BOLIVIA: EN LA ENCRUCIJADA DE LA INSURRECCIÓN Y LA CONTRARREVOLUCIÓN


GUERRA SOCIAL EN EL ALTIPLANO

Las protestas en Bolivia se han recrudecido en las últimas semanas. La normalidad y la paz social añorada eternamente por los capitalistas está rota. Decenas de bloqueos carreteros en rutas estratégicas que conectan La Paz con Cochabamba, Oruro y los pasos fronterizos hacia Chile y Perú, se multiplican sin cesar, pese a la atroz represión de policías, bandas militares y matones a sueldo, a los que el proletariado ha respondido con genuina violencia organizada de clase.

La sociedad de la mercancía, mediante sus chacales voceros y buitres periodistas, se apresura a despotricar su ideologías y odio racial contra los insurrectos. Primero acusando a los rebeldes, de ser todos en bloque partidarios de Evo Morales (manipulados por los resquicios de la ideología MASista) ocultando el hecho de que esta jornada de lucha callejera no es por un personaje obsoleto, sino la respuesta de la clase trabajadora a las condiciones miserables de subsistencia y a las políticas hambreadoras de los títeres de turno que buscan acelerar el saqueo de recursos (agua, litio, tierras, minerales) e imponer más medidas de austeridad.

Mientras tanto, organizaciones que giran en torno la Central Obrera Boliviana (COB), sectores mineros, campesinos y agrupaciones indígenas, endurecieron las protestas y comenzaron a enarbolar como demanda la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Los “dirigentes sociales” (mejor dicho burócratas apagafuegos) denunciaron una creciente “traición del Gobierno hacia las bases populares” y rechazaron las convocatorias oficiales al diálogo. Pero para nosotros, anarquistas-comunistas, toda esa queja es una patraña, no existe tal traición, pues es el natural accionar de la burguesía imponiendo su voluntad para asegurar la continuidad de la dominación del Capital.

Las organizaciones sindicales, lejos de ser un arma de lucha contra el capital, son una herramienta perfectamente integrada al sistema, que sirven de mediadoras y conciliadoras entre la clase dirigente y los explotados, para regular el precio de la fuerza laboral e impedir la clase trabajadora se constituya en fuerza revolucionaria. Otra de sus características nauseabundas, es que cumplen la función de encuadrar la fuerza masiva de la clase en intereses sectoriales, contribuyendo al divisionismo y la fragmentación de la lucha, fomentando la ilusión de que cada sector laboral, raza, etnia, posee intereses particulares desligados del resto.

Al Igual que recientemente ocurrió en Ecuador con la CONAIE (Confederación de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador), que solo sirvió para desgastar, enfrascar y liquidar las movilizaciones, las grandes organizaciones burocráticas “de vanguardia” encargadas de las negociaciones (¿acaso hay algo que negociar con nuestros enemigos de clase?) intentan llevar nuevamente a la clase trabajadora al desfiladero de las ilusiones democráticas burguesas, para que todo siga igual o peor que antes.

El gobierno del mequetrefe Rodrigo Paz se apresuró a negociar acuerdos para dividir el movimiento, con concesiones a algunos de los sectores movilizados. Negoció con las cooperativas, anulando una deuda de 95 millones de bolivianos con la Caja Nacional de Salud y manteniendo el subsidio al combustible. También negoció con el magisterio y con la COB de El Alto, y firmó un acuerdo con los dirigentes de los «ponchos rojos» de La Paz. Esos sectores se retiraron de a poco del conflicto. Fue evidente que algunas de las bases repudiaron a sus líderes por haber firmado.

Nos permitimos citar un fragmento de un texto que circula en la web, que ejemplifica y contribuye a lo mencionado (pese a que no compartimos su perspectiva de “democracia obrera”), demostrando como esas mafias de “profesionales de las luchas y las movilizaciones” son los verdaderos sepultureros de toda tentativa revolucionaria:

Mientras que el 30 de mayo, Asambleas Generales autoorganizadas como la de Patacamaya, con la participación de representantes de las 77 comunidades de la provincia de Aroma, decidieron, al igual que en todo el país, rechazar cualquier diálogo con el gobierno, exigir su renuncia y mantener bloqueos indefinidos, radicalizando la movilización —con 93 bloqueos hoy, frente a los 60 de hace dos días—, la dirigencia de la COB, la principal federación sindical, elude una vez más su responsabilidad y pospone —con el pretexto de la seguridad— la Asamblea General Nacional, donde se debía tomar una decisión hoy: negociar con el gobierno o continuar la lucha hasta su caída. Y en un intento por impedir esta Asamblea, la dirigencia de la COB no ha fijado fecha para la próxima.

La postura de la dirigencia de la COB es clara para todos.

Numerosos comités autoorganizados habían convocado a participar en esta Asamblea para decidir sobre la continuación de la lucha por el derrocamiento del gobierno, y era seguro que obtendrían la mayoría, arrastrando consigo a las bases de la COB. Esto habría transformado efectivamente esta asamblea abierta de la COB en una dirección nacional autoorganizada para la lucha por el derrocamiento del gobierno. La dirección de la COB ha demostrado hoy que no desea derrocar al gobierno y, por lo tanto, no quiere que el actual movimiento insurreccional pertenezca a quienes lo lideran.

Muchos lo consideran una traición.

Al mismo tiempo, esto no sorprende a muchos, dado que la COB ya había traicionado la primera fase del movimiento en diciembre/enero de 2026, y sobre todo, no desanima a nadie porque los comités autoorganizados habían advertido ampliamente sobre lo que probablemente sucedería.

Esto no destruirá el movimiento. Simplemente alentará a los comités autoorganizados a establecer por sí mismos la dirección democrática nacional [SIC!] de la que carece el movimiento y que podría haberse reunido hoy.[1]

Así se las gasta el izquierdismo, el sindicalismo y el ciudadanismo. Hoy te llevan a la huelga, pero antes o durante el proceso ya te han vendido a los voraces conglomerados empresariales y sus familias políticas.

Mientras se siga atrapado en la narrativa que esta lucha es por defender la democracia y la soberanía contra el avance de la ultra derecha y el fascismo, estaremos condenados a que la lucha transcurra sin trastocar las estructuras del sistema capitalista, transitando de simples recambios gubernamentales donde la burguesía nacionalista prepara el terreno para la llegada de burguesías estrafalarias con menos escrúpulos (los Mileis, los Noboas, los bukele, los Trump).

Bolivia posee una gran tradición de combatividad en el terreno de la lucha de clases (desde la insurrección obrera de 1952 a las guerras del agua del 2000 y del gas en 2003). Esta jornada de lucha, ha sido posible gracias a la existencia de una comunidad de lucha (perspectiva de colectividad, redes de apoyo, asambleas, grupos de logística); y queda claro que, aunque la masividad de un movimiento no lo vuelve invulnerable, sin una base social que se arroje a la lucha y se respalde entre sí, la paz social del capitalismo se impondrá de manera más violenta aunque el proletariado se encuentre en una situación de precariedad y miseria extrema (véase el caso de Argentina).

¿Y LUEGO DE LA INSURRECCIÓN?

Por otro lado, cabe aclarar que hoy, la situación de insurrección proletaria en Bolivia no surge en un contexto de revolución mundial, sino por el contrario, acontece en un vórtice de contrarrevolución donde la burguesía se muestra desesperada en su carrera de acumulación de capital —acelerando la guerra, el ecocidio y el control tecnológico—. El accionar de los bloques burgueses que representan los nuevos fascismos y las nuevas derechas, tiende a acelerar las contradicciones de clase pero eso no significa que en automático nuestra clase responda con elocuencia y contundencia a los ataques del capitalismo. Queda claro que no se puede dejar todo a la espontaneidad.

Si la batuta de la lucha es llevada por la reformista Central Obrera Boliviana (COB), tras la decadencia del MAS, es porque en efecto, las condiciones no han madurado lo suficiente para hacer contra peso y llevar adelante una insurrección generalizada que vaya más allá de los límites de la pusilánime democracia y el izquierdismo. No obstante, superar eso, no es algo que dependa específicamente de la mera voluntad de unos individuos o una organización, sino que solo puede ser producto de balances y rupturas dentro del desarrollo mismo de la lucha.

Dos décadas de revueltas en todo el mundo, confirman una vez más que luchar bajo las banderas de los sectores de le izquierda reformista y progresista es condenarnos al estancamiento y a duros golpes que hacen quebrar la moral colectiva del proletariado. No es de sorprender que en Bolivia, pese a que exista en estos momentos una comunidad de lucha proletaria con gran combatividad, existan limitaciones producto de la confusión y la desidia, que albergan el riesgo de llevar la rebelión a un punto muerto.

¿Eso quiere decir que se debe permanecer inmóvil y expectante “hasta que las condiciones estén dadas? Creemos que no. Pese a que sabemos que no estamos siquiera en una fase “pre-revolucionaria”, eso no es el final del camino, ni significa la conclusión de la lucha, ni mucho menos nuestra derrota definitiva.

Los hechos materiales evidencian la lucha proletaria, no como debería de ser, sino como es: contradictoria en medio del caos y la revuelta, con la inevitable injerencia en sus comienzos de sectores interclasistas y reformistas que buscarán sacar provecho de la partida. Nunca surgirá en condiciones idóneas y a nuestra conveniencia. Es por eso que de nada sirve aislarnos en nombre de una pureza revolucionaria. Como agitadores y revolucionarios, debemos alentar al desbordamiento de las mismas organizaciones que han demostrado ser obsoletas para extender la lucha, no para “mejorarlas o cambiarlas desde dentro”, sino para romperlas, superarlas y crear nuestros propios organismos autónomos que respondan a nuestros intereses históricos de clase… así hasta la revolución social.

Es absurdo pensar que después de décadas de descuartizamiento del proletariado y sus estructuras de combate y lucha radical (sea por la represión o la cooptación), este va a desarrollar de la noche a la mañana un aglutinamiento para lanzarse al asalto al cielo con un programa revolucionario en mano y la bandera con la inscripción de Omnia sunt communia. Así no funciona la lucha de clases. No es que primero el proletariado “adquiera conciencia, se haga revolucionario y luego se lance a la lucha”, sino que es en el proceso de la lucha (siempre convulso, complejo, lleno de contradicciones y errores) donde desarrolla su conciencia y revela la perspectiva revolucionaria, o por lo menos, ahí se hacen más evidentes los limites oprobiosos del reformismo, orillándole a replantear los métodos de lucha.

Los sectores que ya están inmersos en las bases de esas organizaciones, que se hayan percatado de que delegar la lucha solo llevará al impase, deberán atender esa problemática y reagruparse para superar esa contradicción.

El gobierno tiene clara su respuesta: estado de sitio, ley mordaza, represión brutal y gatillo fácil para sofocar la revuelta a la brevedad. Pese a los muertos, aún no lo ha logrado y su desesperación aumenta. Pero, ¿Qué hay del otro lado de la barricada? ¿Seguiremos albergando la estúpida esperanza de que otros gobiernos progresistas o el bloque chino-ruso-iraní intervendrán desde fuera para salvarnos? Todos los estados son enemigos del proletariado y tarde o temprano nos aplastarán o entregarán como botín a sus rivales. El proletariado no tiene amigos entre la burguesía; solo cuenta con sus propias fuerzas, memoria histórica y métodos de lucha.

El polvorín sigue pegado a la mecha, las movilizaciones continúan y las asambleas barriales siguen con fuerza, pero no debemos confiarnos. Sabemos que uno de los puntos débiles de toda revuelta es que si se estas se prolongan, suman el peso del desgaste y la desesperación sobre los sublevados. La escasez de productos de primera necesidad, medicamentos e insumos se agrava por los bloqueos y la falta de combustible, y esto es crucial para la continuidad de la resistencia proletaria.

Lo que acontece en Bolivia, debe aportar enormes lecciones a nuestro arsenal en esta guerra de clases. O avanzamos hacia la abolición del capital, del dinero, del mercado, del Estado y de las clases… o prolongaremos nuestra penuria bajo este sistema.

Viva la revuelta proletaria en Bolivia!

Arriba los que luchan!

Ni izquierda ni derecha!

Muerte al Estado y al capital!

Contra la contra – Junio 2026

Notas

[1]  Información citada por Luttesinvisibles.


Posted on https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2026/06/04/bolivia-en-la-encrucijada-de-la-insurreccion-y-la-contrarrevolucion/

 

¡COMUNICADO URGENTE! ¡NO A LA EXTRADICIÓN A ITALIA DEL COMPAÑERO ANARQUISTA GABRIEL POMBO! 


Gabriel Pombo da Silva fue condenado en Italia, en un juicio en el que no estuvo presente, a dos años de prisión por ¨apología del terrorismo¨.

En este delirante procedimiento judicial el estado italiano le acusa y condena por unos actos ( escribir y/o debatir y/o divulgar) cometidos desde el interior de su celda en una cárcel de alta seguridad en Alemania donde cumplía condena (en Alemania opinar no es delito).

Los textos fueron difundidos en tres blogs desde 2009 a 2012.

Italia ha cursado una OEDE (Orden Europea de Detención y Entrega) contra Gabriel, por lo que fué detenido en Vigo el 7/12/2025 y puesto a disposición de la Sección de Instrucción del Tribunal Central de Instancia, a cargo del juez Santiago J. Pedraz Gómez, ese mismo día quedó en libertad provisional.

Este juez ha accedido a la detención y entrega de Gabriel a los italianos, si bien condiciona esta última a que allí garanticen su derecho a un nuevo juicio o a interponer un recurso, lo que allí es simplemente imposible.

Italia es un estado obsesionado con liquidar a las revolucionarias anarquistas, a quienes persigue recalcitrantemente, con quienes se ensaña y a quienes encarcela a discreción.

Arrojar a un anarquista cómo Gabriel , a quien la prensa mercenaria italiana por encargo de la policía ha bautizado cómo “el rey de los anarquistas” a las fauces de la inquisición antianarquista italica, es lo mismo que entregar a un militante palestino a Israel, o a un activista homosexual a Arabia Saudí, nadie duda del exquisito trato que recibirán.

Ejemplo, a Alfredo Cospito, anarquista preso en Italia desde 2012 y que lleva en aislamiento extremo (art. 41 bis) desde mayo de 2022, defendiéndose con duras huelgas de hambre, le han prorrogado esta infame medida este pasado treinta de abril durante otros cuatro interminables años.

El aislamiento extremo es tortura extrema.

Si a Gabriel se le lanza a las garras del sistema judicial italiano, nadie puede garantizar que regrese, ni en qué condiciones lo haga.

Nuestro compañero ha pagado con más de treinta años de cárcel su entrega desinteresada, su compromiso con la lucha por la justicia, la equidad y la libertad integrales, y ahora le quieren arrancar de entre los suyos, su compañera, su hija, para entregarle maniatado al sádico y anarcófobo estado italiano.

No lo podemos permitir!

No lo vamos a permitir!


PEDIMOS la máxima difusión de este comunicado y de toda nueva información sobre este grave asunto.

OS PEDIMOS SOLIDARIDAD.


              LA CONTRATERTULIA (programa de radio anarquista al que pertenece Gabriel)

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CONTRATERTULIA Nº CLXX SOLIDARIDAD GABRIEL POMBO DA SILVA ¡NO A LA EXTRADICIÓN! https://go.ivoox.com/rf/173682227





 

Guerra de clases 17/2026: Indonesia, Nepal, Madagascar, Filipinas, Ecuador, Perú, Marruecos… hasta el infinito

 

¡Transformemos la guerra y la paz capitalistas en una revolución social mundial!

«¡El año 2026 ha empezado con fuerza!», escribimos a principios de este año, coincidiendo con la intervención militar estadounidense en Venezuela. Aprovechando este enésimo episodio de belicismo, recordamos que, durante años, nosotros y otras minorías comunistas hemos afirmado que el mundo se encamina inexorablemente hacia una guerra mundial generalizada, que todos los burgueses que nos explotan ven como la solución a la crisis (económica, social, política…) inherente al modo de producción y acumulación capitalista. Y la guerra en Ucrania no nos desmentirá. Tampoco las matanzas en la Franja de Gaza. Ni siquiera los recientes acontecimientos en Venezuela… ¡Y hoy, apenas dos meses después, podemos añadir a Irán a esta sombría lista!

En general, lo que observamos es una militarización mundial de la sociedad, tanto física como mental, un rearme generalizado, el desarrollo de propaganda belicista y la designación de un "enemigo" (siempre el bando burgués del otro lado) y, por lo tanto, también una represión contra el proletariado y sus intentos de defender sus propios intereses como clase explotada (¡y por lo tanto revolucionaria!), tanto sus intereses inmediatos como históricos.

Y una vez más, presenciamos las mismas campañas burdas para movilizar al proletariado bajo banderas que no son la suya: se nos pide que elijamos entre la peste y el cólera, que elijamos un bando burgués sobre otro, un “mal menor” sobre uno “peor”… ¡O el bando del “imperialismo” o el del “antiimperialismo”, sabiendo que este último también es imperialismo, el del bando “opuesto”! Hubo un tiempo en que se nos pedía que defendiéramos al “pueblo” vietnamita, palestino o chileno contra el “imperialismo yanqui”. Y hace apenas dos meses, todas las facciones de la izquierda internacional nos ordenaban defender (más o menos) “la patria y el socialismo” al estilo bolivariano… ¡hoy se supone que debemos “jugar otra ronda” defendiendo la causa contra la “agresión estadounidense-israelí” en Irán, considerado el centro regional del “eje de la resistencia”!

Ante esta situación antagónica, solo podemos afirmar una vez más que el proletariado no tiene, nunca ha tenido, ni tendrá jamás una patria que defender, que el socialismo o el comunismo o la anarquía, en resumen, una sociedad sin clases, sin Estado, sin dinero, sin propiedad, sin explotación… no se construirá defendiendo a una facción burguesa supuestamente progresista (o “antiimperialista”) contra otra facción burguesa supuestamente conservadora o reaccionaria (o imperialista). ¡Ni Trump ni Maduro! ¡Ni Putin ni Zelensky! ¡Ni Netanyahu ni Khamenei! ¡Ni Estados Unidos ni Venezuela! ¡Ni Rusia ni Ucrania! ¡Ni Israel ni Irán ni Palestina! ¡Ni Tsahal ni Artesh! ¡Ni la izquierda ni la derecha!

Y aunque esto “escandalice” a algunos, no tememos decirlo alto y claro: ¡Ni el ISIS ni Rojava! No es que equiparemos a estas dos entidades, pero ambas son productos y agentes del capital. Una, a través de su “dictadura teocrática”, se constituyó y autoproclamó como el “Estado Islámico”; y la otra, a través de su dictadura igualmente democrática, que en ningún sentido afecta a la propiedad privada ni al valor, y que, más allá de un modelo predominantemente y ostentosamente basado en asambleas, desarrolla, no obstante, todos los aspectos del Estado (¡el “protoestado” de Rojava, como algunos afirman!). Y esta última está obviamente dispuesta a entablar todo tipo de compromisos y alianzas con todas las facciones burguesas posibles, ¡con la posible excepción del ISIS!

Ni el proletariado venezolano, que lleva décadas luchando (recordemos el Caracazo de 1989 y sus 3.000 muertos), ni el proletariado iraní, que ha protagonizado al menos cinco grandes levantamientos en los últimos ocho años, con quizás 30.000 víctimas en el más reciente en enero de 2026, necesitan la intervención estadounidense para deshacerse de su propia burguesía, de sus propios explotadores: la «boliburguesía» en Venezuela, el «régimen del mulá» en Irán. Y nuestra clase luchadora no necesita ningún tipo de pseudo «solidaridad internacional» que consiste precisamente en defender a una facción local de la burguesía mundial contra otra. Nuestra única respuesta es la lucha de clases, la solidaridad internacionalista con todos los sectores del proletariado que luchan contra su propia burguesía: solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Venezuela contra la burguesía bolivariana, solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Irán contra la burguesía de los mulás, solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Palestina contra la burguesía de la Autoridad Palestina y Hamás, solidaridad internacionalista con los proletarios que luchan en Rojava contra la burguesía nacionalsocial-liberacionista…

Ante la implacable marcha hacia la guerra mundial generalizada que nuestros enemigos, todos nuestros enemigos, nos preparan, el proletariado solo tiene una respuesta que proclamar con vehemencia en el escenario de la prehistoria humana: ¡Derrotismo revolucionario contra todos los campos burgueses! ¡Transformemos la guerra y la paz capitalistas en una revolución social mundial!

 

 


 VER COMPLETO:

GUERRA DE CLASES 17/2026: https://www.autistici.org/tridnivalka/class-war-17-2026-indonesia-nepal-madagascar-philippines-ecuador-peru-morocco-ad-infinitum/ 

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  • Algunas reflexiones sobre el papel de las revueltas en nuestros tiempos.
  • Preguntas para la Huelga Nacional de 2025 en Ecuador
  • ¡La Generación Z irrumpe en Marineford!
  • ¡Indonesia, para el Programa Máximo!
  • Ni Tsahal ni Artesh
  • ¡Apoyamos a nuestras tropas... cuando disparan contra sus oficiales!
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    ¡Abajo el ataque imperialista contra Irán!
    ¡Guerra de clase contra el imperialismo y el capitalismo!


     

    El ataque conjunto lanzado el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán, que ya ha matado a cientos de personas en Irán y a decenas en el Líbano, es estrictamente una guerra de agresión imperialista; su objetivo no es ayudar al pueblo iraní a liberarse de la dictadura de los mulás, ni contrarrestar las amenazas inminentes que plantea el régimen islámico, como declaró Trump, haciéndose eco de las mentiras sobre las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, utilizadas en su día para justificar la guerra contra Irak. Todos los expertos militares coinciden en que Irán carece de los medios para amenazar a Estados Unidos y, según los negociadores, Teherán incluso había aceptado la exigencia estadounidense de abandonar el enriquecimiento de uranio. En cuanto al destino de la población iraní, para evaluar la poca preocupación de los imperialistas, basta con recordar el caso venezolano, donde Estados Unidos marginó a la "oposición democrática", prefiriendo llegar a un acuerdo con el régimen chavista, ya que este había demostrado su capacidad para mantener el orden social a pesar de las terribles condiciones de vida y de trabajo del proletariado. De igual manera, en Irán, esperaron, antes de lanzar la guerra, a que el régimen aplastara brutalmente las protestas de enero: frente a las masas rebeldes, los mulás oscurantistas y los capitalistas yanquis se aliaron porque pertenecían a la misma clase social de vampiros.

    Para el proletariado, por lo tanto, es completamente inútil imaginar, como la oposición burguesa y pequeñoburguesa iraní, que los imperialistas estadounidenses e israelíes fueron a la guerra para establecer un régimen democrático. Además, desde su conferencia de prensa del 2 de marzo, Trump ya no menciona el cambio de régimen en Teherán como uno de los objetivos de la guerra.

    El ataque israelo-americano busca, en realidad, reducir la influencia de Irán, que, debido a su riqueza petrolera, su población y su ubicación geográfica, está naturalmente destinado a desempeñar un papel destacado en el Golfo Pérsico y Oriente Medio. Sin embargo, desde el derrocamiento de la monarquía durante la revolución de 1979 y el establecimiento del régimen islámico, Irán, otrora un importante bastión del imperialismo estadounidense (que había instalado al Sha en el poder), ha estado desafiando su dominio regional. Así es como Irán, junto con sus aliados (Hamás palestino, Hezbolá libanés, milicias iraquíes, el gobierno sirio y los hutíes de Yemen), formó un "eje de resistencia" destinado a oponerse al poder militar de Israel, el gendarme estadounidense de Oriente Medio. Pero desde hace algunos años, Israel, con el firme apoyo estadounidense, ha trabajado con éxito para romper sistemáticamente este eje, mientras que Estados Unidos se ha esforzado por estrangular económicamente la economía iraní mediante la imposición de sanciones cada vez más severas.

    Los ataques actuales, que buscan doblegar a Irán, forman parte de este esfuerzo
    para establecer una preeminencia estadounidense indiscutible en Oriente Medio, una región cuya importancia estratégica es más grande que nunca en un período de crecientes tensiones interimperialistas: el 20 % del gas licuado y el 25 % del petróleo del mundo provienen del Golfo Pérsico, destinados principalmente a países asiáticos, y en especial a China, el rival de Estados Unidos…


    Por su parte, los gobiernos occidentales se están alineando con Estados Unidos; el comunicado conjunto firmado por Alemania, Gran Bretaña y Francia el día del estallido de la guerra ¡condenó únicamente los ataques iraníes! Luego, el 1 de marzo, los mismos países afirmaron estar dispuestos a “llevar a cabo acciones defensivas” (¡sic!) “para destruir desde la raíz” las capacidades militares de Irán. El gobierno británico declaró que pondría sus bases militares en la región a disposición de las fuerzas armadas estadounidenses, mientras que el gobierno francés afirmó su determinación de apoyar a sus aliados en el Golfo. Los imperialismos europeos, indignados por las ambiciones estadounidenses de apoderarse de Groenlandia invocando el respeto al “derecho internacional”, olvidan convenientemente que no son el objetivo de Washington: no quieren quedar fuera del botín ni ser excluidos a la hora de reestructurar el orden imperialista en Oriente Medio tras una derrota iraní.

    La guerra actual es otra sangrienta manifestación de la creciente tendencia de diversos imperialismos, grandes y pequeños, a recurrir a la violencia abierta y a la confrontación militar para defender sus intereses. Ya sea en Ucrania, Oriente Medio, Latinoamérica o cualquier otro lugar, esta tendencia está impulsando una carrera de rearme y el desarrollo del militarismo en todas partes; y es la causa del colapso del sistema internacional de la ONU establecido tras la Segunda Guerra Mundial, encargado de mitigar, aunque de forma imperfecta, los conflictos entre Estados. Acosado por dificultades económicas cada vez más acuciantes, el mundo capitalista se encamina inexorablemente hacia un nuevo conflicto mundial. Ningún llamamiento a la paz entre las naciones, ninguna denuncia de los “belicistas”, ningún apoyo al Estado atacado contra los Estados agresores puede impedirlo: ¡el capitalismo en su conjunto es el belicista, todos los Estados burgueses son criminales!

    La única fuerza que puede oponerse es el proletariado, víctima designada de las guerras, pero que, al mismo tiempo, es la fuerza cuya explotación sostiene al capitalismo y que, por lo tanto, tiene la posibilidad de paralizarlo combatiendo dicha explotación. Al reanudar la lucha independiente por sus propios intereses de clase, al rechazar sacrificios en nombre de la patria o de la economía nacional, al superar todas las divisiones de raza, nacionalidad, género, etc., al volver a descubrir sus armas de clase y su organización de clase, el proletariado de todos los países tiene la posibilidad de resistir a los capitalistas y a sus Estados aparentemente todopoderosos.

    A partir de entonces, atrayendo tras de sí a la vasta masa de oprimidos, podrá emprender la lucha revolucionaria para derrocar al capitalismo y establecer su propio poder internacional y totalitario, la única manera de poner fin, junto con este modo de producción, a la explotación, las injusticias y las guerras que lo caracterizan.


    Es por esta perspectiva que debemos luchar sin temor a ir a contracorriente hoy, porque ello es la clave del futuro.


    ¡Proletarios de todos los países, uníos en la guerra de clase contra el capitalismo!

     

     

    3:3/26

    Partido comunista internacional 

     

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    www.pcint.org 

    Lea la prensa del PCI: Proletarian / Communist Program  / Le Proletaire / Programme Communiste / El Programa Comunista / El Proletario / Il Comunista / 

     

    Desde el 28 de febrero de 2026, EEUU e Israel están bombardeando sistemáticamente a Irán, siendo estos bombardeos respondidos por Irán contra objetivos estadounidenses, israelís y de los Estados de la zona que tienen bases militares estadounidenses. Esta guerra se ha detonado en un momento en que había una negociación en curso entre EEUU e Irán y en la que los mediadores (Omán) consideraban que se estaba cerca de llegar a un acuerdo.

    Sin embargo, justamente ante esta circunstancia se aceleraron las decisiones en la jerarquía de mando de la fracción gobernante de la burguesía estadounidense para no perder la oportunidad de lanzar el ataque contra Irán. Y para mayor aparente paradoja esta decisión fue tomada por la corriente que se había encaramado al poder con la promesa de no iniciar guerras en general y menos en Oriente Medio, y que había sido aupada como resultado del agotamiento del intento de expansión diplomático-militar de la fracción anterior.

    ¿Qué ha llevado a la detonación de esta guerra?¿Qué momento representa en el curso del capitalismo?¿Qué significa para la clase obrera mundial? [...]

     

    [Castellano] Guerra imperialista en Oriente Medio: manifestación de las contradicciones del capitalismo.

    [English] Imperialist war in the Middle East: a manifestation of the contradictions of capitalism.

    [Italiano] Guerra imperialista in Medio Oriente: manifestazione delle contraddizioni del capitalismo.

    [Français] Guerre impérialiste au Moyen-Orient : manifestation des contradictions du capitalisme.

    [Català] Guerra imperialista a Orient Mitjà: manifestació de les contradiccions del capitalisme.

     

     

     

     

    [Irán2026] Contra el Capital / Tribuna de trabajadores anticapitalistas /

     
     
    ¿Quiénes somos?

    Somos trabajadores. Desde nuestra más tierna infancia, hemos sido testigos de la brutal explotación de nuestros padres y madres, de nuestros vecinos, de los habitantes de nuestros barrios obreros y de los trabajadores de todo el mundo por parte de los capitalistas y del propio capital. Sentimos en nuestra carne, en nuestra piel, en nuestras venas y en nuestra sangre la realidad de que todo lo que existe en el capital y toda la riqueza social es producto de nuestra clase, mientras que la pobreza, la miseria y la degradación se acumulan cada vez más sobre nosotros.

    Cuanto más producimos, más nos separamos de los medios de producción, del proceso de trabajo y de los productos de nuestro propio trabajo. Cuanto más multiplicamos el poder del capital, más nos agotamos, más nos disminuimos y deshumanizamos.

    Con los ojos bien abiertos y con todo nuestro ser, constatamos que el Estado, el ejército, la ley, el derecho, la moralidad, la cultura, la policía, la religión, la mezquita y todo lo que existe en la sociedad actual pertenecen a la clase capitalista. Defienden el capitalismo, se oponen a nosotros y permiten que continúe nuestra despiadada explotación por parte del capital. Nuestra conciencia, nuestra comprensión, nuestro pensamiento, nuestra razón, nuestras emociones y nuestra percepción son inseparables de estas realidades.

    Como trabajadores, somos espontáneamente anticapitalistas y nos oponemos a la esclavitud salarial. No se necesita ninguna filosofía, ciencia, experiencia o autoridad intelectual particular para enseñarnos la hostilidad hacia el capital. Las raíces de nuestro anticapitalismo espontáneo se hunden aquí, en el corazón mismo de estas realidades vividas.

    No somos un grupo, un partido, una organización, un comité o una facción. Consideramos que estas formaciones, construidas en detrimento de los trabajadores, son instrumentos que desvían nuestro movimiento de clase hacia la negociación con los capitalistas y hacia la conquista del poder estatal. Este tipo de organización, incluso cuando va acompañada de una retórica anticapitalista y una postura de izquierda, es un método ajeno a la clase obrera.

    La forma natural de organización de nuestra clase es el consejo. En el marco de la lucha llevada a cabo por los consejos, debemos reunirnos para debatir, compartir nuestras experiencias y nuestra conciencia, y esforzarnos por consolidar y promover la orientación anticapitalista espontánea de nuestra clase.

    No publicamos este canal de Telegram con el objetivo de dirigir las luchas obreras. No solo no pretendemos hacerlo, sino que consideramos que cualquier forma de autoridad dirigente, cualquier relación entre seguidores y dirigentes, y cualquier grado de subordinación del movimiento obrero o de las masas trabajadoras a la voluntad de los dirigentes es un desastre para este movimiento y una desviación del verdadero camino de la lucha anticapitalista.

    Queremos que este canal sea una tribuna para la influencia anticapitalista en nuestra lucha diaria como trabajadores. El objetivo de la publicación “Against Capital” es ampliar el papel activo del mayor número posible de trabajadores en la determinación de la dirección/orientación, los métodos y el curso de la lucha de clases, tanto para resistir los incesantes ataques de los capitalistas como para lograr la liberación definitiva del dominio del capitalismo sobre nuestra propia existencia.

     


    Traducción al español: Los Amigos de la Guerra de Clases
    https://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2026/02/20/iran2026-contra-el-capital-tribuna-de-trabajadores-anti-capitalistas/

    Francia

    Muerte de un activista neonazi

    La desviación antifascista contra la lucha de clases

     

     

     

     

    La muerte de Quentin Deranque, joven activista católico fundamentalista y miembro fundador de un grupo neonazi (los Allobroges Bourgoin), fallecido el 12 de febrero en Lyon tras un altercado al margen de una conferencia de Rima Hassan, diputada franco-palestina de La France Insoumise (LFI), ha desencadenado una oleada de propaganda contra LFI, la «ultraizquierda», la «extrema izquierda» e incluso la izquierda en general, a las que se acusa de ser responsables de este «linchamiento».

    Los medios de comunicación repitieron sin tapujos la versión de los amigos del activista, según la cual habría sido víctima de una emboscada por parte de los «antifa», cuando en realidad las grabaciones de vídeo muestran que fue el grupo al que pertenecía el que tendió una trampa a los activistas presentes en la conferencia.

    Se trata de una práctica habitual en Lyon, donde proliferan los grupos violentos de extrema derecha, responsables de numerosos ataques en la ciudad (más de un centenar en 15 años según Rue89, sin contar el asesinato racista del joven Ismaïl Aali, ocurrido el 6 de enero en el sur de la ciudad, ignorado por los medios de comunicación). La «Joven Guardia Antifascista», varios de cuyos miembros han sido acusados del asesinato de Deranque, es uno de los grupos formados como reacción al enfrentamiento físico con los matones de extrema derecha. Su objetivo era romper con las prácticas antifascistas minoritarias clásicas: «Proponemos otra forma de actuar y concebir la lucha, inspirándonos en las experiencias antifascistas populares basadas en la lucha de clases, como los TPPS (Toujours Prêts Pour Servir - Siempre listos para servir), las Jóvenes Guardias Socialistas/Comunistas en Francia, o las experiencias de los Comités de Resistencia en los barrios de Turquía, Grecia o México» (1). Aunque clasificado como «extrema izquierda» por la policía debido a sus acciones a veces violentas, políticamente se ha alineado desde su creación con el antifascismo democrático (2); esto explica su alianza con LFI, que permitió a su portavoz Raphaël Arnault convertirse en miembro del Parlamento. Fue disuelta en junio de 2025, junto con el grupo neonazi «Lyon Populaire», cuyos miembros, ahora miembros de «Audace Lyon», reivindican abiertamente la pertenencia también de Deranque.  

    La actual campaña electoral tiene objetivos políticos y electorales claros: desacreditar y debilitar a La France Insoumise, que es actualmente el principal partido de izquierda y, como tal, un serio contendiente en las elecciones presidenciales contra el Rassemblement National (RN) de Le Pen, debido al profundo descrédito de los partidos tradicionales de izquierda y derecha. El Gobierno, la derecha y la extrema derecha, convirtiendo a Deranque en un auténtico mártir, se han unido en una virulenta condena de LFI, mientras que dentro del Partido Socialista, el expresidente François Hollande ha tomado la iniciativa de oponerse a cualquier alianza electoral con los amigos de Mélenchon. Aprovechando este clima, el Rassemblement National ha pedido la formación de un «frente común» contra LFI, un «movimiento político que ha abandonado por completo la República», con vistas a las próximas elecciones municipales, legislativas y presidenciales, aprovechando así en su beneficio la táctica del «frente republicano» (una alianza electoral de facto entre partidos de izquierda y derecha contra el Rassemblement National) que le había negado la victoria en las últimas elecciones legislativas. 

    Pero la campaña también tiene objetivos políticos más amplios: condenar el uso de la violencia por parte de grupos o partidos al menos potencialmente subversivos en un momento de creciente tensión social. «En la República, ninguna violencia es legítima», declaró Macron el 21 de febrero en relación con la muerte del activista neonazi, presagiando nuevas medidas represivas; «Sólo las fuerzas republicanas pueden actuar porque protegen el orden republicano. No hay lugar para las milicias, vengan de donde vengan».

    El Estado, explicaba Engels, se reduce en última instancia a un destacamento de hombres armados, garantes del mantenimiento, por la fuerza, mediante la violencia potencial o manifiesta, del orden burgués (ya se defina como «republicano» o de otra manera). El Estado ejerce su monopolio de la violencia contra quienes desafían este orden, aunque sea de forma marginal, como vemos habitualmente durante las manifestaciones o las huelgas, o como hemos visto con mayor intensidad durante el movimiento de los Chalecos Amarillos. Finge ser imparcial y regular su uso de la violencia, pero la experiencia, incluso la más reciente, demuestra que, incluso bajo el régimen más democrático, nunca duda en infringir sus propias leyes o en recurrir a milicias de extrema derecha o grupos paramilitares: basta recordar el infame SAC (Service d'Action Civique) de los años 70... 

     

     

     

    LAS REACCIONES: SOCIALPACIFISMO, LEGALISMO Y ANTIFASCISMO

     

    LFI ha reaccionado a esta frenética campaña, que pone en peligro su estrategia política, condenando inmediatamente los acontecimientos de Lyon, rechazando cualquier uso de la violencia y reafirmando que las urnas son el único medio legítimo de acción (3); y se ha sumado, como todos los demás grupos parlamentarios (excepto los centristas de LIOT), a la propuesta de Eric Ciotti (presidente de la UDR, grupo aliado del RN) de guardar un minuto de silencio en el Parlamento en homenaje a Quentin Duranque. Pero esta profesión de fe pacifista y legalista, compartida con diversos grados de claridad por los grupos de «extrema izquierda», no ha detenido la campaña en curso...

    Si consideramos brevemente las reacciones de los grupos trotskistas, vemos que el PT (Partido de los Trabajadores, antiguo Partido Democrático Independiente de los Trabajadores, una escisión del POI plenamente comprometida con LFI) está, como siempre, ofreciendo una versión caricaturesca de su adhesión a posiciones oportunistas; podemos leer en su declaración del 18 de febrero: «Tras los acontecimientos de Lyon, más que nunca, debemos defender la democracia política […] Mientras pueda organizarse libremente y expresar libremente su objetivo —ayudar a la clase obrera a reorganizar la sociedad tomando el poder para socializar los medios de producción—, el partido de los trabajadores no necesita recurrir a la violencia. En una democracia, nada puede justificar que la confrontación entre posiciones políticas, por muy opuestas que sean, pueda provocar la muerte de una persona, sea cual sea su compromiso».

    Una auténtica copia al carbón de la posición del Partido Comunista Francés (PCF), que «denuncia la violencia como arma política», así como «los excesos de ciertos grupos que se proclaman antifascistas cuando ellos mismos emplean los métodos que la extrema derecha desarrolla desde hace décadas (...)»: «La lucha contra la extrema derecha avanzará a través de la acción masiva de los trabajadores y las fuerzas democráticas, a través de la lucha social y política en los lugares de trabajo y los barrios, a través del fortalecimiento de los sindicatos y los partidos que combaten su agenda racista y xenófoba, y a través de las urnas» («Muerte de Quentin Deranque: frente a la violencia, organizar el debate y la acción democráticos», comunicado de prensa del 19 de febrero). Lutte Ouvrière (LO), por su parte, declaró sentenciosamente el 18 de febrero que «las batallas campales entre matones no son los métodos del movimiento obrero»: la lucha contra la extrema derecha «sólo puede alcanzar el éxito a través de la lucha de clases y la lucha social». Este socialpacifismo se completa con un antifascismo que se traduce en propuestas de frente único con partidos y organizaciones reformistas y colaboracionistas. El grupo NPA-Anticapitaliste escribe que «no hay atajos para combatir el fascismo. Para combatirlo, necesitamos unidad —y no solo en las elecciones— entre las fuerzas sindicales y políticas comprometidas con la transformación social. Más que nunca, necesitamos construir un frente de masas unido capaz de rechazar a los fascistas en las urnas, pero sobre todo en las calles, en los barrios y en los lugares de trabajo» (comunicado de prensa del 17 de febrero). Y el 20 de febrero: «Todo el movimiento obrero, toda la izquierda militante, todo el movimiento por la igualdad y la emancipación deben unirse contra la fascistización en curso. Es urgente y vital reforzar la solidaridad a todos los niveles y construir un frente antifascista verdaderamente unido».

    En cuanto a Révolution Permanente, considerada más radical que sus homólogas, se dirige «a las organizaciones del movimiento obrero, de la izquierda y del movimiento social» para «permanecer unidos contra lo que está sucediendo» (mitin electoral del 16 de febrero en Saint-Denis). Estas lamentables declaraciones tienen el mérito de revelar la verdadera naturaleza de la retórica habitual contra los «reformistas» de estas organizaciones: ¡una cortina de humo que oculta su intrínseca sumisión a las fuerzas de la colaboración de clases!

     

     

     

    LA DESVIACIÓN ANTIFASCISTA

     

    Las organizaciones neonazis representan sin duda una amenaza contra la que es legítimo organizarse y luchar, independientemente de lo que puedan decir aquellos que consideran que esto no forma parte de los métodos del movimiento obrero. Pero dar prioridad a la lucha antifascista es una desviación de la lucha contra el capitalismo y el Estado burgués, sea cual sea el régimen político. 

     

    El verdadero peligro contra el que hay que luchar hoy no es el fascismo, sino la democracia burguesa. Es la democracia, con su sistema electoral, sus partidos y sus organizaciones de derecha e izquierda, la que desvía al proletariado de la lucha abierta contra el capitalismo, conduciéndolo por caminos sin salida; es la democracia, con sus medios de comunicación, sus escuelas, sus iglesias, la que lo aturde y lo sumerge en la pasividad. Es la democracia, con sus jueces, sus leyes y su policía, la que lo reprime, antes de ceder, si es necesario, a una dictadura abierta que lo aplastará. Afirmar que el peligro actual es el fascismo e invocar un frente único con organizaciones que sabotean continuamente las luchas obreras para conjurar este peligro y defender el statu quo significa contribuir a la parálisis del proletariado. La victoria del Nuevo Frente Popular en las últimas elecciones legislativas ha demostrado una vez más que las elecciones no pueden utilizarse para bloquear los ataques burgueses, el creciente autoritarismo, el cuestionamiento de las concesiones pasadas o las restricciones a la libertad de acción y de organización. En realidad, no hay otro camino posible que el desarrollo de una lucha de clases independiente, lo que implica romper con todas las fuerzas que abogan por la colaboración con la clase enemiga o con una de sus fracciones.

    Sólo por este camino será posible que el proletariado resista los ataques con alguna posibilidad de éxito, antes de tener la fuerza para lanzar, bajo la dirección de su partido de clase, el asalto revolucionario al capitalismo y al Estado burgués.

     

    22 de febrero de 2026

      


     

     (1) El TPPS (Partido Socialista Obrero Parisino) era el brazo armado del Partido Socialista (SFIO) en la región de París durante los años 30. La Guardia Joven adoptó su logotipo, heredado del Partido Socialdemócrata Alemán, que siguió siendo el emblema oficial de la SFIO hasta los años 70: las tres flechas, símbolo de la lucha contra los nazis, el Partido Comunista y los conservadores.

    (2) «Reconocemos que existe un sector de las clases dominantes, a menudo democráticas, que afirma luchar contra el fascismo (...). Estas organizaciones políticas, que profesan abiertamente su oposición a los regímenes fascistas, son conscientes de los peligros autoritarios que estos entrañan, pero están desconectadas de los intereses de la clase obrera. No tienen en cuenta ningún cuestionamiento de las élites y no ofrecen ninguna crítica a las políticas racistas que persigue el Estado francés. Por lo tanto, estas organizaciones no representan una solución viable. Sin embargo, podemos colaborar ocasionalmente con ellas en algunas campañas, sin dejar de ser plenamente conscientes de sus limitaciones. (...) Debemos buscar la unión de todas las organizaciones revolucionarias o democráticas, comunistas y anarquistas, pero también de las organizaciones de masas que defienden los intereses de los trabajadores, como los sindicatos, las organizaciones comunitarias, antirracistas, feministas y LGBTQI+...». https://rebellyon.info/Presentation-de-la-Jeune-Garde-Lyon-18837#foru

    (3) Podemos referirnos, por ejemplo, a las declaraciones de Mélenchon del 17/2, en las que cita el ejemplo de Chile bajo Pinochet para apoyar su oposición al uso de la violencia.

     


     

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