[Iran2026] To workers of the world

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To workers of the world

Source in English: https://t.me/alayhesarmaye/11606/

 

The Islamic capitalist state in Iran is pushing the boundaries of crime to new levels.

Since January 8, all communications inside Iran have been cut. From Friday onward, the internet, phones, and all means of communication have been shut down. Under the cover of this blackout, the state has launched an unprecedented massacre.

Reports coming from hospitals, medical staff, and doctors in different cities speak of numbers of killed and wounded far beyond anything previously witnessed. What is happening now has no precedent.

Only a very small number of people, with access to Starlink, are able to communicate with the outside world. Information coming out of Iran is extremely limited. This video is one of the rare pieces that has escaped.

It shows a Legal Medicine center in Kahrizak, Tehran. Families of those killed are gathered there, forced to look at a screen displaying photographs of the dead, trying to identify their loved ones. The number of bodies is so high that corpses are being transported in pickup trucks.

This is just one location, and only in Tehran. In other cities, the number of killed is far higher. Reports point to a catastrophe — thousands upon thousands are estimated to have been killed.

We call on workers across the world to become the voice of their class brothers and sisters in Iran. Raise their voices in every corner of the world. Break the silence. Spread the truth. Speak out against this massacre wherever you are.

We call for solidarity, support, and protest from workers everywhere.

Do not let this crime be carried out in silence.

Stand with Iranian workers.

Iranian anti-capitalist workers against wage labor

 

 

Statement of the Arak Workers’ Councils

Source in Persian: https://t.me/alayhesarmaye/11601/

“To the workers of Markazi Province, to our comrades in Khuzestan, and to all the people of Iran.”

For decades, our demands for bread have been met with bullets, and our demands for dignity with prison. But today, the silence is over. We, the workers of the Arak factories, declare the following:

Workplace control: From now on, the management of the Machine Tools, Azarab, and Pars Wagon factories will be in the hands of elected workers’ councils. We no longer recognize government-appointed managers or the regime’s puppet unions.

Connection to the land: Our strike is no longer about wages. We call on the citizens of Arak to form neighborhood councils to manage security and supplies. Our factories are your protection.

Defending the soldiers: We call on our brothers in the army: Do not become the murderers of your own fathers. If you stand with us, our councils will guarantee the security of you and your families.

Ultimatum to the Regime: Any attempt to forcibly enter the industrial complexes or arrest our representatives will be considered an act of war against the entire city. If a single drop of a worker’s blood is shed, the flames of rebellion will leave no trace of power.

We are not here just for unpaid wages. We are here to decide how this factory and this country should be run. The era of the bosses and the mullahs is over. All power to the councils!

/ machine translation /



 

[Irán2026] ¿Qué no queremos? ¿Qué queremos? ¿Cómo conseguirlo?

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Todo el mundo habla de lo que no queremos, pero la cuestión vital es: ¿qué queremos y cómo lograrlo?
El “qué no queremos”, tal como lo gritan los insurgentes en las calles, es una lista larga: hambre, desnudez, falta de vivienda, asesinato de las libertades y de los derechos fundamentales, apartheid de género, contaminación ambiental, privación de medicamentos, atención médica y educación. Todos estos encabezan la lista de lo que “no queremos”.

Pero estos “no queremos” se cruzan en su camino hacia la explosión con ejércitos de salteadores: saqueadores que los devoran, los tergiversan, los transforman en demandas antihumanas de su propia clase y grupo; les estampan el sello de la democracia y la civilización de la esclavitud salarial; los convierten en alimento mental de la masa trabajadora; los transforman en el eje de sus levantamientos; someten a la masa rebelde y maldita para proclamarse ellos vencedores.

Así ha sido toda la historia del capitalismo. Cuanto más nos alejamos en el tiempo, más dolorosa ha sido la situación, más terrible el sacrificio de los trabajadores. Hoy mismo estamos al borde de repetir esta tragedia.

Se dirigen a los insurgentes y les gritan: “Vosotros sois los conquistadores de las ciudades, los dueños de las calles; solo quedan unos pasos para la victoria. Derribad el régimen religioso y nosotros instauraremos el poder moderno del capital. ¡Lloveremos democracia por todas partes!”
¡No digáis qué queremos!
“¡Va contra el juicio de los sabios!”
“¡Es divisivo!”
“¡Hay que lavar el cerebro de quien lo dice!”
El grito correcto —dicen— es solo “¡qué no queremos!”.
Eso es lo que debe hacer la masa; los “competentes” decidirán qué hay que querer.
Eso dice la oposición existente. Pero toda la cuestión gira precisamente en torno a qué queremos y cómo conseguirlo.

La respuesta que brota del corazón y del grito existencial de la masa trabajadora es esta:
el régimen debe ser derrocado para que, de inmediato…

 

Primero: demandas y expectativas

1. Alimentación, vestimenta, vivienda con todas sus condiciones, medicamentos, atención sanitaria, educación, agua, electricidad, gas, internet, transporte, ocio, viajes y todos los bienes básicos de la vida deben ser completamente sustraídos del dominio del intercambio mercantil y monetario, y ponerse a disposición de todas las personas, en todos los lugares, sin exigir ningún pago.
2. Prohibir cualquier intervención del Estado en cualquier ámbito de la vida humana: desde la vestimenta, la vida en pareja, las relaciones entre mujeres y hombres, chicas y chicos, hasta las creencias, la cultura, las costumbres, las tradiciones y la actividad política.
3. Abolir el trabajo doméstico y sustituirlo por servicios sociales fuera de cualquier forma de intercambio monetario.
4. Liberar a todos los presos y destruir de raíz la institución misma de la prisión.
5. Prohibir absolutamente toda forma de pena de muerte.

 

Segundo: estrategia de realización

Organizarnos de manera cada vez más amplia, más consejista, más anticapitalista.
No supeditar la obtención de nuestras demandas a una expresión perfectamente unificada y totalmente organizada de nuestra existencia colectiva. En cada momento, utilizar la fuerza unida de la que dispongamos para imponer las demandas a la clase capitalista y a su Estado. A medida que crecemos, debilitar al enemigo, imponer paso a paso expectativas cada vez más grandes a los capitalistas y a su Estado feroz, y reducir su capacidad de enfrentarse a nosotros.

 

Tercero: vías y tácticas

El alarido de que “la calle es la verdadera trinchera de la lucha” es un engaño de las oposiciones internas de la clase capitalista.

La calle es importante, pero no es en absoluto el campo principal. Hay que paralizar de la forma más generalizada posible el ciclo del trabajo y la producción; desafiar el orden económico, político, civil y jurídico del capital en todos los niveles.

Ocupar las propiedades vacías de los capitalistas y ponerlas a disposición de las personas sin hogar.
Arrebatar los centros de trabajo a la clase capitalista y colocarlos bajo el control de consejos obreros capaces de planificar libremente, fuera de la esclavitud salarial.

Avanzar por el camino de la hegemonía de un movimiento consejista generalizado, contrario al trabajo asalariado, sobre todo el ciclo del trabajo, la producción y la vida.

Apropiarse de los centros comerciales y de las cadenas de tiendas, y convertirlos en centros de distribución de los bienes básicos de la población sin ningún tipo de intercambio mercantil.

 

Cuarto: rechazar a los oportunistas mercaderes del poder

Con el terremoto del levantamiento de la masa trabajadora y de millones de hijos e hijas de trabajadores, se han abierto también viejas tumbas. De ellas salen murciélagos fosilizados que se deslizan entre la multitud. Estos desenterradores de la monarquía envenenan el ambiente con sus lamentos.

No se trata de expulsarlos, pero hay que decirle al mundo entero que no son nada.

 

¡Abajo el capitalismo, la República Islámica y todo Estado capitalista!
¡Viva una sociedad consejista sin explotación, sin clases, sin esclavitud salarial!

Trabajadores anticapitalistas activos del movimiento por la abolición del trabajo asalariado
18 de Dey de 1404 (8 de enero de 2026)

 

 

 Fuente en inglés: https://againstwagelabor.com/2026/01/08/what-dont-we-want-what-do-we-want-how-do-we-get-it/

Traducción al español: https://panfletossubversivos.blogspot.com/2026/01/iran-que-no-queremos-que-queremos-como.html



 

 

[Castellano] El títere Maduro se va, el sistema capitalista se queda. No caigamos en la trampa de defender a unos explotadores contra otros.

[English] The puppet Maduro leaves, the capitalist system remains. Let us not fall into the trap of defending some exploiters against others.

[Italiano] Il battilocchio Maduro se ne va, il sistema capitalista rimane. Non cadiamo nella trappola di difendere alcuni sfruttatori contro altri.

[Français] La marionnette Maduro s'en va, le système capitaliste reste. Ne tombons pas dans le piège de défendre certains exploiteurs contre d'autres.

[Català] El titella Maduro se'n va, el sistema capitalista es queda. No caiguem en el parany de defensar a uns explotadors contra uns altres.


PCI/ICP - "El Comunista" - "The Internationalist Proletarian" - "Per il Comunismo"

 

Venezuela:

¡Contra la agresión imperialista norteamericana! ¡Por la lucha de clase del proletariado venezolano, americano y mundial!


El ataque llevado a cabo por las fuerzas especiales norteamericanas contra Venezuela el pasado 3 de enero, dirigido a secuestrar al presidente del gobierno del país y encarcelarlo, ha sido, a la espera de lo que sucederá en el futuro, el punto culminante de una serie de ataques estadounidenses encaminados a controlar, de una manera u otra, el país caribeño.

Por lo que se sabe hasta el momento, en las últimas semanas el presidente norteamericano Donald Trump habría advertido al venezolano, Nicolás Maduro, de que se disponía a atacar el país para deshacerse de su gobierno. Por su parte, el venezolano, se habría negado a exiliarse en Turquía, tal y como le fue ofrecido, dejando su puesto a alguno de los altos cargos que le seguían en la jerarquía gubernamental. La excusa esgrimida por Estados Unidos para deponer a Maduro es la lucha contra el narcotráfico (versión actualizada de la guerra contra el terrorismo que llevó a las tropas norteamericanas a invadir Afganistán, Irak y una larga lista de países) porque, siempre desde el punto de vista del gobierno norteamericano, el presidente venezolano lideraría un cártel internacional dedicado a introducir cocaína en Estados Unidos desde Sudamérica y a lavar el dinero procedente de este negocio.


El petróleo… no lo es todo

Sin que se pueda negar o afirmar la verdad que se esconde detrás de estas afirmaciones (porque, contra la idealización del régimen venezolano que promueven algunas corrientes políticas americanas y europeas, la naturaleza burguesa, o sea criminal, de éste le predispone y habilita para cualquier tipo de negocio por oscuro que sea) resulta cuanto menos irónico que Estados Unidos, uno de los polos más representativos del tráfico de drogas a nivel mundial, ataque a otro país con esta excusa. Y es que el propio Donald Trump, en su intervención del mismo 3 de enero, ha dado una explicación que, pese a ser incompleta y deliberadamente parcial, da una noción más realista de los motivos que han estado detrás del ataque norteamericano y ha señalado el control de la industria petrolífera venezolana como el objetivo último de éste.

Es sabido que Estados Unidos y Venezuela mantienen desde hace décadas una dura lucha en torno a la propiedad de buena parte de las infraestructuras petrolíferas que existen en el país. En 2006 el gobierno de Hugo Chávez revocó el marco legal en el que operaban las grandes empresas petrolíferas en Venezuela favoreciendo que la empresa estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) se hiciera cargo del total de la extracción y de los beneficios resultantes del comercio del crudo, en detrimento de las empresas, principalmente norteamericanas, que se beneficiaron del llamado proceso de Apertura Petrolera que les permitió acceso a los recursos venezolanos a partir de la última década del siglo XX. Desde entonces, Estados Unidos ha reclamado a Venezuela fuertes indemnizaciones por esta expropiación de hecho, sin dejar nunca de tener la vista puesta en la posibilidad de recuperar por la fuerza la posición privilegiada que perdieron sus empresas.

En la actualidad, Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en unos 300 000-303 000 millones de barriles, lo que representa aproximadamente entre el 17 % y el 20 % de las reservas mundiales. Esto la sitúa en primer lugar, por delante de Arabia Saudí e Irán. Algunas estimaciones estadounidenses e internacionales incluso sugieren que el volumen real de reservas sin descubrir o difíciles de extraer podría ser aún mayor (entre 380.000 y 652.000 millones de barriles), pero el rendimiento y la viabilidad económica son objeto de debate. Pero gran parte del petróleo venezolano es muy pesado y viscoso (crudo extra pesado), lo que hace que su extracción sea más difícil desde el punto de vista técnico y financiero que la de los crudos ligeros de otros países.

El petróleo representa aproximadamente el 90% de los ingresos por exportaciones de Venezuela e, históricamente, ha sido la columna vertebral de la economía estatal. Sin embargo, la producción es significativamente inferior al potencial de las reservas (actualmente alrededor de 900.000-1.000.000 de barriles diarios de exportación), lo que representa menos del 1 % de la demanda mundial, debido principalmente a la inestabilidad política, la mala gestión y las sanciones.

Chevron Corporation es la principal empresa petrolera estadounidense activa en Venezuela, a pesar de las sanciones de larga duración impuestas a PDVSA. En virtud de las excepciones concedidas por el Gobierno estadounidense, Chevron tiene licencias limitadas para operar y exportar, aunque estas licencias se revisaron repetidamente en 2025 y, en algunos casos, se retiraron. En particular, a Chevron se le permitía la exportación de petróleo venezolano a pesar de las sanciones, pero al mismo tiempo se limitaba su flujo de dinero directamente al régimen venezolano por ser "políticamente delicado".

La progresiva limitación de la importancia norteamericana en la industria petrolera venezolana ha tenido como contra partida, en los últimos años, una creciente importancia del comercio con China. Según la prensa especializada, China recibe de Venezuela aproximadamente 921.000 barriles por día (el 80% de las exportaciones de crudo del país) mientras que Estados Unidos recibe únicamente 150.000 barriles por día. Es decir, los últimos años han visto un cambio de la posición estratégica venezolana, que después de una década de bloqueo y caída de las exportaciones, debido a la menor demanda internacional, ha pasado de ser una fuente de reservas para Estados Unidos a serlo para China. De hecho, los dos barcos petroleros interceptados por la marina estadounidense días antes del ataque iban dirigidos presumiblemente al país asiático, que corresponde a Venezuela con transferencia de tecnología de última generación, insumos para la industria nacional, etc.

A esto se le suma la relación comercial, también considerada preferente por parte de Venezuela, que esta mantiene con Irán. Sin alcanzar la magnitud de la que tiene con China, tiene un peso considerable en la economía venezolana y supone un alivio a la hora de enfrentar los efectos del embargo relativo al que le somete Estados Unidos.

Este es el centro del problema. El objetivo norteamericano no es, a todas luces, el control del narcotráfico. Pero tampoco es, únicamente, hacerse con el control de la industria petrolífera venezolana, algo que puede ser muy lucrativo, pero sin lo cual Estados Unidos ha podido vivir durante dos décadas… El objetivo de la presión que Estados Unidos ejerce contra Venezuela es doble. Por un lado, busca limitar la relación comercial del país caribeño con China e Irán, evitando tanto el suministro a estos dos países de un crudo sin duda muy barato (algo de vital importancia para la expansión industrial que protagonizan ambos) como el pago por este en forma de tecnología militar e industrial, es decir, la consolidación de un área de influencia principalmente china en el mar del Caribe. Por otro lado, trata de dar ejemplo con Venezuela para que tomen nota el resto de países y burguesías latinoamericanas: tanto en términos económicos como en términos políticos, afirma su predominio sobre el subcontinente, en una especie de reclamación de derechos que considera indiscutibles. No es necesario irse muy atrás para ver este doble objetivo explicitado por parte del mismo gobierno norteamericano, porque en su recientemente publicada Estrategia de Seguridad Nacional, el documento que recoge su orientación política y militar para los próximos años, la reivindicación de una América del sur, americana, es decir, norteamericana, es explícita. No se trata simplemente de una exigencia económica, no es una reclamación de petróleo sin más… es la imposición de todo un posicionamiento político y militar lo que está en juego. América, esto debe quedar claro para todos los países que la conforman, es el coto de caza privado de Estados Unidos. Esto no significa que ningún otro país pueda comerciar o defender intereses parciales en alguna zona, pero el predominio indiscutible se debe al imperialismo norteamericano.


El orden, burgués e imperialista, sí…

Durante los primeros años del gobierno de Hugo Chávez, en medio de un boom económico mundial en el que el consumo de combustible en todos los países capitalistas desarrollados y en buena parte de los considerados en vías de desarrollo aumentaba sin parar, las exportaciones de crudo venezolano reportaron al Estado jugosos beneficios. Buena parte de estos beneficios se utilizaron para modernizar, relativamente, el aparato productivo nacional, consolidando a Venezuela como una potencia económica regional.

A la vez que sucedía esto, se ponía en marcha un programa a gran escala de beneficios sociales para el proletariado y las masas depauperadas: Control de los precios de la cesta de la compra básica, construcción de viviendas asequibles, programas de empleo, alfabetización… los millones de petrodólares que engrosaban las arcas del Estado permitieron una expansión económica y social que marchaba al compás del crecimiento económico mundial del momento, sólo que mediante el fino hilo que suponía la exportación de una única materia prima, el crudo.

¿Se diferenciaba en esto el régimen de Chávez del resto de países capitalistas? En absoluto. En prácticamente toda Europa y América del Norte, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la burguesía destina una parte del excedente de beneficios, obtenido de la reconstrucción postbélica primero y del dominio imperialista que ejerce sobre el resto del mundo después, para el mantenimiento de una serie de amortiguadores sociales que garantizan una relativa paz social sustentada en una férrea política de colaboración entre clases. Los primeros años del régimen chavista no tuvieron nada de particular si se toman en abstracto. Solo si se observan en el contexto latinoamericano, y en particular con las singularidades venezolanas, donde las oligarquías burguesas dominantes han exprimido sin misericordia a los proletarios y al campesinado de la región y no han tenido miramientos en reducirles al hambre y la miseria más desesperantes, se puede ver alguna diferencia. 

La política de conciliación que los sucesivos gobiernos chavistas tuvieron hacia los proletarios y las capas populares más empobrecidas se inspira en el método de gobierno tradicional de la burguesía en cualquiera de los países capitalistas centrales, no hay nada de revolucionario en ello. Fue el hecho de que las fuentes de financiación de esta política las buscara en la nacionalización de industrias clave, como la petrolera, lo que le enfrentó tanto a la burguesía tradicional venezolana como a su valedor norteamericano. Pero este enfrentamiento, que sin duda existió, tampoco debe dar a entender que las limitadísimas reformas chavistas tuvieran algún tipo de naturaleza subversiva. Es cierto que el gobierno de Chávez se enfrentó a la oligarquía venezolana y a Estados Unidos hasta el punto de que, en 2002, tuvo lugar un golpe de Estado encaminado a deponerle. Pero también es cierto que el fracaso de este, debido a la presión de las masas populares en la calle, recondujo la tensión existente a un acuerdo de relativa tolerancia: tanto Estados Unidos como la burguesía venezolana aceptaron que solo el régimen chavista era capaz de controlar la tensión social que décadas de miseria habían creado y este se aprestó a convertirse en el valedor del orden imperialista en el país, a la vez que permitía florecer a su alrededor a una nueva, numerosa y especialmente agresiva y codiciosa burguesía, enriqueciéndola con los nuevos negocios y permitiéndole infiltrarse en todos los recovecos de la estructura estatal.

El enfrentamiento de los gobiernos, de Chávez primero y de Maduro después, tanto con la parte de la burguesía que había sido excluida del poder como con Estados Unidos, no pueden entenderse como la lucha de un régimen revolucionario (¡ni siquiera reformista en un sentido estricto!) contra fuerzas reaccionarias, sino como una lucha inter-burguesa en la cual cada una de las facciones luchó por lograr el apoyo de los proletarios y el “pueblo” en general, defendiendo unos las conquistas sociales otorgadas a cargo de la venta de petróleo y, otros, la democracia y la lucha contra la creciente corrupción de la nueva burguesía y el ejército, convertido en principal garante del orden a medida que la situación social empeoraba.

En medio de esta lucha, la crisis capitalista de 2008-2012, el fin de la demanda ilimitada de crudo, la caída de los ingresos por su venta… llevó a la crisis económica, política y social del régimen chavista, cada vez más parapetado detrás de las Fuerzas Armadas y al que sólo su inclusión en el bloque comercial conformado por China, Rusia, Irán y otros países de importancia menor, logró salvar… temporalmente.

La realidad, en el momento en que Estados Unidos, de acuerdo con el giro político y militar de los últimos años, ha redoblado sus ataques contra Venezuela para sacarla de dicha órbita económica, es que el Estado venezolano no podría existir sin la nueva burguesía chavista (los célebres boliburgueses), porque ya representa la principal fuerza de orden en el país y la única sobre la que el orden imperialista norteamericano puede apoyarse. La oposición (la de Machado hoy, pero la de Guaidó ayer… y tantas otras) ha demostrado ser absolutamente incapaz de garantizar el orden burgués. No ya porque el gobierno de Maduro mantenga el apoyo popular que caracterizó los primeros gobiernos de Chávez, sino porque el entramado estatal, levantado en parte sobre este, solo es controlable por la burguesía que en veinte años se ha hecho con el ejército y el resto de resortes del poder.

Lo ha reconocido el mismo Trump cuando ha afirmado que la oposición a Maduro, liderada por Corina Machado, no tiene el reconocimiento del pueblo venezolano, es decir, que no tiene la fuerza necesaria para hacerse cargo del Estado, porque no cuenta con la capacidad de encauzar en ese sentido las diferentes fuerzas burguesas (una de las cuales, el imperialismo norteamericano) que convergen. Por el contrario, la segunda de Maduro, Delcy Rodríguez, representante de ese "narco estado corrupto" - que es como Estados Unidos califica a Venezuela- sería, para la Administración Trump, “alguien de fiar”.

Sin duda Estados Unidos va a tutelar una transición en Venezuela encaminada a abrir las puertas del Estado a algunas facciones burguesas que hoy están excluidas. Este cambio tendrá como principales fines sacar a Venezuela de la órbita de China, Rusia e Irán, a la vez que permite la entrada a las empresas norteamericanas para que se hagan con la industria petrolífera. Pero la forma en que esto se hará todavía no es posible preverla porque forma parte de un juego imperialista de mucho más alcance, que afecta tanto al conjunto de la región latinoamericana como al resto del mundo. Solo se puede saber que irá “de la ley, a la ley”, del poder de la burguesía al poder de la burguesía y, seguramente, del chavismo al chavismo… aliado con Estados Unidos.


Una advertencia para el proletariado

Desde finales de los años ´80 hasta 2002, la burguesía venezolana y los imperialistas norteamericanos fueron plenamente conscientes de que Venezuela se erigía sobre el volcán del descontento y la ira populares. Dos décadas de crisis casi permanente, de drástica reducción de las condiciones de vida, de caída de los salarios, etc., acabaron por desencadenar estallidos populares como el Caracazo de 1989. 

El golpe de Estado de 1992, protagonizado por un grupo de militares a cuya cabeza estaba Hugo Chávez, manifestaba ese malestar que determinados sectores del ejército, de la burocracia sindical, etc., creían que solo se podía conjurar mediante un programa de reformas de tipo nacionalista. Como hemos dicho más arriba, tras la llegada de Chávez al poder y el inicio de la Vª República, pero sobre todo después de que el golpe de Estado de 2002 mostrase que la burguesía tradicional apenas tenía capacidad para ejercer el poder, tanto esta como la burguesía norteamericana accedieron a un gobierno de tipo nacionalista en el país.

Desde entonces este gobierno ha tratado por todos los medios de levantar estructuras estatales y para estatales que lograsen cooptar a determinados sectores de origen proletario y popular (desde las antiguas corrientes guerrilleras hasta los sindicatos, de los cuales Maduro fue un líder) para ahogar cualquier conato de lucha independiente de clase. Al resto de proletarios, cuando han avanzado sus exigencias, siquiera sobre el terreno económico, los gobiernos de Chávez-Maduro han respondido siempre con la represión más encarnizada.

El proletariado venezolano, después de décadas de padecer una situación terrible, una vez abandonada cualquier esperanza de reformas de tipo permanente, por pequeñas que fuesen, y de cargar sobre sus espaldas con el peso de la crisis económica que azota el país, va a sufrir a partir de ahora el precio de la “transición” que Estados Unidos promete y la burguesía venezolana de ambos bandos acepta. Pero hoy, la fuerza con la que contó en 1989 o en 2002, aunque en esos momentos estuviera condicionada por un carácter puramente espontáneo o por una cooptación por parte del régimen, ha desaparecido. Esa ha sido la principal victoria del chavismo y del “socialismo del siglo XXI”: han cortado cualquier tipo de impulso independiente por parte de la clase obrera, cegando a esta con las ilusiones democráticas, basadas sobre todo en unas condiciones materiales y sociales mejoradas para una parte del proletariado transformado en “aristocracia obrera”, y en un “anti imperialismo” de tipo pequeño burgués, que la mantiene paralizada e incapaz, por el momento, de cualquier tipo de respuesta.

Si la agresión imperialista norteamericana constituye un aviso a las burguesías latinoamericanas acerca de qué pueden y qué no pueden hacer en términos de alianzas políticas y económicas, para los proletarios de todos los países de la región supone algo más que una amenaza: es una realidad palpable del futuro que les espera. Las tensiones inter-imperialistas fuerzan a una reorganización de las áreas de influencia de las principales potencias y una sobre explotación de los recursos que existen en estas. También de la fuerza de trabajo, principal recurso que necesita el capitalismo para funcionar. Bajo la férula norteamericana, que vuelve a imponer militarmente sus exigencias, los proletarios de América Latina tienen un futuro claro: más explotación, por parte de su burguesía y del imperialismo yankee, peores condiciones de vida, represión sistemática, muerte… El disciplinamiento social es el requisito indispensable para la imposición de las exigencias económicas que plantea la burguesía. Y la burguesía venezolana, la bolivariana o la opositora, van a hacerse sus principales valedores.

 

Hace pocas semanas, cuando la tensión bélica entre Estados Unidos y Venezuela iba en aumento, aún sin ver claro el desenlace de la situación, escribíamos unas palabras a las que ahora no tenemos nada que corregir ni añadir:

Los proletarios de los países imperialistas deben oponerse a las campañas contra Venezuela, así como a las que golpean a otros países; las sanciones económicas, los bloqueos, la presión diplomática, las intervenciones “humanitarias” o las operaciones militares forman parte del arsenal utilizado para establecer o fortalecer la dominación imperialista sobre los países más débiles con el fin de obtener ventajas de todo tipo. La dominación imperialista debe combatirse sin vacilación, no en nombre de la engañosa ideología democrático-burguesa de la igualdad de las naciones y el respeto al “derecho internacional”, sino porque esta dominación fortalece al enemigo de clase y dificulta la lucha proletaria en los países imperialistas, al facilitar la corrupción de ciertos estratos de la llamada “aristocracia obrera”. Cualquier debilitamiento del poder de la burguesía imperialista es un factor positivo en el antagonismo de clase con ella; al mismo tiempo, cualquier debilitamiento del imperialismo alivia la presión sobre los proletarios de los países dominados, quienes siempre son las primeras víctimas de las acciones imperialistas. La solidaridad de clase con los proletarios de los países dominados es, por lo tanto, un imperativo de la lucha proletaria en los países imperialistas y no un vago deber moral de caridad humanitaria.

Los proletarios de los países imperialistas, y en particular los proletarios estadounidenses, deben demostrar esta solidaridad, no solo negándose a participar en la campaña contra Venezuela, denunciando la retórica sobre la lucha contra las drogas, la democracia y los derechos humanos, que solo sirve para camuflar los sórdidos intereses imperialistas, sino también oponiéndose a las medidas gubernamentales contra los inmigrantes legales e ilegales, venezolanos y otros. Recientemente, cientos de miles de inmigrantes, incluidos 600.000 venezolanos, han perdido su derecho a permanecer en Estados Unidos, lo que los condena a la clandestinidad. La solidaridad con los proletarios inmigrantes es esencial para fortalecer a todo el proletariado contra una burguesía que no duda en usar la fuerza para defender sus intereses tanto dentro como fuera de sus fronteras.

Frente a las crecientes tensiones entre Estados, a la crisis económica, a las sanciones, a la miseria y a la amenaza de guerra, el proletariado no tiene más que un camino: el de la lucha internacional de clase. Esto implica ningún apoyo táctico” al gobierno Maduro, ruptura total con todos los frentes comunes con la burguesía, ya sean patrióticos, democráticos o “anti imperialistas”; el rechazo de todos los campos burgueses: Maduro, la oposición liberal, los gobiernos imperialistas, los bloques regionales; emprender la reanudación de la lucha de clase independiente de los partidos y sindicatos defensores del orden burgués; el trabajo por la reconstitución de un movimiento comunista internacional que unifique las luchas de los proletarios de Venezuela, de las Américas, de Europa, de África y de Asia.  

Ni las amenazas de Washington, ni los discursos patrióticos de Caracas, ni las promesas de la oposición burguesa pueden ofrecer una salida a los explotados. Todos estos campos defienden la propiedad privada, el trabajo asalariado, la competencia generalizada entre empresas y Estados, es decir, las bases mismas de la explotación capitalista.

Los proletarios de Venezuela deben negarse a morir por la patria; los proletarios de Estados Unidos y de Europa deben negarse a apoyar sus sanciones, sus flotas, sus bases militares. En todas partes, se trata de retomar el hilo roto de Liebknecht, de Lenin y de los primeros dos años de la III Internacional: el enemigo principal, para cada proletario, se encuentra en su propio país: su propia burguesía y su propio Estado. Solo uniendo sus luchas por encima de las fronteras, sobre la base de un programa comunista de destrucción del capitalismo y de la sociedad de clases, podrán los trabajadores de Venezuela y del resto del mundo salir de la trampa mortal en la que las burguesías en competencia intentan encerrarlos.”


¡Fuera las tropas norteamericanas de Venezuela!

¡Contra la guerra imperialista, guerra de clase proletaria!

¡El enemigo está en casa, es la propia burguesía!


04/01/2025

Partido Comunista Internacional - www.pcint.org



 [recibimos y publicamos]


¡Repudiamos la agresión militar de Trump a Venezuela y el secuestro 

de Nicolas Maduro y Cilia Flores!  

Rechazamos categóricamente la agresión de Estados Unidos 

contra Venezuela. ¡¡Fuera Trump de Venezuela y América Latina!!


 

Caracas, 3 de enero de 2026.- El Partido Socialismo y Libertad, sección venezolana de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional, repudia enérgicamente la brutal agresión militar perpetrada por el imperialismo norteamericano contra nuestro país.

En horas de la madrugada del sábado 3 de enero, aproximadamente a la 1:50 am, se inició un bombardeo con helicópteros y drones por parte del gobierno del ultraderechista Donald Trump contra diversas instalaciones militares y civiles en Caracas y en los estados La Guaira, Miranda y Aragua. Según la información de la que disponemos, habrían sido bombardeados varios sitios en Fuerte Tiuna —donde también se encuentra la sede del Ministerio de la Defensa—, instalaciones del puerto de La Guaira, el más importante del país, instalaciones militares en Maracay —ciudad ubicada en el centro de Venezuela a hora y media de la capital—, y aeropuertos civiles en Miranda. Todos estos lugares se encuentran cercanos a Caracas.

Los ataques imperialistas se produjeron en zonas densamente pobladas, y hasta el momento se desconoce la magnitud de los daños en términos de pérdidas humanas y materiales. Sin embargo, información oficial del gobierno venezolano y del mismo Trump anuncian la captura por parte de efectivos estadounidenses de Nicolás Maduro y Cilia Flores, por lo cual nos sumamos a la exigencia de fe de vida e información sobre su paradero y las condiciones de su detención.

En Fuerte Tiuna existen numerosos edificios residenciales que habrían sido afectados por los bombardeos, así como en Maracay, una de las ciudades más pobladas del país. Helicópteros de ataque y unidades de fuerzas especiales habrían llevado a cabo la operación, a pesar de que el gobierno había declarado contar con las defensas necesarias para repeler cualquier agresión.

Desde el mes de septiembre, el país venía siendo objeto de amenazas por parte del imperialismo estadounidense, con un gigantesco despliegue militar en el Caribe, el más grande en la región desde la invasión a Panamá en 1989. En las últimas semanas, el operativo bélico que Estados Unidos denominó «Lanza del Sur» fue adquiriendo proporciones cada vez mayores: más de 20 bombardeos a embarcaciones con un saldo de más de un centenar de asesinados; el bloqueo al transporte de petróleo venezolano; la incautación de buques y, más recientemente, el ataque a un muelle en La Guajira.

Se trata de un ataque sin precedentes contra Venezuela perpetrado por Estados Unidos, la principal potencia imperialista del mundo.

Nuestro categórico repudio a este criminal y cobarde ataque contra el pueblo venezolano lo hacemos desde la oposición de izquierda a Maduro, quien encabeza un régimen represivo y autoritario con centenares de presos políticos y que aplica un brutal ajuste capitalista, sometiendo al pueblo trabajador a salarios de hambre y pésimos servicios públicos.

Llamamos al pueblo trabajador venezolano a rechazar esta agresión contra nuestra soberanía. Igualmente, exhortamos a los pueblos del mundo, y en especial de América Latina y el Caribe, a manifestarse en las calles de sus países contra esta nueva agresión de Estados Unidos hacia un país de la región, una más en su larga lista de intervenciones, que ahora ejecutan apelando al llamado «Corolario Trump», contemplado en el recientemente aprobado documento de seguridad nacional de Estados Unidos que pretende reimponer la Doctrina Monroe en América Latina y el Caribe.

 

Fuera Trump de América Latina y el Caribe!!

Partido Socialismo y Libertad (PSL), sección venezolana de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)



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FUENTE: https://uit-ci.org/index.php/2026/01/03/repudiamos-la-agresion-militar-de-trump-a-venezuela-y-el-secuestro-de-nicolas-maduro-y-cilia-flores/ 

 

Otros textos:

> No a la agresión estadounidense contra Venezuela: http://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2026/01/no-la-agresion-estadounidense-contra.html 




 CONTRA SUS GUERRAS, CONTRA SU PAZ!!


 

 Desde los inicios de la dominación, la guerra ha desempeñado un papel determinante, ya sea en la extracción de recursos de todo tipo y de explotación humana y animal, ya sea como motor de la innovación tecnológica, desde la domesticación del caballo hasta Internet y la inteligencia artificial (IA). El caso de la IA está especialmente claro, sus defensores la presentan como la solución de los problemas del mundo (el clima, el hambre… la paz mundial) pero de momento su uso más relevante ha sido el militar, como en el genocidio de Gaza.

La guerra también ha sido la impulsora económica del capitalismo, y ahora mismo, en torno a la guerra de Ucrania, es la excusa para el rearme (reindustrialización armamentista) con un reimpulso tecnológico y económico del complejo militar/industrial para los intereses geopolíticos. Actualmente, el rearme está en curso. Se han aprobado unos planes de financiación de 800.000.000.000 de euros para la industria militar europea, mientras que el estado español, según la OTAN, ya ha aumentado, de momento, en el 2% del PIB la partida destinada al gasto militar. Esto se traduce en más de 30.000.000.000€ en total.

Cabe destacar que los efectos del aumento del gasto militar también alcanzan al clima. Un reciente estudio del “Conflict and Environment Observatory” apunta a que un aumento del 2% del PIB de los países miembros de la OTAN equivaldría a un nivel de emisiones similar al de un país tan productivo y poblado como Pakistán (hasta 194 megatoneladas de CO2 añadidas). Si el plan aprobado por la comisión europea es aplicado, se estima que el gasto militar de los estados europeos alcanzaría entre
el 3,5% y el 4% del PIB. Además, cabe recordar que el objetivo marcado por Mark Rutte, secretario general de la OTAN, y Donald Trump, presidente de EEUU, es alcanzar el 5%.

En este simulacro de peligro guerrero, ya que guerras las hay por todo el globo, la mayoría más antiguas que la de Ucrania: La invasión a Palestina sin ir más lejos, pero también los conflictos militarizados de África, no sólo el del Congo, también Sudán, África Central, Cabo Delgado en Mozambique y un larguísimo etc. el Cáucaso… el narcotráfico en México, y más zonas del mundo, prácticamente el 100% están ligados directa o indirectamente con el control, extracción y transporte de los recursos naturales y la energía, ligados a la devastación de la Tierra… una guerra global colonial en la que cada centro de poder (básicamente poder corporativo) mueve sus fuerzas para conseguir el predominio.

En estos momentos parece que el peso de la pugna se ha desplazado desde los recursos energéticos (aunque siguen siendo importantes) hacia los necesarios para la digitalización (litio, tierras raras…) en torno a los cuales veremos girar las próximas guerras y disputas capitalistas.

No debe limitarse la mirada sobre la guerra convencional, al margen de estos conflictos más evidentes, la violencia se extiende de forma menos visible en forma de control, fronteras, tecnocontrol y represión,
especialmente brutales en los países periféricos del sistema tecnoindustrial.

Desde Barcelona, Cataluña y el Estado Español nuestros gobernantes (políticos y corporativos) nos obligan a financiar un abultado presupuesto militar. Además, desde los centros de poder político y
social utilizan herramientas de  control ideológico para fabricar el necesario consentimiento que permita la aplicación de políticas de guerra. Es a través del miedo a la alteridad y no del orgullo patriótico
que este mensaje toma su forma más convincente. La batalla es también discursiva.

Podemos observar cómo la máquina de guerra, conformada por instituciones públicas, entidades financieras y la industria militar, va aglutinando más financiación, toma fuerza y nos empuja hacia el precipicio bélico. En nuestro entorno se mueven con plena tranquilidad  las corporaciones que alimentan la violencia extractivista y la guerra global. 

Cerca de nosotros existen numerosas empresas y organismos que promueven y se lucran con la extracción y la guerra (INDRA, Airbus, MWC, ENDESA, ICL, BBVA, Santander, CaixaBank o Sabadell) deben ser nuestro objetivo y cuanto más “locales” mejor. El frente de la lucha pasa por la puerta de nuestra casa.

Como anarquistas no podemos limitarnos a la solidaridad declarativa contra la guerra colonial extractivista y debemos desarrollar, en la medida de lo posible, tácticas y acciones contra los principales actores de ésta. Por todo ello, necesitamos ser conscientes del peligro que supone delegar nuestras vidas en el interés del capital. Debemos apelar a la desobediencia, a la insumisión, al sabotaje y a toda forma de acción directa que tenga como objetivo desarmar al capital a nivel internacional


NO BUSCAMOS LA PAZ, SU PAZ, QUEREMOS GANAR LA GUERRA, LA GUERRA CONTRA EL CAPITAL Y EL ESTADO!!

CONTRA SUS GUERRAS, CONTRA SU PAZ, GUERRA SOCIAL!!

 


 

 

Bélgica

Contra Arizona se necesita una verdadera lucha de clases

 

 

La huelga general del miércoles 26 de noviembre, que siguió a las huelgas del lunes 24 (huelga de transportes) y del martes (huelga del sector público), tuvo un gran éxito, con numerosos piquetes y bloqueos de carreteras. La huelga afectó, entre otros, a los sectores metalúrgico, químico, alimentario, logístico, minorista, aeroportuario, portuario, etc. En el transporte público, los piquetes bloquearon a menudo el tráfico de autobuses durante tres días, mientras que en el sector ferroviario se estableció un servicio alternativo reducido gracias a los empleados que no se sumaron a la huelga. En Correos, las autoridades anunciaron una tasa de participación en la huelga del 40 %, miles de profesores se declararon en huelga y se manifestaron, etc., etc.

 Estas huelgas de finales de noviembre se producen tras varias jornadas de movilización y huelgas desde principios de año: huelgas nacionales el 31 de marzo, el 21 de abril y el 14 de octubre, con una gran manifestación central en Bruselas que reunió a decenas de miles de personas (140 000 según los sindicatos), más que durante la manifestación de febrero (100 000 según los sindicatos), a lo que se suman huelgas sectoriales como las del transporte o los profesores, etc. El descontento por las medidas antisociales decididas por el gobierno de Arizona desde su inicio es profundo y se refleja en una voluntad de lucha más fuerte que nunca, como se ha visto en las huelgas de estos últimos días: la movilización ha alcanzado un nivel nunca visto en décadas.

Al paralizar prácticamente la economía capitalista, la clase obrera ha demostrado su potencial poder: el capitalismo depende de su trabajo, que explota en sus empresas para obtener los beneficios esenciales para su supervivencia. Cuando la situación económica se vuelve difícil y amenaza los beneficios, o cuando se ve obligado a aumentar sus costes (como en el caso de los gastos militares), el capitalismo no tiene otra solución que aumentar la explotación, atacar las condiciones de vida y de trabajo del proletariado, directamente mediante la reducción de los salarios reales e indirectamente mediante la reducción de las prestaciones sociales, que constituyen lo que se denomina salario indirecto (la parte del salario no pagada a los trabajadores que se utiliza para financiar las prestaciones sociales): esto es exactamente lo que el gobierno de Arizona se ha comprometido a hacer, organizando, centralizando y planificando ataques antiproletarios al servicio de los capitalistas. El 24 de noviembre, primer día de movilización sindical, anunció su proyecto de presupuesto, demostrando así que los días de huelga no lo hacían vacilar; el paquete de medidas incluye un aumento del precio de la gasolina, una reducción de la duración de las prestaciones por desempleo, la eliminación de las prestaciones por invalidez para casi 100 000 personas, el fin de la indexación salarial (actualmente solo para salarios superiores a 4000 euros brutos o 2500 euros netos), modificaciones del IVA, etc. Esta maniobra forma parte, por tanto, de un ataque de clase, que solo puede ser combatido con éxito con una respuesta de clase, una lucha decidida con medios y métodos clasistas que afecten a los intereses capitalistas.

Este no es el camino que han tomado las organizaciones del Frente Común Sindical, que organizan el movimiento; su declaración al día siguiente de la huelga general se limitaba a calificar de «extremadamente lamentable» el hecho de que el Gobierno no tuviera en cuenta que sus «medidas están debilitando la confianza (...) en los líderes políticos» (!). Y tras esta triste observación, aseguró que los sindicatos «reflexionarían en los próximos días sobre los próximos pasos a dar para el movimiento social» (1)

Estas organizaciones se consideran, de hecho, «interlocutores sociales»; centran sus acciones en una perspectiva de colaboración de clase con la patronal y el Estado y, por lo tanto, tratan de hacerse oír por el Gobierno, no de combatirlo frontalmente. La huelga general se reduce así a un medio para ejercer presión para «influir» en las decisiones gubernamentales (2), y la dirección sindical se esfuerza por canalizar y controlar el movimiento para evitar cualquier «desbordamiento» que pueda poner en peligro el orden establecido (3). La movilización se fragmenta en jornadas de acción organizadas esporádicamente, anunciadas con mucha antelación para permitir que los patrones y el Estado se preparen, y en luchas rotativas o corporativas que, a largo plazo, solo pueden agotar a los trabajadores, con mínimas dificultades para los capitalistas y sin lograr sacudir la determinación del gobierno.

El proletariado belga tiene una larga historia de luchas duras, pero también una larga historia de luchas traicionadas por dirigentes sindicales reformistas y colaboracionistas: es una lección que no hay que olvidar.

 

Para ganar, tendrá que romper con las orientaciones oportunistas y derrotistas, tomar las riendas de sus luchas y comprometerse en una verdadera lucha de clases anticapitalista.

 

 

8 de diciembre de 2025 


 

(1) https://fgtb.be/presse/les-syndicats-affiche-une-determination-intacte

(2) Un sindicalista explica: «Para luchar contra Arizona, no estamos siguiendo una estrategia intransigente con una huelga ilimitada y consignas claras que piden la caída del gobierno. Nuestras organizaciones sindicales prefieren movilizarse en masa para obtener márgenes de negociación». Parece que los sindicatos querían contar con el apoyo de los socialistas flamencos (Vooruit), que forman parte de la coalición Arizona.

(3) El 9 de septiembre, el Frente Común Sindical presentó ante la Comisión de Asuntos Sociales del Parlamento un dictamen contra una propuesta de ley destinada a prohibir los piquetes de huelga: este dictamen afirma que el derecho (a participar en piquetes) «solo puede limitarse en caso de intimidación o violencia». En otras palabras, nuestros sindicalistas defienden los piquetes solo si son inofensivos... https://fgtb.be/echo/ lavis-du-front-commun-syndical-contre-la-proposition-de-loi-mr-sur-la-liberte-de-travailler-en

 

 

 

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