masas marginadas. Estas operaciones sangrientas y espectaculares, lanzadas principalmente contra pequeños delincuentes, son incapaces de acabar con la delincuencia y el crimen organizado. Según los expertos, se deben abordar las fuentes de financiación de las “facciones”, como el contrabando de combustible a gran escala y las redes políticas que lo apoyan (5), algo que actualmente no está en la agenda. En Río, las milicias paramilitares, compuestas por bomberos o policías retirados o en servicio, dirigen un lucrativo negocio que proporciona protección y diversos servicios esenciales. Todos estos grupos han diversificado y ampliado sus actividades para incluir el tráfico de cocaína, el contrabando de oro, los pagos digitales, etc. Hasta tal punto que algunos creen que el crimen organizado se ha convertido en el principal negocio de Brasil: entre el crimen organizado, que prospera al margen de las leyes de la burguesía, y el capitalismo criminal, que es “honesto” porque generalmente opera dentro del marco de estas leyes, sin dudar en violarlas si la búsqueda de beneficios lo exige, es natural que existan vínculos (6).
El flagelo de la delincuencia es producto de la pobreza, el desempleo y la precariedad; en pocas palabras, de las miserables condiciones en las que viven las masas desheredadas de la población. Para sobrevivir, algunos no encuentran otra solución que involucrarse en actividades delictivas. El capitalismo no puede eliminar estas condiciones porque él es su causante y de las cuales a la vez se nutre.
Al contrario, los poderes burgueses utilizan el pretexto de la “lucha contra la delincuencia”, la “lucha contra las drogas”, etc., para justificar, al igual que la “lucha contra el terrorismo”, el fortalecimiento de sus recursos policiales, tanto legales como materiales. El proletariado no tiene ningún interés en apoyar el fortalecimiento de la policía, ni en exigir una mayor y eficaz represión estatal contra la delincuencia, ni en promover “la ley y el orden”. Porque cualquier fortalecimiento del Estado y sus medios de represión se vuelve inevitablemente en su contra. De hecho, el proletariado siempre representa, potencialmente, a ojos de la burguesía, el verdadero peligro, la verdadera amenaza para el orden público.
Por eso, operaciones espectaculares y sangrientas como la de octubre en Río de Janeiro tienen un innegable carácter antiproletario: más allá incluso del asesinato indiscriminado de habitantes de barrios proletarios, su objetivo es mostrar a los proletarios la omnipotencia del Estado y sus medios de represión.
Esta no es una “guerra contra las
favelas” (7), sino un episodio de la guerra contra los proletarios. Estos
últimos tendrán que responder con la guerra de clase contra el
capitalismo (criminal o legal) y el Estado burgués.
(1) www.gazetadopovo.com.br, 11/01/2025
(2) https://www.sabado.pt 11/04/2025
(3) https://www.ipea.gov.br/atlasviolencia/publicacoes
(4) https://necvu.com.br/wp-content/uploads/2020/11/2012-NECVU_UFRJ_Autos-de-Resistencia-no-Rio-de-Janeiro_Relatorio-Final.pdf
(5) https://www.lemonde.fr/international/article/2025/10/29/au-bresil-rio-a-connu-l-operation-
policiere-la-plus-meurtriere-de-son-histoire_6650142_3210.html
(6) “La economía criminal de
Brasil ha salido de los callejones oscuros y ahora se infiltra en las salas
de juntas, los estados financieros y las cadenas de suministro esenciales”
(...) https://theconversation.com/analise-o-crime-organizado-se-tornou-o-maior-negocio-do-
brasil-e-sua-mais-seria-ameaca-268554
(7) La fórmula es retomada por el
PSOL (un partido pequeño burgués de izquierda que reúne a trotskistas y
varios reformistas), que solo acusa al gobernador: https://movimientorevista.com.br/2025/10/rio-
em-guerra-operacao-mais-letal-da-historia-do-estado-expoe-a-politica-de-morte-de-castro/