Irán entre la brutal represión y las amenazas imperialistas

 

 

La sangrienta represión de las protestas ha permitido al régimen iraní superar una vez más los graves disturbios sociales que han sacudido al país en las últimas semanas.

Todo comenzó el 28 de diciembre con las manifestaciones y el cierre de los comercios del Gran Bazar de Teherán tras la caída de la moneda, que amenazaba la rentabilidad de sus negocios, manifestaciones que se extendieron a otras ciudades. Los comerciantes denunciaron, en particular, un sistema de tipos de cambio múltiples que permite a las grandes empresas enriquecerse mediante el tráfico de divisas, al tiempo que dificulta el acceso a las divisas extranjeras esenciales para protegerse de la inflación. Estos grupos políticamente conservadores siempre han sido partidarios del régimen, por lo que el Gobierno adoptó inicialmente una postura conciliadora hacia los manifestantes, cuyas reivindicaciones incluso se consideraron «legítimas». Pero las cosas empezaron a cambiar cuando los estudiantes de varias universidades del país se movilizaron con consignas hostiles al régimen y, posteriormente, cuando las manifestaciones, hasta entonces relativamente pequeñas, se convirtieron en masivas y los manifestantes atacaron edificios emblemáticos del régimen.

Las autoridades respondieron, como de costumbre, con una represión brutal: ya no solo con gases lacrimógenos, sino también disparando contra los manifestantes con escopetas de caza y armas de guerra. Al mismo tiempo, el Gobierno bloqueó Internet para impedir su uso por parte de los manifestantes y para bloquear la propaganda de los medios de comunicación de la oposición con sede en el extranjero. Pero esto también provocó un bloqueo de la información sobre los acontecimientos y el alcance de la represión. El número de víctimas y detenciones no se conoce con certeza, pero todo indica que es muy superior al de represiones anteriores; se habla de varios miles de muertos y heridos: el orden de la República Islámica se ha restablecido con sangre.

Aunque la protesta surgió inicialmente como una expresión de rabia egoísta entre la burguesía y la pequeña burguesía, la situación de amplios sectores de la población es tan grave que rápidamente se transformó en una verdadera revuelta contra el régimen, llegando incluso a las regiones periféricas e involucrando a las masas proletarias. Esto no fue causado por los llamamientos del hijo del Sha, la propaganda israelí o las declaraciones de Trump, sino por el deterioro de las condiciones de vida, el aumento de la pobreza y el continuo agravamiento de las desigualdades sociales. Según las estadísticas oficiales, la inflación era del 60 % (dato anual) en enero, pero en realidad es mucho más alta: se estima que ha alcanzado el 200 % para los productos de primera necesidad. El salario mínimo es de 104 millones de riales al mes (unos 65 euros), el más bajo de los países de la región, un nivel claramente insuficiente para compensar la inflación (de hecho, muchos trabajadores ni siquiera perciben el salario mínimo). Los sindicatos oficiales piden que el salario mínimo se aumente a 600 millones (unos 375 euros), mientras que el Gobierno solo ha previsto un aumento del 20 % de los salarios del sector público, hasta alcanzar los 187 millones en 2026, a lo que añadirá un subsidio de 10 millones (unos 5 euros) durante cuatro meses. Sin embargo, un parlamentario iraní ha estimado que una familia debería disponer de 450 millones de dólares al mes para satisfacer sus necesidades básicas (580 millones según los sindicatos). La tasa de participación en el mercado laboral se estima inferior al 50 %. Según los datos oficiales, el 36 % de los iraníes vive por debajo del umbral de la pobreza, pero esta cifra es sin duda inferior a la real, ya que algunos la estiman más cercana al 70 %.

Las consecuencias son directas en términos de salud; según el Ministerio de Sanidad, 120 000 personas mueren cada año debido a la «creciente inseguridad alimentaria», es decir, a la imposibilidad de obtener alimentos esenciales, y entre el 50 % y el 70 % de la población sufre diversas carencias que debilitan el sistema inmunológico y contribuyen a las enfermedades óseas (1).

 

UNA LARGA CADENA DE REVUELTAS Y REPRESIONES

 

Dejando de lado el movimiento de 2009 desencadenado por la victoria electoral del conservador Ahmadinejad, a veces denominado la «revolución de Twitter», cuya represión causó más de cien muertos, en 2017-2018 una ola de huelgas y manifestaciones obreras sacudió las regiones más pobres del país y los barrios obreros de Teherán (las mayores concentraciones de trabajadores, como los de la industria automovilística, se mantuvieron en gran parte al margen). Las consignas se politizaron rápidamente y revelaron la erosión de las ilusiones electorales: «¡Pan, trabajo, libertad!», «¡Abajo el dictador!», «¡Conservadores y reformistas, ha llegado vuestra hora!», etc. El régimen respondió con una violenta represión que causó decenas de muertos. En noviembre de 2019, un repentino aumento del precio de la gasolina (que se duplicó de un día para otro) desencadenó nuevas protestas y violentos disturbios en gran parte del país. Las autoridades reprimieron lo que había sido el movimiento de protesta más grande y violento desde la fundación de la República Islámica con una represión feroz (disparando a los manifestantes desde helicópteros, utilizando ametralladoras, etc.), bloqueando al mismo tiempo Internet durante una semana. El número de víctimas se estimó en unas 2000. Sin embargo, el estallido de la pandemia de COVID-19 fue el principal factor utilizado por el Gobierno iraní (como muchos otros) para restablecer la calma.

Las protestas y huelgas se reanudaron en 2022, culminando ese mismo año en el movimiento «Mujer, vida, libertad», tras el asesinato de una joven por parte de la policía moral por llevar el velo de forma inadecuada (2). Inicialmente, el movimiento involucró principalmente a estudiantes y círculos intelectuales, pero poco a poco se extendió y adquirió un carácter claramente anti régimen. Como de costumbre, las autoridades respondieron con un baño de sangre: alrededor de 500 muertos en los tres primeros meses, miles de detenciones y numerosas condenas a muerte.

Aunque el Gobierno «reformista» ha relajado en cierta medida la presión recientemente, limitando los abusos de la policía moral, tiene la intención de continuar con sus políticas antisociales. Los sindicatos oficiales, en particular, han señalado que su presupuesto destina más fondos a la radio y la televisión estatales que a otros diez ministerios, sin dejar nada para el gasto social. La brutalidad represiva, incluso antes de la represión de las manifestaciones actuales, no había disminuido, como lo demuestra el aumento de las ejecuciones capitales desde el movimiento «Mujer, vida, libertad»: alcanzaron un récord en 2025 (más de mil en los tres primeros meses del año).

 

PRESIONES IMPERIALISTAS

 

No describiremos aquí la complicada historia de las relaciones de Irán con las diversas potencias imperialistas. Baste decir que su riqueza en hidrocarburos, así como su ubicación en una región estratégica como el Golfo Pérsico, ha convertido y sigue convirtiendo a este país de más de 90 millones de habitantes en un objetivo de las ambiciones imperialistas y en una amenaza potencial para los países vecinos y el orden regional. La presión ejercida por las potencias imperialistas occidentales para impedir que Irán adquiera armas nucleares (aunque el programa nuclear iraní se inició bajo los auspicios de Estados Unidos) se deriva de su deseo de limitar al máximo el poder de un Estado que ya no era aliado de Occidente. En 2018, durante el primer mandato de Trump, Estados Unidos se retiró del acuerdo nuclear internacional firmado por Obama e impuso nuevas sanciones económicas a Irán y a las empresas que comercian con él, alegando la creciente influencia iraní en la región. Desde entonces, las sanciones han seguido lloviendo, hasta el punto de que Irán es el país más sancionado del mundo.

En el marco de su política de «máxima presión» sobre Irán, Estados Unidos no solo intervino militarmente en la «Guerra de los 12 días» lanzada por Israel en junio de 2025, sino que también está intentando desestabilizar el régimen. Durante las revueltas de enero, Trump animó a los manifestantes sugiriendo que una intervención militar estadounidense acudiría en su ayuda. Pero las monarquías del Golfo, empezando por Arabia Saudí, presionaron a Trump para que abandonara esta perspectiva. Estos Estados, junto con Egipto y Turquía, temen sobre todo el derrocamiento del régimen iraní a raíz de una revuelta masiva: ¡el ejemplo sería demasiado contagioso! Todos los Estados burgueses están unidos en el mantenimiento del orden establecido: la estabilidad contrarrevolucionaria en la región exigía que las autoridades iraníes reprimieran la revuelta. Por lo tanto, los estadounidenses esperaron tranquilamente a que se completara esta tarea antes de reanudar sus amenazas militares contra Irán...

El orden reina de nuevo en Teherán. Pero este orden es precario; las contradicciones sociales dentro del país son tales que, tarde o temprano, las masas se verán empujadas a rebelarse de nuevo a pesar de la represión. Pero para que la próxima ola de lucha no termine, como las anteriores, en un baño de sangre sin consecuencias, o no se convierta en un mero remiendo del dominio capitalista, el proletariado deberá encontrar la fuerza para organizarse sobre bases de clase. Deberá fundar su propio partido de clase internacionalista e internacional, capaz de guiarlo en la lucha contra el frente unido de todos sus enemigos, tanto internos como externos, consciente de que una revolución proletaria en Irán haría caer a todos los Estados burgueses de la región.

 

 


 

(1) Véase https://lessentieldeleco.fr/5007-smic-a-combien-seleve-le-salaire-minimum-en-iran-en-2026/

(2) Véase  Iran. Arresti, torture, assassinii, sparizioni e sepolture nascoste: il regime confessionale fondamentalista usa il tallone di ferro per rimanere in piedi (“ («il comunista» n.º 176, enero-febrero de 2022).

 

2 de febrero de 2026

 

 

 Partido Comunista Internacional

Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program

    www.pcint.org

 

[Irán2026] ¡Trabajadores! ¡Levantaos! Construyamos un movimiento organizado de consejos

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Lloramos un genocidio generalizado perpetrado por el poder islámico del capitalismo. Decenas de miles de muertos, cientos de miles de heridos, una larga lista de condenados a muerte, pobreza, hambre y falta de vivienda: ese es el panorama cotidiano de nuestras vidas. Toda la sociedad se ha convertido en un cementerio construido por el capital y el Estado Islámico.

En este mismo infierno, las fuerzas navales y las armas de destrucción masiva de Estados Unidos e Israel se despliegan en la región, con el falso pretexto de una “confrontación con el régimen”, pero en realidad para destruir la vida de millones de seres humanos. La guerra que se avecina no es nuestra guerra; es la guerra de todos los Estados y todas las potencias capitalistas contra la clase obrera.

La realidad es clara:

* La República Islámica, Estados Unidos, Israel y toda la oposición capitalista, incluidos los monárquicos, son nuestros enemigos comunes.

* La guerra o la rendición, en cualquiera de sus formas o combinaciones, se traducen en la destrucción de la vida de los trabajadores.

* El régimen islámico, para asegurar su propia supervivencia, sacrifica sin dudarlo los medios de subsistencia de decenas de millones de trabajadores; y sus rivales mundiales están dispuestos a hacer que este infierno sea aún más total.

¿Cuál es nuestro camino?
No esperar salvadores,
no hacerse ilusiones sobre la democracia burguesa,
no someterse a los partidos y coaliciones en el poder.
Nuestro camino es la construcción de consejos.

En los lugares de trabajo, en las escuelas, universidades, hospitales, transportes, agroalimentación y barrios, debemos unirnos. Transformemos las reuniones en consejos, asociemos los consejos entre sí y construyamos un amplio movimiento de consejos, anticapitalista y antiestatal. Transformemos incluso los momentos de duelo en un punto de partida para la organización de los consejos.

Estamos de luto, pero no somos impotentes.

Somos la clase en cuyas manos descansa la producción y la supervivencia de todos los Estados y de todo el capital. Solo aprovechando esta fuerza organizada podremos transformar la guerra y la paz de nuestros enemigos caníbales en una oportunidad para el levantamiento de nuestra clase.

Cada momento de retraso agrava la catástrofe para nuestro presente y nuestro futuro.

Debemos entrar en acción con conciencia, unidad y determinación.

Militantes del movimiento por la abolición del trabajo asalariado



 

¡Minneapolis es el mundo entero!

 

La represión contra los proletarios inmigrantes como un laboratorio de pruebas del creciente autoritarismo y un desarrollo de la posibilidad de utilizar la fuerza contra cualquier tipo de disidencia

 

 

 

Las protestas masivas contra las prácticas de la policía de inmigración, la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE), la «Gestapo de Trump», que están teniendo lugar en estos días, tras la ejecución de Renee Nicole Good, en más de 100 ciudades de EE. UU. y en las que solo en Minneapolis han protestado más de 100.000 personas, expresan el descontento real y profundo de la opinión pública estadounidense con la evolución del país: con el terror generalizado asociado a las redadas y secuestros contra personas indocumentadas, es decir, contra cualquiera que pueda parecerlo por el color de su piel o su aspecto, y con el proceso de reestructuración autoritaria del Estado estadounidense, es decir, con el progresivo giro autoritario y la consiguiente militarización de la sociedad.

En lo que respecta al ICE, 2025 está siendo el año más trágico en más de dos décadas. Han muerto 32 personas bajo custodia de esta agencia federal, lo que supone el número más alto registrado hasta la fecha (desde 2004). En cuanto a los incidentes fuera de la custodia, los datos son más difíciles de obtener, ya que el ICE no está obligado por ley a informar de ellos; pero los medios de comunicación hablan de 16 tiroteos por parte de agentes del ICE, en los cuales al menos 4 personas fueron tiroteadas directamente por agentes sobre el terreno, y al menos 7 u 8 resultaron heridas (entre ellas, en algunos casos, transeúntes o familiares, incluidos ciudadanos estadounidenses), además de dos muertes durante detenciones relacionadas con fugas o accidentes.

Estas muertes se producen en un momento de expansión masiva de las operaciones de detención y deportación. Diciembre de 2025 ha sido el mes con el mayor número de detenciones. En los centros de detención superpoblados hay más de 68.000 personas, de las cuales casi el 75 % no tiene ninguna condena penal; al mismo tiempo, durante ese mes se registró el mayor número de muertes: siete detenidos murieron asesinados.

Las causas de muerte durante la detención —insuficiencias cardíacas, accidentes cerebrovasculares, colapsos respiratorios, infecciones no tratadas, suicidios— apuntan a un patrón constante: negligencia médica, presión psicológica, hacinamiento e indiferencia de la institución. Muchos detenidos solicitaron repetidamente asistencia médica, pero sus peticiones fueron ignoradas. Otros fallecieron poco después de ser trasladados al hospital, aún bajo custodia legal del ICE. Las investigaciones de estas muertes se prolongan, se impide el acceso a la información a las familias que permanecen en una angustia sofocante sin respuestas. Algunos ejemplos: Genry Ruiz Guillén, un joven trabajador hondureño que trabajaba en la construcción, se quejó repetidamente durante su detención de desmayos y dificultades respiratorias; murió en enero de 2025 en un hospital de Florida. Marie Ange Blaise, una migrante haitiana, pidió un médico varias horas antes de morir, debido a dolores en el pecho; según el testimonio de su hijo, se le negó la asistencia. Ismael Ayala-Uribe, un trabajador de California que vivía en Estados Unidos desde su infancia y llevaba 15 años trabajando en un túnel de lavado, enfermó durante su detención con fiebre y tos; falleció tras ser trasladado al hospital. Abelardo Avellaneda Delgado, que pasó casi 40 años trabajando en granjas estadounidenses, murió durante el traslado entre centros de detención, después de que su estado de salud empeorara en la cárcel local. Gabriel García Aviles, padre y abuelo, que llevaba tres décadas viviendo en Estados Unidos, fue detenido por una patrulla móvil y, tras una semana en detención, murió en el hospital; su familia no recibió ninguna información durante todo ese tiempo. Abelardo Avellaneda Delgado murió en una furgoneta de transporte del ICE; José Castro Rivera murió al ser atropellado por un coche en la autopista tras intentar escapar de los agentes. Norlan Guzmán-Fuentes fue asesinado en las instalaciones de la oficina de inmigración de Dallas; Miguel Ángel García Medina fue tiroteado mientras estaba esposado en una furgoneta frente a las mismas instalaciones.

Sin embargo, no se trata de fallos de instalaciones o agentes concretos. Entre otras cosas, los agentes reciben una bonificación por cada detención, independientemente de si está justificada o no: se degrada la dignidad humana de los detenidos, cuyas vidas se consideran insignificantes. Se trata de violencia estructural, de quebrantar el cuerpo y el espíritu, una forma organizada de castigo sin juicio.

La propaganda oficial presenta al ICE como una fuerza que defiende a la sociedad de la delincuencia y protege las fronteras. En realidad, el objetivo de este terror no es deportar a alrededor de 12 millones de personas indocumentadas, ya que, sin esta mano de obra, la burguesía estadounidense no podría funcionar económicamente en muchos sectores, pues depende estructuralmente de los millones de trabajadores indocumentados.

La agricultura, la construcción, la logística, la hostelería, el cuidado de personas… dependen de su trabajo. Entre el 50 % y el 75 % de estos proletarios no autorizados (entre 8 y 8,5 millones) pagan impuestos federales, ¡a pesar de no tener derecho a la mayoría de las prestaciones que estos impuestos financian! Los trabajadores inmigrantes en general, independientemente de su situación legal, representan casi el 19,5 % de la mano de obra total.

El objetivo es intimidar a esta parte del proletariado, someterla al máximo y hacerla vulnerable al chantaje, al tiempo que se procura enfrentarla a los trabajadores «nacionales». Esta estrategia tiene un claro sentido de clase: crear una masa de mano de obra que tema enfermar, hacer huelga, que sea incapaz de defenderse y, de este modo, presionar a la baja los salarios y las condiciones laborales de todo el proletariado. Esta estrategia refuerza la posición de los empleadores y sirve por completo al capital. La represión de los proletarios inmigrantes no autorizados es, por lo tanto, un ataque a toda la clase trabajadora.

Los métodos introducidos por el ICE —redadas enmascaradas, detenciones sin orden judicial, operaciones militarizadas, suspensión de la protección jurídica— se están extendiendo cada vez más a amplios sectores de la población. Según un dictamen interno filtrado, el ICE tiene permiso para entrar en los hogares incluso sin orden judicial.

La represión contra los inmigrantes funciona al mismo tiempo como un laboratorio de pruebas, del creciente autoritarismo y de un desarrollo de opciones de fuerza más amplio para la clase dominante estadounidense. Las protestas contra el ICE son reprimidas con violencia policial, el despliegue de la Guardia Nacional y bajo amenazas de intervención militar. Los actos de solidaridad son criminalizados y perseguidos. Grabar los arrestos se considera una «intromisión» en las actividades de los organismos estatales. Las garantías legales se debilitan en nombre de la seguridad y el orden.

El trato que se da hoy a los proletarios indocumentados se aplicará progresivamente a otros sectores de la población, en primer lugar, al proletariado, cada vez que se rebele por sus condiciones de trabajo y de vida. Estamos viendo en directo cómo se prepara gradualmente el aparato estatal para reprimir el descontento a una escala mucho mayor. Y ese futuro no está lejos...

La mencionada Renee Nicole Good, madre y conductora de 37 años, que no cometió ningún acto violento en la zona de la redada del ICE, sino que simplemente desobedeció la orden de los agentes de permanecer en el lugar y comenzó a alejarse lentamente, fue asesinada de tres disparos por un agente experimentado del ICE, a través del parabrisas y la ventanilla abierta de la puerta. Después del tiroteo, ninguno de los agentes le prestó asistencia médica y, además, impidieron que los residentes y los socorristas de la comunidad local lo hicieran. El 24 de enero se produjo otra muerte en el marco de la operación del ICE: uno de los agentes disparó a Alex Pretti, un enfermero de 37 años que estaba grabando la intervención. Tras un altercado entre un policía y una manifestante, intentó ayudar a la mujer agredida, recibió una dosis de spray pimienta en la cara y, cuando ya estaba tirado en el suelo y varios policías le golpeaban, fue asesinado a quemarropa.

La evolución en Estados Unidos no es un «desliz» temporal, sino una forma autoritaria normalizada de gobierno, que se ha ido desarrollando gradualmente a lo largo de años, mediante la erosión de las restricciones legales, la normalización de medidas excepcionales y la concentración de poder en el aparato ejecutivo. Todo esto responde a las crecientes contradicciones de la sociedad capitalista y a la erosión de la posición de EE. UU. como potencia imperialista global.

El aumento de las detenciones, el incremento de las muertes, el rearme y la militarización de las fuerzas represivas, la impunidad de la violencia estatal y la desintegración de las garantías legales: todo esto está ocurriendo ahora mismo y no es casualidad. Y sin embargo, no se trata de la sustitución inmediata de la democracia burguesa parlamentaria por una dictadura —la ilusión del parlamentarismo de que la clase trabajadora tiene algún poder real a través del voto es todavía un factor importante para la burguesía gobernante y la estabilidad del régimen capitalista—, sino de la normalización de las llamadas reacciones de emergencia del Estado (Covid-19, inmigración...), de tal manera que la represión se convierta en una realidad omnipresente y en la forma normal de gobernar. Sería ingenuo creer que el Partido Demócrata, si ganara las próximas elecciones, en una situación de agudizadas tensiones económicas y militares internacionales entre los imperialismos, vaya renunciar a todos estos «logros» alcanzados por el Estado, limitando así las posibilidades de maniobra del Estado capitalista en caso de crisis económica y bélica.

La represión encarnada por el ICE es una advertencia de lo que le espera a toda la clase obrera si no se opone a esta trayectoria.

Las marchas por los derechos humanos y la dignidad, por muy amplias que sean, los llamamientos a la democracia, la constitución o el estado de derecho, la participación de organizaciones de la llamada sociedad civil, grupos religiosos y organizaciones no gubernamentales que ofrecen ayuda humanitaria, la expresión de condenas morales, son un telón de fondo incapaz de ofrecer una alternativa al desarrollo de la represión total. Del mismo modo, buscar apoyo en el ámbito político, es decir, en el Partido Demócrata, que se presenta como oposición al autoritarismo de Trump, es completamente ilusorio y desmoralizador. En realidad, es este partido el que ha permitido todo este proceso de creciente autoritarismo. Su papel es únicamente criticar los «excesos» y las «normas insuficientes» en las redadas contra los inmigrantes. Por otra parte, fue Obama quien dio un paso decisivo para hacer más eficaz al ICE. Con su apoyo, los presupuestos para el DHS y el ICE pasaron por el Congreso y los centros de detención siguieron funcionando como hasta ahora. En los estados demócratas, los gobernadores envían a la policía y a las unidades de la Guardia Nacional contra los manifestantes. Las desavenencias entre los demócratas y la administración Trump se refieren a las formas, a la táctica, no al fondo.

Las direcciones de los sindicatos oficiales, dedicados a la política de colaboración entre clases también desempeñan un papel igualmente negativo. Mientras que los trabajadores individuales participan en las protestas, los líderes sindicales bloquean activamente las huelgas y canalizan la oposición en gestos simbólicos inofensivos. Los «compromisos contractuales de los sindicatos de no convocar huelgas fuera del marco de la negociación colectiva (las llamadas «cláusulas anti huelga») se utilizan para que los trabajadores se queden y sigan trabajando, mientras se intensifican las medidas represivas.

Sin apartarse de estos patrones políticos impuestos por los círculos burgueses, cualquier acción se reduce a un teatro: momentos de liberación de la presión social, una presión que al final no cambia nada y que frena el desarrollo de un movimiento de clase independiente al desviar la atención del terreno de lucha necesario: la confrontación de clase contra el capital y su Estado. La huelga llevada a cabo por medios y métodos de clase es un arma de lucha para los trabajadores, es la palanca con la que estos pueden llegar a imponer sus exigencias a la burguesía, dañando el funcionamiento de la maquinaria de la búsqueda de ganancias capitalistas.

La represión encarnada por la «Gestapo de Trump» es una advertencia de lo que le espera a toda la clase obrera si no se opone a esta trayectoria. La única respuesta eficaz es la organización independiente de protestas, la agitación y la movilización masiva del proletariado, más allá de todas las diferencias en las que el régimen capitalista lo clasifica (nacionalidad, origen, estatus legal, raza, género, etc.) y la reactivación de su lucha abierta como clase con intereses propios y contrarios a los de la oligarquía y la burguesía en general: esto significa romper con las fuerzas políticas, sindicales e ideológicas que atan al proletariado al orden existente, el florecimiento de las luchas proletarias en el terreno económico, y la organización de carácter clasista —utilizando los medios y métodos de la clasistas; la entrada en el terreno de la lucha política, con una clara oposición a las operaciones exteriores del propio Estado imperialista, a su rearme para la preparación de la futura guerra imperialista mundial, y con la defensa y la lucha por la igualdad de todos los componentes de la clase contra la política de «divide y vencerás». Por lo tanto, la alternativa no es volver a una democracia idealizada y falsa, sino luchar conscientemente contra el propio sistema capitalista. Solo sobre esta base puede la clase trabajadora enfrentarse a la burguesía más poderosa del mundo y emprender el camino que conduce a la liberación de las cadenas de la opresión, la explotación, las guerras capitalistas y las catástrofes, y derrotarla.

 

 

26 de enero de 2026

 

Partido Comunista Internacional

Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program -   www.pcint.org




 

Informe desde Irán / 11 de enero de 2026

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Lo que está ocurriendo en las calles, los barrios, las ciudades, las provincias y en todo este infierno de mierda, sangre y terror del capitalismo en Irán es un genocidio masivo a escala nacional perpetrado por el régimen depredador y genocida de la República Islámica capitalista de Irán.

Solo el hospital de la ciudad de Rasht, en el norte de Irán, ha anunciado que se ha negado a admitir setenta cadáveres porque su morgue estaba llena de cadáveres de manifestantes. Seis hospitales han declarado haber recibido 217 cadáveres. La joven generación de la clase obrera iraní está siendo masacrada a una velocidad vertiginosa por el brutal gobierno islámico del capital.

Hacemos un llamamiento a todas las masas trabajadoras del mundo para que alcen su voz en protesta contra toda esta brutalidad y estas masacres, dondequiera que se encuentren, en todos los rincones del mundo, y se levanten para apoyar al movimiento obrero y a las masas manifestantes de los trabajadores iraníes.

Los trabajadores exigen la caída del régimen islámico genocida del capital, el acceso total e incondicional a la alimentación, la ropa, la vivienda, el agua, la electricidad, Internet, el transporte, la prohibición de la injerencia del gobierno en diversos ámbitos de su vida social, la eliminación del apartheid sexual y otros derechos humanos fundamentales.

Cualquier victoria de estos trabajadores depende del apoyo unido de sus compañeros de todo el mundo.

Levántate y muestra esta solidaridad en todas partes.

Militantes del movimiento por la abolición del trabajo asalariado
https://againstwagelabor.com/

Traducción al español: https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2026/01/15/mas-volantes-internacionalistas-desde-iran/




 

[Iran2026] To workers of the world

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To workers of the world

Source in English: https://t.me/alayhesarmaye/11606/

 

The Islamic capitalist state in Iran is pushing the boundaries of crime to new levels.

Since January 8, all communications inside Iran have been cut. From Friday onward, the internet, phones, and all means of communication have been shut down. Under the cover of this blackout, the state has launched an unprecedented massacre.

Reports coming from hospitals, medical staff, and doctors in different cities speak of numbers of killed and wounded far beyond anything previously witnessed. What is happening now has no precedent.

Only a very small number of people, with access to Starlink, are able to communicate with the outside world. Information coming out of Iran is extremely limited. This video is one of the rare pieces that has escaped.

It shows a Legal Medicine center in Kahrizak, Tehran. Families of those killed are gathered there, forced to look at a screen displaying photographs of the dead, trying to identify their loved ones. The number of bodies is so high that corpses are being transported in pickup trucks.

This is just one location, and only in Tehran. In other cities, the number of killed is far higher. Reports point to a catastrophe — thousands upon thousands are estimated to have been killed.

We call on workers across the world to become the voice of their class brothers and sisters in Iran. Raise their voices in every corner of the world. Break the silence. Spread the truth. Speak out against this massacre wherever you are.

We call for solidarity, support, and protest from workers everywhere.

Do not let this crime be carried out in silence.

Stand with Iranian workers.

Iranian anti-capitalist workers against wage labor

 

 

Statement of the Arak Workers’ Councils

Source in Persian: https://t.me/alayhesarmaye/11601/

“To the workers of Markazi Province, to our comrades in Khuzestan, and to all the people of Iran.”

For decades, our demands for bread have been met with bullets, and our demands for dignity with prison. But today, the silence is over. We, the workers of the Arak factories, declare the following:

Workplace control: From now on, the management of the Machine Tools, Azarab, and Pars Wagon factories will be in the hands of elected workers’ councils. We no longer recognize government-appointed managers or the regime’s puppet unions.

Connection to the land: Our strike is no longer about wages. We call on the citizens of Arak to form neighborhood councils to manage security and supplies. Our factories are your protection.

Defending the soldiers: We call on our brothers in the army: Do not become the murderers of your own fathers. If you stand with us, our councils will guarantee the security of you and your families.

Ultimatum to the Regime: Any attempt to forcibly enter the industrial complexes or arrest our representatives will be considered an act of war against the entire city. If a single drop of a worker’s blood is shed, the flames of rebellion will leave no trace of power.

We are not here just for unpaid wages. We are here to decide how this factory and this country should be run. The era of the bosses and the mullahs is over. All power to the councils!

/ machine translation /



 

[Irán2026] ¿Qué no queremos? ¿Qué queremos? ¿Cómo conseguirlo?

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Todo el mundo habla de lo que no queremos, pero la cuestión vital es: ¿qué queremos y cómo lograrlo?
El “qué no queremos”, tal como lo gritan los insurgentes en las calles, es una lista larga: hambre, desnudez, falta de vivienda, asesinato de las libertades y de los derechos fundamentales, apartheid de género, contaminación ambiental, privación de medicamentos, atención médica y educación. Todos estos encabezan la lista de lo que “no queremos”.

Pero estos “no queremos” se cruzan en su camino hacia la explosión con ejércitos de salteadores: saqueadores que los devoran, los tergiversan, los transforman en demandas antihumanas de su propia clase y grupo; les estampan el sello de la democracia y la civilización de la esclavitud salarial; los convierten en alimento mental de la masa trabajadora; los transforman en el eje de sus levantamientos; someten a la masa rebelde y maldita para proclamarse ellos vencedores.

Así ha sido toda la historia del capitalismo. Cuanto más nos alejamos en el tiempo, más dolorosa ha sido la situación, más terrible el sacrificio de los trabajadores. Hoy mismo estamos al borde de repetir esta tragedia.

Se dirigen a los insurgentes y les gritan: “Vosotros sois los conquistadores de las ciudades, los dueños de las calles; solo quedan unos pasos para la victoria. Derribad el régimen religioso y nosotros instauraremos el poder moderno del capital. ¡Lloveremos democracia por todas partes!”
¡No digáis qué queremos!
“¡Va contra el juicio de los sabios!”
“¡Es divisivo!”
“¡Hay que lavar el cerebro de quien lo dice!”
El grito correcto —dicen— es solo “¡qué no queremos!”.
Eso es lo que debe hacer la masa; los “competentes” decidirán qué hay que querer.
Eso dice la oposición existente. Pero toda la cuestión gira precisamente en torno a qué queremos y cómo conseguirlo.

La respuesta que brota del corazón y del grito existencial de la masa trabajadora es esta:
el régimen debe ser derrocado para que, de inmediato…

 

Primero: demandas y expectativas

1. Alimentación, vestimenta, vivienda con todas sus condiciones, medicamentos, atención sanitaria, educación, agua, electricidad, gas, internet, transporte, ocio, viajes y todos los bienes básicos de la vida deben ser completamente sustraídos del dominio del intercambio mercantil y monetario, y ponerse a disposición de todas las personas, en todos los lugares, sin exigir ningún pago.
2. Prohibir cualquier intervención del Estado en cualquier ámbito de la vida humana: desde la vestimenta, la vida en pareja, las relaciones entre mujeres y hombres, chicas y chicos, hasta las creencias, la cultura, las costumbres, las tradiciones y la actividad política.
3. Abolir el trabajo doméstico y sustituirlo por servicios sociales fuera de cualquier forma de intercambio monetario.
4. Liberar a todos los presos y destruir de raíz la institución misma de la prisión.
5. Prohibir absolutamente toda forma de pena de muerte.

 

Segundo: estrategia de realización

Organizarnos de manera cada vez más amplia, más consejista, más anticapitalista.
No supeditar la obtención de nuestras demandas a una expresión perfectamente unificada y totalmente organizada de nuestra existencia colectiva. En cada momento, utilizar la fuerza unida de la que dispongamos para imponer las demandas a la clase capitalista y a su Estado. A medida que crecemos, debilitar al enemigo, imponer paso a paso expectativas cada vez más grandes a los capitalistas y a su Estado feroz, y reducir su capacidad de enfrentarse a nosotros.

 

Tercero: vías y tácticas

El alarido de que “la calle es la verdadera trinchera de la lucha” es un engaño de las oposiciones internas de la clase capitalista.

La calle es importante, pero no es en absoluto el campo principal. Hay que paralizar de la forma más generalizada posible el ciclo del trabajo y la producción; desafiar el orden económico, político, civil y jurídico del capital en todos los niveles.

Ocupar las propiedades vacías de los capitalistas y ponerlas a disposición de las personas sin hogar.
Arrebatar los centros de trabajo a la clase capitalista y colocarlos bajo el control de consejos obreros capaces de planificar libremente, fuera de la esclavitud salarial.

Avanzar por el camino de la hegemonía de un movimiento consejista generalizado, contrario al trabajo asalariado, sobre todo el ciclo del trabajo, la producción y la vida.

Apropiarse de los centros comerciales y de las cadenas de tiendas, y convertirlos en centros de distribución de los bienes básicos de la población sin ningún tipo de intercambio mercantil.

 

Cuarto: rechazar a los oportunistas mercaderes del poder

Con el terremoto del levantamiento de la masa trabajadora y de millones de hijos e hijas de trabajadores, se han abierto también viejas tumbas. De ellas salen murciélagos fosilizados que se deslizan entre la multitud. Estos desenterradores de la monarquía envenenan el ambiente con sus lamentos.

No se trata de expulsarlos, pero hay que decirle al mundo entero que no son nada.

 

¡Abajo el capitalismo, la República Islámica y todo Estado capitalista!
¡Viva una sociedad consejista sin explotación, sin clases, sin esclavitud salarial!

Trabajadores anticapitalistas activos del movimiento por la abolición del trabajo asalariado
18 de Dey de 1404 (8 de enero de 2026)

 

 

 Fuente en inglés: https://againstwagelabor.com/2026/01/08/what-dont-we-want-what-do-we-want-how-do-we-get-it/

Traducción al español: https://panfletossubversivos.blogspot.com/2026/01/iran-que-no-queremos-que-queremos-como.html



 

 

[Castellano] El títere Maduro se va, el sistema capitalista se queda. No caigamos en la trampa de defender a unos explotadores contra otros.

[English] The puppet Maduro leaves, the capitalist system remains. Let us not fall into the trap of defending some exploiters against others.

[Italiano] Il battilocchio Maduro se ne va, il sistema capitalista rimane. Non cadiamo nella trappola di difendere alcuni sfruttatori contro altri.

[Français] La marionnette Maduro s'en va, le système capitaliste reste. Ne tombons pas dans le piège de défendre certains exploiteurs contre d'autres.

[Català] El titella Maduro se'n va, el sistema capitalista es queda. No caiguem en el parany de defensar a uns explotadors contra uns altres.


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