¡Minneapolis es el mundo entero!

 

La represión contra los proletarios inmigrantes como un laboratorio de pruebas del creciente autoritarismo y un desarrollo de la posibilidad de utilizar la fuerza contra cualquier tipo de disidencia

 

 

 

Las protestas masivas contra las prácticas de la policía de inmigración, la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE), la «Gestapo de Trump», que están teniendo lugar en estos días, tras la ejecución de Renee Nicole Good, en más de 100 ciudades de EE. UU. y en las que solo en Minneapolis han protestado más de 100.000 personas, expresan el descontento real y profundo de la opinión pública estadounidense con la evolución del país: con el terror generalizado asociado a las redadas y secuestros contra personas indocumentadas, es decir, contra cualquiera que pueda parecerlo por el color de su piel o su aspecto, y con el proceso de reestructuración autoritaria del Estado estadounidense, es decir, con el progresivo giro autoritario y la consiguiente militarización de la sociedad.

En lo que respecta al ICE, 2025 está siendo el año más trágico en más de dos décadas. Han muerto 32 personas bajo custodia de esta agencia federal, lo que supone el número más alto registrado hasta la fecha (desde 2004). En cuanto a los incidentes fuera de la custodia, los datos son más difíciles de obtener, ya que el ICE no está obligado por ley a informar de ellos; pero los medios de comunicación hablan de 16 tiroteos por parte de agentes del ICE, en los cuales al menos 4 personas fueron tiroteadas directamente por agentes sobre el terreno, y al menos 7 u 8 resultaron heridas (entre ellas, en algunos casos, transeúntes o familiares, incluidos ciudadanos estadounidenses), además de dos muertes durante detenciones relacionadas con fugas o accidentes.

Estas muertes se producen en un momento de expansión masiva de las operaciones de detención y deportación. Diciembre de 2025 ha sido el mes con el mayor número de detenciones. En los centros de detención superpoblados hay más de 68.000 personas, de las cuales casi el 75 % no tiene ninguna condena penal; al mismo tiempo, durante ese mes se registró el mayor número de muertes: siete detenidos murieron asesinados.

Las causas de muerte durante la detención —insuficiencias cardíacas, accidentes cerebrovasculares, colapsos respiratorios, infecciones no tratadas, suicidios— apuntan a un patrón constante: negligencia médica, presión psicológica, hacinamiento e indiferencia de la institución. Muchos detenidos solicitaron repetidamente asistencia médica, pero sus peticiones fueron ignoradas. Otros fallecieron poco después de ser trasladados al hospital, aún bajo custodia legal del ICE. Las investigaciones de estas muertes se prolongan, se impide el acceso a la información a las familias que permanecen en una angustia sofocante sin respuestas. Algunos ejemplos: Genry Ruiz Guillén, un joven trabajador hondureño que trabajaba en la construcción, se quejó repetidamente durante su detención de desmayos y dificultades respiratorias; murió en enero de 2025 en un hospital de Florida. Marie Ange Blaise, una migrante haitiana, pidió un médico varias horas antes de morir, debido a dolores en el pecho; según el testimonio de su hijo, se le negó la asistencia. Ismael Ayala-Uribe, un trabajador de California que vivía en Estados Unidos desde su infancia y llevaba 15 años trabajando en un túnel de lavado, enfermó durante su detención con fiebre y tos; falleció tras ser trasladado al hospital. Abelardo Avellaneda Delgado, que pasó casi 40 años trabajando en granjas estadounidenses, murió durante el traslado entre centros de detención, después de que su estado de salud empeorara en la cárcel local. Gabriel García Aviles, padre y abuelo, que llevaba tres décadas viviendo en Estados Unidos, fue detenido por una patrulla móvil y, tras una semana en detención, murió en el hospital; su familia no recibió ninguna información durante todo ese tiempo. Abelardo Avellaneda Delgado murió en una furgoneta de transporte del ICE; José Castro Rivera murió al ser atropellado por un coche en la autopista tras intentar escapar de los agentes. Norlan Guzmán-Fuentes fue asesinado en las instalaciones de la oficina de inmigración de Dallas; Miguel Ángel García Medina fue tiroteado mientras estaba esposado en una furgoneta frente a las mismas instalaciones.

Sin embargo, no se trata de fallos de instalaciones o agentes concretos. Entre otras cosas, los agentes reciben una bonificación por cada detención, independientemente de si está justificada o no: se degrada la dignidad humana de los detenidos, cuyas vidas se consideran insignificantes. Se trata de violencia estructural, de quebrantar el cuerpo y el espíritu, una forma organizada de castigo sin juicio.

La propaganda oficial presenta al ICE como una fuerza que defiende a la sociedad de la delincuencia y protege las fronteras. En realidad, el objetivo de este terror no es deportar a alrededor de 12 millones de personas indocumentadas, ya que, sin esta mano de obra, la burguesía estadounidense no podría funcionar económicamente en muchos sectores, pues depende estructuralmente de los millones de trabajadores indocumentados.

La agricultura, la construcción, la logística, la hostelería, el cuidado de personas… dependen de su trabajo. Entre el 50 % y el 75 % de estos proletarios no autorizados (entre 8 y 8,5 millones) pagan impuestos federales, ¡a pesar de no tener derecho a la mayoría de las prestaciones que estos impuestos financian! Los trabajadores inmigrantes en general, independientemente de su situación legal, representan casi el 19,5 % de la mano de obra total.

El objetivo es intimidar a esta parte del proletariado, someterla al máximo y hacerla vulnerable al chantaje, al tiempo que se procura enfrentarla a los trabajadores «nacionales». Esta estrategia tiene un claro sentido de clase: crear una masa de mano de obra que tema enfermar, hacer huelga, que sea incapaz de defenderse y, de este modo, presionar a la baja los salarios y las condiciones laborales de todo el proletariado. Esta estrategia refuerza la posición de los empleadores y sirve por completo al capital. La represión de los proletarios inmigrantes no autorizados es, por lo tanto, un ataque a toda la clase trabajadora.

Los métodos introducidos por el ICE —redadas enmascaradas, detenciones sin orden judicial, operaciones militarizadas, suspensión de la protección jurídica— se están extendiendo cada vez más a amplios sectores de la población. Según un dictamen interno filtrado, el ICE tiene permiso para entrar en los hogares incluso sin orden judicial.

La represión contra los inmigrantes funciona al mismo tiempo como un laboratorio de pruebas, del creciente autoritarismo y de un desarrollo de opciones de fuerza más amplio para la clase dominante estadounidense. Las protestas contra el ICE son reprimidas con violencia policial, el despliegue de la Guardia Nacional y bajo amenazas de intervención militar. Los actos de solidaridad son criminalizados y perseguidos. Grabar los arrestos se considera una «intromisión» en las actividades de los organismos estatales. Las garantías legales se debilitan en nombre de la seguridad y el orden.

El trato que se da hoy a los proletarios indocumentados se aplicará progresivamente a otros sectores de la población, en primer lugar, al proletariado, cada vez que se rebele por sus condiciones de trabajo y de vida. Estamos viendo en directo cómo se prepara gradualmente el aparato estatal para reprimir el descontento a una escala mucho mayor. Y ese futuro no está lejos...

La mencionada Renee Nicole Good, madre y conductora de 37 años, que no cometió ningún acto violento en la zona de la redada del ICE, sino que simplemente desobedeció la orden de los agentes de permanecer en el lugar y comenzó a alejarse lentamente, fue asesinada de tres disparos por un agente experimentado del ICE, a través del parabrisas y la ventanilla abierta de la puerta. Después del tiroteo, ninguno de los agentes le prestó asistencia médica y, además, impidieron que los residentes y los socorristas de la comunidad local lo hicieran. El 24 de enero se produjo otra muerte en el marco de la operación del ICE: uno de los agentes disparó a Alex Pretti, un enfermero de 37 años que estaba grabando la intervención. Tras un altercado entre un policía y una manifestante, intentó ayudar a la mujer agredida, recibió una dosis de spray pimienta en la cara y, cuando ya estaba tirado en el suelo y varios policías le golpeaban, fue asesinado a quemarropa.

La evolución en Estados Unidos no es un «desliz» temporal, sino una forma autoritaria normalizada de gobierno, que se ha ido desarrollando gradualmente a lo largo de años, mediante la erosión de las restricciones legales, la normalización de medidas excepcionales y la concentración de poder en el aparato ejecutivo. Todo esto responde a las crecientes contradicciones de la sociedad capitalista y a la erosión de la posición de EE. UU. como potencia imperialista global.

El aumento de las detenciones, el incremento de las muertes, el rearme y la militarización de las fuerzas represivas, la impunidad de la violencia estatal y la desintegración de las garantías legales: todo esto está ocurriendo ahora mismo y no es casualidad. Y sin embargo, no se trata de la sustitución inmediata de la democracia burguesa parlamentaria por una dictadura —la ilusión del parlamentarismo de que la clase trabajadora tiene algún poder real a través del voto es todavía un factor importante para la burguesía gobernante y la estabilidad del régimen capitalista—, sino de la normalización de las llamadas reacciones de emergencia del Estado (Covid-19, inmigración...), de tal manera que la represión se convierta en una realidad omnipresente y en la forma normal de gobernar. Sería ingenuo creer que el Partido Demócrata, si ganara las próximas elecciones, en una situación de agudizadas tensiones económicas y militares internacionales entre los imperialismos, vaya renunciar a todos estos «logros» alcanzados por el Estado, limitando así las posibilidades de maniobra del Estado capitalista en caso de crisis económica y bélica.

La represión encarnada por el ICE es una advertencia de lo que le espera a toda la clase obrera si no se opone a esta trayectoria.

Las marchas por los derechos humanos y la dignidad, por muy amplias que sean, los llamamientos a la democracia, la constitución o el estado de derecho, la participación de organizaciones de la llamada sociedad civil, grupos religiosos y organizaciones no gubernamentales que ofrecen ayuda humanitaria, la expresión de condenas morales, son un telón de fondo incapaz de ofrecer una alternativa al desarrollo de la represión total. Del mismo modo, buscar apoyo en el ámbito político, es decir, en el Partido Demócrata, que se presenta como oposición al autoritarismo de Trump, es completamente ilusorio y desmoralizador. En realidad, es este partido el que ha permitido todo este proceso de creciente autoritarismo. Su papel es únicamente criticar los «excesos» y las «normas insuficientes» en las redadas contra los inmigrantes. Por otra parte, fue Obama quien dio un paso decisivo para hacer más eficaz al ICE. Con su apoyo, los presupuestos para el DHS y el ICE pasaron por el Congreso y los centros de detención siguieron funcionando como hasta ahora. En los estados demócratas, los gobernadores envían a la policía y a las unidades de la Guardia Nacional contra los manifestantes. Las desavenencias entre los demócratas y la administración Trump se refieren a las formas, a la táctica, no al fondo.

Las direcciones de los sindicatos oficiales, dedicados a la política de colaboración entre clases también desempeñan un papel igualmente negativo. Mientras que los trabajadores individuales participan en las protestas, los líderes sindicales bloquean activamente las huelgas y canalizan la oposición en gestos simbólicos inofensivos. Los «compromisos contractuales de los sindicatos de no convocar huelgas fuera del marco de la negociación colectiva (las llamadas «cláusulas anti huelga») se utilizan para que los trabajadores se queden y sigan trabajando, mientras se intensifican las medidas represivas.

Sin apartarse de estos patrones políticos impuestos por los círculos burgueses, cualquier acción se reduce a un teatro: momentos de liberación de la presión social, una presión que al final no cambia nada y que frena el desarrollo de un movimiento de clase independiente al desviar la atención del terreno de lucha necesario: la confrontación de clase contra el capital y su Estado. La huelga llevada a cabo por medios y métodos de clase es un arma de lucha para los trabajadores, es la palanca con la que estos pueden llegar a imponer sus exigencias a la burguesía, dañando el funcionamiento de la maquinaria de la búsqueda de ganancias capitalistas.

La represión encarnada por la «Gestapo de Trump» es una advertencia de lo que le espera a toda la clase obrera si no se opone a esta trayectoria. La única respuesta eficaz es la organización independiente de protestas, la agitación y la movilización masiva del proletariado, más allá de todas las diferencias en las que el régimen capitalista lo clasifica (nacionalidad, origen, estatus legal, raza, género, etc.) y la reactivación de su lucha abierta como clase con intereses propios y contrarios a los de la oligarquía y la burguesía en general: esto significa romper con las fuerzas políticas, sindicales e ideológicas que atan al proletariado al orden existente, el florecimiento de las luchas proletarias en el terreno económico, y la organización de carácter clasista —utilizando los medios y métodos de la clasistas; la entrada en el terreno de la lucha política, con una clara oposición a las operaciones exteriores del propio Estado imperialista, a su rearme para la preparación de la futura guerra imperialista mundial, y con la defensa y la lucha por la igualdad de todos los componentes de la clase contra la política de «divide y vencerás». Por lo tanto, la alternativa no es volver a una democracia idealizada y falsa, sino luchar conscientemente contra el propio sistema capitalista. Solo sobre esta base puede la clase trabajadora enfrentarse a la burguesía más poderosa del mundo y emprender el camino que conduce a la liberación de las cadenas de la opresión, la explotación, las guerras capitalistas y las catástrofes, y derrotarla.

 

 

26 de enero de 2026

 

Partido Comunista Internacional

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