Matanza policial en Brasil
El 30 de octubre, la Policía Civil de Río de Janeiro perpetró una masacre en dos favelas (barrios marginales donde 1,5 millones de personas viven hacinadas) de la metrópoli: 130 personas fueron asesinadas; decenas de cadáveres fueron encontrados en una zona boscosa, con las manos atadas y muertos por una bala en la espalda o el cuello, así como el de un joven de 19 años, decapitado tras ser degollado...
Se trató de una mega operación policial, la “Operação Contenção” (“Operación Contención”), ordenada por el gobernador del estado, Cláudio Castro, partidario del expresidente ultra derechista Bolsonaro, para arrestar a los líderes del “Comando Vermelho” (Comando Rojo), una poderosa organización criminal que opera en estas favelas, donde viven casi 200.000 personas.
Para reprimir a este grupo se movilizaron 2.500 policías, junto con una treintena de vehículos blindados, camiones de demolición, dos helicópteros y drones. Los residentes señalaron que hubo disparos indiscriminados hechos contra viviendas, heridos sin atención médica y cadáveres esparcidos por las calles, sin mencionar los allanamientos realizados sin orden judicial, etc.
Al
día siguiente, el gobernador declaró que la operación fue un gran éxito,
sufriendo solo la baja de cuatro policías muertos. Castro continuó
criticando la falta de apoyo del gobierno federal, que se negó a
proporcionar vehículos blindados o autorizar la intervención militar: “Esta
operación tiene poco que ver con la seguridad pública. Es una operación de
defensa. Es una guerra que el Estado [de Río de Janeiro] no debería
librar solo. Para una guerra como esta, que no tiene nada que ver con la
seguridad urbana, deberíamos tener mucho más apoyo. Ahora mismo, tal vez
incluso de las fuerzas armadas”. (1)
Aunque calificó la operación de “desastrosa”, Lula respondió reiterando su determinación de combatir con firmeza la delincuencia y afirmó que era necesario el compromiso de los gobiernos federal y estatal para “combatir la facción [criminal] y la brutalidad que existe en São Paulo, Río de Janeiro y en todo el país” (2), haciéndose eco de la retórica de la extrema derecha. De hecho, su gobierno supervisó una operación militar en junio de 2007 en la favela de Amelao que se saldó con 19 muertos (algunos de ellos ejecutados). La brutalidad a la que se refería, por lo tanto, no era la de la policía, que tampoco está muy lejos: según el informe anual oficial sobre seguridad pública en Brasil, 6.393 personas (83% negras y 72% menores de treinta años) fueron asesinadas por la policía en 2024 (3), quienes gozan de inmunidad de facto: una investigación sociológica en Río de Janeiro estableció que más del 99% de los asesinatos policiales nunca daban lugar a una investigación oficial (4).
Detrás de la “guerra contra las drogas”, lo que en realidad se está llevando a cabo son operaciones destinadas a aterrorizar al proletariado y a las masas marginadas. Estas operaciones sangrientas y espectaculares, lanzadas principalmente contra pequeños delincuentes, son incapaces de acabar con la delincuencia y el crimen organizado. Según los expertos, se deben abordar las fuentes de financiación de las “facciones”, como el contrabando de combustible a gran escala y las redes políticas que lo apoyan (5), algo que actualmente no está en la agenda. En Río, las milicias paramilitares, compuestas por bomberos o policías retirados o en servicio, dirigen un lucrativo negocio que proporciona protección y diversos servicios esenciales. Todos estos grupos han diversificado y ampliado sus actividades para incluir el tráfico de cocaína, el contrabando de oro, los pagos digitales, etc. Hasta tal punto que algunos creen que el crimen organizado se ha convertido en el principal negocio de Brasil: entre el crimen organizado, que prospera al margen de las leyes de la burguesía, y el capitalismo criminal, que es “honesto” porque generalmente opera dentro del marco de estas leyes, sin dudar en violarlas si la búsqueda de beneficios lo exige, es natural que existan vínculos (6).
El flagelo de la delincuencia es producto de la pobreza, el desempleo y la precariedad; en pocas palabras, de las miserables condiciones en las que viven las masas desheredadas de la población. Para sobrevivir, algunos no encuentran otra solución que involucrarse en actividades delictivas. El capitalismo no puede eliminar estas condiciones porque él es su causante y de las cuales a la vez se nutre.
Al contrario, los poderes burgueses utilizan el pretexto de la “lucha contra la delincuencia”, la “lucha contra las drogas”, etc., para justificar, al igual que la “lucha contra el terrorismo”, el fortalecimiento de sus recursos policiales, tanto legales como materiales. El proletariado no tiene ningún interés en apoyar el fortalecimiento de la policía, ni en exigir una mayor y eficaz represión estatal contra la delincuencia, ni en promover “la ley y el orden”. Porque cualquier fortalecimiento del Estado y sus medios de represión se vuelve inevitablemente en su contra. De hecho, el proletariado siempre representa, potencialmente, a ojos de la burguesía, el verdadero peligro, la verdadera amenaza para el orden público.
Por eso, operaciones espectaculares y sangrientas como la de octubre en Río de Janeiro tienen un innegable carácter antiproletario: más allá incluso del asesinato indiscriminado de habitantes de barrios proletarios, su objetivo es mostrar a los proletarios la omnipotencia del Estado y sus medios de represión.
Esta no es una “guerra contra las
favelas” (7), sino un episodio de la guerra contra los proletarios. Estos
últimos tendrán que responder con la guerra de clase contra el
capitalismo (criminal o legal) y el Estado burgués.
(1) www.gazetadopovo.com.br, 11/01/2025
(2) https://www.sabado.pt 11/04/2025
(3) https://www.ipea.gov.br/atlasviolencia/publicacoes
(4) https://necvu.com.br/wp-content/uploads/2020/11/2012-NECVU_UFRJ_Autos-de-Resistencia-no-Rio-de-Janeiro_Relatorio-Final.pdf
(5) https://www.lemonde.fr/international/article/2025/10/29/au-bresil-rio-a-connu-l-operation-
policiere-la-plus-meurtriere-de-son-histoire_6650142_3210.html
(6) “La economía criminal de
Brasil ha salido de los callejones oscuros y ahora se infiltra en las salas
de juntas, los estados financieros y las cadenas de suministro esenciales”
(...) https://theconversation.com/analise-o-crime-organizado-se-tornou-o-maior-negocio-do-
brasil-e-sua-mais-seria-ameaca-268554
(7) La fórmula es retomada por el
PSOL (un partido pequeño burgués de izquierda que reúne a trotskistas y
varios reformistas), que solo acusa al gobernador: https://movimientorevista.com.br/2025/10/rio-
em-guerra-operacao-mais-letal-da-historia-do-estado-expoe-a-politica-de-morte-de-castro/

En carta abierta al presidente Jair Bolsonaro, líderes de los pueblos aruak baniwa y apurinã, que viven en las cuencas de los ríos Negro y Purus, en el noroeste amazónico de Brasil, protestaron contra el decreto que somete desde ahora las tierras indígenas al Ministerio de Agricultura, gestor de intereses contrarios a los de pobladores originarios.
Los indígenas representarán probablemente la resistencia más inflamable a la ofensiva del nuevo gobierno de extrema derecha en Brasil, que tomó posesión el 1 de enero y cuyas primeras medidas tienden a desmantelar avances durante las tres últimas décadas a favor de los 305 pueblos originarios registrados en este país.
Para eso cuentan con el artículo 231 de la Constitución brasileña, vigente desde 1988, que les asegura “derechos originarios sobre las tierras que tradicionalmente ocupan”, además de reconocerles “su organización social, costumbres, lenguas, creencias y tradiciones”.
A eso se suman reglas internacionales ratificadas por el país, como el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional del Trabajo, que defiende derechos indígenas y condiciona proyectos que los afectan a consulta previa, libre e informada a las comunidades amenazadas.
Fue indígena la más aguerrida resistencia a la construcción de centrales hidroeléctricas que represan grandes ríos amazónicos, especialmente la de Belo Monte, construida sobre el río Xingu entre 2011 y 2016 y cuyas turbinas está previsto que terminen de instalarse este año.
Quitar a la Fundación Nacional del Indígena (Funai) la competencia de identificar y demarcar legalmente las llamadas Tierras Indígenas, transfiriéndola al Ministerio de Agricultura, significa que se estancará la definición de nuevas áreas y se pondrá en peligro a las ya establecidas.
Habrá una revisión de las demarcaciones de tierras indígenas hechas en los 10 últimos años, anunció el flamante secretario de Asuntos de Tierras de ese ministerio, Luiz Nabhan García, que ahora es el responsable del tema.
García es el líder de la Unión Democrática Ruralista, un colectivo de terratenientes, especialmente ganaderos, protagonista de frecuentes y violentos conflictos por la tierra.
El mismo Bolsonaro ya anunció la intención de revisar el área de Raposa Serra do Sol, tierra indígena homologada en 2005, en medio de batallas jurídicas que terminaron en 2009 con un fallo del Supremo Tribunal Federal, que reconoció la validez de la demarcación.
Ese territorio indígena abarca 17.474 kilómetros cuadrados y cerca de 20.000 pobladores de cinco etnias distintas, en el norteño estado de Roraima, fronterizo con Guyana y Venezuela.En Brasil existen actualmente 486 Tierras Indígenas homologadas, es decir, con el proceso de demarcación concluido totalmente, y 235 unidades aún por demarcar, de las que 118 están en fase de identificación, 43 ya identificadas y 74 declaradas.
“Los gobernantes hablan, pero revisar exigiría cambios constitucionales o la comprobación de fraudes y vicios en el proceso que no parecen usuales”, matizó Adriana Ramos, directiva del Instituto Socioambiental, organización no gubernamental con una amplia y respetada actuación indigenista y ambiental.
“Ya hubo retrocesos en las primeras decisiones del gobierno, con la mengua del órgano indigenista y separación de sus funciones. También el Ministerio de Salud anunció modificaciones en la política hacia la población indígena, sin presentar propuestas, amenazando empeorar lo que ya es malo”, acotó a IPS desde Brasilia.
“La tendencia es paralizar el proceso de demarcación de tierras, que ya venía muy lento en los gobiernos anteriores” y lo peor es que las declaraciones contra derechos “operan como gatillo para violaciones que agravan conflictos, generando inseguridad entre los pueblos indígenas”, advirtió Ramos.
En los primeros días del año, y del gobierno de Bolsonaro, taladores de madera ya invadieron la tierra indígena del pueblo arara, cerca de Belo Monte, con el riesgo de confrontaciones armadas, señaló.
Los indígenas del pueblo guaraní, el segundo grupo indígena más numeroso del país -detrás del tikuna, que residen en el norte-, son los más vulnerables a la situación, especialmente sus comunidades establecidas en el centrooriental estado de Mato Grosso do Sul.
Batallan por la demarcación de varias tierras y la ampliación de las ya demarcadas en áreas insuficientes, y en esa lucha ya sufrieron el asesinato de decenas de líderes, mientras soportan condiciones de sobrevivencia cada vez más precarias.
“La grave situación se hace peor con el nuevo gobierno. Nos ahorcan al dividir la Funai y atribuir la demarcación al Ministerio de Agricultura, dirigido por ruralistas, enemigos número uno de los indígenas”, resumió Inaye Gomes Lopes, una joven profesora indígena que vive en la Aldea Ñanderu Marangatu, en Mato Grosso do Sul, cerca de la frontera con Paraguay.
“Solo tenemos ocho tierras demarcadas en el estado y una fue anulada (en diciembre). Lo que tenemos se debe a muchos que murieron, sin que sus asesinos fuesen encarcelados”, sostuvo Lopes, quien imparte clases en una escuela que homenajea en lengua indígena a Marçal de Souza, líder guaraní asesinado en 1982.
“Buscamos formas de resistir y ‘apoyadores’, incluso internacionales. Estoy preocupada, no duermo de noche”, confesó a IPS en diálogo desde su aldea, en relación al nuevo gobierno, cuyas manifestaciones en relación a los indígenas considera “una injusticia con nosotros”.
Bolsonaro aboga por la “integración” de los indígenas, con lo que se refiere a la asimilación con la sociedad blanca, una vieja y sobrepasada pretensión de la élite blanca.
Condenó que los indígenas sigan viviendo “como en zoológicos”, ocupando “15 por ciento del territorio nacional”, cuando suman, según sus datos, menos de un millón de personas, en un país de 209 millones de habitantes.
“No somos nosotros que tenemos gran parte del territorio brasileño, pero si los grandes latifundistas, los ruralistas, el agronegocio y otros que poseen más de 60 por ciento del territorio nacional”, contrarrestó la carta pública de los pueblos baniwa y apurinã.
En realidad las tierras indígenas suman 13 por ciento de Brasil y 90 por ciento se ubican en la Amazonia, corrigieron los firmantes del manifiesto.
“No somos manipulados por ONG (organizaciones no gubernamentales)”, respondieron a otra acusación “fruto de prejuicios” del presidente.
La paranoia de algunos jerarcas militares, como el ministro del Gabinete de Seguridad Institucional, el general retirado Augusto Heleno Pereira, es que los pobladores de Tierras Indígenas bajo influencia de ONG declaren la independencia de sus territorios, apartándose de Brasil.
El temor obedece principalmente, se aduce, a áreas fronterizas y, peor, a aquellas ocupadas por pueblos que viven en los dos lados de la frontera, como los yanomamis, que reparte su población entre Brasil y Venezuela.
Pero a juicio de Ramos, no son los grupos de ascendencia militar que comparten el poder en el gobierno de Bolsonaro, como los generales que ocupan cinco ministerios, la vicepresidencia y otras funciones importantes, los que más amenazan los derechos indígenas.
Muchos militares activos tienen indígenas en sus tropas y reconocen un papel relevante de los nativos en la defensa de las fronteras, arguyó.
Son los ruralistas, que codician tierras de indígenas, y los dirigentes de iglesias evangélicas, con sus prédicas agresivas, quienes constituyen las amenazas más violentas, dictaminó.
Para otros sectores, como los quilombolas (comunidades afrodescendientes), los campesinos sin tierra y las ONG, también comenzaron tiempos adversos.
Bolsonaro anunció que su gobierno no entregará “un centímetro de tierra” tanto a indígenas como quilombolas y tratará como terroristas a los que invaden haciendas u otras propiedades.
A las ONG, el gobierno las amenaza con “supervisión y monitoreo”. Pero “las leyes son claras sobre sus derechos de organización”, así como la autonomía de las que no reciben aportes financieros estatales, recordó Ramos.
Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2019/01/los-indigenas-primeras-victimas-del-nuevo-gobierno-brasil/
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Más textos sobre la situación en Brasil:
> BRASIL: Mótivos por los que el sistema necesita a Bolsonaro: https://valladolorinternacionalista.blogspot.com/2018/12/brasil-motivos-por-los-que-el-sistema.html
> BRASIL: El significado de la elección de Bolsonaro y las tareas de los proletarios... : https://valladolorinternacionalista.blogspot.com/2018/11/brasil-el-significado-de-la-eleccion-de.html
> BRASIL: Sobre la victoria democrática del fascistoide Bolsonaro: https://valladolorinternacionalista.blogspot.com/2018/11/sobre-la-victoria-democratica-del.html
fuente:
compañeros Iniciativa Revolución Universal. Consideramos que es un
aporte muy importante para comprender el desarrollo histórico que
actualmente devino en la victoria de Jair Bolsonaro y su partido en las
elecciones de este año, así como una explicación del papel que jugaron a
todas las fracciones del Capital durante este proceso de derrota en las
luchas que tuvieron lugar a lo largo de una década. No obstante, pese a
su claridad del texto en muchos puntos importantes, también es necesario
señalar que hay aspectos que se muestran confusos a la hora de delimitar
la dicotomía fascismo/antifascismo, pues hay partes donde sigue
encasillando a la facción del bolsonarismo como un partido fascista, lo
cual consideramos un desacierto, pues tal como los compañeros de
Barbaria lo han expresado de manera concisa: no estamos de acuerdo con
la utilización del término «fascista» para el gobierno de Bolsonaro. El
fascismo fue un fenómeno histórico específico, con una participación
activa (no meramente electoral) de las masas, una actividad que desborda
con mucho las vías democrático-electorales y con la formación de
organismos paramilitares. Además, tanto el fascismo italiano como el
nazismo encuentran su origen en la socialdemocracia, ya sea en sus
organizaciones formales que en su dimensión de partido burgués para los
obreros. Bolsonaro, por el contrario, se trata de un militar conservador
y reaccionario mucho más semejante a Franco que a Mussolini.
Pese a lo dicho, sostenemos que no deja de ser un balance de nuestra
clase bastante cualitativo el cual no debería ser pasado por alto, pues
se sitúa en el terreno revolucionario afirmando las posiciones
comunistas más elementales por fuera y en contra de todos los discursos
del gatopardismo izquierdista y socialdemócrata que busca “legitimarse”
para gestionar el Capital (eso sí, bajo el supuesto de frenar la
“amenaza derechista y neoliberal”, siendo que ambas fracciones son
simplemente dos caras de la misma moneda). Por otra parte, aunque este
texto haya sido realizado unos cuantos meses antes de las elecciones
(podemos notar que desde entonces ya se vaticinaba este resultado) eso
no le resta vigencia, pues contiene suficientes elementos de crítica
ante hechos que siguen presentes y tampoco se limitan a “ese país”, sino
que tienen y han tenido lugar en otros procesos del globo [con mayor o
menor intensidad] donde los proletarios luchamos y también hemos
encarado derrotas, presenciado el triunfo del reformismo que da
continuidad a lo que necesita esta sociedad de la mercancía para seguir
paliando sus crisis. [Materiales]
Sobre la victoria democrática del fascista Bolsonaro en Brasil
Si Bolsonaro ganó las elecciones, es porque antes de su llegada tres gobiernos sucesivos del Partido de los Trabajadores se encargaron de aplastar cualquier rastro de fuerza propia y combatividad que pudiera quedarle a la clase trabajadora de Brasil. Al igual que en 1970 Allende inició su mandato garantizándole a la burguesía chilena que sus intereses no serían amenazados, asimismo Lula da Silva empezó a gobernar en 2003 prometiéndole a los grandes empresarios y banqueros internacionales que ninguno de sus intereses en Brasil correría riesgo alguno.
En efecto, Lula gobernó para garantizar el pago de la deuda pública, asegurando al capital un piso mínimo de estabilidad fiscal que le permitiese invertir con seguridad. Ninguno de los gobiernos del PT alteró en nada las condiciones de la explotación social y la acumulación capitalista en Brasil. Muy por el contrario, tales gobiernos fueron el soporte de una “amplia negociación nacional” destinada a garantizar que la explotación capitalista pudiese proseguir sin contratiempos.
Para cumplir su cometido, a lo largo de sus tres períodos de gobierno el PT cooptó y puso bajo su control a la mayoría de las dirigencias sindicales y sociales, transformando a los líderes populares en ministros, asesores de mercado, administradores de fondos de pensión e inversionistas. Simultáneamente, con tal de preservar las bases de su poder, el PT se puso a sí mismo bajo control de las fuerzas más reaccionarias representadas por el capital agrario, el empresariado de la industria nacional e internacional, el sistema financiero y la teocracia evangélica.
Mientras gobernaba para los propietarios de Brasil, el PT se las arregló para anestesiar el descontento social con una calculada combinación de programas sociales y terror represivo. Cuando Lula aceptó dirigir la Misión de ocupación de Haití en 2004, no sólo le demostró a EEUU que era un aliado confiable para aplastar democráticamente la protesta social en el continente. Al llevar al ejército brasileño a los barrios pobres de Haití, le proporcionó a las tropas un laboratorio para intervenir en las favelas de Río de Janeiro, tal como ocurrió durante las masivas agitaciones populares en contra del Mundial de Fútbol del 2014.
Durante los gobiernos del PT la producción de alimentos en Brasil disminuyó en más de 35%, con el consiguiente aumento de los precios cobrados a la clase trabajadora, debido a las facilidades dadas a las multinacionales agrarias para introducir monocultivos. 200 mil campesinos fueron desplazados mientras que 4 millones perdieron sus tierras a manos de las grandes empresas agropecuarias. Fue bajo los gobiernos del PT, y no bajo gobiernos fascistas, que la deforestación de la Amazonía alcanzó el "punto de no retorno".
Fue el gobierno de Dilma Rousseff, y no uno fascista, el que recalificó los cortes de carreteras y las tomas de tierras como delitos terroristas. Fue bajo esos gobiernos progres, y no bajo el fascismo, que los comandos de la muerte sembraron el terror entre los más desposeídos de los desposeídos en las grandes urbes del Brasil. Fue bajo gobiernos socialdemócratas, y no de derecha, que las cárceles de Brasil batieron los récords mundiales de hacinamiento y degradación de las condiciones de "vida" de los reclusos. Fue bajo esos gobiernos de izquierda que la clase trabajadora y los oprimidos de Brasil conocieron el umbral más bajo de la humillación y la vergüenza. Al proletariado de Brasil lo derrotó la democracia, no la dictadura.
Lo cual, por cierto, no es ninguna novedad. Mussolini accedió al poder cuando el proletariado italiano ya había sido derrotado por los compromisos electorales de los "partidos obreros y populares". Hitler fue designado como canciller por el presidente Hindenburg, quien había recibido el apoyo de los socialistas que veían en él un baluarte de la democracia contra el nazismo. En 1973 Allende, en vez de poner en los ministerios clave a representantes de los trabajadores, puso a los militares, mientras los partidos de la UP votaban una Ley de Control de Armas para desarmar a la clase trabajadora y entregársela en bandeja a las tropas pinochetistas. Quince años después, fue la Junta Militar la que organizó la transición democrática, cumpliendo al pie de la letra la doctrina formulada por Jaime Guzmán, quien fue al mismo tiempo el más democrático de los fascistas y el más fascista de los demócratas.
Como todos los fascistas, Bolsonaro ha llegado simplemente a ordenar los negocios después que la democracia progre sacó del juego al proletariado de Brasil, reduciéndolo a nada.
Tengan esto en cuenta cuando se pongan de nuevo a lloriquear por "la llegada del fascismo". Estos lamentos llegan demasiado tarde. Tendrían que haberse lamentado así, tendrían que haber entrado en pánico y haberse indignado cuando la izquierda socialdemócrata desarmó al proletariado, lo maniató y le hizo adicto a las comodidades, a la anestesia y a las mentiras. El lloriqueo asustado que se deja oír por todas partes hoy, es patético. Sólo demuestra que quienes gimen habían estado durmiendo, viviendo en una fantasía, rehusándose a ver la sangre que brotaba frente a sus narices y la mierda en la que se hundían poco a poco, al son de elecciones y batucadas.
En realidad, la llegada del fascismo nunca es tan mala como parece a primera vista. Al menos, ofrece la oportunidad de desengañarse, madurar y hacerlo un poco mejor de aquí en adelante.
«Yo me felicito de que tal cosa suceda, porque, hombre, la verdad es que da mucho coraje gastar seso y saliva durante años y más años hasta hacerse uno viejo, en explicar a los cabezas de piedra que gobierno es lo mismo que tiranía, que es una estupidez elegir al que ha de echarnos a garrotazos por la cabeza, y que la Autoridad no tiene otro deber que salvaguardar los intereses de los ricos. No quieren entender, pues que entiendan a garrotazos. ¡La letra, con sangre entra!Ahora, creo que ya están muchos convencidos de que la Autoridad sólo sirve para oprimir al pobre en beneficio del rico, y si no lo han entendido, Dominguitos, por favor, deja por algún tiempo más que rebosen gargajos las escupideras y que la Corte Federal parezca un muladar, para que entre tú y los angelitos de estrella enseñen a los hambrientos que todo gobierno es malo.»Ricardo Flores MagónRegeneración, núm. 259, 1 de septiembre de 1917
http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2018/10/sobre-la-victoria-democratica-del.html
Recibimos y publicamos:
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¡NÃO VAI TER COPA!
Es posible que de no
aflojar las movilizaciones el Estado no pueda continuar con su política
meramente represiva y comience a ceder un poco frente al temor de un papelón de
cara al resto del mundo. También es posible, aunque menos probable, que el
Estado no solo militarice, reprima y asesine en las favelas como viene
ocurriendo sino que pase a enfrentar directamente las protestas. Recordemos la
masacre de los juegos olímpicos de México DF 1968, cuando se ahogó en sangre el
grito de «¡No queremos olimpiada, queremos revolución!» con cientos de muertos
en los días previos al inicio, a manos del Batallón Olimpia, fuerza creada
especialmente para la ocasión. Frente a todo esto es necesario que las
protestas se generalicen, que se logre romper con las fronteras y las
canalizaciones burguesas, extendiendo la revuelta y asumiendo que la necesidad
de revolución es inseparable del resto de nuestras necesidades.[1] Recomendamos al respecto el último número de la revista Comunismo: Brasil. Protesta social y contrarrevolución, disponible en internet y en la feria de la biblio.
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En el proceso de
gestación del mundial de fútbol de brasil 2014 por parte del estado brasilero y
de la fifa, se ha generado un movimiento de protesta masiva y callejera.
Interesados en cómo se desarrollaba la protesta y qué materiales de lectura
iban produciendo, nos enfrentamos a todo un conjunto de críticas puntuales y
desconectadas que no daban el enfoque que estábamos buscando.Si hemos querido desarmar esta intrincada y desagradable madeja de elementos ha sido para organizar el análisis, pero nunca hemos perdido de vista que el mundo, el mundo mundial y el mundo mundial mundializado, son en realidad la misma cosa. Nunca hemos dejado de decir que su avance es también la muerte y fosilización de la vida.
Por tal motivo, cuestionar la organización de un mundial [de fútbol] sin cuestionar el funcionamiento del mundo [capitalista], es una actividad ilógica. Peor aún, es una tarea que nos distrae de lo que realmente está sucediendo aquí y ahora.”
“El mundo mundial de brasil 2014 es un mecanismo de expansión del capitalismo que se constituye en un múltiple robo directo a los individuos que viven en el territorio del estado brasilero. Si la imposición violenta de este evento y el despliegue militar es el peor robo de la libertad individual y colectiva; también lo es el hecho de que el dinero que el estado invierte para que mundo mundial exista es deuda pública que será pagada a través de los impuestos. Los individuos que trabajen y consuman en el estado brasilero serán los encargados de pagar con sus impuestos todos los gastos de este mundo mundial, además de los intereses producidos por esta deuda. Este no es un simple robo de dinero, es un robo de la libertad que todo individuo debe tener para dedicar su tiempo a lo que prefiera. El impuesto sobre los sueldos o el consumo no hace más que elevar el costo de vida, razón por la cual el individuo debe gastar más tiempo de su vida en producir dinero.”
“Esto es la guerra. Expresa, declarada y sin miramientos. Guerra contra la población civil. Contra los que sobran por marginados y contra los que protestan por subversivos. Es la grotesca demostración de que mundo mundial es una falsa circunstancialidad, es un mecanismo de bizarra legitimación en un nuevo giro de tuerca de la represión y el control poblacional. [...]
En algún momento el mundo ha logrado reorganizar los marcos de lectura de estos acontecimientos y brasil 2014 es un claro ejemplo de ello. Mundo mundial es impuesto claramente por fuerza de la violencia ante el rechazo generalizado. Habiéndose declarado unilateralmente una guerra sistemática, planificada y ostensible contra los pobladores; una protesta nunca puede ser pacífica. Siendo que una de las partes se ha declarado en pie de guerra, toda resistencia es reprimida con violencia, por lo que protestar, en términos reales, solo es posible haciendo uso de la legítima defensa.
Porque sólo en el año 2012 la policía
brasilera mató a 1.890 personas según el informe del Foro Brasileño de
Seguridad Pública. Porque a esto deben sumarse las muertes no reconocidas por el
estado. Porque la policía brasilera está matando niños que viven en las calles
hace meses, cosa sabida ampliamente entre los brasileros y ahora presenciada y
denunciada por periodistas extranjeros. Y porque cuando el ministerio de
deportes dice que “cuando se aproxime el inicio del campeonato vamos a tener un
clima de fiesta y no habrá lugar para protestas violentas”, debe leerse que
habrá una violencia desmedida contra todo aquel que quiera oponerse realmente a
la realización de mundo mundial.”“Si hemos dicho que argentina 1978 fue denunciada como propaganda de la dictadura, brasil 2014 tiene como uno de sus protagonistas a una protesta masiva, callejera y transgresora, fundamentada en el cuestionamiento profundo de lo que mundo mundial realmente es en términos de desarrollo del desequilibrio, expansión del comercio, justificación de la represión y destrucción de la vida. Brasil 2014 no es solamente criticado por el uso propagandístico, sino que es también enfrentado en toda y cada una de sus características esenciales por una rabiosa e indignada muchedumbre que no logra ser apaciguada.”
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Autores: Federico Corriente y Jorge Montero
Desde la transformación de las fiestas y juegos populares en deportes, pasando por las distintas nociones de cultura física que se han sucedido desde la Antigüedad hasta llegar a nuestros días, este ensayo analiza el proceso de difusión internacional del deporte y su evolución en el seno de la sociedad moderna, prestando especial atención al papel de los deportes en la configuración del liberalismo decimonónico, el colonialismo y el imperialismo, y haciendo especial hincapié en el destacado lugar que ocupan en el discurso ideológico totalitario.
Este libro es un
trabajo crítico, riguroso, muy bien documentado y de lectura ágil, que aborda
la relación entre deporte, democracia y totalitarismo desde una perspectiva
completamente inédita.[Cuando la conflictividad social se acentúa en Brasil a las puertas del mundial, este libro analiza el papel del deporte en las lógicas del capital.]
La propia organización de un deporte de alcance planetario, fundamentado en un orden piramidal opaco, se ha erigido y consolidado como un modo de producción y reproducción socioeconómico que lo invade todo. El deporte, convertido ya en espectáculo total, se afirma como el medio de comunicación exclusivo, capaz de estructurar en toda su profundidad el día a día de millones de personas, desde la fisonomía de las ciudades, hasta los ritmos de trabajo y la estructuración del tiempo libre.
El nuevo récord, la mejora del rendimiento, el sometimiento del cuerpo por encima de los límites humanos, se convierte en la base del espectáculo, en su única motivación, en el fin que lo justifica todo, por lo que el dopaje y las intervenciones-agresiones en el cuerpo del atleta se han convertido en la normalidad de un deporte que juega al escondite con los controles antidoping, mientras los deportistas se lanzan a una carrera alocada contra su propia vida.










