Mostrando entradas con la etiqueta brasil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta brasil. Mostrar todas las entradas

 

Matanza policial en Brasil

 

 

El 30 de octubre, la Policía Civil de Río de Janeiro perpetró una masacre en dos favelas (barrios marginales donde 1,5 millones de personas viven hacinadas) de la metrópoli: 130 personas fueron asesinadas; decenas de cadáveres fueron encontrados en una zona boscosa, con las manos atadas y muertos por una bala en la espalda o el cuello, así como el de un joven de 19 años, decapitado tras ser degollado...

Se trató de una mega operación policial, la “Operação Contenção” (“Operación Contención”), ordenada por el gobernador del estado, Cláudio Castro, partidario del expresidente ultra derechista Bolsonaro, para arrestar a los líderes del “Comando Vermelho” (Comando Rojo), una poderosa organización criminal que opera en estas favelas, donde viven casi 200.000 personas.

Para reprimir a este grupo se movilizaron 2.500 policías, junto con una treintena de vehículos blindados, camiones de demolición, dos helicópteros y drones. Los residentes señalaron que hubo disparos indiscriminados hechos contra viviendas, heridos sin atención médica y cadáveres esparcidos por las calles, sin mencionar los allanamientos realizados sin orden judicial, etc.

Al día siguiente, el gobernador declaró que la operación fue un gran éxito, sufriendo solo la baja de cuatro policías muertos. Castro continuó criticando la falta de apoyo del gobierno federal, que se negó a proporcionar vehículos blindados o autorizar la intervención militar: “Esta operación tiene poco que ver con la seguridad pública. Es una operación de defensa. Es una guerra que el Estado [de Río de Janeiro] no debería librar solo. Para una guerra como esta, que no tiene nada que ver con la seguridad urbana, deberíamos tener mucho más apoyo. Ahora mismo, tal vez incluso de las fuerzas armadas”. (1)

Aunque calificó la operación de “desastrosa”, Lula respondió reiterando su determinación de combatir con firmeza la delincuencia y afirmó que era necesario el compromiso de los gobiernos federal y estatal para “combatir la facción [criminal] y la brutalidad que existe en São Paulo, Río de Janeiro y en todo el país” (2), haciéndose eco de la retórica de la extrema derecha. De hecho, su gobierno supervisó una operación militar en junio de 2007 en la favela de Amelao que se saldó con 19 muertos (algunos de ellos ejecutados). La brutalidad a la que se refería, por lo tanto, no era la de la policía, que tampoco está muy lejos: según el informe anual oficial sobre seguridad pública en Brasil, 6.393 personas (83% negras y 72% menores de treinta años) fueron asesinadas por la policía en 2024 (3), quienes gozan de inmunidad de facto: una investigación sociológica en Río de Janeiro estableció que más del 99% de los asesinatos policiales nunca daban lugar a una investigación oficial (4).

Detrás de la “guerra contra las drogas”, lo que en realidad se está llevando a cabo son operaciones destinadas a aterrorizar al proletariado y a las masas marginadas. Estas operaciones sangrientas y espectaculares, lanzadas principalmente contra pequeños delincuentes, son incapaces de acabar con la delincuencia y el crimen organizado. Según los expertos, se deben abordar las fuentes de financiación de las “facciones”, como el contrabando de combustible a gran escala y las redes políticas que lo apoyan (5), algo que actualmente no está en la agenda. En Río, las milicias paramilitares, compuestas por bomberos o policías retirados o en servicio, dirigen un lucrativo negocio que proporciona protección y diversos servicios esenciales. Todos estos grupos han diversificado y ampliado sus actividades para incluir el tráfico de cocaína, el contrabando de oro, los pagos digitales, etc. Hasta tal punto que algunos creen que el crimen organizado se ha convertido en el principal negocio de Brasil: entre el crimen organizado, que prospera al margen de las leyes de la burguesía, y el capitalismo criminal, que es “honesto” porque generalmente opera dentro del marco de estas leyes, sin dudar en violarlas si la búsqueda de beneficios lo exige, es natural que existan vínculos (6).

El flagelo de la delincuencia es producto de la pobreza, el desempleo y la precariedad; en pocas palabras, de las miserables condiciones en las que viven las masas desheredadas de la población. Para sobrevivir, algunos no encuentran otra solución que involucrarse en actividades delictivas. El capitalismo no puede eliminar estas condiciones porque él es su causante y de las cuales a la vez se nutre.

Al contrario, los poderes burgueses utilizan el pretexto de la “lucha contra la delincuencia”, la “lucha contra las drogas”, etc., para justificar, al igual que la “lucha contra el terrorismo”, el fortalecimiento de sus recursos policiales, tanto legales como materiales. El proletariado no tiene ningún interés en apoyar el fortalecimiento de la policía, ni en exigir una mayor y eficaz represión estatal contra la delincuencia, ni en promover “la ley y el orden”. Porque cualquier fortalecimiento del Estado y sus medios de represión se vuelve inevitablemente en su contra. De hecho, el proletariado siempre representa, potencialmente, a ojos de la burguesía, el verdadero peligro, la verdadera amenaza para el orden público.

Por eso, operaciones espectaculares y sangrientas como la de octubre en Río de Janeiro tienen un innegable carácter antiproletario: más allá incluso del asesinato indiscriminado de habitantes de barrios proletarios, su objetivo es mostrar a los proletarios la omnipotencia del Estado y sus medios de represión.

Esta no es una “guerra contra las favelas” (7), sino un episodio de la guerra contra los proletarios. Estos últimos tendrán que responder con la guerra de clase contra el capitalismo (criminal o legal) y el Estado burgués.

 


 

(1) www.gazetadopovo.com.br, 11/01/2025

(2) https://www.sabado.pt 11/04/2025

(3) https://www.ipea.gov.br/atlasviolencia/publicacoes

(4) https://necvu.com.br/wp-content/uploads/2020/11/2012-NECVU_UFRJ_Autos-de-Resistencia-no-Rio-de-Janeiro_Relatorio-Final.pdf

(5) https://www.lemonde.fr/international/article/2025/10/29/au-bresil-rio-a-connu-l-operation-
policiere-la-plus-meurtriere-de-son-histoire_6650142_3210.html

(6) “La economía criminal de Brasil ha salido de los callejones oscuros y ahora se infiltra en las salas de juntas, los estados financieros y las cadenas de suministro esenciales” (...) https://theconversation.com/analise-o-crime-organizado-se-tornou-o-maior-negocio-do-
brasil-e-sua-mais-seria-ameaca-268554

(7) La fórmula es retomada por el PSOL (un partido pequeño burgués de izquierda que reúne a trotskistas y varios reformistas), que solo acusa al gobernador: https://movimientorevista.com.br/2025/10/rio-
em-guerra-operacao-mais-letal-da-historia-do-estado-expoe-a-politica-de-morte-de-castro/



“Luchamos por la demarcación de nuestro territorio”, dice una pancarta en una marcha de indígenas de las que llegan hasta Río de Janeiro desde las comunidades de los 305 pueblos originarios de Brasil, para reclamar los derechos que les reconoce la Constitución y que el presidente ultradrechista Jair Bolsonaro comenzó a desconocer nada más comenzar su mandato. 

 
 
 
 “Ya fuimos diezmados, tutelados y víctimas de la política integracionista de gobiernos y el Estado Nacional”, recordaron líderes indígenas, para rechazar las propuestas y medidas del nuevo gobierno de Brasil sobre los pueblos originarios.

En carta abierta al presidente Jair Bolsonaro, líderes de los pueblos aruak baniwa y apurinã, que viven en las cuencas de los ríos Negro y Purus, en el noroeste amazónico de Brasil, protestaron contra el decreto que somete desde ahora las tierras indígenas al Ministerio de Agricultura, gestor de intereses contrarios a los de pobladores originarios.
Los indígenas representarán probablemente la resistencia más inflamable a la ofensiva del nuevo gobierno de extrema derecha en Brasil, que tomó posesión el 1 de enero y cuyas primeras medidas tienden a desmantelar avances durante las tres últimas décadas a favor de los 305 pueblos originarios registrados en este país.
Para eso cuentan con el artículo 231 de la Constitución brasileña, vigente desde 1988, que les asegura “derechos originarios sobre las tierras que tradicionalmente ocupan”, además de reconocerles “su organización social, costumbres, lenguas, creencias y tradiciones”.
A eso se suman reglas internacionales ratificadas por el país, como el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional del Trabajo, que defiende derechos indígenas y condiciona proyectos que los afectan a consulta previa, libre e informada a las comunidades amenazadas.
Fue indígena la más aguerrida resistencia a la construcción de centrales hidroeléctricas que represan grandes ríos amazónicos, especialmente la de Belo Monte, construida sobre el río Xingu entre 2011 y 2016 y cuyas turbinas está previsto que terminen de instalarse este año.
Quitar a la Fundación Nacional del Indígena (Funai) la competencia de identificar y demarcar legalmente las llamadas Tierras Indígenas, transfiriéndola al Ministerio de Agricultura, significa que se estancará la definición de nuevas áreas y se pondrá en peligro a las ya establecidas.
Habrá una revisión de las demarcaciones de tierras indígenas hechas en los 10 últimos años, anunció el flamante secretario de Asuntos de Tierras de ese ministerio, Luiz Nabhan García, que ahora es el responsable del tema.
García es el líder de la Unión Democrática Ruralista, un colectivo de terratenientes, especialmente ganaderos, protagonista de frecuentes y violentos conflictos por la tierra.
El mismo Bolsonaro ya anunció la intención de revisar el área de Raposa Serra do Sol, tierra indígena homologada en 2005, en medio de batallas jurídicas que terminaron en 2009 con un fallo del Supremo Tribunal Federal, que reconoció la validez de la demarcación.
Ese territorio indígena abarca 17.474 kilómetros cuadrados y cerca de 20.000 pobladores de cinco etnias distintas, en el norteño estado de Roraima, fronterizo con Guyana y Venezuela.En Brasil existen actualmente 486 Tierras Indígenas homologadas, es decir, con el proceso de demarcación concluido totalmente, y 235 unidades aún por demarcar, de las que 118 están en fase de identificación, 43 ya identificadas y 74 declaradas.
“Los gobernantes hablan, pero revisar exigiría cambios constitucionales o la comprobación de fraudes y vicios en el proceso que no parecen usuales”, matizó  Adriana Ramos, directiva del Instituto Socioambiental, organización no gubernamental con una amplia y respetada actuación indigenista y ambiental.
“Ya hubo retrocesos en las primeras decisiones del gobierno, con la mengua del órgano indigenista y separación de sus funciones. También el Ministerio de Salud anunció modificaciones en la política hacia la población indígena, sin presentar propuestas, amenazando empeorar lo que ya es malo”, acotó a IPS desde Brasilia.
“La tendencia es paralizar el proceso de demarcación de tierras, que ya venía muy lento en los gobiernos anteriores” y lo peor es que las declaraciones contra derechos “operan como gatillo para violaciones que agravan conflictos, generando inseguridad entre los pueblos indígenas”, advirtió Ramos.
En los primeros días del año, y del gobierno de Bolsonaro, taladores de madera ya invadieron la tierra indígena del pueblo arara, cerca de Belo Monte, con el riesgo de confrontaciones armadas, señaló.
Los indígenas del pueblo guaraní, el segundo grupo indígena más numeroso del país -detrás del tikuna, que residen en el norte-, son los más vulnerables a la situación, especialmente sus comunidades establecidas en el centrooriental estado de Mato Grosso do Sul.
Batallan por la demarcación de varias tierras y la ampliación de las ya demarcadas en áreas insuficientes, y en esa lucha ya sufrieron el asesinato de decenas de líderes, mientras soportan condiciones de sobrevivencia cada vez más precarias.

“La grave situación se hace peor con el nuevo gobierno. Nos ahorcan al dividir la Funai  y atribuir la demarcación al Ministerio de Agricultura, dirigido por ruralistas, enemigos número uno de los indígenas”, resumió Inaye Gomes Lopes, una joven profesora indígena que vive en la Aldea Ñanderu Marangatu, en Mato Grosso do Sul, cerca de la frontera con Paraguay.
La Funai mantiene sus funciones asistenciales y de defensa de derechos pero pasa a estar subordinada al nuevo Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, comandad por Damares Alves, una abogada y pastora evangélica de polémicas opiniones.
“Solo tenemos ocho tierras demarcadas en el estado y una fue anulada (en diciembre). Lo que tenemos se debe a muchos que murieron, sin que sus asesinos fuesen encarcelados”, sostuvo Lopes, quien imparte clases en una escuela que homenajea en lengua indígena a Marçal de Souza, líder guaraní asesinado en 1982.
“Buscamos formas de resistir y ‘apoyadores’, incluso internacionales. Estoy preocupada, no duermo de noche”, confesó a IPS en diálogo desde su aldea, en relación al nuevo gobierno, cuyas manifestaciones en relación a los indígenas considera “una injusticia con nosotros”.

Bolsonaro aboga por la “integración” de los indígenas, con lo que se refiere a la asimilación con la sociedad blanca, una vieja y sobrepasada pretensión de la élite blanca.
Condenó que los indígenas sigan viviendo “como en zoológicos”, ocupando “15 por ciento del territorio nacional”, cuando suman, según sus datos, menos de un millón de personas, en un país de 209 millones de habitantes.
“No somos nosotros que tenemos gran parte del territorio brasileño, pero si los grandes latifundistas, los ruralistas, el agronegocio y otros que poseen más de 60 por ciento del territorio nacional”, contrarrestó la carta pública de los pueblos baniwa y apurinã.
En realidad las tierras indígenas suman 13 por ciento de Brasil y 90 por ciento se ubican en la Amazonia, corrigieron los firmantes del manifiesto.
“No somos manipulados por ONG (organizaciones no gubernamentales)”, respondieron a otra acusación “fruto de prejuicios” del presidente.
La paranoia de algunos jerarcas militares, como el ministro del Gabinete de Seguridad Institucional, el general retirado Augusto Heleno Pereira, es que los pobladores de Tierras Indígenas bajo influencia de ONG declaren la independencia de sus territorios, apartándose de Brasil.
El temor obedece principalmente, se aduce, a áreas fronterizas y, peor, a aquellas ocupadas por pueblos que viven en los dos lados de la frontera, como los yanomamis, que reparte su población entre Brasil y Venezuela.
Pero a juicio de Ramos, no son los grupos de ascendencia militar que comparten el poder en el gobierno de Bolsonaro, como los generales que ocupan cinco ministerios, la vicepresidencia y otras funciones importantes, los que más amenazan los derechos indígenas.
Muchos militares activos tienen indígenas en sus tropas y reconocen un papel relevante de los nativos en la defensa de las fronteras, arguyó.
Son los ruralistas, que codician tierras de indígenas, y los dirigentes de iglesias evangélicas, con sus prédicas agresivas,  quienes constituyen las amenazas más violentas, dictaminó.
Para otros sectores, como los quilombolas (comunidades afrodescendientes), los campesinos sin tierra y las ONG, también comenzaron tiempos adversos.
Bolsonaro anunció que su gobierno no entregará “un centímetro de tierra” tanto a indígenas como quilombolas y tratará como terroristas a los que invaden haciendas u otras propiedades.
A las ONG, el gobierno las amenaza con “supervisión y monitoreo”. Pero “las leyes son claras sobre sus derechos de organización”, así como la autonomía de las que no reciben aportes financieros estatales, recordó Ramos.

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2019/01/los-indigenas-primeras-victimas-del-nuevo-gobierno-brasil/



_________________________
Más textos sobre la situación en Brasil:

> BRASIL: Mótivos por los que el sistema necesita a Bolsonaro: https://valladolorinternacionalista.blogspot.com/2018/12/brasil-motivos-por-los-que-el-sistema.html

> BRASIL: El significado de la elección de Bolsonaro y las tareas de los proletarios... : https://valladolorinternacionalista.blogspot.com/2018/11/brasil-el-significado-de-la-eleccion-de.html

> BRASIL: Sobre la victoria democrática del fascistoide Bolsonaro: https://valladolorinternacionalista.blogspot.com/2018/11/sobre-la-victoria-democratica-del.html


fuente:

 
Traducimos al español y publicamos a continuación un texto de los
compañeros Iniciativa Revolución Universal. Consideramos que es un
aporte muy importante para comprender el desarrollo histórico que
actualmente devino en la victoria de Jair Bolsonaro y su partido en las
elecciones de este año, así como una explicación del papel que jugaron a
todas las fracciones del Capital durante este proceso de derrota en las
luchas que tuvieron lugar a lo largo de una década. No obstante, pese a
su claridad del texto en muchos puntos importantes, también es necesario
señalar que hay aspectos que se muestran confusos a la hora de delimitar
la dicotomía fascismo/antifascismo, pues hay partes donde sigue
encasillando a la facción del bolsonarismo como  un partido fascista, lo
cual consideramos un desacierto, pues tal como los compañeros de
Barbaria lo han expresado de manera concisa: no estamos de acuerdo con
la utilización del término «fascista» para el gobierno de Bolsonaro. El
fascismo fue un fenómeno histórico específico, con una participación
activa (no meramente electoral) de las masas, una actividad que desborda
con mucho las vías democrático-electorales y con la formación de
organismos paramilitares. Además, tanto el fascismo italiano como el
nazismo encuentran su origen en la socialdemocracia, ya sea en sus
organizaciones formales que en su dimensión de partido burgués para los
obreros. Bolsonaro, por el contrario, se trata de un militar conservador
y reaccionario mucho más semejante a Franco que a Mussolini. 

Pese a lo dicho, sostenemos que no deja de ser un balance de nuestra
clase bastante cualitativo el cual no debería ser pasado por alto, pues
se sitúa en el terreno revolucionario afirmando las posiciones
comunistas más elementales por fuera y en contra de todos los discursos
del gatopardismo izquierdista y socialdemócrata que busca “legitimarse”
para gestionar el Capital (eso sí, bajo el supuesto de frenar la
“amenaza derechista y neoliberal”, siendo que ambas fracciones son
simplemente dos caras de la misma moneda). Por otra parte, aunque este
texto haya sido realizado unos cuantos meses antes de las elecciones
(podemos notar que desde entonces ya se vaticinaba este resultado) eso
no le resta vigencia, pues contiene suficientes elementos de crítica
ante hechos que siguen presentes y tampoco se limitan a “ese país”, sino
que tienen y han tenido lugar en otros procesos del globo [con mayor o
menor intensidad] donde los proletarios luchamos y también hemos
encarado derrotas, presenciado el triunfo del reformismo que da
continuidad a lo que necesita esta sociedad de la mercancía para seguir
paliando sus crisis.  [Materiales]
 

 
 

El patriota y liberal como buen adepto de las enseñanzas del hippie nazareno crucificado, pretende seguir evangelizando (con plomo y metralla) más paganos de la Amazona y continuar con las penitencias que depara a los explotados el trabajo salariado y de este modo pueda florecer el paraiso capitalista del orden y el progreso.


 

 
Brasil. El significado de la elección de Bolsonaro y las tareas de los proletarios de vanguardia.



El candidato de derecha Jair Bolsonaro, un veterano del parlamentarismo brasileño (ha sido miembro del parlamento durante 18 años bajo varias etiquetas), denunciado por la mayoría de la prensa internacional (1) por sus declaraciones racistas, sus declaraciones escandalosas sobre varios temas y sus diatribas violentas (2), fue elegido el 28 de octubre como Presidente de la República frente a Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (3). Unas semanas antes, en las elecciones legislativas del 7 de octubre, su partido, el PSL (Partido Social Liberal) había pasado de 1 escaño a 52 en el parlamento.

1. La elección de Bolsonaro no es el advenimiento del fascismo. Sin duda, Bolsonaro es un admirador del fascismo y un nostálgico de la dictadura militar (que el movimiento al que pertenece encuentra tan dulce), etc. Pero el advenimiento del fascismo significa un cambio profundo, no solo del régimen político (que puede mantener apariencias democráticas), sino sobre todo en el equilibrio de poder entre las clases: en otras palabras, la represión brutal y sangrienta de un movimiento proletario y revolucionario que constituía una amenaza real o potencial para el orden burgués (incluso cuando el fascismo siempre consolida y acentúa una derrota ya infligida al proletariado por el sistema democrático y por las fuerzas reformistas y oportunistas). No hay nada similar en Brasil: los círculos burgueses gobernantes no necesitan establecer un régimen fascista para asegurar la permanencia de su poder económico y social que, desafortunadamente, nadie ha amenazado.

2. Hay quienes están indignados por que, además de Trump, los diversos gobiernos de América Latina y el mundo felicitaron a los nuevos electos, a pesar de las críticas de los medios de comunicación contra él, contra sus declaraciones racistas, misóginas y homófobas; a pesar de las amenazas a las poblaciones amerindias y al medio ambiente. Incluso Maduro, el presidente de Venezuela cuya denuncia fue uno de los temas recurrentes de la campaña electoral de Bolsonaro (hasta el punto de alimentar rumores de una intervención militar contra ese país en el caso de acceder al poder) felicitó al "pueblo brasileño", ¡Por haber elegido a este último! Detrás de las contiendas electorales, el factor fundamental en juego en Brasil es la "cuestión social"; o, para decirlo claramente, la lucha de clases de la burguesía contra el proletariado, y se entiende que todos los gobiernos burgueses están del mismo lado que Bolsonaro y que pueden estar satisfechos con su elección. La victoria de este último (cuya campaña fue financiada por los grandes capitalistas, en particular el sector agroalimentario, y apoyada por los medios de comunicación), significa que los sectores decisivos de la burguesía brasileña consideran la creación de un gobierno autoritario como algo necesario para resolver el problema; problema que debe afrontar, pasando la página política del Partido de los Trabajadores (PT): aquella fue una política "reformista" basada en un acuerdo con las fuerzas políticas de derecha para dar cierta satisfacción a los estratos "populares", mientras se llevaba a cabo una acción fundamentalmente pro-capitalista. Esta política ha funcionado durante más de una década, años de rápido crecimiento económico en Brasil, basados en particular en los altos precios de las materias primas, en las cuales el país es rico, y en el auge de la industria agroalimentaria. Por lo tanto, los gobiernos del PT pudieron ofrecer perspectivas de promoción social a algunos sectores e implementar algunas medidas sociales para los más pobres. Pero como esa política no atacó el privilegio social burgués, sino que defendió los intereses capitalistas fundamentales, no redujo en absoluto las desigualdades sociales. La persistencia de la miseria es la principal causa del crimen que arrasa el país (4). Además, la política del PT también ha sido acompañada por una generalización de la corrupción política. Las crecientes dificultades económicas, además de la profunda recesión conocida por el país, han socavado esta política, obligando a los gobiernos del PT a adoptar medidas de "austeridad" y "antisociales". Esto ha provocado importantes reacciones por parte de la población, en particular movimientos extensos por el problema del transporte. Una de las características de estas manifestaciones ha sido que estaban dirigidas por corrientes pequeñoburguesas ferozmente hostiles a todo lo que evocaba al socialismo y cosas por el estilo. Del mismo modo, los escándalos de corrupción han provocado grandes manifestaciones populares lideradas por fuerzas de derecha que exigen el despido (que finalmente obtuvieron) de la presidenta Dilma Rousseff (del PT), reemplazada por su vicepresidente de derecha, Tremer (del PMDB). Los líderes del PT hablaron de un "golpe de estado" institucional. Las medidas antiproletarias adoptadas y las previstas sobre todo por el gobierno de Tremer han provocado el descontento de los trabajadores hasta obligar a los sindicatos a organizar huelgas generales. Pero el aparato sindical, en particular del principal sindicato, la CUT, vinculada al PT, logró contener estas reacciones dirigiéndolas hacia una victoria de la izquierda en las elecciones de este año. Sin embargo, el gobierno de Tremer demostró ser incapaz de utilizar el tiempo que le daban los sindicatos para seguir con sus "reformas" (es decir, los ataques antiproletarios) consideradas urgentes para reiniciar la economía, no solo por el gobierno y los capitalistas brasileños, sino también por las instituciones internacionales como el FMI: las medidas para restablecer la tasa promedio de ganancia de la economía, mediante el aumento de la explotación del proletariado, en particular sobre la cuestión de las pensiones y la seguridad social, etc. Para los capitalistas pues se hacía necesario un nuevo gobierno "fuerte" y una nueva orientación autoritaria.

3. Es significativo que los partidos burgueses tradicionales se hayan derrumbado en las elecciones, mientras que el PT, en general, ha resistido relativamente (el PT tiene el mayor grupo parlamentario, por delante del de Bolsonaro). El clientelismo del PT le permitió mantener cierta influencia electoral, mientras que los partidos burgueses tradicionales han visto cómo sus apoyos financieros y sus medios de comunicación se alejan para empujar a un extraño prácticamente desconocido. Esta es la demostración de que los círculos burgueses más influyentes sintieron la necesidad de pasar página después de los años del PT, para aumentar la explotación capitalista, pero también para contener (pero no eliminar) la corrupción indisolublemente vinculada a la gestión del PT, que había aumentado hasta hasta el punto de privatizar sectores no rentables y convertirse en un obstáculo para el buen curso de la economía. Bolsonaro llegó al poder no para establecer el fascismo, sino para atacar a los trabajadores más a fondo, no para eliminar la "Nueva República" que sucedió a la dictadura, sino para reformarla en un sentido autoritario. Su discurso reaccionario, de seguridad y represivo es útil en este contexto, mientras que la burguesía ilustrada cierra sus narices ante sus excesos más gruesos.

4. Es erróneo creer que la victoria de los "populistas" o de los partidos de extrema derecha en Brasil o en cualquier otro lugar se nutra del "fracaso de los reformistas". Es el éxito de los reformistas lo que abre el camino para los gobiernos de derecha; éxito no en relación con su propaganda y sus promesas electorales, que sabían que no podían implementar, sino en relación con su función efectiva en la escena de la política burguesa: haciendo pasar las medidas requeridas por los capitalistas y evitando o desviando las luchas de resistencia proletarias. Una vez que los reformistas han hecho lo que pueden de esta manera, ceden el paso a los gobiernos de derecha que no hacen más que acentuar su política (como las democracias bien engrasadas en Europa), o incluso son rechazados por la burguesía, como es el caso de Brasil, donde Dilma Roussef fue depuesta y Lula fue encarcelado por corrupción para evitar que compitiera en las elecciones presidenciales (el fundador del PT sigue siendo uno de los políticos brasileños más populares).

5. Es absurdo quejarse de que la democracia está amenazada en el mundo por el advenimiento de regímenes autoritarios o de extrema derecha, etc., como si el mundo hubiera vivido hasta ahora en una situación satisfactoria que debería haberse defendido o recuperado. Esta es una posición abiertamente conservadora, antirrevolucionaria y, sobre todo, centrada en Occidente: la "democracia" es realmente solo la máscara de la dictadura de la burguesía para el mantenimiento de la paz social en países suficientemente ricos. En otros lugares, o cuando las dificultades económicas aumentan demasiado y las tensiones sociales se agudizan, la dictadura de la burguesía se vuelve más abierta y el velo democrático desaparece antes del establecimiento de regímenes autoritarios. La evolución del capitalismo se dirige inexorablemente hacia el fin del estado social y las concesiones otorgadas por la clase dominante en los países capitalistas más desarrollados para anestesiar al proletariado, en particular a través de la acción de los partidos de izquierda y las organizaciones colaboradoras que se nutren de estas concesiones. Pero la clase dominante se esfuerza y siempre intentará mantener la fachada de la democracia tanto como sea posible y alimentar las ilusiones democráticas, tan útiles para la conservación social. No es casual que el mismo "fascista" Bolsonaro se declare a sí mismo "amante de la libertad y la democracia" ... El futuro que espera al capitalismo, constreñido como está por sus crisis recurrentes, es el empeoramiento de la explotación, la opresión y la represión, de las cuales los regímenes autoritarios son sólo los medios; el empeoramiento de las tensiones intercapitalistas y las tensiones bélicas que han devastado al mundo durante mucho tiempo fuera de las democracias occidentales y de las que estas mismas democracias son responsables. Combatir esta perspectiva es esencial, pero no estableciendo de manera implícita o explícita el objetivo de volver a un status quo anterior, a una era pasada de capitalismo "bueno" y a una democracia "feliz": ese momento ha sido el del dominio abrumador de la burguesía sobre el proletariado y los pueblos oprimidos del mundo.

6. Hay quienes se han quejado de que no existiera un "Frente Republicano" para evitar la victoria electoral de Bolsonaro (a imagen de lo que se practica en Francia, donde los partidos de izquierda y de derecha se unen en nombre de la defensa del Estado democrático contra el partido de extrema derecha Frente Nacional, o como sueñan en Italia para detener la tendencia racista). El PT ha tratado de vincular a su candidatura, en el marco de un "Frente Democrático", a personalidades y partidos burgueses, pero sin mucho éxito: sus socios burgueses habituales lo han abandonado, como el PMDB o el ex presidente Cardoso, que dijo que no iba a elegir entre los dos candidatos. Sin embargo, todos los partidos de "extrema izquierda" que formaron un "frente" con el PT y el PCdoB para la segunda ronda, como el PSOL, pero también los que recordaban que si el candidato del PT hubiera sido elegido se pondría en contra de los proletarios, o los trotskistas del PSTU o el MRT (que se jactaron de que nunca habían apoyado al PT), llamaron a votar por él contra Bolsonaro. Este ha sido también el caso del pequeño sindicato CSP-Conlutas que llamó a "bloquear a Bolsonaro tanto en las urnas como en la calle". Hacer creer que es posible bloquear los ataques capitalistas, no a un individuo, que este individuo está promoviendo abiertamente, votar por un partido pro burgués responsable de una serie de ataques anteriores y que promete hacer otros, es una posición oportunista absolutamente antiproletaria. No es en el terreno electoral, apoyando a los lacayos de la burguesía, sino en el terreno de la lucha y en las posiciones de clase independientes, donde se puede resistir a los capitalistas y a sus gobiernos, ya sean de derecha o de izquierda. Todos aquellos que difunden ilusiones sobre el PT y el sistema electoral democrático son adversarios de la lucha de clases proletaria.

7. Después de la derrota electoral, los partidos y sindicatos denominados "obreros", "socialistas" o "revolucionarios", llaman, según su costumbre, a la formación de "frentes" lo más amplios posibles contra el presidente electo y las medidas que tomará su futuro gobierno (Bolsonaro no se hará cargo de este hasta principios del próximo año). Cubren sus hermosas propuestas de discursos radicales, "anticapitalistas", pero su actitud hacia las elecciones ya ha demostrado qué hay que esperar: estas palabras son solo polvo en los ojos, para ocultar su aplastamiento ante las fuerzas de la colaboración de clase, como también lo demuestra su nacionalismo: la "soberanía nacional" de Brasil (presumiblemente amenazada por Bolsonaro) y los intereses de los proletarios brasileños no se pueden defender al mismo tiempo. El proletariado de Brasil tiene una rica tradición de luchas y, sin duda, volverá a luchar contra los ataques capitalistas ahora y en el futuro. Pero lo que ha faltado hasta ahora es una orientación política de clase que pueda permitirle escapar de las garras del oportunismo colaboracionista. Esta orientación solo puede ser dada por el partido de clase, internacionalista e internacional, basado en el programa comunista integral e invariante. Dar los primeros pasos hacia el establecimiento de este partido, rompiendo con las desastrosas orientaciones del PT y sus satélites es tarea de los proletarios de vanguardia, una tarea que, en el período que se abre, será cada vez más imperativa. Este es el único camino a seguir, no hacia el espejismo del establecimiento de una democracia ideal, sino hacia el derrocamiento de la burguesía y su estado y el establecimiento de la dictadura del proletariado, en colaboración con los proletarios de todo el mundo, para acabar con el capitalismo.

Partido Comunista Internacional (el proletario)
4 noviembre 2018
www.pcint.org



(1) La candidata de Haddad fue Manuela d'Avila, miembro del PC brasileño (PC do B).

(2) Un ejemplo significativo: el influyente semanario británico The Economist ha denunciado repetidamente a Bolsonaro como un "peligro para la democracia" en Brasil.

(3) En su última reunión pública el 21 de octubre, dijo, hablando de los partidarios de su adversario Haddad y los militantes de izquierda: "La limpieza que haremos es mucho más amplia. Esta banda, si desea quedarse aquí, tendrá que someterse a nuestra ley, dejar el país o ir a prisión (…). Esta patria es nuestra, no es la de esta pandilla con la bandera roja y el cerebro adoctrinado ... Estos desechos rojos serán expulsados de nuestra patria (...) Será una limpieza jamás vista en la historia de Brasil (…). Los Bandidos del Movimiento de los Sin Tierra (MST), matones del movimiento de los trabajadores sin hogar (MTST, por sus siglas en inglés)... sus acciones serán calificadas como terroristas. Terror en el campo o en la ciudad. Y tú, Lula da Silva, si esperas que Haddad se convierta en presidente para firmar el decreto de gracia, te digo una cosa: irás a pudrirte en la cárcel, Haddad tampoco irá para visitarte, no. Lo hará para estar durante años a tu lado". ¡Estas declaraciones no impidieron a la candidatura del PT llamarle para felicitarle después de su elección y desearle buena suerte!
(4) Una ONG identificó 64.000 víctimas de asesinato en 2017, mientras que en el mismo año la policía mató a 5.159 personas (¡un 20% más que el año anterior!). ¡Las fuerzas de la represión no esperaron a que Bolsonaro se mostrara brutal! Es comprensible que el tema de la inseguridad haya sido un tema importante en las elecciones: Brasil es uno de los países del mundo donde el crimen es mayor (http://www.forumseguranca.org.br/publicacoes/anuario-brasileiro-de-seguranca-publica-2018/).


Sobre la victoria democrática del fascista Bolsonaro en Brasil 

 


La ultraderecha nunca ha accedido al poder político para derrotar a la clase trabajadora e impedir que haga la revolución. Cada vez que la ultraderecha ha llegado al poder, es porque la clase trabajadora ya había sido derrotada. ¿Por quién? Por la democracia. Por el progresismo. Por la izquierda.

Si Bolsonaro ganó las elecciones, es porque antes de su llegada tres gobiernos sucesivos del Partido de los Trabajadores se encargaron de aplastar cualquier rastro de fuerza propia y combatividad que pudiera quedarle a la clase trabajadora de Brasil. Al igual que en 1970 Allende inició su mandato garantizándole a la burguesía chilena que sus intereses no serían amenazados, asimismo Lula da Silva empezó a gobernar en 2003 prometiéndole a los grandes empresarios y banqueros internacionales que ninguno de sus intereses en Brasil correría riesgo alguno.

En efecto, Lula gobernó para garantizar el pago de la deuda pública, asegurando al capital un piso mínimo de estabilidad fiscal que le permitiese invertir con seguridad. Ninguno de los gobiernos del PT alteró en nada las condiciones de la explotación social y la acumulación capitalista en Brasil. Muy por el contrario, tales gobiernos fueron el soporte de una “amplia negociación nacional” destinada a garantizar que la explotación capitalista pudiese proseguir sin contratiempos.

Para cumplir su cometido, a lo largo de sus tres períodos de gobierno el PT cooptó y puso bajo su control a la mayoría de las dirigencias sindicales y sociales, transformando a los líderes populares en ministros, asesores de mercado, administradores de fondos de pensión e inversionistas. Simultáneamente, con tal de preservar las bases de su poder, el PT se puso a sí mismo bajo control de las fuerzas más reaccionarias representadas por el capital agrario, el empresariado de la industria nacional e internacional, el sistema financiero y la teocracia evangélica.

Mientras gobernaba para los propietarios de Brasil, el PT se las arregló para anestesiar el descontento social con una calculada combinación de programas sociales y terror represivo. Cuando Lula aceptó dirigir la Misión de ocupación de Haití en 2004, no sólo le demostró a EEUU que era un aliado confiable para aplastar democráticamente la protesta social en el continente. Al llevar al ejército brasileño a los barrios pobres de Haití, le proporcionó a las tropas un laboratorio para intervenir en las favelas de Río de Janeiro, tal como ocurrió durante las masivas agitaciones populares en contra del Mundial de Fútbol del 2014.

Durante los gobiernos del PT la producción de alimentos en Brasil disminuyó en más de 35%, con el consiguiente aumento de los precios cobrados a la clase trabajadora, debido a las facilidades dadas a las multinacionales agrarias para introducir monocultivos. 200 mil campesinos fueron desplazados mientras que 4 millones perdieron sus tierras a manos de las grandes empresas agropecuarias. Fue bajo los gobiernos del PT, y no bajo gobiernos fascistas, que la deforestación de la Amazonía alcanzó el "punto de no retorno".

Fue el gobierno de Dilma Rousseff, y no uno fascista, el que recalificó los cortes de carreteras y las tomas de tierras como delitos terroristas. Fue bajo esos gobiernos progres, y no bajo el fascismo, que los comandos de la muerte sembraron el terror entre los más desposeídos de los desposeídos en las grandes urbes del Brasil. Fue bajo gobiernos socialdemócratas, y no de derecha, que las cárceles de Brasil batieron los récords mundiales de hacinamiento y degradación de las condiciones de "vida" de los reclusos. Fue bajo esos gobiernos de izquierda que la clase trabajadora y los oprimidos de Brasil conocieron el umbral más bajo de la humillación y la vergüenza. Al proletariado de Brasil lo derrotó la democracia, no la dictadura.

Lo cual, por cierto, no es ninguna novedad. Mussolini accedió al poder cuando el proletariado italiano ya había sido derrotado por los compromisos electorales de los "partidos obreros y populares". Hitler fue designado como canciller por el presidente Hindenburg, quien había recibido el apoyo de los socialistas que veían en él un baluarte de la democracia contra el nazismo. En 1973 Allende, en vez de poner en los ministerios clave a representantes de los trabajadores, puso a los militares, mientras los partidos de la UP votaban una Ley de Control de Armas para desarmar a la clase trabajadora y entregársela en bandeja a las tropas pinochetistas. Quince años después, fue la Junta Militar la que organizó la transición democrática, cumpliendo al pie de la letra la doctrina formulada por Jaime Guzmán, quien fue al mismo tiempo el más democrático de los fascistas y el más fascista de los demócratas.

Como todos los fascistas, Bolsonaro ha llegado simplemente a ordenar los negocios después que la democracia progre sacó del juego al proletariado de Brasil, reduciéndolo a nada.

Tengan esto en cuenta cuando se pongan de nuevo a lloriquear por "la llegada del fascismo". Estos lamentos llegan demasiado tarde. Tendrían que haberse lamentado así, tendrían que haber entrado en pánico y haberse indignado cuando la izquierda socialdemócrata desarmó al proletariado, lo maniató y le hizo adicto a las comodidades, a la anestesia y a las mentiras. El lloriqueo asustado que se deja oír por todas partes hoy, es patético. Sólo demuestra que quienes gimen habían estado durmiendo, viviendo en una fantasía, rehusándose a ver la sangre que brotaba frente a sus narices y la mierda en la que se hundían poco a poco, al son de elecciones y batucadas.

En realidad, la llegada del fascismo nunca es tan mala como parece a primera vista. Al menos, ofrece la oportunidad de desengañarse, madurar y hacerlo un poco mejor de aquí en adelante.

Un compañero de la región chilena
28 de octubre de 2018

***
«Yo me felicito de que tal cosa suceda, porque, hombre, la verdad es que da mucho coraje gastar seso y saliva durante años y más años hasta hacerse uno viejo, en explicar a los cabezas de piedra que gobierno es lo mismo que tiranía, que es una estupidez elegir al que ha de echarnos a garrotazos por la cabeza, y que la Autoridad no tiene otro deber que salvaguardar los intereses de los ricos. No quieren entender, pues que entiendan a garrotazos. ¡La letra, con sangre entra!
Ahora, creo que ya están muchos convencidos de que la Autoridad sólo sirve para oprimir al pobre en beneficio del rico, y si no lo han entendido, Dominguitos, por favor, deja por algún tiempo más que rebosen gargajos las escupideras y que la Corte Federal parezca un muladar, para que entre tú y los angelitos de estrella enseñen a los hambrientos que todo gobierno es malo.»
Ricardo Flores Magón
Regeneración, núm. 259, 1 de septiembre de 1917


http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2018/10/sobre-la-victoria-democratica-del.html



OTRAS REFLEXIONES:



Recibimos y publicamos: 
 
MUNDIAL ES EL CAPITAL Y MUNDIAL SERÁ SU DESTRUCCIÓN

Ocho obreros muertos en la construcción de los estadios brasileros se suman a los asesinados por las fuerzas del orden y a los 1200 trabajadores muertos en la construcción de estadios en Qatar para el mundial de 2022 (según la burguesía, que además de matarnos es la que cuenta nuestros cuerpos). Para preparar sus eventos de demostración de poder y producir más ganancia el Capital masacra abiertamente no solo a los proletarios desobedientes, sino también a los que son un obstáculo para convertir dinero en más dinero y que tarde o temprano deberán desobedecer a la ideología dominante, porque su simple existencia está en oposición a la dominación burguesa.
Entre mundiales y juegos olímpicos, expos mundiales y miles de congresos de académicos y profesionales, la burguesía llena el calendario y proclama un eventismo con el que exige a los proletarios su sacrificio permanente. Nos intentan imponer una paz social aduciendo a razones de fuerza mayor, sea por el bien del país, de la provincia o de una pequeñísima aldea turística. Para mostrar al resto del mundo lo buenos burgueses que son, pretenden hacernos trabajar hasta el hartazgo con una sonrisa en la cara, orgullosos de sentirnos parte de su eventucho.
Pero por más que el Capital intente conseguir nuestra sumisión absoluta en su proyecto totalitario, nosotros, los proletarios, siempre tendemos a desestabilizar esta realidad con nuestra lucha. Miles de proletarios salen a las calles de Brasil a protestar encasillados en las categorías de indígenas, trabajadores con o sin empleo, jóvenes, negros, homosexuales, sin techo, sin tierra, manifestantes, etc. Aunque sólo suceda en un barrio, una favela o un país. Aunque el detonante sea el recorte de sueldos, los despidos o el aumento del transporte en un contexto de despilfarro obsceno.
Los proletarios que se encuentran en lucha en la región brasilera materializan la crítica histórica del Estado y sus guardianes, de la propiedad privada y de la lógica capitalista del disciplinamiento y la competencia de la cual se nutre la esclavitud salarial. El deporte (del cual el mundial de fútbol es una de sus grandes manifestaciones) no ha sido simplemente corrompido y mercantilizado, sino que es una esfera del aparato de producción capitalista dedicado a la fabricación de ocio, de ese aspecto imprescindible de la alienación social.
Las luchas contra el mundial en Brasil se inscriben en las luchas históricas contra el Capital, son nuestras luchas.
¡Boicot a todos los festejos de la burguesía que significan
nuestra miseria aún más embrutecida con la peste nacionalista!
¡Los proletarios no tenemos patria!
Proletarios Internacionalistas
Panfleto en PDF  

_____________________________________________________________________________________

 

¡NÃO VAI TER COPA!


Las crecientes movilizaciones en Brasil están poniendo seriamente en duda el normal desarrollo del mundial de fútbol a pocos días de su inicio. Las protestas en varias ciudades, sobre todo en las anfitrionas del mundial, no se han detenido desde su comienzo en mayo de 2013 y comienzan a retomar fuerza. El nro. 9 de esta publicación lo dedicamos a esta ola de protestas desatada principalmente por el aumento del transporte y los desorbitantes gastos ocasionados por el mundial, así como la avanzada represiva de los últimos años en las favelas y los desalojos en las ciudades anfitrionas. También remarcábamos, asumiendo la lucha del proletariado en Brasil como propia, cómo esos reclamos, inicialmente con claros matices ciudadanistas, en muchos casos abrieron rápidamente paso a la generalización de las reivindicaciones y la violencia, rompiendo con las limitadas consignas iniciales y reconociendo en sus luchas los intereses mundiales que tenemos los proletarios como clase. En aquellos días podíamos leer en algunos carteles y banderas consignas como «Brasil/Turquía estamos juntos», «somos griegos, turcos, mexicanos... no tenemos patria... somos revolucionarios».
En estos años de aparente paz social, siempre sorprende la rapidez con que el proletariado logra tomar las calles y romper con muchas de las típicas canalizaciones burguesas como el sindicalismo, el politicismo o el nacionalismo.[1]
De todas formas, para nada podemos afirmar que sea algo generalizado. «Não vai ter copa» (no va a haber copa) es la consigna más popular bajo la cual salen actualmente a la calle miles de proletarios en Brasil, pero tras ésta los motivos son muy diversos. En esta nueva ola de protestas previas al mundial podemos ver cómo, en muchos casos, se vuelve a caer en el típico politicismo y reformismo, en la tan de moda “indignación”.
Con los estadios ya construidos, inversiones que podrían superar los 20 mil de millones de dólares, obreros muertos, miles de asesinados en las favelas a manos de las fuerzas represivas, todavía hay quienes tienen ganas de reclamarle derechos al Estado, de pedir una eficiente utilización de los recursos en salud y educación. «Sin derechos no hay copa» es una de las consignas promovidas por quienes sólo ven en el mundial una gran oportunidad para arrancarle migajas al Estado. Una vez más, el capitalismo pareciera funcionar mal por culpa de unos malvados políticos y unos oscuros organismos internacionales. Una vez más, el problema no sería la producción con miras a la ganancia sino cómo ésta se distribuye.
Es posible que de no aflojar las movilizaciones el Estado no pueda continuar con su política meramente represiva y comience a ceder un poco frente al temor de un papelón de cara al resto del mundo. También es posible, aunque menos probable, que el Estado no solo militarice, reprima y asesine en las favelas como viene ocurriendo sino que pase a enfrentar directamente las protestas. Recordemos la masacre de los juegos olímpicos de México DF 1968, cuando se ahogó en sangre el grito de «¡No queremos olimpiada, queremos revolución!» con cientos de muertos en los días previos al inicio, a manos del Batallón Olimpia, fuerza creada especialmente para la ocasión. Frente a todo esto es necesario que las protestas se generalicen, que se logre romper con las fronteras y las canalizaciones burguesas, extendiendo la revuelta y asumiendo que la necesidad de revolución es inseparable del resto de nuestras necesidades.
Lo que no deja de sorprender, más allá de las grandes limitaciones mencionadas, es que este masivo rechazo al mundial se haya podido dar en Brasil, país futbolero por excelencia. Los organizadores se muestran convencidos de que la «pasión por el fútbol» será más fuerte. A comienzos de enero de 2014, inquieto por los retrasos acumulados en la preparación del mundial de fútbol, Joseph Blatter, presidente de la FIFA, declaraba lo siguiente: «Yo soy un optimista, no un miedoso. El fútbol será protegido, no creo que los brasileños ataquen directamente al fútbol, porque para ellos es una religión». Por su parte, el coordinador técnico del seleccionado carioca, Carlos Alberto Parreira desestimó las protestas pues aseguró que en cuanto comience el mundial el pueblo apoyará al equipo: «Tengo absoluta certeza que la selección es un patrimonio cultural y deportivo del pueblo brasileño, que la apoyará durante el torneo». Los manifestantes se burlan de ellos y, hasta el propio rey Pelé, se convirtió en uno de los blancos predilectos después de que declarase «Vamos a olvidar toda esa confusión que está sucediendo en Brasil y vamos a pensar que la selección brasileña es nuestro país, es nuestra sangre», y que minimizace las muertes en “accidentes” laborales ocurridas en la construcción de los estadios.
La corrupción en el deporte y su utilización política y económica son ya conocidos por cualquiera, así como las necesidades represivas y los enormes gastos que requieren estas celebraciones burguesas. Jérôme Valcke, el secretario general de la FIFA, es sincero al respecto: «Voy a decir algo demencial, pero a veces, para organizar un mundial de fútbol es preferible un nivel menor de democracia. Cuando hay un jefe de Estado fuerte y con capacidad de decisión, como ocurrirá con Putin en 2018, para nosotros, los organizadores, será más fácil negociar a varios niveles». Blatter no se quedó atrás y apoyó las declaraciones de su secretario general e incluso, yendo más lejos, recordó que la copa del mundo de 1978 en Argentina fue «una forma de reconciliación del público, del pueblo argentino, con el sistema, con el sistema político, que en aquella época era un sistema militar», y se felicitó a la vez por el éxito de su organización. No debe existir manera más gráfica de comprender la relación entre el espectáculo deportivo y la opresión que recordando cómo los gritos de gol en el Monumental ahogaban los gritos de los torturados en la ESMA [Escuela de Mecánica de la Armada] a unas cuadras de distancia.
Volviendo a los futuros mundiales, los dirigentes de la FIFA están tranquilos y orgullosos de las sedes elegidas, tanto por Rusia en 2018 así como por Qatar en 2022. Esta pequeña monarquía del medio oriente, con la renta per cápita más alta del planeta (del cuarto de su población que son ciudadanos), vive de la explotación de los yacimientos de petróleo y gas de su región, empleando principalmente mano de obra extranjera. Este país, cada vez más influyente en la política internacional de la región, ha intervenido en las revueltas de la Primavera Árabe apoyando económicamente a los sectores burgueses más liberales. En pleno apogeo, Qatar se mofa de su progresismo mientras que las terribles condiciones de trabajo en la construcción de los estadios mundialistas ya han dejado un saldo de más de 1200 muertos. ¡Sí! 1200 trabajadores provenientes de India, Nepal y Tailandia murieron y mientras tanto, muchos otros continúan trabajando en condiciones esclavistas con los documentos retenidos por sus empleadores, viviendo en los lugares de trabajo sin las mínimas condiciones de higiene, sufriendo jornadas de 12 horas a 50 grados de temperatura.
Desgraciadamente, estas noticias nos llegan por la misma burguesía que nos mata, sin poder contar con una información de primera mano respecto a esta terrible situación. Frente a las denuncias realizadas por medios y organismos internacionales la FIFA ha salido a dar algunas tibias declaraciones, alegando que no puede intervenir en las políticas laborales de un Estado. Nos interesa muy poco lo que haga o no la FIFA, pero todo este cinismo nos retuerce las tripas porque, mientras esto ocurre, lo que sí discute la FIFA es la necesidad de modificar para Qatar 2022 la fecha en la que se realizan habitualmente los mundiales debido a las altas temperaturas en este país en verano que pueden afectar a jugadores y turistas. Los organizadores en Qatar responden asegurando que sus estadios de muerte estarán climatizados.
Podríamos seguir con innumerables ejemplos históricos de mundiales, olimpíadas y demás certámenes deportivos repletos de sangre y miseria, pero nos surge una pregunta fundamental que no queremos esquivar: ¿Se trata de una mera utilización capitalista del deporte? ¿O es el deporte también un producto de la sociedad capitalista inseparable de ella?
El sentido común nos habla del deporte como un inocente juego. Los deportes en sí no serían el problema sino su utilización por parte de políticos y burgueses. La política y la ganancia han venido a corromper una supuesta actividad natural del hombre. Se opone el deporte–espectáculo, el profesionalismo, a un inocente amauterismo o a una práctica popular desarrollada por cualquiera. Pero, ¿cómo nace el deporte? ¿Cuáles son sus raíces sobre las cuales surge el profesionalismo y esas grandes mafias?
Para perpetuar su dominación la burguesía necesita mitificar muchos de los hábitos actuales, ocultando o tergiversando el origen de un montón de prácticas y relaciones humanas. Patear un objeto cualquiera es algo tan instintivo que entonces, según su lógica, lo que hoy podemos considerar como fútbol tendría orígenes milenarios. Pero pensar las cosas así es ridículo. Por empezar, en los juegos de antaño, la gran mayoría de las separaciones actuales eran irrisorias: los límites espacio–temporales, las reglas estrictas, los equipos bien definidos, los espectadores, los puntajes, así como las instituciones que reglamentan todo aquello.
Lo más cercano al fútbol en la Edad Media era un juego en el que decenas, cientos o incluso miles de personas hacían rodar un balón de cuero con los pies en un campo abierto, a partir de lo cual surgían situaciones de lo más diversas.
El deporte surge en oposición al juego, y es con el ascenso de la burguesía que multitud de juegos tradicionales fueron suprimidos o reformados como deportes. En este sentido, podemos observar históricamente cómo trabajo asalariado y deporte son indisociables, cómo su desarrollo es el desarrollo del capitalismo. La competencia, la disciplina, el sacrificio y demás valores deportivos, son esencialmente los valores de esta sociedad. Lo que producen el deporte y la educación física son fundamentalmente rendimientos y récords, es decir, datos computables, cosas. Tal como ocurre con la producción de las demás mercancías lo importante es la cantidad en detrimento de la calidad. Así los deportistas son exprimidos al máximo, como en las mejores fábricas.
En los juegos tradicionales lo que mayor satisfacción proporcionaba a los participantes no era la obtención de la victoria, el premio o una posible ganancia, sino la diversión y el placer que suscitaba el propio juego, habitualmente asociado a la taberna, la fiesta y la calle.
Frente a los anteriores elementos lúdicos el deporte presupone la aceptación de un conjunto de reglas inviolables que los asfixian. En el juego, dado que el “resultado material” no es lo decisivo, es perfectamente posible que ambas partes sean desiguales y se constituyan de forma accidental, como también puede darse el caso de que una persona o un grupo de personas desafíe a todas las demás. El punto de partida del juego es un desequilibrio fundamental, pero no se trata de una deficiencia, sino de su esencia misma. En el deporte, por el contrario, siempre tenemos dos partes formalmente “iguales” que luchan por la obtención de un resultado “justo” y reglas que pretenden establecer y garantizar un equilibrio que conduzca a ese resultado justo. La igualdad democrática, que no es más que la libertad de compradores y vendedores de enfrentarse en el mercado en “igualdad de condiciones”, encuentra en el deporte un notable reflejo.
Este tipo de análisis históricos no deben llevarnos a mitificaciones o defensas del pasado, ni tampoco deben entenderse como una propuesta alternativa al deporte. De lo que se trata es de comprender las limitaciones de las diversas actividades que realizamos actualmente. Cuando profundizamos en esas limitaciones, enseguida vemos que no son aspectos de la vida que podamos transformar voluntaria e individualmente sin revolucionar las actuales condiciones de vida.
Podríamos dejar de comer tanta basura, buscar más contacto con la naturaleza, generar alternativas lúdicas, etc., etc., etc. En realidad, con suerte solo podremos hacer alguna de ellas durante algún tiempo, a costa de sacrificar otros aspectos de nuestras vidas y, claro está, del sacrificio de muchos otros. La que se mantendrá intacta es una vida basada en la separación. Separados nosotros mismos y de los demás.
Cada vez que se trata de pensar en una sociedad distinta se suele caer en pensar lo “bueno” de este mundo separado de lo “malo”. La revolución es algo bien diferente. Se trata de criticar desde la raíz la sociedad existente y de tirar abajo todo lo que se considere necesario en dicho proceso.
En esa apasionante búsqueda no sabemos qué quedará de lo que actualmente conocemos como deporte, pero es fundamental comenzar a reconocer sus limitaciones para poder superarlo. Creemos que el proletariado en Brasil ha iniciado ese camino. ¡No va a haber copa! ¡Extendamos la revuelta!

rosario-argentina, junio 2014
_________________

[1] Recomendamos al respecto el último número de la revista Comunismo: Brasil. Protesta social y contrarrevolución, disponible en internet y en la feria de la biblio.

_____________________________________________________________________________________
Una crítica radical a la copa del mundo Brasil 2014

En el proceso de gestación del mundial de fútbol de brasil 2014 por parte del estado brasilero y de la fifa, se ha generado un movimiento de protesta masiva y callejera. Interesados en cómo se desarrollaba la protesta y qué materiales de lectura iban produciendo, nos enfrentamos a todo un conjunto de críticas puntuales y desconectadas que no daban el enfoque que estábamos buscando.

Encontramos una gran cantidad de textos, además de lo que se generaba desde los medios masivos de comunicación, en los que se criticaba el gasto que se realizaba en la construcción de estadios u obras vinculadas a la copa del mundo, reclamando que ese dinero debería ir para educación, salud o vivienda. Esas críticas terminaban apuntando hacia el gobierno de turno y no hacia el verdadero problema: el mundo construido por los seres humanos, el engaño deliberado que algunos realizan para sostenerlo y expandirlo, las estructuras de poder y la cosificación de los vínculos humanos.

Nos propusimos realizar entonces un texto en el que se critique al mundo utilizando al mundial de Brasil 2014 como caso particular de estudio. De esta manera planteamos cuatro secciones a través de las cuáles se va desarrollando una crítica organizada apoyada en datos concretos y complementada por reflexiones que los relacionan.

Mundo: en primer lugar quisimos hablar de la construcción cultural que nombramos mundo y de los desequilibrios, desbalances e injusticias que hoy tiene. Decimos entonces que este estado de desequilibrio es responsabilidad de la humanidad en forma colectiva, pero que dentro de ella existen grados de responsabilidad diferentes. Existiendo un pequeño conjunto de privilegiados que lucran con el sometimiento violento de sus semejantes, así como la muerte y la destrucción de la naturaleza, se hace evidente que las responsabilidades no pueden ser parejas. Sobre todo teniendo en cuenta que existe todo otro conjunto de personas que se ha propuesto rebelarse ante esta manera de vivir y volver a nivelar las cosas.

Mundo mundial: como siguiente punto nos dedicamos a analizar cómo los mundiales de fútbol se han constituido en una herramienta de justificación para aumentar la represión, desarrollar nuevas mecanismos de comercio, expandir el capitalismo, distraer y alentar el nacionalismo. Con un breve conjunto de ejemplos a lo largo de la historia de los mundiales, proponemos la idea de que mundo mundial no es solamente un campeonato de fútbol sino un complejo entramado de negocios en los que el mundo se expande y refuerza sus estructuras de poder y sus reglas de juego.

Mundo mundial mundializado: la tercera parte del libro propone un análisis de cómo existen negocios en todo el mundo, y no sólo en el estado locatario, que producen dinero vinculando productos con el fútbol a la hora de realizarse el campeonato. Pero también, no menos importante, examina algunos ejemplos que nos muestran que la colonización de mundo mundial sobre la cultura y la cotidianeidad de los individuos, no se detiene al finalizarse el campeonato.

Brasil 2014 – copa para los ricos upp para los pobres: por último, dedicamos el resto del libro a exponer una enorme cantidad de cifras y datos que hemos recopilado sobre este último campeonato del mundo y constantes reflexiones que las vinculan al enfoque que hemos propuesto.

***

Algunas citas de este texto:

“El juego es una actividad placentera que produce diversión a sus participantes y es una manifestación previa a la conformación misma del lenguaje articulado. Es un espacio de comunicación por excelencia con uno mismo y con el otro en la alegría de hacer y es, necesariamente, una actividad voluntaria. Jugar con una pelota puede ser algo hermoso, divertido y formativo. Jugar al fútbol puede permitirnos alcanzar estados físicos, emocionales y espirituales placenteros y en comunión con los otros. Pero mundo mundial mundializado es la muerte y consiguiente profanación del cadáver del juego, y su autopsia es retransmitida y comentada por los periodistas deportivos de todo el mundo. Para ellos el juego ha muerto y debe ser seccionado y embalsamado o puesto en formol.

Si hemos querido desarmar esta intrincada y desagradable madeja de elementos ha sido para organizar el análisis, pero nunca hemos perdido de vista que el mundo, el mundo mundial y el mundo mundial mundializado, son en realidad la misma cosa. Nunca hemos dejado de decir que su avance es también la muerte y fosilización de la vida. 

Por tal motivo, cuestionar la organización de un mundial [de fútbol] sin cuestionar el funcionamiento del mundo [capitalista], es una actividad ilógica. Peor aún, es una tarea que nos distrae de lo que realmente está sucediendo aquí y ahora.” 

“El mundo mundial de brasil 2014 es un mecanismo de expansión del capitalismo que se constituye en un múltiple robo directo a los individuos que viven en el territorio del estado brasilero. Si la imposición violenta de este evento y el despliegue militar es el peor robo de la libertad individual y colectiva; también lo es el hecho de que el dinero que el estado invierte para que mundo mundial exista es deuda pública que será pagada a través de los impuestos. Los individuos que trabajen y consuman en el estado brasilero serán los encargados de pagar con sus impuestos todos los gastos de este mundo mundial, además de los intereses producidos por esta deuda. Este no es un simple robo de dinero, es un robo de la libertad que todo individuo debe tener para dedicar su tiempo a lo que prefiera. El impuesto sobre los sueldos o el consumo no hace más que elevar el costo de vida, razón por la cual el individuo debe gastar más tiempo de su vida en producir dinero.” 

“Esto es la guerra. Expresa, declarada y sin miramientos. Guerra contra la población civil. Contra los que sobran por marginados y contra los que protestan por subversivos. Es la grotesca demostración de que mundo mundial es una falsa circunstancialidad, es un mecanismo de bizarra legitimación en un nuevo giro de tuerca de la represión y el control poblacional. [...] 

En algún momento el mundo ha logrado reorganizar los marcos de lectura de estos acontecimientos y brasil 2014 es un claro ejemplo de ello. Mundo mundial es impuesto claramente por fuerza de la violencia ante el rechazo generalizado. Habiéndose declarado unilateralmente una guerra sistemática, planificada y ostensible contra los pobladores; una protesta nunca puede ser pacífica. Siendo que una de las partes se ha declarado en pie de guerra, toda resistencia es reprimida con violencia, por lo que protestar, en términos reales, solo es posible haciendo uso de la legítima defensa.

Porque sólo en el año 2012 la policía brasilera mató a 1.890 personas según el informe del Foro Brasileño de Seguridad Pública. Porque a esto deben sumarse las muertes no reconocidas por el estado. Porque la policía brasilera está matando niños que viven en las calles hace meses, cosa sabida ampliamente entre los brasileros y ahora presenciada y denunciada por periodistas extranjeros. Y porque cuando el ministerio de deportes dice que “cuando se aproxime el inicio del campeonato vamos a tener un clima de fiesta y no habrá lugar para protestas violentas”, debe leerse que habrá una violencia desmedida contra todo aquel que quiera oponerse realmente a la realización de mundo mundial.”

“Si hemos dicho que argentina 1978 fue denunciada como propaganda de la dictadura, brasil 2014 tiene como uno de sus protagonistas a una protesta masiva, callejera y transgresora, fundamentada en el cuestionamiento profundo de lo que mundo mundial realmente es en términos de desarrollo del desequilibrio, expansión del comercio, justificación de la represión y destrucción de la vida. Brasil 2014 no es solamente criticado por el uso propagandístico, sino que es también enfrentado en toda y cada una de sus características esenciales por una rabiosa e indignada muchedumbre que no logra ser apaciguada.”

Descargar texto aquí
_____________________________________________________________________________________ 

CITIUS, ALTIUS, FORTIUS. 
EL LIBRO NEGRO DEL DEPORTE

Autores: Federico Corriente y Jorge Montero
En el contexto de un nuevo mundial de fútbol y las protestas que suceden en la región brasilera, afirmamos que el deporte no solo es una válvula de escape y un mecanismo de control social sino también una ideología de la competición, de la selección biogenética, del éxito social y de la participación virtual.
Información sobre el libro: 

Desde la transformación de las fiestas y juegos populares en deportes, pasando por las distintas nociones de cultura física que se han sucedido desde la Antigüedad hasta llegar a nuestros días, este ensayo analiza el proceso de difusión internacional del deporte y su evolución en el seno de la sociedad moderna, prestando especial atención al papel de los deportes en la configuración del liberalismo decimonónico, el colonialismo y el imperialismo, y haciendo especial hincapié en el destacado lugar que ocupan en el discurso ideológico totalitario.
El deporte no solo es una válvula de escape y un mecanismo de control social sino también una ideología de la competición, de la selección biogenética, del éxito social y de la participación virtual. Lejos de limitarse a reproducir en formato espectáculo las principales características de la organización industrial moderna (reglamentación, especialización, competitividad y maximización del rendimiento), cumple además una misión ideológica de trascendencia universal: encauzar y contener las tensiones sociales engendradas por la modernidad capitalista.
Este libro es un trabajo crítico, riguroso, muy bien documentado y de lectura ágil, que aborda la relación entre deporte, democracia y totalitarismo desde una perspectiva completamente inédita.
«[…] El deporte ha dejado de ser un espejo en el que se refleja la sociedad contemporánea para convertirse en uno de sus principales ejes vertebradores, hasta el punto de que podríamos decir que ya no es la sociedad la que constituye al deporte, sino este el que constituye, en no poca medida, a la sociedad. El deporte es la teoría general de este mundo, su lógica popular, su entusiasmo, su complemento trivial, su léxico general de consuelo y justificación: es el espíritu de un mundo sin espíritu […]».

Más información: lazoediciones.tumblr.com
_____________________________________________________________________________________
LA BARBARIE DEPORTIVA. CRÍTICA DE UNA PLAGA MUNDIAL.
Marc Perelman. Editorial Virus. 2014.

 
[Cuando la conflictividad social se acentúa en Brasil a las puertas del mundial, este libro analiza el papel del deporte en las lógicas del capital.]

En pocos decenios, el deporte se ha convertido en una potencia mundial ineludible, la nueva y verdadera religión del siglo XXI. Su liturgia singular moviliza al mismo tiempo y en todo el mundo a inmensas masas agolpadas en los estadios o congregadas ante las pantallas de todo tipo y tamaño que los aficionados visualizan de manera compulsiva. Estas masas gregarias, obedientes, muchas veces violentas, movidas por pulsiones chovinistas, a veces xenófobas o racistas, están sedientas de competiciones deportivas y reaccionan eufóricas a las victorias o a los nuevos récords, mientras permanecen indiferentes a las luchas sociales y políticas, sobre todo la gente joven.

La propia organización de un deporte de alcance planetario, fundamentado en un orden piramidal opaco, se ha erigido y consolidado como un modo de producción y reproducción socioeconómico que lo invade todo. El deporte, convertido ya en espectáculo total, se afirma como el medio de comunicación exclusivo, capaz de estructurar en toda su profundidad el día a día de millones de personas, desde la fisonomía de las ciudades, hasta los ritmos de trabajo y la estructuración del tiempo libre.

El nuevo récord, la mejora del rendimiento, el sometimiento del cuerpo por encima de los límites humanos, se convierte en la base del espectáculo, en su única motivación, en el fin que lo justifica todo, por lo que el dopaje y las intervenciones-agresiones en el cuerpo del atleta se han convertido en la normalidad de un deporte que juega al escondite con los controles antidoping, mientras los deportistas se lanzan a una carrera alocada contra su propia vida.

Apisonadora aniquiladora de la Modernidad decadente, el deporte-espectáculo lamina todo a su paso y deviene el proyecto de una sociedad sin proyecto.

Más información en La Haine



______________________________________________________________________________________________________
¡NÃO VAI A TER COPA!”... “¡VAI TER REVOLTA!”: ¡NO VA A HABER COPA!.. ¡VA A HABER REVUELTA!]    
 

ARCHIVO

Traduce-Translate-Μετάφραση

Etiquetas

comunicación proletaria solidaridad internacional internacionalismo comunicados chile pcint protestas sociales lucha de clases contra la represión solidaridad con lxs presxs comunistas grecia revueltas francia guerra a la guerra anticapitalistas internacionalismo proletario acción directa EEUU Palestina guerra de clases Venezuela textos Italia anarquistas memoria Argentina english solidaridad proletaria internacionalista Territorio Mapuche contra la guerra derrotismo revolucionario feminismo méxico análisis Alemania detenidas estado español (españa-XPAIN) lucha proletaria Shile antimperialismo huelga general huelgas mujer policía asesina presos políticos Ecuador Israel Ukrania contra el capital kurdistán proletarixs internacionalistas 1º de mayo Iran Rojava Siria contra la democracia contra las elecciones covid-19 okupacion por el comunismo / por la anarquia trabajadores en lucha comunismo francés migrantes Chequia Rusia antipatriarcado disturbios fascismo y antifascismo noticias oaxaca solidaridad de clase solidaridad proletaria contra caridad cristiana anticarcelario brasil bélgica contra el estado policial contra el nacionalismo contra el trabajo 8 de marzo República Dominicana Turkia UK anticapitalismo antifascismo autonomía de clase expropiación fotos guerra social huelga de hambre insurrección lucha revolucionaria refugiados Barcelona Mediterráneo antimilitarismo de clase antirracismo contra el fascismo contra la patria contra la sociedad cárcel desalojos son disturbios deserción haití libertad para todxs lucha obrera lucha social pintadas protestas trabajadores y estudiantes ucrania Gabriel Pombo da Silva PCI-ICP Portugal República Checa UIT-CI Uruguay caribe chalecos amarillos contra la burguesía cuba defensa de la tierra irak minería pegatas perú revolución comunista terrorismo Colombia Egipto Irán Paraguay Polonia abolición del trabajo asalariado américa del sur antidesarrollismo atentados catástrofes class war contra el reformismo y el oportunismo desaparecidos euskalherria indepedencia de clase no son accidentes propaganda. affiche reflexión revolución social saqueos teoría violencia revolucionaria África Bolivia Catalunya China Claudio Lavazza G20 Golpe de estado Haiti India Nápoles Sudán Túnez ZAD agitación antinazis asocianismo obrero barrios proletarios berlín brigadas internacionales contra el mundial de fútbol contra la iglesia católica contra la religión contra la unidad nacional contra las fronteras contra las ongs derecho al aborto despidos economía política encuentros epidemia extradicción feminicidio feria grupos autónomos historia jornadas latinoamérica marruecos no borders pensiones presos revolución internacional sabotajes santiago maldonado un patriota un idiota 11deseptiembre América del norte Arabia Saudí Argelia Bielorrusia Birmania Bosnia Bulgaria CNA Cibao Comuna de París Corea del Norte Corea del Sur Cuarta Internacional DIY Estado = Mafia Filipinas Flora Sanhueza GCI Gran Bretaña Guadalupe Hambach Forest Hong Kong Kenia Kosovo Libano Liberia Madagascar Marcelo Villarroel Marco Camenish Martinica Mumia Abu Jamal Myanmar Nicaragua Portland Punki Mauri Presente! RIF Sebastian Oversluij Suiza Tendencia Comunista Internacionalista Tunez Val di susa Vietnam Yemen Zaragoza abstención activa afganistan angry asambleas de trabajadores ateismo atropello autodefensa autoorganización bangladesh caja de resistencia ccf censura contra el fracking contra la reforma laboral contra la socialdemocracia contra las olimpiadas contra toda nocividad crisis crítica de la ideología deconstrucción derecho de autodeterminación dictadura dirección donbass día del joven combatiente exarchia excluidos exilio ferroviarios generación Z gilets jaunes grupo Barbaria guerra comercial guerra sucia huelga ilimitada y sin preaviso indymedia interseccional ioannina jornadas anárquicas kobane kurdo lumpen miseria movimientos de parados narcotráfico no Tav normalistas novara organización organización anarquista piquete praxis revolucionaria programa pueblos originarios que se vayan todos rebelión registros resistencia revolución socialista san francisco somos lxs nietxs de las brujas que nunca pudisteis quemar son asesinatos sudáfrica terremoto toxicidad trotsky turismo = miseria social violencia virus vivienda zapatista árabe