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/ GUERRA DE CLASES / Presentamos aquí una breve contribución de un grupo de camaradas de Irán sobre los recientes acontecimientos en Siria. Estos camaradas, que se autodenominan “Trabajadores Anticapitalistas”, publican el blog “Contra el Capital [علیه سرمایه], y recientemente les abrimos nuestras columnas cuando publicamos nuestro boletín sobre las importantes luchas de clases en Irán en 2022 (ver nuestro boletín nº15).

Uno de los puntos abordados en el texto que apreciamos especialmente (aparte, por supuesto, de los recordatorios de la primacía de la lucha de clases y de la abolición de la esclavitud asalariada, del capital y del Estado, del rechazo del circo electoral, de la crítica a los partidos políticos y a los sindicatos…) es el que niega los particularismos que segmentan y dividen a la población proletaria – ¡nuestra clase! – en diferentes comunidades e identidades, y reafirma así el internacionalismo:

Uno de los principales ejes del engaño, el lavado de cerebro y la desorientación que practican los medios de comunicación burgueses de derecha e izquierda en todo el mundo es la narrativa de que Siria es un país formado por árabes, kurdos, turcos, turcomanos, yazidíes, musulmanes, cristianos, alauitas, judíos y suníes. Es la droga o veneno más mortífero inyectado históricamente en la conciencia humana por las clases dominantes, sus gobiernos y, en innumerables ocasiones, por el sistema capitalista con sus abrumadoras fuerzas de coerción. Esta narrativa pretende destruir la existencia social unificada de los trabajadores y la base de su lucha por la liberación, poniéndolos unos contra otros e impidiendo su lucha radical y común contra las verdaderas raíces de la explotación, la opresión y la miseria.”

Esta crítica de los camaradas iraníes coincide plenamente con lo que dijimos hace unos años cuando revisamos los mitos e imposturas desarrollados por los adoradores de la llamada “Revolución en Rojava” (ver nuestro boletín nº13):

Lo que nos importa a nosotros, proletarios revolucionarios, militantes comunistas o anarquistas (más allá de las etiquetas), no es lo que nos “diferencia”, no es nuestra “singularidad”, el hecho de que seamos “checos” o “franceses” o “británicos” o “americanos” mientras que otros son “kurdos” o “asirios” o “caldeos” o “suníes” o “chiíes”, etc. Lo que nos importa, por el contrario, es lo que nos unifica como comunidad humana y militante contra la dictadura global y universal del Capital, que se materializa para todos nosotros en la explotación, la alienación, la mercantilización de nuestros cuerpos y nuestras vidas, la miseria, la guerra, la muerte… Lo importante para nosotros es mostrar y afirmar en voz alta nuestro desprecio por cualquier comunidad nacional, comunidad de ciudadanos, comunidad popular, por cualquier comunidad democrática en el sentido más profundo de lo que es la democracia, es decir, no una simple forma (democracia parlamentaria, “obrera”, directa, cantonal, municipal, etc.) sino la esencia del capitalismo y, por tanto, la negación del antagonismo de clase y la dilución del proletariado (clase revolucionaria) en esa entidad burguesa que es el Pueblo, la Nación y, en última instancia, el Estado. Lo que importa por encima de todo es el hecho de que somos, o nos convertimos, en hermanos de la miseria y la explotación, en hermanos de la revolución, y que lo reconocemos conscientemente.

La humanidad ha sido separada de sí misma, de la naturaleza, de su actividad y producción, para ser transformada en esclavos, siervos y proletarios modernos. Los hombres se separan de su verdadera comunidad humana y se vinculan en una falsa comunidad de “algo”: multiétnica, multicultural, multinacional… El internacionalismo no es la adición de varios o incluso diferentes nacionalismos, ni siquiera de todos los nacionalismos, sino, por el contrario, su negación completa y consumada…”

Entonces, qué, ¿¡“el orden reina en Damasco”!? parafraseando a Rosa Luxemburgo… En cierto modo, ¡tenderíamos a responder “sí”! La caída de Bashar y de su régimen baasista, que había reinado durante seis décadas con asesinatos en masa, torturas, violaciones, detenciones y siglos de encarcelamiento impuestos a todos aquellos que se atrevían a levantar un poco la cabeza… la desaparición de esta muy odiada camarilla de gestores capitalistas en favor de otra facción más “limpia” (sic), menos desacreditada (sic), impulsada o al menos tolerada por una amplia sección transversal del partido del orden capitalista mundial (EE, UE, Turquía, Israel, petro-monarquías…), todo esto parece realmente, si no una operación policial para reprimir la acción directa de nuestra clase, al menos una operación para mantener el orden o restablecer el orden en el “caos sirio”… aunque el orden capitalista también se acomoda muy bien con una cierta cantidad de desorden y desestabilización…

Pero también tenderíamos a responder “no”, en el sentido de que, en el más alto nivel de abstracción, la revolución se alimenta de la podredumbre de la contrarrevolución y se enriquece así del enfrentamiento entre dos clases, dos proyectos, dos mundos… Estos últimos acontecimientos podrían tender a reactivar las dinámicas sociales adormecidas desde hace algunos años, las brasas de la revuelta de 2011 siguen calientes y sólo esperan volver a encender un material tan inflamable como siempre: Las contradicciones sociales que enfrentan a clases con intereses antagónicos… No hace falta más que ver los vídeos que nos han llegado de Siria para ver los rostros radiantes de todos esos seres humanos, esos proletarios, cantando, bailando, celebrando, en las plazas públicas de las ciudades, barrios y pueblos liberados del yugo de los torturadores baasistas, mientras que la nueva policía (la del HTS) aún no se ha impuesto realmente, o al menos aún no ha sofocado esos gritos de alegría y de lucha…

También queremos señalar aquí que las luchas de nuestra clase no están ciertamente ausentes de estos acontecimientos (aunque nos llegue muy poca, demasiada poca información al respecto): algunos han hablado de “manifestaciones de solidaridad” en el sur de Siria en el momento de la caída de la ciudad de Alepo, de “levantamientos populares” que habrían tenido lugar paralelamente al avance del HTS sobre Damasco, principalmente en torno a la ciudad rebelde de Suwayda…

Y no olvidemos que, tras años de silencio, nuestra clase levantó la cabeza en varias ocasiones en 2019, 2022 y 2024 en la gobernación de Idlib, gobernada y gestionada con mano de hierro precisamente por la camarilla del HTS ahora en el poder en Damasco, y que nuestra clase organizó allí manifestaciones contra la carestía de la vida, contra la escasez, contra la represión… enfrentándose a los esbirros de las milicias islamistas.

También hay que recordar que desde 2023 han estallado en Suwayda numerosas manifestaciones, a veces violentas – el llamado “levantamiento de la dignidad” –, aquí contra el régimen de Bashar, acompañadas de huelgas, ocupación de edificios públicos, bloqueos de carreteras, etc., y que nada de esto puede atribuirse a ninguna especificidad local concreta: aquí pertenencia a la “comunidad drusa”, allí a la “comunidad suní”, etc. ¡hasta la saciedad!

Y ahora les toca a nuestros camaradas “Trabajadores Anticapitalistas”…

GUERRA DE CLASES.

 

 

Siria, la guerra, la repartición… y el destino de las masas trabajadoras

El régimen de Assad ha caído y la pregunta fundamental es: ¿qué significa esto en la práctica? ¿Qué ha ocurrido? La respuesta de los principales medios de comunicación del mundo es que los “sirios” de todas partes, dentro y fuera del país, lo están celebrando. Consideran que la caída de un gobierno que había sido tan brutal durante tanto tiempo es su victoria, depositan sus esperanzas en un futuro mejor y ¡esperan milagros de los nuevos dirigentes! La oposición burguesa de derecha e izquierda, y quizás incluso algunos trabajadores de Irán, también lo celebran y dicen que estos acontecimientos son buenas noticias. “La República Islámica ha perdido su profundidad estratégica”, su influencia en Oriente Medio se ha debilitado, todo lo que ha conseguido en la región en los últimos 45 años se ha evaporado; Assad ha huido, Nasrallah ha muerto, Soleimani ha sido asesinado, Hezbolá se está derrumbando… la lista continúa. Pero la cuestión central es: ¿cuál es el significado real de estos acontecimientos? ¿Qué se ha derrumbado? ¿Qué lo sustituye? ¿Qué lugar ocupan en esta historia la gran masa de trabajadores sirios, los pobres, los sin techo y los refugiados? ¿Quiénes son los vencedores? ¿Cuál es la maquinaria de guerra que ha hecho posible estas asombrosas victorias? ¿Qué planean hacer y cuál es su programa presente y futuro para los millones de trabajadores sirios?

Una cosa está clara: la burguesía siria, que hasta ayer estaba en la oposición, ahora está a punto de ser coronada y de adquirir enormes cuotas de beneficios, propiedad, poder y gobierno. Sus homólogos iraníes, afines o no, que se unieron a la oposición con el único propósito de alcanzar sueños similares, ven el debilitamiento de la República Islámica, el colapso de sus bastiones en Oriente Medio y el temblor del suelo bajo sus pies como signos de su propia victoria y emergencia al estilo de Tahrir al-Sham. Su caso está claro, y el debate no es sobre ellos, sino sobre las masas trabajadoras sirias, iraníes, libanesas, iraquíes y palestinas, una fuerza abrumadora de cientos de millones de personas que deben examinar de forma consciente y atenta el desarrollo de los acontecimientos. De lo contrario, las celebraciones correrán la misma suerte que sus camaradas en Libia, Egipto, Irán (tras el advenimiento del régimen islámico asesino) y otros lugares.

La afirmación más simple y directa sobre lo que ha sucedido hasta ahora es la siguiente: en Siria, un brutal régimen capitalista ha caído y otro – igualmente brutal, genocida y quizás aún más despiadado – se prepara para tomar el poder. Al mismo tiempo, la República Islámica capitalista y antihumana se ha debilitado considerablemente, mientras que los Estados genocidas de Israel, Turquía y Estados Unidos han izado sus banderas de victoria. Netanyahu, refiriéndose a los cementerios y ruinas causados por el holocausto de Gaza, sus atrocidades en Líbano y los golpes mortales que ha infligido al régimen islámico, alardea con orgullo de su “recompensa legal” y “honor soberano”, blandiendo las medallas de apoyo que le han concedido las potencias capitalistas dominantes del mundo. Se ve a sí mismo como el “Comandante Qadisiyya” de este siglo, de la región y del mundo. Erdogan ve el establecimiento de sus apoderados y mercenarios en partes de Siria como el primer paso hacia el renacimiento del capitalismo otomano. Sobre la base de estos logros, advierte a los Estados rivales que le feliciten de antemano por sus futuras conquistas.

Todo lo que ha sucedido hasta ahora puede resumirse así. ¿De qué hay que alegrarse? Una respuesta consciente a esta pregunta es crucial para los trabajadores y abrirá una ventana a una comprensión más profunda de quienes se regocijan.

Algunos podrían decir que un brutal régimen dictatorial ha caído en Siria y que otro régimen – quizás mejor – está a punto de ocupar su lugar. Y que, por el momento, ¡no habría nada más que celebrar y dar la bienvenida! ¡Eso está muy bien! Pero las fuerzas conocidas como “Tahrir al-Sham” y el “Ejército Nacional Sirio” son, en primer lugar – en el mejor de los casos – bárbaros representantes de las partes más atrasadas y aterradoras de la burguesía del país. En segundo lugar, en su propia existencia social, ni siquiera poseen tales posiciones o capacidades. Desempeñan el papel de marionetas y carroñeros. Sus victorias relámpago ni siquiera se deben a ninguna ilusión popular entre la gente desesperada.

Todas estas victorias son el resultado directo del completo colapso del régimen de Assad, el fin de la dominación de la República Islámica, la pérdida de influencia de Hezbolá en la región y el impacto sustancial de este colapso en el papel de Rusia, por un lado, y el completo apoyo de Israel, Turquía y Estados Unidos a estas fuerzas, por otro. El debate sobre la supuesta transformación de Tahrir al-Sham a partir de sus raíces en Al Qaeda o Jabhat al-Nusra no es más que un análisis barato y engañoso destinado a rehabilitar a estas fuerzas bárbaras. Estas dos mafias deben todo lo que tienen a los gobiernos de Turquía y Estados Unidos. Israel, Turquía y Estados Unidos controlan todos los acontecimientos y están preparados para la más amplia dominación, la codicia y la persecución de sus ambiciones a largo plazo.

Montañas de pruebas demuestran que fuerzas bien conocidas, nacidas del vientre del ISIS y alimentadas por Turquía, EEUU y sus aliados, lanzaron su reciente levantamiento con señales del régimen genocida israelí y la coordinación de Erdogan. Esto se hizo con la aprobación de Estados Unidos, el posterior alineamiento con Rusia y, en última instancia, la inevitable retirada de la República Islámica. Al mismo tiempo, Netanyahu, embriagado por el genocidio y la conquista, reveló su firme intención de determinar el destino del tambaleante régimen de Assad, incluso mientras discutía un acuerdo de alto el fuego en Líbano. Dijo que aceptaría el alto el fuego porque había llegado el momento de una nueva confrontación con el régimen islámico. El campo de batalla de esta confrontación es sin duda Siria, y el objetivo era acabar con el régimen de Assad, que ya estaba roto por todos lados.

En este contexto, Netanyahu también llevó a cabo las negociaciones necesarias con el gobierno de Erdogan. Al mismo tiempo, trató de convencer a Rusia de que el cambiante equilibrio de poder en la región no dejaba lugar a su intervención para asegurar la victoria de Assad. Sugirió que Rusia debía seguir defendiendo sus intereses cooperando con Israel. Del mismo modo, trató de convencer al régimen islámico de que no podría conseguir nada. Todo indica que el ascenso de los yihadistas y de los nuevos “herederos al trono” ha surgido de este mismo proceso. Los planes, los acuerdos, los avances y las retiradas forzadas se han materializado.

Sin embargo, el curso de los acontecimientos no se limita a la caída de Assad o al ascenso de otro régimen brutal. La repartición de Siria y su división entre regímenes, mafias y diversas bandas en expansión es un grave peligro que amenaza a millones de trabajadores sirios oprimidos, ya agotados por los crímenes del sistema capitalista de esclavitud asalariada. Los informes indican que más de 80 grupos armados activos, depredadores y mercenarios, financiados y controlados por diversos Estados, redes y mafias, están listos para desatar la violencia contra la población de este país.

Israel, que durante décadas ha actuado como el mimado y guardián de los arsenales militares, intelectuales, técnicos y de inteligencia del capital mundial, ha extendido ahora su agresión para apoderarse de nuevas partes de Siria. Israel ya ha desmantelado las fronteras entre ambos países en los Altos del Golán, ha expulsado a las fuerzas de la ONU, ha ocupado la provincia siria de Quneitra y está en proceso de apoderarse de otros territorios. Como parte de estos acuerdos, Rusia entregó a Israel sus dos pequeños campamentos militares que habían quedado inservibles. Netanyahu describe estas victorias como otro eslabón importante en su cadena de agresiones similares al Holocausto, que ha durado ya 14 meses.

Turquía está estableciendo su Estado sustituto en Siria para extender su influencia hasta las últimas fronteras posibles de Oriente Próximo. El primer paso en estas conquistas es lanzar los ataques más salvajes y operaciones genocidas contra las vastas masas trabajadoras kurdas. Mientras tanto, Estados Unidos, que considera la dominación regional de Israel como su propia victoria, ve la caída de Assad y la partición de Siria como un éxito decisivo en su rivalidad con el gobierno de Putin.

Estos son los acontecimientos tal como se han desarrollado y como siguen desarrollándose. Como hemos dicho, la cuestión más fundamental sigue siendo el destino de los millones de trabajadores sirios, libaneses, kurdos y de otros países a la sombra de estos acontecimientos. Una cuestión complementaria es el papel que las masas trabajadoras de Irán, Irak, Egipto, Jordania y otras partes del mundo pueden desempeñar en estos acontecimientos.

A este respecto, es importante subrayar varios puntos clave.

1/ Uno de los principales ejes del engaño, el lavado de cerebro y la desorientación que practican los medios de comunicación burgueses de derecha e izquierda en todo el mundo es la narrativa de que Siria es un país formado por árabes, kurdos, turcos, turcomanos, yazidíes, musulmanes, cristianos, alauitas, judíos y suníes. Es la droga o veneno más mortífero inyectado históricamente en la conciencia humana por las clases dominantes, sus gobiernos y, en innumerables ocasiones, por el sistema capitalista con sus abrumadoras fuerzas de coerción. Esta narrativa pretende destruir la existencia social unificada de los trabajadores y la base de su lucha por la liberación, poniéndolos unos contra otros e impidiendo su lucha radical y común contra las verdaderas raíces de la explotación, la opresión y la miseria.

Los habitantes de ningún país, en ninguna parte del mundo, pueden dividirse en un puñado de seguidores de tal o cual religión o credo, secta o ideología, raza o grupo étnico. Todos vivimos en un sistema capitalista inhumano y criminal, que ha dividido por la fuerza a la humanidad en dos clases sociales fundamentalmente opuestas. Los trabajadores constituyen el 80% de la población mundial, mientras que el resto son propietarios del capital. Esta misma división se aplica a Siria y es la única categorización clara, innegable y correcta.

Lo que une al 80% de los trabajadores sirios es su existencia social común. Este 80%, a pesar de las variaciones en el empleo, los salarios, los medios de subsistencia y el bienestar, están separados del producto de su trabajo y privados de cualquier derecho a determinar el destino de la producción, el trabajo o sus vidas. Esta es la única identidad verdadera que define a la clase obrera y a la humanidad, una identidad que es la fuente y la fuerza motriz del movimiento moderno de liberación humana. El capitalismo, con todo su poder de manipulación, propaganda y lavado de cerebro, intenta utilizar identidades como árabe, kurda, yazidí, turcomana, suní o alauita como veneno mortal para paralizar y debilitar este movimiento.

El 80% de la población trabajadora de Siria debe romper las cadenas de la etnia, la lengua, la raza, la religión, las creencias y el sectarismo en las profundidades de la historia. Deben unirse como una sola clase social para luchar contra el capital, el sistema capitalista asesino, la explotación, la opresión, el apartheid de género, la supresión de las libertades y todas las formas de desposesión derivadas de la esclavitud asalariada. Es con esta unidad que deben salir al campo de batalla como arma poderosa contra este sistema.

2/ Cada etapa de esta lucha depende de la formación de consejos obreros poderosamente organizados y extendidos, una fuerza que se opone al poder, al capital y a toda forma de gobernanza y modelo de gobierno capitalista. Sin un esfuerzo estratégico plenamente consciente en esta dirección, nada podrá lograrse y ninguna expectativa se cumplirá. Mañana será demasiado tarde. Hoy, debemos unir nuestras fuerzas de la forma más rápida, consciente y radical posible, y con la mayor experiencia posible. Hay que crear consejos y construir un movimiento anticapitalista fuerte.

3/ ¡Un siniestro escenario de engaño, orquestado por los nuevos poseedores de la corona y sus apoyos estatales y aliados en todo el mundo, implicará probablemente el “circo electoral”! Nos llamarán a las urnas, ¿para qué? Para elegir a los nuevos empresarios feroces, ávidos de lucro, poder y posesión, y considerarlos “nuestro gobierno”, permitiéndoles así cimentar el sistema capitalista de esclavitud asalariada – que es la raíz de toda explotación, pobreza, falta de vivienda, falta de atención sanitaria, falta de medicinas, falta de educación, hambre, pobreza, humillación y miseria. Utilizarán nuestros votos para perpetuar nuestra condición de esclavos asalariados, para intensificar nuestra explotación en nombre del capital y de los capitalistas, para despojarnos de toda libertad humana real bajo el disfraz de la “elección”, y bombardearnos hasta el último aliento de nuestra libertad humana en nombre de una libertad falsificada y de la farsa que es la democracia.

Nuestra respuesta a sus exigencias debe ser el rechazo categórico de cualquier escenario de “elecciones”. Nuestra respuesta debe ser organizarnos en nuestros consejos y construir un poderoso movimiento de consejos contra la esclavitud asalariada. Haremos de los consejos la plataforma para la participación más libre, consciente, creativa, efectiva e igualitaria de todas las personas. Dentro de estos consejos, exigiremos controlar el destino de nuestro trabajo, nuestra producción y nuestras vidas. Juntos tomaremos decisiones colectivas sobre qué producir, qué no producir, cuánto tiempo trabajar y cómo definir el trabajo para satisfacer las necesidades cotidianas y, en última instancia, eliminar la escasez. Planificaremos y ejecutaremos todo colectivamente.

Nos oponemos a la creación de cualquier forma de estado o modelo de gobierno que sitúe la autoridad por encima de los seres humanos.

4/ En este proceso de organización de un movimiento anticapitalista basado en consejos, la base de nuestros esfuerzos debe ser tomar el control de nuestro trabajo, nuestra producción y nuestras vidas. Debemos luchar por recuperar la mayor parte posible de los resultados de nuestro trabajo de las garras ensangrentadas de los capitalistas y orientar el ciclo del trabajo y la producción hacia la satisfacción de las necesidades reales y, en última instancia, la liberación de la humanidad de la desposesión. En este sentido, y como primer eslabón de la cadena de luchas que se desarrollan a nivel de todo el país, exigimos que la alimentación, el vestido, las medicinas, la sanidad, el agua, la electricidad, el gas, el transporte y la atención a los discapacitados dejen de ser reducidos a meras mercancías dentro del sistema capitalista de intercambio monetario y mercantil.

5/ No cabe duda de que en cuanto propongamos uno de los puntos anteriores, los todopoderosos ejércitos de la oposición de derecha e izquierda – los autoproclamados liberadores de la humanidad – pulularán como una nube de langostas, rodeándonos por todos lados. Cada uno gritará, más elocuentemente, más sabiamente, más académicamente, más sociológicamente, más históricamente y más filosóficamente que el otro: “¿Qué tontería es ésta? Ha llegado el momento de enarbolar la orgullosa bandera de la democracia, de exigir el derecho a formar sindicatos, a crear partidos, a alistarse en la infantería de los ejércitos de partidos y sindicatos, a exigir libertad de organización, libertad de manifestación, la promulgación de leyes notables contra el apartheid de género y un largo etcétera.

Nuestra respuesta a esta gentuza es meridianamente clara. Detonaremos toda la historia del siglo XX como una bomba en sus conciencias y gritaremos: “Vergüenza debería daros repetir esas palabras de nuevo!!!!. ¿No hicimos todo eso durante 150 años? ¿No habéis visto la tierra estéril que han producido vuestras recetas? Mirad directamente a los ojos de los 4.000 millones de trabajadores del mundo, hambrientos, privados de medicinas, sanidad, educación, humillados, aplastados, subyugados, oprimidos. ¡Fuera de nuestro camino! No necesitamos que nos aprueben el llamado “derecho de sindicación”. Nos organizamos con la fuerza de nuestra lucha. No enterraremos nuestras organizaciones en el cementerio del orden capitalista y no las convertiremos en armas del poder capitalista. Construiremos verdaderos consejos anticapitalistas. Desde las alturas de estos consejos anticapitalistas, antiestatales y antiautoritarios, declaramos que tomaremos el control del trabajo, de la producción y de las vidas que sólo nos pertenecen a nosotros.

6/ La misma multitud de la que hablamos arriba gritará a pleno pulmón: “Estamos en Siria, su economía está en quiebra, su industria es “dependiente” y “subdesarrollada”, su crecimiento es bajo, su productividad es deficiente, su competitividad está paralizada y su producto interior bruto per cápita es minúsculo. En una sociedad así, ¿estás hablando de eliminar necesidades básicas y servicios sociales como la educación y la sanidad del sistema capitalista de intercambio monetario y de mercado? ¡Eso es socialismo! ¡Eso es utopismo! ¡Te estás aferrando a los ideales de Platón y planeando una utopía platónica!

Una vez más, nuestra respuesta es clara: ¡Fuera de nuestro camino! No pretendemos otra cosa que disfrutar de los frutos de nuestro trabajo y nuestra producción. No pretendemos resolver todos los problemas de la humanidad moderna hoy, aquí en el infierno de devastación y derramamiento de sangre que es Siria. La esencia de nuestra reivindicación es simple y pura: no queremos un Estado que nos gobierne. No permitiremos que el producto de nuestro trabajo se convierta en una montaña de capital para los trusts, las corporaciones, los gigantes financieros e industriales, para el pulpo estatal o para la máquina de opresión física e ideológica que nos gobierna. Sabemos muy bien cómo utilizar los frutos de nuestro trabajo para satisfacer nuestras necesidades de subsistencia, bienestar y libertad humana. Sabemos distribuir eficazmente cada parte del mismo. Somos capaces de hacer todo esto.

No vemos nuestra victoria como algo predeterminado o inevitable. Para lograr la victoria, lucharemos – y volveremos a luchar – de forma más consciente, más reflexiva y más alerta.

Trabajadores anticapitalistas, militantes del Movimiento por la Abolición del Trabajo Asalariado

 

Traducción al español: Materiales X la emancipación

Fuente en inglés: https://againstwagelabor.com/2024/12/16/syria-war-partition-and-the-fate-of-the-working-masses/

Original en persa: https://alayhesarmaye.com/2024/12/09/_/5212/

 TŘÍDNÍ VÁLKA # CLASS WAR # GUERRE DE CLASSE



 

Siria : El tirano se ha ido, el orden burgués e imperialista queda

 
 
La huida de Bashar al Asad, refugiado en Moscú con su familia, fue recibida en las principales ciudades de Siria por multitudes que manifestaron su entusiasmo por la caída de este personaje sanguinario cuyo régimen es responsable de su sufrimiento y su miseria.

Los Assad, padre e hijo, mantuvieron con puño de hierro su poder llamado «progresista», sin renunciar nunca a la más brutal represión, incluso antes de que estallara la guerra civil. Esto estuvo acompañado de una terrible destrucción causada por el ejército y cobrándose casi 600.000 víctimas en 13 años. De una población estimada en unos 23 millones de personas, más de 13 millones se han visto obligadas a abandonar sus hogares para buscar refugio en otras regiones o en el extranjero: 7 millones, incluidos 4 millones en Turquía, 1 millón en el Líbano y 1 millón en Europa. etc. – Entre 100.000 y 200.000 personas fueron encarceladas en las infames cárceles del régimen, siendo víctimas allí de malos tratos, torturas, violaciones y donde las ejecuciones sumarias eran frecuentes. Se comprende el júbilo casi general, con excepción de las clases privilegiadas, por la caída de tal régimen...

En el marco de la «Primavera Árabe», en 2011 estallaron grandes movimientos que exigían un «cambio democrático» en Siria. Pero la protesta pacífica contra el régimen fue reprimida violenta y sangrientamente por la policía y las fuerzas de seguridad (los siniestros Moukhabarats) que causaron más de 2.500 muertos en 6 meses. A pesar de la brutal represión, las autoridades sirias no lograron derrotar a una oposición que reaccionó creando grupos armados. Aunque el régimen se encontraba cada vez más en dificultades debido al avance de los rebeldes hacia los suburbios de Damasco, este se salva gracias a la intervención de la aviación rusa, las milicias del Hezbolá libanés y los «Guardianes de la Revolución» iraníes. Por su parte, las fuerzas rebeldes estaban divididas en «brigadas» rivales, a menudo apoyadas y armadas por países extranjeros (Turquía, Arabia Saudita, Qatar, Estados Unidos), mientras que los partidos tradicionales de oposición, unidos en un Consejo Nacional Sirio, habían demostrado su total impotencia. 

Entre los grupos rebeldes, los elementos «yihadistas» adquirieron cada vez mayor importancia, en particular los que formarían el «Estado Islámico» (Daesh, ISIS), que en el verano de 2014 se extendió por gran parte de Irak y Siria. Se creó entonces una coalición internacional bajo la égida de los Estados Unidos para combatir ISIS en Siria e Irak. A esta coalición, integrada por países árabes y europeos, se unió al año siguiente (2015) Turquía tras el fracaso de sus intentos de llegar a un acuerdo con el Estado Islámico, mientras que Rusia e Irán afirmaban estar combatiendo a este último en apoyo al gobierno de Damasco.

Aunque las acciones militares de la Coalición en Siria consistieron principalmente en bombardeos aéreos, casi 2.000 soldados estadounidenses y comandos franceses e ingleses estuvieron presentes en el terreno para apoyar a las fuerzas de combate kurdas (Fuerzas Democráticas Sirias, SDF, por sus siglas en inglés). Bajo el impacto de estos ataques combinados, ISIS se retira gradualmente hasta que en octubre de 2017 pierde casi todos sus últimos bastiones en el norte de Siria, en particular su “capital”, Raqqa, conquistada luego por las SDF. Por su parte, las brigadas rebeldes, en pleno desmantelamiento, aceptaron la firma de un alto el fuego con Damasco; pero las conversaciones organizadas en Astaná (Kazajstán) por Rusia con la participación de Turquía e Irán entre el gobierno y 9 organizaciones rebeldes no condujeron a un acuerdo, y los combates continuaron en 2018 (con bombardeos occidentales después de un ataque químico contra la última zona rebelde en las proximidades de Damasco). Los rebeldes se concentraron entonces sólo en la región de Idlib, en el noroeste de Siria. Finalmente, la administración Trump anunciaba en diciembre de 2018 la retirada de las tropas estadounidenses, con excepción de un contingente de unos mil soldados en las regiones productoras de petróleo. En 2020, el ejército sirio, apoyado por la aviación rusa, intentó recuperar la provincia de Idlib, lo que provocó la huida de cientos de miles de habitantes y provocó enfrentamientos con las tropas turcas antes de que se alcanzara un alto al fuego que no congelara la situación. Desde entonces, los combates prácticamente han cesado en el país: Damasco controla alrededor del 70% de Siria, las SDF el 20% y el resto queda en manos de grupos vinculados a Turquía y a rebeldes islamistas.

Este breve recordatorio de las principales etapas de la guerra civil nos permite ver el papel determinante que han desempeñado los Estados imperialistas, grandes o pequeños, en la evolución de la crisis siria. La presencia de una fuerza auténticamente proletaria, es decir, un auténtico partido comunista revolucionario (a diferencia del partido sirio supuestamente « comunista », cuyas diversas facciones estaban subordinadas al poder), habría permitido dar una orientación de clase a la revuelta, uniendo las masas desheredadas no sólo contra un hombre o un clan, sino contra el propio sistema capitalista ; su ausencia deja el campo abierto a orientaciones democráticas populares y pequeñoburguesas correspondientes a la naturaleza interclasista de la rebelión ; estas orientaciones desembocarán en una coalición de fuerzas burguesas religiosas y reaccionarias, inevitablemente en busca de patrocinadores extranjeros y así resistir la violencia del régimen y hacerse de un feudo basado en divisiones « étnicas », clánicas o religiosas.

Las intervenciones extranjeras no se detuvieron con la ofensiva relámpago de los rebeldes que condujo al derrocamiento del poder en Damasco. Siria, que ocupa una posición estratégica en Medio Oriente, siempre ha estado históricamente en la encrucijada de intereses y rivalidades entre grandes y pequeñas potencias, y todavía lo está.

El gobierno de Erdogan no ha ocultado su apoyo a los rebeldes, entre los que hay grupos directamente vinculados al Estado turco agrupados en el «Ejército Nacional Sirio» (SNA, por sus siglas en inglés). Además, se han producido combates entre el SNA y las SDF kurdas en un intento por crear una « zona de amortiguación » bajo el control del ejército turco ; las SDF, apoyadas por la fuerza aérea estadounidense, aprovecharon la ofensiva rebelde para apoderarse de nuevos territorios ; Israel no esperó para ocupar zonas estratégicas en territorio sirio y lanzó una intensa campaña de bombardeos para destruir las instalaciones y equipos del ejército, la fuerza aérea y la flota sirios : esto es para evitar que un futuro régimen en Damasco tenga los medios militares para desafiar a Israel ; los estadounidenses también anunciaron que habían atacado « masivamente » decenas de objetivos en el centro del país al día siguiente de la caída de Assad, oficialmente para impedir el regreso de Daesh ; y, finalmente, los rusos contactaron con los líderes rebeldes que ellos mismos habían estado bombardeando unos días antes, para tratar de salvar sus bases en Siria, que son de gran importancia para ellos, incluso para sus operaciones en África...

La rápida e inesperada caída del gobierno se debió a que sus aliados rusos, iraníes y libaneses ya no pudieron brindarle un apoyo significativo; Rusia estaba ocupada con la guerra en Ucrania, Hezbolá con la guerra en el Líbano y los bombardeos israelíes que habían debilitado seriamente la presencia militar iraní en Siria. Dejado solo frente a los rebeldes, el ejército sirio ya no era capaz de ofrecer una resistencia militar seria: mal alimentados, mal pagados, desmoralizados, a veces reclutados a la fuerza, los soldados no tenían ningún deseo de morir para defender el régimen.

La principal fuerza entre los rebeldes victoriosos es Hayat Tahrir al-Sham (HTS); se trata de un grupo surgido del Frente Al-Nusra, una de las organizaciones yihadistas más poderosas, inicialmente vinculada al Estado Islámico, antes de combatirlo y unir fuerzas con Al Qaeda (la organización fundada por Bin Laden) de la que finalmente se separó en 2016. Fundada en 2017 por la fusión del Frente Al-Nusra con otras organizaciones islamistas, HTS, que no había sido invitada a las negociaciones de Astaná, se convertirá en la organización dominante en la provincia de Idlib, donde establecerá una institución cuasi-estatal, el «Gobierno de Salvación Siri » (GSS), para administrar la región. La prensa occidental dio crédito al GSS por no ser tan brutal como el Estado Islámico o cometer atrocidades contra las minorías como el Ejército Nacional Sirio: de hecho, el GSS se comportó como un gobierno burgués reaccionario clásico basado en la religión islámica, sin dudar en reprimir a sus oponentes.
Desde el momento en que llegó a Damasco, HTS demostró que tenía la intención de promover un gobierno similar para Siria. Se puso en contacto con el Primer Ministro del gobierno de Bashar El Assad, al que combatía hasta hoy, aseguró que no quería tocar las estructuras del régimen (aparte de los órganos de seguridad) y designó a los miembros del GSS como primer Ministro y ministros de un «gobierno de transición» provisional.

El país se encuentra en una situación económica catastrófica: según el Banco Mundial, el PIB ha caído más del 80% desde 2010, y la producción industrial y agrícola se ha desplomado (sólo la exportación de captagon, una droga producida localmente, era floreciente, superando a todas las exportaciones legales); la inflación, según cifras oficiales, era superior al 120% y la tasa de desempleo se estimaba en más de un 60% e incluso en 90% entre los jóvenes. Como resultado, el 95% de la población está por debajo del umbral de pobreza...
En estas condiciones, cualquier poder burgués en Damasco no tiene otra solución para reactivar la economía que apoyarse en las estructuras del régimen aún en pie para extraer plusvalía a los proletarios, imponiéndoles el miedo a la autoridad y atraer inversiones extranjeras, demostrando su capacidad para mantener el orden. Los medios de comunicación hablan mucho de una «transición pacífica», del establecimiento de una verdadera democracia en Siria, etc., pero el futuro estará inevitablemente marcado por la explotación, la violencia y la represión.

Los proletarios no necesitan una falsa democracia que deje intacta la dominación burguesa; necesitan destruir de arriba a abajo las estructuras de poder dictatoriales del clan Assad y todo el Estado burgués para establecer su propia dictadura, lo cual es esencial para erradicar el capitalismo. Esto requiere el surgimiento y desarrollo de la lucha de clases, la constitución del partido de clase, comunista e internacional, para dirigir esta lucha hasta la revolución y después de su victoria. Lamentablemente, tal perspectiva no es inmediata. Los temores expresados por los imperialismos sobre el «caos» que podría provocar la caída del régimen de El Assad en Damasco o el alineamiento a los rebeldes de muchas fuerzas gubernamentales, incluido el partido Baath, que ha dirigido el país durante 60 años, son testimonio de la compacidad del frente contrarrevolucionario y anti proletario, a pesar de los enfrentamientos armados que los enfrentaron entre sí. Parafraseando lo que escribió Marx durante la Comuna de París, podemos decir que todos estos grupos, partidos o gobiernos son uno solo frente al proletariado; no pretenden dejar espacio para el surgimiento de movimientos que desafíen el orden burgués. La euforia actual no podrá ocultar por mucho tiempo la realidad: los proletarios sirios se enfrentan a enemigos tan implacables como el clan Assad y tendrán que luchar contra ellos, paso a paso, sin dejarse llevar por las ilusiones democráticas, las divisiones religiosas, comunitarias o nacionales.

¡El tirano ha sido derrocado, queda en pie el orden burgués e imperialista que debe ser derrocado, en unión con los proletarios de todos los países!
 
 

14 de diciembre de 2024
 
Partido Comunista Internacional
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Siria-Turquía. Hacía casi un siglo que no se producía un terremoto tan devastador en la zona. Presionados por la represión antikurda turca y la represión antigubernamental de Assad, los más afectados son los pueblos kurdos y los refugiados que han huido de la guerra en Siria



En plena noche del 6 al 7 de febrero, dos temblores extremadamente violentos (uno de magnitud 7,8 y el siguiente de magnitud 7,5 en la escala de Richter) en el sur de Turquía, en la frontera con Siria (en el distrito de Nurdaği, provincia de Kahramanmaraş) provocaron destrucción y desesperación.

En Turquía, en su parte oriental, confluyen tres placas tectónicas diferentes: la Anatolia, la Arábiga y la Africana. La estructura de estas placas se caracteriza por un movimiento denominado transcurrente, es decir, las placas se deslizan unas junto a otras en un movimiento horizontal. A lo largo de la historia, se han producido muchos terremotos en esta zona y han tenido una característica común: se han formado a poca profundidad. El hipocentro del terremoto del 6 de febrero estaba a tan sólo 17,9 km.

La secuencia sísmica fue desencadenada por la falla de Anatolia Oriental, de unos 500 km de longitud, que atraviesa el este de Turquía de sureste a norte-noroeste, desde Hantay y el golfo de Alejandreta hasta Gazentep, para luego doblarse hacia los montes del Ponto hasta Estambul. Así pues, gran parte de Turquía está expuesta a terremotos debido a esta falla, que históricamente ha generado los seísmos más catastróficos. De hecho, Turquía es conocida como una zona muy propensa a los terremotos desde la época de las Cruzadas. Por tanto, no puede decirse que el reciente terremoto (como los de 1999, 2010 y 2011) haya sido una sorpresa. Lo que sí fue sorprendente fue el grado de devastación causado por el primer temblor con una magnitud de 7,9 en la escala de Richter y los posteriores con magnitudes, 7,8, 7,5, 6,9 y 6,4.

Las zonas de Gazentep y Kahramanmaraş son las que, según los informes, han sufrido mayores daños, con decenas de miles de víctimas (hasta la fecha se han encontrado más de 47.000) y unos cuantos millones de desplazados, la mayoría de ellos en Turquía y una parte importante también en el norte de Siria, en la región de Idlib, que ha sufrido una doble tragedia: los 4,5 millones de habitantes, que huyeron de la represión del régimen de Assad, además de ser golpeados por la miseria y sobrevivir sólo gracias a la ayuda internacional, han sufrido ahora también el terremoto que ha matado a más de mil personas, ha destruido viviendas y está impidiendo la llegada de socorro y ayuda internacional a esa región. Siria lleva doce años en guerra, y los millones de personas que viven en esa zona dependen de la apertura o cierre de la única puerta, Bab al Hawa, que les permite llegar; y, al igual que en Turquía, la ayuda internacional está centralizada por el gobierno, es decir, el régimen de Assad, que tiene interés en mantener controlada toda la región porque allí han acudido los supervivientes de la guerra y los kurdos, notoriamente reprimidos tanto por el bando sirio como por el turco. Pero las desgracias no terminan aquí, porque frente a las ciudades y pueblos devastados, la enorme masa de personas que lo han perdido todo y que, desplazadas, están siendo reagrupadas en las zonas vecinas, tendrá que hacer frente al problema de la falta de agua, higiene, frío, enfermedades. La ayuda no puede llegar rápidamente a todos los lugares donde se necesita, y en muchas partes no llega debido a las políticas antikurdas y antisirias. Y la promesa de Erdogan, que anuncia la reconstrucción de al menos 30.000 casas en un futuro próximo, deja mucho que desear...

Casi no hace falta decir que casi todas las víctimas se deben al derrumbamiento de edificios. Aparte de la violencia del seísmo y de sus repetidos temblores -algo previsto por los geólogos de todo el mundo, y no desde ayer-, ¿por qué se derrumbó la inmensa mayoría de los edificios? ¿Por qué la construcción de los edificios no incluía ninguna medida antisísmica, mientras que, debido a la búsqueda sistemática del beneficio fácil mediante la utilización de materiales de mala calidad, se construyen edificios altos próximos unos de otros con el fin de ahorrarse el alquiler del terreno, hacinando así a millones de personas en un gigantesco hormiguero? La razón primera de la carnicería hay que buscarla en el sistema capitalista de producción, de explotación de la tierra, en la búsqueda espasmódica del beneficio, sabiendo perfectamente que, en caso de terremoto, esos edificios no habrían resistido ni siquiera temblores mucho más leves que los del 6 de febrero y los días siguientes. Este terremoto fue especialmente violento no sólo en sus temblores principales, sino también en las réplicas posteriores, de modo que los edificios que lograron resistir el primer gran temblor sin derrumbarse, se derrumbaron durante los temblores posteriores. Ante todo esto -aunque, a pesar de los notables avances de la ciencia geológica, no se puede predecir con exactitud el acontecimiento sísmico ni en magnitud ni en intensidad y duración de sus enjambres o réplicas-, ¿cómo se comporta el poder burgués? Con el fatalismo habitual que acompaña siempre a toda catástrofe: siempre es culpa de la mala suerte y sólo en parte culpa de la actividad del homus capitalisticus que ha... construido mal. Hasta un niño comprende que si se construye mal una casa, tarde o temprano se derrumba, y que el amontonamiento de casas en pequeños espacios, una vez derrumbadas en el suelo, impide el acceso y la circulación de los equipos de salvamento y de la maquinaria necesaria para excavar entre los escombros en busca de supervivientes, heridos y muertos.

Pero para Su Majestad el Capital, la catástrofe representa una jugosa oportunidad de negocio; toda catástrofe llamada "natural" es un banquete para el capital. El capital se explota sobre todo magnificando el capital fijo en el que emplea su fuerza de trabajo asalariada, y en periodos de crisis de sobreproducción, como la que vivimos desde hace muchos años, la destrucción masiva de medios de producción y productos desencadena la fiebre de la reconstrucción que, gracias a la emergencia creada por la catástrofe, crea a su vez gigantescos negocios. Las guerras y las pandemias lo demuestran.

La sociedad humana tiene la posibilidad de superar el largo calvario que representan las catástrofes capitalistas destruyendo el capitalismo, su modo de producción y enterrando de una vez por todas el sistema social que durante ciento sesenta y cinco años, en lugar de traer progreso y prosperidad a la humanidad, ha traído miseria y muerte. Este objetivo histórico no puede ser alcanzado por los medios que la clase burguesa utiliza para su supervivencia como clase dominante: ni por la democracia ni por su dictadura. El totalitarismo burgués-capitalista constituye la base de su poder y da igual que se disfrace con los símbolos de la democracia parlamentaria, electoral o reformista; las razones del capital, esa fuerza social impersonal, prevalecen siempre sobre las razones del capitalista individual que, individualmente, puede parecer honesto, solidario, bondadoso, humanitario, pero es incapaz de transformar el sistema económico y social del que él mismo es prisionero en un sistema en el que ya no existan la explotación, el hambre, la miseria y la guerra. Un sistema, por otra parte, que ha doblegado a la propia ciencia a las razones del lucro, y es por ello que la ciencia, por muchos pasos adelante que dé en el conocimiento de los misterios de la vida, de la tierra y del espacio, nunca es la primera voz que escucha la clase burguesa; por el contrario, cada vez que sus advertencias pueden afectar a las razones del lucro y del poder es silenciada, y los científicos que insisten en llevar adelante investigaciones que no produzcan beneficios lucrativos y no den elementos de alarde propagandístico a los poderosos son simplemente marginados y olvidados. ¿Quieren calcular el valor capitalista al inventor de Internet o del teléfono móvil comparándolo con un vulcanólogo, un biólogo o un geólogo que, para conseguir aunque sea un pequeño pero importante resultado en su investigación, necesita años y un capital que no puede dar beneficios en poco tiempo? Por esta razón, la ciencia de la prevención es una ciencia que nunca ha nacido realmente en la sociedad capitalista: catástrofe significa emergencia, emergencia significa blanqueo de dinero sin ningún control particular e incentivo para jugosos negocios en la reconstrucción. Cuanto más se destruye, más se reconstruye, y para los capitalistas, una guerra vale tanto como un terremoto devastador o una pandemia. Ante cada catástrofe, se advierte sistemáticamente de la necesidad de prevenir, se promete hacer lo necesario para evitar que se repitan. En realidad, sin embargo, las catástrofes no sólo se repiten, sino que tienden a repetirse cada vez con mayor gravedad. La sociedad burguesa nunca podrá vencer las causas de sus propias contradicciones, de su propia caída. Debe ocuparse de ella otra fuerza social, la clase que no tiene ningún interés en mantener vivo este sistema de producción, explotación y destrucción: esta fuerza social está representada por el proletariado, la fuerza de trabajo asalariada que produce toda la riqueza económica y social pero de la que está completamente excluida. Si algo ha hecho bien el capitalismo en la historia es haber desarrollado las fuerzas productivas hasta el nivel más alto al que podía aspirar una sociedad dividida en clases. Y la principal fuerza productiva, representada por el trabajo vivo de la clase obrera, es la que tiene objetiva e históricamente la solución a las contradicciones capitalistas. Debe tomar parte activa en una revolución histórica que ninguna otra clase social ha sido capaz de llevar a cabo hasta ahora: cambiar la sociedad dividida en clases en una sociedad sin clases, transformando la economía existente en una economía de clases y basando la vida social no en la valorización del capital, no en el trabajo muerto (capital fijo) que explota el trabajo vivo (trabajo asalariado), sino en fuerzas productivas cuyo desarrollo esté dirigido a satisfacer las necesidades de la especie humana y no del mercado, no del capital. Entonces el conocimiento, la ciencia, y por tanto la ciencia de la prevención, tendrán un desarrollo inimaginable porque ya no serán esclavos del beneficio capitalista sino que estarán al servicio de un mayor bienestar de la especie humana y de un mayor conocimiento de la naturaleza y de sus fuerzas misteriosas.


21 de febrero de 2023

Partido Comunista Internacional

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Guerra de Clases 07/2018: ¡Bombardeos en Siria! ¿Tercera Guerra Mundial? ¿Show o realidad? ¡Ninguna guerra sino la guerra de clases!

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El 14 de abril de 2018, los grandes medios burgueses (que expresan y materializan los intereses de clase de nuestros explotadores y opresores de todas las facciones a pesar de las divergencias coyunturales que los diferencian) nos anunciaron con grandes golpes de propaganda bélica que una coalición de tres de las potencias más grandes del mundo (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia) han realizado bombardeos nocturnos contra varios objetivos “estratégicos” en Siria, en represalia por el ataque químico presuntamente perpetrado por el régimen baasista, apoyado militarmente, económicamente, políticamente y diplomáticamente por Rusia e Irán. Es bastante “cómico” y “escandaloso” que estos gánsteres capitalistas claman defender a los “poblaciones civiles”, víctimas de la lógica morbosa que gobierna este mundo, especialmente cuando sabemos muy bien que, por ejemplo, los EE.UU. tienen el más poderoso complejo militar-industrial del planeta, así como las más gigantescas reservas de armas de destrucción masiva. En los últimos años, los Estados Unidos no solo han contaminado regiones enteras de la ex Yugoslavia e Iraq con el uso generalizado de municiones de “uranio empobrecido”, lo que ha provocado un aumento drástico en el número de cánceres para las poblaciones locales, sino que también sacrificaron a sus propios soldados expuestos a los efectos devastadores de tales armas.

[LEER COMPLETO: https://www.autistici.org/tridnivalka/guerra-de-clases-07-2018-bombardeos-en-siria-tercera-guerra-mundial-show-o-realidad-ninguna-guerra-sino-la-guerra-de-clases/]




¿Podemos leer las ruinas tal como las líneas de la mano? La capital política del Estado Islámico (EI) cayó el 17 de octubre de 2017, epílogo anunciado de una batalla que comenzó cuatro meses antes. Sin embargo, por una buena razón, no vimos a multitudes alegres en las calles para dar la bienvenida a los liberadores. Durante este período, la población pasó de 300 mil habitantes (incluyendo un tercio de refugiados) a casi cero. En el campo del “Bien” siendo precisos, según se informa, sólo entre uno y dos mil civiles han muerto bajo los bombardeos; los demás han huido de los combates y ahora intentan sobrevivir en las carreteras o en los campos de refugiados.
 
La captura de Raqqa fue altamente simbólica ya que la ciudad, en manos del EI desde junio de 2013, había sido su capital política (aunque su administración se hubiera transferido varios meses antes a Mayadine, 175 km aguas abajo del Éufrates). Un mes más tarde, en Abu Kamal, una batalla de importancia estratégica (a la que volveremos después) marcó verdaderamente el final del Califato como entidad territorial proto-estatal.
 
El colapso del EI parece cerrar un paréntesis, el de la confrontación entre el mal y el resto del mundo; a partir de ahora, la actualidad siria será parecida a la del conflicto inicial, esa guerra civil que terminó y siguió a la contestación social de 2011.[1] A pesar de los años de un proceso de libanización en el que se enfrentaron cientos de milicias y grupos armados más o menos apoyados por potencias extranjeras, el conflicto está llegando a su fin.
 
Los proletarios no tenían otras opciones que quitarse del camino, emigrar o elegir algún campo (entre ellas la profesión de soldado, la única en tensión en la región, con la ventaja de proporcionar un salario y comida). Ahora, sin embargo, con la “normalización” acercándose, se está preparando una explotación más racional y clásica de toda esa mano de obra docilizada por las lluvias de bombas y ruinas.
 
 

 [recibimos y publicamos]

¡Repudiamos bombardeo imperialista en Siria!
¡No al genocidio de Assad-Putin!

Unos 50 misiles de crucero de EEUU. se habrían lanzado sobre instalaciones militares del régimen sirio de Al Assad, por orden de Donald Trump.  Argumentarían que sería una represalia por el ataque químico perpretado por Bashar  al Assad días antes.

Repudiamos tanto el bombardeo yanqui como la acción criminal de la dictadura de Al Assad apoyada por la aviación rusa de Pudin. Nuestra corriente socialista , la UIT-CI, lleva años repudiando a la dictadura de Al Assad y sus acciones genocidas y en especial repudiamos el bombardeo con gas químico  que el martes 4 acabó con la vida de 72 personas y ha dejado decenas de heridos en la localidad de Jan Seijun, provincia norte-occidental de Idlib.

Pero de la misma forma, ahora también repudiamos el bombardeo ordenado por Trump. No le reconocemos ningún derecho al imperialismo para pretender hacer “justicia”. El imperialismo yanqui es el mayor asesino de la historia con sus invasiones y agresiones en el mundo.

Llamamos a los pueblos del mundo y a las organizaciones que políticas, sindicales, estudiantiles y de la izquierda mundial a expresar su repudio tanto al bombardeo imperialista como al régimen de Assad-Putin y a solidarizarse con el pueblo rebelde sirio.

Unidad Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)
7 de abril de 2017


Otros textos y posicionamientos:
> La América de Trump saca músculo: http://valladolorentodaspartes.blogspot.com.es/2017/04/la-america-de-trump-saca-musculo.html
 



Solidaridad con el campo palestino de Yarmuk en Siria!!!


El barrio palestino de Yarmuk, al sur de Damasco, sufre desde mediados de 2013 un asedio, por parte de la dictadura de Basahr Al Assad, que ha llevado a una profunda crisis humanitaria. Sin apenas alimentos, agua corriente, suministros eléctricos ni medicinas, el goteo de víctimas no ha cesado en los últimos dos años. Al asedio del régimen se suma desde principios de abril la entrada del autodenominado Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) –conocido como Daesh en árabe–, que en cuestión de días ha ocupado buena parte del campo a pesar de la resistencia de las brigadas palestinas que luchan en varios frentes: contra el Ejército de Al Assad al norte y contra ISIS al sur.

Cinco años atrás vivían en este barrio de Damasco, cerca de 160 mil refugiados palestinos. Desde la guerra civil iniciada en el 2011 solo quedan 18 mil civiles atrapados entre dos fuegos. Entre ellos hay 3.500 niños. Por los bombardeos del régimen y los ataques del ISIS hay decenas muertos y cientos de heridos. Se calcula que 200 personas han muerto por hambre. La situación es desesperante.

Recientemente se habrían unido a la batalla contra el ISIS y Bashar Al Assad nuevas milicias  palestinas y grupos de apoyo a la revolución siria de la localidad de Daraa. Hoy más que nunca se necesita de la unidad de todos los que en Siria están enfrentando al genocida al Assad y al reaccionario ISIS.

La solidaridad internacional en apoyo a esta resistencia popular es decisiva para ayudar a parar esta masacre y lograr defender la vida de miles de proletarios palestinos en Yarmuk.


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