Gilets jaunes’ National Call // Sunday May 26th: In the street during the elections!

Following the invitation of the Assembly of Assemblies of Saint-Nazaire for action and mobilisation during the European elections, we call for regional convergence in order to take to the streets during the electoral masquerade on Sunday 26 May in all the major cities: where most of the polling stations are concentrated.
Following the invitation of the Assembly of Assemblies of Saint-Nazaire for action and mobilisation during the European elections, we call for regional convergence in order to take to the streets during the electoral masquerade on Sunday 26 May in all the major cities: where most of the polling stations are concentrated.
For all those who cannot go to the international demonstration in Brussels, we call for reaching the nearest major cities, for processions, and for taking to the streets.
All elections are dead ends, as the movement has known from the beginning: we have avoided all the pitfalls that have been set for us (co-optation by the government, appointment of representatives, manipulation by parties or unions, division between good and bad “Gilets jaunes”, etc.). We will never fall again into the election trap that [...] only serves to establish the power of those who have a party apparatus, an enormous social and financial capital, relays in the media, etc. and certainly not to serve the interests of “those who are nothing”.
Because the State serves the economy, not the other way round! It is the armed wing that protects the interests of those who make their fortune by trading our means of subsistence (food, shelter, clothing, transportation, health care, education). It is in the pay of multinational companies that do not care about life and what people think about it. Their only goal is to enrich themselves by exploiting us through wage labour, by making us sick through hard work that makes no sense and by polluting and destroying the planet. No political decision can therefore overthrow the economy, because the economy is the political project of any modern State: that aiming at behavioural discipline to make every moment, every fact and every action productive, profitable and controllable. And no elected official, no parliament, can really oppose it. Let us remember Greece and the humiliation it suffered when it dared to believe that an elected government could fight the European Central Bank and the IMF! The Greek people were bled and the elected government, despite all its good will, was humiliated and fell in line (austerity measures, etc.)
We therefore take note that the real politics, the one we have been pursuing for the past six months, begins with the blockade and direct attack on the economy.
On May 26th, we are therefore taking action: the electoral masquerade is over. We will no longer participate in it. And beyond that, we will no longer allow these moments of massive propaganda, which are aimed only at justifying the established order and providing it with a legitimacy that is nothing more than a lie, to take place quietly.
We do not want elections or representatives. We no longer want to be governed. We no longer want to be “represented”. We do not want to take power, we do not want “more” power, we want to remove power. And instead we will embody politics directly, without intermediaries or polling stations. Popular wisdom, workers’ and militants’ organizations, roundabout occupations, have developed other political forms (assemblies, imperative and revocable mandates, rotation of tasks, workers’ councils, etc.). Through blockades, occupations, yellow demonstrations, etc., we will continue to fight against the economy that is chaining us and to occupy the “public” space in order to continue to take back control of our lives. The elections are cancelled.

Material and Political Autonomy!

Gilets jaunes from Toulouse



Source in French

Another text: https://paris-luttes.info/gilets-jaunes-rungis-ile-de-france-12205?lang=fr



Cada vez más, en ciertos ámbitos anarquistas, feministas, militantes o de lucha en general, resuena el concepto de deconstrucción. Para muchos pareciera un elemento ineludible y necesario, el camino hacia un grado de mayor conciencia y puesta en práctica efectiva, que si alguna vez llegara a generalizarse haría posible un cambio social real. Se lo propone como una especie de autoanálisis y de toma de conciencia de privilegios, que dependerían y responderían a una serie de “interseccionalidades” (sexo, género, edad, raza, clase, etc.) que definen la identidad de cada individuo diferenciándolos de los demás y llevándolos a reproducir comportamientos y posiciones de poder o subordinación en relación a otros individuos. Es así que una persona en proceso de deconstrucción sería aquella que se está cuestionando sus “privilegios” y cambiando su forma de comportarse y relacionarse, intentando no reproducir ciertas formas, lógicas, comportamientos… de no oprimir con su existencia a otras personas.
Ahora bien, esta idea de que, de alguna manera, todos seríamos al mismo tiempo opresores y oprimidos ya que por todos lados hay relaciones de poder y es imposible escapar de ellas, muy simpática debe caerle a quienes se encuentran en altas posiciones de poder.

No es casualidad que estas ideas no deriven de las luchas ni de los balances de sus propios protagonistas sino de académicos, filósofos, intelectuales, así como tampoco lo es que estén tan presentes en ámbitos universitarios y de charlatanes a sueldo, perpetuadores del orden existente. De repente, nos hacen saber que el problema está en nuestro interior. El problema no es que nuestras vidas estén sometidas al trabajo, a los tiempos mercantiles, a la dictadura de la economía, del dinero y los relojes. Para los defensores de la deconstrucción, son a lo sumo condicionantes, pero no condiciones materiales a superar. Pareciera que lo más importante a resolver serían las relaciones de poder entre pares, quizás porque sea lo único que se presenta como posible. Así, todos podemos ser mejores con una simple toma de conciencia. Pero creer que es posible que la sociedad cambie por una toma de conciencia generalizada es tan ingenuo como creer que un funcionario del Estado, un político, un cura, un empresario, un policía, dejarían de beneficiarse de sus “privilegios” por hacerse conscientes de ellos.

De alguna manera, en todo esto, está implícita la actitud subjetivista, tan posmoderna, en donde la realidad ya no existe y todo se enfoca cada vez más en las percepciones y sensibilidades individuales. Así, se termina igualando la opresión del Estado con los “micropoderes” que ejerce cada quien. No es casualidad tampoco que este tipo de modas aparezcan en un momento de atomización absoluta, de susceptibilidad generalizada, de victimización paternalista. Luchar contra los que nos oprimen está pasado de moda y ahora nos oprimimos todos entre todos, incluso somos enemigos de nosotros mismos.

Tiempos de autoayuda, autosuperación, eliminación de malas influencias y energías dañinas para el progreso personal. Alimentación consciente, lenguaje inclusivo, conciencia sobre contaminación, estilos de vida. Todo está en nosotros como individuos y depende de nosotros como individuos. Y si fallamos, somos condenados como individuos y culpables. Otra vez, lo viejo se hace pasar por nuevo.

La teoría de la deconstrucción supone que existen identidades o determinaciones de las cuales podríamos desprendernos por simple voluntad, como si estas fuesen una elección y no estuviesen definidas por un proceso de cientos de años y millones de personas. Además de la cuestión del individuo, surge la idea de que uno es lo que es porque lo elije, en otras palabras, porque quiere. Es así que una estudiante universitaria puede dedicarle más tiempo a su deconstrucción que una madre de cinco hijos. La perspectiva, en ciertos ámbitos de lucha, pareciera haber dejado de orientarse hacia un cambio social real para enfocarse en la creación de espacios seguros, donde no haya incomodidades ni conflictos, donde nadie se sienta discriminado ni excluido.

Con todo esto no estamos negado la importancia del cambio subjetivo o personal, ni del modo en que nos comportamos en lo cotidiano. Porque esto nos parece un elemento fundamental para la lucha revolucionaria y hasta una cuestión de supervivencia. Decir que «quienes hablan de revolución sin hacerla real en sus propias vidas cotidianas, hablan con un cadáver en la boca» es muy diferente a perder de vista el hecho de que todo aquello que reproducimos es parte de una relación social (no interpersonal) que debe ser destruida de raíz y superada. Y no por gusto, sino porque es la única manera. Porque justamente, si decimos que somos una “construcción”, esta construcción es social y social será su destrucción. Es de vital importancia comprender que lo que somos, muchas de las actitudes de mierda que reproducimos y que tenemos que destruir (no deconstruir) son producto de una vida que está sometida a las necesidades de otros, a las necesidades de la economía antihumana que muchas veces nos vuelve inhumanos. Y mientras eso perdure, nos podemos hacer conscientes de ello y tensionar al máximo las posibilidades de no reproducción de sus lógicas. Eso no implica generar una atomización y desconfianza cada vez mayores que justifiquen y continúen reproduciendo los modos que nos impone el capitalismo.

 


Guerra de Clases 09/2019: “Chalecos amarillos” » TŘÍDNÍ VÁLKA # CLASS WAR # GUERRE DE CLASSE


“¿Es una revuelta?”
“¡No, Sire, es una revolución!”

(duque de La Rochefoucauld-Liancourt a Luis XVI, rey de Francia, 15 de julio de 1789, después de la toma de la Bastilla)

Recientemente publicamos en nuestro blog, ya que tuvimos acceso a ellos y otros nos llegaron, algunos documentos producidos por y alrededor del movimiento “chalecos amarillos” que sacude a Francia desde hace varias semanas. Lo que sigue es una especie de introducción a todos ellos (una introducción que normalmente publicamos antes, ciertamente).

No volveremos a la historia del movimiento, a acontecimientos o expresiones particulares, ya que podemos referir a los lectores interesados en esto a diferentes sitios web y blogs que asumen muy bien esta tarea.

Lo que nos gustaría tratar aquí es la forma en que nos aproximamos a este movimiento, cómo lo analizamos, cómo evaluamos su importancia en el marco de la lucha de clases. Y no queremos ocultar que varios artículos que escupen sobre este movimiento, producidos y reproducidos por demasiados grupos de ultra-izquierda, fueron una inspiración (negativa) para esta contribución, lo que podemos llamar: “Qué NO hacer”.



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Gilets jaunes (ou pas) - Pour un 1er Mai de combat - Action directe anticapitaliste




Le puissant mouvement social qui ébranle la France, connu sous le nom des « gilets jaunes », entre maintenant dans son sixième mois de lutte sans discontinuer, avec son hétérogénéité et sa confusion bien sûr, mais aussi avec son refus de se plier à la loi et à l'ordre bourgeois, d'être encadré par des partis politiques et des syndicats, avec son refus de toute représentation ou délégation de son pouvoir d'action, avec toute sa force et sa détermination, mettant ainsi quelque peu à mal les caractéristiques générales des luttes prolétariennes telles qu'elles se sont développées ces dernières décennies.
Et cela, malgré la répression policière : les centaines de blessés graves, les manifestants éborgnés et les mains arrachées, les traumatismes dus aux tabassages brutaux, les milliers de grenades en tous genres tirées dans les cortèges, l'utilisation d'armes de guerre et de véhicules blindés d'assaut face aux manifestants, les milliers d'arrestations, les rafles dans les gares et les dizaines de milliers de contrôles préventifs les jours de manifestation, le bouclage des zones de rassemblements, le déploiement de militaires de l'opération « Sentinelle » (dite « antiterroriste ») dans le dispositif de maintien de l'ordre bourgeois, la dislocation des ronds-points occupés et autres lieux de lutte, de discussion et d'organisation du mouvement.

Et cela, malgré la répression judiciaire : les centaines de condamnations à la prison ferme, les milliers de condamnations avec sursis en guise d'avertissement, les interdictions de manifester, la « loi anticasseurs », les assignations à résidence.
Et cela, malgré la répression journalistique : tous les mensonges publiés dans les torchons de la classe dirigeante, justes bons à allumer un brasier, tout le mépris de classe que les larbins journalistes-flics et autres idéologues de l'Etat expriment à notre égard, nous « les gueux », « la vile populace », « la plèbe », « la canaille », « la racaille », nous autres prolétaires.
Et cela, malgré la répression syndicale : ces officines étatiques (qui n'ont plus rien, ou même n'ont jamais rien eu, d'ouvrier) dont la mission essentielle est précisément d'empêcher et le cas échéant d'encadrer, d'étouffer, de légaliser et de ramener sur une voie de garage inoffensive, l'explosion de notre rage dévastatrice de prolétaires en colère, que nous soyons porteurs de gilets jaunes ou pas, en lutte contre l'exploitation et la misère.
Et cela, malgré le mépris hautain affiché par la plupart des sectes de l'ultragauche (autoproclamées « gauche communiste »), pour qui, du haut de leur piédestal idéologique et rempli de leur suffisance et de leur morgue, le mouvement des « gilets jaunes » n'incarne pas la « pureté » du prolétariat dont ils se rêvent d'être les « leaders bienaimés » menant leur troupeau docile sur le droit chemin des « lendemains radieux » du « socialisme réel ».
Et cela, malgré tous les autres pièges, fausses solutions, alternatives-bidons, dressés sur notre chemin : la « démocratie directe et participative » (RIC et autres foutaises), par exemple, ne permettra seulement aux opprimés que de mieux et ouvertement participer à leur propre oppression ; c'est en fait tout le système de la politique (bourgeoise), et des rapports sociaux capitalistes qui vont avec, qu'il faut chambouler, éradiquer, annihiler, effacer, détruire, dont il faut se débarrasser et qu'il ne faut pas réformer.

Fondamentalement, « nous ne sommes pas français, nous ne sommes pas le peuple, nous ne sommes pas des citoyens, nous sommes le prolétariat ». Nous sommes la révolution qui vient, nous sommes la solution finale de toutes les contradictions sociales qui divisent l'humanité en deux classes aux intérêts diamétralement et viscéralement antagoniques : les détenteurs de la propriété privée des moyens de production contre les dépossédés des moyens d'existence qu'ils veulent se réapproprier.
Personne ne s'étonnera dès lors, au vu du développement de ces luttes, que cette année le 1er mai sera probablement plus virulent, plus radical, et donc plus violent que jamais auparavant, exprimant ainsi ce que cette journée symbolique représente historiquement au niveau international : une journée de lutte et de combat du prolétariat mondial qui trouve son origine dans le massacre de nos camarades ouvriers et anarchistes communistes lors des événements de Haymarket Square à Chicago (USA) en 1886.

Déjà des « black blocks » appellent à la mobilisation sur Paris, « pour un 1er mai jaune et noir », en convergence avec les franges les plus radicales des « gilets jaunes » : « Ce 1er mai sera une journée de lutte. Une journée en enfer pour les personnes qui défendront le système. Mais pour nous (...) cette journée sera une fête, une journée où l'on pourra exprimer notre colère et notre révolte. Une journée où le destin va basculer. » (« Black Bloc France », 9 avril 2019)

Nous ne croyons pas que le murissement des conditions matérielles et des luttes soit tel à ce jour que « le destin va basculer ». Néanmoins, que ce 1er mai, certaines rues et quartiers bourgeois de Paris et d'autres villes de France et de Navarre soient la proie des flammes de la juste et saine colère de notre classe, que des magasins de luxe soient pillés (comme lors de la mise à sac des Champs Elysées le 16 mars dernier) et la marchandise si pas abolie du moins redistribuée parmi « les damnés de la terre » (réappropriation de richesses sociales produites par nous autres prolétaires), que les mercenaires armés à la solde de la classe des capitalistes en prennent enfin pour leur grade et soient obligés de reculer ou de déserter (comme l'ont fait les flics qui passèrent avec armes et bagages dans le camp du prolétariat insurgé en Bolivie en 2003), rien de plus normal et logique, rien de plus sain et salutaire, il serait même affligeant que rien de tout cela ne se passe. Mais il serait aussi tout autant affligeant (pour d'autres raisons, certes) et nuisible pour la suite de notre mouvement d'opposition à l'ordre des choses présent que tout cela se passe simplement et qu'on en reste là, qu'on se limite à une violence de classe risquant de se transformer en spectacle de la violence, qu'on n'aille pas plus loin, qu'on n'approfondisse pas la brèche, le gouffre qui nous sépare d'eux, nous l'humanité en lutte et eux les capitalistes et leur monde, fait de misère, d'exploitation, de guerre, de souffrances.

Ce dont le mouvement de lutte des « gilets jaunes » (et plus globalement le prolétariat) a le plus besoin, ce n'est pas du sempiternel recommencement, « Acte » après « Acte », samedi de manif après samedi de manif, des mêmes confrontations avec des forces répressives entrainées à ce petit jeu « du gendarme et du voleur » (bien que nous ne marquions aucune opposition à la violence de notre classe contre les forces de la Mort), mais ce dont nous avons besoin, c'est bien de développer nos perspectives, nos ruptures et notre radicalité envers ce monde, de briser la cohérence des flics et des gendarmes qui nous répriment, d'aller chercher les maîtres qui nous gouvernent jusque dans leurs forteresses imprenables, d'incendier leurs palais et leurs châteaux, d'abattre les citadelles du profit, de piller leurs banques, de bloquer toute l'économie, de dissoudre leur taux de plus-value et par la même occasion notre exploitation, d'organiser la véritable grève de notre classe : la grève générale insurrectionnelle, etc.

Tant que ces points essentiels ne seront pas aborder, tant qu'une réponse pratique ne sera pas mise en avant et assumée comme telle, c'est-à-dire comme la négation totale de l'ordre des choses présent, dès lors l'émergence d'un monde nouveau que nous avons tous à gagner (nous autres prolétaires) et l'affirmation de l'ordre des choses à venir ne sera que pure spéculation.
En attendant donc que les mauvais jours finissent...
Gilets jaunes (ou pas), black blocks (ou pas)

Pour un 1er Mai de combat, Action directe anticapitaliste
22 avril 2019



[recibimos y publicamos]
Guerra Total contra el Proletariado


El capital International, en el contexto de lo que puede calificarse como la crisis económica más seria de su modo de producción de la democracia, por su amplitud, se ha embarcado en lo que sus ideólogos denominan “guerra total” contra el proletariado y la humanidad.  El ajuste de la esfera financiera internacional ha profundizado y extendido el hambre y la miseria social por todo el planeta.

El cuentecito de los “derechos humanos” y las supuestas virtudes de la democracia es la coartada de los ataques simultáneos contra la humanidad.  La miseria social ya desencadena por el ajuste financiero se verifica desde Yemen…hasta Haití. La burguesía mundial tiene en agenda desmontar los pilares de la economía en caída libre, o para ser más precisos, destruir capital y fuerzas productivas en competencia por el control del mercado y la gestión del Estado Mundial.  En ese sentido, está provocando “insurrecciones controladas”, “disturbios” para que los ciudadanos respetuosos de la ley y el orden tengan “derecho” a canalizar la intervención militar de este o aquel Imperio.

La política de dominación de clase de la burguesía mundial está a la ofensiva, imponiendo las acciones de su inteligencia militar encubierta en todas las regiones, golpeando esferas de producción, práctica que agudiza la competencia entre facciones.  Las estructuras militares de Coordinación Internacional se han adecuado a la modificación de la división del trabajo en el interior de los aparatos del Estado y señalado a Federación Rusa como el “agresor”, para justificar la guerra mundial.

Después del colapso del “bloque soviético” en 1989 y el ataque militar el 11 de Septiembre del 2011, el capital International invertido en los Estados Unidos está acelerando los pasos hacia la guerra.  En Oriente Medio, Europa del Este, en el Sáhara Africano, Asia Central, en el Este Lejano, y ahora en América Latina, empujando a los ciudadanos a pedir “ayuda”. Ya la Federación Rusa y China han enviado sus primeras tropas que se suman a la inteligencia militar del fascismo castrista.

En ese contexto, la OTAN continua coordinando las acciones militares en Afganistán, Pakistán, Ucrania, Siria e Irak.  Por ejemplo, el ataque contra el proletariado de Julio-Agosto del 2014 en Gaza fue consultado por Israel con la OTAN y los Estados Unidos, coincidiendo con las acciones en Ucrania.

La guerra económica contra la competencia asume diferentes formas, “sanciones”, y acciones deliberadas de desestabilización de la esfera financiera y la profundización del déficit del Estado, agravando el ciclo depresivo en que se encuentra la economía mundial, devaluando el dólar.

El capital internacional ha depositado su confianza en la facción norteamericana de la burguesía mundial, la cual financio a ISIS o “Estado Islámico” y lo usó en el 2014 como excusa para bombardear al proletariado internacional en Irak y Siria.

La guerra contra el “agresor” (Federación Rusa) está montada y su “marco legal” ha sido creado por la legislación norteamericana en el Senado a través del “The Russian Aggression Prevention Act” (RAPA), preparando el camino hacia una confrontación militar directa con Rusia en Ucrania.  La competencia entre fracciones del capital mundial ha llegado al punto de ruptura, donde ninguna está dispuesta a aceptar la derrota..

En la agenda de los aparatos militares en pugna está contemplado un “ ataque militar preventivo* para destruir las fuerzas armadas enemigas; de ahí que los imperios Ruso y Chino estén cercados, les han tendido un “cerco de aniquilamiento”.  Desde Yemen hasta Venezuela solo existe una fuerza con la potencia impedir que la burguesía mundial desate y gane la guerra:. El Proletariado.

Transformar la guerra civil en guerra social!!!




Durante los últimos diez días, Argelia ha sido escenario de manifestaciones masivas de escala sin paralelo. El viernes 1 de marzo, según las fuentes policiales, casi 800,000 personas se manifestaron en Argel y decenas de miles en otras ciudades. Los manifestantes protestan contra la candidatura de Bouteflika para un quinto mandato presidencial.

Miles de personas han salido a las calles de Argelia durante las últimas semanas para protestar contra el presidente, Abdelaziz Buteflika, y su intención de presentarse a un quinto mandato, en uno de sus mayores desafíos en sus cerca de 20 años en el poder y signo de una resistencia ante un 'establishment' que se ha escudado tras el mandatario para mantener sus privilegios.

Las protestas se han ido expandiendo a numerosos sectores de la población y han provocado fisuras en el gubernamental Frente de Liberación Nacional (FLN) y el principal sindicato, la Unión General de Trabajadores de Argelia (UGTA). En general están teniendo un carácter pacífico y se han saldado por el momento sin disturbios relevantes.

 La magnitud de las manifestaciones ha impedido hasta ahora el uso de la represión (2), que es la regla cuando los manifestantes son pocos: de hecho, suelen disparar...


EL MALESTAR SOCIAL
Argelia, considerada la tercera potencia económica en la región de Oriente Próximo y Norte de África, ha sufrido desde 2017 una desaceleración de su economía debido en parte a un descenso de la producción de hidrocarburos, su principal fuente de ingresos.
Según los datos del Banco Mundial, el crecimiento del PIB fue de un 2,1 en 2017, respecto al 3,3 de 2016, una situación que ha provocado que los amplios programas sociales y subsidios sean difíciles de cubrir y el impacto haya sido notado por la sociedad, cansada además del inmovilismo político y la falta de desarrollo.

Las condiciones de vida de los proletarios son precarias, los salarios son bajos (de 220 a 174 euros mensuales para los trabajadores de acuerdo con los sectores según una encuesta oficial de la ONS) (5), la crisis de la vivienda abunda aún así, la tasa de desempleo, en aumento, se estima en más del 17% y la inflación está galopando (a pesar de las cifras oficiales que pintan la realidad en rosa), etc.

Esto significa que, más allá de la cuestión de las elecciones y de la persona de Bouteflika, son las malas condiciones de vida de las masas, la pobreza, la miseria y la explotación, lo que explica su movilización "inesperada" contra la Morgue imperturbable de los dirigentes burgueses.


Ver, en francés: http://pcint.org/01_Positions/01_01_fr/190303_algerie.htm 


Otras informaciones en prensa:
https://www.europapress.es/internacional/noticia-manifestaciones-argelia-mayores-desafios-buteflika-20-anos-poder-20190309103036.html

https://es.euronews.com/2019/03/01/la-tension-aumenta-en-algeria-en-la-enesima-manifestacion-en-contra-de-bouteflika

https://es-us.noticias.yahoo.com/argelia-contin-protestas-tras-aplazamiento-elecciones-174849554.html


8 de marzo de 2019, día de la mujer proletaria
NO HAY TÉRMINO MEDIO:
o “Huelga” feminista y colaboración entre clases
o Lucha proletaria contra la sociedad burguesa

El próximo 8 de marzo, tal y como sucedió el año pasado, diferentes organizaciones políticas, sindicales y
sociales han convocado una “huelga” feminista a la que están llamadas todas las mujeres del país,
desde la propietaria del Banco Santander (¡o la reina!) hasta la última trabajadora de la limpieza o
del servicio doméstico. Ciertamente, diversas organizaciones sindicales (como CGT y CNT en general,
o CCOO y UGT en sectores concretos como la enseñanza pública) han llamado a trabajadoras y trabajadores
a seguir la huelga. Pero la parte principal del movimiento feminista -cuyo origen es conocido- tiene bien claro,
y así lo subraya siempre que puede, que esto es una lucha “de todas las mujeres”.


En 2018 ya se pudo ver a trabajadoras y patronas, proletarias y burguesas, marchar juntas en una especie
de happening ultra democrático del que, pese al nombre de “huelga”, la economía nacional salió indemne.
Mientras, la prensa burguesa cantaba las loas al nuevo civismo que un evento de este tipo significa.
Después del 15M y su “movilización asamblearia” pacífica y pacifista, el movimiento feminista toma el
relevo en la misma y vieja mixtificación, quitando todo sentido de clase a la convocatoria de huelga,
mediante una movilización masiva sí, pero pacífica y ultrademocrática. Bien lejos está esto de un movimiento
que realmente subvierta las condiciones existentes.


El envite está lanzado: el 8 de marzo las mujeres proletarias están llamadas a dejar de lado los intereses
que les diferencian y les oponen a las mujeres burguesas, a olvidar la explotación cotidiana que sufren
de sus manos… para marchar en una especie de frente único femenino e interclasista que se oponga a
una situación de la cual una parte de las participantes en la protesta se benefician directamente.
El 8 de marzo, por lo tanto, más allá de los sueños revolucionarios de las “feministas de clase”, veremos
a todas las corrientes políticas que representan a la burguesía y a la pequeña burguesía, levantar la
bandera del feminismo para atraer a su lado a la mano de obra femenina, lo que le reporta beneficios
en el puesto de trabajo y masa que movilizar en la calle. Más aún ahora, a la vista de las elecciones generales,
municipales, autonómicas e incluso europeas, cuando hay mucho que pescar en el río revuelto del
electoralismo.

¡Proletarios, proletarias!
En la sociedad burguesa, en el mundo capitalista, la mujer ocupa hoy, y mientras esta sociedad perdure
seguirá ocupando, un lugar doblemente terrible. Mientras que el hombre proletario es explotado en el
puesto de trabajo para extraer de su fuerza de trabajo la plusvalía que mantiene vivo el engranaje del
beneficio, la mujer proletaria padece una situación similar o peor, agravada por el hecho de que sus
condiciones laborales son en muchas ocasiones peores, con trabajos parciales que le fuerzan a no pasar
del nivel de subsistencia porque debe ocuparse también del trabajo doméstico y con una regulación legal
completamente precaria. Mientras que el hombre proletario padece la violencia cotidiana de la sociedad
capitalista en forma de accidentes laborales, “tragedias” diarias como los accidentes de circulación,
enfermedades derivadas de la insalubridad de las ciudades, etc. la mujer proletaria suma a todo ello
una violencia dirigida específicamente hacia ella por el hecho de ser mujer y que se levanta sobre la odiosa
herencia del machismo social y legal. Finalmente, mientras que el hombre proletario está siempre en riesgo
de ser arrojado al basurero cuando su trabajo no sea necesario para los capitalistas, cuando una nueva
crisis económica vuelva sobrante la mano de obra disponible en el mercado, para la mujer proletaria está
situación es doblemente trágica en la medida en que sobre ella pesa casi siempre la responsabilidad
última del cuidado familiar, de los hijos y de los parientes no aptos para el trabajo. Y así un largo etcétera
que vuelve intolerable la posición de la mujer proletaria en el moderno, civilizado y democrático mundo
capitalista.
Pero esta situación no tiene sus raíces en ningún tipo de naturaleza intrínsecamente perversa de los hombres,
para la inmensa mayoría de los cuales, proletarios, la presión social ejercida sobre las mujeres proletarias
no reporta ningún beneficio ni logran con ella salir de la vida de miseria que la clase burguesa les depara.
Como tampoco las tiene en ningún tipo de “estructura” social situada más allá de las clases sociales como
el llamado “patriarcado”, un término queridísimo para la burguesía y sus portavoces intelectuales, con el
que escamotean la realidad social: un modo de producción, el capitalista, que se basa en la extorsión de
la plusvalía a la clase proletaria en su conjunto, y  una sociedad, la burguesa, dividida en clases y sustentada
en la violencia cotidiana contra la mayor parte de la población. Esta sociedad y este modo de producción
son los verdaderos responsables de la situación que sufre la mujer y, sobre todo, la mujer proletaria.


Por supuesto que son mayoritariamente los hombres quienes ejercen directamente violencia contra las
mujeres: la mayor parte de la patronal son hombres, como lo son la mayor parte de quienes asesinan a las
mujeres dentro de la familia o quienes abusan de ellas en cualquier situación. Pero igual que la explotación
laboral no existiría sin las condiciones sociales que la permiten, y sobre la cual se levantan sacando de ella
el máximo provecho, la violencia que emana precisamente de estas condiciones sociales no existiría en caso
de no existir estas.
Por supuesto que la opresión sobre las mujeres ha existido antes que el capitalismo hiciese su aparición en
la historia, pero bajo el sistema capitalista esta opresión se ha redoblado. Es este sistema su último garante:
es en el capitalismo donde la mujer proletaria ocupa la parte más débil dentro de la clase social más débil
y la situación que sufre debido a ello es responsabilidad única y exclusiva de una sociedad que sólo puede
mantenerse en pie condenando a estratos cada vez mayores de la población a subsistir como esclavos
que sufren todas las violencias existentes.


La burguesía, en aquella época en la que prometía derribar todas las opresiones, cuando enarbolaba
la bandera de la libertad y la igualdad contra las clases dominantes feudales, prometió también liberar
a la mujer de siglos de cadenas y subordinación al hombre. Hoy, en su fase senil y decadente, la burguesía
no sólo ha heredado esta opresión, sino que la ha hecho parte consustancial de su sistema de gobierno
social dejando únicamente la esperanza (que para los comunistas revolucionarios es una certeza) de que
ambas desaparecerán juntas de la historia.


¡Proletarios, proletarias!
La “huelga” del 8 de marzo, lejos de combatir realmente la situación de la mujer en la sociedad capitalista,
lejos de evidenciar que es un sistema basado en la explotación de la inmensa mayoría de la población el
que genera esta situación (y que, por lo tanto, sólo la lucha de la clase proletaria, compuesta por hombres
y mujeres unidos por su situación social y no por ningún otro criterio, podrá liquidar la opresión femenina),
llama a la unión... entre mujeres de toda clase social. Llama a la solidaridad entre burguesas y proletarias
en razón de su sexo, llama a hacer un paréntesis en la oposición cotidiana e irreconciliable que existe
entre obreras y empresarias… para pedir al Estado burgués que solucione (¿quién sabe cómo?) la
“situación de la mujer”, en la cual entran por igual los problemas de la alta ejecutiva que no puede
progresar en su carrera laboral (basada en la explotación del trabajo asalariado proletario) y los de la
empleada de la limpieza que recorre cada día media ciudad buscando portales que limpiar y con los
que asegurar la comida de sus hijos.


La “huelga” del 8 de marzo tiene una función principal: movilizar a las proletarias detrás de la burguesía
y de la pequeña burguesía para mantenerlas alejadas del terreno de la lucha de clase.  Después de una
larga crisis económica que ha empobrecido los hogares proletarios, que ha echado a un lado del camino
a cientos de miles de hombres y mujeres que sólo pueden aspirar a subsistir sin que su trabajo valga
prácticamente nada en ningún sitio, la burguesía necesita movilizar continuamente al proletariado
detrás de la bandera democrática de la colaboración entre clases, el respeto y la confianza en la
legalidad, la fe en que sólo el Estado burgués puede solucionar los problemas particulares y generales
que son cada vez más acuciantes. Aquí es donde entra el feminismo, una ideología reaccionaria
que justifica la solidaridad entre las clases, que llama a los proletarios y a las proletarias a no pensar
siquiera en levantar sus armas de clase históricas y a esperar sentados (o paseando) que el maná de
la justicia social les caiga del cielo.


¡Proletarios, proletarias!
Movilizaciones democráticas e interclasistas como las del 8 de marzo forman parte del bagaje que
la burguesía ha ido obteniendo a lo largo de su experiencia histórica de dominio sobre el proletariado.
Doctrinas como el feminismo son armas que, de igual manera, ha ido perfilando para desarmar
teóricamente a la clase proletaria.
Pero a esta experiencia acumulada por la burguesía, la clase proletaria debe oponer las lecciones
que ella misma puede extraer de su historia: únicamente por la vía de la lucha de clase, es decir,
del enfrentamiento directo con la burguesía en defensa de sus condiciones de vida y de trabajo,
la clase proletaria puede poner coto a los desmanes burgueses. Y sólo apuntando al corazón de la
propia burguesía, sólo afrontando la necesidad de la lucha revolucionaria para acabar definitivamente
con el mundo capitalista, se puede extirpar la raíz de estos desmanes.
La historia de la clase proletaria es rica en ejemplos de lucha en los que las mujeres han tenido el papel
protagonista: mientras que las mujeres burguesas, colocadas ante el dilema de luchar por sus intereses
o mantener la paz social, siempre han acabado por recular, las mujeres proletarias han dado una y otra
vez su vida por defender los intereses de su clase social. Es por ello que los comunistas revolucionarios
podemos afirmar una y otra vez que únicamente la lucha de clase del proletariado ha hecho bandera de
la emancipación social de la mujer.
Hoy la clase proletaria se encuentra en lo más hondo de la depresión de su ciclo de lucha.
Las movilizaciones del tipo 8 de marzo próximo, las ideologías abiertamente burguesas como el feminismo,
la colaboración democrática entre clases… si bien muestran que la burguesía cada vez pone más esfuerzo
en poner en circulación fuerzas de presión contra la clase proletaria, también enseñan que ésta aún no
dispone de las fuerzas necesarias para sacudirse el letargo de décadas que pesa sobre ella. Pero,
de la misma manera que todo el esfuerzo que pone la burguesía en evitar el caos social que
su dominio sobre la sociedad ha traído no vale de nada y, una y otra vez, fuertes convulsiones sociales
recorren el subsuelo, todo su trabajo, encaminado a reforzar las cadenas con las que ata política
e ideológicamente a los proletarios, tampoco servirá eternamente. En un mañana que quizá aún esté
lejos pero que, sin duda, llegará, experiencias como las de las “huelgas” feministas, marcarán al
proletariado el camino que no hay que seguir y, entonces, el problema de la mujer en la sociedad
capitalista, como tantos otros, serán puestos sobre los justos términos de la lucha de clase.


¡Proletarios, proletarias!
¡Jamás habrá igualdad entre hombres y mujeres sin acabar con el capitalismo!
¡Jamás habrá solución para los problemas que sufren las mujeres  sin la desaparición del capitalismo!


¡Por la lucha de clase del proletariado de ambos sexos!
¡Por la defensa intransigente de sus condiciones de existencia y de lucha!
¡Por la reconstitución del Partido Comunista!





Febrero de 2019                         Partido Comunista Internacional (El Proletario)              www.pcint.org

México: Llamamiento a la acción este 8 de  Marzo por Féminas Brujas e Insurreccionalistas



Llamado a la acción anárquica este 8 de marzo!!!

A todas nuestras afines en México y el mundo, a todas las brujas en lucha en el universo:
El próximo 8 de marzo se conmemora como cada año el Día Internacional de la Mujer. Para muchas, este día es un día de fiesta y homenajes. Para otras, es una jornada de lucha y reivindicaciones políticas y sociales, por lo que llaman a la huelga general feminista por el derecho básico a la no discriminación, contra la violencia de género que ejercen sobre nosotras en la casa, en la calle, contra los FEMINICIDIOS que suman y se multiplican en el México de la Cuarta, contra los convenios abusivos y la falta de garantías para obtener el mismo salario por un desempeño de igual valor, contra la falta de reconocimiento de las enfermedades propias del trabajo en sectores feminizados, contra el acoso y el abuso sexual en escuelas y centros laborales, contra los recortes presupuestales en detrimento de la madre trabajadora, contra la eliminación de los albergues y refugios para las mujeres víctimas de violencia, etc.
A este último llamado también se suman las compañeras anarcofeministas en general, consecuentes y reflexivas de que nada ha cambiado: no hay nada nuevo con su Cuarta Transformación, son los mismos perros misóginos con diferentes collares. Y también se suman aquellas compas que han asumido “el informalismo insurreccional desde una perspectiva anarca-feminista”, y han constituido sus colectivas de afinidad, pese a haber “sufrido el desprecio y los persistentes ataques de quienes reclamándose cómplices de la Anarquía, les caga la madre aceptar una teoría y una práctica diferente a su manual del (la) buen(a) anarquista”.
Parece ser que todo se reducirá a una gran manifestación política con sus mantas y performances, solo que esta vez habrá más banderas negras y púrpuras que de costumbre. Y tal vez logren su huelga general feminista por ocho pinches horas, limitando la guerra anárquica contra el patriarcado a una fugaz batalla sin mayor trascendencia, olvidando sus propias palabras: “solo hay una forma de confrontar al poder y a la autoridad, y esa es la insurrección anárquica, por eso concebimos la organización anáquica de manera informal mediante las colectivas de afinidad y la conflictividad permanente contra la civilización patriarcal en conjunto” [1].
Compañeras: si queremos hacer la diferencia tenemos que actuar diferente.
Nosotras no somos feministas. Somos ANARQUISTAS. Por eso luchamos contra el patriarcado, no por el feminismo. El feminismo es una ideología más al servicio del poder. El anarcofeminismo es una desviación setentaiochera, una de las mil desviaciones de la gran proliferación de corrientes en el movimiento. Una más, como el anarco-cristianismo, el anarco-sindicalismo, el anarco-pacifismo, el anarco-leninismo, el anarco-islamismo, o cualquier otra de las muchas que acusan algunxs compañerxs, solo que por ser políticamente correctos nunca incluyen este teme y prefieren dejárnoslos a nosotras de tarea.
Compañeras: El discurso del poder también se filtra entre nosotras creando nuevas divisiones que impiden la proyectualidad de la guerra anárquica.
Como nos recuerdan en su comunicado “luchar contra el sexismo y la misogínia es luchar contra el género, y luchar por destruir el género, es luchar por destruir la civilización patriarcal (…) Nuestra lucha es la misma”. Con más razón: no le pongamos límites a la revuelta. Que no se queden nuestros deseos de destrucción apresados en el atrapasueños. Dejemos que toda la rabia anárquica de “brujas”, “putas”, “feminazis”, “traileras”, “buchonas” y “chanclas”, hierva en nuestras venas y estallé en las calles. Este 8 de marzo (y todos los días) seamos su peor pesadilla.
¡Ni Dios, ni Estado, ni Amo, ni Marido!
¡Contra la civilización patriarcal!
¡Por el control de nuestras cuerpas y nuestras vidas!
¡Por la destrucción del género!
¡Por la tensión anárquica insurreccional!
¡Por la Anarquía!
¡El Estado-Capital, con AMLO o sin AMLO, patriarcado es lo que teje!
F.B.I. (Féminas Brujas e Insurreccionalistas)
Ciudad de México, Jueves 21 de febrero de 2019.
________________________________________________
[1] Aquelarre Anarcafeminista Insurreccionalista e Informalista, “Continuamos propagando la epidemia de rabia anarcafeminista e insurreccionalista: Respuesta pública a un diagnóstico equivocado que circula en Internet.
A lxs anarquistas de México y el mundo, a todas las brujas en lucha en el universo.

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