
En memoria de Flora Sanhueza Rebolledo
“NI DIOS NI PATRÓN NI MARIDO”…
X victoria aldunate morales,
activista lesbiana feminista, escritora y terapeuta
X victoria aldunate morales,
activista lesbiana feminista, escritora y terapeuta
“Ni Dios, ni patrón ni marido”, fue la consigna de “La voz de la mujer”, periódico del otro lado
de la cordillera (Argentina 1896), anarco-feminista, a fines de siglo XIX.
de la cordillera (Argentina 1896), anarco-feminista, a fines de siglo XIX.
Tres décadas más tarde, en la Guerra Civil Española (Europa 1936-39), sublevadas y todo,
Mujeres Libres actuaron de manera separatista en cuanto a su periódico -del mismo nombre-
en el que sólo recibieron y publicaron artículos de mujeres. Ellas, como 25 años antes lo habían
hecho las obreras anarquistas feministas de Santiago y Valparaíso (Chile 1905), proponían
derrotar “el privilegio del sexo macho que convirtió a la mitad del género humano en seres
autónomos y a la otra mitad en seres esclavos (1)”.
Mujeres Libres actuaron de manera separatista en cuanto a su periódico -del mismo nombre-
en el que sólo recibieron y publicaron artículos de mujeres. Ellas, como 25 años antes lo habían
hecho las obreras anarquistas feministas de Santiago y Valparaíso (Chile 1905), proponían
derrotar “el privilegio del sexo macho que convirtió a la mitad del género humano en seres
autónomos y a la otra mitad en seres esclavos (1)”.
Las obreras feministas del Cono Sur de Nuestramerica y las anarquistas guerrilleras contra
el fascismo en Europa, estaban tan convencidas de la necesidad de conciencia proletaria
como de la inevitable conciencia de ser mujeres explotadas doblemente: por pobres y
por ser objeto de la dominación sexual masculina.
el fascismo en Europa, estaban tan convencidas de la necesidad de conciencia proletaria
como de la inevitable conciencia de ser mujeres explotadas doblemente: por pobres y
por ser objeto de la dominación sexual masculina.
No estaban emulando-copiando a los hombres, si no elaborando en la base de sus vivencias,
su propuesta política anticapitalista.
su propuesta política anticapitalista.
No renunciar a la clase para actuar de manera feminista, no quiere decir que este feminismo
se construya como un trasvasije de ideas masculinas, como observan algunas historiadoras
y observadoras feministas para interpretar la memoria.
se construya como un trasvasije de ideas masculinas, como observan algunas historiadoras
y observadoras feministas para interpretar la memoria.
Tener conciencia de clase no solo no niega la conciencia política de género, sino que es parte
de una integralidad que profundiza la destrucción del patriarcado. Y sí puede pasar (y pasa)
al revés: Ser feminista sin conciencia de clase (o raza y territorio), puede reforzar, apuntalar
y lavarle la cara al capital dándole la oportunidad de posar “renovado” (como sucede actualmente).
de una integralidad que profundiza la destrucción del patriarcado. Y sí puede pasar (y pasa)
al revés: Ser feminista sin conciencia de clase (o raza y territorio), puede reforzar, apuntalar
y lavarle la cara al capital dándole la oportunidad de posar “renovado” (como sucede actualmente).
Clase, género y territorio no es un juego de palabras, es vivencias, memoria y elección de
estrategias que marcan actuaciones políticas.
estrategias que marcan actuaciones políticas.
Ni retaguardias
Flora Sanhueza fue una de las primeras activistas que trabajó en propuestas de
Educación Libertaria en este territorio, anarquista, guerrillera contra el franquismo,
sobreviviente de la Guerra Civil Española, presa de los campos de concentración nazi
en Francia; partidaria de la acción directa y “expropiadora”, según relata su hijo Héctor
Pavelic Sanhueza (2). Asumía la lucha armada como la asumen tantas que no eligen ser
pacifistas en medio de la violencia de clase, raza y género, pero así mismo desarrollaba
educación libertaria y aunque no es denominada –ni autodenominada- feminista, fundó
el Ateneo y Escuela Libertaria “Louise Michel”, con mujeres tejedoras de redes en Iquique,
en 1947. Lo hizo exponiéndose ella y sus compañeras a la persecución de Gabriel González
Videla y luego de Ibañez del Campo, y desarrollando su actuación política en clandestinidad.
Educación Libertaria en este territorio, anarquista, guerrillera contra el franquismo,
sobreviviente de la Guerra Civil Española, presa de los campos de concentración nazi
en Francia; partidaria de la acción directa y “expropiadora”, según relata su hijo Héctor
Pavelic Sanhueza (2). Asumía la lucha armada como la asumen tantas que no eligen ser
pacifistas en medio de la violencia de clase, raza y género, pero así mismo desarrollaba
educación libertaria y aunque no es denominada –ni autodenominada- feminista, fundó
el Ateneo y Escuela Libertaria “Louise Michel”, con mujeres tejedoras de redes en Iquique,
en 1947. Lo hizo exponiéndose ella y sus compañeras a la persecución de Gabriel González
Videla y luego de Ibañez del Campo, y desarrollando su actuación política en clandestinidad.
Nació en 1911 y llegó a los 7 años desde España a Iquique con su madre y padre (libertarios
y exiliados). A los 23 años (en 1935) volvió a España para unirse a la guerrilla republicana y
contra Francisco Franco. Fue parte de la columna de Durruti donde al parecer estuvo con las
mujeres que se resistieron a la retaguardia, a pesar de un anarquismo republicano macho,
cuya consigna era: “Los hombres al frente, las mujeres a la retaguardia”.
y exiliados). A los 23 años (en 1935) volvió a España para unirse a la guerrilla republicana y
contra Francisco Franco. Fue parte de la columna de Durruti donde al parecer estuvo con las
mujeres que se resistieron a la retaguardia, a pesar de un anarquismo republicano macho,
cuya consigna era: “Los hombres al frente, las mujeres a la retaguardia”.
Ni feminidad
Cuando volvió a Chile en el año 48, puede que la rabia y la tristeza de la derrota y la prisión
política la movilizaran a organizar comités solidarios con las y los perseguidos por el franquismo,
y también a forjar un ateneo libertario en tiempos difíciles para las luchas revolucionarias.
política la movilizaran a organizar comités solidarios con las y los perseguidos por el franquismo,
y también a forjar un ateneo libertario en tiempos difíciles para las luchas revolucionarias.
En 1946 había ganado el gobierno de Gabriel González Videla apoyado por los liberales y el
Partido Comunista, sin embargo este presidente se torna en dictador, traiciona a la militancia
de izquierda colocando al PC fuera de la ley, y envía a militantes comunistas y socialistas a
campos de concentración donde son sometidos a torturas. También limita el actuar de los
sindicatos y persigue a sus líderes.
Partido Comunista, sin embargo este presidente se torna en dictador, traiciona a la militancia
de izquierda colocando al PC fuera de la ley, y envía a militantes comunistas y socialistas a
campos de concentración donde son sometidos a torturas. También limita el actuar de los
sindicatos y persigue a sus líderes.
No obstante todo esto, el ateneo libertario se desarrolla y dura unos diez años, hasta 1957,
el año en que comienza el fin de otro gobierno de la misma calaña, el segundo gobierno del
ex dictador Carlos Ibañez del Campo, un militar ex juntista, elegido en gran medida por el
voto liberal del “Partido Femenino”, cuya presidenta María de la Cruz, había sido su generalísima
de campaña… Porque partido no es revolución, ni femenino significa feminista.
el año en que comienza el fin de otro gobierno de la misma calaña, el segundo gobierno del
ex dictador Carlos Ibañez del Campo, un militar ex juntista, elegido en gran medida por el
voto liberal del “Partido Femenino”, cuya presidenta María de la Cruz, había sido su generalísima
de campaña… Porque partido no es revolución, ni femenino significa feminista.
Ni partidos
1957, el último año del ateneo en Iquique, se libraba también en la capital la Batalla de Santiago.
Sindicatos, estudiantes, partidos (el Frente de Acción Popular) se movilizaron en la ciudad por
aumentos de salarios y otras demandas. Hubo miles de manifestantes en las calles, gente herida
y personas muertas.
Sindicatos, estudiantes, partidos (el Frente de Acción Popular) se movilizaron en la ciudad por
aumentos de salarios y otras demandas. Hubo miles de manifestantes en las calles, gente herida
y personas muertas.
Relatan historiadores e historiadoras chilenas que a partir de este hito, los partidos de izquierda
habrían iniciado una política más bien confrontacional, luego de haber tenido una acción
“conciliadora”. Muy conciliadora: En las décadas anteriores, los años 30 y 40, estos mismos
partidos y movimientos parecieron institucionalizar el movimiento obrero, aplacando su
anarquismo de fines del siglo XIX y de los primeros 20 años del siglo XX. De hecho el
Partido Obrero Socialista (POS) de inspiración anarco-comunista en sus inicios, fundado por
Recabarren y Teresa Flores -entre otros y otras-, pasa a ser en 1922 el Partido Comunista (PC).
habrían iniciado una política más bien confrontacional, luego de haber tenido una acción
“conciliadora”. Muy conciliadora: En las décadas anteriores, los años 30 y 40, estos mismos
partidos y movimientos parecieron institucionalizar el movimiento obrero, aplacando su
anarquismo de fines del siglo XIX y de los primeros 20 años del siglo XX. De hecho el
Partido Obrero Socialista (POS) de inspiración anarco-comunista en sus inicios, fundado por
Recabarren y Teresa Flores -entre otros y otras-, pasa a ser en 1922 el Partido Comunista (PC).
Las Sociedades de Socorros Mutuos les van ganando terreno a las Sociedades de Resistencia,
a las mancomunales, a las federaciones proletarias, a las asociaciones de obreras, a sus
sociedades de librepensadoras, y van naciendo los sindicatos.
a las mancomunales, a las federaciones proletarias, a las asociaciones de obreras, a sus
sociedades de librepensadoras, y van naciendo los sindicatos.
El Estado construido por una clase criolla al servicio de los intereses ingleses del salitre y
más tarde al servicio de los intereses norteamericanos del cobre, hace lo suyo de la mano
del dictador Ibañez del Campo (cuya campaña años más tarde es hecha por el Partido Femenino).
En 1927 el decreto Nº 7912 aprueba la burocracia que segrega lo social en ministerios:
del Interior, de Relaciones Exteriores, de Educación Pública, de Justicia, de Guerra, de Marina,
de Fomento, de Bienestar Social... Carlos Ibáñez pasa de ministro de Guerra (1925) a ministro
del Interior (1927), y finalmente se proclama “único” candidato presidencial: obviamente gana.
más tarde al servicio de los intereses norteamericanos del cobre, hace lo suyo de la mano
del dictador Ibañez del Campo (cuya campaña años más tarde es hecha por el Partido Femenino).
En 1927 el decreto Nº 7912 aprueba la burocracia que segrega lo social en ministerios:
del Interior, de Relaciones Exteriores, de Educación Pública, de Justicia, de Guerra, de Marina,
de Fomento, de Bienestar Social... Carlos Ibáñez pasa de ministro de Guerra (1925) a ministro
del Interior (1927), y finalmente se proclama “único” candidato presidencial: obviamente gana.
En su segundo mandato, a fines de los años 50, los partidos y movimientos izquierdistas
parecen radicalizarse –otra vez-, se afianza el Frente Popular y comienza a fraguarse la
Unidad Popular que gobierna más adelante (1970), pero finalmente es derrotada por una
Dictadura auspiciada por imperialismo norteamericano. En Dictadura, Flora Sanhueza Rebolledo
que no había cesado nunca en su lucha, es arrestada a sus más de 60 años junto con su hijo,
torturados ambos. Ella muere por efectos de la torturas el 18 de Septiembre de 1974.
parecen radicalizarse –otra vez-, se afianza el Frente Popular y comienza a fraguarse la
Unidad Popular que gobierna más adelante (1970), pero finalmente es derrotada por una
Dictadura auspiciada por imperialismo norteamericano. En Dictadura, Flora Sanhueza Rebolledo
que no había cesado nunca en su lucha, es arrestada a sus más de 60 años junto con su hijo,
torturados ambos. Ella muere por efectos de la torturas el 18 de Septiembre de 1974.
Ni guerra ni División Sexual del Trabajo
En el ateneo libertado las mujeres “podían desarrollarse en lo cultural” y cuando toma el rumbo
de Escuela Libertaria, también acoge a niñas y niños de las tejedoras: Fue el lugar “donde los
hijos de estas mujeres aprendimos las primeras letras y esto fue la experiencia más hermosa
que se haya gestado en este puerto histórico” (3), relata su hijo Héctor Pavelic Sanhueza.
de Escuela Libertaria, también acoge a niñas y niños de las tejedoras: Fue el lugar “donde los
hijos de estas mujeres aprendimos las primeras letras y esto fue la experiencia más hermosa
que se haya gestado en este puerto histórico” (3), relata su hijo Héctor Pavelic Sanhueza.
El nombre del ateneo: “Louise Michel”, no fue elegido al azar. Se trata de una revolucionaria
de la comuna de París (1871) que no proponía las ideas modernas y liberales de la Revolución
Francesa, sobre “derecho y ciudadanía”. Sino ideas proletarias e insurreccionales. No era la
supuestamente neutral consigna (sin clase, raza ni género) de “¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!”,
sino –entre otras- la consigna comunaria: “¡Ni un chico más para la guerra, ni una chica más
para la prostitución!”.
de la comuna de París (1871) que no proponía las ideas modernas y liberales de la Revolución
Francesa, sobre “derecho y ciudadanía”. Sino ideas proletarias e insurreccionales. No era la
supuestamente neutral consigna (sin clase, raza ni género) de “¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!”,
sino –entre otras- la consigna comunaria: “¡Ni un chico más para la guerra, ni una chica más
para la prostitución!”.
Louise Michel fue parte de un movimiento que dijo No al estado y Sí a la comuna.
Son luchadoras que proponen la redistribución del trabajo entre mujeres y hombres sin división
sexual, que confrontan los prejuicios masculinos contra las prostitutas. Las comuneras resisten
junto con las prostitutas de París en el batallón de mujeres, el último batallón que resiste la
matanza del ejército de Versalles. Cuando Louise Michel es apresada, es juzgada y exiliada a
la isla Nueva Caledonia y allá se une a la resistencia canaca contra el estado colonial francés (4).
sexual, que confrontan los prejuicios masculinos contra las prostitutas. Las comuneras resisten
junto con las prostitutas de París en el batallón de mujeres, el último batallón que resiste la
matanza del ejército de Versalles. Cuando Louise Michel es apresada, es juzgada y exiliada a
la isla Nueva Caledonia y allá se une a la resistencia canaca contra el estado colonial francés (4).
Esa es la memoria elegida por Flora Sanhueza Rebolledo para el ateneo libertario entre 1947 y 1957.
Ni leyes ni Estado que anestesian
El movimiento obrero feminista en chile, sus centros de librepensadoras, habían decaído cerca de 1918 (por eso la creación del ateneo Louise Michel y su sostenimiento a fines de los años 40, fue una hazaña de mujeres). Desde los años 20 se había fortalecido la burguesía criolla liberal y moderna en base a la apropiación del cobre, luego de la gran crisis del salitre. La aristocracia se termina comiendo su plata porque no produce como los nuevos industriales al servicio del imperialismo. Intelectuales, hijos rebeldes de la aristocracia y de la burguesía naciente, prescriben a los miserables un Estado que les defienda de la ambición de los ricos (5). Desde occidente se impone la idea de un estado interventor (6), especialmente por la necesidad europea de la reconstrucción luego de la Primera Guerra Mundial y la devastación fascista. En esta vorágine social criolla, surge entre otras mujeres destacadas, la intelectual feminista Martina Barros Borgoño que ya en 1872 había traducido el libro de John Stuart Mill (1869), “The Subjection of women” (“La esclavitud de la mujer”), causando revuelo en Santiago, entre quienes sabían leer y escribir en español. Pero tal vez su propuesta política feminista más importante vendría después, en el siglo 20, cuando da conferencias sobre el voto femenino. Desde 1917 -justo el año de la revolución proletaria rusa y de la marcha del pan desatada por las obreras rusas- ella comienza en Chile con sus conferencias sobre el “El Voto Femenino”, y plantea: “se ha dicho, y se repite mucho, que no estamos preparadas para esto... Sin preparación alguna se nos entrega al matrimonio para ser madres, que es el más grande de nuestros deberes, y para eso ni la iglesia, ni la ley, ni los padres, ni el marido, nos exigen otra cosa que la voluntad de aceptarlo…”. Martina expresa una realidad de mujeres con maridos, padres e Iglesia, muy distinta a la realidad de las obreras anarquistas que rechazaban la idea de Dios, el matrimonio y solían -por pobreza, cultura u opción- vivir en concubinato. Sobre todo, Martina Barros habla de un “voto femenino” que –claro está- es para las que accedieron a leer y escribir en español. Dicho y hecho, en 1931, el dictador Ibañez del Campo concede el voto municipal a las mujeres mayores de 25 años que sepan leer y escribir. Y en 1934, el derechista liberal Alessandri, en su segundo gobierno, reforma la Constitución Política de 1925, y en su artículo 19 entrega el “voto” a: Hombres extranjeros, mujeres chilenas mayores de 21, que sepan leer y escribir, y que residan más de cinco años en su comuna.
En Mayo de 1935 se funda el MEMCH, Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena, una
de cuyas importantes líderes fue Elena Caffarena, la misma que en 1941 junto a Flor Heredia,
ambas abogadas, presenta un Proyecto de Derechos de las mujeres al gobierno del Frente
Popular de Pedro Aguirre Cerda (1938). Pero este gobierno, uno que por primera vez había
derrotado a la oligarquía, no acogió el proyecto. En 1944, se organizó un congreso amplio
de 200 organizaciones de mujeres y se creó la Federación Chilena de Instituciones Femeninas,
cuya presidenta fue Amanda Labarca. Esa organización exige cambios civiles y políticos: que
se coloque a la mujer en la agenda pública del Estado.
de cuyas importantes líderes fue Elena Caffarena, la misma que en 1941 junto a Flor Heredia,
ambas abogadas, presenta un Proyecto de Derechos de las mujeres al gobierno del Frente
Popular de Pedro Aguirre Cerda (1938). Pero este gobierno, uno que por primera vez había
derrotado a la oligarquía, no acogió el proyecto. En 1944, se organizó un congreso amplio
de 200 organizaciones de mujeres y se creó la Federación Chilena de Instituciones Femeninas,
cuya presidenta fue Amanda Labarca. Esa organización exige cambios civiles y políticos: que
se coloque a la mujer en la agenda pública del Estado.
Se construye un nuevo feminismo que –silencioso- disuelve el anarquismo proletario feminista,
ese de las librepensadoras de Belén de Sárraga, acérrima anticlerical y anarquista que vino a
chile en 1913 por primera vez, a sumarle elementos a un feminismo obrero crítico y
confrontacional que en este territorio había arrancado unos 15 años antes (a fines del siglo XIX).
Pero ahora el enfoque de agendas, derechos y ciudadanía, se arraigaba en este movimiento
dejando atrás la propuesta libertaria, y comienza a parecer que el feminismo acá, es sólo aquel
nacido desde la Revolución Francesa y no el propio, el parido por las obreras organizadas en
todo el territorio en sociedades de resistencia de sólo mujeres, clubes anarquistas, grupos
musicales, grupos de teatro obrero y periódicos feministas.
ese de las librepensadoras de Belén de Sárraga, acérrima anticlerical y anarquista que vino a
chile en 1913 por primera vez, a sumarle elementos a un feminismo obrero crítico y
confrontacional que en este territorio había arrancado unos 15 años antes (a fines del siglo XIX).
Pero ahora el enfoque de agendas, derechos y ciudadanía, se arraigaba en este movimiento
dejando atrás la propuesta libertaria, y comienza a parecer que el feminismo acá, es sólo aquel
nacido desde la Revolución Francesa y no el propio, el parido por las obreras organizadas en
todo el territorio en sociedades de resistencia de sólo mujeres, clubes anarquistas, grupos
musicales, grupos de teatro obrero y periódicos feministas.
Y es que, como escribe en 1922, Aura en su columna “Liberación Femenina”: “En este
movimiento, como ocurre en todas las cuestiones ideolójicas, hay diversas tendencias.
Algunas mujeres, jeneralmente las burguesas y "aburguesadas", pretenden obtener derecho
a voz y a voto… desean que la mujer intervenga en lo que llaman "política" y junto con ello
obtener un mejoramiento económico, que les daría derechos a administrar libremente sus
bienes. Por otro lado, el resto de las mujeres, deseamos también mejoras políticas, en el
sentido a exijir se nos considere, como entidad integrante de un todo… deseamos mejoramiento
económico; pero no pretendemos que ese mejoramiento quede encerrado dentro de una clase,
ni dentro de las fronteras, sino que él se haga extensivo a todos los seres humanos que pueblan
este planeta.”… “el problema de una clase, no puede ser solucionado satisfactoriamente, sino
por la acción directa…; somos enemigas del parlamentarismo y de las leyes que de él resultan,
pues ellas son únicamente, el anestésico que adormece…” (periódico “Verba Roja”,
Valparaíso-Santiago, Primera Quincena de octubre 1922, N° 43, pag 2) (7).
movimiento, como ocurre en todas las cuestiones ideolójicas, hay diversas tendencias.
Algunas mujeres, jeneralmente las burguesas y "aburguesadas", pretenden obtener derecho
a voz y a voto… desean que la mujer intervenga en lo que llaman "política" y junto con ello
obtener un mejoramiento económico, que les daría derechos a administrar libremente sus
bienes. Por otro lado, el resto de las mujeres, deseamos también mejoras políticas, en el
sentido a exijir se nos considere, como entidad integrante de un todo… deseamos mejoramiento
económico; pero no pretendemos que ese mejoramiento quede encerrado dentro de una clase,
ni dentro de las fronteras, sino que él se haga extensivo a todos los seres humanos que pueblan
este planeta.”… “el problema de una clase, no puede ser solucionado satisfactoriamente, sino
por la acción directa…; somos enemigas del parlamentarismo y de las leyes que de él resultan,
pues ellas son únicamente, el anestésico que adormece…” (periódico “Verba Roja”,
Valparaíso-Santiago, Primera Quincena de octubre 1922, N° 43, pag 2) (7).
No era derechos ni ciudadanía los que proponen, es revolución social que no necesita de
paradigmas liberales y capitalistas, y exige una redistribución del trabajo y el poder para
destruir toda dominación: “Ni dios, ni patrón, ni marido” (8).
paradigmas liberales y capitalistas, y exige una redistribución del trabajo y el poder para
destruir toda dominación: “Ni dios, ni patrón, ni marido” (8).
El feminismo libertario en el territorio se parió desde una memoria inevitable que opera
con discursos o sin ellos, desde vivencias de clase y territoriales, con sentido políticos
colectivos de autoliberación, autonomía y búsqueda de la felicidad humana. Es lo que forjó
Flora Sanhueza Rebolledo en memoria de Louise Michel, una insurrecta sin patria.
con discursos o sin ellos, desde vivencias de clase y territoriales, con sentido políticos
colectivos de autoliberación, autonomía y búsqueda de la felicidad humana. Es lo que forjó
Flora Sanhueza Rebolledo en memoria de Louise Michel, una insurrecta sin patria.
NOTAS:
(1) En su periódico Mujeres Libres (1936), que dirigían Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch, propusieron que la liberación de la humanidad tenía que enfocarse desde un triple ángulo: político-social, económico y sexual, “la igualdad económica y política, no solo de las clases, sino de los sexos”, que la desigualdad social provenía del “privilegio de la clase que fundó la civilización del parasitismo, de donde nació el monstruo de la guerra”. También denunciaron el matrimonio, para Amparo Poch, un “contrato y reglamentación de lo inealinable” (Amparo POCH y GASCÓN: “Antes de que te cases mira lo que haces”, Mujeres Libres, 7 de marzo de 1937 en “Las consignas de Mujeres Libres durante la Guerra Civil española Laura Sánchez Blanco Alexia Cachazo Vasallo”. http://gehtid.blogs.uv.es/files/2017/09/Las-consignas-de-Mujeres-Libres-durante-la-Guerra-Civil-espa%C3%B1ola.pdf
(2) Gaspar García N. Leyla Morales M., “Historia de Vida Flora Sanhueza, su lucha social en Iquique 1942 – 1974”, Universidad ARCIS 2007, Archivo Chile. Historia Político Social – Movimiento Popular. http://www.archivochile.com/tesis/01_ths/01ths0005.pdf
(3) “La Mujer en la Lucha Social en Chile”, Héctor Pavelic Sanhueza, Centro de Estudios Miguel Enríquez, Archivo Chile Movimiento Político Social – Movimiento Popular.(4) NIC MACLECLELL, COLECCIÓN “VIDAS REBELDES”. “Louise Michel”. Ed. Ocean Sur. Buenos Aires 2006.
(5) 1913, Folleto “Los pobres” de Valentín Letelier.
(6) El Tratado de Versalles establece la reconstrucción de Europa por los estados.
(7) “Mujeres y prensa anarquista en Chile, 1879-1931”. ADRIANA PALOMERA y ALEJANDRA PÍNTO, compiladoras. Ed. Espíritu Libertario, Santiago 2006.
(8) La Voz de la Mujer fue el primer periódico feminista y comunista anarquista en Buenos Aires, entre 1896 y 1897, y en 1899 en Rosario. El lema era: “Ni dios, ni patrón, ni marido” Lo dirigía Virginia Bolten, colaboradoras Teresa Marchisio, Pepita Gherra, María Calvia, Josefa Martínez.
OTRAS FUENTES USADAS:
- “Memoria de las mujeres: espacios e instancias de participación- Prensa Feminista, Centros
anticlericales Belén de Sárraga y Teatro Obrero”, María José Correa, Licenciada en Historia,
Universidad de Chile - Olga Ruiz, Alumna de Magister en Género y Estudios Culturales,
Universidad de Chile. https://cyberhumanitatis.uchile.cl/index.php/RCH/article/view/8886/873 - “Labores propias de su sexo. Género, políticas y trabajo en Chile urbano 1900-1930”.
Elizabeth Q. Hutchinson. Traducción de Jacqueline Garreaud Spencer. Centro de Investigaciones
Diego Basrros Arana, Ed. LOM, Primera Ed. En Castellano, Santiago 2006. - “Cronología Comentada del Movimiento de Mujeres en Chile desde 1810 a 1995” Chile.
Luis Vitale, ex militante del MIR, participante de numerosos coordinadoras “de derechos
humanos” años 90, historiador chileno. - ROSSEAU, JEAN JACQUES. "Principio de la Educación de las mujeres", apartado LINDA, KELLY.
“Las mujeres de la revolución francesa”. Ed. B Argentina, Buenos Aires 2004. - UNIVERSITY OF ALABAMA PRESS. “La Virgen Roja”, Memorias. Ed University Of Alabama. Sydney
2007, Australia. - ARCHIVO INTERNET. “El Día de la Mujer”, Alexandra Kollontai, 1913. Ed. Marxists Internet Archive,
Mayo 2002. - LXXVII del libro V, titulado Sofía o la mujer, de la obra Emilio o de la Educación de J. J. Rousseau.
- IMMANUEL KANT. “Observaciones acerca del Sentimiento de Lo Bello y de Lo Sublime (1764)”.
Alianza Editorial, 2008 - CÉSPEDES DEL CASTILLO, GUILLERMO. “Historia de España, dirigida por Manuel Tuñón de Lara.
VI América Hispánica (1492 – 1898). Ed. Labor, Madrid 1985. - TROTSKY, LEÓN. “Historia de la Revolución Rusa”. Ed. SARPE, Madrid 1985.
- “Historia del Mundo Contemporáneo”. Antonio Fernández. Ed. vicens-vivives. Barcelona 1988.
- ENGELS, FEDERICO. Origen de la familia, la Propiedad privada y el Estado. Ed. Cártago.
Argentina, 1986 - LUGONES, MARÍA. “HACIA UN FEMINISMO DESCOLONIAL”. ARTÍCULO APARECIDO EN HYPATIA,
VOL 25, No. 4 (OTOÑO 2010).. - FEDERICI, SILVIA. “CALIBÁN Y LA BRUJA. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria”. Ed. Tinta
Limón, Buenos Aires 2010
1º de mayo: La clase dominante y sus partidarios falsamente obreros festejan otro año de altos beneficios...
Primero de mayo de
2018
La clase
dominante burguesa y sus partidarios falsamente obreros festejan otro
año de altos beneficios capitalistas mientras las grandes masas
proletarias sufren la explotación más bestial y la miseria
cotidiana.
Proletarios
No
hay necesidad de recordar que vuestras condiciones de existencia
dependen del salario que los capitalistas os conceden o que, a través
de la lucha, conseguís sacarles; no hay necesidad de recordar que
desde que la raza
obrera llega al mundo está condenada a ser fuerza de trabajo a
disposición de los capitalistas, pequeños, medianos o grandes, en
las empresas privadas o en la función pública, porque el modo de
sobrevivir que la sociedad capitalista os ofrece es sólo uno: vender
vuestra fuerza de trabajo al capitalista que tiene interés en
explotarla y que, al hacerlo, gana y gana cada vez más en la medida
en la que organiza vuestra explotación de manera sistemática y
científica.
No
hay necesidad de recordar que, en la sociedad capitalista, son el
dinero, el mercado, el cambio de valores, la compraventa, las
categorías económicas... las que regulan las relaciones humanas, y
que las relaciones humanas están condicionadas en origen por las
relaciones de producción: en la sociedad dividida en clases, quien
posee el poder económico y, por lo tanto los medios de producción,
tiene en su mano el poder político a través del cual –Estado,
gobierno, partidos, fuerza militar- domina a toda la sociedad y, en
particular, mantiene a la clase proletaria, que es la clase
productora por excelencia, en situación de depender para todo del
salario, por lo tanto del capital, que da el salario sólo contra una
determinada cantidad de trabajo de la cual se apodera diariamente. No
hay necesidad de recordar que todo capitalista no sólo tiene interés
en explotaros lo máximo posible –porque de vuestra explotación
saca su beneficio- sino que tiene interés en alimentar entre
vosotros una competencia despiadada (en paralelo a la competencia
despiadada que cada capitalista mantiene con cualquier otro) de
manera que vuelva mucho más difícil, sino casi imposible, vuestra
organización solidaria en defensa de vuestros intereses inmediatos.
Que vuestros intereses inmediatos estén del todo opuestos a los de
los capitalistas, es una realidad que emerge cada vez que la economía
capitalista, de la cual toda empresa es partícipe por razones de
mercado y de competencia con otras empresas del mismo sector, entra
en crisis. La primera cosa que el capitalista hace, es proteger su
empresa, su
propiedad, sus beneficios,
sus mercancías, sus
relaciones de mercado y, para este fin, está
dispuesto a utilizar casi cualquier medio, y por supuesto hacer pesar
sobre su mano de obra
las consecuencias de la crisis, despidiendo, acabando con algunas
producciones o cerrando la fábrica, acogiéndose a EREs,
deslocalizando la producción y a los obreros, prejubilando, bajando
los salarios...
No
hay necesidad de recordaros que los capitalistas, ellos solos, sin
ayuda de una serie de partidarios, de siervos, de esbirros, de
matones, no lograrían dominaros siquiera sobre el plano político y
social. A los capitalistas, para defender sus intereses y su
propiedad, no les basta con poseer el Estado, orientar las decisiones
del gobierno, y usar la fuerza militar en todas las situaciones de
tensión social. Dado que la clase obrera, en la historia, de las
luchas de clases que le han visto combatir por sus propios intereses
sobre el terreno del antagonismo de clase, ha demostrado, en
determinados periodos históricos, estar en condiciones de sustraerse
a la influencia de las fuerzas de conservación burguesas y a las
fuerzas del oportunismo, y de organizarse no sólo sobre el plano de
la defensa económica, sino también sobre el terreno de la lucha
política y revolucionaria, la clase burguesa ha sacado las lecciones
de mayor importancia para el mantenimiento de su poder político y
económico. Una de estas lecciones ha sido aquella de no sólo
tolerar las organizaciones económicas de clase del proletariado,
sobre las cuales se apoyaba la lucha de los obreros contra los
capitalistas, sino de penetrar en ellas para orientarlas en sentido
reformista y pacifista, con el fin de desviarlas de sus objetivos
originales de defensa exclusiva de los intereses de clase y
transformarlas así en instrumentos vitales de conservación social
con los que, sobre todo en periodos de crisis, el capitalismo puede
contar.
¡Proletarios!
Los
sindicatos obreros que, en su momento, maduraron una gran tradición
de clase, a la par que los partidos obreros, podían representar un
elemento decisivo en la lucha de clase revolucionaria del
proletariado, y esto la clase dominante burguesa no podía
permitírselo; por ello, debían ser conquistados para la
conservación social por las fuerzas oportunistas, las fuerzas que
vestían como obreros pero que dirigían a las masas hacia el apoyo a
los valores de la economía de la empresa, de la economía nacional,
de la patria, de la democracia, en apoyo a todo lo que servía al
capitalismo nacional para superar sus propias crisis y volver a poner
en marcha la máquina de la explotación obrera general. Y donde las
masas proletarias no estaban lo suficientemente plegadas a las
exigencias del capitalismo –como frente a la Primera Guerra Mundial
y frente a la primera postguerra- estas fuerzas oportunistas fueron
llamadas a debilitarlas de manera tal que, si fuese necesario atacar
con la fuerza, destruyendo a sus partidos y a sus organizaciones
económicas sindicales, esta tarea fuese realizable. El fascismo
italiano, primero, y el nacionalsocialismo alemán, después,
demostraron que la clase burguesa dominante de los diversos países
puede hacerse la guerra todas las veces que la crisis económica y
política de su sistema social lo vuelva necesario, pero su
guerra histórica principal era y será
siempre la guerra contra el proletariado
organizado, el proletariado que lucha sobre
el terreno de clase guiado por el partido comunista revolucionario
para la conquista del poder político y para acabar de una vez por
todas con cualquier burguesía, con cualquier sistema de explotación
capitalista.
Los
años de la Primera Guerra Mundial y de la primera postguerra, desde
el punto de vista de la lucha del proletariado contra las burguesías
de cualquier país, apoyando sus propias esperanzas y sus propias
perspectivas de emancipación de la esclavitud salarial, sobre la
formidable victoria de la Revolución de Octubre en Rusia y sobre el
movimiento revolucionario en los países imperialistas más
importantes, representaron para todas las burguesías un motivo de
pavor, mucho mayor del que provocó la liquidación de las
aristocracias nobiliarias en 1789. La puesta en juego,
históricamente, era la victoria del proletariado revolucionario
contra la burguesía imperialista en Europa y en el mundo: se abría
un periodo histórico en el que las clases dominantes burguesas
habrían podido ser efectivamente abatidas, un periodo en el que la
clase proletaria internacional habría guiado la lucha de clase no
sólo para sí misma, sino también para todas las poblaciones
masacradas por el colonialismo imperialista y el atraso económico.
Aquella
ocasión histórica no llegó a buen puerto, pese a las grandes
luchas de los proletarios rusos, alemanes, húngaros, polacos,
italianos, ingleses, franceses... las fuerzas oportunistas que se
concentraron después en el estalinismo, tanto como ideología
falsamente socialista y comunista o como práctica política y social
nacionalista y tricolor, lograron infectar a todos los partidos
revolucionarios, desde el partido bolchevique, devolviendo al
movimiento proletario a veinte años atrás; ellos contribuyeron, de
manera sustancial, a plegar a los proletarios de todos los países,
en primer lugar a las exigencias de reconstrucción capitalista
postbélica, haciendo pasar las posiciones según las cuales el
enemigo de clase no era representado por la clase burguesa en
su conjunto, en todas sus fracciones, sino
sólo por la clase
burguesa del país enemigo, del país “fascista”, y que la vía
de salida de la guerra, de la violencia, del horror, estaba en apoyar
y combatir sólo por la democracia, por la restauración del
parlamentarismo y de una vida política y social no encuadrada por el
totalitarismo fascista. Los partidos “obreros” se convirtieron en
las columnas que sustentaban las nuevas instituciones democráticas;
los sindicatos “obreros” se convirtieron en organizaciones
económicas de la clase obrera destinadas a colaborar con la
reconstrucción posbélica y el renacimiento económico del país: en
conclusión, el proletariado de cada país, después de haber perdido
a su partido comunista revolucionario, destruido y desfigurado por el
estalinismo, perdió también sus propias organizaciones sindicales,
con el resultado de que cualquier asociación política y sindical
que se refería al proletariado juraba sobre la estabilidad
capitalista, aún si, etiquetaba a esa misma economía como
“socialista”.
Únicamente
una pequeñísima porción de comunistas revolucionarios que no
agacharon la cabeza frente al estalinismo, que no vendieron su propia
militancia revolucionaria por una carrera, sino que mantuvieron la
coherencia y la continuidad política con el marxismo –la Izquierda
comunista de Italia- salió del desastre mundial de la degeneración
de la Internacional Comunista y del estalinismo sobre posiciones
defendidas desde la constitución del Partido Comunista de Italia.
Esta corriente política, que no tiene nada que ver con los que se
dan el nombre de partido comunista y que han hecho una mentira del
marxismo auténtico, hoy, representada por poquísimos elementos que
mantienen con vida incluso la continuidad organizativa, es del todo
desconocida para las grandes masas proletarias. Pero esto, dada la
situación general de depresión del movimiento de clase del
proletariado, es un dato que no ha asustado nunca a los marxistas: la
historia no se lee a través de los grandes o pequeños personajes,
no se lee a través del éxito numérico de tal o cual partido o de
las corrientes de moda al estilo del sesentayocho, sino a través de
las contradicciones que se mueven en el subsuelo de la sociedad, a
través de fuerzas que las mismas contradicciones económicas y
sociales del capitalismo producen y alimentan constantemente y que,
en un cierto punto de tensión general, explotan como un volcán. Los
proletarios mismos, destinados históricamente a volverse los
protagonistas de la revolución más tremenda y resolutiva de la
historia de las sociedades humanas, no tienen ninguna conciencia de
esto: poseen, objetiva y materialmente, como clase social del moderno
capitalista, la fuerza histórica apta para superar cualquier
sociedad dividida en clases, de las cuales la sociedad capitalista es
la última en la serie histórica. Ellos, en el centro de las
relaciones sociales capitalistas de producción, representan
contemporáneamente una de las fuerzas de conservación gracias a la
fuerza de trabajo que la burguesía explota con el fin de valorizar
el capital y, dialécticamente, la única fuerza revolucionaria en
condiciones de cerrar la serie histórica de las sociedades divididas
en clases –la prehistoria humana,
como afirmaba Engels- y abrir a la humanidad la vía para una
sociedad de especie, para una sociedad no basada ya en la explotación
del hombre por el hombre, en el dinero, en la mercancía, en el
capital y en el trabajo humano; en síntesis, por el comunismo.
La
clase de los trabajadores asalariados, de los proletarios, la clase
de los sin reservas, es fundamental para la supervivencia del
capitalismo: la explotación del trabajo asalariado por parte de los
capitalistas consiste en la obligación de trabajar por parte de los
sin reserva si quieren sobrevivir, y en el hecho de que el salario
que el capitalista da al trabajador a cambio de la jornada de trabajo
no se corresponde con el tiempo real y total del cual el capitalista
extrae su ganancia, sino sólo de una parte –la que corresponde a
los medios de subsistencia que el obrero debe comprar en el mercado-
mientras que la otra parte de tiempo de trabajo diario, no pagada,
constituye un valor supletorio, el plusvalor
precisamente, que el capitalista se apropia directa y completamente.
En la medida en que los trabajadores asalariados permanecen en
condiciones de trabajadores asalariados bajo el dominio de la
burguesía, y viven su esclavitud salarial día a día sin poner en
discusión las relaciones sociales y de producción impuestas por la
sociedad capitalista, constituyen una clase para el capital. Pero el
proletariado no ha sido, siempre, únicamente, una bestia de carga;
fue involucrado por la burguesía en su lucha contra el feudalismo,
contra las aristocracias nobiliarias, participando en la destrucción
del poder político feudal y del modo de producción feudal para
liberar a la sociedad humana de sus límites y de sus vínculos
económicos, sociales y políticos, abriendo de esta manera la vía
al progreso económico y social exaltado que la revolución burguesa
representó históricamente. Pero el capitalismo, pese al formidable
progreso técnico y productivo que ha llevado consigo, al mismo
tiempo ha sustituido –y no podía hacerlo de otra manera- una
sociedad dividida en clases, fragmentada y cerrada, con una nueva
sociedad dividida en clases más simple y abierta al mundo;
universalizando el sistema económico capitalista, imponiendo la ley
del capital sobre todo el globo terráqueo, el capitalismo ha
transformado a buena parte de las grandes masas populares de
campesinos y pequeño burgueses en proletarios puros, expropiando
tierras y actividades laborales, generalizando las relaciones de
producción y sociales capitalistas y, por lo tanto, las condiciones
de existencia de los sin reservas, erigiendo una sociedad en la que
una pequeña minoría de capitalistas domina sobre las grandes masas
proletarias y proletarizadas.
¡Proletarios!
Las
condiciones de esclavos modernos las vivís cada minuto de cada día
de vuestra vida. Debéis soportar sacrificios de todo tipo para dar
de comer a vuestros hijos, para vivir en una casa decente, para
escapar del frío o del calor, para curar las enfermedades que la
mayor parte de las veces son provocadas por el mismo modo de
producción frenético y opresivo; sufrís sistemáticamente la
inseguridad en el puesto de trabajo, y por lo tanto en el salario,
mientras el propio puesto se transforma, antes o desupés, en la
causa de vuestros infortunios, de vuestras muertes, de vuestras
enfermedades incurables. Estáis expuestos cada vez más a la
inseguridad de la vida y a puestos en condiciones no sólo de sufrir
impotentes esta situación, sino de no poder hacer nada decisivo para
mejorar completamente vuestras condiciones de existencia. En la
sociedad capitalista, bajo el dominio de la clase burguesa, dependéis
totalmente de los intereses del capital: no sois otra cosa que clase
para el capital, a su merced; representáis una enorme reserva de
fuerza de trabajo de la que cualquier capitalista pesca a los
trabajadores que le sirven, prefiriendo obviamente a los que se
someten sin rechistar a sus órdenes. Para los capitalistas sois la
raza obrera, pero, al
igual que todo esclavo antes o después se rebela, vosotros
constituís, al mismo tiempo, la fuerza de trabajo necesaria para
valorizar el capital y la fuerza de trabajo excedente respecto al
ciclo de valorización del capital puesto en marcha empresa por
empresa. Por eso mismo hoy encontráis trabajo, pero mañana podéis
ser despedidos. Y en este carrusel horrible en el que las masas
humanas, de cualquier nacionalidad, edad, género, origen, son
constreñidas a migrar de una ciudad a otra, de un país a otro, de
un continente a otro, sólo para lograr sobrevivir en condiciones
menos malas que aquellas de las que se huye, vosotros, proletarios,
sin reservas y sin patria, tenéis una única vía de salida: la
lucha contra las condiciones de esclavitud salarial a las cuales
estáis constreñidos desde que nacéis.
La
lucha por vuestra supervivencia, si no se transforma en lucha
de clase –cuyo primer estadio es la defensa
de los intereses de clase más generales, es la organización
independiente de clase reconociendo el antagonismo existente entre
capital y trabajo asalariado, es la solidaridad de clase entre
trabajadores asalariados, es la unidad en la historia- estará
siempre condicionada por el interés que los capitalistas tienen en
“salvar” a alguno dejando a su suerte, peor, a todo el resto. La
lucha de clase es la única respuesta verdadera de la clase
proletaria a los problemas de supervivencia, a los problemas de la
desocupación, a los problemas de los salarios de hambre, pero no
puede brotar y desarrollarse si los proletarios no combaten
decididamente contra el arma principal que la burguesía usa contra
ellos: la competencia entre proletarios.
Como
proletarios sufrís los efectos de las relaciones de producción y
sociales impuestas por el capitalismo, y para combatir estos efectos
no tenéis alternativa: os unís en la lucha de clase independiente
de cualquier institución burguesa, de cualquier partido burgués, de
cualquier organización colaboracionista, o seréis utilizados
continuamente para reforzar- aun cuando un sindicato tricolor llama a
la “lucha”, cuando no puede hacer otra cosa si no quiere perder
toda su influencia- el mismo sistema económico, social y político
que es la causa de vuestra miseria, de vuestras condiciones inhumanas
de supervivencia.
La
lucha de defensa de los intereses proletarios inmediatos que utiliza
medios y métodos de la lucha de clase es el primer estadio del
renacimiento del movimiento obrero; el segundo estadio está
constituido por la lucha política de clase, la lucha en la cual el
proletariado se reconoce no sólo como clase para
el capital que quiere obtener mejores condiciones de vida y de
trabajo, sino como clase para sí, clase protagonista de la historia,
clase que a través de su lucha política y revolucionaria puede
cambiar completamente la sociedad, sepultando finalmente el modo de
producción capitalista y su defensa reaccionaria. En este camino,
los proletarios se encontrarán no sólo con los enemigos declarados,
burgueses y pequeño burgueses, sino también con otros proletarios
que se han dejado atraer y encuadrar en las fuerzas de la
conservación social. Es inevitable que esto tenga lugar, porque la
clase burguesa no cederá ni un milímetro en su dominio y sus
intereses: usará todos los medios a su disposición, legales e
ilegales, pacíficos y violentos, económicos, políticos y
religiosos; usará todas las fuerzas oportunistas que se han formado
a lo largo del tiempo, de los viejos reformistas y socialdemócratas
a los nuevos obreristas, movimientistas, lucharmadistas, como ya hizo
en el pasado; y se inventará nuevos, como en la época del fascismo.
Todo esto puede espantar y paralizar a las masas proletarias, pero la
lucha de clase a la cual estas son empujadas, en un determinado
momento, no es el fruto de un plan más o menos diabólico de un
grupo de conspiradores: es el fin de todas las contradicciones
sociales que se suman a lo largo del tiempo y, precisamente como el
magma volcánico, explotan con una virulencia extraordinaria. Para
que este movimiento telúrico de la sociedad no se agote en miles de
enfrentamientos aislados, el proletariado tiene necesidad de
organizar sus fuerzas para poder dirigirlos hacia objetivos bien
precisos y no sólo inmediatos, sino históricos. Es aquí que
aparece evidente la necesidad de una conciencia de clase en
condiciones no sólo de dirigir el movimiento de clase del
proletariado, en los diferentes países, en la lucha específica
contra la propia
burguesía, sino de hacer confluir las fuerzas proletarias hacia
objetivos máximos, revolucionarios, que no pueden sino ser
internacionales. La conciencia de clase
es representada por el partido político de clase, por el partido
comunista revolucionario, desde los tiempos del Manifiesto
de Marx y Engels; por un partido que prevé todo el curso histórico
de las luchas sociales y de clase y que, sobre la base de la teoría
del comunismo revolucionario (que no es otro que el marxismo), en las
luchas del hoy representa los fines históricos de mañana y que,
colocándose como guía del movimiento de clase, es el único en
condiciones de dar al proletariado de todos los países una única
dirección, la dirección revolucionaria.
Hoy
el proletariado no está cerca, ni mucho menos, de luchar de manera
eficaz sobre el terreno de la defensa elemental de sus intereses
inmediatos. Esto se debe a más de noventa años de estalinismo, que
ha corrompido a partidos y organizaciones proletarias en todo el
mundo, y a más de setenta años de política y práctica
colaboracionista por parte de los partidos llamados comunistas y por
parte de los sindicatos “obreros”. La colaboración entre las
clases, y la política de la clase burguesa en la fase imperialista,
es la política que ha ideado y practicado el fascismo y que fue
heredada por las democracias post-fascistas. Representa la corrupción
más profunda que infecta al proletariado, pero su resistencia en el
tiempo depende del nivel de competencia que exista entre los
proletarios. Combatiendo contra la competencia entre proletarios, se
combate a la vez contra la corrupción de la colaboración entre
clases, y se defiende de manera mucho más eficaz la independencia de
clase de las organizaciones proletarias.
El
Primero de Mayo, hace muchos años, no era un día festivo, sino un
día en el que los proletarios de todos los sectores y de todas las
categorías, de todos los países, proclamaban la voluntad y la
decisión de luchar unidos contra la explotación capitalista y
contra el poder burgués que se apoya sobre la explotación del
trabajo asalariado. Hoy, el Primero de Mayo se ha convertido en una
ocasión de fiesta, de conciertos, de pacificación entre las clases:
es un himno a la colaboración entre las clases, es la fiesta de los
capitalistas que se han apoderado de una jornada que, en un tiempo,
como jornada de lucha, les hacía temblar.
¡Proletarios!
No
hay nada que festejar. Mientras masas de inmigrantes mueren al
atravesar el mar, son amasados en campos de concentración,
explotados, torturados, violentados, asesinados; mientras la
desocupación asola los países del mito del bienestar, la intensidad
del trabajo de las masas ocupadas aumenta cada vez más y el trabajo
se vuelve cada vez más precario aumentando inevitablemente la
inseguridad de la vida; mientras las desgracias en los puestos de
trabajo no cesan y tienden a ser cada vez más frecuentes, así como
lo hacen las enfermedades “profesionales” a causa de la nunca
controlada nocividad del trabajo (como los casos cada vez más
frecuentes de muertes por amianto); mientras los salarios en general
son bajados respecto al coste de la vida que tiende a aumentar y la
competencia entre proletarios llega a niveles de ferocidad nunca
vistos. Mientras sucede todo esto, en un marco internacional en el
cual las guerras de rapiña por parte de las potencias imperialistas
no han dejado de estar en el centro de los acontecimientos políticos
y militares, las condiciones de existencia proletarias empeoran cada
vez más.
Los sindicatos colaboracionistas claman por su
“preocupación” por esta situación y apelan a los gobiernos con
el fin de que promulguen algún tipo de reforma que atenúe el
empeoramiento general de las condiciones de los trabajadores. Como
siempre ha sucedido desde que se organizaron al final de la IIª
Guerra Mundial, los sindicatos colaboracionistas siguen una escala de
prioridades en la defensa de los “intereses”: primero viene la
patria, la nación, el Estado y su Constitución, por lo tanto la
economía nacional; después la defensa de la españolidad de las
empresas y su competitividad; después la productividad del trabajo
que se liga a la necesidad de la reanudación económica; después la
salvaguarda de los puestos de trabajo, no importa con qué salario,
incluido el llamado “salario de solidaridad” con el cual los
trabajadores se gravan con el fin de permitir el mantenimiento del
puesto de trabajo a compañeros amenazados con el despido; después
los convenios nacionales, que al mismo tiempo son renovados cada
cierto tiempo; después los salarios, para los cuales no se pueden
pedir aumentos decentes porque la crisis económica ha golpeado los
beneficios de todas las empresas, comprendido el Estado; después la
desocupación juvenil, como problema general para el cual se pide
simplemente una reforma...; después, si no hay más remedio, y sólo
idealmente, de los trabajadores en peores condiciones, como los de la
logística y los inmigrantes. En suma, los sindicatos
colaboracionistas demuestran constantemente que los intereses que
defienden y para los cuales movilizan, o paralizan, a sus afiliados,
son los intereses del capital y no del trabajo. En cuanto sindicatos
tricolores, sindicatos colaboracionistas, no es como para
sorprenderse. Pero, dado que cada tanto, o las asociaciones
patronales, o el gobierno, lanzan algunas migajas para dar a las
masas, estas burocracias sindicales, que pueden contar con el apoyo
constante del Estado y de las fuerzas políticas burguesas, continúan
manteniendo una cierta influencia sobre el proletariado, pero
perdiendo credibilidad en el tiempo.
Pero
a los proletarios, para defender sus propias condiciones de
existencia, les sirven organizaciones de
clase, organizaciones de clase que no nacen
de la nada, sino de las luchas de los proletarios, de una lucha que
rompe los miles de lazos que le atan a los intereses de la empresa,
de la productividad, de la competitividad, a los intereses de la
economía nacional. Si no es hoy, será mañana, pero serán las
mismas condiciones materiales de supervivencia vueltas insostenibles
las que empujarán a grupos de proletarios a reaccionar, a romper la
paz social, a volver a apoderarse de los medios y de los métodos de
la lucha clasista que coloca en el centro exclusivamente la defensa
de los intereses proletarios.
Como
comunistas revolucionarios sabemos que las contradicciones sociales
de la sociedad capitalista no bastarán para hacer moverse a la clase
proletaria y dirigir su fuerza contra los baluartes políticos,
sindicales, organizativos y militares de la sociedad burguesa. Pero
si no llega esta ruptura social, los proletarios estarán destinados
a sufrir continuamente una esclavitud salarial que tiende a empeorar
sus condiciones generales. Será necesaria, por lo tanto, una
orientación de clase, una dirección de clase gracias a la cual los
proletarios se reapropien de su historia de clase, y esta orientación
y esta dirección de clase han sido mantenidas vivas durante todos
estos decenios por el partido comunista internacional, que continuará
con este trabajo que hoy aparece privado de resultados inmediatos,
pero que, con el tiempo, se mostrará vital para el mismo
proletariado.
¡Viva
el Primero de Mayo rojo!
27
abril de 2018 Partido
comunista internacional
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Il comunista- le
prolétaire- el proletario- proletarian- programme communiste- el
programa comunista- www.pcint.org
La catástrofe capitalista sigue agudizándose en todas partes, alcanzando cotas cada vez más incompatibles con la vida en el planeta. Guerra generalizada a lo largo del mundo, hambruna masiva, intensificación de la explotación, cascada ininterrumpida de suicidios, cosificación de toda relación social, violencia entre y contra proletarios (violencia sexista, violencia racista, violencia contra niños y viejos...), cárceles atiborradas, destrucción de la Tierra, alimentación cada vez más tóxica, destrucción de la salud, etc. El antagonismo entre el capitalismo y la vida nunca fue tan devastador. Tampoco hubo nunca una desproporción tan grande entre la imperiosa necesidad de una revolución social y la poca tentativa de asumirla.
El único sujeto capaz de dar solución a los problemas de hoy mediante una transformación radical de la sociedad, el proletariado, se muestra incapaz de acabar con toda esa catástrofe. Pese a lo que padece y vive en sus carnes, pese a que una y otra vez se rebela contra las condiciones de vida que sufre, provocando estallidos sociales que hacen tambalear la paz social en tal o cual lugar, como los que recientemente vivimos en Irán o Nicaragua, existen toda una serie de factores que impiden a ese sujeto afirmarse como fuerza internacional para imponer su solución revolucionaria ante los grandes problemas que hoy padecemos.
Décadas de contrarrevolución y paz social han descuartizado al proletariado, potenciando los procesos y mecanismos de reproducción capitalista que velan la existencia misma de las clases sociales (sobre todo la del proletariado), desmembrando así la crítica unitaria desarrollada históricamente por esta clase social. La misma totalidad capitalista sobre la que se despliega la realidad que vivimos aparece fragmentada por una serie de ideologías que parcializan cada problema que este sistema genera, buscando una solución particular a cada uno de ellos. Como consecuencia, se alzan movimientos específicos que abordan esos problemas parciales y tratan de resolverlos. Pero no sólo no hay ninguna solución posible a cada problema tomado por separado, sino que además esa fragmentación altera al mismo tiempo el contenido real de esos problemas. Se constituye así la ideología de la opresión del hombre sobre la mujer, la opresión de la raza blanca sobre las demás razas, la destrucción de la naturaleza por el ser humano..., codificando la realidad bajo esos parámetros ideológicos. Al luchar a través de una categoría parcial, los distintos movimientos se sitúan en el plano de grupos específicos que compiten entre sí por un mayor reconocimiento de derechos por parte del Estado. La competencia entre mercancías se expresa políticamente como la competencia entre identidades separadas, todo en beneficio de las políticas “transversales” del valor y su gestión estatal. Se desplaza así la crítica unitaria del capitalismo, crítica que contiene en su seno la denuncia de cada aspecto, no como parcialidad, sino como expresión de una totalidad que determina cada parte y cuestiona el orden social que reproduce todos esos problemas.
El desarrollo de esta sociedad va íntimamente ligado al desarrollo del individuo aislado. La sociedad mercantil generalizada excluye y disuelve toda comunidad que no sea la comunidad del dinero y desarrolla todo lo que potencia el aislamiento social. Todo lo que une lo une en tanto que separado, esa es la esencia de este mundo, y su modo de vida, la democracia. El efecto que esta realidad provoca en la comunidad humana, destruyendo su ser social, atomizándola en individuos aislados con intereses contrapuestos, es cada vez más terrible. El ciudadano es hoy el ejemplo luminoso de cómo el desarrollo mercantil y el individuo aislado se desarrollan de forma paralela. Este desarrollo no sólo niega brutalmente la comunidad humana, sino que plantea grandes obstáculos a la lucha contra el capitalismo, pues la afirmación de ese individuo va en dirección opuesta al desarrollo y la organización de la única comunidad que se contrapone al capital, la comunidad de lucha, que parte de un ser colectivo, de una clase social revolucionaria, el proletariado.
En este contexto el proletariado tiene enormes dificultades para actuar y reconocerse como clase. Su mismo ser, así como su rico proceso histórico de lucha y su programa, aparece totalmente negado en la historia, ya sea por deformación u ocultación de esa realidad histórica. La misma dinámica del capital y sus fuerzas ideológicas proyectan una actividad social en la que nuestra clase es negada como sujeto, reducido a lo que es en el proceso de producción y reproducción del capital, y a lo que se pretende que sea eternamente: simple objeto del capital; simple mercancía fuerza de trabajo, que puede usarse o desecharse según las necesidades de la producción; simple espectador del acaecer social.
Precisamente esta realidad conlleva que los mismos proletarios se crean cualquier cosa menos proletarios. A alguno le hacen creer que no es proletario porque es empleado, el otro cree que no lo es porque está desocupado, el de más allá se siente campesino en oposición al obrero, otro se cree comerciante porque es vendedor ambulante, muchos otros se sienten demasiado niños o demasiado viejos para ser proletarios, habrá también quien por ser mujer se sienta menos concernida por la cuestión de su clase o quien sienta la opresión racial como más determinante que la de clase, y en vez de sentirse proletario negro, proletario latino o proletario amarillo, se siente negro, latino o amarillo... y para quienes superen estas formas más elementales de negación inmediata de la realidad de proletario, habrá otras formas más político-ideológicas de esa misma negación como el sentirse “antiimperialista”, “antineoliberal”, “palestino”, “judío”, “cubano”, “latino”, “de izquierdas”, “francés”, “yanqui”, “aymara”, “kurdo”, “croata”, “zapatista”, “obrero de un país rico”, “feminista”, “antirracista”, etc.
Estas concepciones identitarias se presentan como fuerzas socialdemócratas que se contraponen al proceso de constitución del proletariado en clase para negar la catástrofe de este mundo. La perspectiva de clase se diluye así en una maraña de identidades y comunidades ficticias que viven subsumidas en la comunidad del dinero.
Al mismo tiempo, el politicismo sigue siendo una de las ideologías esenciales contra nuestra clase. Reduce la cuestión de la transformación social a ocupar el Estado, sea por vía electoral, sea por la violencia, para implantar una serie de medidas que “cuestionarían la sociedad capitalista” y plantearían una “alternativa real e inmediata”. Pero el Estado no es un órgano neutro que puede ser usado según la voluntad de tal o cual dirigente o partido, es la organización en fuerza de la sociedad actual, la del capital, y sea quien sea el que tome posesión de ese Estado está determinado a actuar en el marco capitalista. Lejos de dirigir el Estado, son dirigidos por él. De ahí que todas las medidas politicistas no sean más que formas diferentes de desarrollo del capital que no cuestionan ninguna de las bases de esta sociedad ni plantean ningún tipo de alternativa real. Véase Cuba, Venezuela o el actual proceso independentista en Cataluña.
El gestionismo se postula como alternativa al politicismo; sin embargo, no es más que su réplica en el terreno productivo. Si el politicismo reduce todo a la esfera política, el gestionismo hace lo mismo en la esfera productiva, tratando de cambiar el mundo sin destruir el poder, defendiendo que los productores tomen los medios de producción, tal como existen, para hacerlos funcionar sin patronos, sin burgueses. Pero esta “alternativa” mantiene intacta la base social del capitalismo, pues bajo ella se siguen desarrollando las unidades autónomas de producción mercantil, el intercambio, el dinero (o «bonos de tiempo», «bonos de trabajo»), es decir, el capital, la explotación y todas las categorías fundamentales de esta sociedad. Considerar que la explotación y la opresión capitalistas emanan del burgués individual es no comprender que el burgués es un funcionario del capital, que el capital, en cuanto «sujeto automático», es el que dirige la producción. Las experiencias de Argentina a principios del siglo XXI con las fábricas «recuperadas», u otras más actuales como Rojava y sus cooperativas, nos enseñan cómo el gestionismo es capaz de liquidar nuestras luchas y dar nuevos bríos a la economía capitalista. Tanto el gestionismo como el politicismo dejan intacta la relación social capitalista que hay que destruir.
Por supuesto, para el mantenimiento de esta sociedad es también esencial hacer creer que todos los que sufrimos las terribles condiciones de vida actuales tenemos un mal menor que defender. Siempre hay algo peor a lo que mirar y que justifique la sumisión a la sociedad actual, el apoyo más o menos crítico a representantes del capital, o la renuncia a la lucha por cualquier migaja. Al que vive en la asfixiante paz social capitalista se le enseña el terror de la guerra; al que se deja la vida en el trabajo para echarse algo a la boca se le muestra al desocupado sin recursos presto a reventar de hambre; al que quiere actuar fuera y en contra del juego político sindical se le exaltan “otras formas de hacer política”, la “infalibilidad” de la “democracia directa”; al que cuestiona a la izquierda le muestran lo mala que es la derecha; a otro le dicen que la democracia es mejor que la dictadura; al que lucha se le incita a abandonar la lucha tras recibir cualquier migaja... Se oculta así que todo forma parte de lo mismo, que son momentos de una misma existencia subsumida al trabajo asalariado, al dinero, al valor.
Allí donde los proletarios se rebelan, se alzan contra el infierno en el que viven, como las luchas desarrolladas recientemente en Nicaragua o en Irán, el capital mundial busca negar la perspectiva revolucionaria e imponer el horizonte capitalista en sus múltiples variantes. Tratan de encuadrar las luchas y transformarlas en luchas contra tal o cual gobierno, contra tal o cual dictador, contra tal o cual medida o gestión, tratan de transformar las revueltas de nuestra clase en guerra entre proyectos burgueses, de negar todo cuestionamiento a este sistema y fagocitar así todo lo que se le contrapone. El súmmum de esta repolarización es la guerra imperialista donde la lucha del proletariado es conducida a una lucha entre fracciones burguesas, tal y como lo sufrimos actualmente en Siria, así como en otros países en las últimas décadas.
Estos factores y límites de las luchas actuales, que implican que todas las luchas acaben canalizadas, liquidadas o revitalizando al capital, extienden la creencia de la imposibilidad de una revolución social. Esta creencia se convierte en una fuerza material para la conservación de este mundo, conduciendo a muchos de los que luchan a desentenderse de lo que exige un proceso revolucionario internacional para sumergirse en una dinámica posibilista y localista sin ninguna perspectiva, lo que quiebra la unidad de las luchas inmediatas de nuestra clase (lucha contra las medidas de austeridad, contra los desahucios, contra la represión, expropiaciones...) de la lucha histórica por la revolución.
Es cierto que las condiciones de vida del proletariado le llevan una y otra vez a superar estos obstáculos y a afirmarse como clase, contraponiéndose violentamente a la sociedad actual, pese a todas las debilidades que lastramos. Sin embargo, apenas se supera el marco local, sólo excepcionalmente se asume uno regional. El resto del proletariado mundial no se siente concernido por esas luchas, no asume la pelea que en tal o cual lugar desarrolla su clase como su propia pelea. Así se desarrollan infinidad de luchas en un completo aislamiento que finalmente son repolarizadas y/o aplastadas por el capital mundial (Siria, Brasil, Mapuches...). Esta cuestión nos recuerda constantemente que nuestra clase no puede generar una perspectiva revolucionaria más que asumiendo su lucha en un plano histórico-universal. El internacionalismo proletario no es una bonita consigna del pasado, sino el terreno mismo sobre el que se despliega la lucha revolucionaria.
Pese a todas estas dificultades, pese a todas estas fuerzas y elementos que actúan contra la constitución del proletariado en fuerza revolucionaria, no hay ninguna otra perspectiva, no hay otra salida a la catástrofe capitalista que no sea la revolución social. No tenemos dudas de que la catástrofe capitalista seguirá avanzando y haciendo cada vez más imposible la vida en el planeta. Tampoco tenemos dudas de que las luchas de nuestra clase seguirán reproduciéndose aquí y allá. Sin embargo, lo fundamental no es percibir esta evidencia, sino asumir y estructurar esas luchas como una misma lucha internacional por abatir el capitalismo, utilizar la experiencia histórica acumulada para superar nuestros propios límites y debilidades, así como denunciar todo lo que impide la acción internacional e internacionalista contra el capital y el Estado. Esa es la única vía real para defender las necesidades humanas frente a las del capital. Las reformas, las ilusiones y esperanzas que justifican el rechazo a la revolución, no son más que fuerzas de conservación del mundo actual. No tenemos otro camino para salir de esta fosa que romper y denunciar esos mecanismos de defensa del capitalismo que obstaculizan la organización de nuestra comunidad de lucha. Organizarnos juntos --fuera y contra de todas las estructuras del Estado-- en la lucha contra este sistema de muerte, en la defensa de las necesidades humanas frente a las del capital, en la afirmación de la humanidad frente a la cosificación capitalista. Todo lo demás es caminar hacia el abismo al que nos conduce esta sociedad.
La afirmación del ser humano frente a la deshumanización absoluta que contiene la condición proletaria, esa es la esencia de la constitución del proletariado en clase para negar las clases sociales, el Estado y el capital.
¡Organicemos internacionalmente la lucha de nuestra clase, contra la catástrofe mundial del capitalismo, contra toda la sociedad de clases!
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