Venezuela:
Epidemia, pérdida del trabajo y hambre: una situación cada vez más
insoportable para los proletarios
En
Venezuela, a pesar de las muy bajas cifras de víctimas del covid-19
registradas oficialmente (1), el confinamiento, que fue decretado el 13/3,
ha creado una situación social cada vez más insoportable. Un mes de
confinamiento después, han comenzado a estallar disturbios, motines, saqueos
o conatos de saqueos, en varias regiones del país y en ciudades y poblados
como Socopo, Guanare (donde los campesinos piden gasolina para poder
transportar sus productos), Punta de Mata, Cumanacoa, la aldea minera de
Upata, Ciudad Bolivar y Caripe, dejando el saldo de 33 detenidos, 2 heridos
y 1 muerto por bala: el aparato de represión del Estado no ha dejado de
hacer su sucia labor.
El
primer país en el continente en imponer el “estado de alerta” por el
coronavirus ha sido Venezuela y luego Argentina; las modalidades del
confinamiento han sido el cierre total de las escuelas, los vuelos desde y
hacia al país y solo las actividades “esenciales” como los supermercados y
los servicios médicos se mantienen, como en muchas otros países, los
desplazamientos para comprar comida o ir al médico son permitidos. El
respeto de estos protocolos varía mucho de ciudad en ciudad y dependen de
las situaciones que en cada una de ellas se viven. Evidentemente que las
ciudades más pobladas, donde el hacinamiento es inevitable, las personas
hacen lo que pueden para mantener la llamada “distanciación social”, que es
muy difícil de mantener en estas condiciones, sobre todo para las clases
proletarias cuyo dilema es quedarse en casa y no tener para comer, y a veces
sin agua potable ni electricidad, o salir a la calle para mal ganarse la
vida y exponerse a la pandemia: si bien el gobierno chavista no ha sido tan
irresponsable frente a la epidemia como, por ejemplo, el gobierno brasilero
de Bolsonario, son siempre los proletario los que más sufren de las medidas
tomadas por los burgueses; en algunos lugares es el hambre que los amenaza,
o si no el deseempleo, tanto en Venezuela como en los países fronterizos.
En
efecto, las víctimas del covid-19 no son tanto las personas contagiadas por
el virus que hasta ahora son muy pocas comparado con Europa y Estados
Unidos, sino los proletarios confinados y golpeados por la terrible ausencia
de la gasolina que ha sido el primer disparador de los precios de los
productos y por el alza de los precios. Evidentemente que la tensión social
aumenta día a día en el país donde abundan las riquezas minerales, y no
sería extraño que en las siguientes semanas estallen revueltas de grandes
proporciones.
Es
evidente que el confinamiento impide trabajar a muchos proletarios que viven
el día a día, tal como los vendedores ambulantes, además del personal de la
restauración y de muchos otros sectores de la economía capitalista a causa
de la pandemia – como en muchas partes del mundo, sobre todo en aquellos
donde el trabajo informal es hasta más grande que el trabajo con protección
social y prestaciones. Pero también está el aumento de los precios de los
productos de primera necesidad que en menos de 15 días se han duplicado y
hasta triplicado (2); a ello se junta la ausencia de gasolina en las
estaciones, además de la duplicación del precio del dólar paralelo en apenas
pocas semanas, situación que genera una presión creciente en el precio de
los productos y abre la puerta a la especulación y el llamado “bachaqueo”.
ESTADOS UNIDOS AL ACECHO
El
bloqueo de las importaciones de Caracas por aire, mar y tierra y las
amenazas y sanciones económicas que Washington implementa con el fin de
tumbar al gobierno Maduro, también contribuyen a los desabastecimientos de
medicamentos, productos alimenticios importados, más los aditivos necesarios
para la refinación del petróleo convertido en gasolina, añadido al hecho de
que las pocas refinerías (3) del país están paralizadas u operan muy poco.
Era y es lógico que el clima social llegue a la violencia y a los
enfrentamientos en las calles no solo de Venezuela, sino de los países
aledaños, Colombia y Brasil.
CON LA CAÍDA DE LOS PRECIOS DEL PETRÓLEO Y LA RECESIÓN MUNDIAL, ACELERADA
POR LA PANDEMIA, VENEZUELA SE CONVIERTE EN UNA BOMBA DE RELOJERÍA
Venezuela, que no vive sino de la venta de su petróleo, en plena recesión
mundial ya bien comenzada antes de la pandemia, y luego acelerada por la
misma, está claro que no le espera otra cosa que un caos social e incluso
político. La realidad petrolera en el país bolivariano es terrible: la
producción del crudo solo llega a ¼ de lo que se producía hace 10 años,
altos costos de extracción hacen poco rentable su venta, además de la más
reciente y estrepitosa caída de los precios a nivel mundial (¡-37$!) y sin
ninguna probabilidad de que el sector se mejore sino a muy largo plazo, sin
contar la deuda actual hacia sus amigos, China y Rusia, que evidentemente no
podrá ser pagada, incluyendo los intereses, sino dentro de muchos años, y
con la poca probabilidad de que le sigan prestando. Por lo tanto, las
condiciones objetivas están dadas para que el país explote en mil pedazos.
En
Venezuela, nunca escampa para los proletarios... ¡siempre lloverán
desgracias propias a la condición que les asigna el capitalismo! Una sola
solución: ¡tomar la vía de la lucha revolucionaria y de la organización de
clase para derrumbar, en unión de todos los países, este sistema asesino!
(1)
Es muy probable que, en las próximas semanas, las cifras de las víctimas del
covid-19 aumenten, gracias en gran parte por unos vecinos “poco
disciplinados” como Brasil y Colombia, con los que Venezuela comparte vastas
fronteras, ya que de los países latinoamericanos más afectados por la
pandemia, y guardando sus proporciones en tamaño y cantidad de habitantes,
está Brasil cuyos casos de contagios y decesos por el coronavirus han
aumentado de manera exponencial (59.324 casos de contagio confirmados,
27.655 recuperados y 4.057 muertos). Siguiendo el mismo camino de ignorar,
como Bolsonaro en Brasil, las más mínimas medidas de seguridad sanitaria, Y
Colombia que comienza a sufrir la misma violencia social provocada por el
virus, debido en gran parte a la falta de protección social conveniente. La
agencia de noticias France-Presse escribe que “sin familia ni ayuda
social suficiente, muchos ancianos se enfrentan al dilema de morir de hambre
confinados o enfermarse (por el coronavirus)”. Hasta ahora, según
wikipedia, Colombia registra 4.881 de caso confirmados, 1.003 recuperados,
387 hospitalizado (hasta el 25/4), y 225 muertos, cifras que tienden a
aumentar al filo de los días.
(2)
Hace 6 semanas, importantes sectores empresariales cercanos al chavismo se
reunieron con representantes del gobierno, con el fin de regular los precios
y asegurar el abastecimiento de los productos de consumo diario, pero por lo
visto los acuerdos no han sido respetados. Como se sabe, en Venezuela el
salario mínimo llega a la irrisoria suma de 3-4 dólares mensuales (la cesta
básica se calcula en alrededor de 400$), lo que traen las cajas Claps
(salario diferido que el Estado entrega en forma de pequeña ayuda en
alimentos) y las subvenciones a la electricidad, la gasolina y los servicios
urbanos, no son suficientes para enfrentar el alto costo de la vida.
(3)
Venezuela posee solo 3 refinerías de petróleo crudo, dos de entre ellas
(Guaraguao y Paraguaná) están dañadas, y una (El Palito) solo refina 15 mil
barriles por día, lo que es completamente insuficiente ante el alto consumo
automotor calculado en 300 mil barriles por día; la situación se empeora
cuando no se logran obtener los aditivos importados que lleva el
combustible, porque ninguna empresa de tanqueros se arriesga a traerlos para
no ser sancionados por los Estados Unidos.
Partido Comunista Internacional
(El Proletario)
28 de abril de 2020
www.pcint.org[Covid19, Grecia] Contra los efectos nocivos para la auto-organización proletaria de la ideología de "quedarse en casa"
[Covid19, Grecia] La llamada inicial. Contra los efectos nocivos para la auto-organización proletaria de la ideología de "quedarse en casa".
18 de Marzo 2020
En la época de la pandemia (que ciertamente es favorecida por el modo de producción capitalista, si no surge directamente de ella), es más evidente que nunca que la función del estado capitalista implica la protección del capital y el trabajo en general. Sin embargo, en términos que no permiten la auto-actividad de la clase trabajadora.
Frente a un nuevo "enemigo invisible" en medio de una crisis continua de reproducción de las relaciones capitalistas, el Estado elige cerrar ciertos sectores (relacionados con la circulación de mercancías no esenciales) e impone medidas para proteger al menor coste posible la mayor parte de la fuerza de trabajo necesaria, habiendo ya proscrito una parte de ella.
El personal político del capital es muy consciente del estado deplorable del sistema de salud pública ya que ellos mismos han aplicado políticas de extrema austeridad, de depreciación del trabajo y de reducción de la mano de obra, especialmente en los sectores de la reproducción de la fuerza de trabajo. Por eso que temen que el alto grado de contagio del virus invisible haga demasiado visibles las consecuencias de sus propias políticas, y por eso tratan de relegar al olvido y a la invisibilidad su exitosa campaña de recorte de los gastos estatales en materia de reproducción durante los últimos años de la llamada "crisis de la deuda". Si el estado capitalista ya podía presentarse como una organización autónoma y neutral que funcionaba en interés de la "sociedad civil" y de la "nación", ahora, en las condiciones de pánico masivo que el propio estado creó, aparece mucho más como "guardián de la salud pública" y "protector" de todos nosotros, aunque en términos militares. La cuarentena impuesta tiene como objetivo adicional la represión preventiva de cualquier cuestionamiento de la política estatal o de cualquier iniciativa proletaria autónoma y concertada de reivindicaciones y resistencias, especialmente cuando se presenta en términos de policía higiénica y disciplina, estigmatizando a los que violan el dogma de "quedarse en casa" como socialmente irresponsables y criminales.
Sin embargo, el confinamiento/auto-confinamiento debido al coronavirus y la prevención/prohibición de mítines/reuniones o, peor aún, la suspensión voluntaria del funcionamiento de los colectivos políticos tiene resultados desastrosos. El aislamiento o auto-aislamiento intensifica la sensación de debilidad y parálisis en condiciones de pánico masivo, en el mismo momento en que ya han surgido problemas muy graves, especialmente en lo que respecta a las relaciones laborales y los salarios.
• Porque no creemos que la esfera pública proletaria deba retroceder ante los discursos de guerra del gobierno y el terrorismo mediático.
• Porque la "nueva sociabilidad" bajo el eslogan de "quedate en casa" (solo), que el personal político del capital quiere imponernos, prepara la distopía de la persona antisocial, individualista, solitaria e indefensa.
• Porque muchos de nosotros ya estamos en riesgo de salud en nuestros lugares de trabajo.
• Porque muchos de nosotros ya nos quedamos en casa sin salario, mal pagados o desempleados.
• Porque las relaciones laborales en varios sectores ya han sufrido otra mutación violenta (mucho más extensa que la del SARS-CoV-2).
• Porque los mecanismos de represión les otorga la oportunidad de hacer lo que quieran y suprimir ciertas estructuras que el proletariado (internacional) utiliza para satisfacer sus necesidades "ilegales".
• Porque ningún tipo de cooperación política/organizativa puede funcionar en condiciones de (auto)aislamiento, distanciamiento social y monólogos contemplativos en facebook.
• Y porque no compartimos los sentimientos de "solidaridad nacional" expresados desde la periferia al centro metropolitano en apoyo al monólogo de los jefes.
• Por todo ello, elegimos continuar nuestras reuniones (manteniendo las medidas de auto-protección e higiene) para discutir todo esto, así como sobre las formas colectivas de tratar con ellos.
¡LA "RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL" ES UNA IDEOLOGÍA CAPITALISTA Y UN ENGAÑO!
¡AUMENTAR LOS GASTOS DEL ESTADO PARA EL SISTEMA DE SALUD PÚBLICA Y NO PARA LOS MILITARES!
NO ESTAREMOS CONFINADOS EN CASA
¡ABAJO LA POLICÍA, EL EJÉRCITO Y LA ADMINISTRACIÓN BIO-POLÍTICA DEL PROLETARIADO!
SALARIO SOCIAL COMPLETO PARA TODOS LOS TRABAJADORES DESPEDIDOS O CON LICENCIA
CONTRATACIÓN INMEDIATA CON AUMENTO DE SALARIOS EN HOSPITALES Y SUPERMERCADOS PARA QUE LOS TRABAJADORES EXISTENTES NO SE SIENTAN COMPLETAMENTE ABRUMADOS
El 1 de mayo, en la época del coronavirus
¡PROLETARIOS! ¡CAMARADAS!
Cuatro meses después de la aparición "oficial" de un nuevo coronavirus,
descubierto más tarde como Sars-CoV2 - la Covid-19 de los periodistas - la
crisis económica, que ya estaba erosionando los niveles sagrados del PIB en
todos los países imperialistas, se agravó considerablemente, tanto que la
burguesía más alarmada clamó por una crisis similar a la de los años
posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Lo que inicialmente se consideró
una epidemia confinada a una zona industrial particular de China - la
metrópoli de Wuhan, capital de la provincia de Hubei - resultó ser, en el
espacio de unas pocas semanas, una epidemia mucho más grave que lo que dijo
el gobierno de Xi Jinpin; una epidemia que podría extenderse fácilmente no
sólo en China, sino en todo el mundo, dadas las estrechas relaciones que
China mantiene con todos los países del mundo y, en particular, con los
países imperialistas de Asia, Europa, América y la vecina Rusia; y dado que
no existe un verdadero sistema de prevención en el capitalismo.
Hasta la fecha, el 25 de abril, las estadísticas oficiales hablan de más de
2,7 millones de casos de coronavirus en el mundo y más de 190.000 muertes,
50.000 de ellas sólo en los Estados Unidos. Sin embargo, los propios
científicos burgueses afirman que los casos oficiales deberían ser al menos
el doble... ¡Una verdadera carnicería que no ha terminado!
El capitalismo es un matadero: no sólo por las pasadas guerras mundiales,
sino también por las continuas guerras que han devastado todos los
continentes desde 1945; por no hablar de las muertes en el trabajo y por el
trabajo, los feminicidios y las muertes por enfermedades conocidas desde
hace décadas y nunca erradicadas como el paludismo, que, según la OMS,
afecta a 230 millones de personas en el mundo y mata a 430 mil cada año,
casi 1200 al día. Qué casualidad, justo hoy, 25 de abril, es el día mundial
"dedicado" a ello.
Desde febrero, la crisis sanitaria se ha convertido en un empeoramiento de
la crisis económica ya en marcha. En los Estados Unidos, cuyo presidente se
burló de los científicos, médicos y políticos que advirtieron del peligro de
una pandemia de coronavirus, ante el vertiginoso aumento de los casos y las
muertes en su país superindustrializado, y ante el inevitable cierre de
fábricas y de muchas actividades que ha provocado, en el espacio de dos
meses, más de 26 millones de parados (igualando y aumentando los 22 millones
de empleados por la crisis de 2008-2009), se ha desatado ahora una carrera
en busca del desocupado de turno: primero China, luego Europa, después....
y, al mismo tiempo, al igual que en Europa, en China y Japón, se cubren
todas las deficiencias, incapacidades, errores e ineficiencias de los
poderes públicos frente a esta pandemia, con el fin de reiniciar la
producción, el comercio, el turismo y las exportaciones lo antes posible.
El capital no puede ser detenido, tiene que circular, tiene que ser
invertido, tiene que intensificar cada vez más a las masas proletarias para
extorsionar su plusvalía. Y si se detiene, como en los casos de crisis de
sobreproducción frente a mercados tan atascados de mercancías que ya no
permiten los ingresos esperados, entonces damos la bienvenida a las guerras
con las que destruir enormes masas de mercancías, dando así luz verde a la
reconstrucción, rejuveneciendo en cierto sentido la máquina productiva
capitalista. Y bienvenidas sean las epidemias con las consiguientes crisis
sanitarias, gracias a las cuales toda burguesía en el poder tiene un
pretexto válido para aplastar aún más al proletariado en las condiciones de
extrema necesidad: ¡salud ante todo!, dicen, pero lo que quieren - y la
carnicería que estamos presenciando lo demuestra una vez más - ¡la economía
nacional ante todo! Los sacrificios de hoy, dados por el
confinamiento forzoso y la imposición de medidas de "clima de guerra",
prohibiendo, con libertad de movimiento, libertad de manifestación y huelga,
exprimiendo a la policía y al ejército en las calles para que no se
desobedezcan las órdenes, anuncian los sacrificios de mañana.
El proletariado debe esperar una represión aún más severa cuando la epidemia
haya disminuido significativamente sus efectos letales (excepto quizás en el
otoño o la próxima primavera debido a la congénita falta de prevención real
de la salud humana), porque los capitalistas querrán recuperar lo antes
posible los beneficios que han perdido en los últimos meses. Son los
capitalistas, ahora hasta las piedras lo saben, los que dictan las demandas
de la economía capitalista al poder político burgués.
Todas las discusiones, negociaciones, enfrentamientos entre gobiernos y
Estados que han caracterizado las cumbres de la Unión Europea en los últimos
meses, se han centrado en el capital necesario para hacer frente a los
dramáticos efectos de la epidemia - en las estructuras sanitarias y en las
redes sanitarias territoriales, así como en el apoyo, mediante
amortiguadores sociales, a los trabajadores que han perdido su empleo o que
se ven obligados a realizar indemnizaciones por despido, y por supuesto en
las actividades industriales, comerciales, de servicios, bancarias, etc. -,
muestran que la competencia entre capitalistas y entre estados nunca se deja
de lado, ni siquiera ante emergencias de dimensiones globales como la
actual. Cada uno trata de fastidiar al otro, de aliarse con alguien para
reforzar su posición, y si en un momento dado hay que encontrar el capital
necesario para que algún Estado no se declare en quiebra, como Grecia ayer,
Italia hoy o España, entonces se encuentra el capital porque es más
conveniente para el mercado europeo, y para la estabilidad del euro como
moneda internacional, ensanchar los hilos de las bolsas; por supuesto a los
tipos del mercado, tal vez fraccionando el préstamo durante algunos
decenios, lo que pesa cada vez más sobre las generaciones futuras.
¡PROLETARIOS! ¡CAMARADAS!
El capitalismo no puede ser reformado, no hay solidaridad entre los
capitalistas excepto por conveniencia mutua económica, política, militar;
mucho menos hay solidaridad entre capitalistas y proletarios. Cada vez que
los burgueses conceden algunas migajas de mejora en las condiciones de
trabajo y de vida del proletariado, lo hacen sólo bajo la presión de la
lucha proletaria, o por temor a que la lucha proletaria, en un momento dado,
tome una dirección decididamente antiburguesa. El rostro reformista de la
burguesía, en realidad, esconde su verdadero comportamiento que consiste en
hacer cualquier cosa para defender sus intereses de clase en antagonismo con
los de la clase proletaria. El proletariado debe temer más al capitalismo
cuando se hace pasar por generoso, por simpático, por comprensivo, por
dispuesto a negociar pacíficamente, que cuando muestra su verdadero rostro
desde el principio, su rostro sombrío, cínico, brutal.
Básicamente, la burguesía, en defensa de sus privilegios, de su posición
dominante en la sociedad, expresa naturalmente el odio de clase hacia el
proletariado. Un odio que proviene del sentimiento de temor social
transmitido por las generaciones burguesas anteriores que vivieron los
períodos en que el proletariado no sólo se rebeló contra sus propias
condiciones de existencia y trabajo mediante luchas duras e insistentes,
sino que se organizó políticamente para enfrentarse abiertamente al poder
burgués con el objetivo de derrocarlo y tomar el control directo, como clase
y bajo la dirección de su partido de clase, del destino de la sociedad en su
conjunto. ¡Octubre de 1917 lo enseña!
El odio burgués al proletariado se puede medir día a día, aunque en el
pacífico Estado democrático y constitucional se oculta por el
parlamentarismo, el electoralismo y la colaboración de clase a los que las
fuerzas conservadoras y colaboradoras del oportunismo obrero aportan una
contribución indispensable. Bastaría con demostrar que todas las leyes,
todos los controles, todas las medidas previstas para la protección de la
salud y la vida y la seguridad en el trabajo nunca han sido suficientes para
eliminar esta carnicería; si a ello añadimos el hambre, la miseria, las
guerras, el abandono, las catástrofes, etc., que afectan de forma abrumadora
a las poblaciones proletarias de todos los países, qué conclusiones hay que
sacar, salvo que el poder burgués ama el capital, ama el lucro, ama los
privilegios sociales y el poder económico y político que los defiende, y
odia todo lo que se interpone, que obstaculiza, que lucha contra ellos.
Los proletarios, mientras sufran la explotación cada vez más bestial, la
miseria y condiciones de existencia peores que las de los esclavos de la
antigüedad, confiando sus necesidades y reivindicaciones a las fuerzas
sindicales, políticas, religiosas que tienen la tarea, más allá de sus
palabras, de mantenerlos sumisos a las exigencias del capitalismo,
engañándolos con la democracia que debe nivelar idealmente y prácticamente a
las clases, y con la religión, que consuela con la oración los corazones de
todos, sin distinción de censo y clase, refiriéndose a una entidad
sobrenatural la respuesta al misterio de las tensiones sociales, los
proletarios, decíamos, siempre seguirán siendo esclavos del capital,
esclavos asalariados si tienen un trabajo o esclavos abandonados a su
destino individual cuando están desempleados.
Los proletarios, aún hoy, son una masa de esclavos asalariados a merced de
los capitalistas. Sin embargo, pueden ser una fuerza social capaz de cambiar
el mundo, capaz de subvertir las leyes económicas, políticas y sociales del
capitalismo mediante el uso revolucionario de la fuerza social inherente a
su propia condición de asalariados. Sin la explotación de su fuerza de
trabajo no hay capital; el capital presupone la explotación del trabajo
asalariado. Por lo tanto, el odio del capitalista al proletariado es un odio
de clase, porque la única clase social que puede derribar su poder es la
clase proletaria.
¡PROLETARIOS! ¡CAMARADAS!
La lucha por la vida de los proletarios parte inevitablemente de su
condición de proletarios, de depender de sus salarios - por lo tanto de los
capitalistas que les dan trabajo - para vivir. Es una lucha que desde el
principio va en contra de la condición de asalariados, va en contra del
capitalista que los explota y del Estado de los capitalistas que los
mantiene en la condición de ser proletarios al servicio de los capitalistas.
La historia de las luchas de la clase proletaria contra las clases burguesas
muestra que dentro de los límites de la lucha económica los proletarios
nunca podrán cambiar fundamentalmente su condición de asalariados, y mucho
menos el mundo. La lucha económica del proletariado, para incidir en las
condiciones de existencia del proletariado, debe ser un entrenamiento para
la guerra de clases, debe inculcar la solidaridad de clase en el
proletariado y para ello debe utilizar los métodos y medios de lucha
clasistas, es decir, los métodos y medios que sirven para defender
exclusivamente los intereses proletarios de la clase. La lucha económica
sirve a los proletarios para organizarse en defensa de sus intereses de
clase en el seno de la sociedad burguesa, pero es una lucha que, para
cambiar realmente el mundo, debe trascender a la lucha política, por lo
tanto por el poder político y convertirse en lucha de clase.
Las necesidades elementales de la vida empujan al proletariado a oponerse a
la presión capitalista que le obliga a vivir en las condiciones de una
explotación que, en realidad, le expone cada vez más a la incertidumbre del
trabajo y de la vida. Los proletarios deben aprovechar este impulso para
organizarse como clase social, luchando contra el individualismo, el
aislamiento y, sobre todo, contra la competencia entre ellos que los
capitalistas alimentan y organizan sabiamente. El trabajo asalariado
se basa exclusivamente en la competencia de los trabajadores entre sí,
dice el "Manifiesto del Partido Comunista" de Marx-Engels. Desde entonces,
la competencia de los trabajadores entre sí no ha disminuido ni
desaparecido, sino que ha aumentado de manera desproporcionada,
extendiéndose a todos los países del mundo. Para combatirlo, los
trabajadores no tienen más armas que la lucha por defender sus propios
intereses de clase, es decir, intereses que van más allá de la esfera
del individuo, la categoría, la nacionalidad, la edad y el sexo. En esta
superación se construye la solidaridad de clase en la que los
trabajadores se unen en una sola lucha contra los intereses de la clase
contraria, de la burguesía, sabiendo que ésta cuenta no sólo con la fuerza
del dominio económico sobre la sociedad, sino también con la del dominio
político a través del Estado y sus instituciones de represión, desde el
poder judicial hasta las fuerzas armadas legales e ilegales.
Basta con que los proletarios levanten la cabeza y miren la realidad más
general para darse cuenta de que el capitalismo, la burguesía y las fuerzas
de preservación social forman un todo para defender el régimen de
explotación de la mano de obra bajo todos los cielos; basta con que miren
cómo se trata a los inmigrantes, en medio del mar, en los campos de
concentración o en los campos de cosecha para ver cuál será el destino de
los proletarios autóctonos, mejor educados y generalmente mejor pagados.
La crisis económica, que ya se produjo el año pasado, se ha agudizado aún
más con la crisis sanitaria del coronavirus y no hay duda de que la epidemia
de Covid-19 ha empeorado la vida de los proletarios al segar sus vidas ya
debilitadas por la fatiga laboral.
El Primero de Mayo Proletario, por haber nacido como una fecha
exclusivamente proletaria dedicada a la lucha en defensa de los intereses de
clase en la sociedad capitalista, es una fecha de lucha, no de
"celebración": es, si acaso, la línea de salida de una lucha que tenía, y
debe tener todavía mañana, el objetivo de lanzar el desafío al poder burgués
porque ese día los proletarios de todo el mundo unieron sus fuerzas en una
manifestación mundial única, porque único y mundial era y es el objetivo
revolucionario del proletariado: la conquista del poder político, el
establecimiento de la dictadura de clase bajo la dirección del partido de
clase revolucionario en el marco de la revolución proletaria internacional.
Estas palabras, olvidadas y enterradas bajo montañas de basura democrática y
colaboracionista, también pueden ser antiguas, utópicas, ilusorias, ya que
por otro lado se consideran antiguas y anticuadas las palabras del
Manifiesto de 1848 y el marxismo en general. Pero es la vida misma de
los trabajadores asalariados la que los confirma, es la propia burguesía la
que los confirma con ocasión de cada catástrofe llamada "natural", de cada
crisis social, económica, política y sanitaria que la estructura misma de la
sociedad burguesa ha fallado, falla y nunca podrá resolver. Doscientos años
de desarrollo capitalista, con todos sus indiscutibles progresos técnicos,
no podían dejar de desarrollar incluso las formas más arcaicas de
explotación de la mano de obra proletaria como ninguna sociedad anterior ha
logrado hacerlo. La clase dominante burguesa permanece en el poder contra
todos los intereses sociales de la vida humana, como lo demuestran
ampliamente las devastaciones del medio ambiente y las guerras.
Es hora de que el proletariado recupere su lucha de clases, su confianza en
sus fuerzas de clase solamente, para reanudar el camino revolucionario,
dramáticamente interrumpido por la contrarrevolución que mató a la Octubre
rusa y mundial. El único terreno en el que las crisis económicas y sociales
pueden ser resueltas porque la fuerza de resolución reside en la clase
proletaria que, en su lucha de clases, posee el futuro de la humanidad.
Partido Comunista Internacional
(El Proletario)
25 de abril de 2020
www.pcint.org
ANÁLISIS DE PANDEMIAS…:
¡NO NOS VAMOS A CALLAR!X Tierra y Territorio, lesbianas feministas antirracistas
Sabemos que como activistas feministas no tenemos los recursos ni toda la fuerza (menos la institucionalidad y/o la hegemonía) para cambiar drásticamente el curso de lo que sucede, pero también hemos aprendido a hacer conciencia de la solidaridad de clase, territorial y feminista para enfrentar el dolor colectivo en nuestro caminar.
Creemos en la posibilidad de aportar reflexiones y algo más a esta crisis COVID 19, que antes que una crisis “de Salud” –en Chile- es la de un país inventado “desarrollado” a costa de cuerpos morenos, afrodescendientes, mapuche, empobrecidos, desechables para el capitalismo colonialista.
Pandemias: Violencia Patriarcal y Estructural
Mientras a nivel estructural en “Chile” la Violencia contra las Mujeres siga siendo un “problema privado”, familiar y episódico, mientras el “femicidio” se reconozca sólo luego de que ya nos asesinaron, mientras el Estado chileno no asuma que debe sacar a los agresores y no a las agredidas de los hogares y comunidades, y siga ocultándonos los datos reales del COVID 19 en cada localidad, las ancianas, las mujeres grandes, las mujeres adultas y jóvenes, las niñas, las adolescentes, les empobrecides, seguirán siendo las primeras víctimas de toda pandemia. Es la complicidad del Estado con el Capital y el Patriarcado.

No Nos Vamos a Callar, Anál... by Valladolor on Scribd
CONTRA LAS PANDEMIAS DEL CAPITAL
Proletarios Internacionalistas
El capitalismo está instalando el terror y la represión en todo el mundo en una operación sin parangón en la historia de la humanidad. Confiamiento de regiones ciudades y países enteros, confiamiento masivo de seres humanos que son obligados a permanecer encarcelados en sus propias viviendas, suspensión de los miserables derechos ciudadanos, vigilancia, seguimiento y procesamiento de los movimientos de la población a través de todo tipo de tecnologías (smartphones, big data, inteligencia artifiial…), despidos masivos, aplicación de Estados de emergencia, de alarma, de sitio, etc.
Por todo el globo vemos extenderse una militarización de las calles para controlar y reprimir todo movimiento no autorizado ...
Contra La Pandemia Del Capital by Valladolor on Scribd
Desde Italia: Lucha de clases en tiempos del coronavirus
27
Marzo 2020
Tras
la oleada de huelgas espontáneas en las fábricas y almacenes de
media Italia (que comenzó en la Fca de Pomigliano el 10 de marzo)
con el grito "no somos carne de matadero", los confederados
convocaron el martes 25 de marzo 8 horas de huelga en el sector
metalúrgico (al que se han unido los trabajadores del textil, la
química y la goma plástica) de Lombardía, la región más afectada
por el Coronavirus. La llamada a abstenerse del trabajo tuvo una
respuesta positiva que involucró al 60 al 90% de los trabajadores.
La emisora de radio Radio Onda d'Urto d'Sudto informa de que los
trabajadores de las empresas Fad Assali, Leonessa, Omr, Industrie
Saleri Italo, Camozzi di Polpenazze del Garda y Lumezzane, Sepal,
Cavagna Group, Pedrotti Normalizzati, Innse Berardi, Fmg,
Invatec-Medtronic, Tovo Gomma, Greif y Ave, y otros se han cruzado de
brazos.
También
el 25 de marzo hubo la huelga general promovida por el sindicato Usb
"para exigir el cierre de toda la producción no esencial” y
así evitar la propagación del contagio del coronavirus entre los
trabajadores obligados no sólo a desplazarse por medios masivos - en
flagrante contradicción con los decretos del gobierno - sino a
trabajar en condiciones de total inseguridad. El mismo día la
izquierda de la Cgil dijo en un comunicado que "las huelgas de
estos días han llevado al gobierno a revisar y reducir la lista de
producciones esenciales que pueden continuar. Aunque llegue tarde, el
cese de las producciones no esenciales es un primer resultado, que
evaluaremos en detalle después de ver la nueva lista, que debería
llegar por la tarde".
La
Fundación Sabattini estima que más de 4,5 millones de trabajadores
y trabajadoras siguen trabajando, debido a la ambigüedad de los
códigos Ateco (la lista que indica las actividades económicas que
pueden permanecer abiertas a pesar de las medidas restrictivas), en
sectores no básicos. ¿De quién es la culpa si los empleados que
siguen trabajando se enferman y mueren? No nos interesa la discusión
jurídica sobre las actividades esenciales que deben permanecer
abiertas o las que deben cerrarse (en ausencia de luchas los patrones
hacen lo que les parece), sino el hecho de que es evidente, a partir
del comportamiento de los distintos actores del sector, en primer
lugar de Confindustria y del gobierno, la necesidad de mantener
abiertas el mayor número posible de empresas para no bloquear la
economía nacional y seguir extrayendo plusvalía: en resumen, los
beneficios ante todo (y esto lo demuestran los testimonios que
circulan en las redes sociales de repartidores, trabajadores de la
limpieza, supermercados, centros de llamadas, etc., que se ven
obligados a trabajar sin o con pocas medidas de seguridad). Los
bonzos sindicales, como los industriales, también se preocupan por
el sistema de trabajo asalariado. El Secretario General de la CGIL,
Maurizio Landini, al final de la videoconferencia celebrada el 21 de
marzo entre el gobierno, los sindicatos y las empresas para definir
la lista de actividades productivas no esenciales, declaró con
franqueza: "La CGIL, como siempre ha hecho hasta ahora, pide al
gobierno un nuevo acto de responsabilidad para evitar que el miedo de
la gente se convierta en ira: todas las actividades que no sean
esenciales deben ser suspendidas".
¡Finalmente
lo admiten! La tarea de los sindicalistas no es tanto la de defender
las condiciones de vida de los trabajadores, sino la de impedir el
estallido de la lucha de clases. Para un sindicato hoy en día, lo
que cuenta es la negociación, porque sólo a través de la
negociación es reconocido por la otra parte: se amenaza con una
huelga general para sentarse a una "mesa", después de lo
cual todo se desmoviliza y se despide. Lo contrario de lo que debería
hacerse, especialmente en una situación como esta en la que la vida
de los trabajadores está en juego, y no sólo eso.
Nadie
parece recordar que el trabajo en sí mismo es una enfermedad
(incluso sin la epidemia de Covid-19), y que el punto de vista de los
trabajadores es el de reducir drásticamente la jornada laboral y los
salarios de los desempleados. La necesidad de un ingreso para quienes
se quedan en casa sin trabajo es un tema que afecta cada vez más a
los trabajadores, de manera precaria y sin reservas. Es curioso, en
este sentido, lo que ocurrió ayer en Palermo en un supermercado Lidl
donde un grupo de unas veinte personas fueron de compras y, una vez
que llegaron a la caja, se negaron a pagar diciendo que no tenían
dinero. Los carabinieri y las patrullas de la policía intervinieron
en el lugar e intentaron restablecer la calma (hoy se ha sabido de la
presencia de la policía frente a algunos centros comerciales de
Palermo para desanimar a los que pudieran organizar “compras
gratuitas”). ¿Es un hecho aislado que podría generalizarse
pronto?
Ahora,
ya que está cada vez más claro que este sistema nos está robando
la vida, ¿no es hora de que nos den, con o sin trabajo, lo que
necesitamos para vivir decentemente? Las recogidas de firmas para
ampliar los ingresos de la ciudadanía pierden el tiempo , lo que
cuenta son las relaciones de fuerza y, como venimos diciendo desde
hace tiempo, la fuerza también depende de cómo se toma partido en
el campo, de las consignas que se lanzan y de la actitud hacia los
bonzos de los sindicatos (cualquier sindicato).
¿Amazon no se detiene? Las primeras huelgas
17
de marzo de 2020
El
insumergible acorazado Amazon, que en estos días trabaja a plena
capacidad con un considerable aumento de sus beneficios, tratando de
conquistar más cuotas de mercado en el mundo del comercio casi
completamente cerrado al público, comienza a tener los primeros
problemas.
Ayer
por la tarde, 16 de marzo, se produjo la noticia de la declaración
de huelga en el gigantesco centro de Castel San Giovanni, en la
provincia de Piacenza, una de las zonas en el ojo del ciclón para la
emergencia COVID19. Los sindicatos Cgil, Cisl, Uil y Ugl han
informado de que Amazon no cumple en absoluto con el protocolo de
seguridad en el lugar de trabajo firmado hace unos días entre los
interlocutores sociales. Los sindicatos hablaron de la falta de
distribución de mascarillas y del deseo de no frenar el ritmo de
trabajo, permitiendo así que se respeten las distancias de
seguridad. Las distancias de seguridad eran apenas respetadas,
especialmente en algunas zonas del centro.
El
liderazgo del gigante americano, ya conocido por una política no
precisamente amistosa con los sindicatos, rechazó las acusaciones
diciendo que se comprometía a respetar las instrucciones del
gobierno.
Lo
cierto es que los correos de Amazon han denunciado en varias
ocasiones en los últimos días una situación extremadamente difícil
y que la multinacional sigue entregando incluso bienes que es
realmente difícil definir como bienes esenciales. Hoy en día
algunas entregas se habrían retrasado mientras que muchos problemas
y bloqueos se reportan en los centros logísticos de SDA y GLS. [
https://milanoinmovimento.com
]
“No somos carne de matadero". Los conductores de Módena se abstienen de trabajar.
16
de marzo de 2020
"No
somos carne de matadero". Es
con este lema que los conductores de Módena, trabajadores de Sda,
Gls, Tnt y Brt de Módena, como sucede en muchas otras partes de la
península, han iniciado hoy la abstención laboral por riesgo
objetivo relacionado con la propagación de la epidemia de
coronavirus. Informamos, en esta ocasión, de un testimonio que hemos
recibido en los últimos días de un trabajo de logística:
"En
los últimos días, en algunos casos se nos han proporcionado los
dispositivos de seguridad básicos, pero dentro de los almacenes,
como en las entregas, es imposible continuar el trabajo sin el riesgo
de ser infectado y convertirse así en un vehículo de contagio. Ya
en las últimas semanas en los diversos almacenes ha habido quienes,
para protegerse a sí mismos y a los demás, se han visto obligados a
utilizar sus días de vacaciones para desertar del trabajo en
peligro. Lo que transportamos, en la mayoría de los casos, no son
necesidades básicas y en este momento todos debemos dar prioridad a
la salud. Sabemos del extremo estrés al que está sometido nuestro
sistema de salud y nuestra abstención del trabajo es, en este
sentido, también un acto de responsabilidad. Sin embargo, nos
aseguramos de que los suministros se transporten a las farmacias y
tiendas de alimentos.
Por
lo tanto, incluso en la provincia de Módena, al igual que en el
resto del territorio nacional, cada vez más empresas empiezan a
observar que, bajo la presión de los trabajadores, se empieza a
detener la producción. [ www.senzaquartiere.org
]
Huelgas espontáneas de los trabajadores de fábrica.
13
de marzo de 2020
Reacciones
en cadena. La protesta de los trabajadores obligados a trabajar por
turnos sin precauciones en las empresas dejadas abiertas en el norte
de Italia. Conte convoca a los sindicatos.
Lo
que vimos ayer es el mundo laboral que ha vuelto a hablar con una
sola voz. La incredulidad y la ira de los que piden ser considerados
como todos los demás trabajadores. Este es el enfado de los
trabajadores, por la decisión del gobierno de no detener la
producción en las fábricas que se montó el miércoles por la noche
inmediatamente después del discurso de Conte en los comentarios
sociales, incluyendo el perfil de Facebook del presidente, porque
tenemos miedo. Venimos de todos los lugares cercanos, de Bresso, de
Sesto San Giovanni, de Cormano, de Cinisello Balsamo, tenemos que
movernos, no nos sentimos seguros". Estamos en el norte del
interior de Milán donde los casos de Covid-19 positivos están
aumentando. Menos que en las provincias de Brescia y Bergamo, pero
también en la ciudad metropolitana de Milán, se está formando una
curva de contagio que es preocupante. El número de personas
positivas en la provincia de Milán ha aumentado a 1.146, 220 más
que hace un día.
Ocasionalmente
en la frontera con la región del Véneto, en Mantua, se encuentra
Corneliani, que produce ropa y por lo tanto bienes innecesarios. Los
450 trabajadores han decidido hacer una huelga hasta el lunes. Huelga
espontánea también en la Iveco de Suzzara, y estado de agitación
en el Relevi de Rodigo. En la Tenaris de Dalmine, en la zona de
Bérgamo, la provincia de Lombardía más afectada por el
Coronavirus, hubo una larga asamblea vespertina. En la zona de
Brescia fue mejor, los sindicatos lograron hacer acuerdos para el
cierre con grupos importantes como Alfa Acciai, Iveco,
Duferdofin-Nucor, Beretta. Para todos los demás, el temor general es
que si no cierra hoy, tendrá que cerrar mañana debido al contagio.
Es
de noche y un trabajador de Bérgamo vuelve a casa, después de sus
ocho horas en una fábrica de acero. Cuando se le pregunta qué
piensa de las palabras del presidente de los industriales lombardos
Bonometti, que calificó las huelgas de "irresponsables",
responde irritado. "Pero, ¿cómo lo haces? Vivo así: Enciendo
la televisión y la radio y oigo llamamientos para que me quede en
casa, en Facebook veo fotos con carteles que piden que me quede en
casa, el presidente Conte dice que me quede en casa, pero no lo
hacemos. Si vinieran con nosotros a la fábrica - es la invitación -
los que han decidido manteneros trabajando, tal vez cambiarían de
opinión". [ Roberto Maggioni de ilmanifesto.it]
Huelga en el momento del Coronavirus (11 de marzo de 2020)
Hace
unos días todo el territorio nacional se convirtió en una "zona
protegida". Las medidas emitidas por el gobierno requieren que
los ciudadanos se queden en casa, y los museos, teatros, cines,
gimnasios, piscinas, etc. han sido cerrados. Pero las fábricas y
negocios siguen abiertos, poniendo en riesgo la salud de los
trabajadores.
Es
significativo el comunicado conjunto firmado el 27.02.2020 por Abi,
Coldiretti, Confagricoltura, Confapi, Confindustria, Alleanza delle
cooperative, Rete Imprese Italia (Casartigiani, CNA, Confartigianato,
Confcommercio y Confesercenti), Cgil, Cisl, Uil, pidiendo una "rápida
normalización", permitiendo reiniciar todas las actividades que
ahora están bloqueadas y poner a las empresas y a los trabajadores
de todos los territorios en condiciones de trabajar de manera
rentable y segura en beneficio del país, evitando difundir en los
medios de comunicación una imagen y una percepción, especialmente
hacia los socios internacionales, que corre el riesgo de perjudicar
permanentemente nuestro Made in Italy y el turismo".
Independientemente
de las alarmas lanzadas por la Organización Mundial de la Salud, las
confederaciones sindicales y los empresarios han hecho todo lo
posible por mantener abiertas todas las empresas, independientemente
de la salud de los trabajadores y de la sociedad. No hay nada de que
sorprenderse: teniendo como faro la salvaguarda de la economía
nacional ponen todo lo demás en segundo lugar. Cuando empezaron a
comprender que la epidemia de Covid-19 es grave, que las infecciones
están aumentando y los hospitales prácticamente colapsan, que la
única forma de limitar su propagación es el "distanciamiento
social", Cgil-Cisl-Uil escribieron a las asociaciones
patronales, para información también al gobierno, para acordar una
reducción de la actividad productiva:
"Las
medidas aplicadas hasta ahora no son suficientes; si millones de
personas siguen teniendo que desplazarse por nuestros territorios
para ir a trabajar, si viajan en los transportes públicos, si
trabajan codo con codo en fábricas, oficinas, empresas de servicios,
las posibilidades de contagio siguen siendo muy altas". Y de
nuevo: "Trabajar con seguridad - escriben los bonzos del
sindicato - es la condición necesaria para relanzar nuestra economía
y defender el empleo."
¡Defendiendo
el puesto de trabajo! El cliché más deletéreo para los
trabajadores, condenados a la castrante adicción a lo existente. Un
proletario no corrompido por décadas de oportunismo sindical se
negaría a ir a trabajar en estas condiciones (poniendo en peligro su
propia salud, la de sus compañeros de trabajo y la de sus
familiares) y presionaría para reclamar salarios para los
desempleados.
Por
su parte, Confindustria "expresa su preocupación por la
petición de la Región de Lombardía de endurecer las medidas para
contener el contagio hasta el punto de cerrar totalmente las fábricas
y los transportes". Para los industriales, "el propósito
correcto y necesario de hacer frente a la emergencia sanitaria no
puede y no debe agravar la emergencia económica que ya está
doblegando a todo el sistema de producción del país".
Si
los ciudadanos no tienen que salir de su municipio y tienen que
evitar las reuniones (incluidas las manifestaciones, marchas y
asambleas), los trabajadores deben seguir trabajando codo con codo, y
la mayoría de las veces sin equipo de protección personal, como si
no pasara nada. Incluso los sindicatos de fotocopiadoras, como SI
Cobas, por ejemplo, piden al gobierno que se reúna en breve para
preparar las "medidas necesarias para proteger nuestra seguridad
y los salarios válidos para todas las empresas", cuando la
única respuesta a la situación es la huelga, aquí y ahora, sin
previo aviso y sin límites de tiempo, como los trabajadores de la
FCA en Pomigliano, que ayer se cruzaron de brazos, y al hacerlo han
acelerado la decisión de la FCA de cerrar otras plantas italianas.
Ansa escribe hoy que las fábricas de Pomigliano pararán desde hoy
hasta el 16 de marzo, Melfi y Sevel el jueves, viernes y sábado,
Cassino el jueves y viernes. También en la logística se producen
huelgas repentinas, como la de los trabajadores de Bartolini di
Caorso (PC), que ayer se negaron a trabajar porque carecían de los
más elementales dispositivos de seguridad para protegerse del
contagio. También se están llevando a cabo huelgas en Ikea en
Piacenza, en XPO en Pontenure, en GLS en Campi Bisenzio, en el centro
de la SDA en Bolonia y en otros almacenes.
Hoy,
más que nunca, los trabajadores tienen que confiar sólo en sus
propias fuerzas, en las de su clase, y esto es especialmente cierto
para los numerosos trabajadores precarios (co.co.co, repartidaores,
etc.) que no tienen garantía de continuidad de ingresos y se
encuentran desempleados. La defensa de los intereses de los
asalariados y de las condiciones de trabajo y de vida no es una
cuestión de forma sino de fuerza, y la fuerza también depende de
cómo se toma partido en el campo, obligando a cualquier sindicato a
adaptarse. [
http://www.chicago86.org/lotte-in-corso/italia/generale/1266-scioperare-al-tempo-del-coronavirus.html
]
DESDE EL CIERRE DE FINCANTIERI HASTA EL ATAQUE A AMAZON
17
de marzo de 2020 - 10:25 [
https://www.radiondadurto.org/2020/03/17/coronavirus-fabbriche-aperte-e-boom-di-contagi-a-brescia-e-bergamo-piacenza-sciopero-ad-amazon/
]
SI
COBAS & ADL COBAS - A pesar del acuerdo - impugnado por los
trabajadores y el sindicalismo de base - entre la patronal, la
confederación y el gobierno sobre el uso de equipos de protección
para los que trabajan y el uso del fondo de despido para los bloques,
las empresas no respetan el acuerdo. Decenas de huelgas y bloqueos
son reportados por Si Cobas y Adl Cobas, quienes han proclamado la
generalización de los disturbios en la nación.
FINCANTIERI
- Va a la logística de las fábricas, hasta el mundo de la gran
distribución, como el Carrefour de Turín, abierto las 24 horas del
día: la empresa no ha distribuido las mascarillas y por lo tanto los
dependientes y cajeros se han cruzado de brazos, quedándose fuera
del supermercado, el más grande del oeste de Turín Todo mientras
que las ocho fábricas italianas de Fincantieri han cerrado las
puertas. Las actividades de producción se reanudarán (si es
posible) después del 29 de marzo y hasta esa fecha los 8.900
trabajadores del grupo estarán... de vacaciones colectivas. Se
desconoce el destino de los 30 mil trabajadores de las empresas
contratistas y subcontratistas, desde hoy también los detuvieron.
AMAZONAS
- De Fincantieri a Amazonas, con la huelga en el megahub amazónico
de Castel San Giovanni, cerca de Piacenza. Desde esta noche, pues,
está planteada la abstención del trabajo, convocada por los
confederados, por la falta de respeto a las medidas de protección de
los trabajadores, desde las distancias, las máscaras y los guantes.
1.100 empleados parados.
SI COBAS: HUELGA POR EL DERECHO A LA SALUD. EN MODENA QUEJAS Y DETENCIONES
13
de marzo de 2020 - 19:25 [
https://www.radiondadurto.org/2020/03/13/si-cobas-scioperi-per-il-diritto-alla-salute-a-modena-denunce-e-fermi/ ]
"Estado de malestar nacional de todas las
categorías", este es el mensaje lanzado por el sindicato SI
Cobas hace un par de días y dirigido a la atención del Primer
Ministro Conte, los ministros pertinentes y Confindustria.
En
el Emiliana Serbatoi de Campogalliano, en la zona de Módena, donde
había una huelga, la policía intervino en el control de los
disturbios y detuvo al coordinador provincial de Si Cobas, Enrico
Semprini, así como a otros 8 trabajadores, incluido el delegado de
la empresa. Todos fueron liberados después de varias horas en
custodia policial en el cuartel general de la policía. "Si
estamos abarrotados en la fábrica, no hay problema, pero si salimos
a la plaza son palizas y quejas", comenta Marcello, Si Cobas
Modena, a nuestros micrófonos.
Sobre
las medidas tomadas por la burguesía con respecto a la epidemia del
Coronavirus
Comunicado a los lectores, proletarios, compañeros
Ante la epidemia de coronavirus Covid-19, la burguesía ha tomado una serie de medidas restrictivas excepcionales que nunca antes había tomado en casos similares.
La
burguesía, condicionada por su propio modo de producción, que
esencialmente tiende hacia la valorización del capital mediante la
explotación salvaje de las energías físicas, nerviosas y sociales
del proletariado y los sectores más débiles de la población en
cada país, y en su imposibilidad congénita de estructurar la
sociedad con una prevención efectiva dirigida a salvaguardar la
salud de la humanidad en su vida económica y social, incapaz de
racionalizar la economía capitalista para armonizarla con las
necesidades de la vida social humana y con el medio ambiente natural,
lleva a toda la sociedad a situaciones de crisis cada vez más
devastadoras, por lo que no puede hacer frente a eventos naturales:
terremotos, tsunamis, inundaciones, epidemias, cambio climático,
etc. – con métodos y medios capaces de reducir drásticamente los
efectos negativos y fatales de estos eventos.
La
ciencia y los descubrimientos científicos, que desempeñaron un
papel importante en el desarrollo de las fuerzas productivas en la
era revolucionaria en la que la burguesía, con la contribución
fundamental de las masas proletarias y campesinas pobres, demolió
violentamente las viejas y anticuadas formas feudales de producción.
la propiedad y la gestión social, se han inclinado inexorablemente a
los intereses del beneficio capitalista y al mantenimiento de las
relaciones de propiedad y producción que garantizan el dominio de
clase del capital y, por lo tanto, de la burguesía. Por
esto, además del hecho de que la avaricia congénita de los
burgueses, como dueños de los medios de producción y capital, les
lleva a ahorrar en todo aquello que pueda evitar que acumulen riqueza
social lo más rápido posible y en mayor cantidad – , las medidas
de seguridad laboral y de prevención social se consideran un
obstáculo para su objetivo: los burgueses ganan mucho más de los
desastres que de la prevención: esta es una ley no escrita pero
aplicada sistemáticamente, como lo demuestran las guerras y como
está ampliamente demostrado en cada llamada catástrofe “natural”.
El capitalismo construye para destruir y destruye para reconstruir en
una espiral mundial generada por su propio modo de producción. Pero
la burguesía no puede cambiar nada sustancialmente, ¡están
obligados a perseguir el beneficio capitalista en cada actividad
social, pasando por encima de todos los intereses sociales que
ralentizan la carrera! Una carrera que terminará solo con el
derrocamiento del poder político burgués y la eliminación del modo
de producción capitalista, reemplazándolo por el modo de producción
comunista donde no habrá dinero, capital, bienes, mercado ni
división de la sociedad en clases.
A
los capitalistas les interesa que la fuerza laboral proletaria sea
explotable en todo momento y en todos los rincones del planeta; por
otro lado, el capitalismo ha conquistado el mundo, extendiendo su
desarrollo industrial y mercantil junto con sus contradicciones y
crisis congénitas. Las mismas innovaciones técnicas aplicadas a la
producción y distribución han simplificado los procesos de trabajo,
innovaciones que permitirían el uso racional de la fuerza laboral
humana, que podría dedicar una o dos horas al día a la producción,
ocupando el resto del día a la gestión y administración de la vida
social, investigación y conocimiento, al deporte y al ocio,
liberando a la humanidad del tormento diario de la explotación
capitalista. Pero la burguesía capitalista si no obtiene una cierta
ganancia en términos de dinero, dominación económica y política,
nunca pone sus descubrimientos científicos, sus innovaciones
técnicas, sus conocimientos al servicio de la humanidad; pero
también en estos casos, las mismas razones económicas que presionan
para desarrollar técnicas de producción y profundizar el
conocimiento de los procesos vitales de la naturaleza, de los cuales
el hombre es una parte integral, y que pueden resumirse en la lucha
por la competencia capitalista, son razones que empujan a los
capitalistas a bloquear, si no a enterrar, todas las ramas de
investigación que no pueden garantizar ganancias en el menor tiempo
posible. La prevención a la que la clase burguesa dedica sus
fuerzas, por su propia existencia, es la que concierne a la defensa
del sistema económico capitalista, con todas sus leyes, sus
contradicciones, sus límites y las formas políticas y militares de
su Estado.
La
epidemia de coronavirus Covid-19, recientemente declarada por la OMS
como una pandemia, ya que afecta a todos los continentes, demuestra
hoy cómo la clase dominante burguesa utiliza un evento de este tipo
para aplicar – en tiempos de dificultades económicas particulares
para muchas potencias mundiales – una política directamente
antiproletaria. La bestia negra de la burguesía es la recesión
económica, la crisis de las bolsas de valores, situaciones que
impiden que el capital industrial, comercial y financiero lleven las
ganancias al más alto grado posible. La crisis económica conlleva
una crisis social; la mayoría de la población sufre los efectos
negativos y reacciona de mil maneras, irracionales y descontroladas
en su mayoría. La única clase que, si es guiada por su partido de
clase, podría reaccionar racionalmente, organizada y con objetivos
específicos es la clase del proletariado. Y de esto, la burguesía
dominante tiene un miedo real: sabe, por experiencia histórica,
precisamente porque ya sucedió en los siglos XIX y XX, que el
proletariado organizado y consciente de sus intereses de clase es su
principal enemigo, incluso más que la burguesía rival de otros
países, incluso más que la burguesía extranjera con la que está
en guerra. Aquí, entonces, la burguesía activa sus medidas de
“prevención social” para contrarrestar incluso el más mínimo
intento del proletariado de reanudar su lucha de clases, para
recuperar la confianza en sus propias fuerzas e intereses de clase. Y
las medidas sociales, tomadas primero en China y luego en Italia,
para detener la propagación de la epidemia de coronavirus Covid-19,
van exactamente en la dirección de bloquear cualquier movimiento de
posible reacción del proletariado.
En
China, una vez se declaró la existencia del nuevo coronavirus, que
finalmente tomará el nombre de Covid-19, el gobierno pasó a cerrar
toda la ciudad de Wuhan, inmediatamente después toda la provincia de
Hubei, de la cual Wuhan es la capital, pasando luego a cerrar otras
ciudades donde surgieron brotes importantes. Este cierre obligó a
todos los habitantes a permanecer encerrados en su casa y salir solo
en caso de extrema necesidad médica o alimentaria. Lo mismo sucedió
en Italia, donde, en tiempos muy cercanos, cerró las primeras áreas
donde el coronavirus presentó los casos de infección más numerosos
y graves (desde Codogno hasta 10 municipios de Lodigiano, más el
municipio de Vo 'Euganeo) para luego pasar al cierre de toda la
región de Lombardía, más otras 13 provincias entre Veneto y Emilia
Romagna, y luego, en los últimos días, decretar a toda la nación
como “zona roja”. Las medidas cada vez más drásticas que el
gobierno ha tomado día tras día, y que la publicidad oficial resume
con el lema “me quedo en casa” (como si fuera una “elección”
de cada habitante), de hecho obligan a los 60 millones de italianos a
someterse a un toque de queda de 24 horas. Las asambleas,
manifestaciones públicas y obviamente las huelgas, en resumen, la
libre circulación de personas están prohibidas; solo circulan las
fuerzas policiales y militares que deben verificar que nadie escape a
estas medidas; solo las tiendas de alimentos, farmacias, estaciones
de servicio, quioscos y, por supuesto, hospitales, están abiertos.
De hecho, bajo el pretexto de la epidemia de coronavirus, la
burguesía está implementando un sistema de control social como
ensayo general de ese control social que será necesario cuando la
situación social se vuelva mucho más crítica, ya que la incipiente
crisis económica hundirá a las masas en condiciones de vida peores
que les llevarán a reaccionar contra todo lo que representa el poder
económico y político. La canción burguesa es siempre la misma:
ante un peligro que puede golpear a todos, unámonos, que cada uno
haga su parte, ya no hay división entre ricos y pobres, entre clases
opuestas, ¡porque esta es la única forma en la que venceremos! La
“Santa Alianza” a la que había recurrido la clase
dominante burguesa ante la primera y segunda guerras mundiales,
vuelve como recurso cada vez que el poder burgués se ve en peligro,
peligro de derrota en un conflicto bélico, de credibilidad y de
confianza en situaciones de peligro como en el caso del “terrorismo”
o de una epidemia. Y en este control social, la burguesía dominante
puede contar con el trabajo incansable de los partidos y sindicatos
oportunistas y colaboracionistas, que de esta manera demuestran una
vez más que están al servicio de los capitalistas y su Estado para
imponer los intereses burgueses contra los intereses de clase del
proletariado.
Esta
es, en realidad, la prevención social que la burguesía implementa
en defensa de su poder, su dominio, sus privilegios. Si bien, por un
lado, muestra que no tiene la capacidad de prevenir epidemias y
evitar que estas enfermedades se propaguen rápidamente por todo el
mundo, ocultando por razones puramente económicas, como se ha
demostrado, la gravedad de la enfermedad en su inicio, por otro lado,
demuestra tener un objetivo muy diferente al promovido hipócritamente
de la “defensa de la salud pública”, esto es, defender la
economía capitalista en un período en el que la crisis económica
ya ha llamado a las puertas de China, Italia, Alemania y, por lo
tanto, de Europa misma. La militarización de la sociedad va en esta
dirección e Italia, en este caso, puede convertirse en escuela para
el resto de países democráticos.
Ha
habido una reacción violenta a las medidas tomadas por el gobierno
italiano. Nos referimos a la de la población carcelaria. En 29
instituciones penitenciarias, los detenidos se rebelaron contra la
suspensión de las visitas de familiares hasta nuevo aviso, además
del hecho de que no se les ha proporcionado ninguna medida
preventiva, ni siquiera elemental; picaron los barrotes, subieron a
los tejados, prendieron fuego a las sábanas, atacaron las
enfermerías, en resumen, dieron rienda suelta a una ira acumulada en
el tiempo contra las condiciones insoportables en las que se ven
obligados a estar, destacando la política hipócrita de ver la
prisión no solo como un lugar de castigo por los crímenes
cometidos, sino también como un lugar donde los prisioneros son
“educados” para regresar a la sociedad civil después de concluir
la sentencia. Las prisiones superpobladas, con terribles condiciones
de detención, en las que la higiene y el tratamiento de enfermedades
son opcionales, son el espejo de la sociedad burguesa. Tal como los
prisioneros son “educados” – y se sabe que la mayoría de ellos
son proletarios – así esperan “educar” a los proletarios fuera
de las cárceles.
Incluso
en esta situación, los proletarios deben darse cuenta de que la
burguesía y sus secuaces políticos y sindicales aprovechan cada
oportunidad para someterlos a los intereses de la clase dominante y
hacerlos olvidar que son la clase explotada por excelencia, hacerlos
olvidar que representan una fuerza social e histórica en condiciones
como para liberarse de la influencia burguesa que les lleva a un
mayor servilismo hacia el Estado burgués, y para profundizar sus
energías, sus capacidades, su generosidad, su inteligencia
exclusivamente en defensa del capitalismo y de las formas sociales
que de vez en cuando implementa la clase dominante. El proletariado
podrá liberarse de esta esclavitud solo rompiendo drásticamente con
la colaboración de clase, combatiendo en todos los terrenos la clase
enemiga número 1, la clase burguesa.
La
burguesía dice “luchar” contra la epidemia de coronavirus con
métodos y medios que, en realidad, se pueden lograr usando el simple
sentido común y, por supuesto, con indicaciones médicas adecuadas;
pero la burguesía está más interesada en los efectos negativos que
la propagación de la epidemia tiene en sus propios asuntos, más que
en la salud de la población y, al pasar las medidas elementales de
prudencia frente a una mala gripe – que, por cierto, causa miles de
muertes por año en todos los países, ¡pero de lo cual no se habla!
– como medidas excepcionales por el simple hecho de decretarlas
institucionalmente, no estando preparados y no sabiendo cómo tratar
racionalmente la epidemia cuando su propagación es evidente, ordena
el “encarcelamiento” de ciudades enteras o, como en Italia, de
una nación entera, como si este fuera el método para “ganar la
guerra contra el virus”... El cierre de fronteras entre las
naciones es una demostración más de que las burguesías de los
distintos países razonan de la misma manera: piensan sobre todo en
defender sus economías, sus negocios, culpando a otros países de
ser portadores de enfermedades, tratándolos como “agresores” de
los que defenderse, de la misma manera que en la guerra: el agresor
es siempre el otro. Pero los virus no conocen fronteras... y así
será mañana cuando el virus de la lucha de clases y revolucionaria
cruce las fronteras sagradas de cada nación burguesa.
Está
claro que las medidas drásticas tomadas por los gobiernos también
son un obstáculo para la actividad de nuestro partido internacional,
tanto en lo que respecta a la difusión de nuestra prensa como a los
viajes y las reuniones. No nos dejamos desanimar por esto, y
continuamos llevando a cabo nuestro trabajo político con todos los
medios que podemos usar, y en este caso Internet es ciertamente útil.
Sabemos, por otro lado, que mañana las amenazas a la actividad de
clase del proletariado ciertamente serán muy graves y las
dificultades aumentarán, como también lo se verá difultada la
actividad de nuestro partido. Pero está claro que no sería una
actividad revolucionaria si fuera facilitada por la burguesía.
Partido
Comunista Internacional
11
de marzo de 2020






