Venezuela:

¡Contra la agresión imperialista norteamericana! ¡Por la lucha de clase del proletariado venezolano, americano y mundial!


El ataque llevado a cabo por las fuerzas especiales norteamericanas contra Venezuela el pasado 3 de enero, dirigido a secuestrar al presidente del gobierno del país y encarcelarlo, ha sido, a la espera de lo que sucederá en el futuro, el punto culminante de una serie de ataques estadounidenses encaminados a controlar, de una manera u otra, el país caribeño.

Por lo que se sabe hasta el momento, en las últimas semanas el presidente norteamericano Donald Trump habría advertido al venezolano, Nicolás Maduro, de que se disponía a atacar el país para deshacerse de su gobierno. Por su parte, el venezolano, se habría negado a exiliarse en Turquía, tal y como le fue ofrecido, dejando su puesto a alguno de los altos cargos que le seguían en la jerarquía gubernamental. La excusa esgrimida por Estados Unidos para deponer a Maduro es la lucha contra el narcotráfico (versión actualizada de la guerra contra el terrorismo que llevó a las tropas norteamericanas a invadir Afganistán, Irak y una larga lista de países) porque, siempre desde el punto de vista del gobierno norteamericano, el presidente venezolano lideraría un cártel internacional dedicado a introducir cocaína en Estados Unidos desde Sudamérica y a lavar el dinero procedente de este negocio.


El petróleo… no lo es todo

Sin que se pueda negar o afirmar la verdad que se esconde detrás de estas afirmaciones (porque, contra la idealización del régimen venezolano que promueven algunas corrientes políticas americanas y europeas, la naturaleza burguesa, o sea criminal, de éste le predispone y habilita para cualquier tipo de negocio por oscuro que sea) resulta cuanto menos irónico que Estados Unidos, uno de los polos más representativos del tráfico de drogas a nivel mundial, ataque a otro país con esta excusa. Y es que el propio Donald Trump, en su intervención del mismo 3 de enero, ha dado una explicación que, pese a ser incompleta y deliberadamente parcial, da una noción más realista de los motivos que han estado detrás del ataque norteamericano y ha señalado el control de la industria petrolífera venezolana como el objetivo último de éste.

Es sabido que Estados Unidos y Venezuela mantienen desde hace décadas una dura lucha en torno a la propiedad de buena parte de las infraestructuras petrolíferas que existen en el país. En 2006 el gobierno de Hugo Chávez revocó el marco legal en el que operaban las grandes empresas petrolíferas en Venezuela favoreciendo que la empresa estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) se hiciera cargo del total de la extracción y de los beneficios resultantes del comercio del crudo, en detrimento de las empresas, principalmente norteamericanas, que se beneficiaron del llamado proceso de Apertura Petrolera que les permitió acceso a los recursos venezolanos a partir de la última década del siglo XX. Desde entonces, Estados Unidos ha reclamado a Venezuela fuertes indemnizaciones por esta expropiación de hecho, sin dejar nunca de tener la vista puesta en la posibilidad de recuperar por la fuerza la posición privilegiada que perdieron sus empresas.

En la actualidad, Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en unos 300 000-303 000 millones de barriles, lo que representa aproximadamente entre el 17 % y el 20 % de las reservas mundiales. Esto la sitúa en primer lugar, por delante de Arabia Saudí e Irán. Algunas estimaciones estadounidenses e internacionales incluso sugieren que el volumen real de reservas sin descubrir o difíciles de extraer podría ser aún mayor (entre 380.000 y 652.000 millones de barriles), pero el rendimiento y la viabilidad económica son objeto de debate. Pero gran parte del petróleo venezolano es muy pesado y viscoso (crudo extra pesado), lo que hace que su extracción sea más difícil desde el punto de vista técnico y financiero que la de los crudos ligeros de otros países.

El petróleo representa aproximadamente el 90% de los ingresos por exportaciones de Venezuela e, históricamente, ha sido la columna vertebral de la economía estatal. Sin embargo, la producción es significativamente inferior al potencial de las reservas (actualmente alrededor de 900.000-1.000.000 de barriles diarios de exportación), lo que representa menos del 1 % de la demanda mundial, debido principalmente a la inestabilidad política, la mala gestión y las sanciones.

Chevron Corporation es la principal empresa petrolera estadounidense activa en Venezuela, a pesar de las sanciones de larga duración impuestas a PDVSA. En virtud de las excepciones concedidas por el Gobierno estadounidense, Chevron tiene licencias limitadas para operar y exportar, aunque estas licencias se revisaron repetidamente en 2025 y, en algunos casos, se retiraron. En particular, a Chevron se le permitía la exportación de petróleo venezolano a pesar de las sanciones, pero al mismo tiempo se limitaba su flujo de dinero directamente al régimen venezolano por ser "políticamente delicado".

La progresiva limitación de la importancia norteamericana en la industria petrolera venezolana ha tenido como contra partida, en los últimos años, una creciente importancia del comercio con China. Según la prensa especializada, China recibe de Venezuela aproximadamente 921.000 barriles por día (el 80% de las exportaciones de crudo del país) mientras que Estados Unidos recibe únicamente 150.000 barriles por día. Es decir, los últimos años han visto un cambio de la posición estratégica venezolana, que después de una década de bloqueo y caída de las exportaciones, debido a la menor demanda internacional, ha pasado de ser una fuente de reservas para Estados Unidos a serlo para China. De hecho, los dos barcos petroleros interceptados por la marina estadounidense días antes del ataque iban dirigidos presumiblemente al país asiático, que corresponde a Venezuela con transferencia de tecnología de última generación, insumos para la industria nacional, etc.

A esto se le suma la relación comercial, también considerada preferente por parte de Venezuela, que esta mantiene con Irán. Sin alcanzar la magnitud de la que tiene con China, tiene un peso considerable en la economía venezolana y supone un alivio a la hora de enfrentar los efectos del embargo relativo al que le somete Estados Unidos.

Este es el centro del problema. El objetivo norteamericano no es, a todas luces, el control del narcotráfico. Pero tampoco es, únicamente, hacerse con el control de la industria petrolífera venezolana, algo que puede ser muy lucrativo, pero sin lo cual Estados Unidos ha podido vivir durante dos décadas… El objetivo de la presión que Estados Unidos ejerce contra Venezuela es doble. Por un lado, busca limitar la relación comercial del país caribeño con China e Irán, evitando tanto el suministro a estos dos países de un crudo sin duda muy barato (algo de vital importancia para la expansión industrial que protagonizan ambos) como el pago por este en forma de tecnología militar e industrial, es decir, la consolidación de un área de influencia principalmente china en el mar del Caribe. Por otro lado, trata de dar ejemplo con Venezuela para que tomen nota el resto de países y burguesías latinoamericanas: tanto en términos económicos como en términos políticos, afirma su predominio sobre el subcontinente, en una especie de reclamación de derechos que considera indiscutibles. No es necesario irse muy atrás para ver este doble objetivo explicitado por parte del mismo gobierno norteamericano, porque en su recientemente publicada Estrategia de Seguridad Nacional, el documento que recoge su orientación política y militar para los próximos años, la reivindicación de una América del sur, americana, es decir, norteamericana, es explícita. No se trata simplemente de una exigencia económica, no es una reclamación de petróleo sin más… es la imposición de todo un posicionamiento político y militar lo que está en juego. América, esto debe quedar claro para todos los países que la conforman, es el coto de caza privado de Estados Unidos. Esto no significa que ningún otro país pueda comerciar o defender intereses parciales en alguna zona, pero el predominio indiscutible se debe al imperialismo norteamericano.


El orden, burgués e imperialista, sí…

Durante los primeros años del gobierno de Hugo Chávez, en medio de un boom económico mundial en el que el consumo de combustible en todos los países capitalistas desarrollados y en buena parte de los considerados en vías de desarrollo aumentaba sin parar, las exportaciones de crudo venezolano reportaron al Estado jugosos beneficios. Buena parte de estos beneficios se utilizaron para modernizar, relativamente, el aparato productivo nacional, consolidando a Venezuela como una potencia económica regional.

A la vez que sucedía esto, se ponía en marcha un programa a gran escala de beneficios sociales para el proletariado y las masas depauperadas: Control de los precios de la cesta de la compra básica, construcción de viviendas asequibles, programas de empleo, alfabetización… los millones de petrodólares que engrosaban las arcas del Estado permitieron una expansión económica y social que marchaba al compás del crecimiento económico mundial del momento, sólo que mediante el fino hilo que suponía la exportación de una única materia prima, el crudo.

¿Se diferenciaba en esto el régimen de Chávez del resto de países capitalistas? En absoluto. En prácticamente toda Europa y América del Norte, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la burguesía destina una parte del excedente de beneficios, obtenido de la reconstrucción postbélica primero y del dominio imperialista que ejerce sobre el resto del mundo después, para el mantenimiento de una serie de amortiguadores sociales que garantizan una relativa paz social sustentada en una férrea política de colaboración entre clases. Los primeros años del régimen chavista no tuvieron nada de particular si se toman en abstracto. Solo si se observan en el contexto latinoamericano, y en particular con las singularidades venezolanas, donde las oligarquías burguesas dominantes han exprimido sin misericordia a los proletarios y al campesinado de la región y no han tenido miramientos en reducirles al hambre y la miseria más desesperantes, se puede ver alguna diferencia. 

La política de conciliación que los sucesivos gobiernos chavistas tuvieron hacia los proletarios y las capas populares más empobrecidas se inspira en el método de gobierno tradicional de la burguesía en cualquiera de los países capitalistas centrales, no hay nada de revolucionario en ello. Fue el hecho de que las fuentes de financiación de esta política las buscara en la nacionalización de industrias clave, como la petrolera, lo que le enfrentó tanto a la burguesía tradicional venezolana como a su valedor norteamericano. Pero este enfrentamiento, que sin duda existió, tampoco debe dar a entender que las limitadísimas reformas chavistas tuvieran algún tipo de naturaleza subversiva. Es cierto que el gobierno de Chávez se enfrentó a la oligarquía venezolana y a Estados Unidos hasta el punto de que, en 2002, tuvo lugar un golpe de Estado encaminado a deponerle. Pero también es cierto que el fracaso de este, debido a la presión de las masas populares en la calle, recondujo la tensión existente a un acuerdo de relativa tolerancia: tanto Estados Unidos como la burguesía venezolana aceptaron que solo el régimen chavista era capaz de controlar la tensión social que décadas de miseria habían creado y este se aprestó a convertirse en el valedor del orden imperialista en el país, a la vez que permitía florecer a su alrededor a una nueva, numerosa y especialmente agresiva y codiciosa burguesía, enriqueciéndola con los nuevos negocios y permitiéndole infiltrarse en todos los recovecos de la estructura estatal.

El enfrentamiento de los gobiernos, de Chávez primero y de Maduro después, tanto con la parte de la burguesía que había sido excluida del poder como con Estados Unidos, no pueden entenderse como la lucha de un régimen revolucionario (¡ni siquiera reformista en un sentido estricto!) contra fuerzas reaccionarias, sino como una lucha inter-burguesa en la cual cada una de las facciones luchó por lograr el apoyo de los proletarios y el “pueblo” en general, defendiendo unos las conquistas sociales otorgadas a cargo de la venta de petróleo y, otros, la democracia y la lucha contra la creciente corrupción de la nueva burguesía y el ejército, convertido en principal garante del orden a medida que la situación social empeoraba.

En medio de esta lucha, la crisis capitalista de 2008-2012, el fin de la demanda ilimitada de crudo, la caída de los ingresos por su venta… llevó a la crisis económica, política y social del régimen chavista, cada vez más parapetado detrás de las Fuerzas Armadas y al que sólo su inclusión en el bloque comercial conformado por China, Rusia, Irán y otros países de importancia menor, logró salvar… temporalmente.

La realidad, en el momento en que Estados Unidos, de acuerdo con el giro político y militar de los últimos años, ha redoblado sus ataques contra Venezuela para sacarla de dicha órbita económica, es que el Estado venezolano no podría existir sin la nueva burguesía chavista (los célebres boliburgueses), porque ya representa la principal fuerza de orden en el país y la única sobre la que el orden imperialista norteamericano puede apoyarse. La oposición (la de Machado hoy, pero la de Guaidó ayer… y tantas otras) ha demostrado ser absolutamente incapaz de garantizar el orden burgués. No ya porque el gobierno de Maduro mantenga el apoyo popular que caracterizó los primeros gobiernos de Chávez, sino porque el entramado estatal, levantado en parte sobre este, solo es controlable por la burguesía que en veinte años se ha hecho con el ejército y el resto de resortes del poder.

Lo ha reconocido el mismo Trump cuando ha afirmado que la oposición a Maduro, liderada por Corina Machado, no tiene el reconocimiento del pueblo venezolano, es decir, que no tiene la fuerza necesaria para hacerse cargo del Estado, porque no cuenta con la capacidad de encauzar en ese sentido las diferentes fuerzas burguesas (una de las cuales, el imperialismo norteamericano) que convergen. Por el contrario, la segunda de Maduro, Delcy Rodríguez, representante de ese "narco estado corrupto" - que es como Estados Unidos califica a Venezuela- sería, para la Administración Trump, “alguien de fiar”.

Sin duda Estados Unidos va a tutelar una transición en Venezuela encaminada a abrir las puertas del Estado a algunas facciones burguesas que hoy están excluidas. Este cambio tendrá como principales fines sacar a Venezuela de la órbita de China, Rusia e Irán, a la vez que permite la entrada a las empresas norteamericanas para que se hagan con la industria petrolífera. Pero la forma en que esto se hará todavía no es posible preverla porque forma parte de un juego imperialista de mucho más alcance, que afecta tanto al conjunto de la región latinoamericana como al resto del mundo. Solo se puede saber que irá “de la ley, a la ley”, del poder de la burguesía al poder de la burguesía y, seguramente, del chavismo al chavismo… aliado con Estados Unidos.


Una advertencia para el proletariado

Desde finales de los años ´80 hasta 2002, la burguesía venezolana y los imperialistas norteamericanos fueron plenamente conscientes de que Venezuela se erigía sobre el volcán del descontento y la ira populares. Dos décadas de crisis casi permanente, de drástica reducción de las condiciones de vida, de caída de los salarios, etc., acabaron por desencadenar estallidos populares como el Caracazo de 1989. 

El golpe de Estado de 1992, protagonizado por un grupo de militares a cuya cabeza estaba Hugo Chávez, manifestaba ese malestar que determinados sectores del ejército, de la burocracia sindical, etc., creían que solo se podía conjurar mediante un programa de reformas de tipo nacionalista. Como hemos dicho más arriba, tras la llegada de Chávez al poder y el inicio de la Vª República, pero sobre todo después de que el golpe de Estado de 2002 mostrase que la burguesía tradicional apenas tenía capacidad para ejercer el poder, tanto esta como la burguesía norteamericana accedieron a un gobierno de tipo nacionalista en el país.

Desde entonces este gobierno ha tratado por todos los medios de levantar estructuras estatales y para estatales que lograsen cooptar a determinados sectores de origen proletario y popular (desde las antiguas corrientes guerrilleras hasta los sindicatos, de los cuales Maduro fue un líder) para ahogar cualquier conato de lucha independiente de clase. Al resto de proletarios, cuando han avanzado sus exigencias, siquiera sobre el terreno económico, los gobiernos de Chávez-Maduro han respondido siempre con la represión más encarnizada.

El proletariado venezolano, después de décadas de padecer una situación terrible, una vez abandonada cualquier esperanza de reformas de tipo permanente, por pequeñas que fuesen, y de cargar sobre sus espaldas con el peso de la crisis económica que azota el país, va a sufrir a partir de ahora el precio de la “transición” que Estados Unidos promete y la burguesía venezolana de ambos bandos acepta. Pero hoy, la fuerza con la que contó en 1989 o en 2002, aunque en esos momentos estuviera condicionada por un carácter puramente espontáneo o por una cooptación por parte del régimen, ha desaparecido. Esa ha sido la principal victoria del chavismo y del “socialismo del siglo XXI”: han cortado cualquier tipo de impulso independiente por parte de la clase obrera, cegando a esta con las ilusiones democráticas, basadas sobre todo en unas condiciones materiales y sociales mejoradas para una parte del proletariado transformado en “aristocracia obrera”, y en un “anti imperialismo” de tipo pequeño burgués, que la mantiene paralizada e incapaz, por el momento, de cualquier tipo de respuesta.

Si la agresión imperialista norteamericana constituye un aviso a las burguesías latinoamericanas acerca de qué pueden y qué no pueden hacer en términos de alianzas políticas y económicas, para los proletarios de todos los países de la región supone algo más que una amenaza: es una realidad palpable del futuro que les espera. Las tensiones inter-imperialistas fuerzan a una reorganización de las áreas de influencia de las principales potencias y una sobre explotación de los recursos que existen en estas. También de la fuerza de trabajo, principal recurso que necesita el capitalismo para funcionar. Bajo la férula norteamericana, que vuelve a imponer militarmente sus exigencias, los proletarios de América Latina tienen un futuro claro: más explotación, por parte de su burguesía y del imperialismo yankee, peores condiciones de vida, represión sistemática, muerte… El disciplinamiento social es el requisito indispensable para la imposición de las exigencias económicas que plantea la burguesía. Y la burguesía venezolana, la bolivariana o la opositora, van a hacerse sus principales valedores.

 

Hace pocas semanas, cuando la tensión bélica entre Estados Unidos y Venezuela iba en aumento, aún sin ver claro el desenlace de la situación, escribíamos unas palabras a las que ahora no tenemos nada que corregir ni añadir:

Los proletarios de los países imperialistas deben oponerse a las campañas contra Venezuela, así como a las que golpean a otros países; las sanciones económicas, los bloqueos, la presión diplomática, las intervenciones “humanitarias” o las operaciones militares forman parte del arsenal utilizado para establecer o fortalecer la dominación imperialista sobre los países más débiles con el fin de obtener ventajas de todo tipo. La dominación imperialista debe combatirse sin vacilación, no en nombre de la engañosa ideología democrático-burguesa de la igualdad de las naciones y el respeto al “derecho internacional”, sino porque esta dominación fortalece al enemigo de clase y dificulta la lucha proletaria en los países imperialistas, al facilitar la corrupción de ciertos estratos de la llamada “aristocracia obrera”. Cualquier debilitamiento del poder de la burguesía imperialista es un factor positivo en el antagonismo de clase con ella; al mismo tiempo, cualquier debilitamiento del imperialismo alivia la presión sobre los proletarios de los países dominados, quienes siempre son las primeras víctimas de las acciones imperialistas. La solidaridad de clase con los proletarios de los países dominados es, por lo tanto, un imperativo de la lucha proletaria en los países imperialistas y no un vago deber moral de caridad humanitaria.

Los proletarios de los países imperialistas, y en particular los proletarios estadounidenses, deben demostrar esta solidaridad, no solo negándose a participar en la campaña contra Venezuela, denunciando la retórica sobre la lucha contra las drogas, la democracia y los derechos humanos, que solo sirve para camuflar los sórdidos intereses imperialistas, sino también oponiéndose a las medidas gubernamentales contra los inmigrantes legales e ilegales, venezolanos y otros. Recientemente, cientos de miles de inmigrantes, incluidos 600.000 venezolanos, han perdido su derecho a permanecer en Estados Unidos, lo que los condena a la clandestinidad. La solidaridad con los proletarios inmigrantes es esencial para fortalecer a todo el proletariado contra una burguesía que no duda en usar la fuerza para defender sus intereses tanto dentro como fuera de sus fronteras.

Frente a las crecientes tensiones entre Estados, a la crisis económica, a las sanciones, a la miseria y a la amenaza de guerra, el proletariado no tiene más que un camino: el de la lucha internacional de clase. Esto implica ningún apoyo táctico” al gobierno Maduro, ruptura total con todos los frentes comunes con la burguesía, ya sean patrióticos, democráticos o “anti imperialistas”; el rechazo de todos los campos burgueses: Maduro, la oposición liberal, los gobiernos imperialistas, los bloques regionales; emprender la reanudación de la lucha de clase independiente de los partidos y sindicatos defensores del orden burgués; el trabajo por la reconstitución de un movimiento comunista internacional que unifique las luchas de los proletarios de Venezuela, de las Américas, de Europa, de África y de Asia.  

Ni las amenazas de Washington, ni los discursos patrióticos de Caracas, ni las promesas de la oposición burguesa pueden ofrecer una salida a los explotados. Todos estos campos defienden la propiedad privada, el trabajo asalariado, la competencia generalizada entre empresas y Estados, es decir, las bases mismas de la explotación capitalista.

Los proletarios de Venezuela deben negarse a morir por la patria; los proletarios de Estados Unidos y de Europa deben negarse a apoyar sus sanciones, sus flotas, sus bases militares. En todas partes, se trata de retomar el hilo roto de Liebknecht, de Lenin y de los primeros dos años de la III Internacional: el enemigo principal, para cada proletario, se encuentra en su propio país: su propia burguesía y su propio Estado. Solo uniendo sus luchas por encima de las fronteras, sobre la base de un programa comunista de destrucción del capitalismo y de la sociedad de clases, podrán los trabajadores de Venezuela y del resto del mundo salir de la trampa mortal en la que las burguesías en competencia intentan encerrarlos.”


¡Fuera las tropas norteamericanas de Venezuela!

¡Contra la guerra imperialista, guerra de clase proletaria!

¡El enemigo está en casa, es la propia burguesía!


04/01/2025

Partido Comunista Internacional - www.pcint.org



ARCHIVO

Traduce-Translate-Μετάφραση

Etiquetas

comunicación proletaria solidaridad internacional internacionalismo chile comunicados pcint protestas sociales lucha de clases contra la represión comunistas solidaridad con lxs presxs grecia revueltas francia guerra a la guerra anticapitalistas acción directa Palestina EEUU internacionalismo proletario guerra de clases textos Venezuela Italia anarquistas memoria Argentina solidaridad proletaria internacionalista Territorio Mapuche english feminismo méxico derrotismo revolucionario Alemania análisis contra la guerra detenidas estado español (españa-XPAIN) lucha proletaria Shile huelga general huelgas mujer policía asesina presos políticos Ecuador Israel Ukrania kurdistán proletarixs internacionalistas 1º de mayo Rojava Siria antimperialismo contra el capital contra la democracia contra las elecciones covid-19 por el comunismo / por la anarquia comunismo francés migrantes okupacion Chequia Rusia antipatriarcado disturbios noticias oaxaca anticarcelario brasil bélgica contra el estado policial contra el nacionalismo contra el trabajo fascismo y antifascismo solidaridad de clase solidaridad proletaria contra caridad cristiana 8 de marzo República Dominicana Turkia UK anticapitalismo antifascismo autonomía de clase expropiación fotos guerra social insurrección lucha revolucionaria refugiados trabajadores en lucha Barcelona Mediterráneo antimilitarismo de clase contra el fascismo contra la patria contra la sociedad cárcel haití huelga de hambre libertad para todxs lucha obrera lucha social pintadas protestas trabajadores y estudiantes Portugal República Checa UIT-CI Uruguay antirracismo caribe chalecos amarillos cuba defensa de la tierra desalojos son disturbios deserción irak minería pegatas perú revolución comunista terrorismo ucrania Colombia Egipto Gabriel Pombo da Silva Iran Irán Paraguay Polonia américa del sur antidesarrollismo atentados class war contra el reformismo y el oportunismo contra la burguesía desaparecidos euskalherria indepedencia de clase no son accidentes propaganda. affiche reflexión revolución social saqueos teoría violencia revolucionaria África Catalunya China Claudio Lavazza G20 Golpe de estado Haiti India Nápoles PCI-ICP Sudán Túnez ZAD agitación antinazis asocianismo obrero barrios proletarios berlín brigadas internacionales catástrofes contra el mundial de fútbol contra la iglesia católica contra la religión contra la unidad nacional contra las fronteras contra las ongs derecho al aborto despidos economía política encuentros epidemia extradicción feminicidio feria grupos autónomos historia jornadas latinoamérica marruecos no borders pensiones revolución internacional sabotajes santiago maldonado un patriota un idiota 11deseptiembre América del norte Arabia Saudí Argelia Bielorrusia Birmania Bolivia Bosnia Bulgaria CNA Cibao Comuna de París Corea del Norte Corea del Sur Cuarta Internacional DIY Estado = Mafia Filipinas Flora Sanhueza GCI Gran Bretaña Guadalupe Hambach Forest Hong Kong Kenia Kosovo Libano Liberia Madagascar Marcelo Villarroel Marco Camenish Martinica Mumia Abu Jamal Myanmar Nicaragua Portland Punki Mauri Presente! RIF Sebastian Oversluij Suiza Tendencia Comunista Internacionalista Tunez Val di susa Vietnam Yemen Zaragoza abolición del trabajo asalariado abstención activa afganistan angry asambleas de trabajadores ateismo atropello autodefensa autoorganización bangladesh caja de resistencia ccf censura contra el fracking contra la reforma laboral contra la socialdemocracia contra las olimpiadas contra toda nocividad crisis crítica de la ideología deconstrucción derecho de autodeterminación dictadura dirección donbass día del joven combatiente exarchia excluidos exilio ferroviarios generación Z gilets jaunes grupo Barbaria guerra comercial guerra sucia huelga ilimitada y sin preaviso indymedia interseccional ioannina jornadas anárquicas kobane kurdo lumpen miseria movimientos de parados narcotráfico no Tav normalistas novara organización organización anarquista piquete praxis revolucionaria presos programa pueblos originarios que se vayan todos rebelión registros resistencia revolución socialista san francisco somos lxs nietxs de las brujas que nunca pudisteis quemar son asesinatos sudáfrica toxicidad trotsky turismo = miseria social violencia virus vivienda zapatista árabe