Francia. Bloqueos en los institutos: 

al enfrentarse al Estado y a sus fuerzas represivas, los jóvenes proletarios marcan el camino a seguir en las luchas reivindicativas

 

 

El Estado es, en última instancia, una banda de «hombres armados» (1). Esta verdad, expresada por Friedrich Engels en su obra fundamental El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, la han vivido en carne propia miles de jóvenes proletarios de instituto que, desde el 21 de septiembre de 2026, han entablado un enfrentamiento —a menudo violento— con el Estado burgués; este último solo ha dado una respuesta a las reivindicaciones de los estudiantes: la porra.

De hecho, mientras que en toda Francia —y, en primer lugar, en Île-de-France— los estudiantes de bachillerato, a menudo procedentes de barrios populares, han iniciado el bloqueo de los centros educativos (hasta la fecha, casi 1 000 centros están bloqueados o son objeto de iniciativas por parte de los estudiantes (2)) para exigir más recursos para la educación, la sustitución de los profesores ausentes, la contratación de personal adicional, la reducción del número de alumnos por clase, la rehabilitación de los institutos en mal estado, la reducción de las cargas lectivas excesivas e incluso la abolición del Parcoursup —el mecanismo que selecciona y aplasta a los estudiantes—, el Estado ha preferido mostrar su verdadero rostro en lugar de mantener la máscara de corrección y respetabilidad. No cabe duda de que el hecho de que los principales impulsores del movimiento fueran jóvenes proletarios de origen magrebí o africano haya desempeñado un papel fundamental en la decisión del Estado de enviar a sus milicianos armados hasta los dientes a descargar la violencia sobre los jóvenes. Policía a caballo, furgones de los CRS, BRAV-M, disparos de LBD a quemarropa dirigidos a los ojos o a la mandíbula: se ha desplegado verdaderamente la artillería pesada para reprimir a una juventud en revuelta.

Los proletarios y los revolucionarios no pueden sino alegrarse de que, ante esta ola de violencia estatal, la juventud proletaria haya respondido en el mismo terreno. En clara oposición a los pacifistas de todo tipo —representantes sindicales y estudiantiles, políticos, grupos que se autodenominan revolucionarios (!)— que instan al movimiento a mantenerse dentro de los límites de la no violencia, del respeto por bienes y personas odiadas y de la negociación con las autoridades, la inmensa mayoría de los ocupantes ha aceptado el desafío, recibiendo a la policía con disparos de morteros artesanales y adoquines o levantando barricadas improvisadas. En el momento de redactar esta toma de posición, parece que 83 policías y gendarmes han resultado heridos. Aunque estas cifras están, obviamente, exageradas por los perros guardianes mediáticos y políticos del capital, palidecen ante las cifras de la represión estatal. Según la policía, se ha detenido a más de 5.000 personas y se contabilizan casi 170 heridos entre los estudiantes. (3) Ya nos llegan imágenes de jóvenes de entre 15 y 18 años que han perdido la vista de un ojo o tienen la mandíbula fracturada por los disparos de LBD. (4) No hay duda de que estas imágenes se multiplicarán, dado el placer que siente la policía al desquitarse con los jóvenes proletarios.

No nos hagamos ilusiones: aunque las reivindicaciones parezcan a primera vista interclasistas —puesto que se refieren a los estudiantes de bachillerato en su conjunto, ya sean hijos de proletarios, de la pequeña o de la gran burguesía—, es evidente que la escasez de personal, las instalaciones ruinosas y la espada de Damocles del Parcoursup (que separa a los estudiantes en «buenos», destinados a acceder a las clases preparatorias, a las Grandes Escuelas y a las universidades de élite, y a los «malos», relegados a aulas universitarias abarrotadas y carentes de recursos o incluso expulsados de un sistema educativo que les ha hecho comprender desde el principio que no había sitio para ellos) afecta exclusivamente a los alumnos de bachillerato procedentes de entornos populares o proletarios. La radicalidad de las formas de lucha —bloqueos, ocupaciones, barricadas y enfrentamientos con las fuerzas del orden— constituye, por lo demás, una confirmación más de ello.

¿Significa acaso que los estudiantes de bachillerato se habrían convertido en una nueva vanguardia, al igual que los «jóvenes», las «mujeres», las «minorías», los «homosexuales», los «transgénero», los «campesinos» y los «obreros» —todos ellos uniformemente revolucionarios, como no dejan de proclamar a voz en grito los grupúsculos de la izquierda radical burguesa (ya sean anarquistas, trotskistas o maoístas), de los que el grupo trotskista Révolution permanente ofrece un ejemplo caricaturesco? (5). En realidad, como ya hemos tenido ocasión de señalar en varias ocasiones, a ojos de los marxistas la «juventud» no existe (6). Los jóvenes, al igual que el resto de la sociedad, se dividen en clases sociales cuyos intereses distan mucho de ser idénticos. Aunque comparten algunos rasgos comunes, su experiencia escolar difiere radicalmente según procedan de entornos populares o burgueses. Mientras que para estos últimos las ilusiones republicanas, meritocráticas y culturalistas pueden corresponder a una cierta realidad, los primeros saben muy bien qué pensar de las promesas de libertad, igualdad, fraternidad y ascenso social a través del trabajo, la escuela y la cultura. Tratados como alumnos de segunda categoría desde su entrada en el sistema educativo, abandonados por las instituciones y empujados lo antes posible hacia la salida para que puedan «integrarse en un mercado laboral» necesitado de jóvenes proletarios a los que explotar a su antojo, a sus ojos la escuela republicana encarna lo que nunca ha dejado de ser: una colosal farsa. ¿Cómo sorprenderse, pues, de que los jóvenes implicados en estos movimientos hayan empezado a incendiar edificios escolares, autobuses o mobiliario urbano? Lejos de representar una violencia ciega, como ciertas «almas bellas» que se autodenominan revolucionarias quisieran hacer creer, estos actos de vandalismo manifiestan la comprensión instintiva de que las promesas vacías de la República no van dirigidas a ellos.

Si hay que criticar este movimiento —fraternalmente, pero con firmeza— es por el riesgo de que dicha lucha, surgida de forma espontánea y organizada independientemente de los sindicatos y los partidos de izquierda, acabe siendo instrumentalizada por estos falsos amigos de los jóvenes proletarios. Tanto en los institutos como en los lugares de trabajo, los sindicatos desempeñan el papel de agentes de influencia de la burguesía en el ámbito proletario.

Ya se trate de la Union syndicale lycéenne (USL) o del Mouvement national lycéen (MNL) —auténticas canteras de burócratas sindicales, antesala de la Union étudiante (7) y apéndices de La France Insoumise (LFI)—, o de los numerosos cargos electos de LFI (como el diputado Denis Boyard, él mismo un antiguo burócrata sindical estudiantil, o el alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko), todos estos supuestos aliados del movimiento estudiantil tienen el único objetivo de encauzarlo por la vía muerta de la no violencia y la negociación con el Gobierno.

No tardó mucho, pues, en que nuestros aprendices de burócratas entablaran una cortés conversación con el ministro de Educación Nacional entre el boato de los grandes palacios ministeriales, o en que el líder de LFI y eterno candidato a las presidenciales exhortara a los estudiantes de bachillerato a utilizar «solo métodos de lucha no violentos» (8). No hacía más que seguir los pasos de su compañero Bally Bagayoko, quien, ante las cámaras oportunamente colocadas, invitaba con tono pontificador a los estudiantes a mantener la calma y a rechazar la violencia (9). Ni se nos ocurra que la violencia de los estudiantes de bachillerato repercuta en el candidato Mélenchon, quien debe demostrar sentido de la responsabilidad y capacidad para mantener el orden republicano si quiere aspirar al máximo cargo del Estado. Lamentablemente, la acogida positiva que los representantes electos de LFI parecen obtener en los cortes de carretera o en las manifestaciones pone de manifiesto el peligro real de que el movimiento acabe siendo absorbido por la burguesía. Corresponde a los revolucionarios poner de relieve ese peligro, sin hacerse ilusiones sobre la capacidad de los jóvenes proletarios para asimilar esta orientación política en un período de reflujo de la lucha de clases.

Corresponde, además, a los revolucionarios recordar la necesidad de una solidaridad proletaria con este movimiento. No solo porque sus hijos están implicados, y no solo porque una amplia parte de la población —6 de cada 10 franceses, según encuestas de valor discutible pero que ofrecen una idea, aunque imperfecta, de la resonancia del movimiento en la sociedad (10)— considera legítimas las reivindicaciones de los estudiantes de secundaria; sino, sobre todo, porque solo el proletariado, luchando en el terreno de la producción, es capaz de amenazar de forma duradera el dominio del capital. Si los estudiantes de bachillerato en lucha son hijos de proletarios y, con toda probabilidad, futuros proletarios, aún pertenecen solo potencialmente a ese sujeto revolucionario identificado por Marx, cuya fuerza reside en la posición central que ocupa dentro de la estructura productiva (donde se extrae la plusvalía, savia vital del capitalismo sin la cual este no puede sino derrumbarse) y en el contacto cotidiano con sus compañeros de clase en el lugar de trabajo; ese contacto favorece una primera toma de conciencia de la pertenencia a la clase obrera, clase caracterizada por la doble naturaleza de ser, dialécticamente, a la vez explotada y revolucionaria. Los estudiantes de bachillerato no constituyen un nuevo sujeto revolucionario, ni un recurso ante la relativa pasividad de la clase obrera, no solo en Europa, sino también en el resto del mundo.

Como afirmaba Trotsky a propósito de la juventud estudiantil, en una época en la que esta era aún predominantemente pequeñoburguesa: «cuando la burguesía se niega consciente y obstinadamente a resolver los problemas derivados de la crisis de la sociedad burguesa, y el proletariado aún no está preparado para asumir esa tarea, son a menudo los estudiantes quienes ocupan el escenario. Durante la primera revolución rusa, observamos este fenómeno en varias ocasiones. Siempre ha tenido para nosotros un gran significado: esa actividad revolucionaria o semirrevolucionaria implica que la sociedad burguesa está atravesando una crisis profunda. La juventud pequeñoburguesa, al percibir la acumulación de una fuerza explosiva en el seno de las masas, intenta a su manera encontrar una salida a este callejón sin salida impulsando la situación política» (11).

Ciertamente, la lucha de los jóvenes —precisamente en virtud de su radicalidad y de su propensión a ser los primeros en entrar en acción (característica que hizo que figuras de las organizaciones juveniles socialistas como Karl Liebknecht o Amadeo Bordiga figuraran entre los mejores revolucionarios)— puede servir de chispa y preceder al despertar de ese gigante dormido que es el proletariado. Sin embargo, está abocada a quedar en vano si no logra extenderse a la única clase revolucionaria: el proletariado. Recordando oportunamente que solo el recurso a la violencia —frente a la represión de un Estado que nunca duda en emplear los métodos más brutales para preservar su orden podrido— permite vislumbrar el éxito en las luchas reivindicativas, los jóvenes proletarios han marcado el camino. Ahora le corresponde al proletariado aprender de esta lucha, gracias a la inestimable e indispensable ayuda de su partido de clase. «Esto no podrá suceder de la noche a la mañana; sin contar con la represión, habrá muchos obstáculos que superar, intentos de instrumentalización que evitar, falsos amigos «de izquierda» o «demócratas» de los que hay que alejarse; pero al romper, al menos temporalmente, la asfixiante paz social, la actual revuelta espontánea contribuye objetivamente a acercar esta perspectiva», escribíamos en 2023 con motivo de las revueltas que siguieron a la muerte de Nahel (12). Esta previsión sigue siendo tan válida hoy como lo era hace tres años.


4/10/2026 - Partido Comunista Internacional (El Proletario): 

https://www.pcint.org/

 

 

 

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NOTAS:

(1) El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado. En K. Marx y F. Engels, Obras escogidas (Tomo III, pp. 203–352). Editorial Progreso. (Obra original publicada en 1884),cap. IX, «Barbarie y civilización», en «Escritos, mayo de 1883 – diciembre de 1889», ediciones Lotta Comunista, Génova 2014, p. 153. En esta traducción, el pasaje afirma, tras señalar que el Estado se caracteriza, en primer lugar, por la subdivisión de sus ciudadanos en función del territorio, que «el segundo aspecto característico del Estado es la institución de una fuerza pública», separada de la población; además, «esta fuerza pública existe en todo Estado y no solo cuenta con hombres armados, sino también con medios materiales, prisiones e instituciones penitenciarias de todo tipo»; es un «poder que se refuerza a medida que se agudizan las contradicciones de clase en el seno del Estado y que crecen en poderío y población los Estados vecinos».

(2) «Institutos bloqueados: el ministro de Educación Nacional anuncia que mañana permanecerán cerrados “poco más de 400 centros”», BFM TV, 1/10/2026: https://www.bfmtv.com/societe/education/

(3) «Bloqueo de los institutos: fuerte movilización, actos violentos y destrozos, movimiento confirmado... Lo que hay que recordar de la jornada del viernes», Le Monde, 2/10/2026: https://www.lemonde.fr/societe/live/2026/10/02/

(4) «Un estudiante de instituto herido el miércoles 30 de septiembre en Tours: “Maël ha perdido la visión de un ojo”», La Nouvelle République, 2/10/2026: https://www.lanouvellerepublique.fr/tours/; «Bloqueo de los institutos: el adolescente alcanzado por un LBD en Val-d’Oise sufrió una doble fractura de mandíbula», 20 Minutes, 2/10/2026: https://www.20minutes.fr/faits_divers/

(5) Véase, por ejemplo, «Un aire de Gran Rechazo», Révolution permanente, 4/10/2026: https://www.revolutionpermanente.fr/Un-air-de-Grand-Refus

(6) Véase nuestro artículo «Manifestaciones de la generación Z: no será “la juventud” la que derrote al capitalismo, sino el proletariado unificado tras su partido de clase», Le Prolétaire n.º 559, noviembre-diciembre de 2025; il comunista, n.º 189, noviembre de 2025-enero de 2026.

(7) Principal sindicato estudiantil por número de afiliados y votos, que ha sustituido a la UNEF, ahora reducida a la mínima expresión; está estrechamente vinculado a La France Insoumise, partido que, por otra parte, ha expresado su apoyo al movimiento de los estudiantes de secundaria.

(8) «“No sirve de nada provocar incendios”: Jean-Luc Mélenchon invita a los jóvenes a utilizar “solo métodos de lucha no violentos”», BFM TV, 1/10/2026: https://www.bfmtv.com/ politique/la-france-insoumise/

(9) «Bloqueo de los institutos: Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis por LFI, defiende su presencia junto a los manifestantes», Le Monde, 1/10/2026: https://www.lemonde.fr/ politique/ article/2026/10/01/

(10) «El 62 % de los franceses considera justificado el movimiento estudiantil de los institutos, según una encuesta de Odoxa», L’Humanité, 3/10/2026.

(11) Trotski, L. (1977). Las tareas de los comunistas en España. Carta a Contra la Corriente. En P. Broué (Comp.), La revolución española (1930–1940) (Vol. 1, pp. xx–xx). Fontanella. (Obra original escrita en 1930) Las partes subrayadas las hemos resaltado nosotros. Sin embargo, hay que precisar lo siguiente: León Trotski, en esta carta, trata las manifestaciones estudiantiles contra la dictadura de 1923-1930 como si se tratara de una actividad «revolucionaria o semirrevolucionaria», considerando la España de aquella época, y sobre todo la de 1936-1939, al mismo nivel que la Rusia de 1905-1917, es decir, como si se tratara, en el caso de España, de una revolución burguesa aún por llevar a cabo. En realidad, no se puede considerar que la España de entonces estuviera aún a la espera de una revolución burguesa, ya que esta ya se había producido, completándose con todas sus contradicciones y sus límites en los años comprendidos entre 1874 y 1876. Lev Trotski, al considerar las manifestaciones de la pequeña burguesía estudiantil de aquellos años como una actividad «revolucionaria o semirrevolucionaria», en realidad les atribuía, generosamente, una característica que en realidad no tenían.

(12) «Rivolte nei quartieri proletari. Il capitalismo è responsabile dei crimini della polizia, delle oppressioni e della miseria. È lui che bisogna combattere, è lui che bisognerà abbattere!», Le Prolétaire n. 549, giugno-luglio-agosto 2023. Vedi anche il comunista, n. 178, giugno-agosto, «Francia. La lotta contro le violenze della polizia può essere condotta realmente solo su una base anticapitalista!»


 

Tres contribuciones internacionalistas contra la guerra

 

/ Español / Français /

  • Ni guerra ni “paz”, revolución (Stuut)
  • Disturbios en Ucrania: Más de 200 personas atacaron a los soldados y volcaron el vehículo de los reclutadores (AMI)
  • Los “anarquistas” del ejército (Graswurzelrevolution)

 

Ni guerra ni “paz”, revolución

¡Ni carne de cañón Ni carne de obra! A la mierda la guerra Viva la revolución

Hoy ya no podemos ignorar que las guerras, las masacres y los genocidios se extienden y se intensifican por doquier: Congo, Sudán, Yemen, Myanmar, Palestina, Ucrania, Irán, Líbano… Los gobiernos siguen inventando excusas para bombardear: atacar para defender, matar para proteger, atacar para liberar…

En Europa, el discurso sobre la supuesta “paz eterna” tras la Guerra Fría tuvo su momento. Hoy, la propaganda militarista resurge: soldados que visitan escuelas para promover la profesión; propaganda de defensa por doquier, en las calles, en internet y en los cines; la carta de Théo Francken [Ministro belga de Defensa y Comercio Exterior] dirigida a todos los jóvenes de 17 años invitándolos a alistarse en el servicio militar voluntario; consejos sobre kits de supervivencia; y así sucesivamente… Por todas partes, imponen la idea de que hay que prepararse para la guerra, prepararse para luchar, prepararse para “perder a los hijos”. ¿Es inevitable la guerra? ¿No podemos imaginar otra perspectiva posible?

¡La guerra es la inevitabilidad del capitalismo, no la nuestra!

Porque cuando el sistema capitalista está en crisis, la guerra es una de las “soluciones”, proporcionando al sistema económico un mecanismo de destrucción, reconstrucción y control social.

El sistema capitalista necesita la guerra por muchas razones: para “asegurar” y apropiarse de territorios; para controlar los recursos naturales; para desviar la atención de la población de las crecientes tensiones políticas internas y la miseria; para crear “unidad” frente a un enemigo externo y fomentar el patriotismo; para disciplinar a la población, incluyendo la marginación y la represión de quienes se consideran una amenaza; para reprimir revoluciones y movimientos sociales, como, por ejemplo, en Siria o Sudán; para justificar el fortalecimiento de las estructuras estatales, la vigilancia y el aumento de los presupuestos militares, generando una «economía de guerra», muy útil cuando hay periodos sin conflicto en el propio territorio. La guerra es rentable. Si hay alguien que siempre sale victorioso en las guerras, ¡es la industria armamentística!

La guerra nunca nos beneficiará, y dado que el sistema no puede sobrevivir sin ella, es necesaria una solución: ¡destruir este sistema!

Es esencial luchar aquí, con nuestros propios medios y a nuestra escala: organizarnos sin autoridad, descentralizar la lucha, empoderarnos y fortalecer las luchas contra el Estado.

Sabotear la maquinaria de guerra. Oponernos a las guerras libradas por los Estados; apoyar a los desertores en todo el mundo; mostrar solidaridad con las luchas y revueltas; atacar la industria armamentística; negarnos a participar en el esfuerzo bélico; resistir la propaganda; difundir ideas antimilitaristas; defender una perspectiva internacionalista.

Frente a la ley del más fuerte, la combatimos con solidaridad y ayuda mutua. Ante la orden de defender este sistema contra un enemigo externo, la combatimos atacando a quienes nos oprimen. Frente a la maquinaria de la muerte, luchamos por una vida de libertad.

Ni guerra ni “paz”, revolución.

Asamblea Antimilitarista – Bruselas

Traducción al español: https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2026/07/28/ni-guerra-ni-paz-revolucion/

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Disturbios en Ucrania: Más de 200 personas atacaron a los soldados y volcaron el vehículo de los reclutadores

Los recientes enfrentamientos entre civiles, personal militar y la policía en la ciudad de Leópolis, al oeste de Ucrania, han puesto de manifiesto las profundas tensiones sociales relacionadas con el proceso de movilización en Ucrania. La tarde del 8 de julio de 2026, un grupo de personas bloqueó un coche en el que viajaban oficiales del centro de reclutamiento y lo volcó, tal y como muestran, entre otras cosas, las imágenes publicadas en la red social X. El incidente dio lugar a enfrentamientos más extensos con la policía y los soldados, en los que participaron unos doscientos civiles. La tensa situación se prolongó durante aproximadamente cinco horas y se extendió hasta las primeras horas de la mañana del 9 de julio.

Las imágenes difundidas por la televisión ucraniana mostraban a multitudes de personas que, en un barrio residencial a oscuras, se abrían paso entre los vehículos, coreaban “¡Qué vergüenza!” y arrancaban el uniforme a uno de los oficiales. Este incidente fue el último de una serie de ataques contra oficiales de los centros de reclutamiento, lo que pone de manifiesto la ira que lleva tiempo gestándose por la forma en que el ejército ucraniano repone sus filas.

El incidente tuvo lugar a última hora de la noche en el barrio de Sykhiv, en Leópolis, en el bulevar “Tservona Kalina”. Los agentes del Centro Territorial de Reclutamiento y Apoyo Social local detuvieron a un hombre buscado por eludir el servicio militar. Tras ser trasladado el detenido en uno de los vehículos, se congregó rápidamente en el lugar una multitud de unas 200 personas que bloqueó a la unidad que permaneció allí. La multitud rodeó el vehículo oficial, rompió sus ventanas y lo volcó por completo. La dirección de la comisaría del distrito de Sykhiv confirmó que dos miembros del Centro Territorial de Reclutamiento y Apoyo Social fueron trasladados al servicio de traumatología, aunque sus vidas no corrían peligro.

Vídeo del lugar del incidente: https://www.youtube.com/watch?v=36uxUq0adRU

El incidente con la patrulla de movilización provocó una investigación inmediata por parte de la Fiscalía y del Estado Mayor de Ucrania; los responsables de Kiev advierten de que, en su opinión, los enfrentamientos internos son “un arma de la propaganda enemiga”. Esta postura de las autoridades no es en absoluto sorprendente. Cada vez que alguien se rebela contra el esfuerzo bélico de su “propio” Gobierno, los secuaces del Gobierno recurren al argumento de que tales acciones ayudan al enemigo.

Las estadísticas de la agencia Interfax-Ucrania muestran un aumento dramático de la tensión en Ucrania: mientras que en el primer año de la guerra (2022) solo se registraron 5 ataques contra personal del TRC, el año pasado fueron 341 y, desde principios de este año (2026), esta cifra ya ha superado los 100 casos. Cabe señalar que estas cifras solo representan los incidentes registrados oficialmente y es posible que la información sobre muchos de ellos no llegue ni a las estadísticas oficiales ni a la cobertura mediática, con el fin de restar importancia públicamente al problema de la tensión interna en Ucrania.

Traducción al español: https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2026/07/27/disturbios-en-ucrania-mas-de-200-personas-atacaron-a-los-soldados-y-volcaron-el-vehiculo-de-los-reclutadores/

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Fuente en inglés: https://antimilitarismus.noblogs.org/post/2026/07/24/riots-in-ukraine-more-than-200-people-attacked-soldiers-and-overturned-a-recruitment-vehicle/

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Los “anarquistas” del ejército

(Perla de la burguesía) Matar o morir… por las guerras del capital.

Publicamos la traducción de un artículo en el que se critica a los pseudoanarquistas que instan a apoyar la participación en la guerra del lado del Estado ucraniano. El artículo se publicó en el periódico anarquista y antimilitarista alemán Graswurzelrevolution.

 

¿Voluntarios a la guerra por la nación y la democracia? La división entre los anarquistas respecto a la guerra va en aumento.

El texto que circula por Internet desde noviembre demuestra claramente lo profunda que se ha vuelto la brecha entre las personas, las organizaciones y los medios de comunicación que se autodenominan “anarquistas”. “Sobre la represión de las voces de Europa del Este en los actos anarquistas de la UE”, reza el título de la denuncia redactada por los “Colectivos de Solidaridad” y firmada por numerosos grupos, colectivos y particulares. La lista de firmas de la versión en inglés es más extensa e incluye, entre otros, a la FAU de Fráncfort, la CNTF francesa y autores tan conocidos como Peter Gelderloos y Philipp Kellermann.

En el texto se denuncia que el movimiento anarquista acusa a quienes luchan voluntariamente en la guerra, con las armas en la mano, de “apoyar la guerra”. De ello se extraen las siguientes conclusiones: “En los últimos años han surgido en el ámbito anarquista numerosas organizaciones y grupos que excluyen activamente a los ‘Colectivos de Solidaridad’, a la Cruz Negra Anarquista-Bielorrusia y a muchas otras organizaciones anarquistas y antiautoritarias de los actos públicos, o bien bloquean su participación. Además, se han publicado numerosas ‘declaraciones’ diversas en las que se condenaba la labor de estos grupos y su apoyo a la resistencia ucraniana frente a la invasión rusa. A menudo, este comportamiento se basa en una tergiversación de las posturas sobre la guerra de los activistas de Europa del Este. Se acusa a los anarquistas de haberse convertido en militaristas, de apoyar la guerra o de no mostrarse lo suficientemente críticos con el Estado ucraniano.”

Lo que más llama la atención es precisamente el asombro ante el hecho de que alguien pueda oponerse al apoyo al nacionalismo ucraniano frente al nacionalismo ruso. Es evidente que en el anarquismo contemporáneo no ha habido ni hay consenso sobre qué son los Estados y las naciones. En el texto no solo se habla, utilizando un eufemismo, de la “resistencia ucraniana contra la invasión rusa” (¿qué otra cosa es la guerra? Un Estado ataca y otro se opone a ello con su fuerza militar), sino que también se silencia el hecho de que, nada menos que en agosto de 2025, los “Colectivos de Solidaridad” intentaron impedir la celebración de un acto del colectivo “Asamblea” de Járkov. En la declaración realizada al respecto, se caracterizó de forma convincente a los “Colectivos de Solidaridad” y a sus simpatizantes como lo que realmente son: “anarco-militaristas”.

¿Acaso los desertores y los opositores al servicio militar (de todas las partes beligerantes) y todos aquellos que no quieren morir ni matar por ninguna de las partes en esta guerra no son “voces de Europa del Este”? ¿O es que la carta de identidad solo se juega cuando se trata de posiciones que encajan en la propia visión del mundo? ¿O es que la memoria es tan corta que ya nadie recuerda lo poco respetuoso que fue el trato que recibieron los opositores sistemáticos a la guerra en Saint-Imier?

“No vemos en la labor de los ‘Colectivos de Solidaridad’ ni de la CNA-Bielorrusia ningún tipo de apoyo a la guerra ni al militarismo estatal en ninguna de sus formas”, continúa el texto. —Además, condenamos categóricamente cualquier intento de aislar a los colectivos anarquistas de Europa del Este en lo que respecta a la resistencia contra la expansión militar del régimen ruso”.

Esto, por un lado, no es cierto y, por otro, contradice lo que se afirma a continuación sin pausa alguna. Cualquiera que estuviera en las “Marchas de la oposición [rusa]” en Berlín en noviembre de 2024 y en diciembre de 2025 pudo ver el “bloque anarquista” que exigía el envío de armas a Ucrania. Es evidente que, para lograr la victoria militar sobre Rusia, se requiere una producción, un suministro y un uso de armas cada vez mayores. Y, sobre todo, se necesitan cada vez más personas dispuestas a sacrificarse inútilmente en la lucha entre los distintos Estados capitalistas. Ya sea con argumentos anarquistas, feministas, socialistas, religiosos, liberales, conservadores o fascistas. En definitiva, eso da igual; lo importante es que estén armados, entrenados y a disposición para el combate.

Quien aspire a una victoria militar sobre Putin no debe tener interés en que sus compañeros de las unidades de voluntarios de extrema derecha mueran en combate: eso reduce su propia potencia de fuego. Para quien, en el bando ruso, considere que lucha “contra el fascismo”, también resulta inconcebible pensar en neutralizar a las “empresas militares privadas” o al grupo “Rusich”. Cuando se trata de la soberanía nacional, los bandos políticos se unen al instante. La guerra es una cuestión nacional, y los ciudadanos del Estado no se atreven a anteponer sus intereses particulares o sus preferencias partidistas a ella. Y vosotros participáis en ello.

Quizá los “anarquistas” que van a la guerra como parte del ejército ucraniano se convenzan a sí mismos de que luchan y matan no por el Estado, sino por el pueblo. Pero eso no mejora las cosas. El “pueblo” es una comunidad forzada. El pueblo ucraniano existe porque existe el Estado ucraniano, y no al revés. Lo mismo ocurre con el pueblo ruso, el bielorruso y cualquier otro “pueblo”, independientemente de cómo se defina: por origen, lengua, cultura o ciudadanía.

Mientras exista el capitalismo como sistema mundial, seguirá habiendo países como Sudán y Siria, Ucrania y Armenia, Grecia y Bolivia. No se puede abordar el mundo en todas partes como se hace en los Estados ricos. La forma en que la Unión Europea y la OTAN, Rusia y China tratan a Estados como Ucrania es inequívoca: la población local, la tierra y todo lo que en ella crece o se puede extraer, deben estar al servicio de la multiplicación de la riqueza del capital. No está claro qué capital concreto —el ruso o el alemán, el estadounidense o el chino— mostrará luego interés por ello o considerará que en otro Estado soberano todo esto se puede obtener más barato. Lo que sí está claro es que, para los Estados con una economía fuerte, las zonas situadas más allá de sus propias fronteras resultan cada vez más interesantes para su propio crecimiento económico. Todo el mundo de los Estados soberanos debe poner a disposición de su capital mercados, lugares de producción y ámbitos de inversión. Este es el punto en el que coinciden los intereses de los Estados. El crecimiento capitalista es inconcebible sin violencia entre Estados. Si no logramos un consenso teórico sobre esta cuestión, la acción conjunta resulta imposible y carece de sentido. Quien se indigna porque Putin recurre a la violencia contra Ucrania, pero no se da cuenta de que el dictado de la austeridad también es una forma de violencia, no ha entendido nada del dominio capitalista. Quien considere que hay que frenar las aspiraciones imperiales de Rusia, pero al mismo tiempo acepte como norma la subordinación del mundo a los intereses de los Estados capitalistas gobernados democráticamente, no es en nada mejor que quien atribuya a los imperialismos de Rusia o China algo “antiimperialista”. Quienes están dispuestos a “comprender a Putin” y quienes abogan por el suministro de armas son las dos caras de una misma moneda. Trazar una línea divisoria con ellos no es dogmatismo. Es absolutamente evidente que aquí se persiguen objetivos totalmente diferentes.

Organizaciones como la CNA de Bielorrusia han adoptado una postura muy clara. La lucha armada por el “mal menor” se percibe como una fuente de experiencia, se ensalza por todos los medios y se convierte en el principal punto de diferenciación con respecto a quienes “no hacen nada en la práctica”. Mientras el Estado lleva a cabo redadas contra los jóvenes que quieren eludir el servicio militar, debemos centrar nuestra atención en las “hazañas” de un pequeño grupo de anarquistas, en lugar de apoyar a los desertores y a quienes eluden el servicio militar de todas las partes beligerantes. Ellos mismos saben perfectamente que, por sí solos, no son capaces de hacer frente al ejército invasor.

Al mismo tiempo, la CNA de Dresde no escatima en propaganda: “Puedes ser Sara Wagenknecht, que está en contra de la guerra y a favor del imperio ruso. Puedes ser un soldado ruso que, con las armas en la mano, lucha contra la guerra en Ucrania, comete genocidio y mata a cientos de personas inocentes, porque cree que la paz solo puede alcanzarse mediante la aniquilación total del pueblo ucraniano. Puedes ser un intelectual de izquierdas occidental que se opone a la guerra porque así lo dicen los libros, pero, en realidad, la revolución social y la guerra no son para él más que palabras vacías de todo significado” (Sin embargo, en los últimos años hemos aprendido que estas sencillas palabras pueden interpretarse de diferentes maneras, dependiendo de la parte del mundo o del bando político del que procedan las personas).

Pero, ¿por qué de repente el Estado-nación es mejor que un imperio? ¿De dónde sacas que Rusia aspira a la “destrucción total del pueblo ucraniano”? Luchar y matar por orden del Estado ucraniano, que debe reformarse para adaptarse al mercado mundial: ¿qué tiene eso que ver con una revolución social?

Sí, Alexander Kolchenko, que también firmó este llamamiento, estuvo en una cárcel rusa. Nadie puede criticarle por estar en contra del dominio de Putin. Pero ya es hora de que hablemos en serio de que, durante el juicio, entonó el himno nacional de Ucrania y gritó “¡Gloria a Ucrania!”. El “nacional-anarquismo” bajo la bandera ucraniana o cualquier otra bandera nacional es algo distinto a la solidaridad con las personas que sufren a causa de la política de Rusia. Si consideráis que el Estado-nación es una buena respuesta a la discriminación, deberíamos ponernos de acuerdo entre nosotros sobre qué significa concretamente “dominio”.

En la esfera pública tampoco faltan voces de Europa del Este que abogan por continuar la guerra a cualquier precio. Entre ellas, las de los “anarquistas”. Máxim Butkevich, que, como anarquista, se convirtió en oficial del ejército ucraniano, recorre Europa haciendo campaña a favor del envío de armas. La política de los “Verdes” Marina Weisband se considera “anarquista en lo más profundo de su corazón”, pero para ella eso significa, concretamente, insistir en la guerra hasta la victoria final.

Ya basta. Por favor, no nos habléis de “privilegios” y “westplaining” mientras en Ucrania se asesina a los desertores en la frontera.

Alexander Ametistov

Traducción al español: https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2026/07/27/los-anarquistas-del-ejercito/



 Terremotos en Venezuela:

No es la fatalidad la que hay que incriminar, sino al capitalismo y el Estado burgués

 

 

 

En la tarde del miércoles 25 de junio, a las 18h04, dos terremotos, a menos  de un minuto de intervalo, sacudieron la  zona centro-norte de Venezuela. Su epicentro tuvo lugar en la localidad de Morón a 168 kilómetros, al oeste de Caracas que, junto con la Guaira, fueron los lugares que sufrieron más daños y destrucción en toda Venezuela. Al momento en que escribimos la cifra de los terremotos es de más de 1900 muertos, cifra que evidentemente a medida que pasa el tiempo incrementa su monto cuyo número real se calcula probablemente en decenas de miles de víctimas: según la ONU hay 50 mil desaparecidos. Por su parte la NASA, según sus observaciones satélites ha estimado que más 50 mil edificios habrían sido destruidos o severamente dañados.

 

En 2019, una geógrafa venezolana, Virginia Jiménez Díaz, advertía en una entrevista a “El Pais” de España (1) que esta ciudad, [La Guaira, ndr] estaba en la misma situación de riesgo que hace dos décadas (2): “Los desastres los construimos todos los días” (3) (...) “Esto ocurre porque la institución es débil, [léase: corrupción]. (...) “La construcción de la vulnerabilidad tiene mucho que ver con la ineficiencia del Estado” [léase: otra vez corrupción e incompetencia]. En el capitalismo, todas estas tragedias anuncian su aparición mucho antes de que ocurran.

Después del terremoto de Caracas en 1967, las normas de construcción antisísmicas fueron establecidas de manera muy estricta, sin embargo faltaba que fueran respetadas, lo que aumenta los costos para la construcción de estas estructuras cada vez más altas y complejas. También, después del “deslave”, numerosas viviendas a destinación, esencialmente de la  población proletaria, fueron construidas. Eran de mala calidad y construidas en terrenos frágiles, incluso sobre aquellos que fueron devastados por las intensas lluvias de aquella época. Estos desmanes se traducen hoy en cientos de miles de víctimas entre heridos, muertos, gente en la calle y sin donde caerse muerta. ¡Fueron viviendas criminalmente mal hechas y mal concebidas. hecho que solo se hizo posible disminuyendo los costos de producción tanto de empresas privadas como de organismos públicos! ¡Fueron crímenes cometidos bajo las leyes capitalistas, bajo la ortodoxia y criterio del dinero!

 

Luego de la catástrofe, los organismos del Estado consagrados a las tragedias de este tipo, eran  desesperadamente insuficientes; en muchos lugares sus habitantes al pie de los edificios derrumbados esperaban cruelmente las herramientas y el personal para comenzar a excavar y tratar de salvar el mayor número de gente atrapada entre los escombros de donde a veces se oían voces de personas pidiendo ayuda. En muchos lugares los habitantes trataban de hacer lo imposible pero sin medios adecuados... realizando a mano pelada lo que en realidad necesitaba de medios técnicos y maquinarias adecuadas para estos casos. Otros se dedicaron a saquear farmacias y comercios diversos para paliar la situación que se volvía terriblemente caótica a medida que pasaba el tiempo y las autoridades, que no daban señal de existir, no se acercaban a las zonas siniestradas.

 

 Incapaz de ayudar a las víctimas que expresaban claramente necesidades urgentes, el gobierno decidió “militarizar” la zona de la Guaira, y otros sitios. Policías y militares solo miraban atentos a aquellos que pudiesen utilizar los derrumbes para robar las posesiones de los difuntos, nada de agarrar un pico y una pala para ayudar a los sobrevivientes a buscar sus familiares desaparecidos, sepultados bajos las ruinas: demostración suplementaria de que el Estado burgués, incluso “bolivariano”, que mantiene a los proletarios en una situación de supervivencia precaria, y cuya política ha provocado la huida en masa de más de siete millones de venezolanos, entre proletarios y clases medias bajas, artesanos, pequeños empresarios, los llamados emprendedores, etc. incluso en el mismo momento en que se vende de manera descarada a los intereses estadounidenses (4) ¡se encuentra todavía más motivado por la defensa del orden capitalista que por la vida de la población!

 

En estas casi tres décadas de gobierno chavista, aparte de las apariencias y la propaganda que muchos reputados intelectuales de izquierda le otorgaron, de gobiernos como el de China, que creyó y prestó ingentes cantidades de dinero, este nunca organizó proyectos y movimientos reales de defensa contra las catástrofes llamadas naturales, sino que por el contrario permitió, por ejemplo, violentas expediciones hacia el norte del amazonas, utilizando medios técnicos de altísimo incremento para extraer todo tipo de minerales incluyendo el coltán, oro, tierras raras, hierro, bauxita; hiriendo en el corazón a una naturaleza virgen que pudiese ser explotada sin crear mayores desequilibrios entre el hombre y la naturaleza, entre la sociedad y el medio ambiente, como  no ocurre hoy...

 

Después de inundaciones catastróficas en España, escribíamos: «La clase proletaria, padece el mundo burgués, tanto en las catástrofes como en la paz cotidiana, tanto en las riadas como en el trabajo, donde aporta miles y miles de muertos cada año para sacar la producción adelante. Pero por el mismo motivo, porque está en el centro del mundo capitalista, porque tiene la producción de toda la riqueza social en sus manos, porque constituye la mayor parte de la población en todos los países, puede deshacerse de la clase burguesa y aniquilar su mundo, abriendo la puerta a un futuro donde la verdadera abundancia, el verdadero equilibrio del ser humano en tanto ser natural con el medio, llegue por fin. Ése es, sin duda, el futuro, ésa es la verdadera fuerza (hoy sólo potencia, mañana real) de la clase proletaria. Pero para alcanzar ese futuro, para mostrar su verdadera fuerza, debe retornar al terreno de la lucha de clase, debe combatir contra las clases enemigas, tanto en lo que se refiere a la defensa de sus intereses inmediatos, los relacionados con la supervivencia más elemental, como en el enfrentamiento político general contra el dominio político y social de la burguesía» (5)

 

¡Mañana, los proletarios revolucionarios vengarán a todas sus víctimas derrocando el Estado burgués e instaurando su poder dictatorial para arrancar de raíz el capitalismo asesino!

 

 


 

(1) https://elpais.com/chile/2026-06-26/por-que-se-han-derrumbado-tantos-edificios-en-el-terremoto-de-venezuela-el-duro-aprendizaje-de-chile.html

(2) Hace dos décadas se produjo el deslave que fue un inmenso aluvión: mezcla de agua y barro desprendida de las cimas de las montañas aledañas a la ciudad portuaria, luego de dos semanas de lluvias ininterrumpidas, que sepultó miles de viviendas y sus habitantes. Tragedia inhabitual y desconocida ocurrida en  la Guaira en 1999.

(3) Se refiere a la construcción desordenada de favelas y ranchos al estilo de Río de Janeiro, lo que implica todo tipo de improvisación, ignorancia y poco respeto por la ingeniería, etc.

(4) Trump declaró el 25/6 en su red social Truth Social que los EE.UU. iban a ayudarar a sus “nuevos grandes amigos”, al mismo tiempo que bloqueaba el nuevo intento de entrada a Venezuela Maria Corina Machado, ganadora del premio nobel de la paz y líder  pro-estadounidense tradicional de la oposición venezolana, por lo visto ya no es tan “grande amiga” como el gobierno bolivariano de Dele Rodríguez: Esto da a los RE. UY. lo que quieren, al tiempo que mantiene el orden burgués...

(5) «El único responsable del catastrófico aluvión en el Levante es el capitalismo», procinto, 30/10/2024

 

3 de julio de 2026

 

 

Partido Comunista Internacional

Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program

www.pcint.org



 

COMUNICADO DE PRENSA DE EMERGENCIA 21/06/2026 SOBRE EL ESTADO DE SALUD DEL HUELGUISTA DE HAMBRE ARISTOTELI HANTZI


* NdR: Aristotelis Hantzis es un activista y miembro de la comunidad okupa de Prosfygika en Atenas, Grecia, que inició una huelga de hambre para protestar contra la amenaza de desalojo y demolición de su barrio autogestionado por parte del Estado griego. 

DETERIORO RÁPIDO DE SU SALUD


SE HACE UN LLAMAMIENTO A TODOS LOS ORGANISMOS COMPETENTES PARA QUE ATIENDAN LAS DEMANDAS DEL HUELGUISTA DE HAMBRE

El huelguista de hambre se encuentra en el día 137 de la huelga y está extremadamente delgado, pesando solo 36,2 kg y habiendo perdido el 44% de su peso corporal inicial, con un IMC del 13,3%. Está exhausto, con hinchazón en ambas extremidades inferiores e incapacidad para mantenerse de pie, lo que limita considerablemente su movilidad. Además, tiene dificultades para hablar. Su estado de salud se ha deteriorado rápidamente en los últimos días.

Los análisis hematológicos muestran hipourea sérica, hiperuricemia, hipoglucemia sintomática y transaminasas elevadas con rabdomiólisis. El examen neurológico revela ausencia de reflejos tendinosos en las extremidades inferiores, en el contexto de desnutrición, y entumecimiento diario en las mismas, lo que provoca trastornos de la marcha con incapacidad para moverse.
Los episodios de hipotensión ortostática y taquicardia al ponerse de pie, así como el malestar intenso con fatiga, han empeorado, afectando gravemente su funcionalidad, mientras que coexisten trastornos graves del sueño. Además, se observan alteraciones electrocardiográficas persistentes a diario, que predisponen a arritmias fatales.

El huelguista de hambre corre, con cada día que pasa, un riesgo cardiovascular y metabólico cada vez mayor, con peligrosas complicaciones inminentes para su vida.

 
Sus demandas expresan las demandas colectivas de la Comunidad:

    • CANCELACIÓN INMEDIATA DEL CONTRATO POR PARTE DE LA REGIÓN DE ÁTICA.

    • Que todos los refugiados permanezcan en sus hogares, en el lugar y la zona donde residen y donde mantienen vínculos sociales, culturales y organizativos.

    • Otorgar garantías tácticas para la rehabilitación de los refugiados a través de la organización urbana sin ánimo de lucro «Residentes y Amigos de los Refugiados L. Alexandra A.M.K.E.» con sus propios fondos. ¡Ni un euro de dinero público para la «rehabilitación» de los refugiados!

 
El huelguista de hambre declara que no tiene intención de dejar de ayunar, a pesar de los riesgos para su salud, hasta que se cumplan sus demandas.

Tras 137 días de huelga de hambre y ante el constante deterioro de la salud de Aristóteles Chantzis, la responsabilidad de cualquier complicación, incluso un desenlace fatal, recae sobre las partes involucradas en el contrato, con la Región de Ática y todos los organismos competentes a la cabeza. El encubrimiento sistemático de la huelga de hambre por parte de la mayoría de los medios de comunicación, así como el silencio cómplice del gobierno y los organismos competentes, contribuyen a empujar al huelguista de hambre a la muerte.
 

Como profesionales de la salud, hacemos un nuevo llamamiento a todos los organismos competentes para que tomen medidas y satisfagan de inmediato las demandas de la huelga de hambre.

George Vatides, Patólogo Especialista - Especialista en Cuidados Intensivos
Hakan Gürvit, Profesor de Neurología
Zeki Gül, Patólogo Especialista
Şebnem Korur Fincancı, Profesora de Medicina Forense
Grupo de Solidaridad de Médicos

#antireportaje #salvemosprosfygika #prosfygikahungerstrike



 

– G7 en Evian –

¡Contra el imperialismo y sus guerras: por un retorno a los métodos y orientaciones de la lucha de clase!



El G7, un selecto grupo de las naciones liberal-democráticas más industrializadas del mundo, creado en 1975 para recuperar la hegemonía sobre las potencias petroleras, celebra su cumbre este año en Évian. Al igual que en sus inicios, se desarrolla hoy en el mismo contexto de guerra por el control de las materias primas, con la notable diferencia de que los conflictos y las luchas de poder ya no se expresan únicamente a través de guerras comerciales, sino también mediante guerras militares sistemáticas; además, ya no se trata solo de petróleo, sino de muchas otras materias primas, incluidas las tierras raras, igualmente estratégicos para la propia dominación de las potencias imperialistas.

A través de sus diversas reuniones internacionales, el capitalismo busca crear la ilusión de poder controlar las enormes fuerzas económicas que genera y resolver los conflictos armados que esto provoca mediante la paz negociada. Las crisis y guerras que marcan su historia revelan lo contrario. Así, la crisis de 2008, un acontecimiento clave del G20, provocó un fuerte colapso de la economía global. Para salvarse a sí mismos, los Estados – cuando supuestamente no tenían ni un céntimo para el proletariado – no tuvieron más remedio que inyectar cientos de miles de millones de dólares en sus economías, creando así condiciones de competencia aún más intensas y, potencialmente, convulsiones políticas, económicas y, sobre todo, militares aún más devastadoras. En estos momentos de pánico, la retórica sobre el liberalismo se dispara tan rápido como se desploman los índices bursátiles. No nos engañemos: no existe el neoliberalismo ni el hiperliberalismo, ni el postindustrialismo ni el postcapitalismo, ni ningún otro artilugio intelectual producido por academias eruditas o premios Nobel de Economía. Cualquiera que sea la etiqueta que le pongan los académicos, y en todos los continentes, el capitalismo reina tiránicamente en su fase final: el imperialismo (Lenin).

La sociedad burguesa, fundada en la producción de mercancías, solo puede sobrevivir creando una cantidad cada vez mayor de productos, que se transforman en una masa de capital cada vez mayor, pero que luego lucha por encontrar compradores. Bajo esta competencia exacerbada, las condiciones de intercambio alcanzan un punto crítico que empuja inexorablemente a cada empresa, a cada nación, a desangrar aún más al proletariado para extraer aún más plusvalía.

El capitalismo, envuelto en múltiples velos intercambiables – democrático, teocrático o autocrático –, representa una amenaza para la humanidad, de hecho, para toda ella. Ciertamente, nació como una fuerza progresista para derrocar los antiguos regímenes feudales y los privilegios que frenaban su desarrollo, pero desde hace mucho tiempo no es más que una fuerza contrarrevolucionaria con una misión absoluta: su preservación por cualquier medio necesario y en contra del proletariado.

Para supuestamente reducir los “desequilibrios mundiales” y crear “un espacio para el diálogo entre las grandes potencias”, ha establecido todo tipo de órganos de “coordinación”, de los cuales el G7 es uno de los más representativos. Tras la exclusión de Rusia (que sigue siendo miembro del G20), ahora reúne al pequeño grupo de Estados democráticos burgueses en un conflicto por el reparto del mundo entre Estados Unidos, China y Rusia. Ya sea en el G7, en los recién llegados países del bloque, en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), en la Comunidad Económica de la ASEAN (CEA) o en otros foros, el discurso es siempre el mismo: aunar intereses para regular mejor las ambiciones de los distintos países o grupos de países. Pero, ¿pueden coexistir lobos, zorros, hienas o chacales cuando la pierna de cordero se vuelve demasiado pequeña?

Para el presidente francés Macron, el G7 es una institución capaz de actuar para restablecer la calma en un mundo donde: “Profundos desequilibrios amenazan la estabilidad de la economía mundial: competencia depredadora, disminución de la solidaridad internacional, escasa inversión privada en los países en desarrollo, etc. Esto genera fuertes tensiones comerciales y geopolíticas. La economía internacional ya no es un campo de cooperación, ni siquiera de competencia feroz: se ha convertido en un escenario de confrontación donde las ambiciones de poder y dominación se expresan mediante la fuerza y la coerción. Estos desequilibrios tienen un impacto directo en la capacidad de todos los países para crecer y desarrollarse” (1).

La burguesía ya no puede ocultar al proletariado la realidad de la crisis capitalista que está devorando su nivel de vida y sumiéndolo en una inseguridad económica y social permanente. Pero ante este hecho evidente para todo proletario, no le queda sino tejer una densa cortina de humo de ilusiones sobre la construcción de un diálogo entre las naciones poderosas para mitigar conflictos y guerras y regresar a una situación “equilibrada” donde todo el mundo discuta amistosamente con todo el mundo, para bienestar de todos. Promueve el retorno al “derecho internacional”, que ha sido aletargado por los propios imperialismos dominantes, principalmente Estados Unidos, como solución a todos los males. Sin embargo, olvida mencionar que el “derecho internacional” solo cobra existencia cuando la historia consolida el equilibrio de poder y establece – siempre mediante la guerra – una división del mundo que se mantiene estable durante un tiempo. Hoy, el viejo reparto, el de Yalta, hace tiempo que se ha desmoronado, y los rivales imperialistas del capitalismo se encuentran en el campo de batalla, librando guerras para reconquistar, mantener o expandir su cuota de mercado. La guerra por la división del mundo ha regresado, y el “derecho internacional” tendrá que esperar su turno hasta que se designen los futuros vencedores.

Desde esta perspectiva, las tensiones se concentran en regiones donde los intereses de las distintas partes chocan intensamente. Estas tensiones se manifiestan en enfrentamientos donde la población civil es bombardeada, aterrorizada y exterminada, y donde el proletariado sirve de carne de cañón para defender los objetivos de sus burguesías nacionales: la guerra ruso-ucraniana, las guerras en Oriente Medio que involucran a Israel, Estados Unidos, Palestina, Líbano e Irán, las guerras en Sudán y la República Democrática del Congo, sin mencionar los conflictos mortales donde fuerzas imperialistas antagónicas se enfrentan indirectamente a través de ejércitos o milicias interpuestas.

Hoy, en medio de la cacofonía de discursos sobre la paz, los valores democráticos y los derechos humanos, entrelazados con los de teóricos de la convergencia de luchas entre minorías multiclasistas, es crucial reafirmar el marco de principios que debe guiar al proletariado hacia su emancipación histórica y la sociedad comunista. El proletariado debe retomar su lucha de clase y su organización, independientemente de las fuerzas esterilizantes del oportunismo y el reformismo. ¡El proletariado debe recuperar la confianza en su propia fuerza de clase!

Contra el encauce bárbaro que conduce a una nueva guerra mundial para definir un nuevo orden imperialista, no existen soluciones diplomáticas posibles, ni una vía pacífica alternativa.

La única forma de transformar radicalmente la sociedad actual es mediante la destrucción violenta del capitalismo. Esto implicará necesariamente el derrocamiento de los Estados burgueses a manos de la revolución proletaria y el establecimiento de la dictadura del proletariado, una fase transitoria destinada a eliminar las categorías de este modo de producción mercantilista – el trabajo asalariado, la producción de plusvalía como su razón de ser, el mercado, el dinero, la usura, etc. – y a permitir posteriormente el establecimiento del comunismo, una sociedad humana sin trabajo asalariado, sin clases, sin explotación ni opresión, y por lo tanto, sin guerra. Solo bajo la dirección del partido de clase del proletariado se puede librar esta lucha histórica; la historia lo ha demostrado de forma concluyente en numerosas ocasiones. El proletariado es la fuente de la acumulación de riqueza y, por ende, del poder de la burguesía, pero también es su sepulturero.


¡Por la reanudación de la lucha de clase y el retorno a los métodos y orientaciones clasistas!

¡Al pacifismo, opongamos nuestro antimilitarismo de clase!

¡Al militarismo burgués, opongamos la fuerza del internacionalismo proletario!

¡Viva el internacionalismo y la solidaridad proletaria contra todos los imperialistas!

¡Por la revolución comunista mundial!



Partido Comunista Internacional, 

12 de junio de 2026 www.pcint.org


_________

(1) https://www.elysee.fr/G7evian/2026/01/23/les-priorites-du-g7-1




 

BOLIVIA: EN LA ENCRUCIJADA DE LA INSURRECCIÓN Y LA CONTRARREVOLUCIÓN


GUERRA SOCIAL EN EL ALTIPLANO

Las protestas en Bolivia se han recrudecido en las últimas semanas. La normalidad y la paz social añorada eternamente por los capitalistas está rota. Decenas de bloqueos carreteros en rutas estratégicas que conectan La Paz con Cochabamba, Oruro y los pasos fronterizos hacia Chile y Perú, se multiplican sin cesar, pese a la atroz represión de policías, bandas militares y matones a sueldo, a los que el proletariado ha respondido con genuina violencia organizada de clase.

La sociedad de la mercancía, mediante sus chacales voceros y buitres periodistas, se apresura a despotricar su ideologías y odio racial contra los insurrectos. Primero acusando a los rebeldes, de ser todos en bloque partidarios de Evo Morales (manipulados por los resquicios de la ideología MASista) ocultando el hecho de que esta jornada de lucha callejera no es por un personaje obsoleto, sino la respuesta de la clase trabajadora a las condiciones miserables de subsistencia y a las políticas hambreadoras de los títeres de turno que buscan acelerar el saqueo de recursos (agua, litio, tierras, minerales) e imponer más medidas de austeridad.

Mientras tanto, organizaciones que giran en torno la Central Obrera Boliviana (COB), sectores mineros, campesinos y agrupaciones indígenas, endurecieron las protestas y comenzaron a enarbolar como demanda la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Los “dirigentes sociales” (mejor dicho burócratas apagafuegos) denunciaron una creciente “traición del Gobierno hacia las bases populares” y rechazaron las convocatorias oficiales al diálogo. Pero para nosotros, anarquistas-comunistas, toda esa queja es una patraña, no existe tal traición, pues es el natural accionar de la burguesía imponiendo su voluntad para asegurar la continuidad de la dominación del Capital.

Las organizaciones sindicales, lejos de ser un arma de lucha contra el capital, son una herramienta perfectamente integrada al sistema, que sirven de mediadoras y conciliadoras entre la clase dirigente y los explotados, para regular el precio de la fuerza laboral e impedir la clase trabajadora se constituya en fuerza revolucionaria. Otra de sus características nauseabundas, es que cumplen la función de encuadrar la fuerza masiva de la clase en intereses sectoriales, contribuyendo al divisionismo y la fragmentación de la lucha, fomentando la ilusión de que cada sector laboral, raza, etnia, posee intereses particulares desligados del resto.

Al Igual que recientemente ocurrió en Ecuador con la CONAIE (Confederación de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador), que solo sirvió para desgastar, enfrascar y liquidar las movilizaciones, las grandes organizaciones burocráticas “de vanguardia” encargadas de las negociaciones (¿acaso hay algo que negociar con nuestros enemigos de clase?) intentan llevar nuevamente a la clase trabajadora al desfiladero de las ilusiones democráticas burguesas, para que todo siga igual o peor que antes.

El gobierno del mequetrefe Rodrigo Paz se apresuró a negociar acuerdos para dividir el movimiento, con concesiones a algunos de los sectores movilizados. Negoció con las cooperativas, anulando una deuda de 95 millones de bolivianos con la Caja Nacional de Salud y manteniendo el subsidio al combustible. También negoció con el magisterio y con la COB de El Alto, y firmó un acuerdo con los dirigentes de los «ponchos rojos» de La Paz. Esos sectores se retiraron de a poco del conflicto. Fue evidente que algunas de las bases repudiaron a sus líderes por haber firmado.

Nos permitimos citar un fragmento de un texto que circula en la web, que ejemplifica y contribuye a lo mencionado (pese a que no compartimos su perspectiva de “democracia obrera”), demostrando como esas mafias de “profesionales de las luchas y las movilizaciones” son los verdaderos sepultureros de toda tentativa revolucionaria:

Mientras que el 30 de mayo, Asambleas Generales autoorganizadas como la de Patacamaya, con la participación de representantes de las 77 comunidades de la provincia de Aroma, decidieron, al igual que en todo el país, rechazar cualquier diálogo con el gobierno, exigir su renuncia y mantener bloqueos indefinidos, radicalizando la movilización —con 93 bloqueos hoy, frente a los 60 de hace dos días—, la dirigencia de la COB, la principal federación sindical, elude una vez más su responsabilidad y pospone —con el pretexto de la seguridad— la Asamblea General Nacional, donde se debía tomar una decisión hoy: negociar con el gobierno o continuar la lucha hasta su caída. Y en un intento por impedir esta Asamblea, la dirigencia de la COB no ha fijado fecha para la próxima.

La postura de la dirigencia de la COB es clara para todos.

Numerosos comités autoorganizados habían convocado a participar en esta Asamblea para decidir sobre la continuación de la lucha por el derrocamiento del gobierno, y era seguro que obtendrían la mayoría, arrastrando consigo a las bases de la COB. Esto habría transformado efectivamente esta asamblea abierta de la COB en una dirección nacional autoorganizada para la lucha por el derrocamiento del gobierno. La dirección de la COB ha demostrado hoy que no desea derrocar al gobierno y, por lo tanto, no quiere que el actual movimiento insurreccional pertenezca a quienes lo lideran.

Muchos lo consideran una traición.

Al mismo tiempo, esto no sorprende a muchos, dado que la COB ya había traicionado la primera fase del movimiento en diciembre/enero de 2026, y sobre todo, no desanima a nadie porque los comités autoorganizados habían advertido ampliamente sobre lo que probablemente sucedería.

Esto no destruirá el movimiento. Simplemente alentará a los comités autoorganizados a establecer por sí mismos la dirección democrática nacional [SIC!] de la que carece el movimiento y que podría haberse reunido hoy.[1]

Así se las gasta el izquierdismo, el sindicalismo y el ciudadanismo. Hoy te llevan a la huelga, pero antes o durante el proceso ya te han vendido a los voraces conglomerados empresariales y sus familias políticas.

Mientras se siga atrapado en la narrativa que esta lucha es por defender la democracia y la soberanía contra el avance de la ultra derecha y el fascismo, estaremos condenados a que la lucha transcurra sin trastocar las estructuras del sistema capitalista, transitando de simples recambios gubernamentales donde la burguesía nacionalista prepara el terreno para la llegada de burguesías estrafalarias con menos escrúpulos (los Mileis, los Noboas, los bukele, los Trump).

Bolivia posee una gran tradición de combatividad en el terreno de la lucha de clases (desde la insurrección obrera de 1952 a las guerras del agua del 2000 y del gas en 2003). Esta jornada de lucha, ha sido posible gracias a la existencia de una comunidad de lucha (perspectiva de colectividad, redes de apoyo, asambleas, grupos de logística); y queda claro que, aunque la masividad de un movimiento no lo vuelve invulnerable, sin una base social que se arroje a la lucha y se respalde entre sí, la paz social del capitalismo se impondrá de manera más violenta aunque el proletariado se encuentre en una situación de precariedad y miseria extrema (véase el caso de Argentina).

¿Y LUEGO DE LA INSURRECCIÓN?

Por otro lado, cabe aclarar que hoy, la situación de insurrección proletaria en Bolivia no surge en un contexto de revolución mundial, sino por el contrario, acontece en un vórtice de contrarrevolución donde la burguesía se muestra desesperada en su carrera de acumulación de capital —acelerando la guerra, el ecocidio y el control tecnológico—. El accionar de los bloques burgueses que representan los nuevos fascismos y las nuevas derechas, tiende a acelerar las contradicciones de clase pero eso no significa que en automático nuestra clase responda con elocuencia y contundencia a los ataques del capitalismo. Queda claro que no se puede dejar todo a la espontaneidad.

Si la batuta de la lucha es llevada por la reformista Central Obrera Boliviana (COB), tras la decadencia del MAS, es porque en efecto, las condiciones no han madurado lo suficiente para hacer contra peso y llevar adelante una insurrección generalizada que vaya más allá de los límites de la pusilánime democracia y el izquierdismo. No obstante, superar eso, no es algo que dependa específicamente de la mera voluntad de unos individuos o una organización, sino que solo puede ser producto de balances y rupturas dentro del desarrollo mismo de la lucha.

Dos décadas de revueltas en todo el mundo, confirman una vez más que luchar bajo las banderas de los sectores de le izquierda reformista y progresista es condenarnos al estancamiento y a duros golpes que hacen quebrar la moral colectiva del proletariado. No es de sorprender que en Bolivia, pese a que exista en estos momentos una comunidad de lucha proletaria con gran combatividad, existan limitaciones producto de la confusión y la desidia, que albergan el riesgo de llevar la rebelión a un punto muerto.

¿Eso quiere decir que se debe permanecer inmóvil y expectante “hasta que las condiciones estén dadas? Creemos que no. Pese a que sabemos que no estamos siquiera en una fase “pre-revolucionaria”, eso no es el final del camino, ni significa la conclusión de la lucha, ni mucho menos nuestra derrota definitiva.

Los hechos materiales evidencian la lucha proletaria, no como debería de ser, sino como es: contradictoria en medio del caos y la revuelta, con la inevitable injerencia en sus comienzos de sectores interclasistas y reformistas que buscarán sacar provecho de la partida. Nunca surgirá en condiciones idóneas y a nuestra conveniencia. Es por eso que de nada sirve aislarnos en nombre de una pureza revolucionaria. Como agitadores y revolucionarios, debemos alentar al desbordamiento de las mismas organizaciones que han demostrado ser obsoletas para extender la lucha, no para “mejorarlas o cambiarlas desde dentro”, sino para romperlas, superarlas y crear nuestros propios organismos autónomos que respondan a nuestros intereses históricos de clase… así hasta la revolución social.

Es absurdo pensar que después de décadas de descuartizamiento del proletariado y sus estructuras de combate y lucha radical (sea por la represión o la cooptación), este va a desarrollar de la noche a la mañana un aglutinamiento para lanzarse al asalto al cielo con un programa revolucionario en mano y la bandera con la inscripción de Omnia sunt communia. Así no funciona la lucha de clases. No es que primero el proletariado “adquiera conciencia, se haga revolucionario y luego se lance a la lucha”, sino que es en el proceso de la lucha (siempre convulso, complejo, lleno de contradicciones y errores) donde desarrolla su conciencia y revela la perspectiva revolucionaria, o por lo menos, ahí se hacen más evidentes los limites oprobiosos del reformismo, orillándole a replantear los métodos de lucha.

Los sectores que ya están inmersos en las bases de esas organizaciones, que se hayan percatado de que delegar la lucha solo llevará al impase, deberán atender esa problemática y reagruparse para superar esa contradicción.

El gobierno tiene clara su respuesta: estado de sitio, ley mordaza, represión brutal y gatillo fácil para sofocar la revuelta a la brevedad. Pese a los muertos, aún no lo ha logrado y su desesperación aumenta. Pero, ¿Qué hay del otro lado de la barricada? ¿Seguiremos albergando la estúpida esperanza de que otros gobiernos progresistas o el bloque chino-ruso-iraní intervendrán desde fuera para salvarnos? Todos los estados son enemigos del proletariado y tarde o temprano nos aplastarán o entregarán como botín a sus rivales. El proletariado no tiene amigos entre la burguesía; solo cuenta con sus propias fuerzas, memoria histórica y métodos de lucha.

El polvorín sigue pegado a la mecha, las movilizaciones continúan y las asambleas barriales siguen con fuerza, pero no debemos confiarnos. Sabemos que uno de los puntos débiles de toda revuelta es que si se estas se prolongan, suman el peso del desgaste y la desesperación sobre los sublevados. La escasez de productos de primera necesidad, medicamentos e insumos se agrava por los bloqueos y la falta de combustible, y esto es crucial para la continuidad de la resistencia proletaria.

Lo que acontece en Bolivia, debe aportar enormes lecciones a nuestro arsenal en esta guerra de clases. O avanzamos hacia la abolición del capital, del dinero, del mercado, del Estado y de las clases… o prolongaremos nuestra penuria bajo este sistema.

Viva la revuelta proletaria en Bolivia!

Arriba los que luchan!

Ni izquierda ni derecha!

Muerte al Estado y al capital!

Contra la contra – Junio 2026

Notas

[1]  Información citada por Luttesinvisibles.


Posted on https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2026/06/04/bolivia-en-la-encrucijada-de-la-insurreccion-y-la-contrarrevolucion/

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