Mostrando entradas con la etiqueta derrotismo revolucionario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta derrotismo revolucionario. Mostrar todas las entradas

 

Guerra de clases 17/2026: Indonesia, Nepal, Madagascar, Filipinas, Ecuador, Perú, Marruecos… hasta el infinito

 

¡Transformemos la guerra y la paz capitalistas en una revolución social mundial!

«¡El año 2026 ha empezado con fuerza!», escribimos a principios de este año, coincidiendo con la intervención militar estadounidense en Venezuela. Aprovechando este enésimo episodio de belicismo, recordamos que, durante años, nosotros y otras minorías comunistas hemos afirmado que el mundo se encamina inexorablemente hacia una guerra mundial generalizada, que todos los burgueses que nos explotan ven como la solución a la crisis (económica, social, política…) inherente al modo de producción y acumulación capitalista. Y la guerra en Ucrania no nos desmentirá. Tampoco las matanzas en la Franja de Gaza. Ni siquiera los recientes acontecimientos en Venezuela… ¡Y hoy, apenas dos meses después, podemos añadir a Irán a esta sombría lista!

En general, lo que observamos es una militarización mundial de la sociedad, tanto física como mental, un rearme generalizado, el desarrollo de propaganda belicista y la designación de un "enemigo" (siempre el bando burgués del otro lado) y, por lo tanto, también una represión contra el proletariado y sus intentos de defender sus propios intereses como clase explotada (¡y por lo tanto revolucionaria!), tanto sus intereses inmediatos como históricos.

Y una vez más, presenciamos las mismas campañas burdas para movilizar al proletariado bajo banderas que no son la suya: se nos pide que elijamos entre la peste y el cólera, que elijamos un bando burgués sobre otro, un “mal menor” sobre uno “peor”… ¡O el bando del “imperialismo” o el del “antiimperialismo”, sabiendo que este último también es imperialismo, el del bando “opuesto”! Hubo un tiempo en que se nos pedía que defendiéramos al “pueblo” vietnamita, palestino o chileno contra el “imperialismo yanqui”. Y hace apenas dos meses, todas las facciones de la izquierda internacional nos ordenaban defender (más o menos) “la patria y el socialismo” al estilo bolivariano… ¡hoy se supone que debemos “jugar otra ronda” defendiendo la causa contra la “agresión estadounidense-israelí” en Irán, considerado el centro regional del “eje de la resistencia”!

Ante esta situación antagónica, solo podemos afirmar una vez más que el proletariado no tiene, nunca ha tenido, ni tendrá jamás una patria que defender, que el socialismo o el comunismo o la anarquía, en resumen, una sociedad sin clases, sin Estado, sin dinero, sin propiedad, sin explotación… no se construirá defendiendo a una facción burguesa supuestamente progresista (o “antiimperialista”) contra otra facción burguesa supuestamente conservadora o reaccionaria (o imperialista). ¡Ni Trump ni Maduro! ¡Ni Putin ni Zelensky! ¡Ni Netanyahu ni Khamenei! ¡Ni Estados Unidos ni Venezuela! ¡Ni Rusia ni Ucrania! ¡Ni Israel ni Irán ni Palestina! ¡Ni Tsahal ni Artesh! ¡Ni la izquierda ni la derecha!

Y aunque esto “escandalice” a algunos, no tememos decirlo alto y claro: ¡Ni el ISIS ni Rojava! No es que equiparemos a estas dos entidades, pero ambas son productos y agentes del capital. Una, a través de su “dictadura teocrática”, se constituyó y autoproclamó como el “Estado Islámico”; y la otra, a través de su dictadura igualmente democrática, que en ningún sentido afecta a la propiedad privada ni al valor, y que, más allá de un modelo predominantemente y ostentosamente basado en asambleas, desarrolla, no obstante, todos los aspectos del Estado (¡el “protoestado” de Rojava, como algunos afirman!). Y esta última está obviamente dispuesta a entablar todo tipo de compromisos y alianzas con todas las facciones burguesas posibles, ¡con la posible excepción del ISIS!

Ni el proletariado venezolano, que lleva décadas luchando (recordemos el Caracazo de 1989 y sus 3.000 muertos), ni el proletariado iraní, que ha protagonizado al menos cinco grandes levantamientos en los últimos ocho años, con quizás 30.000 víctimas en el más reciente en enero de 2026, necesitan la intervención estadounidense para deshacerse de su propia burguesía, de sus propios explotadores: la «boliburguesía» en Venezuela, el «régimen del mulá» en Irán. Y nuestra clase luchadora no necesita ningún tipo de pseudo «solidaridad internacional» que consiste precisamente en defender a una facción local de la burguesía mundial contra otra. Nuestra única respuesta es la lucha de clases, la solidaridad internacionalista con todos los sectores del proletariado que luchan contra su propia burguesía: solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Venezuela contra la burguesía bolivariana, solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Irán contra la burguesía de los mulás, solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Palestina contra la burguesía de la Autoridad Palestina y Hamás, solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Rojava contra la burguesía nacionalsocial-liberacionista…

Ante la implacable marcha hacia la guerra mundial generalizada que nuestros enemigos, todos nuestros enemigos, nos preparan, el proletariado solo tiene una respuesta que proclamar con vehemencia en el escenario de la prehistoria humana: ¡Derrotismo revolucionario contra todos los campos burgueses! ¡Transformemos la guerra y la paz capitalistas en una revolución social mundial!

 

 


 VER COMPLETO:

GUERRA DE CLASES 17/2026: https://www.autistici.org/tridnivalka/class-war-17-2026-indonesia-nepal-madagascar-philippines-ecuador-peru-morocco-ad-infinitum/ 

___________

  • Algunas reflexiones sobre el papel de las revueltas en nuestros tiempos.
  • Preguntas para la Huelga Nacional de 2025 en Ecuador
  • ¡La Generación Z irrumpe en Marineford!
  • ¡Indonesia, para el Programa Máximo!
  • Ni Tsahal ni Artesh
  • ¡Apoyamos a nuestras tropas... cuando disparan contra sus oficiales!
  •  

     

    CONTINÚAN LAS DESERCIONES EN LOS FRENTES DE LA GUERRA ENTRE RUSIA Y UCRANIA

     

     

    El ejército silencioso de Ucrania: los desertores ucranianos alzan la voz

    Aunque la deserción masiva de personal de las Fuerzas Armadas de Ucrania ya se ha convertido en uno de los mayores actos de desobediencia civil en la historia del país desde 1991, los medios de comunicación extranjeros guardan un silencio casi total al respecto. Desde finales del año pasado, el número de causas penales en virtud del artículo 407 (abandono no autorizado de una unidad militar, o SZCh) y del artículo 408 (deserción) del Código Penal de Ucrania se ha mantenido estable en aproximadamente 17 000 al mes. En los primeros ocho meses de 2025, se registraron 142 711 procedimientos penales en virtud de estos artículos, y desde el inicio de la invasión a gran escala, hasta el 1 de septiembre de 2025, se han registrado un total de 265 843 casos en Ucrania.

    Para reducir al menos en cierta medida este flujo, el Parlamento ucraniano apoyó el 4 de septiembre, en primera lectura, el proyecto de ley n.º 13260, que restablece la responsabilidad penal para los desertores del servicio militar. Anteriormente, era posible evitar el enjuiciamiento regresando voluntariamente al servicio militar. Esta disposición se prorrogó varias veces hasta que expiró el 30 de agosto. Ahora, el proyecto de ley propone eliminar la capacidad del tribunal para aplicar medidas atenuantes. En su entrevista de septiembre con Sky News, el carnicero supremo declaró que Ucrania ya no envía a su personal militar a entrenarse al extranjero, donde tantos soldados desaparecieron de los campos de entrenamiento y recibieron protección. Sigue leyendo

     

    Los líderes burgueses se preparan para la guerra,

    ¡Preparémonos para la guerra de clases!



    Los anuncios de la inminente introducción por parte de los Estados Unidos de elevados aranceles aduaneros sobre las mercancías europeas, después de los ya vigentes sobre las canadienses, mexicanas y chinas, acompañados de las declaraciones antieuropeas de Trump y sus colaboradores más cercanos (como la petición de anexionar Groenlandia, territorio bajo dominio danés) provocaron consternación entre los líderes europeos ante la amenaza de una guerra comercial. Pero la decisión de Trump de obligar a Zelensky a detener los combates, incluso suspendiendo de un día para otro los envíos de armas y la información de la «inteligencia» estadounidense a Ucrania, y de negociar un acuerdo de paz directamente con Rusia, sin involucrar a los europeos, supuso, para ellos, un verdadero shock: hasta entonces, la posición de los líderes europeos, reiterada por todos los medios de comunicación, era la de apoyar a Ucrania, junto con Estados Unidos, «hasta la victoria» de sus ejércitos; cualquier idea de alto el fuego antes de alcanzar este objetivo era denunciada casi como una traición a favor de los rusos.

    Los líderes de la burguesía europea se reunieron rápidamente para asegurar a Zelensky su apoyo inquebrantable, pidiendo a su vez un alto el fuego (!), antes de que el presidente ucraniano, en acto de reparación y disculpándose con los estadounidenses, afirmara estar dispuesto a trabajar «bajo la firme dirección del presidente Trump» y firmar un acuerdo unilateral que concedería a Estados Unidos una parte significativa de los minerales del país.

    En el momento de la independencia (1991), alrededor del 30 % de la industria bélica de la antigua URSS estaba localizada en Ucrania; en este sector operaban unas 700 empresas ucranianas, que daban empleo a más de un millón de personas. Pero las graves dificultades económicas imposibilitaron las grandes inversiones que habrían sido necesarias para reorganizar esta industria, privada repentinamente del mercado soviético, y para modernizarla. Tras caer en una profunda crisis durante años, la industria militar ucraniana ha experimentado un renacimiento gracias a las cuantiosas inversiones estatales a partir de 2014 (fecha de la anexión de Crimea por parte de Rusia y de los primeros enfrentamientos en el Donbass): en vísperas de la guerra con Rusia, en 2021, el presupuesto militar de Ucrania había aumentado un 1300 % con respecto a 2014. Hoy en día, hay unas 500 empresas industriales en el sector de armamento en el país (sin contar más de mil «start-ups») que emplean a casi 300 000 personas. Antes de que la guerra limitara sus ventas de armas al extranjero, Ucrania era el undécimo mayor comerciante de armas del mundo, justo después de España. Todo esto demuestra la realidad y el poder del complejo militar-industrial ucraniano, que no puede dejar de influir en la política de guerra de este Estado (1). Sin embargo, para librar la guerra, Ucrania depende en gran medida de los suministros militares occidentales, procedentes principalmente de Estados Unidos, que disponen así de un medio decisivo para ejercer presión sobre ella: a pesar de sus declaraciones, los Estados europeos no son capaces de sustituir el apoyo estadounidense. Ante la imposibilidad de continuar la guerra hasta el último ucraniano, los líderes europeos han reaccionado anunciando una aceleración sin precedentes de los gastos militares, que ya estaban aumentando considerablemente, y multiplicando las declaraciones bélicas.

    En Alemania, el 5 de marzo, los socialdemócratas del SPD y los conservadores de la CDU-CSU acordaron someter a votación en el Parlamento, sin esperar a la toma de posesión del nuevo gobierno salido de las elecciones, una ley destinada a eliminar la disposición constitucional que limita el déficit presupuestario; esto permitirá aumentar el gasto militar hasta casi 100 000 millones de euros al año, el doble de la cantidad actual (además de aumentar la inversión en infraestructuras del país), mientras se avanza en el restablecimiento del servicio militar obligatorio. En Gran Bretaña, el primer ministro había anunciado el 25 de febrero que el gasto militar, ya el segundo más alto de Europa, aumentaría del 2,3 al 2,5 % del presupuesto en 2027, el «mayor aumento del presupuesto militar británico desde el final de la Guerra Fría», y que debería alcanzar el 3 % en 2030. En Francia, el 20 de febrero Macron había estimado que el gasto militar podría aumentar hasta el 5 % del presupuesto (frente al 2,1 % actual) y en su declaración televisiva del 5 de marzo reiteró, sin dar cifras, que había que emprender más gastos militares «lo antes posible». En Italia, el presupuesto previsto para gastos militares aprobado el pasado mes de octubre para 2025 indicaba un total de 32 000 millones de euros (+12,4 % con respecto a 2024 y más del 60 % con respecto al decenio 2016-2025). Esto significa que en 2025 Italia gastará 7 000 millones más que en 2024 y, según el plan ReArm Europe de 800 000 millones en el cuatrienio 2025-2028, gastará 17 000 millones más en 2026, 27 000 millones más en 2027 y 37 000 millones más en 2028, es decir, 88 000 millones de euros más en total respecto al 1,5 % del PIB actual (2).

     

    En el caso de España, que es el país de la OTAN con el presupuesto militar más bajo (no llega al 1,6 % oficial en las cuentas del Ministerio de Defensa, si bien supera ampliamente esta cifra teniendo en cuenta los “gastos ocultos” que se disimulan en las cuentas de otros ministerios pero que responden realmente a Defensa) el presidente Pedro Sánchez se ha comprometido a aumentarlo, para 2029, a 32.000 millones de euros, lo cual implicará colocarse en el entorno del 2% que exigen sus socios europeos (3).

    El 6 de marzo, los líderes de la UE aprobaron el plan de la Comisión Europea de 800 000 millones de euros para «rearmar Europa», etc. Para completar el cuadro, añadamos que los británicos y los franceses han declarado estar dispuestos a enviar soldados para garantizar un alto el fuego en Ucrania y que los franceses han propuesto extender su «paraguas nuclear» a otros Estados europeos (4). El aumento de los gastos militares y el «apoyo a Ucrania» se justificaron ayer con el argumento de que era necesario asegurar la victoria de Kiev y castigar a Rusia por sus violaciones del derecho internacional y sus crímenes de guerra: todos han visto que en el caso de Israel las violaciones del derecho internacional y los crímenes de guerra no han supuesto ningún «castigo» por parte de los países europeos, que en realidad han sido cómplices, porque los estados burgueses respetan la ley solo si sirve a sus intereses. El fuerte aumento adicional de los gastos militares anunciado con gran alboroto y el clima belicista difundido por los medios de comunicación se justifican hoy en día por la inminente amenaza que Rusia representaría para Europa en el probable caso de un cese de los combates en Ucrania y en la perspectiva de una retirada de los Estados Unidos (5).

    Lo absurdo de los argumentos utilizados por esta propaganda burguesa no puede ocultar el hecho de que el capitalismo se está moviendo inexorablemente, a escala internacional, hacia enfrentamientos militares de «gran intensidad», algo de lo que todos los Estados burgueses son conscientes. La perspectiva de un tercer conflicto mundial, resultado inevitable en algún momento de las crisis capitalistas, se está volviendo cada vez más concreta, aunque todavía no es inminente. Si los Estados Unidos de Trump quieren detener la guerra en Ucrania, no es por amor al «paz», sino porque, tras ver el fracaso de la guerra actual, buscan redirigir sus fuerzas hacia Asia, donde le espera un enfrentamiento decisivo con China. Los Estados europeos, que ya no tienen la certeza de mantener la alianza con los Estados Unidos, se están preparando a gran velocidad para poder desencadenar una guerra «por su cuenta». Y esta preparación no consiste sólo en el aumento de los gastos militares; consiste también y sobre todo en la regimentación de la población en general y de los proletarios en particular en torno a la unión nacional, es decir, en la defensa de los intereses del capitalismo nacional: los proletarios y los explotados están llamados a aceptar sacrificios, a renunciar a defender sus intereses de clase en nombre de la defensa de la patria antes de ser llamados, si es necesario, a derramar su sangre. Los proletarios pagarán los gastos militares adicionales en forma de reducción de los gastos sociales, que no son un regalo del Estado burgués, sino que forman parte del salario «diferido», ese salario no pagado directamente que ahora se utilizará para pagar los gastos militares: ¡la economía de guerra es ante todo guerra contra los proletarios!

    Si no quieren ser super explotados hoy y servir de carne de cañón mañana, los proletarios deben negarse a someterse a las exigencias burguesas. Es posible oponerse a los sacrificios en beneficio exclusivo del capitalismo, tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, a condición de luchar por la defensa intransigente de los intereses proletarios. La negativa a la mortal unión nacional, la oposición a la paralizante colaboración entre las clases en nombre de la defensa de la patria, el retorno a la verdadera lucha de clase, basada en medios, métodos y organización clasistas, permiten unir a los proletarios de todas las nacionalidades contra el capitalismo y los Estados burgueses, con la perspectiva de derrocar este sistema de miseria, explotación y guerras y abrir el camino a la sociedad sin clases y sin Estados, el comunismo.

    La burguesía se prepara para la guerra para defender el capitalismo, ¡preparémonos para la guerra de clases para poner fin al orden burgués!


    Partido Comunista Internacional (El Proletario)- https://www.pcint.org/

    9/3/2025



    (1)Datos del SIPRI, 22/2/25 (https://www.sipri.org/commentary/topical-backgrounder/2025/transformation-ukraines-arms-industry-amid-war-russia ). A modo de comparación, en Francia operan directa o indirectamente en el sector de armamento entre 2.000 y 4.000 empresas, que emplean en total a 210.000 personas.

    (2)https://www.milex.org/2024/10/30/esplosione-per-le-spese-militari-italiane-nel-2025-a-32-miliardi-di-cui-13-per-nuove-armi/https://tg24.sky. it/mondo/2025/03/05/rearm-europe-spese-italia

    (3)https://es.euronews.com/my-europe/2025/03/07/que-efectos-tendra-en-espana-el-aumento-del-gasto-militar-como-pide-bruselas

    (4) Pero Zelensky afirmó el 29 de enero que sería necesario desplegar «un mínimo» de 200 000 soldados europeos para garantizar la paz, algo imposible para los ejércitos europeos...

    (5) Por ejemplo, el 19 de febrero, el primer ministro danés justificó el anuncio de un gasto militar masivo que debería superar el 3 % del presupuesto a finales de año con el temor de un rápido alto el fuego en Ucrania «porque podría dar al presidente Putin y a Rusia una mejor oportunidad [...] de movilizarse de nuevo y atacar a Ucrania o a otro país de Europa».

     

    ¡Proletarios “en el frente interno”!
    ¡Camaradas!

    En muchas partes del mundo, el capitalismo está reactivando su maquinaria bélica principal para masacrar a miles y miles de proletarios. Se les bombardea y acribilla sin tregua, se les mata deliberadamente de hambre y se les priva de agua, se les obliga a dispararse, apuñalarse o gasearse en las trincheras, se les viola, tortura y mutila…

    Cuando nuestra clase se enfrenta a esta carnicería, a esta horrible intensificación de la inhumanidad de la sociedad capitalista, ¡su única reacción es negarse a someterse a ella! Esto nos sale de las entrañas y al mismo tiempo es la expresión de nuestros intereses históricos de clase.

    Por eso, poco después del comienzo de la guerra en Ucrania, empezaron a aparecer “incidentes” a ambos lados del frente. Los soldados de ambos ejércitos intentan cada vez más escapar al reclutamiento y evitar ser enviados al frente. Se esconden cuando pueden, y si son reclutados a la fuerza en unidades militares, intentan escapar y abandonar sus posiciones a la primera oportunidad. La situación ha llegado tan lejos que los generales ucranianos se quejan de la “desintegración total de la disciplina del ejército”. Lo mismo está ocurriendo, aunque desgraciadamente a menor escala, en otros conflictos interburgueses en Oriente Medio, Sudán y otros lugares. Tanto en Ucrania como en Rusia, oficiales del ejército y reclutadores militares han sido atacados por sus “propias” tropas.

    Pero, ¿qué podemos hacer nosotros, como proletarios que vivimos en los territorios “pacíficos” del “frente interno”, para apoyar concretamente la lucha de nuestros hermanos de clase uniformados que se rebelan contra la guerra capitalista y vincularla concretamente a nuestras propias luchas? ¿Aunque tengamos la suerte de vivir lo suficientemente lejos de la “zona de la muerte” como para no sufrir los bombardeos, los misiles, la ocupación militar o la presencia de bandas ambulantes de matones de las “unidades especiales”?

    Nuestras vidas siguen viéndose afectadas a diario por los recortes del “gasto social”, el deterioro de las condiciones laborales y la intensificación de la explotación, la subida de los precios de la vivienda, los alimentos, la energía y otros medios de supervivencia, el aumento del control social y la represión y la militarización general de la sociedad.

    Por supuesto, esto no es nada nuevo; también conocemos esta miseria en tiempos de “paz” capitalista y luchamos contra ella con la misma intensidad. Pero durante la guerra o los preparativos intensivos para la guerra, el capital y su Estado deben concentrar una parte cada vez mayor de la producción en lo que se conoce como “economía de guerra”. Es decir, producir rápidamente armas, municiones y vehículos militares, combustible, raciones alimenticias, etc. para gastarlos con la misma rapidez en el proceso de masacrar a los proletarios, es decir, ¡al resto de nosotros! Y como cada Estado tiene que hacer esto más rápidamente y a mayor escala que el “enemigo”, esto crea una inmensa presión para hacernos trabajar cada vez más arduamente, por más tiempo y con menos medidas de seguridad, etc. Al mismo tiempo, el Estado tiene que redoblar su propaganda a favor de la nación y de la santidad de “la Patria”, “la democracia” y “la libertad” para convencernos de que nos sacrifiquemos por los intereses del Capital, los cuales nunca pueden ser los nuestros.

    La primera respuesta a la pregunta de qué hacer es: ¡rebelarnos contra nuestra propia explotación! Mediante huelgas, ocupaciones, bloqueos y sabotajes de autopistas y ferrocarriles, saqueos de mercancías y su redistribución entre la clase, etc. en tiempos de guerra, atacamos la producción, valorización y reproducción del Capital necesario para el esfuerzo bélico. Pero también, al afirmar nuestros intereses de clase en oposición a los intereses de la clase dominante, ¡desbaratamos su cuento de hadas de la “unidad nacional”! Nuestros enemigos de clase también tendrán que enviar más policías y soldados para intentar reprimir nuestras luchas – y no podrán ser utilizados para ahuyentar a los desertores y refugiados, para imponer la movilización, para vigilar las fronteras… y su lealtad al Estado no es un hecho. Después de todo, los motines en el ejército ruso en febrero de 1917 se desencadenaron cuando los soldados recibieron órdenes de sus oficiales de reprimir a los trabajadores en huelga en Petrogrado.

    Para que nuestro ataque a la maquinaria bélica sea directo y eficaz, debemos concentrar nuestra actividad subversiva en varias áreas:

    Desorganización de la infraestructura militar, como almacenes de municiones, ferrocarriles, puertos, aeropuertos y las carreteras utilizadas para llevar tropas y equipo militar a los frentes.

    Podemos inspirarnos en nuestros hermanos y hermanas proletarios de los colectivos que han estado saboteando los ferrocarriles en Bielorrusia y Rusia desde el comienzo de la guerra para impedir el transporte de suministros militares al frente.

    Los estibadores de Génova y Trieste en Italia y del Pireo en Grecia también bloquearon el envío de armas y municiones a Ucrania, Israel o para los bombardeos estadounidenses en Yemen.

    Perturbación del reclutamiento militar, la conscripción y la “busificación” de reclutas para el frente. Tanto en Ucrania (Transcarpatia, etc.) como en Rusia (Daguestán, etc.), los cerdos y las patrullas militares que vienen a detener a los hombres reclutados a la fuerza se enfrentan a sus familiares y amigos enfadados.

    Si vivimos en países más alejados del frente, el Estado ha utilizado hasta ahora o bien tácticas de reclutamiento “voluntario” y de manipulación nacionalista, como los programas de educación patriótica llevados a cabo en Francia y Polonia, por ejemplo, o bien planes de servicio militar obligatorio. Si buscamos inspiración sobre qué hacer, señalemos la larga tradición de protestas y disturbios contra los reclutadores militares y los “asesores de carreras militares” en las universidades estadounidenses, que se remontan a las llamadas guerras de Vietnam y del Golfo y llegan hasta la reciente guerra de Gaza.

    ¿Por qué los reclutadores militares, los propagandistas nacionalistas o los buenos ciudadanos que delatan para el Estado y denuncian la resistencia de clase antimilitarista – aquellos que nos obligan a sacrificarnos por el “bien de la nación” –, por qué a estos compinches se les debería permitir vivir sus vidas en paz y con seguridad? ¡Tratémoslos como nuestro movimiento de clase ha tratado siempre a los soplones y esquiroles! ¡Los chivatos no duran mucho tiempo!

    ¡Ayudemos a escapar a los desertores, escondámoslos y pasémoslos de contrabando a través de las fronteras, pero también organicemos nuestra lucha con ellos! Ya existen redes en Rusia y Ucrania que ayudan a los soldados a escapar del ejército, y tenemos que vincularlas con nuestras propias redes de lucha. Eso significa contactos seguros, teléfonos seguros, hogares seguros, recaudación de fondos…

    La historia de la lucha de clases nos muestra que la única manera de oponerse realmente a la guerra capitalista, no a favor de continuar nuestra miseria en la paz capitalista, sino por la destrucción de toda la sociedad de miseria y explotación, y por lo tanto por el fin de todas las guerras, ¡es cuando la revuelta de los proletarios en el frente y la lucha de los que están en el “frente interno” se unen prácticamente!

    Recordemos la experiencia de los proletarios en Irak durante la llamada primera guerra del Golfo de 1991, cuando los desertores del ejército, muchos de los cuales habían conservado sus armas, se reunieron tanto en los humedales del sur como en las montañas del norte, ¡donde organizaron con militantes obreros la insurrección contra el Estado!

    Frente a la catástrofe capitalista mundial, ¡la revolución es nuestra única perspectiva!
    ¡Volvamos nuestras armas contra “nuestros propios” explotadores y “nuestros propios” generales!
    ¡Luchemos juntos contra la guerra capitalista y contra la paz capitalista!
    ¡Transformemos la guerra capitalista en una insurrección de clase mundial por el comunismo!

    _____

    Proletarians “On the Home Front”! Comrades!

    In many parts of the world, right now the capitalism is once again kicking off its inherent war machine to slaughter thousands upon thousands of proletarians. They are being relentlessly bombed and shelled; deliberately starved and deprived of water; forced to shoot, stab or poison each other with gas in the trenches, raped, tortured and mutilated…

    When our class is confronted with this carnage, this horrific intensification of inhumanity of the capitalist society its only reaction is to refuse to submit to it! This is coming from our guts and at the same time it is an expression of our historical class interests.

    Because of that soon after the war in Ukraine started, the so-called “incidents” started popping up on both sides of the front. Soldiers of both armies have been increasingly trying to avoid being drafted and sent to the front. They hide when they can and if they are forced into the military units, they try to escape and leave their positions at first opportunity. It went so far, that the Ukrainian generals complain about “total disintegration of the army discipline”. Same thing is happening, even though on smaller scale unfortunately, in other inter-bourgeois conflicts in the Middle East, Sudan and elsewhere. Both in Ukraine and in Russia army officers and military recruiters have been attacked by their “own” troops.

    But what can we as proles living in the “peaceful” territories of “the home front”, do to practically support the struggle of our class brothers in uniform revolting against the capitalist war and practically connect it with our own struggles? Even if we are lucky to live far away enough from the “kill zone” that we do not suffer from bombings, rockets, military occupation or a presence of roaming bands of “special unit” cut-throats?

    Our lives are still impacted daily by cuts in “social spending”, worsening of working conditions and intensification of exploitation, increase in prices of housing, food, energies and other means of survival, increased social control and repression and overall militarization of society.

    This of course is nothing new, we experience this misery in times of capitalist “peace” as well and we struggle against it all the same. But during the war or intensive preparations for the war, Capital and its State need to concentrate increasing part of the production into so-called “war economy”. In other words, to rapidly produce weapons, ammo and military vehicles, fuel, food rations, etc. only to just as rapidly spend them in the process of mass killing of proletarians – i.e. US! And because each State has to do it faster and more massively than the “enemy”, this creates an immense pressure to make us work always harder, longer hours, with less protection and so on. At the same time the State has to double down on propaganda of the nation and sanctity of “the Motherland”, “democracy” and “freedom” in order to convince us to sacrifice ourselves for the interests of Capital which can never be our own.

    The first answer to the question of what to do therefore is: to revolt against our own exploitation! Through strikes, occupations, blockades and sabotage of highways and railways, looting of goods as well as their redistribution among our class and so on during war time we attack the production, valorization and reproduction of Capital needed for the war efforts. But also, by claiming our class interests in opposition to the interests of the ruling class we subvert their fairy-tale of “national unity”! Our class enemies will also have to send more cops and soldiers to try to repress our struggles – and those will be missing for hunt on deserters and refugees, for enforcing mobilization, for guarding the borders… and their loyalty to the State is not given. After all, mutinies in Russian army in February 1917 were sparked when the soldiers were given a command by their officers to repress striking workers in Petrograd!

    To make our attack on the war machine direct and efficient we need to focus our subversive activity on several fields:

    Disruption of military infrastructure like ammunition warehouses, railroads, ports, airports and roads used to deliver troops and the military material to the fronts.

    We can take inspiration from our proletarian brothers and sisters from collectives sabotaging the railways in Belarus and Russia since the beginning of the war to stop the delivery of military material to the front.

    Also, from port workers in Genoa and Trieste in Italy and in Piraeus in Greece blocking the shipment of weapons and munitions to Ukraine, Israel or for American bombing of Yemen.

    Disruption of military recruitment, draft and “busification” of enlisted men to the front. Both in Ukraine (Zakarpattia and others) and in Russia (Dagestan and others), pigs and military patrols coming to arrest the enlisted men are being confronted by their angry relatives and friends.

    If we live in countries further from the front, the State so far uses either some sort of “voluntary” recruitment tactics, and nationalist manipulation like the patriotic education programs that are being run for example in France or in Poland or projects of compulsory military service. If we look for inspiration of what to do about it, let’s point out the long tradition of protests and riots against military recruiters and “military career advisers” in American universities, going back to the so-called wars in Vietnam, the Persian Gulf up to the recent one in Gaza.

    Why should military recruiters, nationalist propagandists, or those good citizens that snitch for the State and denounce the anti-militaristic class resistance – those that force us to sacrifice ourselves for the “good of the nation” – be allowed to live their lives in peace and safety? Let’s deal with them as our class movement has always dealt with scabs and strikebreakers! Snitches get stitches!

    Helping the deserters to escape, hide them and smuggle them across the borders, but also organize our struggle together with them! There already exist networks both in Russia and Ukraine that help soldiers escape from the army and we need to practically connect them with our own networks of struggle. This means secure contacts, secure phones, safe houses, fund collections…

    History of class struggle shows us that the only way how we can truly oppose the capitalist war, not in favor of continuation of our misery in capitalist peace, but for destruction of the society of misery and exploitation altogether, and therefore to end all wars, is when the revolt of proletarians on the front-lines and struggle of those on the “home front” practically unite!

    Let us recall the experience of the proletarians in Iraq during the so-called First Gulf war of 1991, when army deserters, many of them keeping their weapons, have congregated both in the marshes in the south and the mountains in the north where they organized together with the militant workers the insurrection against the State!

    When faced with a global capitalist catastrophe, the revolution is our only perspective!

    Let’s turn our weapons against “our own” exploiters and against “our own” generals!

    Let’s struggle together against the capitalist war, against the capitalist peace!

    Let’s turn the capitalist war into a global class insurrection for communism!

     

     

    https://rdnetwork.noblogs.org/

     

    Fundraising for deserters and war refugees

     / Česky / Français / PDF /

     

     

    The war massacre in Ukraine continues, affecting populations on both sides of the war line. While Putin’s army bombs Ukrainian cities, the Ukrainian government has turned them into prisons for a significant portion of the local population. People are being maimed, imprisoned, raped and murdered as a result of the actions of the rulers in the Kremlin and Kiev. Let’s not look away. Let’s support those who are affected.


    War and nationalist propaganda are deceiving and manipulating us, while at the same time obscuring important facts. Among other things, for example, the fact that the State borders in Ukraine are closed to men of conscription age. They are guarded by the army, which sends men to prison, shoots them and drowns them in the river when they try to cross the border to safe place. Army gunmen also chase men in the streets to drag them to the front and use them as “cannon fodder”. Yes, this is the same Ukrainian army that is praised by many as if it was a noble form of liberation institution. If we look to Russia, we can see a similarly disturbing reality. For the slightest protest against the war, people end up in prison; forced mobilization has obliged many proletarians to flee or go into hiding. Deserters, saboteurs and conscientious objectors are massacred, judged and imprisoned in Russia, as well as in the Ukraine.

    We do not care how the bourgeoisie justifies this aggression against the working class in Russia and Ukraine. It is necessary not only to condemn and criticize it, but also to give practical support to those who are concerned, i.e. deserters, rebels, saboteurs, refugees, those who avoid forced conscription to the front and many others. It is necessary to stand consistently against Putin’s aggressors, as well as against aggressors acting at the instigation of the Ukrainian Government.

    What can we do, we who currently live outside the war zone? At the very least, we can share resources with those who desperately need them. The Anti-Militarist Initiative (AMI) is therefore launching a public fundraising campaign starting the 1 February 2025. The money raised will support proletarians from Russia and Ukraine who are trying to avoid mobilization, who have deserted, who face repression or are trying to save their lives by fleeing a war zone.

    How to Support the Fundraising?

    1) You can deposit money into the account.

    Payment details:

    IBAN: CZ1955000000001024164477
    Account holder: Historický spolek Zádruha, z.s.
    Bank: Raiffeisenbank
    bank code: 5500
    Swift code: RZBCCZPP

    2) It is also possible to arrange to hand over the money in person in cash.

    3) Fundraising gigs, solidarity parties and dinners, etc. are welcome.

    4) Sharing information about the fundraiser is an important part of the fundraiser. It can be translated into different languages, and sharing a flyer or poster, publishing the appeal on websites, social networks, magazines etc. is also welcome.

    5) We plan to successively publish statements from collectives and individuals who have supported the fundraising. They will explain their motivations and reflections on anti-war resistance. Write your own contribution.

     

    Read more on the blog antimilitarismus.noblogs.org

     

    ¿Cuántos cadáveres más necesitas para entender qué está pasando?


     
     
    El Estado ruso y ucraniano envía a la gente a la guerra para defender el poder de la burguesía rusa y ucraniana. El Estado israelí y Hamás hacen lo mismo con su propia burguesía local. La gente muere por miles bajo las banderas de “sus” estados y movimientos nacionalistas. Se asesinan entre sí por el bien de “sus propios” gobernantes, por el negocio de “sus propios” jefes, por la propiedad y el poder de “su propia” burguesía.

    “Estamos defendiendo la supervivencia de nuestra propia nación”, gritan estas personas, mientras corren hacia su propia destrucción en el campo de guerra. “Estamos luchando por el derecho a la autodeterminación nacional”, cantan a coro, mientras pasan por alto que en todas partes del mundo es la burguesía la que dicta las condiciones de nuestras vidas. No hay autodeterminación en ninguna parte.

    La burguesía en Ucrania determina (es decir, impone y dicta) las condiciones del proletariado local, la burguesía en Rusia hace lo mismo con el proletariado local. Las distintas facciones burguesas del mundo se están uniendo en alianzas transnacionales para competir con sus rivales. ¿Cómo puede alguien creer en la ilusión de que librando una guerra por una de estas facciones la clase obrera puede obtener la posibilidad de autodeterminarse? Entonces, si el proletariado de Ucrania, Gaza o Israel sacrifica suficientes vidas en el frente, ¿la burguesía le dará como regalo la entrega voluntaria de su propio poder y ya no explotará a las masas proletarias?

    La guerra entre estados nunca nos dará la oportunidad de determinar las condiciones libres de nuestra vida. Incluso si el estado “más pequeño y más débil” o “invadido” gana la guerra con la ayuda de los aliados, la dictadura de la burguesía se mantendrá. Ser explotado por la burguesía local y oprimido por el estado local no es una victoria. No es algo por lo que debamos sacrificar nuestras vidas. Sin embargo, algunos están dispuestos a sacrificar cientos de miles de vidas por la ilusión de que la victoria de un estado es importante para la futura liberación de todos los estados. Es uno de los muchos oxímorones de esta gente. En nombre de la lucha contra los estados, nos instan a defender un estado en particular y su ideología nacionalista/democrática. En nombre de la lucha contra la guerra, nos dicen que debemos participar en la guerra. ¿Cuántas personas más tienen que morir en el frente para que estos amantes del oxímoron se den cuenta de que la guerra entre estados no puede traer la paz, que la tiranía de los estados no se puede combatir con la colaboración de los estados, que la explotación capitalista no se puede combatir con alianzas de la clase trabajadora con los capitalistas?

    Los belicistas de ambos lados de la línea de combate utilizan la presión económica, violenta e ideológica para movilizar a la gente para la guerra. Si proclamamos la lucha contra todas las facciones de la burguesía, incluida la lucha contra la burguesía de los estados “invadidos”, nos acusan de ayudar a los estados imperialistas más agresivos y dictatoriales, como si no fuera quizás obvio que también estemos librando la lucha contra ellos al mismo tiempo. Creen que la colusión con tal o cual burguesía y estado local es una cuestión de supervivencia. No tienen en cuenta que la misma burguesía que defienden hace todo lo posible para evitar ser reclutada para el frente, mientras que las autoridades estatales visten a la fuerza a los proletarios con uniformes y los conducen a la muerte en la lucha del frente. Ven que la burguesía “amistosa” utiliza el estado para cerrar las fronteras a los hombres que quieren viajar a salvo. No comprenden que la burguesía no se preocupa de salvar la vida de toda la población bombardeada, sino de obligar a la parte proletaria de la población a derramar sangre para salvar su propio poder, su propiedad y su esfera de influencia económica. Cuando se trata de salvar vidas en una zona de guerra, los proletarios tienen que buscar sin duda otras opciones que alistarse en el ejército.

    Los belicistas, sean capitalistas, nacionalistas o la izquierda del capital, están aterrorizados por la idea de que el estado enemigo gane la guerra, pero no están aterrorizados por los cadáveres de proletarios que la guerra siempre “produce” en ambos lados. No importa bajo qué bandera se sostengan, no importa qué etiqueta ideológica se pongan, debemos repudiar a todos los belicistas. Cuando se nos plantea la pregunta de qué lado tomamos en la guerra, respondemos claramente que tomamos el lado del proletariado en Ucrania, Rusia, Gaza, Israel y en todo el mundo. No elegimos el lado de este o aquel estado en la guerra, sino el lado que se organiza contra los estados. No nos quedamos al margen mientras la guerra masacra a nuestros hermanos y hermanas de clase. Estamos del lado de aquellos que se rebelan contra la guerra y resistimos todos los esfuerzos para arrastrarnos a la guerra. La única manera de detener las guerras es socavar la capacidad de todos los estados para continuar librando guerras.

     

    Traducción al español: https://infoposta.com.ar/notas/13829/cuántos-cadáveres-más-necesitas-para-entender-qué-está-pasando/

     

    Volante internacionalista contra la guerra entre Irán e Israel

    / Español / Français / English / PDF /

     

     

     

    ¡NI CON IRÁN (Y PALESTINA) NI CON ISRAEL (Y EE.UU.)!
    ¡POR LA DERROTA DE AMBOS ESTADOS CAPITALISTAS EN GUERRA!
    ¡POR LA SOLIDARIDAD CLASISTA Y COMBATIVA ENTRE LOS PROLETARIOS DE AMBAS REGIONES, TAL COMO EN RUSIA Y UCRANIA!

     

    Estas consignas expresan hoy la posición invariante de los comunistas internacionalistas frente a esta y a toda guerra capitalista: el derrotismo revolucionario y el internacionalismo proletario. ¿Por qué?:

    ➊ Porque la guerra capitalista siempre se hace contra el proletariado: en este caso, si hoy el Estado burgués de Irán está atacando el territorio dominado por el Estado burgués de Israel es, sobre todo, para someter al combativo proletariado de la propia región iraní; más precisamente, para justificar la represión sobre sus luchas contra la explotación (p. ej. en el sector petrolero y de la salud) y llevarlo al matadero de la guerra “en defensa de la patria”. Lo mismo aplica contra el proletariado de la región israelí que se rehúsa a ir a la guerra de sus patrones asesinos y matar a sus hermanos de clase al otro lado de la frontera (los llamados refuseniks); y, contra el proletariado de la región palestina que protesta contra el gobierno burgués, hambreador y represivo de la Autoridad Nacional Palestina y Hamás. En fin, en toda guerra capitalista los únicos ganadores son los burgueses y los únicos perdedores son los proletarios de cualquier país, ya que en realidad este no es un conflicto de naciones, sino un conflicto de clases llevado al plano internacional.

    ➋ Porque los Estados hacen la guerra para acumular más capital, territorio y poder: en este caso, si hoy el Estado de la burguesía ayatola de Irán (socia de China) y el Estado de la burguesía sionista de Israel (socia de EE.UU.) se están disputando militar y políticamente el territorio dominado por su subordinada, la burguesía islamista de Palestina (y de Líbano), es por el control de la fuerza de trabajo, petróleo y gas, centros industriales, puertos, etc. de toda esa zona geográfica del mercado mundial llamada Medio Oriente. También hacen la guerra como válvula de escape para la crisis capitalista o la caída de la tasa de ganancia y la desvalorización mundial, reactivando la industria y el comercio de armas, repartiendo e invirtiendo el plusvalor extraído a los trabajadores. Tal es el motor económico de toda guerra imperialista. Y esta guerra no es la excepción, con el agravante de que podría convertirse en una guerra nuclear de gran escala.

    ➌ Porque estar a favor de uno u otro Estado capitalista en guerra es caer en la trampa de los falsos bandos, el nacionalismo, el sentimentalismo, la confusión y el oportunismo. Trampa promovida por los medios de desinformación masiva que, para colmo, han hecho de la guerra algo “normal” y hasta un distractor de otras catástrofes cotidianas. Es caer en el terreno de la burguesía y la socialdemocracia. Es una posición antiproletaria y contrarrevolucionaria que debe ser denunciada y combatida como tal, sobre todo contra las variopintas izquierdas del Capital. El “antiimperialismo” y la “liberación nacional” en realidad siempre han sido apéndices de la guerra imperialista y el capitalismo de Estado (mal llamado “comunismo”). Por el contrario, los proletarios no tenemos patria y los comunistas siempre luchamos por los intereses de nuestra clase mundial en contra y más allá de los intereses de cualquier Estado, nación, “pueblo”, religión, etc.

    ➍ Porque bajo el capitalismo no existe “guerra justa” ni “guerra santa” entre naciones. La única “guerra justa” que puede existir es la guerra de clases global para abolir el capitalismo, la guerra y la sociedad de clases misma; esto es, transformar la guerra imperialista en revolución comunista internacional. Evidentemente, faltan muchos desastres, guerras, revueltas e insurrecciones para llegar a ese punto de no-retorno. Mas no por ello es menos verdadero ni necesario en esta época de catástrofe económica, social, ecológica y, para colmo, amenaza inminente de guerra nuclear. Por lo tanto, Comunismo o Extinción.

    ➎ Porque, a pesar de la contrarrevolución mundial que todavía reina, mantener con intransigencia la posición de derrotismo revolucionario e internacionalismo proletario resulta una práctica necesaria, defensiva y clarificadora tanto frente al terrorismo de los Estados capitalistas en guerra como frente al oportunismo confusionista de las izquierdas del Capital que los apoyan. Una práctica defensiva hasta que el proletariado mundial esté en condiciones de pasar a la ofensiva revolucionaria y mandar a todos los Estados, los mercados, las patrias, las guerras y las clases al basurero de la historia. Los proletarios con y sin uniforme de las regiones rusa y ucraniana que hoy vuelven sus armas contra sus jefes militares, que desertan de “sus propios” ejércitos, que protestan contra “sus propios” Estados y que organizan redes internacionalistas de solidaridad con los desertores, son el ejemplo concreto y actual de derrotismo revolucionario. El ejemplo a seguir por los proletarios de Medio Oriente y otras regiones del planeta azotadas por la guerra.

     

    Proletarios Hartos de Serlo
    Región ecuatoriana, Octubre de 2024

     

    [proletarios_internacionalistas] 

    Precisiones sobre el derrotismo revolucionario

     

    El texto que publicamos a continuación es parte del próximo número de nuestra revista
    Revolución, dedicado a la guerra imperialista y al derrotismo revolucionario. Hemos decidido adelantar su difusión, tanto por el retraso que tenemos con la revista, como por la importancia de este
    documento en las discusiones que se están dando en sectores de nuestra comunidad de lucha que asumen las tareas internacionalistas del derrotismo revolucionario.


    Link del pdf:
    https://proleint.org/wp-content/uploads/Precisiones-sobre-el-derrotismo-revolucionario.pdf

    Link para leer en la web:
    https://proleint.org/wp-content/uploads/Precisiones-sobre-el-derrotismo-revolucionario.pdf

      

     

    Recordamos el NUEVO SITIO WEB de Proletarios Internacionalistas:

    https://proleint.org/

    Nuevo mail central: info@proleint.org
     

    Salud.
    Proletarios Internacionalistas


    Precisiones Sobre El Derrot... by Valladolor

     

    [AW2024] Manifestación contra las guerras capitalistas y la paz capitalista

     
     

     
    El colectivo que organiza la Semana de Acción de Mayo en Praga convoca una manifestación contra la guerra el viernes 24 de mayo de 2024 a las 17:00 horas en la plaza Palacký.

    La guerra es un fenómeno que no es sólo teórico, sino que tiene un impacto muy real en la vida de todos. En el orden social actual, no existe una línea divisoria entre la vida en guerra y la vida en paz. Todos estamos en guerra. Sólo difieren las formas en que nos afecta la realidad de la guerra. Algunos viven en la retaguardia, en ciudades bombardeadas, otros son enviados al frente para servir como carne de cañón y otros se ven obligados a vender su fuerza de trabajo, que mantiene girando las ruedas de la economía de guerra. Además, todos somos objeto de propaganda bélica destinada a incitarnos a participar en una u otra forma de guerra. Por último, a todos se nos adoctrina con el supuesto deber de sacrificarnos en la guerra por el bien del país, la nación, el pueblo, la economía, la democracia, la religión…

    Vivamos en Járkov, Praga, Tel Aviv, Madrid, Gaza, Moscú, Budapest, Zagreb, Roma, Berlín o en cualquier otra parte del mundo, ninguno de nosotros vive fuera del contexto de la guerra. Por lo tanto, debemos oponernos a la guerra desde esta posición. Debemos actuar como una fuerza internacional colectiva que siente el impacto de la guerra pero que también dispone de los medios para detenerla.

    Pero no queremos reunirnos para plantear exigencias a los políticos, a sus partidos y a sus instituciones. Sabemos muy bien que todos ellos son parte del problema y que ninguna solución puede venir de ellos.

    No queremos intentar acercarnos a las fracciones “progresistas” o democráticas de la burguesía, porque sabemos que son los capitalistas quienes inician las guerras y son ellos quienes se benefician de ellas.

    No queremos pedir que se equipe mejor al ejército de tal o cual Estado en nombre del apoyo al “mal menor”, porque la historia nos ha enseñado que los conflictos se desescalan subvirtiendo la maquinaria bélica, no alimentándola.

    No queremos hacer un llamamiento a la paz dentro del capitalismo, porque sabemos que la paz capitalista sólo es una preparación para otras guerras, aún más destructivas que las anteriores.

    Queremos reunirnos para que se oigan las voces de los más afectados por la guerra. Queremos que la reunión física sirva de foro y de herramienta organizativa para fortalecer a la comunidad enfrentada no sólo a las guerras, sino también a sus causas: el capitalismo, sus Estados y sus ideologías. Queremos contribuir a organizar la resistencia a las mismas.

    Las guerras son un fenómeno global al que respondemos movilizándonos internacionalmente. No nos limitamos a ninguna región o idioma, por lo que la manifestación contará con voces en checo, inglés, alemán, ruso, ucraniano y posiblemente otros idiomas, que podremos utilizar para articular nuestras posiciones y defender una acción colectiva contra la guerra.

     

    – Viernes 24 de mayo de 2024
    – Praga – Palackého náměstí (cerca de la estación de metro Karlovo náměstí)
    – A partir de las 17:00

     

     

    >> [AW2024] CONGRESO CONTRA LA GUERRA / PRAGA / 24 al 26 de mayo de 2024 /

    >> SEMANA DE ACCIÓN / PRAGA / 20. – 26. 5. 2024 /

    ___________

     

     

    Contra la guerra imperialista ruso-ucraniana, la respuesta solo puede darla el proletariado en Rusia, en Ucrania y en Europa con su lucha de clases, contra el veneno belicista de sus respectivas burguesías,de sus intereses nacionales, y contra el opio pacifista


     

    La operación militar especial que el imperialismo ruso desencadenó contra Ucrania para impedir su ingreso en la OTAN, su incorporación al frente occidental euroamericano, como ya habían hecho las antiguas repúblicas populares de Europa del Este, se ha convertido en una guerra que dura ya más de dos años con trágicas consecuencias para la población ucraniana y para la rusoparlante del Donbass y Crimea, así como para los soldados rusos enviados al matadero para defender los intereses imperialistas de las oligarquías que gobiernan en Moscú. Hasta la fecha, según las estimaciones oficiales de los distintos gobiernos, los muertos y heridos entre rusos y ucranianos ascenderían a más de 500.000: una enorme carnicería, mientras que una gran parte del sudeste de Ucrania ha quedado destruida.

    Todos los medios de comunicación y gobiernos occidentales afirman que las causas del conflicto que estalló en Ucrania hay que buscarlas en la voluntad de las oligarquías o de los potentados que quieren dominar otros países e incluso el mundo, destruyendo el curso pacífico del desarrollo empresarial defendido por la democracia de la que los Estados Unidos de América y los países de Europa Occidental, empezando por Gran Bretaña, Francia, Alemania y detrás de ellos todos los demás, se proclaman campeones absolutos. Así pues, si estalla una guerra, es porque esa "dictadura", esa "autocracia", ese "totalitarismo", en definitiva los nuevos Hitler y Mussolini lo han querido... Por parte rusa, la causa del conflicto habría que buscarla, en cambio, en la política nazi y militarista de Ucrania, apoyada por Estados Unidos y los países europeos de la OTAN, que quieren cercar, debilitar y aislar a Rusia poniendo en peligro su seguridad nacional. A falta de tales argumentos, siempre están dispuestos a sacar otro: el "terrorismo internacional", islámico por supuesto...

    Pero las causas de esta guerra, como de todas las guerras, hay que buscarlas en el desarrollo del capitalismo imperialista, que mantiene a todos los países del mundo en un abrazo mortal. El capitalismo, para desarrollarse, necesita atacar con todo tipo de violencia, tanto virtual (política, diplomática, cultural, religiosa) como cinética (económica, financiera, militar), a cada país porque representa un mercado potencial para sus mercancías y capitales, un punto de fuerza, o de debilidad, en el choque de intereses que cada Estado burgués defiende con todos los medios, y el militar no es ciertamente secundario.

    Tras el colapso de la URSS, todos sus países satélites se separaron para dejar de depender del poderío militar y económico de Moscú; pero, en la fase imperialista del capitalismo, si un país se separa de un bloque de potencias es porque, inevitablemente, acaba en el bloque contrario, bien porque busca protección y apoyo a sus propios intereses nacionales, bien porque los intereses económicos y financieros de cada capitalismo nacional están cada vez más entrelazados con los intereses económicos y financieros de las grandes potencias que dominan el mercado internacional, bien porque las potencias imperialistas, aunque divididas en varios bloques de intereses, no pueden dejar ningún rincón del planeta fuera de su control.


    Fase de desorden mundial

    El derrumbe de la URSS significó, al mismo tiempo, una crisis general del orden mundial constituido al final de la segunda guerra imperialista mundial, crisis que, sobre todo en Europa -donde el condominio ruso-estadounidense había garantizado, hasta cierto punto, la reconstrucción de posguerra y el desarrollo "pacífico" y acelerado de los capitalismos nacionales, bajo el control, en todo caso, de las bases militares estadounidenses especialmente en Alemania e Italia- puso en cuestión todos los puntos de equilibrio construidos hasta entonces. Y también significó, por supuesto, la desaparición de la alianza militar del Pacto de Varsovia, constituida en su momento en oposición a la alianza atlántica, es decir, a la OTAN. Desaparecida la fuerza militar que representaba el Pacto de Varsovia, queda la de la OTAN -que hace años se dio incluso por muerta- como único amo con armas nucleares en Europa y, de facto, dueño de Europa. Así, los Estados Unidos, habiendo emergido como los verdaderos vencedores de la segunda guerra imperialista mundial y habiendo forjado y dirigido la "reconstrucción de posguerra" en Europa, reforzando el peso de su imperialismo desde Europa hasta el Extremo Oriente, se presentaron al mundo como los garantes del capitalismo mundial y de su orden económico y político, en el que incluso la Rusia post-estalinista acabó insertándose abiertamente, confesando con los hechos que había acabado definitivamente con el falso socialismo de marca estalinista.

    La fase de guerras que hasta entonces había afectado a los demás continentes, en las que rusos y estadounidenses se enfrentaban mediante luchas de "liberación nacional", acabó por abarcar también el continente europeo: las guerras de los años 90 en la antigua Yugoslavia, con la intervención directa de la OTAN, por tanto de Estados Unidos, marcaron el inicio de una nueva fase de agresión de los imperialismos estadounidense y europeo en zonas en las que el imperialismo ruso había tenido una influencia decisiva. Y la extensión de la OTAN a los países de Europa del Este es una prueba más de que los imperialismos norteamericano y europeo occidental no tenían, ni tienen, ningún interés en dar al imperialismo ruso el tiempo y el espacio para reconstituir su antiguo poder en Europa. Todo imperialismo está hambriento de un cada kilómetro cuadrado de territorio económico sobre el que pueda ejercer su dominio y, dada la situación mundial existente desde hace más de un siglo, toda crisis que sume a la economía capitalista en la recesión y la barbarie empuja a los imperialismos más fuertes a devorar kilómetros cuadrados de territorio económico arrebatado a sus adversarios más débiles, sin usar necesariamente sus propias tropas terrestres, sino, sobre todo, su propio capital. El ataque a la "soberanía" de Ucrania en realidad fue llevado a cabo simultáneamente tanto por Moscú como por Washington, Londres, Berlín, París, política, económica, financiera y, finalmente, militarmente. La OTAN, traicionando sus promesas a Moscú tras el colapso de la URSS de que no englobaría a los países vecinos de Rusia, se ha lanzado en su lugar bajo sus muros. Hasta la fecha, después de haber incorporado a casi todos los antiguos satélites de Moscú en Europa del Este entre 1999 y 2020, sólo Bielorrusia y Ucrania permanecen fuera de la OTAN. Ni que decir tiene que Ucrania es el bocado estratégico más importante y es lógico que Estados Unidos haya apostado por ella desde el colapso de la URSS, contando también con los contrastes nacionalistas que caracterizan sus respectivas historias. ¿Podría Rusia -tanto si el gobierno está presidido por Putin como si lo está por cualquier otra figura- permanecer tranquila con un frente continuo de bases militares de la OTAN con misiles atómicos en su frontera occidental? Ni que decir tiene que la respuesta es no, y es aún más negativa ahora que Finlandia, que limita con Rusia en el extremo norte, se ha unido a la OTAN, arrastrando también a Suecia tras de sí. La maniobra europea de cerco de Rusia es, pues, casi completa. Ucrania, de momento, debido sobre todo al curso de la guerra con Rusia, sigue en la cuerda floja.

    ¿Podría haber sido el curso de la guerra ruso-ucraniana diferente del que está demostrando ser últimamente, a saber, una guerra que allana el camino para otras guerras en Europa y en todo el mundo?

    Poco más de un mes después de la invasión militar de las tropas rusas en territorio ucraniano, el 24 de febrero de 2022, Kiev y Moscú, según los medios de comunicación internacionales, estaban a punto de negociar un tratado por el que Kiev se comprometía a no entrar en la OTAN, a no entrar en la Unión Europea y a cesar la represión de las poblaciones rusófonas del Donbass concediéndoles una autonomía real, como se había prometido en los tratados de Minsk. Según estos tratados, parecía posible que el conflicto -que de hecho había comenzado ocho años antes con las represiones de Kiev contra los movimientos rusófonos del Donbass y la anexión de Crimea por Moscú- no se extendiera como lo hizo en realidad y, sobre todo, que no implicara directamente a las potencias de la OTAN, aunque no en términos de envío de tropas, sino de un conspicuo apoyo militar y financiero. Fueron Londres y Washington los que detuvieron a Zelensky, con promesas de enorme y continuo apoyo incluso de los países de la OTAN, de financiación de miles de millones y suministros de armamento moderno, hasta el punto de que lanzaron una vasta campaña de propaganda sobre el peligro de que Rusia, tras haber invadido Ucrania, procediera a invadir toda Europa; una campaña de propaganda en la que se afirmaba la posibilidad de poner de rodillas a la economía rusa mediante una serie de sanciones económicas y financieras y, por último, de derrotar militarmente a Rusia recuperando todos los territorios que había ocupado, incluida Crimea.

    Todos los portavoces de los belicistas euroamericanos siguieron propagando un apoyo eterno al belicista ucraniano, para derrotar militar y económicamente al belicista ruso; todos los portavoces occidentales siguieron hablando de una guerra que duraría mucho tiempo porque harían todo lo posible por aislar y derrotar a Rusia, empujándola de nuevo dentro de las fronteras de la Federación Rusa de 1992 y destruyendo su economía. Las cosas han resultado de otro modo: las sanciones han llevado a la crisis a la economía rusa, pero no la han doblegado, mientras que sus exportaciones de petróleo, gas, cereales y otras materias primas -aunque en menor cantidad que antes y a precios más bajos- a otros mercados (especialmente China e India) han continuado, y el aumento de la producción de armamento se ha iniciado no sólo para reponer las existencias de los ya utilizados y aún por utilizar en la guerra de Ucrania, sino también con vistas a nuevos frentes de guerra, como por otra parte están haciendo todos los grandes países imperialistas, empezando por Estados Unidos que, sólo para 2024, ha elevado el presupuesto del Pentágono a 886.000 millones de dólares, seguido por los países de la Unión Europea, China, India y Japón. Así pues, en el horizonte mundial se vislumbra un futuro de guerra declarada.

    Al igual que durante la pandemia del Sars-Cov2 fueron las multinacionales farmacéuticas las que se embolsaron miles de millones de beneficios al precio de más de 16 millones de muertos entre 2020 y 2021, durante la guerra ruso-ucraniana y la posterior guerra de Israel contra Hamás y los palestinos, como en todas las demás guerras, son las grandes multinacionales del armamento las que amasan beneficio sobre beneficio, mientras que las políticas sociales que durante muchas décadas constituyeron, con sus castillos de amortiguadores sociales, la columna vertebral de la política colaboracionista de los países capitalistas más avanzados y de las organizaciones sindicales y políticas del proletariado, han comenzado a encogerse cada vez más a favor de la política militarista. La guerra es parte integrante del desarrollo capitalista y parte indispensable de la política exterior de todo imperialismo. Nunca habrá paz mientras subsista el capitalismo; todo alto el fuego y todo período de paz que sigue a períodos de guerra no son más que treguas para reorganizar la reanudación de la guerra o la guerra siguiente.

    La guerra burgués-imperialista no sólo causa muertos, heridos e inválidos entre los soldados y las poblaciones civiles afectadas, específicamente para desmoralizar a los soldados en el frente, sino que también provoca consecuencias a largo plazo de miseria y devastación; y mientras que en los países imperialistas, cuando sus territorios nacionales no se ven directamente afectados por la guerra, la paz adquiere la apariencia de una vida social y laboral "normal", en los países donde, por el contrario, se producen constantemente conflictos entre imperialismos, se produce una situación de inseguridad general, miseria y hambre, y el inevitable fenómeno de las migraciones forzadas -desde África, Oriente Medio, Asia Central y Extremo Oriente, la propia América Latina- adquiere dimensiones bíblicas.


    El opio pacifista

    Frente a la carnicería de muertes de civiles en Ucrania y Palestina, se ha alzado una vez más la voz del pacifismo, de esa ideología que, dirigiéndose a los propios artífices de la guerra, les pide que paren la guerra, que dejen de masacrar a civiles indefensos, que depongan las armas y se sienten a una mesa para acordar una tregua e iniciar negociaciones de paz. Ni que decir tiene que el máximo portavoz de esta ideología es el jefe de la Iglesia de Roma, una potencia financiera respetada internacionalmente.

    El horror de la guerra debería impulsar a los gobiernos implicados a detenerla y ponerle fin. En realidad, el pacifismo nunca ha impedido ni detenido la guerra, y por razones materiales muy concretas: la guerra es la continuación de la política exterior de cada Estado hecha por medios militares. ¿A qué responde la política exterior de los Estados sino a los intereses del capitalismo nacional de cada país defendidos por todos los medios, incluidos los militares, por el Estado burgués nacional? ¿Qué es el imperialismo en la era del capitalismo desarrollado sino la política del poder económico y financiero de las mayores concentraciones económico-financieras y de los Estados que defienden sus intereses en todo el mundo? ¿Y cuál es el objetivo de esta política sino repartirse el dominio del mercado mundial en un orden siempre cambiante según la fuerza cambiante de cada Estado?

    La guerra es parte integrante de esta política, no es una opción entre muchas, no puede evitarse porque las clases burguesas dominantes no responden a la "conciencia" de cada uno de sus miembros individuales, sino a los intereses materiales del sistema económico del que son representantes y únicos beneficiarios.

    Mientras imperen los intereses económicos y financieros del capitalismo, ninguna burguesía tiene alternativa: debe defender denodadamente esos intereses por todos los medios, legales e ilegales, pacíficos y violentos, porque de ello depende su propia existencia.

    Por lo tanto, el pacifismo, precisamente porque no cuestiona el sistema económico y financiero capitalista, es completamente impotente contra la guerra burguesa e imperialista. Sin embargo, tiene un papel político y social igual al del reformismo y el colaboracionismo, a saber, el de desviar los movimientos de oposición a la guerra del terreno de clase en el que la lucha de la única clase que no tiene intereses inmediatos e históricos que defender en esta sociedad y en la guerra imperialista -la clase de los trabajadores asalariados, del proletariado- tiene la posibilidad de romper los horrendos ciclos de las guerras imperialistas, convirtiendo la lucha antimilitarista y antiburguesa en el terreno de la revolución anticapitalista y, por tanto, antiburguesa.

    El pacifismo, en realidad, tiene la misma función que el opio: atonta y embota las mentes de las masas proletarias, haciéndoles creer que pueden escapar de los horrores de la zona de guerra viajando a un mundo fantástico e irreal, en el que cada individuo se desprende virtualmente de las relaciones económicas y sociales que lo encadenan a la sociedad, planeando, libre de los dolores del mundo, por encima de ellas; pero destinado luego a caer de nuevo en la espantosa realidad a la que el capitalismo condena a toda la humanidad.



    El futuro del proletariado está en manos del propio proletariado

    El mundo, atrapado en la espasmódica búsqueda del beneficio por parte de concentraciones capitalistas cada vez más gigantescas, derrama también sobre la vida cotidiana de los proletarios de los países burgueses occidentales una lluvia cada vez más intensa de restricciones, despidos, empeoramiento de las condiciones de trabajo e miseria generalizada que afecta a capas cada vez más amplias de una clase proletaria que, desde hace décadas, ha perdido por completo su orientación de clase. Los proletarios del opulento Occidente ya no pueden reconocerse como la clase antagonista por excelencia a las clases burguesas dominantes en sus propios países, ya no pueden extraer de la trágica y creciente miseria que los deprime y asfixia la primera lección social útil para resistir y reaccionar ante la aplastante explotación a la que están cada vez más sometidos: ¡unirse en la lucha común contra el enemigo común, es decir, la clase burguesa de su propio país! La burguesía, al privilegiar a las capas superiores del proletariado, al transformarlas en una verdadera aristocracia obrera, al acostumbrarlas a vivir según el estilo de la pequeña y mediana burguesía (que se apoyan en la pequeña y mediana propiedad privada, y en los privilegios que provienen de la explotación general del trabajo asalariado) se sirve de ello para difundir entre las amplias masas proletarias la ilusión de que pueden elevar sus condiciones de vida colaborando con la patronal, con el Estado patronal, en una palabra con la burguesía dominante, con la clase que las explota, las mata de hambre, las masacra con el trabajo y en las guerras. Y esta colaboración -de la que los sindicatos y los partidos vendidos al capital son los vectores más insidiosos y eficaces- sólo es posible renunciando a la lucha en defensa exclusiva de los intereses de clase proletarios (que son objetivamente opuestos y están en franco contraste con los de la burguesía), renunciando a la lucha con medios y métodos clasistas, es decir, con métodos y medios que no son compatibles ni con la colaboración de clases, ni con la cohesión social, ni con la comunidad de objetivos inmediatos y futuros de la burguesía. La clase burguesa, gracias también a todas las fuerzas sociales colaboracionistas que la apoyan, aumenta así su fuerza, pareciendo así invencible, pero sólo porque la masa proletaria, en lugar de reconocerse como clase antagónica -como fuerza unificada que lucha de forma coordinada por objetivos claramente opuestos a la burguesía-, se ve a sí misma como parte del "pueblo", parte de una "comunidad nacional" en la que ha perdido por completo su identidad histórica de clase.

    Los proletarios, bajo la ilusión de que están mejor protegidos y son más fuertes si se ponen en manos de la burguesía y sus sirvientes, si "participan" en el "bienestar común" renunciando a exigir para sí condiciones de existencia más tolerables a pesar de la explotación, acaban convirtiéndose en bestias de carga, en máquinas al servicio del beneficio capitalista, sólo para ser desechados, arrojados a algún rincón o dejados morir cuando dejan de ser inútiles para la producción de beneficios. Y cuando la crisis económica y financiera coge al sistema capitalista por el cuello, como ocurre cíclicamente, la burguesía intenta salvarse como clase dominante y como propietarios individuales del capital convirtiendo a una parte considerable de sus proletarios en carne de cañón. Así, la guerra de competencia que las burguesías del mundo libran constantemente entre sí, se convierte en una guerra sucia y total contra países que son considerados en ese momento los enemigos a los que hay que derrotar "cueste lo que cueste". Que los costes de la guerra son pagados principalmente por el proletariado y la población civil, tanto de los países amigos como de los enemigos, es cosa sabida.

    ¿Qué impide entonces a los proletarios romper este "contrato social" no firmado, pero validado por la fuerza política, económica y militar del Estado capitalista burgués, para recuperar su independencia y su autonomía de clase?

    El miedo a perder el empleo y, por tanto, el salario; el miedo a quedarse solo y sin ayuda, a tener que proveer sin medios para la supervivencia de uno mismo y de su familia; el miedo a perder los ahorros de toda una vida, la vivienda, los afectos familiares una vez que se ha perdido el empleo y, por tanto, el sustento; el miedo a ser abandonado por las organizaciones sociales y el Estado que antes se habían presentado como los garantes del apoyo en los momentos de dificultad de la economía nacional y empresarial, dificultades que siempre se anunciaron como transitorias, superables, y que, a medida que crecían, exigían nuevos sacrificios. Las décadas de políticas colaboracionistas que han caracterizado la vida política y social de todos los países han acostumbrado a las amplias masas proletarias a delegar la defensa de sus intereses inmediatos en organismos sindicales y políticos que procedían, en realidad, a borrar por completo -después de haberlos transfigurado- los intereses generales e históricos de la clase a la que pertenecen los proletarios, sustituyéndolos por los intereses del "crecimiento económico", de la "competitividad", de la "productividad", de la defensa de la "economía nacional" y de la "patria". Y los proletarios de los países occidentales, como los de Rusia o China, los árabes o latinoamericanos, los orientales o africanos, escuchan con sus propios oídos los mismos llamamientos, las mismas palabras, las mismas 'exigencias' con que la clase capitalista y el poder burgués se dirigen a ellos con el fin de obtener no sólo su colaboración espontánea y convencida (pero dispuestos a obtenerla por la fuerza si se muestran reticentes), sino también el ofrecimiento de sus vidas sabiendo que hoy pueden morir en el trabajo y mañana en los frentes de guerra.

    La burguesía sabe, porque también ella ha sacado lecciones de la historia de las luchas de clases, que el proletariado, más allá de cierto límite, ya no puede soportar materialmente, físicamente, condiciones intolerables de existencia y de trabajo. Sabe que ese poderoso magma volcánico atrapado en las fuerzas productivas representadas por la fuerza de trabajo asalariada no de aquel país o de aquel otro, sino de todo el continente si no del mundo entero, a un cierto nivel de presión social estallará y se abrirán formas de lucha hasta entonces desconocidas, como ocurrió con los communards parisinos en 1871 o con los proletarios rusos en los soviets en 1905 y luego en 1917. La historia de la lucha de los proletarios en París o en San Petersburgo en aquellos años parece tan lejana que ha acabado en el olvido, tanto que la propaganda burguesa ha hecho ensalzando su moderna civilización capitalista y una democracia hecha de bellas palabras -libertad, igualdad, incluso fraternidad- pero concretada en la explotación más bestial que el hombre haya tenido que soportar jamás: incluso a los esclavos se les salvaba la vida, mientras que a los proletarios modernos se les ha hecho tan "libres" que ni siquiera son dueños de su propia vida.

    El horror de las guerras mundiales, el horror de todas las guerras que han tenido lugar en las últimas décadas, amplificado de manera espectacular por los medios de comunicación ultramodernos de la civilización burguesa, es una de las armas de la propaganda burguesa útil para sembrar el miedo, para difundir el miedo, para doblegar a las masas proletarias a las voluntades de sus numerosos torturadores vestidos cada vez más a menudo con trajes y corbatas y dispensadores incesantes de bellas palabras sobre la "libertad" -mientras oprimen a masas cada vez más grandes de seres humanos-. sobre la "lucha" contra la desigualdad y el hambre en el mundo - mientras luchan unos contra otros para aumentar la desigualdad y el hambre de miles de millones de seres humanos en todas partes -, sobre la "paz" - mientras aumentan las guerras convirtiéndolas en una constante en la vida cotidiana de pueblos y continentes enteros -, sobre el "pueblo soberano" y la "patria" - mientras los pueblos son saqueados, hambreados y masacrados, y sus patrias oprimidas, despedazadas como botines de guerra sobre los que se abalanzan bandidos de todo el mundo.

    El capitalismo, tal como se ha desarrollado, ha llevado a la humanidad a la mayor inhumanidad posible; ha revolucionado los modos de producción anteriores, aportando, sí, progresos excepcionales en el trabajo asociado y en la producción social, pero al precio de llevar la explotación del hombre sobre el hombre a niveles nunca alcanzados en las sociedades anteriores, al precio de llevar a su máxima eficacia los medios de destrucción de las propias fuerzas productivas que ha desarrollado; ha "liberado" por la fuerza y violentamente a enormes masas de campesinos del aislamiento y de la exigua parcela de tierra en la que luchaban por sobrevivir, transformándolos en proletarios, en personas sin hogar, sin propiedad. Transformándolos, de facto, histórica y globalmente, en hombres dispuestos a revolucionar toda la sociedad encadenada en las leyes capitalistas de la ganancia y del trabajo asalariado, del dinero y del mercado, transformándola en una sociedad en la que las fuerzas productivas ya no serán cíclicamente destruidas por las crisis y las guerras burguesas porque responderán a una planificación económica racional concerniente a toda la especie humana, en armonía consigo misma y con la naturaleza. Pero, el camino hacia esta meta histórica es tremendamente accidentado, y parece imposible dado el poder que aún expresan la burguesía y su sociedad. El poder burgués se debe, en gran parte, a la impotencia política de la clase del proletariado, es decir, a su repliegue generalizado ante las necesidades de la vida del capitalismo y de la burguesía dominante; incluso para los esclavos de hace dos mil años, el futuro parecía marcado para la eternidad, e incluso para los siervos de hace mil años, el futuro parecía marcado para siempre. Pero el desarrollo de las fuerzas productivas, en ambos casos, desgarró la aparente inmovilidad de la historia en un determinado momento; entonces llegó la revolución burguesa que abrió la puerta a una sociedad organizada universalmente sobre las mismas leyes económicas que el capitalismo; una sociedad que no podía hacer otra cosa que producir, además de las técnicas industriales y el trabajo asociado, los proletarios, es decir, aquellos que producen toda la riqueza social, pero que no poseen nada más que su propia fuerza de trabajo que se ven obligados a vender a cambio de un salario si quieren sobrevivir. En esencia, como afirma el Manifiesto de Marx y Engels, "la condición del capital es el trabajo asalariado, el trabajo asalariado descansa únicamente en la competencia de los trabajadores entre sí. El progreso de la industria, del que la burguesía es un vehículo involuntario y pasivo, sustituye el aislamiento de los obreros resultante de la competencia por su unión revolucionaria, resultante de la asociación. Con el desarrollo de la gran industria, por tanto, se le quita a la burguesía el suelo mismo sobre el que produce y se apropia de los productos. Produce ante todo a sus "enterradores", precisamente el proletariado. Esta visión histórica de la lucha entre las clases indica cómo, materialmente, el desarrollo de las fuerzas productivas y su revolución son el motor del desarrollo de las sociedades humanas; lo fue hasta la sociedad del capital, lo será tanto más para la sociedad futura, para la sociedad comunista en la que ya no existirán las clases, sino que sólo existirá una sociedad capaz de disfrutar libre y racionalmente del desarrollo de las fuerzas productivas que la sociedad burguesa, para mantenerse viva, se ve también obligada a destruir en cada ciclo de crisis.

    El proletariado tiene, pues, una tarea histórica como clase revolucionaria, pero para convertirse en clase revolucionaria debe romper los lazos políticos y sociales que lo atan al destino del capitalismo, a sus crisis y guerras. Significa que de ser una clase para el capital -como la burguesía quiere que siga siendo, utilizando cualquier medio para mantenerlo así- el proletariado debe convertirse en una clase para sí mismo, precisamente una clase revolucionaria. El camino es largo y arduo para que los proletarios recuperen el terreno de la lucha de clase, pero es el único indicado por el desarrollo de las fuerzas productivas y la propia historia de su desarrollo. Es un camino que sólo se abre a condición de romper con la colaboración de clases, es decir, de luchar contra la competencia entre proletarios: sin este salto cualitativo, los proletarios nunca encontrarán su propio camino de clase, el camino de su propia emancipación del yugo del capital. La lucha será ciertamente larga y dura porque la burguesía se opondrá con todas sus fuerzas a la reanudación de la lucha de clases proletaria: tratará por todos los medios de impedirla, de desviarla, de aplastarla porque es perfectamente consciente de que del desarrollo de esa lucha renacerá la confianza del proletariado en su propia fuerza de clase y de que, en el desarrollo de esa lucha, el proletariado encontrará su guía política y teórica sin la cual -como ya ha ocurrido en la historia anterior- el proletariado se desorientará, perderá el sentido y los objetivos reales de su lucha de clase, se confundirá y las derrotas que inevitablemente encontrará en su camino lo desmoralizarán hasta el punto de aplazar de nuevo, muy lejos en el futuro, la cita histórica con su emancipación.

    Contra la guerra actual en Ucrania o Palestina o en cualquier otra parte del mundo, la consigna que los comunistas lanzarían espontáneamente al proletariado es: derrotismo revolucionario, es decir, luchar contra el atrincheramiento de las masas proletarias en la guerra burguesa, desencadenar la guerra de clases, la guerra contra la clase dominante burguesa. El problema de hoy es que el proletariado, en general, en cualquier país y no sólo en Ucrania, Rusia, Palestina o Israel, donde es sistemáticamente masacrado, no tiene aún fuerzas ni siquiera para luchar de forma clasista por sus intereses inmediatos en el terreno de la defensa económica. Al carecer de esta experiencia de lucha, al carecer de la experiencia de organización clasista e independiente necesaria no sólo para librar la lucha de clases, sino también para perdurar en el tiempo en este frente y desarrollar la solidaridad de clase con los proletarios de otros sectores y otros países, es ilusorio que el proletariado ucraniano o ruso, palestino o israelí, británico o alemán, italiano o francés o español, chino o estadounidense, egipcio o iraní o de cualquier otro país pase directamente a la lucha por su guerra de clases, es decir, por la revolución proletaria. Para los comunistas, la revolución proletaria es el objetivo histórico de la lucha de clases del proletariado en cualquier país, pero los proletarios -y esto vale también para los propios comunistas- deben prepararse, deben tener experiencia directa, física, con todos los errores que inevitablemente se cometen en toda preparación para la lucha, deben probarse con sus propias fuerzas y conocer las fuerzas y movimientos de sus adversarios. Como dijo Lenin, los proletarios deben participar en la lucha de clases de defensa inmediata porque es una "escuela de guerra". Esto no significa ni ocultar los grandes objetivos de la lucha revolucionaria del proletariado, ni, menos aún, las dificultades reales para alcanzarlos, ni, por supuesto, las dificultades objetivas de la propia lucha de defensa inmediata. Ciertamente, no hay que sobrevalorar al enemigo de clase, pero tampoco subestimarlo. Por otra parte, es el proletariado, a partir de sus sectores más combativos y sensibles en la lucha de clases, el que debe encontrar la fuerza para reaccionar independientemente ante la presión y la represión burguesas, y en esto no puede ser sustituido por ningún partido.


    26 de marzo de 2024

    Partido Comunista Internacional

    il comunista – le prolétaire – el proletario – proletarian – programme communiste – el programa comunista – communist program


    ARCHIVO

    Traduce-Translate-Μετάφραση

    Etiquetas

    comunicación proletaria solidaridad internacional internacionalismo comunicados chile pcint protestas sociales lucha de clases contra la represión solidaridad con lxs presxs comunistas grecia revueltas francia guerra a la guerra anticapitalistas internacionalismo proletario acción directa EEUU Palestina guerra de clases Venezuela textos Italia anarquistas memoria Argentina english solidaridad proletaria internacionalista Territorio Mapuche contra la guerra derrotismo revolucionario feminismo méxico análisis Alemania detenidas estado español (españa-XPAIN) lucha proletaria Shile antimperialismo huelga general huelgas mujer policía asesina presos políticos Ecuador Israel Ukrania contra el capital kurdistán proletarixs internacionalistas 1º de mayo Iran Rojava Siria contra la democracia contra las elecciones covid-19 okupacion por el comunismo / por la anarquia trabajadores en lucha comunismo francés migrantes Chequia Rusia antipatriarcado disturbios fascismo y antifascismo noticias oaxaca solidaridad de clase solidaridad proletaria contra caridad cristiana anticarcelario brasil bélgica contra el estado policial contra el nacionalismo contra el trabajo 8 de marzo República Dominicana Turkia UK anticapitalismo antifascismo autonomía de clase expropiación fotos guerra social huelga de hambre insurrección lucha revolucionaria refugiados Barcelona Mediterráneo antimilitarismo de clase antirracismo contra el fascismo contra la patria contra la sociedad cárcel desalojos son disturbios deserción haití libertad para todxs lucha obrera lucha social pintadas protestas trabajadores y estudiantes ucrania Gabriel Pombo da Silva PCI-ICP Portugal República Checa UIT-CI Uruguay caribe chalecos amarillos contra la burguesía cuba defensa de la tierra irak minería pegatas perú revolución comunista terrorismo Colombia Egipto Irán Paraguay Polonia abolición del trabajo asalariado américa del sur antidesarrollismo atentados catástrofes class war contra el reformismo y el oportunismo desaparecidos euskalherria indepedencia de clase no son accidentes propaganda. affiche reflexión revolución social saqueos teoría violencia revolucionaria África Bolivia Catalunya China Claudio Lavazza G20 Golpe de estado Haiti India Nápoles Sudán Túnez ZAD agitación antinazis asocianismo obrero barrios proletarios berlín brigadas internacionales contra el mundial de fútbol contra la iglesia católica contra la religión contra la unidad nacional contra las fronteras contra las ongs derecho al aborto despidos economía política encuentros epidemia extradicción feminicidio feria grupos autónomos historia jornadas latinoamérica marruecos no borders pensiones presos revolución internacional sabotajes santiago maldonado un patriota un idiota 11deseptiembre América del norte Arabia Saudí Argelia Bielorrusia Birmania Bosnia Bulgaria CNA Cibao Comuna de París Corea del Norte Corea del Sur Cuarta Internacional DIY Estado = Mafia Filipinas Flora Sanhueza GCI Gran Bretaña Guadalupe Hambach Forest Hong Kong Kenia Kosovo Libano Liberia Madagascar Marcelo Villarroel Marco Camenish Martinica Mumia Abu Jamal Myanmar Nicaragua Portland Punki Mauri Presente! RIF Sebastian Oversluij Suiza Tendencia Comunista Internacionalista Tunez Val di susa Vietnam Yemen Zaragoza abstención activa afganistan angry asambleas de trabajadores ateismo atropello autodefensa autoorganización bangladesh caja de resistencia ccf censura contra el fracking contra la reforma laboral contra la socialdemocracia contra las olimpiadas contra toda nocividad crisis crítica de la ideología deconstrucción derecho de autodeterminación dictadura dirección donbass día del joven combatiente exarchia excluidos exilio ferroviarios generación Z gilets jaunes grupo Barbaria guerra comercial guerra sucia huelga ilimitada y sin preaviso indymedia interseccional ioannina jornadas anárquicas kobane kurdo lumpen miseria movimientos de parados narcotráfico no Tav normalistas novara organización organización anarquista piquete praxis revolucionaria programa pueblos originarios que se vayan todos rebelión registros resistencia revolución socialista san francisco somos lxs nietxs de las brujas que nunca pudisteis quemar son asesinatos sudáfrica terremoto toxicidad trotsky turismo = miseria social violencia virus vivienda zapatista árabe